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	<title>Gonzalo Sarasqueta &#187; Cambiemos</title>
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		<title>Scioli viaja en ejecutiva</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Oct 2015 03:00:16 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Y el thriller <i>Polarización </i>nunca se terminó de rodar. A tan sólo un par de agujas de las urnas, el suspenso se extingue. La torta electoral continúa cortada en tres porciones: una de considerable tamaño, Frente para la Victoria (42%), y dos de modestas dimensiones, Cambiemos (28,2%) y Unidos por una Nueva Argentina (22,9%). El dividendo, reflejo de la última encuesta de Ipsos &amp; Mora y Araujo, consultora que, entre tanta lotería demoscópica, anduvo con puntería en las PASO, avisa que el pleito por la Casa Rosada se definiría el próximo domingo.</p>
<p>Pero los guarismos no son los únicos que avientan el fantasma del ballotage: Daniel Scioli hace lo suyo. El número 9 de Villa La Ñata saltea las páginas del almanaque y actúa como si ya estuviera en las vísperas de su asunción. <strong>Su agenda se parece más a la de un candidato electo que, sereno, finiquita detalles para tomar el bastón presidencial, que a la de un aspirante frenético que, desesperado, gasta las últimas municiones verbales para cerrar la campaña lo más alto posible.</strong></p>
<p>Prueba palpable es la extensa lista de apellidos que brindó para su potencial gabinete. Cada día, como quien anuncia obras, da mítines o inaugura escuelas, presenta un eventual ministro o secretario nuevo. Así hizo pasar por la pasarela a Silvina Batakis, ministra de Economía; Alberto Pérez, jefe de Gabinete; Sergio Urribarri, ministro del Interior; Maurice Closs, secretario de Turismo; Ricardo Casal, ministro de Justicia; Daniel Filmus, ministro de Ciencia y Tecnología; Diego Bossio, ministro de Infraestructura y hasta incluso deslizó que el nuevo inquilino de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), desplazando a Oscar Parrilli, sería Gustavo Ferrari. Dato llamativo, ya que este puesto, por seguridad, suele ser uno de los últimos en salir a la luz de la opinión pública.<span id="more-125"></span></p>
<p>La arquitectura, como se observa, es un mix de gobernadores, funcionarios bonaerenses y kirchneristas de baja intensidad (Bossio y Filmus). Nada de “cristinismo nuclear” ni “camporismo infiltrado”. La “teoría del cerco” o, mejor dicho, “la muralla china”, con Carlos Zannini a la cabeza, se va diluyendo a medida que se acerca el traspaso de la chequera en Balcarce 50.</p>
<p>Otro síntoma son las reuniones que entabla con presidentes vecinos. A diferencia de sus adversarios, que posan con <i>celebrities </i>como Susana Giménez o patean por los arrabales de la provincia en búsqueda de vacilantes, el gobernador bonaerense se prueba el traje de jefe de Estado y se muestra con Dilma Rousseff y Tabaré Vázquez. Como si ya fuesen sus pares. CFK, ¿celosa? Puede ser, pero no hay mucho margen para las emociones: la apuesta está hecha y es todo al naranja. La ruleta peronista determinará si la cabecilla del Frente para la Victoria resolvió con olfato de jugadora profesional o vicio de ludópata.</p>
<p>Y esto no es todo. El mandamás bonaerense, además, se da el lujo de hacer un <i>role playing.</i> Mandó a Juan Manuel Urtubey —su carta escogida para Cancillería— al Consejo de las Américas, en Estados Unidos. Allí, la esperanza blanca del peronismo confesó la imperiosa necesidad de llegar —cuanto antes— a un acuerdo con los fondos buitre. Miguel Bein, asesor económico de DOS, lo secundó desde tierras criollas. El simulacro tuvo buena recepción en la góndola justicialista, no así en el círculo kicillofneano, que interpretó la movida como una invasión doble: a la soberanía del país, en el formato épico, y a la cofradía del ministro sin corbata, en la versión <i>realpolitik</i>.</p>
<p><b>Mientras tanto, Sergio Massa y Mauricio Macri ensayan una especie de polarización de cabotaje</b>. Fenómeno peculiar, por no decir inédito. Porque es normal que el tigrense, cabalgando tercero en la contienda, se ponga cáustico e invite al jefe porteño al ring mediante chicanas como que el voto amarillo es “inútil”, porque él es el único que puede voltear en una segunda vuelta al kirchnerismo, “Macri es una invitación al pasado” o, directamente, lo rete a un debate televisivo “mano a mano”. Ahora, lo extraño es que el ingeniero se obsesione mirando su piso en vez de su techo. Casi todos sus dardos van dirigidos hacia el hombre del Delta; pocos cartuchos quedan para La Plata. El resultado de esta estrategia ha sido contraproducente para él: lo clavó en los sondeos y, en paralelo, produjo con Massa una nivelación impensada a principios de año, cuando algunos, por ejemplo, quien escribe, pronosticaban que el ex director ejecutivo de la Administración Nacional de la Seguridad Social finalizaría en la cifra de un dígito.</p>
<p>El daño colateral —que preocupa al antikirchnerismo rabioso— es que, si se sigue agudizando esta batalla de segundo orden, en un escenario de ballotage la <i>selfie</i> entre ambos opositores, necesaria para doblegar al capataz bonaerense, se transformaría en una quimera. Por eso, desde el círculo rojo intentan ponerle paños fríos a la riña, delimitar las reglas del combate y mantener los vasos comunicantes entre Parque de los Patricios y Tigre. Parafraseando a Leandro N. Alem: “Que se doble, pero no se rompa”, parece ser la consigna que sobrevuela.</p>
<p>Lejos de estas turbulencias, Scioli viaja tranquilo en clase ejecutiva. Disfruta el recorrido. “Mientras ellos pelean por el segundo puesto, yo estoy abocado al desarrollo del país”, deslizó, altivo, hace un puñado de días. Así atraviesa la campaña. Y, cuando se aburre, se pasa a la cabina, le pide permiso a la jefa y tantea el volante. Ella lo deja, pero apenas un ratito. Quizás cuatro años, como mucho. No vaya a ser que le tome el gusto a volar solo.</p>
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		<title>Una incubadora llamada progresismo</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Sep 2015 03:00:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>En el 2011, la cosmovisión progresista, encabezada por Hermes Binner, recaudaba el 16 % de los votos. Cuatro calendarios después, la cosecha en las PASO osciló entre el 3 % y el 4 %. Números que, además de estacionar a Margarita Stolbizer lejos del podio presidencial, de cara al 2016, ponen en jaque al esqueleto legislativo del espacio en los tres niveles: municipal, provincial y nacional.</p>
<p>Pero más allá de la introspección que haga la socialdemocracia autóctona sobre su performance electoral, la sociedad debería ponerle el ojo al destino de esta fuerza. <b>Salir del microclima polarizante, impuesto por el Frente para la Victoria y Cambiemos, tomar una bocanada de aire fresco y reflexionar sobre la utilidad que tiene para el sistema democrático la presencia de una centroizquierda voluminosa, ágil y vigorosa en el Congreso</b>.</p>
<p>Cuando es leal a su <i>ethos</i> reformista, el progresismo tiene la capacidad de inyectar en la agenda pública problemáticas inéditas, que son ignoradas por la vorágine de la coyuntura, escondidas por poderes fácticos de considerable espesor o, directamente, estériles para la dirigencia política, ya que no implican réditos electorales en el corto plazo. ¿Un popurrí al vuelo?<span id="more-106"></span></p>
<p>En los años ochenta, los juicios a las cúpulas militares de la última dictadura. Aunque entre el 60 % y el 80 % del tejido social aprobaba subir las botas a los estrados de la Justicia, la originalidad del alfonsinismo fue transformar ese consenso ciudadano en política de Estado, a pesar de la reticencia de dos instituciones gravitantes: las Fuerzas Armadas y el Partido Justicialista, que apostaba por la amnistía de los castrenses (Ítalo Luder había declarado que, en caso de llegar al Gobierno, respetaría la ley de pacificación nacional decretada por los uniformados). Luego, con las leyes de punto final y obediencia debida, el avance hecho por el presidente radical quedó cojo. Aun así, el precedente ya estaba sentado: en democracia, las armas también rinden cuentas.</p>
<p>La ley de divorcio vincular (23.515.), promulgada en 1987, fue otro aporte de la década del ochenta. También impulsada por el chascomusense. Y, al igual que en los años cincuenta, cuando fue fomentada por Juan Domingo Perón (ley ómnibus), también fue resistida por una institución poderosa como la Iglesia Católica y por una porción importante de legisladores. La nueva normativa se acopló a nuestras costumbres y, a pesar de los presagios dantescos vertidos por parte de la congregación eclesiástico, no ardió ninguna Babilonia, la gente se sigue casando y la familia continúa siendo la viga estructurante del edificio social.</p>
<p><b>Durante los noventa la acción del progresismo fue reactiva</b>.<b> Básicamente, se dedicó a plantar un dique de contención frente al embate neoliberal</b>. Desde la soledad de su banca en diputados, el socialista Guillermo Estévez Boero advertía las consecuencias que acarrearía el desguace del Estado. Pronósticos que, en este caso, tuvieron su correlato con la realidad: El mercado trituró los sectores públicos estratégicos -fondos de previsión social, recursos naturales, transporte, salud, educación-, abriendo una brecha de desigualdad que se fue incrementando hasta romper las costuras del sistema político-económico en el 2001.</p>
<p>Como atenuante al flagelo de esa pobreza galopante, el economista Rubén Lo Vuolo y aquella Elisa Carrió que, por entonces, secundaba a Alfredo Bravo en su lucha por los derechos humanos, esbozaron los cimientos de lo que sería la asignación universal por hijo (AUH). Un plan social netamente progresista que, a pesar de sus deficiencias, ha producido unos resultados contundentes y se ha ganado el mote de incuestionable. Hoy toda la góndola política lo defiende con uñas y dientes.</p>
<p>En diciembre del 2005, el diputado socialista Eduardo Di Pollina y la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT) presentaron por primera vez en el Parlamento un proyecto de ley para que se permitan los matrimonios entre personas del mismo sexo. No tuvieron eco. Pero se plantaron. Insistieron. Y el premio llegó: <b>El 15 de julio de 2010, Argentina fue el primer país de América Latina en reconocer este derecho en todo su territorio nacional</b> (la ciudad de México D.F. lo había logrado en diciembre del 2009).</p>
<p>La lista podría seguir con Pino Solanas señalando la importancia de estatizar YPF, preservar los glaciares y recuperar los ferrocarriles (antes de la tragedia de Once). Todos <i>issues</i> que, al igual que los anteriores, cuando emergen a la superficie del debate público, son incómodos porque mueven las placas tectónicas del sentido común.</p>
<p>Y esto último parece ser la <b>función vital del progresismo en nuestra estructura democrática: ser una fuerza, obstinadamente, contracíclica</b>. A contracorriente de lo “políticamente correcto”. Alérgica a la zona de confort que ofrecen las encuestas. Su responsabilidad radica en incubar aquellas demandas sociales invisibles para el grueso de la dirigencia y colocarlas en la cadena de montaje institucional. Aun sabiendo que, en dicho momento germinal del proceso, los costos superarán a los beneficios. Y que estos últimos, probablemente, terminarán siendo capitalizados política o electoralmente por una subjetividad ajena a la familia de la centroizquierda. Ese es su nudo gordiano y, al mismo tiempo, su mejor carta de presentación.</p>
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		<title>Los siameses Daniel y Mauricio</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Sep 2015 10:12:14 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El escenario electoral actual ofrece dos niveles de análisis. Si elegimos el lente sin aumento para decodificar la realidad, observamos que hay una polarización imperante entre dos fuerzas: Cambiemos y Frente para la Victoria. Enfrentamiento que, básicamente, reposa en las diferencias que habitan en la genética de las estructuras (recursos, comunicación, militantes, estética, desarrollo territorial, etcétera) que impulsan a los dos candidatos de mayor fuste y en sus respectivas tradiciones (el macrouniverso del peronismo y el club del liberalismo autóctono).</p>
<p><b>Pero si escogemos el microscopio y lo colocamos sobre el tipo de liderazgo que ejercen Daniel Scioli y Mauricio Macri, la dicotomía le deja su asiento a la homogeneización. </b>Ambos aspirantes, por más que le duela al círculo rojo y al kirchnerismo progresista leal a las directrices de CFK, poseen numerosas similitudes. Y no solo en su visión económica (los dos equipos económicos afirmaron que, después del 10 de diciembre, será ineludible sentarse a negociar con los fondos buitres para acceder al crédito internacional), sino también en su muñeca política.</p>
<p>Tanto el cabecilla naranja como el adalid amarillo poseen unos rasgos que el intelectual Joseph Nye (junior) ubicaría en la categoría de liderazgo femenino. Se los percibe dispuestos a colaborar con los demás, intercambian opiniones con adversarios, son integradores (dentro de ciertos márgenes, obviamente) y replican conductas de sus seguidores. Características, por ejemplo, ausentes en CFK, que, siguiendo la estela del teórico norteamericano, paradójicamente, se encuadraría en el liderazgo masculino: firme, competitiva, absorbente y decidida a dirigir la conducta de los demás. Las vueltas del léxico genérico.<span id="more-100"></span></p>
<p><b>Otro atributo que pule el juego de espejos es el escaso </b><b>magnetismo que generan Macri y Scioli. A ninguno de los dos se lo podría etiquetar como carismático</b>. Lo que abre paso a dos perspectivas: una optimista y otra pesimista. La primera, el próximo presidente no contaría con este recurso emocional que, cuando cae en manos equivocadas, puede mutar en autoritarismo, fanatismo o despotismo. ¿El costado negativo? El carisma, bien utilizado, es una herramienta útil para cohesionar voluntades, generar consenso y direccionar los destinos de una nación; o sea, sin él, el futuro primer mandatario deberá respaldarse, exclusivamente, en las instituciones existentes para hilvanar los diferentes acuerdos. Y, como hemos visto en los últimos años, los partidos políticos, la Justicia, el Congreso y las empresas no sobresalen por su fortaleza, su transparencia y su praxis. ¿Será una buena oportunidad para robustecerlos? El interrogante está abierto. La historia muestra que, exceptuando Marcelo Torcuato de Alvear (1922-1928), los presidentes que carecían de “aura” -Arturo Frondizi, Arturo Illia, Fernando de la Rúa, por citar tres- no pudieron concluir sus Gobiernos.</p>
<p>Luego de doce años de discursos con una fuerte impronta ideologizante, los potenciales inquilinos de Balcarce 50 ofrecen una narrativa con la espuma justa. Pocos renglones para la confrontación, ninguna línea para la épica y las batallas culturales. <b>Con el consenso como estandarte, tanto Scioli como Macri prometen un marco dialógico ajeno a la (supuesta) grieta que cavó el matrimonio Kirchner</b>. Esta tesis todavía la tiene que ratificar el gobernador bonaerense con su presencia en los dos debates presidenciales que están programados. Decisión que servirá para detectar si existe -o no- un hiato entre su lengua y los hechos.</p>
<p>Esta obsesión por evitar cualquier pronunciación ideológica introduce a Scioli y Macri en un hiperrealismo que no está exento de tensiones. Aunque lo oculten, tarde o temprano, tendrán que jerarquizar demandas, necesidades y soluciones. Y esa agenda, si no la ofrecen sus discursos, la terminarán materializando sus hechos. De cualquier modo, como en todo juego democrático, brotará el conflicto entre intereses contrapuestos.</p>
<p>La armonía con los grandes medios de comunicación también los une a estos siameses políticos. A la prensa privada -léase <i>Clarín, La Nación, América, Perfil</i>, etcétera- lo único que le preocupa es la influencia que pueda llegar a tener el cristinismo nuclear en una posible gestión de Scioli. Fuera de eso, el periodismo atisba un escenario mucho más amigable, acorde a sus ambiciones y fértil para expandirse, ya que interpretan que la ley de medios, en cualquiera de los dos casos, pasará a ser letra muerta. Incluso, algunos se ilusionan con ser beneficiados con una nueva distribución de la pauta oficial.</p>
<p>Además de un estilo de liderazgo, es vox <i>populi</i> que los dos candidatos comparten una amistad de larga data. Férrea o endeble, esta relación puede llegar a servir de vaso comunicante durante los próximos cuatro años entre el presidente de la nación y el principal jefe de la oposición. Situación inédita por estas latitudes. Y esto es un dato interesante: en un país donde las instituciones -o los contratos formales- no funcionan adecuadamente, este tipo de vínculos informales puede llegar a oficiar de engranaje para que el sistema marche. Lejos de ser lo ideal, claro está. Pero por algo se empieza.</p>
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		<title>Massa, con la llave de las presidenciales</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Aug 2015 11:01:56 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Esta vez las encuestadoras anduvieron con puntería. Daniel Scioli se impuso con relativa comodidad al frente Cambiemos que lidera Mauricio Macri. El gobernador de la provincia de Buenos Aires logró una victoria que lo deja bien parado de cara octubre, pero que no es –de ninguna manera– determinante.</p>
<p>La arquitectura de la fórmula presidencial que pactó, semanas atrás, con CFK le garantizó al ex motonauta un piso considerable de votos, aunque también le colocó un techo bajo, con escasa proyección por fuera del kirchnerismo. <strong>Si bien terminó de subir a la lancha a toda La Cámpora y al cristinismo nuclear, al mismo tiempo espantó al ciudadano independiente que deseaba continuidad con un verbo menos inflamado, un escenario económico más estable y una apertura al diálogo.</strong></p>
<p>A lo que habría que sumarle la tonificación de su discurso. En el tramo final de la campaña, Scioli abandonó la ambigüedad que lo caracterizó durante toda esta era y se sumergió de lleno al guion del relato. Magnificación de los logros económicos, reificación de todo lo que huela a Calafate, solapamiento de la inflación y otros fuegos artificiales K decoraron sus exposiciones. Otra apuesta de alto voltaje, que, como demostró en la alocución de anoche en el Luna Park, no piensa abandonar tan fácilmente.</p>
<p>La duda capital del sciolismo en este momento es dónde poner la cañita de pescar durante estos dos meses y medio. Una decisión ardua. El universo reticente al kirchnerismo, a contracorriente del 2011, supera por amplio margen al planeta del Nestornauta, las batallas culturales y la grieta laclauniana.<strong> Tendrán que ser certeros y diligentes: no hay mucho tiempo para olfatear.</strong></p>
<p>Una vez elegido el escenario, será el turno de la carnada. ¿Con qué mieles se intentará seducir al electorado esquivo de las PASO? ¿Será el momento de precisar la base programática, que hasta ahora brilló por su ausencia? ¿Habrá que esconder a CFK? ¿Volverá el teléfono rojo con Magnetto? El abanico de posibilidades es amplio, aunque está claro que ciertos issues -que fueron la letra grande del contrato con la presidenta- como corrupción, blanqueo de las estadísticas sociales y liberación del cepo cambiario están descartados. Scioli, al menos dentro del ecosistema peronista, tiene palabra.</p>
<p>Distinto es el horizonte de Mauricio Macri. Si bien las internas que organizó el frente Cambiemos no fueron competitivas, le sirvieron al jefe porteño para mostrar capacidad de reclutamiento. <strong>La tropa antikirchnerista conformada por radicales, lilitos y otras variables del republicanismo autóctono respondieron a su llamado y están listos para salir a cazar indecisos de acá al 25 de octubre.</strong></p>
<p>Pero no solo eso. Macri kirchnerizó su discurso a tiempo. Apuesta que, en su momento, le produjo sismos en sus bases y la condena del círculo rojo, pero que ahora le permite incrementar sus perspectivas de crecimiento. Fenómeno inversamente proporcional al de Scioli. Con la adhesión al “estatismo de baja intensidad”, el ex presidente de Boca anuló la dicotomía estado-mercado propuesta por el kirchnerismo para asociarlo con la experiencia menemista, y, en su lugar, se presta a instalar el clivaje distintivo del PRO: la nueva clase política (“limpia”, “eficiente” y “democrática”) versus la antigua dirigencia (“burocrática”, “corrupta” y “deficiente”).</p>
<p>Además, con la alentadora performance de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires (fue la candidata más votada), el líder amarillo quiebra el mito de la General Paz. Después de ocho años de hermetismo porteño, que incluyó la pérdida de la personería jurídica en el distrito electoral con mayor volumen del país, el PRO sale al conurbano y al interior rural de la provincia. Salto que lo insufla de autoestima Macri.</p>
<p><strong>¿Y Sergio Massa? El tigrense avisó que está vivo</strong>. Su armado con el cordobés De la Sota consiguió alrededor del 20% de las voluntades. Teniendo en cuenta los magros pronósticos que le auguraron íntimos y ajenos, es una cifra a considerar. Importante. No obstante, apelando al realismo, el guarismo es exiguo para fracturar la polarización entre Cambiemos y el FpV. El crupier ya avisó que esta mano, la del 2015, es de a dos.</p>
<p>Aun así, el ex Jefe de Gabinete se mantendrá en primera línea. Teniendo en cuenta la fidelidad del sufragio a Stolbizer (3,4%) y la intransigencia clasista del FIT (3,3%), el 20% que eligió por Unidos por una Nueva Argentina (UNA) despunta como la llave para dirimir el pleito entre Scioli y Macri. Ahí parecen estar los peces gordos. En ese acuario habrá que poner las cámaras. Veremos los anzuelos que se utilizan. Será una buena oportunidad para descubrir la genética del voto massista y, de paso, vislumbrar de qué está hecho más su cabecilla: si de nostalgia kirchnerista o reminiscencias de la UCeDé.</p>
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		<title>Las lecciones comunicacionales de Martín Lousteau</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Jul 2015 03:00:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Diversas lecturas políticas proliferaron sobre el balotaje porteño. La mayoría en jerga nacional: hay vida por fuera de la polarización entre el Frente para la Victoria (FPV) y Cambiemos, Macri llegará debilitado a las PASO y el purismo amarillo tiene límites electorales, inclusive, dentro de la Capital Federal. Pero pocos pusieron la lupa sobre la campaña de Martín Lousteau. ¿Qué hizo este joven economista para ponerle suspenso a una película con final cantado? La respuesta habita en el plano comunicacional.</p>
<p>Para empezar, <b>@GugaLusto -así es la cuenta del líder de ECO en Twitter- propuso un discurso de alto riesgo para los tiempos que corren</b>. Con una opinión pública formateada en clave dicotómica, el chico de rulos apostó a una narrativa de superación, no de confrontación. Tomó los aspectos positivos de la gestión PRO y le añadió las demandas latentes en la periferia de la ciudad: desnutrición infantil, problemas de vivienda, deterioro de la salud pública, inseguridad y cuidado del medioambiente. A cada una de estas críticas la acompañó con una propuesta técnica concreta para resolverla y punto. Diagnóstico, análisis y solución, ecuación sintética. Nada de grandes batallas semióticas ni modelos épicos en pugna.</p>
<p>El volumen lo puso con las denuncias. Lousteau acusó tanto al FPV como al Gobierno de la ciudad de utilizar recursos públicos para fines proselitistas. Con esa increpación se distinguió en la arena de los valores y se posicionó como un estandarte de la transparencia. Y, además, alumbró una problemática de larga data en el país: los oficialismos, sean del color que sea, manipulan el andamiaje propagandístico estatal para estaquearse al poder, lo que anula el principio rector de la democracia, la alternancia en los centros de comando.<span id="more-47"></span></p>
<p>Y sobre esta carencia de aparato, Lousteau forjó su virtud<b>. A sabiendas de que no contaba con los resortes de los medios de comunicación privados ni estatales, enfrascados en el maniqueísmo Daniel Scioli-Mauricio Macri, y consciente de que CABA dispone de una tasa de conectividad alta, se sumergió en las redes sociales</b>. Con creatividad, ingenio y sencillez, implementó una campaña basada en los principales dispositivos del ciberespacio.</p>
<p>Facebook, Twitter, Youtube, Instagram, por mencionar algunas, fueron las plataformas comunicacionales desde donde el diputado nacional interpeló a la ciudadanía. Allí estampó su valencia: evolución. Con producciones audiovisuales de calidad -fotografías simbólicamente poderosas, guiones ocurrentes y participación ciudadana en las filmaciones-, diseños descontracturados e información interactiva, entre otros juguetes cibernéticos, rompió el cerco mediático-estatal y se instaló como un estadio superior del PRO y del FPV.</p>
<p>Para llevar adelante este tipo de campaña, el adalid de ECO contó con un ejército de ciberactivistas que viralizaron sus actividades, sus mensajes y sus <i>spots</i>. Un entramado de adolescentes, jóvenes y adultos que combinaron principios con TICS (tecnologías de la información y la comunicación informáticas), fórmula que empieza a ganar terreno en la política y que, de a poco, va desplazando al militante raso de unidad. Por lo visto, el manejo de los lenguajes y los códigos del mundo 2.0 se está convirtiendo en una condición sine qua non<i> </i>para todo aquel que desee comprometerse con alguna fuerza.</p>
<p>A pesar de esta contundencia en la Red,<b> Lousteau no renunció al cara a cara con los vecinos</b>. Las redes sociales estuvieron escoltadas por la tradicional recorrida por los barrios, los timbrazos, las actividades en los clubes, los actos en instituciones de la sociedad civil y los panfletos esquineros. En otras palabras: conjugó la campaña <i>offline</i> con la <i>online</i>. Armó una simbiosis perfecta entre ambas: reprodujo por internet las actividades en el asfalto y viceversa. Un ejemplo preciso de cómo enlazar el espacio virtual con la realidad para potenciar a un candidato.</p>
<p>Y, como enseñanza adyacente del autor de <i>Economía en 3D</i>, queda su postura frente a las encuestas. Mientras la mayoría de los candidatos cada vez se ata más al humor de los sondeos para determinar su futuro, Lousteau los ignoró y confió en su tacto político para elegir el rumbo. Ante la insistencia de ciertos periodistas del círculo rojo para que se bajara de la contienda porque los guarismos no cuajaban, ratificó -una y otra vez- que su derrotero jamás estaría signado por un informe demoscópico. Y el domingo, en cierta medida, le dio la razón: perdió, pero el horizonte se viste de oportunidad para él.</p>
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