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	<title>Gonzalo Sarasqueta &#187; Cristina Kirchner</title>
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		<title>Sobre la cadena nacional y la esquizofrenia del relato</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Oct 2015 03:00:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cadena presidencial]]></category>
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		<description><![CDATA[Lo controlable nunca es totalmente real, y lo real nunca es totalmente controlable. Antonio Escohotado &#160; Inauguración de puentes, carriles, satélites o piletas. Improperios por acá, descalificaciones por allá. Ovación de los presentes. Proselitismo para algún dirigente obediente del espacio. Avalanchas de guarismos macroeconómicos. Otra chicana. De nuevo, el coro de aplaudidores. Una letanía para... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2015/10/14/sobre-la-cadena-nacional-y-la-esquizofrenia-del-relato/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p align="right"><i>Lo controlable nunca es totalmente real,</i></p>
<p align="right"><i>y lo real nunca es totalmente controlable.</i></p>
<p align="right"><i>Antonio Escohotado</i></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Inauguración de puentes, carriles, satélites o piletas. Improperios por acá, descalificaciones por allá. Ovación de los presentes. Proselitismo para algún dirigente obediente del espacio. Avalanchas de guarismos macroeconómicos. Otra chicana. De nuevo, el coro de aplaudidores. Una letanía para Él. Un poco de marketing del dolor, otro de épica. Y, por supuesto, egotismo. Siempre el erotismo del yo para desandar el <i>reality </i>presidencial.<span id="more-119"></span></p>
<p>Así han pasado las 44 cadenas nacionales de CFK en este 2015. Todo un número. Y más teniendo en cuenta su extensión: un promedio que oscila entre los treinta y cuarenta minutos. Pero más allá del factor cuantitativo —en el que han hecho hincapié la mayoría de los medios—, sería apropiado colocar los reflectores sobre el carácter cualitativo. Bucear en las profundidades del <b>uso compulsivo de este recurso comunicacional extraordinario, reservado para “situaciones graves, excepcionales o de trascendencia institucional”</b>, como reza el artículo 75 de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. ¿Qué subyace, políticamente hablando, a este abuso?</p>
<p>Para empezar, lo que flotó en la opinión pública: su veta autoritaria. La Presidente demuestra una interpretación unidireccional y restringida de la comunicación. La información es impuesta verticalmente de arriba hacia abajo, sin mediación, sin posibilidad alguna de refutación, corrección o discusión. Perspectiva atemporal, por no decir arcaica. En tiempos donde la narrativa transmedia prolifera, tratando de estimular a la ciudadanía mediante el diálogo, el <i>feedback</i> y la participación, la jefa del Ejecutivo se enfrasca en una decodificación pasiva del destinatario. Los asimila como recipientes, listos para llenar de contenido veraz, valioso y clasificado.</p>
<p>En segundo lugar, le permite elaborar un relato sin goteras. <b>Esta es la función rectora de la cadena nacional: ser la pluma que escribe sin interferencias ni distorsiones la crónica impoluta del kirchnerismo</b>. La materia prima para erigir el mito, que, al menos en vivo y directo, necesita obturar todo atisbo de contrarrelato. La intervención del Instituto Nacional de Estadística y Censos, Julio López, el Proyecto X, Hotesur, las casi tres mil vidas que se cobraron las fuerzas de seguridad estatales en 12 años de gestión “nacional y popular” (informe de la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional), la desnutrición infantil en un país que —según la misma ministra de Industria, Débora Giorgi— le podría dar de comer a 400 millones de personas, por enumerar algunos bemoles, quedan fuera de cámara. Esas fracturas narrativas son relegadas a los márgenes de la realidad. Son ficciones. En jerga oficialista, forman parte del repertorio “golpista”, “gorila”, “destituyente” o “neoliberal”.</p>
<p>Si cavamos más, llegamos al mapeo dual de cualquier arena: política, económica, cultural, social o mediática. Todo escenario complejo, plural y heterogéneo, el kirchnerismo lo transforma en una cancha de dos jugadores: patria-imperio, democracia-grupos hegemónicos, militantes nacionales-cipayos. Y acá entra la simplificación del periodismo no obediente. Todo aquel que no acepte las dádivas estatales (o calafateñas) es categorizado como un actor político manipulado por el control remoto del Darth Vader vernáculo, Héctor Magnetto. Nada de Novaresios, Sietecases o Varskys, comunicadores que intentan hacer equilibrio entre las dos orillas de la grieta. Sólo existen periodistas “fieles” y de “la corpo”. La secuela de esta miopía es la equivalencia que trazan entre rueda de prensa y “apedreo corporativo-mediático”.</p>
<p>Y ahí llegamos al fondo de la olla. O, mejor dicho, a la esquizofrenia del relato. ¿Cómo es posible que la “jefa”, con su retórica todopoderosa, sus argumentos de calado y su altura intelectual, no pueda “domesticar” —una vez al mes, por lo menos— a un puñado de “periodistas desestabilizadores”? Si el presidente de Ecuador, Rafael Correa, adepto también a la crítica acérrima del periodismo<i> watchdog, </i>enfrenta —en conferencias, entrevistas y encuentros espontáneos— a los “medios opositores”: ¿por qué CFK no? ¿Cuál es el obstáculo? ¿Qué le impide “sacar a pasear un ratito a los preguntones”? La respuesta, sin duda, no la tiene su capataz bonaerense, <b>Daniel Scioli, que, con su faltazo al debate presidencial, ya dejó en claro que piensa seguir los atajos de su promotora</b>.</p>
<p>A cambio de esa esgrima intelectual que podría entablar con periodistas y donde, claro está, la única ganadora, empapándose de información diversa, sería la sociedad, CFK nos entrega una levedad discursiva que, a veces, raya con el <i>déjà vu</i> menemista. ¿Algunos ejemplos? Hablando sobre los fondos especulativos: “Nadie quiere ser rubia y de ojos celestes. Soy orgullosamente morocha y argentina”. Acerca de la deuda externa: “¿Sabés quién pagó la primera cuota? Adivinen. ¿Napoleón, Julio César o Néstor Kirchner? Acertaste: Néstor Kirchner pagó la primera cuota”. En la creación de un polo audiovisual: “Debo ser la reencarnación de un arquitecto egipcio porque amo construir. No puedo con mi vocación de arquitecta”.</p>
<p>El balance, siendo benevolente, es curioso: una fuerza que se jacta de haber puesto en valor la política deja como herencia una escuálida cultura deliberativa, retazos de autismo político y una intolerancia galopante que anula cualquier intercambio entre pares. Claro, además de una invitación semanal para posarnos inertes frente a la pantalla de televisión, consumir un cóctel de muletillas autoritarias y atrofiar nuestro sentido crítico.</p>
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		<title>Cristina, Daniel y la muralla china</title>
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		<pubDate>Sun, 21 Jun 2015 04:57:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
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		<category><![CDATA[Elecciones 2015]]></category>
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		<description><![CDATA[Primero, fue un Caballo de Troya cargado de legisladores de La Cámpora en la legislatura bonaerense. Fracasó. De la mano de José Ottavis, vicepresidente de la Cámara de Diputados, los cuadros juveniles fueron los primeros en apostar por Scioli a la Nación. El segundo intento de cerco se llamó Gabriel Mariotto. También falló. El vicegobernador,... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2015/06/21/cristina-daniel-y-la-muralla-china/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Primero, fue un Caballo de Troya cargado de legisladores de La Cámpora en la legislatura bonaerense. Fracasó. De la mano de José Ottavis, vicepresidente de la Cámara de Diputados, los cuadros juveniles fueron los primeros en apostar por Scioli a la Nación. El segundo intento de cerco se llamó Gabriel Mariotto. También falló. El vicegobernador, otrora crítico acérrimo del número 9 de La Ñata, hoy es el <i>surfer</i> número uno de la ola naranja. Ahora, es el turno del apóstol incondicional de Cristina Fernández, Carlos “el Chino” Zannini.</p>
<p>L<strong>a Presidenta entró –antes de lo esperado– en la campaña. Y lo hizo, como sabe, convulsionando la agenda.</strong> CFK entiende, como pocos en la política criolla, la naturaleza del poder. A lo largo de estos ocho años, ha demostrado una habilidad inusitada para mantener firmes las riendas en sus manos. La configuración del binomio Daniel Scioli-Carlos Zannini es otra prueba rotunda. “La Jefa” comprendió que la mejor forma de evitar el síndrome del pato rengo no es ni contemplar ni arbitrar la contienda electoral, sino jugarla. Estar en la cancha. Embarrarse.</p>
<p>La maniobra no termina ahí. A Cristina le preocupa –y mucho– el futuro. Especialmente del 10 de diciembre en adelante. Por eso, en caso de un triunfo del candidato oficialista, el objetivo primordial  del “Chino” será sitiar a Scioli. <strong>Oficiar de muralla, para que este último no le tome el gustito al bastón presidencial y ponga en riesgo el “operativo retorno” en el 2019.</strong> Mantenerlo a una distancia considerable de esa colosal maquinara de poder llamada PJ: liga de gobernadores, CGT y barones del conurbano. Que no llegue a colonizarla, y si es posible, ni a tentarla con la chequera. CFK sabe con qué bueyes ara.</p>
<p>Si la voluntad popular acompaña, lo secundarían en la albañilería de dicho muro, Máximo Kirchner,  Axel Kiciloff y Eduardo Wado de Pedro. <strong>El tridente camporista encabezará las listas de candidatos a diputados nacionales por Santa Cruz, Capital Federal y provincia de Buenos Aires, respectivamente.             </strong></p>
<p>Ahora, ¿quién es el encargado principal de esta misión?  A contra natura del Gobernador, Carlos Zannini, Secretario Técnico y Legal de la Presidencia, desde el minuto cero del kirchnerismo hasta hoy, es un cuadro político proveniente de la militancia revolucionaria. Integrante de la Vanguardia Comunista (actual PRML), fuerza de orientación maoísta, estuvo preso –junto a otras figuras resonantes, como Jorge Taiana, Carlos Kunkel y el socialista Alfredo Bravo– durante el gobierno de Isabelita y la última dictadura militar (1974-1978). En los ochenta, con la llegada de la democracia, calmó sus ansias de insurrección y trabajó en un frigorífico mientras finalizaba sus estudios de abogacía en la Universidad Nacional de Córdoba. Promediando el alfonsinismo, se mudó a Río Gallegos. Ahí conoció, a través del entonces chófer Rudy Ulloa, al matrimonio Kirchner. <strong>La relación, sustentada en una profunda confianza – tanto persona como política–, se mantiene  hasta el presente. ¿Su secreto? Un perfil bajo que raya el esoterismo.</strong></p>
<p>Su última tarea fue entrenar a Florencio Randazzo para que le haga de sparring a Scioli en la interna del Frente para la Victoria. Plan que terminó en un <i>affaire. </i>La jefa del Ejecutivo, en otra muestra de fortaleza, a horas del cierre de listas, le bajó el pulgar al hombre de los trenes. Como premio consuelo, le ofreció la provincia de Buenos Aires. El ministro del Interior y Transporte la rechazó. Prefirió cumplir con su palabra que traccionar electoralmente, desde el distrito más grande del país, la candidatura del ex motonauta. Afuera del kirchnerismo, reconocieron su coherencia; adentro, Aníbal Fernández empezó su crucifixión el viernes, tildándolo de <i>singlista.</i></p>
<p>Cristina, con la inclusión de su ladero en el tándem presidencial, terminó de polarizar el mapa electoral. Dos discursos antitéticos atravesarán la contienda: el populista, encarnado en el Frente para la Victoria, y el republicano, personificado en el frente que encabeza Mauricio Macri, que, en función de esta dicotomía, terminó optando por Gabriela Michetti para condensar una propuesta 100% PRO. D<strong>os interpretaciones de la democracia: una que hace hincapié en su carácter sustantivo, el bienestar de la mayoría, y otra que pone el foco en su funcionamiento, respeto de las reglas y las instituciones.  Escenario que habían pronosticado dos intelectuales de envergadura, como Juan José Sebreli y Ernesto Laclau.</strong></p>
<p>Pero éste no será el único combate. En paralelo, se desarrollará la lucha intestinal del peronismo, protagonizada por la escuadra naranja y el kirchnerismo de paladar negro. Claro que no será televisada ni supeditada al mandato de las urnas. No. Será silenciosa.  Hermética. De entrecasa, como les enseñaron Néstor y Cristina. Y, sobre todo, como nos tiene acostumbrados el justicialismo, con final abierto.</p>
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