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	<title>Gonzalo Sarasqueta &#187; Daniel Scioli</title>
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		<title>Las riendas del PJ están sueltas</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Dec 2015 09:48:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Poco dura el peronismo en el diván. Todavía no cayeron los últimos cascotes de la derrota y en el movimiento ya se abrió el mercado de especulaciones. Nada de introspección profunda. Mucho menos de autoflagelo. “No es posible quedarse a contemplar el ombligo de ayer”, apuntaba Arturo Jauretche. Las riendas del Partido Justicialista (PJ) están... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2015/12/08/las-riendas-del-pj-estan-sueltas/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Poco dura el peronismo en el diván. Todavía no cayeron los últimos cascotes de la derrota y en el movimiento ya se abrió el mercado de especulaciones. <strong>Nada de introspección profunda. Mucho menos de autoflagelo</strong>. “No es posible quedarse a contemplar el ombligo de ayer”, apuntaba Arturo Jauretche. <strong>Las riendas del Partido Justicialista (PJ) están sueltas y varios son los domadores que se alistan para tomarlas.</strong> Cada uno con su impronta. Cada uno con su <i>ethos</i>. Cada uno con su receta para recuperar el centro de gravedad de la política criolla.</p>
<p>Y, sin duda, la nominación empieza con Cristina Fernández de Kirchner. Luego de ocho años en el poder, la Presidente cuenta con credenciales suficientes para no bajarse de la montura. Pero primero, claro, debe decidir si continuará en el frenesí de las arenas políticas u optará por el embalsamamiento, esperando que los manuales de historia hagan su parte. Viudez, cirugías de riesgo y el estrés que implica comandar los destinos de un país parecen razones de sobra para escoger esta última posibilidad. El matiz sería una hibernación patagónica extendida para recobrar energías y volver al ruedo en el 2017. De cualquier modo, CFK seguirá de reojo los movimientos en Comodoro Py. Varias denuncias por presunta corrupción descansan ahí, listas para materializarse en causas judiciales o pasar al olvido en los sótanos del palacio.<span id="more-161"></span></p>
<p>De seña, la abogada deja una legión de espartanos en el Congreso. Dos docenas de diputados de La Cámpora defenderán con uñas, dientes y mística lo que ellos consideran como los logros intocables. A ese contingente se le sumarán la gestión santacruceña de Alicia Kirchner y las células no peronistas (Nuevo Encuentro, Socialismo para la Victoria, Forja, etcétera). <b>Mantener impoluto el legado será esencial para disputar el liderazgo del justicialismo. A falta de caja, el capital simbólico será uno de los recursos esenciales que tendrá el cristinismo para cuidar posiciones.</b> El problema es que, del otro lado del mostrador, gobernadores, sindicalistas e intendentes suelen cobrar en metálico. En general: son poco propensos a los bienes intangibles. Veremos cómo avanza el comercio de voluntades.</p>
<p>Como contracara, asoma el peronismo republicano. Encabezada por el gobernador salteño Juan Manuel Urtubey, esta corriente aspira a institucionalizar la fuerza y convertirla, definitivamente, en un partido electoral competitivo. Esta especie de <i>remake</i> del cafierismo incluye una oposición sensata, puentes permanentes con la Casa Rosada y acuerdos transversales para afrontar problemas acuciantes como la inflación, el narcotráfico y la pobreza. Portones adentro, la renovación pretende federalizar el PJ, establecer reglas claras para el acceso a los puestos de mando y pasar de la arenga ideológica a una prédica consensual. A tono con los vientos amarillos que soplan. Para dejar bien sentada su posición, el responsable de La Linda no acudió la semana pasada a la convocatoria de Cristina en Balcarce 50. Y estilizó su propuesta con un titular contundente: “El peronismo debe colaborar para que al país le vaya bien. No tenemos que ser un obstáculo, tenemos que presentarnos como un estadio superior&#8221;. Tan sencillo como rentable el mensaje.</p>
<p><b>Algo vacilante</b><b>, aparece Daniel Scioli. El gobernador saliente aún no define cuál es su menú</b>. Por momentos muestra retazos de su etapa <i>catch all </i>—antes de la campaña electoral—, cuando marcaba distancia del kirchnerismo nuclear, y en otras ocasiones —como en la recta final del ballotage— se calza el traje del Nestornauta y ve neoliberalismo hasta en la sopa. Dos posibles lecturas: está jugando de trapecista entre las dos vertientes anteriores para ungirse como paladín de la unidad o, siendo más pesimista, quedó atrapado entre los dos personajes y está al borde de la alienación política. Un buen termómetro serán los primeros meses de gestión de Mauricio Macri. Ahí el ex candidato deberá dejar en claro su derrotero, si quiere estar en primera fila.</p>
<p>Por fuera del barrio, <strong>merodea Sergio Massa</strong>: el <i>outsider</i> que sueña con colonizar el PJ a la distancia. Si bien está en plena simbiosis con Cambiemos —prueba palpable: el acuerdo en la Legislatura bonaerense—, el del Delta no se da por vencido. Y tiene con qué. Además de un bolsón con 21% de votos, cuenta con piezas claves para rearmar el rompecabezas del general: el peronismo cordobés, parte del sindicalismo (Facundo Moyano <i>and company</i>) y algunos intendentes del Conurbano. No es un coeficiente de poder determinante. No. Pero para tocar el timbre y probar suerte alcanza y sobra.</p>
<p>Lo que quizás conecte a estos diferentes senderos sea la amenaza que representa Macri. <strong>O, mejor dicho, las arcas que manejará el ingeniero: nación, provincia de Buenos Aires y Ciudad Autónoma de Buenos Aires.</strong> “Toda la macrocefalia junta”, como bien señalan Tomás Borovinsky y Martín Rodríguez. El magnetismo de la chequera es potente, en tierras peronistas conocen este <i>leitmotiv</i>. Puede llegar a producir una diáspora importante, por no decir concluyente. Contener a los garrochistas será el principal desafío hasta mayo, cuando el Congreso partidario defina la línea editorial a seguir, aunque como advirtió John William Cooke: “La masa no será detenida con consignas, sino con la satisfacción de las necesidades”.</p>
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		<title>Decálogo del arte del debate</title>
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		<pubDate>Sun, 15 Nov 2015 11:26:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Daniel Scioli]]></category>
		<category><![CDATA[Debate]]></category>
		<category><![CDATA[Elecciones 2015]]></category>
		<category><![CDATA[Mauricio Macri]]></category>

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		<description><![CDATA[Tiempo de esgrima retórica. Tiempo de confrontar ideas. Tiempo de legitimarse. Hoy millones de argentinos serán testigos del primer debate presidencial a dos bandas en la historia del país. Una instancia deliberativa en la que los dos candidatos, Mauricio Macri y Daniel Scioli, serán evaluados minuciosamente. Parte del electorado aguarda este evento para orientar su... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2015/11/15/decalogo-del-arte-del-debate/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Tiempo de esgrima retórica. Tiempo de confrontar ideas. Tiempo de legitimarse. Hoy millones de argentinos serán testigos del primer debate presidencial a dos bandas en la historia del país. Una instancia deliberativa en la que los dos candidatos, Mauricio Macri y Daniel Scioli, serán evaluados minuciosamente. Parte del electorado aguarda este evento para orientar su voto del domingo próximo. Por eso, es primordial ajustar el lente crítico, estar atento a los detalles y hacer una lectura rigurosa del evento. A continuación, un pack de tips para sacarle el máximo provecho a este espectáculo dialógico que estimula los principales músculos de la democracia: pluralismo, libertad de expresión, competencia pacífica y respeto a las reglas.</p>
<p><strong>El <em>kick off</em></strong>. La primera intervención –en este caso, será sobre “Desarrollo Económico y Humano– es fundamental. Es el momento ideal para inclinar la balanza. La audiencia está fresca, sensible y con un nivel de atención elevado. El candidato que esté más sólido, suelto y agudo acá, tendrá medio debate “en el bolsillo”.</p>
<p><strong>¿Negatividad?</strong> <strong>Sí, pero no tanto.</strong> La idea de un debate es erosionar la imagen política –credibilidad, carácter y estética– del contrincante. Mostrarle a la sociedad los puntos débiles del oponente. Todo, obvio, dentro de los marcos del respeto. Sin caer en los golpes bajos. Mostrarse agresivo, despreciable e inestable puede llegar a ser contraproducente. En cualquier situación de ataque desproporcionado, los indecisos siempre se ponen del lado de las víctimas.</p>
<p><strong>Capacidad argumentativa.</strong> Saber pasar de lo abstracto a lo concreto, traducir lo complejo en ejemplos cotidianos, manejar cifras contundentes, mechar citas memorables, emplear un amplio vocabulario (pero sencillo a la vez), son algunos de las habilidades que deberán mostrar los candidatos si quieren convencer. El logos es una de las piedras basales de este encuentro cívico.</p>
<p><strong>Reflejos y humor.</strong> Nada más acertado que salir de un ataque contundente por la tangente del ingenio. Demostrarle al espectador que, hasta en los momentos de mayor intensidad y estrés, se posee una cuota de humor. Esto genera empatía, proximidad y confianza. Es conocida la anécdota del ex presidente norteamericano Ronald Reagan que, ante la pregunta del moderador sobre si, a los 74 años, todavía contaba con energías para conducir un país, contestó: “Sí, y además, no voy a explotar con fines políticos la juventud de mi oponente y su inexperiencia”. Algo exagerado, su contrincante, el demócrata Walter Mondale, admitió semanas después que había perdido las elecciones por esa chicana.</p>
<p><strong>Lenguaje corporal.</strong> Solo el 7% de lo que absorbemos en un acto comunicacional proviene de las palabras; el 93% restante pertenece a los gestos, los ademanes, el tono de la voz, las miradas, la postura, las expresiones faciales y la apariencia. Ambos presidenciables tendrán que ser minuciosos en este aspecto. Richard Nixon, en el primer debate presidencial televisivo (1960), lució agotado, con ojeras, transpirado y dejado. ¿Resultado? Los medios lo dieron como claro perdedor frente a un John Kennedy fresco, descansado, prolijo y bronceado, que, a sabiendas de la envergadura de este aspecto, se había asesorado con el famoso rat pack: un grupo de actores y artistas –entre ellos, Frank Sinatra y Peter Lawford (cuñado del que sería el primer y único presidente católico de Estados Unidos)– que manejaban los códigos, lenguajes y efectos de la pantalla chica.</p>
<p><strong>Los componentes paralingüísticos.</strong> Más sencillo: ¿cómo nos expresamos? Los cambios de volumen, tonos y velocidades son fundamentales para magnetizar. A través de ellos se cautiva. El disertante que caiga en la monotonía, la lentitud y la opacidad distraerá al público. Y una vez que se pierde la atención del espectador, es muy difícil –por no decir, imposible– recuperarla. Dos ejemplos patentes del uso correcto de estos elementos son Cristina Kirchner y Elisa Carrió.</p>
<p><strong>Fluidez verbal.</strong> Se dice que los debates no se ganan: se pierden. Bueno, un tartamudeo, la reiteración de balbuceos o, en el peor de los casos, quedarse con la mente en blanco, pueden llevar al candidato a las arenas del ridículo. Y de ahí, claro está, no se vuelve. Por eso es imprescindible que las exposiciones estén aceitadas, sean dinámicas y tengan cadencia.</p>
<p><strong>Cronométrica.</strong> Los aspirantes a la Casa Rosada deben ajustarse a un tiempo determinado: un minuto para preguntar, responder, repreguntar y volver a responder, y dos minutos para exponer sobre cada tema. Si las ideas son interrumpidas por el timbre del reloj o el moderador, llegarán “turbias” a los destinatarios. Es crucial que los oradores sepan amoldar sus intervenciones al formato temporal estipulado.</p>
<p><strong>Lenguaje emocional.</strong> La literatura en comunicación política sostiene que cuando colisionan una idea y un sentimiento en una persona, prevalece este último. Ergo: eso que Aristóteles denominaba como pathos, será sustancial para seducir. Sin duda, los dos minutos de cierre que tendrá cada uno será la oportunidad perfecta para apelar a las emociones de los televidentes.</p>
<p><strong>Mensaje compacto.</strong> Todo lo anterior será en vano si el candidato no deja en claro su idea matriz. O sea, su relato, además de coherencia, debe tener un título. Todas las intervenciones tienen que estar sujetadas a ese rótulo. Cuanto más claro, sencillo y articulado sea ese concepto, más posibilidades tendrá el político de tallar al imaginario social con su propuesta.</p>
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		<title>Inquisición 2.0</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Nov 2015 03:30:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Ballotage 2015]]></category>
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		<category><![CDATA[Redes sociales]]></category>
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		<description><![CDATA[“Gorila”, “fusiladores en el 55 y en el 2001”, “séquitos de Videla”, “cipayos en oferta”, “lacras venenosas”, “neofascistas”, “resaca nazi”, “militonto”, “cleptómanos profesionales”, “otro cibertibio”, son algunos de los descalificativos —más originales— que estuvieron rebotando la última semana en las redes sociales. Hay de y para todas las fuerzas políticas. Lejos de ser propiedad exclusiva... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2015/11/03/inquisicion-2-0/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>“Gorila”, “fusiladores en el 55 y en el 2001”, “séquitos de Videla”, “cipayos en oferta”, “lacras venenosas”, “neofascistas”, “resaca nazi”, “militonto”, “cleptómanos profesionales”, “otro cibertibio”, son algunos de los descalificativos —más originales— que estuvieron rebotando la última semana en las redes sociales. Hay de y para todas las fuerzas políticas. Lejos de ser propiedad exclusiva de uno, el fenómeno es transversal. Contamina a toda la góndola.</p>
<p>Se sabe que en el barrio 2.0 abunda el lenguaje cloacal. La virtualidad es una arena propicia para despedir todas aquellas escatologías verbales que, en persona, en el mundo tangible, pocos se animan a decirle en la cara al vecino, amigo o compañero de trabajo. La red es un atajo para la cobardía. Siempre lo fue, pero nunca como en estas horas.<b> El nivel de agresividad que se desató después de conocerse la voluntad de las urnas es inédito</b>. ¿Por qué? ¿A qué se debe? ¿Estamos listos para afrontar un ballotage de estas características?</p>
<p>Para empezar, recalcar la sorpresa de quien escribe. Supuestamente estábamos ante una campaña electoral de baja crispación. Los tres principales candidatos —Daniel Scioli, Sergio Massa y Mauricio Macri— se manejaron dentro del margen crítico que permite cualquier sistema democrático. Hubo contados golpes bajos. La negatividad brilló por su ausencia. Sus discursos se articularon en torno a abstracciones tales como “esperanza”, “victoria”, “cambio”, “fe”, “diálogo”, “consenso”. A tal punto que, a principio de año, desde los medios de comunicación se les pidió precisión, contundencia y hasta inclusive mayor diferenciación entre ellos. Deducción al vuelo: ellos no fueron los artesanos de este fanatismo <i>in crescendo</i>. A bucear en otras aguas.<span id="more-135"></span></p>
<p>Quizás sea el momento de sumergirse en la cultura política, ese cúmulo de prácticas, valores, creencias, opiniones, preferencias y costumbres que compartimos como sociedad. Con este lente analítico, se podría hallar una explicación tentativa. Un primer paso puede ser el mesianismo. Ninguna novedad. A lo largo de estos 200 años y monedas, nos hemos acostumbrado a tercerizar nuestras responsabilidades, obligaciones y expectativas en un líder redentor. Un individuo ubicuo, todopoderoso y mítico que nos llevaría —sin mucho esfuerzo ni sacrificio— a los portones del paraíso: primer mundo o liberación, según la cantinela ideológica. Empresas que, espiando por el espejo retrovisor de la historia, han terminado en auténticos escombros.</p>
<p>Y mesianismo no rima con tolerancia. <strong>Cuando la emotividad desplaza por completo al intercambio racional, elimina el equilibrio entre razón y sensibilidad que debería albergar cualquier acción política, los matices se vuelven una especie en extinción. La ideología muta en catecismo</strong>. El derecho al disenso pasa a ser la excepción, no la norma. Y el repertorio lingüístico circulante cambia drásticamente: el adversario ahora es un enemigo, el aliado se convierte en un servidor condescendiente y los seguidores se transforman en soldados o apóstoles al servicio de la causa. En otras palabras: el imaginario político le cede el paso al bélico.</p>
<p>Pero el cortocircuito continúa. Al moverse solamente en un monoambiente de ideas, la capacidad dialógica se atrofia. Se consolida un pensamiento autista, cerrado e impermeable a cualquier reflexión exterior. Sólo se consumen opiniones afines. El perímetro del sentido común del ciudadano finaliza en el mismo punto donde concluye su catecismo. Todo aquel que provenga del otro lado de la frontera y pretenda desarmar la estructura de creencias mediante un análisis distinto es apedreado simbólicamente. Los anticuerpos de la necedad se activan. Cuanto más se extienda en el tiempo este círculo vicioso, más vehemente será el ataque hacia la materia gris foránea.</p>
<p>Cuando urge salir de la zona intelectual de confort, en este caso porque se debe convencer a un 30% de indecisos para ganar un ballotage, queda en evidencia la falta de entrenamiento para persuadir, explicar o fundamentar. Y, ante esta impotencia, aparece la <i>falacia ad hominem</i>: atacar a la persona y no al argumento. Un recurso que, sin duda, genera el efecto contrario: en vez de embelesar voluntades, se las expulsa del espacio. Y ahí se redobla la apuesta combativa. Aumentan la persecución, el interrogatorio y el linchamiento. Pero, salvo que se esté ante un caso de síndrome de Estocolmo político, la inquisición 2.0 termina ahuyentando el voto.<i> </i>Pocos parecen entender esta ecuación sencilla.</p>
<p>El universo 2.0 ha subrayado esta falencia que tenemos como sociedad. O, mejor dicho, la ha sacado a la luz, porque la intolerancia siempre estuvo ahí, latente, entre nosotros. Solamente que, ahora, la exposición, el <i>feedback</i> y la instantaneidad de estos dispositivos, más la instancia de un escenario polarizado, como una segunda vuelta, la han puesto sobre el tapete. Restan diecinueve días para el cuarto oscuro, tiempo escaso para dar un salto importante en materia deliberativa. Pero, para comenzar a sembrar, la primavera es una estación ideal.</p>
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		<title>Scioli viaja en ejecutiva</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Oct 2015 03:00:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cambiemos]]></category>
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		<description><![CDATA[Y el thriller Polarización nunca se terminó de rodar. A tan sólo un par de agujas de las urnas, el suspenso se extingue. La torta electoral continúa cortada en tres porciones: una de considerable tamaño, Frente para la Victoria (42%), y dos de modestas dimensiones, Cambiemos (28,2%) y Unidos por una Nueva Argentina (22,9%). El... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2015/10/20/scioli-viaja-en-ejecutiva/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Y el thriller <i>Polarización </i>nunca se terminó de rodar. A tan sólo un par de agujas de las urnas, el suspenso se extingue. La torta electoral continúa cortada en tres porciones: una de considerable tamaño, Frente para la Victoria (42%), y dos de modestas dimensiones, Cambiemos (28,2%) y Unidos por una Nueva Argentina (22,9%). El dividendo, reflejo de la última encuesta de Ipsos &amp; Mora y Araujo, consultora que, entre tanta lotería demoscópica, anduvo con puntería en las PASO, avisa que el pleito por la Casa Rosada se definiría el próximo domingo.</p>
<p>Pero los guarismos no son los únicos que avientan el fantasma del ballotage: Daniel Scioli hace lo suyo. El número 9 de Villa La Ñata saltea las páginas del almanaque y actúa como si ya estuviera en las vísperas de su asunción. <strong>Su agenda se parece más a la de un candidato electo que, sereno, finiquita detalles para tomar el bastón presidencial, que a la de un aspirante frenético que, desesperado, gasta las últimas municiones verbales para cerrar la campaña lo más alto posible.</strong></p>
<p>Prueba palpable es la extensa lista de apellidos que brindó para su potencial gabinete. Cada día, como quien anuncia obras, da mítines o inaugura escuelas, presenta un eventual ministro o secretario nuevo. Así hizo pasar por la pasarela a Silvina Batakis, ministra de Economía; Alberto Pérez, jefe de Gabinete; Sergio Urribarri, ministro del Interior; Maurice Closs, secretario de Turismo; Ricardo Casal, ministro de Justicia; Daniel Filmus, ministro de Ciencia y Tecnología; Diego Bossio, ministro de Infraestructura y hasta incluso deslizó que el nuevo inquilino de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), desplazando a Oscar Parrilli, sería Gustavo Ferrari. Dato llamativo, ya que este puesto, por seguridad, suele ser uno de los últimos en salir a la luz de la opinión pública.<span id="more-125"></span></p>
<p>La arquitectura, como se observa, es un mix de gobernadores, funcionarios bonaerenses y kirchneristas de baja intensidad (Bossio y Filmus). Nada de “cristinismo nuclear” ni “camporismo infiltrado”. La “teoría del cerco” o, mejor dicho, “la muralla china”, con Carlos Zannini a la cabeza, se va diluyendo a medida que se acerca el traspaso de la chequera en Balcarce 50.</p>
<p>Otro síntoma son las reuniones que entabla con presidentes vecinos. A diferencia de sus adversarios, que posan con <i>celebrities </i>como Susana Giménez o patean por los arrabales de la provincia en búsqueda de vacilantes, el gobernador bonaerense se prueba el traje de jefe de Estado y se muestra con Dilma Rousseff y Tabaré Vázquez. Como si ya fuesen sus pares. CFK, ¿celosa? Puede ser, pero no hay mucho margen para las emociones: la apuesta está hecha y es todo al naranja. La ruleta peronista determinará si la cabecilla del Frente para la Victoria resolvió con olfato de jugadora profesional o vicio de ludópata.</p>
<p>Y esto no es todo. El mandamás bonaerense, además, se da el lujo de hacer un <i>role playing.</i> Mandó a Juan Manuel Urtubey —su carta escogida para Cancillería— al Consejo de las Américas, en Estados Unidos. Allí, la esperanza blanca del peronismo confesó la imperiosa necesidad de llegar —cuanto antes— a un acuerdo con los fondos buitre. Miguel Bein, asesor económico de DOS, lo secundó desde tierras criollas. El simulacro tuvo buena recepción en la góndola justicialista, no así en el círculo kicillofneano, que interpretó la movida como una invasión doble: a la soberanía del país, en el formato épico, y a la cofradía del ministro sin corbata, en la versión <i>realpolitik</i>.</p>
<p><b>Mientras tanto, Sergio Massa y Mauricio Macri ensayan una especie de polarización de cabotaje</b>. Fenómeno peculiar, por no decir inédito. Porque es normal que el tigrense, cabalgando tercero en la contienda, se ponga cáustico e invite al jefe porteño al ring mediante chicanas como que el voto amarillo es “inútil”, porque él es el único que puede voltear en una segunda vuelta al kirchnerismo, “Macri es una invitación al pasado” o, directamente, lo rete a un debate televisivo “mano a mano”. Ahora, lo extraño es que el ingeniero se obsesione mirando su piso en vez de su techo. Casi todos sus dardos van dirigidos hacia el hombre del Delta; pocos cartuchos quedan para La Plata. El resultado de esta estrategia ha sido contraproducente para él: lo clavó en los sondeos y, en paralelo, produjo con Massa una nivelación impensada a principios de año, cuando algunos, por ejemplo, quien escribe, pronosticaban que el ex director ejecutivo de la Administración Nacional de la Seguridad Social finalizaría en la cifra de un dígito.</p>
<p>El daño colateral —que preocupa al antikirchnerismo rabioso— es que, si se sigue agudizando esta batalla de segundo orden, en un escenario de ballotage la <i>selfie</i> entre ambos opositores, necesaria para doblegar al capataz bonaerense, se transformaría en una quimera. Por eso, desde el círculo rojo intentan ponerle paños fríos a la riña, delimitar las reglas del combate y mantener los vasos comunicantes entre Parque de los Patricios y Tigre. Parafraseando a Leandro N. Alem: “Que se doble, pero no se rompa”, parece ser la consigna que sobrevuela.</p>
<p>Lejos de estas turbulencias, Scioli viaja tranquilo en clase ejecutiva. Disfruta el recorrido. “Mientras ellos pelean por el segundo puesto, yo estoy abocado al desarrollo del país”, deslizó, altivo, hace un puñado de días. Así atraviesa la campaña. Y, cuando se aburre, se pasa a la cabina, le pide permiso a la jefa y tantea el volante. Ella lo deja, pero apenas un ratito. Quizás cuatro años, como mucho. No vaya a ser que le tome el gusto a volar solo.</p>
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		<title>Sobre la cadena nacional y la esquizofrenia del relato</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Oct 2015 03:00:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Lo controlable nunca es totalmente real, y lo real nunca es totalmente controlable. Antonio Escohotado &#160; Inauguración de puentes, carriles, satélites o piletas. Improperios por acá, descalificaciones por allá. Ovación de los presentes. Proselitismo para algún dirigente obediente del espacio. Avalanchas de guarismos macroeconómicos. Otra chicana. De nuevo, el coro de aplaudidores. Una letanía para... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2015/10/14/sobre-la-cadena-nacional-y-la-esquizofrenia-del-relato/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p align="right"><i>Lo controlable nunca es totalmente real,</i></p>
<p align="right"><i>y lo real nunca es totalmente controlable.</i></p>
<p align="right"><i>Antonio Escohotado</i></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Inauguración de puentes, carriles, satélites o piletas. Improperios por acá, descalificaciones por allá. Ovación de los presentes. Proselitismo para algún dirigente obediente del espacio. Avalanchas de guarismos macroeconómicos. Otra chicana. De nuevo, el coro de aplaudidores. Una letanía para Él. Un poco de marketing del dolor, otro de épica. Y, por supuesto, egotismo. Siempre el erotismo del yo para desandar el <i>reality </i>presidencial.<span id="more-119"></span></p>
<p>Así han pasado las 44 cadenas nacionales de CFK en este 2015. Todo un número. Y más teniendo en cuenta su extensión: un promedio que oscila entre los treinta y cuarenta minutos. Pero más allá del factor cuantitativo —en el que han hecho hincapié la mayoría de los medios—, sería apropiado colocar los reflectores sobre el carácter cualitativo. Bucear en las profundidades del <b>uso compulsivo de este recurso comunicacional extraordinario, reservado para “situaciones graves, excepcionales o de trascendencia institucional”</b>, como reza el artículo 75 de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. ¿Qué subyace, políticamente hablando, a este abuso?</p>
<p>Para empezar, lo que flotó en la opinión pública: su veta autoritaria. La Presidente demuestra una interpretación unidireccional y restringida de la comunicación. La información es impuesta verticalmente de arriba hacia abajo, sin mediación, sin posibilidad alguna de refutación, corrección o discusión. Perspectiva atemporal, por no decir arcaica. En tiempos donde la narrativa transmedia prolifera, tratando de estimular a la ciudadanía mediante el diálogo, el <i>feedback</i> y la participación, la jefa del Ejecutivo se enfrasca en una decodificación pasiva del destinatario. Los asimila como recipientes, listos para llenar de contenido veraz, valioso y clasificado.</p>
<p>En segundo lugar, le permite elaborar un relato sin goteras. <b>Esta es la función rectora de la cadena nacional: ser la pluma que escribe sin interferencias ni distorsiones la crónica impoluta del kirchnerismo</b>. La materia prima para erigir el mito, que, al menos en vivo y directo, necesita obturar todo atisbo de contrarrelato. La intervención del Instituto Nacional de Estadística y Censos, Julio López, el Proyecto X, Hotesur, las casi tres mil vidas que se cobraron las fuerzas de seguridad estatales en 12 años de gestión “nacional y popular” (informe de la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional), la desnutrición infantil en un país que —según la misma ministra de Industria, Débora Giorgi— le podría dar de comer a 400 millones de personas, por enumerar algunos bemoles, quedan fuera de cámara. Esas fracturas narrativas son relegadas a los márgenes de la realidad. Son ficciones. En jerga oficialista, forman parte del repertorio “golpista”, “gorila”, “destituyente” o “neoliberal”.</p>
<p>Si cavamos más, llegamos al mapeo dual de cualquier arena: política, económica, cultural, social o mediática. Todo escenario complejo, plural y heterogéneo, el kirchnerismo lo transforma en una cancha de dos jugadores: patria-imperio, democracia-grupos hegemónicos, militantes nacionales-cipayos. Y acá entra la simplificación del periodismo no obediente. Todo aquel que no acepte las dádivas estatales (o calafateñas) es categorizado como un actor político manipulado por el control remoto del Darth Vader vernáculo, Héctor Magnetto. Nada de Novaresios, Sietecases o Varskys, comunicadores que intentan hacer equilibrio entre las dos orillas de la grieta. Sólo existen periodistas “fieles” y de “la corpo”. La secuela de esta miopía es la equivalencia que trazan entre rueda de prensa y “apedreo corporativo-mediático”.</p>
<p>Y ahí llegamos al fondo de la olla. O, mejor dicho, a la esquizofrenia del relato. ¿Cómo es posible que la “jefa”, con su retórica todopoderosa, sus argumentos de calado y su altura intelectual, no pueda “domesticar” —una vez al mes, por lo menos— a un puñado de “periodistas desestabilizadores”? Si el presidente de Ecuador, Rafael Correa, adepto también a la crítica acérrima del periodismo<i> watchdog, </i>enfrenta —en conferencias, entrevistas y encuentros espontáneos— a los “medios opositores”: ¿por qué CFK no? ¿Cuál es el obstáculo? ¿Qué le impide “sacar a pasear un ratito a los preguntones”? La respuesta, sin duda, no la tiene su capataz bonaerense, <b>Daniel Scioli, que, con su faltazo al debate presidencial, ya dejó en claro que piensa seguir los atajos de su promotora</b>.</p>
<p>A cambio de esa esgrima intelectual que podría entablar con periodistas y donde, claro está, la única ganadora, empapándose de información diversa, sería la sociedad, CFK nos entrega una levedad discursiva que, a veces, raya con el <i>déjà vu</i> menemista. ¿Algunos ejemplos? Hablando sobre los fondos especulativos: “Nadie quiere ser rubia y de ojos celestes. Soy orgullosamente morocha y argentina”. Acerca de la deuda externa: “¿Sabés quién pagó la primera cuota? Adivinen. ¿Napoleón, Julio César o Néstor Kirchner? Acertaste: Néstor Kirchner pagó la primera cuota”. En la creación de un polo audiovisual: “Debo ser la reencarnación de un arquitecto egipcio porque amo construir. No puedo con mi vocación de arquitecta”.</p>
<p>El balance, siendo benevolente, es curioso: una fuerza que se jacta de haber puesto en valor la política deja como herencia una escuálida cultura deliberativa, retazos de autismo político y una intolerancia galopante que anula cualquier intercambio entre pares. Claro, además de una invitación semanal para posarnos inertes frente a la pantalla de televisión, consumir un cóctel de muletillas autoritarias y atrofiar nuestro sentido crítico.</p>
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		<title>El podio del debate</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Oct 2015 11:11:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Pasó el primer debate presidencial de la historia argentina. Otra pieza más para fortalecer el engranaje institucional de nuestro sistema democrático. Otra excusa más para tonificar la cultura deliberativa en el tejido social. Otra vidriera más para conocer a los candidatos. Y siguiendo la estela del último punto, ¿cuál fue la performance de los aspirantes... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2015/10/05/el-podio-del-debate/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Pasó el primer debate presidencial de la historia argentina. Otra pieza más para fortalecer el engranaje institucional de nuestro sistema democrático. Otra excusa más para tonificar la cultura deliberativa en el tejido social. Otra vidriera más para conocer a los candidatos.</p>
<p>Y siguiendo la estela del último punto, ¿cuál fue la performance de los aspirantes al sillón de Rivadavia? ¿Quién logró congeniar mejor el trípode discurso-estilo-imagen? ¿Quién logró imponer su sello? En fin, ¿cómo quedó conformado el podio de anoche?</p>
<p><strong>Por su capacidad argumentativa, el primer lugar es para Margarita Stolbizer.</strong> La líder de Progresistas sobresalió en lo que refiere al ¿qué? (el contenido). La sustancia discursiva. Demostró un gran aplomo para desplegar su base programática sin titubear ni caer en lugares comunes. Conjugó lenguaje técnico (para detallar) con lenguaje coloquial (para oxigenar), ambos con la dosis justa. Todo lo respaldó con estadísticas, cifras puntuales y diagnósticos certeros. Y, además, materializó su experiencia con una notable fluidez verbal. Aspecto que, en el primer minuto, le jugó en contra: sus segundos iniciales colindaron con la verborragia. Pero, con el paso de las agujas, lo afinó y encontró la métrica justa. ¿Su clímax? En el bloque temático de Seguridad y Derechos Humanos, se desmarcó del enfoque punitivo -que poseen la mayoría de los candidatos para combatir el flagelo del delito- y sacó de la galera la frase “Al delito hay que mirarlo a través de la víctima y no del delincuente”. Calado, ingenio y originalidad, los tres pilares retóricos del pensamiento progresista, presentes.</p>
<p><strong>Bien cerquita, quedó Sergio Massa</strong>. El homo videns. El tigrense descolló en el cómo (la forma). Fresco, suelto y armonioso empleó perfecto las pausas (menos de un segundo; una especie de punto y seguido) y los silencios (más de un segundo; algo así como el punto y aparte). Pero no sólo eso. También varió los volúmenes de la voz, recurso que genera magnetismo y entretiene al destinatario. Supo subrayar con subidas de tono sus propuestas más jugadas –“Argentina tiene la edad de imputabilidad muy alta&#8221; y “Creo que Scioli nos faltó el respeto a todos no viniendo&#8221;-, manifestando autoridad, firmeza y decisión. Colocó varios silabeos interesantes para penetrar en la audiencia. Nunca se excedió del tiempo permitido. Y dejó en claro que su idea fuerza en esta campaña electoral es la seguridad. ¿Su valor añadido? La creatividad en transformar los treinta segundos que le correspondían para interrogar a Scioli en un pedido de silencio general. Perspicacia, empatía y sutileza: la ecuación que nunca falla.</p>
<p>Más alejado, apareció un Mauricio Macri algo apagado. Al jefe porteño le costó entrar en juego. Enchufarse. Prueba fehaciente: el desliz “delarruísta” que tuvo al comienzo, cuando no sabía en qué atril sentarse. Se lo notaba perdido. En su exhibición inaugural fue monótono. Sonó latoso. Después, de a poco, fue encontrando el timing. Eso, sí: nada de munición gruesa ni golpes bajos. El consenso, el trabajo en equipo y la experiencia capitalina fueron sus plataformas discursivas. Desde allí tejió su relato.<strong> ¿Su punto álgido? El cierre, donde se lo percibió espontáneo, vital y probándose el saco presidencial. La primera persona en plural -“vamos a cambiar la Argentina”, “la Argentina que soñamos”- sonó creíble, sincera y rotunda.</strong></p>
<p>Cuarto, estuvieron los 36 años de Nicolás del Caño. El mesías del trotskismo autóctono no pudo ocultar sus nervios. Tartamudeó en más de una ocasión. No acompañó su narrativa con el lenguaje corporal (por ejemplo: las manos, prácticamente, estuvieron aferradas al atril durante las dos horas). Su maximalismo marxista le impidió ser preciso con problemas puntuales para el país, como el narcotráfico o la inflación. Y se tornó circular con la consigna “que la crisis la paguen los empresarios, no los trabajadores”. Sin embargo, hay que resaltar su coherencia, su combatividad y, sobre todo, su simplicidad. En otras palabras: cumplió con el perfil de un dirigente clasista. ¿La cumbre? Cuando lo chicaneó a Massa con el ausentismo al Congreso: “¿Con qué autoridad moral sostiene pedir presentismo a los docentes si usted faltó al 90% de las sesiones?&#8221; Simplemente, brillante.</p>
<p>El reverso del candidato del Frente de Izquierda de los Trabajadores (FIT) fue Adolfo Rodríguez Saá, el que carga más calendarios en la espalda. El puntano parece no haberse tomado en serio el dicho de Winston Churchill: “A mí me encanta la improvisación, una vez que me la he preparado”. <strong>Básicamente, dejó traslucir que paseaba por Figueroa Alcorta, vio luz en la que supo ser su Facultad de Derecho y entró a ver qué pasaba.</strong> Poca preparación y muchas redundancias. Se lo notó fuera de ritmo, a tal punto que, en un momento, Massa le tuvo que recordar la pregunta que le había formulado segundos antes. Y nunca salió de las muletillas proselitistas típicas como “terminar con la pobreza”, “pleno empleo” y “educación de calidad”. Más allá de eso, puso sobre la mesa su estirpe de peronista federal, se mostró como un estadista dispuesto al diálogo y propuso firmar un acuerdo básico entre todas las fuerzas para impulsar a la Argentina hacia el desarrollo. Poco para agregar.</p>
<p>El último puesto, sin duda, es para Daniel Scioli. El gran ausente de la cita, que, a la misma hora, rockeaba con la vedette Jessica Cirio sobre las tablas del Luna Park.<strong> Ejemplo palpable que su repertorio celestial de “diálogo”, “concordia” y “consenso” es solamente un juguete del marketing político. Nada más.</strong> Fuegos de artificio para esconder su raquítico programa político. Solo resta saber si el pueblo argentino castigará -o no- en las urnas este faltazo. En caso afirmativo, sería un mensaje contundente de cara al futuro: todo aquel que anhele alcanzar la máxima envestidura, deberá dar el presente en este ejercicio deliberativo esencial para la salud de nuestra democracia.</p>
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		<title>¿Quién ganó la batalla entre Clarín y el kirchnerismo?</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Sep 2015 02:46:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El cambalache comenzó con la firma de Guillermo Moreno, en septiembre del 2007, que convalidó la fusión entre Multicanal y Cablevisión. Dos primaveras después, a contracorriente, el Gobierno de Cristina Fernández promulgó la ley de medios. Al año siguiente, Amado Boudou intentó desarticular la amalgama de las dos corporaciones con una resolución. Y, hace diez... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2015/09/28/quien-gano-la-batalla-entre-clarin-y-el-kirchnerismo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El cambalache comenzó con la firma de Guillermo Moreno, en septiembre del 2007, que convalidó la fusión entre Multicanal y Cablevisión. Dos primaveras después, a contracorriente, el Gobierno de Cristina Fernández promulgó la ley de medios. Al año siguiente, Amado Boudou intentó desarticular la amalgama de las dos corporaciones con una resolución. Y, hace diez días, la Justicia Civil y Comercial porteña corrigió al vicepresidente y ratificó la unificación de ambas empresas. En el medio de este trabalenguas político-jurídico, fuimos testigos de “la 125”, “cruzadas culturales”, fallos de la Corte Suprema, extracciones de ADN, guantes de boxeo en un asamblea de Papel Prensa y dos preguntas retóricas que quedarán en la antología de las chicanas criollas: “¿Qué te pasa, Clarín? ¿Estás nervioso?”.</p>
<p>Todo muy fluctuante. Todo muy apasionante. Pero asoma el crepúsculo del kirchnerismo -al menos, en su versión <i>sui generis-</i><i> </i>y la duda continúa flotando en el aire: ¿Quién ganó la disputa entre el Gobierno nacional y Clarín?</p>
<p>La respuesta posee diferentes ángulos de toma. Uno, por ejemplo, es el económico. En este plano, el colosal conglomerado comunicacional parece haberse impuesto. Y un claro indicio es el fallo reciente de la sala II de la Cámara Civil y Comercial que aprobó la mixtura entre Multicanal y Cablevisión, impulsada en sus inicios por el entonces presidente Néstor Kirchner mediante la resolución 257. Pero no solo eso. <b>En estas semanas, Clarín se quedó también con el 49 % de la operadora móvil Nextel. Dos pájaros de un tiro</b>. Pruebas fehacientes de que la empresa de Héctor Magnetto, lejos de replegarse, está en franca expansión. Su perímetro aumenta día a día.<span id="more-111"></span></p>
<p>Como refutación, algún kirchnerista nuclear podría alegar que, según el último informe del Instituto Verificador de Circulaciones (IVC), la nave nodriza del multimedio,<b> el diario <i>Clarín</i>, viene sufriendo una caída sostenida en su circulación durante los últimos años. </b>Las cifras son contundentes: desde el 2003 hasta la fecha su venta cayó un 32,5 %. Estos guarismos negativos son comparables a los de sus peores años, 1959-1960. Claro que toda esta data hay que enmarcarla en la crisis a escala global que vive la prensa gráfica, la emergencia del mundo 2.0 como canal alternativo de información y los cambios de dispositivos comunicacionales (tabletas, celulares, computadoras, etcétera). Variables que aplacan en cierta medida la tesis K. De todos modos, esos miles de ejemplares perdidos no ponen en jaque, de ninguna manera, las cuentas del clarinete.</p>
<p>Pero el capital material no es todo. <b>También está el capital intangible, que, en el caso de un medio periodístico, es la credibilidad</b>. Y aquí la balanza se inclina para el kirchnerismo, porque, sin duda, una de las esquirlas que deja este combate es la <b>pérdida de confianza de una gran parte de la ciudadanía en el matutino fundado por Roberto Noble </b><strong>y en todos sus tentáculos comunicacionales</strong>. Al entrar en la lógica binaria propuesta por el Gobierno nacional, Clarín abandonó la objetividad como horizonte. Y ese descarrilamiento le produjo, como daño colateral, una palpable pérdida del espíritu profesional, que impactó directamente en la calidad de sus productos. Habrá que ver si el poskirchnerismo le ofrece otro terreno, más fértil, para volver a subir la vara.</p>
<p>Yendo a la arena estrictamente política, se puede dilucidar que, desde el agrietamiento en el 2008, producto del conflicto con el sector agropecuario, <b>Clarín intentó apalancar diferentes candidatos para destronar al kirchnerismo</b>. A veces, con un éxito relativo (Francisco de Narváez, 2009 y Sergio Massa, 2013), otras, en vano (Eduardo Duhalde, 2011 y Mauricio Macri, PASO 2015). Pero, a los hechos me remito, ninguno resultó lo suficientemente gravitante, consistente y sostenido como para alterar el equilibrio de fuerzas entre el Leviatán kirchnerista y el Goliat mediático.</p>
<p>Y quizás el síntoma de este empate sea ni más ni menos que el candidato con más chances de ser el nuevo inquilino de la Casa Rosada es Daniel Scioli. <b>En una época de definiciones tajantes, el gobernador bonaerense optó por la imprecisión discursiva.</b> Se mantuvo equidistante. Reticente a tomar partido por alguna de las dos trincheras. Posición que le valió numerosas acusaciones de compañeros de armas -Florencio Randazzo, Jorge Capitanich, Luis D’Elía, Sergio Uribarri y los intelectuales de Carta Abierta, por citar algunos-, que llegaron a tildarlo de “mal peronista”, “expresión de la derecha fosilizada” o, sin metáfora alguna, “cagador”.</p>
<p><b>Lo peculiar es que esta indecisión, que hace tan solo meses -en enero, cuando visitó el Espacio Clarín en Mar del Plata- fue un lastre para Scioli, hoy en día sea su valor añadido. </b>Un plus para su candidatura. Gracias a este extra, terminó de convencer a Cristina de que era el mejor producto de la góndola kirchnerista para retener Balcarce 50, y, al mismo tiempo, pudo cerrar filas con el CEO de Clarín, que, lentamente, va encariñándose con el color naranja y se ilusiona con recuperar -para diciembre- la línea directa con plaza de Mayo.</p>
<p>Resta saber si Daniel Scioli, en caso de alcanzar la máxima envestidura, atenderá sendos teléfonos, el de Calafate y el de Piedras 1743. Incógnita difícil de resolver por el momento. Y menos con un hombre que convirtió el silencio en una virtud política. Solo una pista (técnica): en la Patagonia, dicen, la señal no es muy buena.</p>
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		<title>Los siameses Daniel y Mauricio</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Sep 2015 10:12:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El escenario electoral actual ofrece dos niveles de análisis. Si elegimos el lente sin aumento para decodificar la realidad, observamos que hay una polarización imperante entre dos fuerzas: Cambiemos y Frente para la Victoria. Enfrentamiento que, básicamente, reposa en las diferencias que habitan en la genética de las estructuras (recursos, comunicación, militantes, estética, desarrollo territorial,... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2015/09/08/los-siameses-daniel-y-mauricio/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El escenario electoral actual ofrece dos niveles de análisis. Si elegimos el lente sin aumento para decodificar la realidad, observamos que hay una polarización imperante entre dos fuerzas: Cambiemos y Frente para la Victoria. Enfrentamiento que, básicamente, reposa en las diferencias que habitan en la genética de las estructuras (recursos, comunicación, militantes, estética, desarrollo territorial, etcétera) que impulsan a los dos candidatos de mayor fuste y en sus respectivas tradiciones (el macrouniverso del peronismo y el club del liberalismo autóctono).</p>
<p><b>Pero si escogemos el microscopio y lo colocamos sobre el tipo de liderazgo que ejercen Daniel Scioli y Mauricio Macri, la dicotomía le deja su asiento a la homogeneización. </b>Ambos aspirantes, por más que le duela al círculo rojo y al kirchnerismo progresista leal a las directrices de CFK, poseen numerosas similitudes. Y no solo en su visión económica (los dos equipos económicos afirmaron que, después del 10 de diciembre, será ineludible sentarse a negociar con los fondos buitres para acceder al crédito internacional), sino también en su muñeca política.</p>
<p>Tanto el cabecilla naranja como el adalid amarillo poseen unos rasgos que el intelectual Joseph Nye (junior) ubicaría en la categoría de liderazgo femenino. Se los percibe dispuestos a colaborar con los demás, intercambian opiniones con adversarios, son integradores (dentro de ciertos márgenes, obviamente) y replican conductas de sus seguidores. Características, por ejemplo, ausentes en CFK, que, siguiendo la estela del teórico norteamericano, paradójicamente, se encuadraría en el liderazgo masculino: firme, competitiva, absorbente y decidida a dirigir la conducta de los demás. Las vueltas del léxico genérico.<span id="more-100"></span></p>
<p><b>Otro atributo que pule el juego de espejos es el escaso </b><b>magnetismo que generan Macri y Scioli. A ninguno de los dos se lo podría etiquetar como carismático</b>. Lo que abre paso a dos perspectivas: una optimista y otra pesimista. La primera, el próximo presidente no contaría con este recurso emocional que, cuando cae en manos equivocadas, puede mutar en autoritarismo, fanatismo o despotismo. ¿El costado negativo? El carisma, bien utilizado, es una herramienta útil para cohesionar voluntades, generar consenso y direccionar los destinos de una nación; o sea, sin él, el futuro primer mandatario deberá respaldarse, exclusivamente, en las instituciones existentes para hilvanar los diferentes acuerdos. Y, como hemos visto en los últimos años, los partidos políticos, la Justicia, el Congreso y las empresas no sobresalen por su fortaleza, su transparencia y su praxis. ¿Será una buena oportunidad para robustecerlos? El interrogante está abierto. La historia muestra que, exceptuando Marcelo Torcuato de Alvear (1922-1928), los presidentes que carecían de “aura” -Arturo Frondizi, Arturo Illia, Fernando de la Rúa, por citar tres- no pudieron concluir sus Gobiernos.</p>
<p>Luego de doce años de discursos con una fuerte impronta ideologizante, los potenciales inquilinos de Balcarce 50 ofrecen una narrativa con la espuma justa. Pocos renglones para la confrontación, ninguna línea para la épica y las batallas culturales. <b>Con el consenso como estandarte, tanto Scioli como Macri prometen un marco dialógico ajeno a la (supuesta) grieta que cavó el matrimonio Kirchner</b>. Esta tesis todavía la tiene que ratificar el gobernador bonaerense con su presencia en los dos debates presidenciales que están programados. Decisión que servirá para detectar si existe -o no- un hiato entre su lengua y los hechos.</p>
<p>Esta obsesión por evitar cualquier pronunciación ideológica introduce a Scioli y Macri en un hiperrealismo que no está exento de tensiones. Aunque lo oculten, tarde o temprano, tendrán que jerarquizar demandas, necesidades y soluciones. Y esa agenda, si no la ofrecen sus discursos, la terminarán materializando sus hechos. De cualquier modo, como en todo juego democrático, brotará el conflicto entre intereses contrapuestos.</p>
<p>La armonía con los grandes medios de comunicación también los une a estos siameses políticos. A la prensa privada -léase <i>Clarín, La Nación, América, Perfil</i>, etcétera- lo único que le preocupa es la influencia que pueda llegar a tener el cristinismo nuclear en una posible gestión de Scioli. Fuera de eso, el periodismo atisba un escenario mucho más amigable, acorde a sus ambiciones y fértil para expandirse, ya que interpretan que la ley de medios, en cualquiera de los dos casos, pasará a ser letra muerta. Incluso, algunos se ilusionan con ser beneficiados con una nueva distribución de la pauta oficial.</p>
<p>Además de un estilo de liderazgo, es vox <i>populi</i> que los dos candidatos comparten una amistad de larga data. Férrea o endeble, esta relación puede llegar a servir de vaso comunicante durante los próximos cuatro años entre el presidente de la nación y el principal jefe de la oposición. Situación inédita por estas latitudes. Y esto es un dato interesante: en un país donde las instituciones -o los contratos formales- no funcionan adecuadamente, este tipo de vínculos informales puede llegar a oficiar de engranaje para que el sistema marche. Lejos de ser lo ideal, claro está. Pero por algo se empieza.</p>
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		<title>El boomerang feudal</title>
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		<pubDate>Mon, 31 Aug 2015 16:58:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Joven de la Unión Cívica Radical (UCR) acribillado en circunstancias misteriosas en Jujuy.<b> </b>Inquisición político-mediática contra el jugador de fútbol más popular del país por opinar sobre pobreza. Piromanía electoral en el jardín de la república. Protesta, represión policial y tres militantes del Partido Obrero presos, también en Tucumán. Y para rematar esta cronología dantesca, la senadora nacional del Frente para la Victoria (FPV), Beatriz Rojkés, amplía su antología de frases descarnadas justificando la violencia de género.</p>
<p><b>Tres semanas y monedas pasaron del triunfo en las PASO y Daniel Scioli todavía no pudo pronunciar el lema de su campaña: ¡victoria!</b> Desde el 9 de agosto todo ha sido una migraña para el gobernador. Pálida tras pálida. Y, exceptuando el diluvio que azotó a la provincia bonaerense, todas provenientes de un mismo punto cardinal: el norte. ¿Avatares del destino o causalidad geopolítica?</p>
<p>Para empezar, conviene poner sobre la mesa algunos papeles interesantes: las tres provincias donde sucedieron dichas tragedias están comandadas por mandatarios que están enquistados en el vértice del Estado desde hace varios almanaques. En Jujuy, Eduardo Fellner ha sido jefe del Ejecutivo en dos tramos: 1998-2007 y 2011-actualidad (y va por la reelección), José Alperovich es la máxima autoridad política en Tucumán desde el 2003 hasta la fecha, y Gildo Insfrán, empecinado en triturar cuanto Guinness político se le presente, se encamina a su sexta gestión consecutiva en Formosa. Ergo: estamos <b>hablando de dirigentes alérgicos a la alternancia y con una gran capacidad para conservar sus respectivas parcelas de poder.<span id="more-93"></span></b></p>
<p>¿Cómo lo hacen? Con una colonización extrema del andamiaje estatal. Diluyen los tres poderes republicanos en uno solo, homogéneo, compacto e impermeable a los intereses de la ciudadanía. Borran con nepotismo la <i>accountability </i>horizontal. Y <b>entablan un aceitado sistema de vasallaje moderno, donde cada funcionario vela por la salud política del gobernador y este, a su vez, le garantiza a cada uno seguridad, protección y libre albedrío para hacer negocios privados con las arcas públicas</b>. Enriquecimiento que les permite agregar varios ceros a sus cuentas bancarias, pero también les sirve para alimentar un mecanismo clientelar de profunda capilaridad en el tejido social.</p>
<p>Y este último elemento es una de las piezas claves para comprender la sostenibilidad de estos regímenes autocráticos. Las sociedades de estas provincias se caracterizan por carecer de una robusta clase media y una movilidad social significativa. O sea, se abre un terreno sociológico fértil para implantar relaciones paternales entre la cúspide de la pirámide y los sectores populares. Vínculo que pende de un hilo delgado y que en situaciones críticas puede resquebrarse. Ejemplo ostensible fue la respuesta a un inundado de la legisladora nacional y esposa de Alperovich, Beatriz Rojkés: “Yo tengo 10 mansiones, no una, y estoy acá. Yo puedo estar en mi mansión ahora, pedazo de animal, vago de miércoles”.</p>
<p><b>Envuelve esta metodología un aparato represivo afilado y domesticado para aplastar cualquier síntoma de disidencia</b>. A veces legal, como la policía tucumana -herencia directa de los años de plomo de Antonio Bussi-, que demostró su talante autoritario en las marchas de plaza Independencia, y otras veces paraestatal, como las fuerzas pretorianas de la organización Tupac Amaru en Jujuy, hoy bajo la lupa por la muerte del radical Ariel Velásquez (21). En Formosa, como anticuerpo a la persecución sistemática que vienen sufriendo los pueblos originarios por parte de las “milicias” de Insfrán, ha surgido el liderazgo del cacique Qom Félix Díaz, una oportunidad de diálogo, paz y pluralidad. Justamente, por estos días, diversas agrupaciones están promoviendo su candidatura al Premio Nobel de la Paz, iniciativa que preocupa en el centro de operaciones provincial.</p>
<p>A sabiendas de este delicado diagnóstico, Scioli ha puesto como capataz regional a la esperanza blanca del peronismo: el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey. Un cuadro que, a diferencia de sus correligionarios, destaca por sus ansias modernizantes (fue el primero en instalar, en el 2013, el sistema de boleta única electrónica en la capital), su apertura al diálogo y su juventud (aunque vale aclarar que va por su tercer período). Resta saber si podrá poner paños fríos a la situación y amansar al barrio septentrional. Las elecciones que se avecinan en el Chaco serán un buen termómetro para saber en qué estado se encuentra su labor.</p>
<p>Pero, en todo caso, lo que debería revisar en algún momento el ex motonauta es la anatomía de este poder que baja del norte. Y no solo por una cuestión de ética o convicciones democráticas, sino también por los daños que le causan a sus pretensiones. <b>Estos enclaves peronistas terminan siendo un boomerang: le brindan instantáneas triunfales, recursos y territorialidad, pero están repletos de costos políticos que él, como flamante líder del espacio, debe asumir como propios</b>. “Hay sumas que restan”, habría que recordarle. Levantar un Herminio Iglesias cada semana es extenuante, por no decir inviable electoralmente.</p>
<p>Claro que el gobernador tampoco dispone de muchas cartas en esta mano. La otra opción sería encuadrarse en el cristinismo. Pero, además de ser tarde para adquirir el <i>ethos </i>camporista, abrir esa puerta le impediría crear su propio “ismo”, salto gramatical que está obligado a dar si desea tomar realmente las riendas del país. No en vano, CFK intenta licuarlo en el Frente para la Victoria en cada ocasión que se le presenta: “La campaña no es contra Scioli, es contra el FPV”, advirtió días atrás. La presidenta es consciente de que, en estas tierras, la libertad de acción se devuelve -tarde o temprano- con parricidio político. Eduardo Duhalde sabe algo de eso.</p>
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		<title>Peronismo bajo cero</title>
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		<pubDate>Tue, 25 Aug 2015 09:36:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[A pesar de las denuncias de fraude, la quema de urnas y otros incidentes de envergadura, Juan Manzur será el próximo parquero del jardín de la república. Hecho que le da continuidad a la experiencia Alperovich y, en simultáneo, le agrega otro poroto a Daniel Scioli en su doble carrera: ganar las elecciones nacionales y, consecuentemente,... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2015/08/25/peronismo-bajo-cero/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>A pesar de las denuncias de fraude, la quema de urnas y otros incidentes de envergadura,<b> </b>Juan Manzur será el próximo parquero del jardín de la república. Hecho que le da continuidad a la experiencia Alperovich y, en simultáneo, le agrega otro poroto a Daniel Scioli en su doble carrera: ganar las elecciones nacionales y, consecuentemente, convertirse en el paladín del peronismo. Dos desafíos intensamente ligados: sin el primero no podrá lograr el segundo y a la inversa.<b></b></p>
<p>Pero, principalmente, el triunfo en Tucumán del antiguo ministro de Salud de la nación pone de relieve que las placas tectónicas del peronismo a escala nacional se están moviendo. En el seno de la colosal maquinaria, la correlación de fuerzas se está alterando: <b>El cristinismo radioactivo está siendo desplazado, lentamente, por el sciolismo zen.</b></p>
<p>Y lo que ofrece esta planta de reciclaje ideológico denominada justicialismo para esta nueva época es otro perfil de políticos: más plásticos, menos tajantes. Distanciados de la lógica polarizante que implantó el kirchnerismo, los cuadros peronistas -Juan Manuel Urtubey, Omar Perotti, Daniel Scioli, Alberto Pérez, Juan Manzur, por citar algunos- que se aprestan a tomar el timón del país destacan por su impasibilidad, su consensualismo y su moderación.<span id="more-84"></span></p>
<p><strong>A nivel discursivo, las figuras ascendentes poseen una narrativa con escasa densidad ideológica</strong>. Si el kirchnerismo se preocupó -por lo menos, en el plano de las palabras- por anclar al peronismo a la izquierda del espectro, esta nueva saga de jefes despunta tanto por su imprecisión conceptual como por su ambigüedad axiológica. Fe, esperanza, desarrollo, inversión, empleo y previsibilidad son parte de un vocabulario circular, superficial y exento de potenciales rispideces. Evitar el conflicto parece ser el objetivo primordial. De esta manera, se pretende evaporar las fronteras que producen las ideas precisas y dejar sentada la intención –en un futuro cercano– de repatriar a todos aquellos excomulgados, como por ejemplo, Juan Manuel de la Sota, Felipe Solá o los hermanos Rodríguez Saá.</p>
<p>Vale aclarar que <b>lo que tiene de tolerancia este peronismo bajo cero con antiguos compañeros de armas, lo tiene de purista</b>. El sciolismo, a diferencia del kirchnerismo, no está dispuesto a ceder rincones de poder a actores ajenos -léase comunistas, socialistas, radicales, neofrepasistas, etcétera- al macrouniverso del general. Como todo partido <i>catch all</i>, la puerta está abierta, pero para ocupar las butacas del fondo. Nada de volante, protagonismo o puestos relevantes. Llevándolo a lo empírico: olvídense de la posibilidad de orquestar, como lo hizo CFK, un Martín Sabatella como vicegobernador de la provincia de Buenos Aires.</p>
<p>Acercando el diván, también se puede hacer un análisis psicológico de esta camada de dirigentes. Scioli y sus copilotos prefieren el frío del silencio antes que el ruido del histrionismo. No dejan entrever su estado emocional. Son introvertidos. Tímidos. El sosiego es su herramienta principal para desandar el día a día. Nada de épica ni sobresaltos. En el gris de la rutina está su capital político. Por eso, uno de los valores añadidos que han escogido para mostrarse como superación del kirchnerismo ha sido la previsibilidad, rasgo que cotiza bajo en un país adicto a los movimientos pendulares. Aunque, luego de la adrenalina de estos doce años, la ciudadanía -decodifican ellos- reclama una buena dosis de clonazepam.</p>
<p>Una duda que flota en el aire sobre este peronismo emergente es su postura frente al pasado. Si el kirchnerismo alumbró el costado romántico de los setenta, resta saber si el ala que conduce Scioli, en caso de llegar a Balcarce 50, equilibrará la balanza revalorizando la otra página del justicialismo -el Perón herbívoro, el abrazo con Ricardo Balbín, la CGT unificada- en esa década. Tabúes como el asesinato de José Rucci o la “experiencia Isabelita”, ¿serán tamizados desde otro ángulo? La respuesta rematará otro interrogante colindante: <b>¿Qué lugar ocuparán los organismos de derechos humanos, sobre todo las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, en el flamante Gobierno? ¿Marginalidad o balcón en la Rosada? </b>Esa es la cuestión. En todo caso, la retórica futurista del gobernador arroja una pista: No mirará demasiado por el espejito retrovisor de la historia.</p>
<p>¿Convergencias entre el peronismo en ebullición (kirchnerismo) y el peronismo bajo cero (sciolismo)? Varias. La primera: el patrimonialismo. <b>La obsesión por ensanchar las arcas personales mediante el uso -directo e indirecto- de bienes públicos es una tendencia </b><strong>que, como se observó la semana pasada con la declaración jurada de Scioli (en los últimos ocho calendarios su fortuna se multiplicó por nueve), atraviesa a los dos bandos</strong>. La encarnadura de la totalidad del poder en una sola persona, el verticalismo como elemento cohesionador y ordenador del movimiento, la vocación permanente de tener la sartén por el mango y la falta de compromiso con las instituciones republicanas, completan el juego de espejos.</p>
<p>La garantía de gobernabilidad podría ser otra similitud, pero esa respuesta solo la tienen el porvenir y el kirchnerismo, porque otra pregunta que queda en el tintero es cómo digerirá el cristinismo su mudanza del núcleo al borde del peronismo. ¿Sabrá ceder la centralidad del movimiento? Si la sentencia es negativa, será momento de ajustarse nuevamente los cinturones: El país es muy sensible a las turbulencias del justicialismo, a tal punto que suele metabolizarlas en accidentes democráticos.</p>
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