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	<title>George Chaya &#187; yihadismo</title>
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		<title>El error de Huntington: el choque es de cultura, no de civilización</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Feb 2016 03:00:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Choque de civilizaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Conflicto cultural]]></category>
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		<category><![CDATA[Samuel Huntington]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Es innegable que la política mundial avanza hacia una nueva etapa en lo concerniente a la seguridad de los Estados frente a las migraciones masivas producto de los conflictos actuales. En este proceso, muchos intelectuales no han vacilado en abundar sobre los posibles aspectos que los cambios entrañan y han arribado a definiciones tales como “el fin de la historia”, “el regreso a las rivalidades tradicionales entre las naciones-Estado” y “la declinación del Estado-nación a causa de las contradicciones entre tribalismo y globalización”, entre otras posibilidades.</p>
<p>Cada una de estas versiones da cuenta —en algún aspecto— de una nueva realidad con la que discrepo. A mi juicio, pasan por alto un elemento decisivo y central de la política mundial de los próximos años, a saber: <b>la principal fuente de conflicto en el mundo no será fundamentalmente social ni económica</b>.<b> El carácter de las grandes divisiones de la humanidad, como así la fuente dominante del conflicto es y continuará siendo cultural.</b></p>
<p>Las naciones-Estado seguirán siendo los agentes más poderosos en los asuntos mundiales. Pero en los principales conflictos políticos internacionales se enfrentarán naciones con entidades culturales paraestatales distintas. El choque de culturas dominará el escenario de la política mundial. No el choque de civilizaciones.<span id="more-620"></span></p>
<p>Las líneas de ruptura entre las entidades culturales diferentes serán los frentes de la batalla ideológica del futuro y, esto es, si se me permite la definición, una política —casi— de Estado en el pensamiento yihadista<b>.</b> De hecho, sostengo que estamos inmersos en esta etapa. El conflicto intercultural abierto y directo, que, en otras palabras, es la última fase de la evolución del conflicto en el mundo moderno.</p>
<p>Durante la Guerra Fría el planeta se dividió en lo que se conoció como primero, segundo y tercer mundo. Esa división ya no resulta pertinente y adquiere categoría de obsoleta. Hoy es mucho más lógico agrupar a los países en función de su cultura e idiosincracia que hacerlo según sus sistemas políticos y económicos, o por su grado de desarrollo, sencillamente porque lo primero va a definir lo segundo.</p>
<p>Las comunidades europeas, a su vez, compartirán características culturales que las distinguirán de las comunidades árabes o chinas. Pero los árabes, los chinos o los occidentales no integran ninguna entidad cultural ampliada. Constituyen entidades culturales individuales, de allí que sea extremadamente erróneo hablar de choque de civilizaciones. No existe tal diferencia entre las civilizaciones. Hay una sola civilización y es la civilización humana.</p>
<p>A mi juicio, <b>la entidad cultural es la correcta forma de definir este dilema,</b> por tanto, la organización cultural más alta de las personas y el nivel de identidad cultural individual ampliado es lo que distingue a los seres humanos y, a su vez, se define por los niveles de identidad de los individuos. Por ejemplo, un residente de Londres puede definirse con diversos grados de identidad, como londinense, británico, inglés, protestante, musulmán, judío, cristiano, europeo y occidental. El nivel más amplio con el que se identifique será la cultura a la que pertenece. Las personas pueden redefinir sus identidades y, como resultado de ello, la composición y las fronteras geográficas cambian.</p>
<p>Las entidades culturales pueden abarcar un número muy grande de personas, como en el caso de China (una entidad cultural que finge ser un Estado) e incluir a varias naciones-Estado, como ocurre con la cultura occidental o la árabe, o solamente una, como la cultura japonesa.</p>
<p>La identidad de los entes culturales será cada vez más importante y el mundo futuro estará conformado en gran medida por la interacción de cinco o tal vez seis entidades culturales, como la occidental, la confuciana, la japonesa, la islámica, la hindú, la latinoamericana y, posiblemente, la africana. <strong>Los conflictos más importantes del futuro se producirán en las líneas de ruptura que separan a estas entidades culturales unas de otras. Esto es lo que está ocurriendo en el presente escenario mundial.</strong></p>
<p>¿Por qué habrían de chocar las civilizaciones? En primer lugar, las diferencias entre las civilizaciones no son reales, solo existe una civilización, como ya he señalado anteriormente (la humana), pero las diferencias entre las entidades culturales son fundamentales.</p>
<p>Las culturas se diferencian entre sí por su historia, su idioma, su tradición y, lo más importante, por su religión. Personas pertenecientes a distintas culturas consideran de distinta forma las relaciones entre Dios y el hombre, grupo e individuo, ciudadano y Estado, padres e hijos, esposo y esposa. Del mismo modo, tienen criterios diferentes sobre la importancia relativa a los derechos y las responsabilidades, a la libertad y a la autoridad e incluso a la igualdad y la jerarquía.</p>
<p>Estas diferencias son el resultado de siglos en lo referente al mundo árabe-islámico y no desaparecerán rápidamente, pues <b>son mucho más determinantes que las diferencias entre ideologías y regímenes políticos</b>. Esto es lo que la cultura occidental debe comprender e internalizar para cooperar y tratar con los pueblos árabes de forma correcta y así aislar el radicalismo vigente que lo corroe. Ello no significa que con esto avasalle ningún aspecto de la cultura del mundo árabe islámico. Los procesos de modernización económica y cambio social tienen en todo el mundo el efecto de separar a la gente de sus identidades originales, lo que debilita al mismo tiempo a la nación-Estado como fuente de la identidad, pero nunca la desintegra.</p>
<p>En gran parte del mundo, especialmente en el mundo árabe, la religión ha conseguido llenar vacíos, muchas veces en forma de movimientos llamados fundamentalistas, que es posible encontrar en todas las creencias religiosas, aunque mucho más a menudo en el integrismo militante yihadista.</p>
<p>En la mayoría de los países y las religiones, las cúpulas activas de los movimientos fundamentalistas son jóvenes, cuentan con educación universitaria y pertenecen a la clase media capacitada o son profesionales y hombres de negocios. No son pobres ni postergados. De allí la importancia de la secularización del mundo, ella debería ser una de las realidades sociales dominantes, el problema es que se aprecia todo lo contrario en la vida del primer decenio del siglo XXI.</p>
<p>El resurgimiento de la religión ofrece una base de identidad y el doble papel que impulsa Occidente con la toma de conciencia sobre la propia cultura no muestra, por una parte, que Occidente se encuentre en la cúspide del poder. Sin embargo, tal vez como resultado de ello, entre las culturas no occidentales ocurre un fenómeno que es el regreso a las raíces. Así, se escuchan cada vez más las referencias al encierro y al fracaso de las ideas occidentales del socialismo o el liberalismo y, por ende, en Oriente Medio es bien visto el retorno a la rígida re-islamización. Esto hasta puede tener sentido y ser correcto, pero la pregunta sigue siendo: “¿Es culpa de la cultura judeocristiana?”</p>
<p>En su libro <i>El choque de civilizaciones</i>, Samuel Huntington pretendió presentar a Occidente sólo como una civilización, dejó al margen el orden político y la cultura específica occidental. Sin embargo, en lo que Huntington no reparó en su tiempo fue en la diferencia y los conceptos. Lo cierto y concreto hoy sobre la definición correcta del fundamentalismo religioso, en primer lugar, es que no es todo el islam, aunque sí lo secuestra y somete hacia el interior. Sin embargo, lo que verdaderamente encarna es una corriente islámica representante de una tradición, que se siente amenazada por la modernidad política. Su postulado central es regresar a los fundamentos religiosos primigenios del islam. Es una doctrina conservadora, tradicionalista y ortodoxa. El islamismo, en cambio, es una ideología y una práctica totalitaria cuyo objetivo estratégico es clausurar cualquier espacio político-cultural al interior del mundo islámico que incluya cambio o modernidad.</p>
<p>Cuando se hace de la política únicamente confrontación, se llega a la guerra. Cuando se limita la política a la exclusiva negociación, se llega al comercio, al modernismo y al desarrollo. Lo que sucede es que los representantes islámicos, en negociaciones internacionales, se ven obligados a regirse por leyes sancionadas por el hombre y no por Dios, lo que para sus sectores más radicales constituye una blasfemia. Cuando, en realidad, lo concreto es que la política internacional es esencialmente secular. No hay iglesia, mandamiento o profeta que se encuentre por sobre la norma. Por ello, los representantes islámicos suelen no tener más opción —por ejemplo, en Naciones Unidas— que practicar dos políticas a la vez. Una confesional, hacia adentro y otra secular, hacia afuera.</p>
<p>Así, en la cúspide de su poder, Occidente enfrenta al no Occidente y, en este escenario, es difícil que disminuya la interacción militar entre Occidente y el islamismo (ideología que exterioriza de forma violenta la doctrina de la yihad permanente), que, por cierto, data de varios siglos. Por el contrario, lo que vamos a continuar viendo es un escenario que seguramente podría hacerse mucho más virulento en el corto plazo y una espiral de violencia sin final a la vista.</p>
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		<title>El falso debate de confrontar libertad y seguridad</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Jan 2016 09:14:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Atentados en París]]></category>
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		<description><![CDATA[En general, y a través de la historia, un país no escoge entrar o no en una guerra: la guerra le es declarada. De igual manera, un país no elige dónde librar una guerra, depende del enemigo que se la declara. Cuando estas circunstancias se producen, un país no está en condiciones de elegir qué... <a href="http://opinion.infobae.com/george-chaya/2016/01/22/el-falso-debate-de-confrontar-libertad-y-seguridad/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En general, y a través de la historia, un país no escoge entrar o no en una guerra: la guerra le es declarada. De igual manera, un país no elige dónde librar una guerra, depende del enemigo que se la declara. Cuando estas circunstancias se producen, un país no está en condiciones de elegir qué guerra quiere librar: el tipo de guerra le es impuesta por el agresor.</p>
<p>Nunca se elige ni contra quién, ni cómo ni dónde se hace la guerra, salvo en muy escasas ocasiones. Estas tres sencillas verdades han pertenecido durante siglos a la tradición política y estratégica occidental, aunque los dirigentes y las sociedades de lo conocido como mundo libre las hayan olvidado en las últimas dos décadas. Desde la caída de la Unión Soviética, los europeos han vivido unas vacaciones estratégicas y han alimentado tres peligrosas ilusiones: a) que pueden elegir libremente a quién hacer la guerra, b) que pueden elegir de qué manera librarla, y c) que pueden elegir dónde combatirla.</p>
<p>Luego de la masacre de París, los europeos continúan encerrados en esa ilusión. Aunque deben reconocer —cuanto antes— que no depende de ellos librar o no esta guerra. <b>La tienen encima, dentro de sus ciudades, se la declaró el yihadismo con sus fatwas desde mediados de los años noventa, y esta declaración ha sido renovada por las organizaciones radicales, hasta llegar actualmente al ISIS</b>. La guerra ya ha sido declarada por quienes consideran la civilización occidental como una perversión y un mundo a destruir, y ya es muy claro que se han dado a la tarea de aniquilarlo.<span id="more-612"></span></p>
<p>Tampoco han elegido los occidentales qué tipo de guerra librar contra el ISIS. Uno debe aferrarse semánticamente al término <i>guerra</i> —por más desagradable que suene— y aunque otros lo nieguen y pongan sobre la mesa miles de páginas de derecho penal, derecho internacional y derecho de guerra para demostrar que esto no es una guerra, sus esfuerzos se tornan estériles cuando quien se sienta al otro lado en la mesa porta una arma o un chaleco de explosivos. Lo acepte o no Occidente, es este elemento que ha definido el tipo de guerra que le ha sido declarada. Y lo que es peor, los occidentales tampoco han elegido librar la guerra en las calles de las ciudades europeas o estadounidenses: esa guerra ha sido llevada allí por el islamismo radical.</p>
<p>En 2001, los norteamericanos tenían al menos el consuelo de descubrir que sus atacantes procedían del exterior y llegaron para destruir las Torres Gemelas por órdenes de Osama Bin Laden. Los europeos no tienen esa suerte: sus enemigos poseen pasaporte de la comunidad, viven en barrios europeos, visitan centros comerciales y acuden a eventos deportivos donde eligen a las personas que asesinarán<b>.</b> Eso ocurrió en París, Londres y Madrid, y sucederá en más ciudades si no hacen algo al respecto.</p>
<p>La actual no es más que una guerra librada contra el sentido mismo de la civilización occidental, es total en sus objetivos y medios y pretende convertir a Occidente en un campo de batalla general y amplia. Todo lo cual señala claramente un frente interior. A ningún occidental le gusta ese escenario, muchos lo niegan, pero lo cierto es que está ahí. Esto exige cambios profundos en la forma de pensar y actuar en materia de seguridad.</p>
<p><b>La evolución del yihadismo en territorio europeo y estadounidense es lo suficientemente grave como para rever cuanto antes las medidas adoptadas por Estados Unidos tras el 11-S</b>, y que la progresía europea —tan alegremente— criticaba entonces.</p>
<p>Por desgracia, parafraseando la conocida broma norteamericana —“Cuando los estadounidenses tienen un problema, aprietan el botón, pero cuando lo tienen los europeos, difunden un comunicado”—, cierta y verdadera, los europeos, en vez de actuar, discuten acaloradamente sobre la alternativa libertad-seguridad. En verdad, esta misma discusión no sólo es falsa, sino que es peligrosa e imprudente para sus propias sociedades.</p>
<p>Es falsa porque la amenaza yihadista ya está extendida sobre Europa como la peor de las servidumbres, la que afecta al alma de sus habitantes. La verdadera falta de libertad es la que a golpe de kalashnikov ya se está instalando en el interior de la conciencia europea a partir de los ataques a París, y cada atentado islamista en el corazón de Europa está siendo ya un recorte real de las libertades de los ciudadanos europeos.</p>
<p>Europa está semisumergida en su día a día y el miedo a la represalia y a la venganza, a la rendición, los ataques parisinos, las suspensiones de conferencias y exposiciones acerca del islam, la autocensura de cineastas, novelistas, escritores, artistas y cantantes lo demuestra. De ataque en ataque, de bomba en bomba, los yihadistas ya están asaltando con éxito el alma europea.</p>
<p>No hacer nada al respecto es imprudente, porque el ataque de París y la repercusión vital en toda Europa muestran que el Viejo Continente está agrietado moral e intelectualmente y no podrá soportar muchos más ataques.</p>
<p>En estas condiciones y ante estas consecuencias, la inacción y la pérdida de tiempo de las élites políticas, intelectuales y mediáticas europeas convierten este debate en algo imprudente, irresponsable e insensato.</p>
<p>Ante los ataques a la conciencia misma de Occidente, a su forma de vivir, de pensar y de expresarse, la única reacción posible es tomar medidas que no tienen por objetivo a los ciudadanos occidentales, sino a quienes los asesinan en cafés, teatros y campos deportivos. Que vayan dirigidas a actividades delictivas y terroristas muy concretas, alejadas de la cotidiana vida europea u occidental. Que tienen un carácter excepcional y cuyos responsables de ponerlas en marcha a nivel gubernamental saben y conocen muy bien.</p>
<p>Las verdaderas democracias adaptan sus instituciones de seguridad a las necesidades del momento, que es la forma auténtica de mantener a salvo los principios, los valores y los modos de vida de sus sociedades. Y hoy pasa por actuar en tres direcciones. Como primera medida, las fuerzas de seguridad y las agencias de inteligencia deben poder acceder cuanto antes, y de la manera más completa posible, a las fuentes de información, para eliminar restricciones burocráticas. En segundo lugar, se debe evitar que los yihadistas planifiquen y preparen con libertad sus masacres, lo que exige cambios legales que permitan reforzar la seguridad y los controles en fronteras. Y en tercer lugar, sólo se ganará la guerra que ellos han declarado si es posible detenerlos, desactivarlos e interrogarlos con las mayores garantías que disponga la labor de las agencias de inteligencia y las fuerzas de seguridad dentro del marco democrático.</p>
<p>El lector puede pensar, y con toda razón, que también es cierta la existencia de un detalle no menor. Es que quizá los europeos no quieran librar esta guerra con estos instrumentos y de esta manera. Sin embargo y desgraciadamente, ante este cuadro de situación generado por el atacante externo, no tienen opción. O tal vez sí la tienen, y esa otra alternativa es perderla.</p>
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		<title>Bienvenidos al mundo real</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Jan 2016 03:00:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Compartiré hoy con el lector algunas ideas que exprese en mi libro La yihad global, el terrorismo del siglo XXI, editado en el año 2010. Recuerdo que al mismo tiempo de la publicación de la obra, los llamados analistas políticos o especialistas sobre Oriente Medio no tenían la menor idea de que no existía tal cosa... <a href="http://opinion.infobae.com/george-chaya/2016/01/14/bienvenidos-al-mundo-real/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Compartiré hoy con el lector algunas ideas que exprese en mi libro <i>La yihad global, el terrorismo del siglo XXI</i>, editado en el año 2010. Recuerdo que al mismo tiempo de la publicación de la obra, los llamados analistas políticos o especialistas sobre Oriente Medio no tenían la menor idea de que no existía tal cosa a la que llamar Primaveras Árabes, y no fueron pocas las críticas a mis anticipaciones sobre los eventos de los que hoy somos testigos.</p>
<p>Sin embargo, opinólogos y autoproclamados analistas desgranaban teorías tan dispares como cercanas al final de la historia. En otras palabras, hoy estas personas deberían sentir vergüenza, pues demostraron con el paso del tiempo (en poco menos de seis años) que conocían tanto del mundo árabe-islámico como este humilde pensador conoce sobre el ciclo reproductivo de la medusa.</p>
<p>Estas personas generaron la peor y más estruendosa sordina de aplaudidores norteamericanos, latinoamericanos y europeos, cómodos observadores televisivos de esos eventos desde el living de sus hogares y, sin sonrojarse e influenciados por la prensa arabista, hasta llegaron a conceptualizar tales eventos como revoluciones árabes, cuando, en realidad, en aquellos días estábamos viviendo el ascenso al poder de la ideología yihadista en toda la región.<span id="more-606"></span></p>
<p>Muy pocos, diría que no más de un puñado de colegas, aseveramos que no podía decirse que estábamos ante revoluciones genuinas en el mundo árabe. Nadie, ningún analista responsable y conocedor del terreno, podía sostener tal cosa desde una evaluación profesional rigurosa.</p>
<p>Una revolución verdadera llega y se instala de manera silenciosa. Y lo que se veía allí era engañoso, sin los ingredientes de una revolución. <b>Sólo eran movilizaciones de algunos miles de personas no exentas de ser manipuladas por distintas y diferentes causas, entre ellas, las tácticas de la yihad y el radicalismo político-religioso.</b></p>
<p>Lo concreto es que las verdaderas revoluciones se gestan en voz baja y lo que había allí era solamente tumulto y camarógrafos de Al-Jazeera<i> </i>publicitando eventos como revolucionarios a través del montaje de un teatro callejero. Sin embargo, hay que reconocer que en ese momento mal no les fue, aunque hoy son los grandes responsables del ascenso, el afianzamiento y los crímenes de los grupos terroristas que están devastando y destruyendo Libia, Irak, Siria, Yemen y más allá, hasta Afganistán y Pakistán, generando miles de desplazados e inmigrantes, aunque curiosamente ni uno solo de los países árabes —excepto Líbano— ha sido recibido por los países árabes poderosos y sí por Europa.</p>
<p>Pregunte usted al millón y medio de libaneses de la Revolución de los Cedros que colmaron las calles de Beirut en 2005 en qué acabaron sus ansias genuinas de libertad. La respuesta que obtendrá será simple: fueron diezmados por el integrismo radical de Hezbollah auspiciado por Teherán.</p>
<p>Del mismo modo, nadie puede negar que el movimiento verde en Irán haya sido revolucionario en 2009, y que, de haber tenido éxito, habría puesto fin al establishment de la República Islámica para sustituirla por un sistema político secular que separara la mezquita del Estado. El resultado: también fueron aniquilados por los khomeinistas.</p>
<p>Inversamente, también los esfuerzos de Hezbollah para tomar el Líbano e impedir durante los últimos 26 meses la elección de un presidente constituyen igualmente un intento de cambio revolucionario, ya que el sistema secular del Líbano marcha hacia una República Islámica, lo que demuestra que los cambios también pueden producirse en ambos sentidos. En consecuencia, se debe ser muy cuidadoso cuando se analiza y se opina sobre el mundo árabe-islámico.</p>
<p><b>Una revolución debe ser algo más que gritos y demandas que piden el fin de un gobierno para reemplazarlo por otro peor</b>; si no, miremos la tragedia de los refugiados, rebasando las capacidades de Europa en recibirlos y, peor aún, contabilice el lector los miles de muertos que esas “revoluciones” han dejado, ya sea devorados por el mar en su huida desesperada o fusilados, decapitados y asesinados de las formas más crueles e inhumanas en tierra por los islamistas revolucionarios del Califato de Abu Bakr al-Baghdadi.</p>
<p>Es de esperar que los occidentales hayan aprendido la lección. No es lo mismo analizar los eventos del mundo árabe con el mismo pensamiento o prisma que se aplica desde este lado del Atlántico y no se puede ni debe juzgarse una revolución por su teatralidad. <b>Algo real tiene que suceder para que una revolución se produzca y genere cambios para bien de los ciudadanos, y nada de eso ha sucedido en aquella región.</b></p>
<p>Lo que se observa actualmente en Oriente Medio y el Magreb está muy lejos de indicar que los tumultos y las movilizaciones hayan sido revoluciones reales. Muchos de los saqueos, la destrucción cultural y los desmanes producidos en las ciudades sirias no fueron liderados por verdaderos demócratas sino por organizaciones terroristas que secuestraron los legítimos reclamos del pueblo sirio contra la dictadura de Bashar al Assad. Los terroristas utilizan siempre reclamos genuinos de la población marginada social y económicamente, pero el problema real es que el terrorismo yihadista se extendió, ayudado en ello por la ignorancia existente de este lado del Atlántico, que incluso hasta lo favoreció por acción u omisión.</p>
<p>Como sea, las cosas nunca son tan malas como parecen en el mundo árabe, siempre pueden ser peor. Es innegable y muy básico que en la región está en juego el avance del yihadismo radical o, por el contrario, el freno y la neutralización de esa ideología que ha generado los peores males a los pueblos árabes.</p>
<p>Lo que el lector debe saber es que <b>de Yemen a Irán, del Líbano a Somalia, de Egipto a Jordania, Siria y Túnez, se cometen crímenes políticos porque hay un gran número de energías en pugna y en muchos casos no hay manera de saber quién toma las decisiones</b>, por no hablar de la falta de decisiones que deben ser tomadas por el denominado mundo libre si se despoja de su manto de rampante hipocresía.</p>
<p>Por tanto, a quienes no conocen los avatares del Oriente Medio y el mundo árabe-islámico, permítanme decirles: “Bienvenidos al mundo real”.<b> </b>Esta y no otra es la realidad árabe actual, un mundo que se debate entre desvencijadas dictaduras y el avance impiadoso de una ideología radical que se expande en la región. De allí que a aquella opinión pública y prensa internacional que supone que los árabes hoy son revolucionarios contra las tiranías regionales hay que decirle: “Ello no sólo es incorrecto, sino falso y muy peligroso”.</p>
<p>En consecuencia, la pregunta sigue siendo si es posible transitar pacíficamente de una dictadura a una democracia. La respuesta es sí. Los ejemplos de Taiwán y Sudáfrica lo reafirman. Pero eso no tendrá lugar bajo el estereotipo confrontativo de la calle árabe según el cual las masas están motivadas, sobre todo, por su furia implacable contra Israel por la opresión —fantasiosa e imaginaria— de sus hermanos palestinos, que ya viene siendo tiempo de explicarle al mundo que son tan árabes como los sirios, los jordanos o los iraquíes y tan palestinos como los escandinavos. Ese mito, junto a la inclinación cultural totalitaria de la ideología yihadista, es lo que impidió e impide la democracia a través de la historia en los países árabes.</p>
<p>La realidad se desnuda ante los hechos y la peligrosa crisis que escala día a día entre el Irán chiíta y la suna de Arabia Saudita es irrebatible desde cualquier posición ideológica o judeofoba.</p>
<p>Ya no cabe duda de que este es un muy buen momento para apoyar a los pueblos árabes, sin la hipocresía de Moscú, Washington o Bruselas; los dos primeros con bombas y el tercero ofreciéndoles agua mineral y una visa indigna como refugiados en Europa.</p>
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		<title>Los cambios reales en Oriente Medio</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Aug 2015 10:46:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Confundir resultados aparentes con hechos reales produce mitos y confusión e inexorablemente lleva al error de comprensión. Esto ha sido especialmente evidente en lo que viene sucediendo con la mayor parte de las noticias que circulan últimamente sobre los cambios políticos en Oriente Medio. En concordancia con los informes de la prensa, la situación en... <a href="http://opinion.infobae.com/george-chaya/2015/08/27/los-cambios-reales-en-oriente-medio/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Confundir resultados aparentes con hechos reales produce mitos y confusión e inexorablemente lleva al error de comprensión. Esto ha sido especialmente evidente en lo que viene sucediendo con la mayor parte de las noticias que circulan últimamente sobre los cambios políticos en Oriente Medio.</p>
<p>En concordancia con los informes de la prensa, la situación en Siria está empezando a mejorar, Rusia finalmente ratificó su actitud de apoyo abierto hacia Irán y la administración de Bashar Al-Assad. También hemos oído que el retiro houthi en Yemen es el resultado de un acuerdo entre saudíes e iraníes.</p>
<p>Lo concreto es que Arabia Saudita abandonó a la oposición siria, pero también negó cualquier reconciliación con Assad. Y los libaneses ya pueden elegir a un presidente tras el acuerdo nuclear iraní. Algunos medios incluso afirmaron que las nuevas posturas tomadas por el primer ministro iraquí, Haider al-Abadi, son el resultado de un paquete de reconciliación entre Irán y los países del Golfo y que Arabia Saudita ha comenzado a favorecer a Hamas, dando la espalda a la autoridad palestina.</p>
<p><b>Hasta ahora no hay pruebas convincentes de que estos cambios han tenido lugar, de hecho, personalmente no creo que se produzca ningún cambio político o militar.<span id="more-546"></span></b></p>
<p>Los que sí ha ocurrido en las últimas semanas es un aumento de la actividad política de las potencias regionales e internacionales, pero no han establecido una estrategia para resolver todos los asuntos relacionados con Siria, Yemen, Irak, Líbano y el Golfo.</p>
<p><b>El problema es que algunos analistas y periodistas a menudo confunden la información con el análisis, las noticias con la opinión</b>. Por ejemplo, la reciente reunión entre el secretario de Estado estadounidense, John Kerry y los ministros del Golfo no significa que se haya producido un cambio en las actitudes hacia el conflicto sirio.</p>
<p>En cuanto a las declaraciones del ministro de Relaciones Exteriores iraní, Mohammad Zarif, sobre que Teherán desea cooperar y reconciliarse con los Estados del Golfo, siguen siendo hasta el momento meras palabras, sin nada tangible que las respalde y muestra que Irán ofrece un espíritu más positivo hacia sus adversarios para que ellos dejen de criticar el acuerdo nuclear. Zarif no propuso nada concreto. <b>Solo estamos ante una intensa actividad diplomática que incluye esfuerzos de Qatar y Omán para reconciliarse con Irán.</b></p>
<p>Sin embargo, los iraníes no renunciarán a su influencia en Siria e Irak, y tampoco van a cooperar para resolver la disputa sobre su posición de apoyo a Hezbollah en Líbano. En cuanto a Yemen, las mejoras en la escena política se generaron por los avances militares sobre el terreno, como la liberación de Adén y la derrota de los rebeldes houthis a manos sauditas.</p>
<p>La evidencia más importante que viene a demostrar que estos rumores son falsos quedó muy clara cuando el canciller saudita Adel Al-Jubei habló en Moscú la semana pasada y, sentado al lado de su homólogo ruso Serguéi Lavrov, declaró: “El Reino no acepta ninguna solución al conflicto sirio que implique la permanencia de Assad en el poder”, al tiempo que todos conocemos la posición de apoyo de Moscú al régimen sirio, lo que contradice la visión de Riad.</p>
<p>En cuanto visita de un alto funcionario de seguridad de Assad a Yeddah, esto debe ser visto como parte de las comunicaciones de rutina que se realizan entre adversarios. Incluso si el Gobierno en Damasco ofreciera una nueva solución que Arabia Saudita pueda llegar a dar la bienvenida, el reino no necesariamente tiene que aceptarlo. Lo propio ocurre con la visita del líder de Hamas, Khaled Meshal a Riad. Esto no significa un cambio en la posición, que se basa en un fundamento jurídico y en intereses políticos muy claros por dar legitimidad a la autoridad palestina y no al Gobierno de Hamas que reside en Gaza.</p>
<p>El interés de Arabia Saudita es claro en apoyar la autoridad que considera legítima y en cooperar con otros países de la región, en particular Egipto, bajo ataque yihadista. De allí que los rumores de que Irán no está contento con las comunicaciones entre Riad y Gaza no son más que un producto de la propaganda de Hamas para que los saudíes recurran a ellos.</p>
<p>Es Irán quien todo este tiempo no ha querido relacionarse abiertamente con Hamas, ya que está tratando de aprobar el acuerdo nuclear y compensar así la oposición de Benjamin Netanyahu a este. Así como el temor a la reacción del Estado de Israel.</p>
<p><b>Lo concreto es que Teherán (ahora reivindicado por el presidente estadounidense Barack Obama como un antiguo miembro del “eje del mal”) quiere ocupar el lugar de liderazgo saudí y para ello se muestra cooperante con quienes combaten el terrorismo islamista,</b> se presenta como moderado para colocar a Arabia Saudita como protector financiero de los extremistas suníes.</p>
<p>En este escenario falso que pretende mostrar cambios importantes en el Oriente Medio, el único hecho nuevo es el acuerdo nuclear de Irán con Occidente y todavía no sabemos cómo afectará a la región en el futuro, ya sea positiva o negativamente.</p>
<p>Las cuestiones polémicas entre los países de la región son muy arraigadas. En Siria, el Estado colapsó por las organizaciones terroristas pro y antiiraníes que se instalaron allí. La guerra se ha extendido por todo el país, desde Zabadani hasta Deraa. En Yemen, la campaña liderada por Arabia Saudita ha tenido éxito en liberar Aden, pero la capital, Saná, está a punto de ser sitiada. La situación en Irak sigue siendo volátil, con combates diarios al oeste, al norte y al sur, y la mayoría del país sigue bajo control del Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS).</p>
<p><b>Estos son los conflictos reales y para ser resueltos adecuadamente se necesita algo más que unas cuantas visitas diplomáticas y la fantasiosa imaginación de algunos periodistas y analistas regionales</b>. Solo el cambio de actitud en la diplomacia y los medios de comunicación puede producir resultados tangibles.</p>
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		<title>Lineamientos para mejorar la seguridad interior</title>
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		<pubDate>Sun, 03 Nov 2013 13:08:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las motivaciones detrás de potenciales ataques islamistas en suelo occidental son complejas e incluyen ideologías fundamentalistas de adherentes al yihadismo radical del anillo extremista sunnita como de grupos radicales chiítas de Oriente Medio. Ambos sectores disponen de sus propios postulados ideológico-militares y blancos de ocasión tanto en África, Europa, América del Norte y Latinoamérica, por lo que es necesario... <a href="http://opinion.infobae.com/george-chaya/2013/11/03/lineamientos-para-mejorar-la-seguridad-interior/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Las motivaciones detrás de potenciales <strong>ataques islamistas en suelo occidental</strong> son complejas e incluyen ideologías fundamentalistas de adherentes al <strong>yihadismo</strong> radical del anillo extremista <strong>sunnita</strong> como de grupos radicales <strong>chiítas</strong> de <strong>Oriente Medio</strong>. Ambos sectores disponen de sus propios postulados ideológico-militares y blancos de ocasión tanto en<strong> África, Europa, América del Norte</strong> y <strong>Latinoamérica</strong>, por lo que es necesario proyectar y desarrollar con precisión aspectos de prevención que cubran el accionar de la violencia terrorista.</p>
<p>En tal dirección es que la <strong>República Argentina</strong> debería desarrollar una política preventiva amplia y clara, considerando entre otros, tres elementos centrales. A saber:</p>
<p><span id="more-198"></span>a) <strong>Definir sin ambigüedad los regímenes y gobiernos que sostienen, financian y amparan grupos considerados terroristas por los países centrales de la comunidad internacional</strong>. Del mismo modo se debe conceptualizar la radicalización interna que pudiera desarrollarse en el país. Este fenómeno suele darse en cárceles y a través de organizaciones de caridad, y es muy importante en el crecimiento de la amenaza, por lo que autoridades gubernamentales, legisladores y funcionarios de la seguridad interior deben involucrarse en <strong>&#8220;la batalla de las ideas sin temor a la crítica ni a los rótulos de la ideologización&#8221;</strong>. La seguridad no debe ser condicionada por la ideología, ni es propiedad de la izquierda o la derecha en ningún país del mundo libre. De lo que se trata es de instrumentar una <strong>política de seguridad responsable contra el terror organizado</strong>. Si los funcionarios de gobierno, los diputados y los senadores, dejan de lado su involucramiento en el problema por no pagar costos políticos, entonces ganan los <strong>yihadistas</strong> y pierden los ciudadanos honrados.</p>
<p>b)<strong> Una política preventiva frente al yihadismo debe incluir un amplio abanico de exámenes y recomendaciones.</strong> Es importante que la comunidad de expertos en contraterrorismo revise dinámica y constantemente los nuevos hallazgos y los evalúe, dado que en el concierto de las naciones libres conforman la base del debate político a nivel de los gobiernos. Entre los puntos vinculados a la ‘guerra de las ideas’, existe un gran número de indicadores sobre la incrementación de la cifra y magnitud de futuros ataques contra Occidente y sus intereses. Por ello es importante que la comunidad de contraterrorismo local trabaje en los parámetros de estas proyecciones como en la práctica certidumbre de que se va a incrementar la intensidad de los ataques.</p>
<p>c) <strong>La amenaza terrorista más significativa para América Latina</strong>, hoy en día, es la actividad de un movimiento cada vez más radical y fanático sostenido por una ideología maximalista, totalitaria y violenta que se afianzó al menos en tres países latinoamericanos y no tendrá reparos en golpear nuevamente sobre la vida y los bienes de ciudadanos inocentes del país que consideren hostil a sus intereses, tal como es proyectado por la mayoría de las agencias de seguridad internacional, y contra las opiniones vertidas por la mayoría de los académicos y opinólogos en materia de estudios sobre Oriente Medio.</p>
<p>La confirmación del avance de la ideología yihadista como raíz de la amenaza terrorista más significativa para Latinoamérica requiere de una política clara y bien delineada. Ante ello, es necesario contar con <strong>herramientas jurídicas y expertos que conozcan el idioma, las pautas culturales y los aspectos idiosincrásicos elementales de la región de la que provienen los fundamentalistas</strong>.</p>
<p><strong>Europa</strong> ha desarrollado herramientas legales al respecto, pero se ha quedado a mitad de camino. <strong>EEUU</strong> mantiene los mismos protocolos creados en 2002, luego del ataque a las <strong>Torres Gemelas</strong>. Pero <strong>Latinoamérica</strong> adolece de políticas claras y de especialistas sobre el tema. La <strong>República Argentina</strong> no es ajena a esa falta de protocolos efectivos y legislación pertinente como los demás países de<strong> América del Sur</strong>. Lo cual no deja de sorprender, toda vez que ha sido blanco en su suelo de los ataques más devastadores que hayan tenido lugar fuera de la región natural donde el fundamentalismo opera históricamente.</p>
<p>Expertos y analistas deberían explicar este problema cooperando en establecer programas adecuados de cara a ilustrar los vínculos entre ideología y terror, que en nada tiene conexidad con una religión como el <strong>Islam</strong>, a la que los terroristas han distorsionado y secuestrado. Para ello, aconsejo especialmente a los miembros de las Comisiones del Congreso argentino implicados en la seguridad y la defensa del territorio nacional que actúen a la luz de este importante marco de la realidad y expandan la labor legislativa para investigar esta amenaza y dar una respuesta de forma legal y eficaz, incluyendo el aporte profesional de especialistas idóneos sobre <strong>el flagelo del integrismo.</strong></p>
<p>Los informes y las evaluaciones de las agencias de seguridad occidentales indican que los musulmanes de <strong>América del Norte</strong> y <strong>América del Sur</strong> están menos influenciados que los musulmanes residentes en <strong>Europa Occidental</strong>, donde la amenaza &#8216;natal&#8217; es creciente y significativa. Estos datos deberían ser extendidos y dirigidos a evaluaciones que ayuden a comprender las tácticas utilizadas por los yihadistas para explotar esa influencia en Europa para compararla con las utilizadas por adherentes al fundamentalismo en Latinoamérica para generar influencia y radicalización. De ese modo, se podrá estudiar y neutralizar cualquier amenaza al sistema democrático, la libertad y la seguridad de los ciudadanos.</p>
<p><strong>La neutralización preventiva de la radicalización &#8216;natal&#8217; debería ser una de las principales prioridades de los gobiernos Occidentales.</strong> En este punto, Argentina, que ha sido víctima del peor ataque terrorista en Sudamérica, debería considerar este elemento primario para comprender mejor el proceso ‘de simpatizantes a activistas, para pasar luego a actuar como abiertos elementos de apoyo a los terroristas’. Se debe desarrollar una estrategia para hacer frente al proceso de formación de un terrorista ‘desde su militancia a seguidor real’, y luego, ‘a<strong> verdugo del terror yihadista’</strong> (recomiendo en este aspecto una nueva zona de investigación sobre ‘la psicología reivindicativa del terrorista’, que desarrolle en uno de los capítulos de mi libro <strong><em>La Yihad global, el terrorismo del siglo XXI</em></strong>).</p>
<p>En otras palabras, los legisladores deben ofrecer la herramienta legal a través de la cual se pueda establecer <strong>un sistema que irrumpa en el proceso yihadista en sus primeras etapas, en lugar de hacerlo cuando el ataque y el crimen ya se ha cometido</strong>. Para ello, el gobierno argentino y el Congreso deberían trabajar con verdaderos expertos en la materia. Sera a través de especialistas que se podrá garantizar que el léxico utilizado en declaraciones públicas sea claro y preciso, y no que éste opere en favor del fundamentalismo.</p>
<p>Esta última recomendación es la más delicada de todas. Los europeos han fracasado estrepitosamente a la hora de producir un <strong>léxico antiyihad</strong> porque dependieron de los consejos de académicos e investigadores que defienden la inocencia y el candor del yihadismo, y proponen una dirección lingüística errónea al conceptualizar el flagelo. <strong>‘El yihadismo no es yoga ni un ejercicio espiritual’, es violencia, desde su discurso originario a su acción final.</strong> El resultado de su negación será contraproducente y generara mayores problemas.</p>
<p>Tampoco los asesores del presidente <strong>Obama</strong> comprendieron que el lenguaje es un punto vital en la materia. El léxico siempre debe estar en línea con los lineamientos estratégicos generales del rechazo a la lógica yihadista con un discurso democrático, secular y constitucional, sin incrementar la referencia a conceptos religiosos en respuesta al yihadismo religioso.</p>
<p><strong>La realidad de los brutales ataques sucedidos en Buenos Aires ya no puede revertirse, sólo cabe apoyar la investigación judicial llevada por la justicia argentina en el esfuerzo de juzgar y encarcelar a los responsables.</strong> Pero aún se está a tiempo de prevenir hacia el futuro. Es en tal dirección que se debe desarrollar rápida y eficazmente una plataforma legal completa para evitar que esos crímenes se repitan, tal y como puede suceder.</p>
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