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	<title>George Chaya &#187; Túnez</title>
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		<title>El Islam político, un término vacío de contenido</title>
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		<pubDate>Tue, 04 Feb 2014 11:00:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Un gran número de ‘analistas y expertos’ ahora están tratando de reinterpretar el estado de confusión y fracaso que ha caracterizado sus visiones y análisis sobre las <strong>inexistentes revoluciones árabes</strong> como ‘la experiencia de grupos, dirigentes y partidos políticos’ en <strong>Túnez, Egipto</strong> y <strong>Libia</strong> desde el estallido de lo que conceptualizaron <i>-en supina ignorancia-</i> como <strong>Primavera Árabe</strong>.</p>
<p>Quizás el rasgo más importante y a la vez peligroso que estas personas nunca comprendieron en los últimos cuatro años es que todos estos grupos políticos comparten un elemento distintivo: <b>‘su naturaleza violenta, teocrática y excluyente’. </b></p>
<p>Tales grupos y organizaciones no han podido adaptarse a los diferentes segmentos de las sociedades que dijeron representar, particularmente en momentos sensibles a raíz de los violentos levantamientos. Sus dirigentes, una vez fueron parte de lo que se consideraba como oposición a los regímenes dictatoriales laicos que los oprimían duramente, pero nunca evolucionaron democráticamente y como resultado de ello, una vez en el poder, tomaron represalias intensificando aún más el estado de polarización alimentando la desconfianza, la ruptura y la fragmentación social. <b>A la luz de los hechos, el discurso del Islam en la política en general demostró ser superficial y carecer de soluciones a las demandas y reclamos originales de las sociedades árabes.</b></p>
<p>Si bien podemos encontrar decenas de volúmenes y libros sobre la pureza, la adoración y otros temas en materia religiosa, hay muy pocos libros sobre <b>‘islam político’</b> y ello ha dado lugar<b> al mayor</b> <b>error de los expertos occidentales al abordar una temática que no conocían</b>. Esto significa que deberían aprender mucho sobre equilibrio y discreta moderación al hablar de Islam político. Nadie por sí solo puede reclamar una comprensión completa y nadie es capaz de imponer esta comprensión a los demás. De ello deberían tomar nota los sesudos -aunque amateurs- intelectuales y opinólogos en materia del mundo árabe islámico.</p>
<p>Los grupos del Islam político que han llegado al poder en los Estados donde se habló de primaveras árabes no han seguido los pasos del Islam ni los preceptos de Mohamed después de la conquista de la Meca. La historia es inalterable en ese punto, sobran ejemplos. En aquel momento, mientras los opositores del Profeta temían su reacción luego de la victoria, Mohamed anunció el ‘<strong>día de la misericordia’</strong>, y pronunció su famosa frase: ‘<strong>Incluso el que entra en la casa de Abu Sufyan estará a salvo’</strong> (en referencia a su enemigo más feroz de aquel tiempo)<b>. </b>Según las escrituras, el Profeta añadió: ‘Id, pues <strong>sois libre, la batalla termino</strong>’. Mohamed  no castigó ni tomó venganza contra nadie.</p>
<p>Este principio del Profeta fue aplicado más tarde por dos de los políticos más reconocidos del siglo XX: <b>el líder indio Mahatma Gandhi y Nelson Mandela en Sudáfrica. </b>Ambos ofrecieron un perdón completo a sus antiguos adversarios y enemigos e incluso los incorporaron a sus propios gobiernos para convertirse en parte de la solución, no del problema. <b>Esta es la diferencia entre la sabiduría política, por un lado, y la inmadurez política vengadora y resentida, por el otro.</b></p>
<p>Cuando se elige representar a la religión en el ámbito político, ello implica una mayor responsabilidad moral, social y comunitaria, tal conducta debe ser así porque un daño inconmensurable puede ser causado si se fracasa. Los ejemplos pueden observarse hoy en Túnez, Egipto y Libia, donde la atmósfera que prevalece es violencia, muerte, decepción y frustración.</p>
<p>En Túnez, <b>Rachid Ghanouchi</b> y su partido <b>Ennahda</b> podrían haber superado el egoísmo y la arrogancia al aceptar asistir a <b>Hamadi Jebali</b> en la formación de un gobierno con el fin de administrar los asuntos del país en estos tiempos críticos sin considerar la iniciativa de <b>Jebali<i> </i></b>como un ataque o una afrenta partidista. Sin embargo, el partido islamista <b>Ennahda</b> se inclino por adoptar una política de exclusión, violencia y acoso, el resultado fue su fracaso y la pérdida de credibilidad ante el pueblo tunecino.</p>
<p>Lo mismo aplica a lo sucedido en Egipto bajo el gobierno del presidente islamista <b>Mohamed</b> <b>Mursi</b> en su relación con el primer ministro <b>Hisham Qandil.</b> Una gran parte del pueblo egipcio creyó desde el primer día que <b>Qandil </b>no habría de gestionar correctamente los asuntos del país, y que el cargo de primer ministro requería de alguien con mayor experiencia. Además, la desconfianza por su manejo incompetente de la situación económica fue el mayor peligro para todos. No obstante, el hombre se aferro a su posición de ‘tozudez y prepotencia’ haciendo caso omiso a las demandas del pueblo, <b>cuando en realidad este comportamiento fue una reminiscencia del estilo adoptado por los mismos regímenes ante los cuales las ‘pseudo revoluciones’ de la Primavera Árabe se levantaron.</b></p>
<p>El enfoque del Profeta Mohamed está muy lejos de los que actualmente dicen estar siguiendo sus pasos en nombre del Islam político. <b>Mohamed no abogó por la venganza, la calumnia o la sospecha, ni tampoco por etiquetar a otros como traidores.</b> Sin embargo, hoy en día, el Islam político continúa generando problemas sociales, divisiones internas, sedición y violencia. Esta situación se ve agravada por grupos específicos que reclaman el derecho exclusivo de hablar, entender y juzgar en nombre de la religión. Lo grave de estas conductas, es que el costo de ese accionar no será pagado por los gobiernos o regímenes actuales, <b>sino que serán las generaciones venideras las que realmente lo sufrirán.</b></p>
<p>En los eventos mal conceptualizados como levantamientos, revoluciones y primaveras árabes, grupos islámicos llegaron al poder a través de elecciones democráticas, pero la democracia tiene criterios de observancia fundamentales como el respeto por los derechos de todos los ciudadanos junto a la observancia de la justicia, la igualdad y la unidad nacional. Con el devenir del tiempo y el ejercicio del gobierno por parte de partidos islamistas, estos principios parecen completamente ajenos a quienes tomaron el poder en nombre del Islam político y como resultado de tal experiencia, es el propio Islam político el que parece estar condenado al fracaso si no experimenta un cambio proactivo desde dentro.</p>
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		<title>Por qué la democracia es incompatible con “la primavera egipcia”</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Aug 2013 12:33:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Durante los días de las movilizaciones que acabaron con el régimen laico del ex presidente Hosni Mubarak, escuchamos a muchos analistas occidentales desgranar halagos en referencia a la pacífica y civilizada revolución egipcia. Lo grave es que muchos eran académicos de cursos universitarios que educan jóvenes que una vez graduados, se incorporan a organismos internacionales. Era notorio que... <a href="http://opinion.infobae.com/george-chaya/2013/08/27/por-que-la-democracia-es-incompatible-con-la-primavera-egipcia/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Durante los días de las movilizaciones que acabaron con el régimen laico del ex presidente <strong>Hosni Mubarak</strong>,<strong> escuchamos a muchos analistas occidentales desgranar halagos en referencia a la pacífica y civilizada</strong> <strong>revolución egipcia.</strong> Lo grave es que muchos eran académicos de cursos universitarios que educan jóvenes que una vez graduados, se incorporan a organismos internacionales.</p>
<p>Era notorio que no tenían idea del <strong>daño desinformativo</strong> que estaban ocasionando a la opinión pública. <strong>Hasta llegaron a decirnos que todo era un gran movimiento liderado por una generación joven y pujante</strong> que se erigió en el paladín de la calle árabe desde la mítica <strong>plaza Al-Tahrir.</strong></p>
<p><span id="more-153"></span>Ahora deberían explicarnos: <strong>¿qué fue de esa generación joven y revolucionaria? ¿De qué revolución hablaron?</strong> ¿Dónde está en los hechos esa revolución? ¿Está en las Iglesias incendiadas y devastadas? ¿En las tumbas de los cristianos coptos y de los servidores del orden recientemente asesinados por la hermandad musulmana? La respuesta, aunque estos académicos, opinólogos y periodistas de la militancia ya no aparezcan en los medios de prensa, no parece estar por allí, sencillamente porque <strong>nunca ha tenido lugar ninguna primavera árabe</strong> como lo indiqué por dos años en varios escritos, conferencias y entrevistas.</p>
<p>De ninguna manera resultaba complejo percibir con claridad las derivaciones de “la primavera egipcia”. No puedo decir que me he sentido sorprendido ni decepcionado por el <strong>Consejo Militar</strong> que asumió el poder luego del derrocamiento de <strong>Mubarak</strong>, ni por el mismo Consejo Militar que destituyo recientemente al presidente islamista<strong> Mohamed Mursi</strong>. Todo era muy básico de interpretar; <strong>las prácticas inhumanas y despreciables de regímenes egipcios anteriores se potenciaron con la hermandad musulmana en el poder.</strong> La discriminación, la injusticia, la persecución y los crímenes sobre los cristianos coptos es el claro ejemplo de esta conducta maligna e impropia cuando se habla de democracia y revolución.</p>
<p>La <strong>mala utilización del término &#8220;democracia&#8221;</strong> ha servido como puerta de acceso de dictaduras que han aniquilado derechos y libertades de las personas a lo largo de la historia en todo el mundo árabe. Esto es así porque en algún punto de su proceso, la democracia no está exenta de ser el equivalente representativo de masas o el gobierno de las mayorías. Y generalmente la historia nos ha demostrado que en un gobierno dominado por la voluntad de las mayorías, los derechos de las minorías no están garantizados, por el contrario, suelen ser descuidados y a menudo violentados por quienes detentan el poder.</p>
<p><strong>La historia política universal ha mostrado claramente que la democracia ha naufragado no pocas veces a manos de la masa entusiasmada</strong>,<strong> pero carente de ideas democráticas, ello ha dado paso a la anarquía y eventualmente a las dictaduras.</strong> Eso lo que ha ocurrido de forma constante en los países árabes. De allí que los voluntariosos académicos, periodistas y opinólogos occidentales deberían comenzar a considerar estas pautas cuando incursionan en asuntos árabes islámicos.</p>
<p>Cuando los occidentales hablan de democracia, asumen ingenuamente que significa lo mismo para todos los pueblos en todas partes. La tesis que sostienen es que el poder popular va de la mano con la libertad y la tolerancia a las minorías en todos los lugares del mundo. Ello es una suposición absurda y no fundada sobre historia o razón alguna para ser aplicada en el mundo árabe, y configura nada más que una<strong> mera ilusión del pensamiento occidental. </strong>En Oriente Medio y otras partes del mundo donde capea el integrismo,<strong> la <em>ideología yihadista</em> funciona como &#8220;una tiranía teocrática siempre’&#8221; y esto no cambiara hasta que la mezquita sea separada del Estado.</strong></p>
<p>En casos como el egipcio, la injerencia de ideologías salafistas o wahabíes, portadoras siempre de segundas intenciones y dirigidas al establecimiento de un nuevo sistema de gobierno cercano al ‘’<strong>califato universal</strong>’’, era una obviedad que dispararía al caos actual. Esta situación llegó a pasar con casi todos los eventos en el mundo árabe. Desde <strong>Túnez</strong> a <strong>Egipto</strong> desde <strong>Libia</strong> al <strong>Yemen</strong>.<strong> Era claro que este escenario era lo que sobrevendría, pero no fue comprendido por las potencias occidentales ni por los opiniólogos</strong> que han analizado y hasta celebrando tal dislate en su momento. Aunque curiosamente se han llamado a silencio o han cambiado sus posiciones hoy.</p>
<p>En <strong>Egipto</strong>, dos facciones avanzan decididamente hacia la toma del poder, incluso de cara a las próximas elecciones libres y democráticas -si es que tienen lugar-, estos polos de poder son el <strong>Consejo Supremo de las fuerzas armadas</strong> (el ejército egipcio) y el grupo de la <strong>hermandad musulmana</strong>. Esta organización, que se sitúa en el epicentro del fundamentalismo radical, es un grupo que actúa como punto focal y espiritual de organizaciones yihadistas en todo el mundo.</p>
<p>La hermandad musulmana es la facción mejor organizada dentro del pueblo egipcio. De hecho, gran parte del pueblo egipcio está más cercano a la hermandad musulmana que a los militares, a quienes aun no ha declarado abierta hostilidad porque espera que faciliten y garanticen las próximas elecciones, pero este no será el caso si la hermandad declara una guerra abierta a las fuerzas armadas para que el destituido presidente Mursi sea repuesto en el poder.</p>
<p><strong>Lo concreto es que dos años después del inicio de la revolución egipcia &#8220;hay que reconocer que la calificación de primavera ha sido meramente una expresión de deseo occidental y todo ha pasado a ser un invierno islamista de destrucción y violencia&#8221;</strong> donde ya no se escuchan los análisis eufóricos que alababan &#8220;la revolución egipcia&#8221;. Ahora que los salafistas están quemando iglesias, asesinando cristianos y miembros de la fuerzas de seguridad obligando al ejercito a responder con la violencia que se ve estos días todo es muy claro, y les guste a no a los deformadores de la realidad,<strong> el escenario actual viene a confirmar que: ni antes ni ahora ha habido tal cosa a la que llamar primavera egipcia.</strong></p>
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		<title>Comunidad internacional y crisis Siria: &#8220;opciones estratégicas&#8221;</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Jul 2013 04:39:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Dos años y cinco meses después del comienzo de la<strong> revolución siria</strong> y su posterior transformación en abierta guerra civil, la comunidad internacional se encuentra en una encrucijada histórica: intervenir directamente con el objetivo de destituir el régimen del <strong>presidente Bashar Al Assad</strong> para ayudar a construir un poder alternativo en <strong>Damasco</strong> o respaldar con poder suave a la oposición al punto de empujar al régimen a negociar su salida sin más opciones.</p>
<p>La administración estadounidense declaró el pasado 10 de junio que comenzaría el proceso de armar a la oposición. El <strong>Pentágono</strong> indicó que considera también otras medidas, incluyendo, muy posiblemente, una zona limitada de exclusión aérea sobre el asediado país. Pero incluso en este punto, el juego final de <strong>EEUU</strong> en <strong>Siria</strong> es incierto. <strong>Washington</strong> aún debe explicar sus planes estratégicos regionales con respecto de <strong>Irán</strong> y <strong>Hezbollah</strong> por un lado y a las milicias <strong>salafistas</strong> y <strong>yihadistas</strong> por el otro.</p>
<p><span id="more-126"></span>El envío de armas a la oposición, aunque legítimo y con el fin de que los opositores de Al Assad puedan defenderse de las fuerzas del régimen que cuenta con el abierto respaldo militar iraní, plantea importantes interrogantes. A saber: ¿La oposición será responsable del uso de las armas que reciba? ¿Cuáles serán los próximos pasos después de suministrar esas armas? ¿Será una guerra de largo plazo entre dos fuerzas iguales con miles de bajas civiles o el equipamiento del <strong>Ejército Libre de Siria</strong> (<strong>ELS</strong>) creará un nuevo equilibrio de poder que llevará a ambos bandos a reconocer que la resolución del conflicto no va a pasar por una solución militar y que el consenso es la única opción viable para ponerle fin?</p>
<p>Observando el comportamiento del régimen, particularmente desde que recupero la estratégica ciudad de <strong>Qusayr</strong> en el centro del país, se ve claramente que no sólo ha detenido el impulso de los rebeldes, sino que ha pasado abiertamente a la ofensiva en varias zonas del país. La renuencia del régimen a aceptar un equilibrio de poder con la oposición como base para negociaciones políticas futuras, más el rechazo de <strong>Rusia</strong> para ejercer presión sobre sus aliados en <strong>Damasco y Teherán</strong> para que éstos acepten un reparto de poder real es lo que impulsó a Washington y sus aliados a reforzar las capacidades militares de la <strong>coalición anti-Assad</strong>, y lo mismo a explorar otras opciones más letales a futuro.</p>
<p>En los primeros meses de 2011, cuando estallaron las revueltas árabes, <strong>la Unión Europea y Washington siguieron la estrategia</strong> -errónea- <strong>de acompañar de cerca a &#8220;los grupos rebeldes&#8221;</strong>, esto se vio claramente con la caída de los regímenes de <strong>África del Norte</strong> y <strong>Yemen</strong>. En <strong>Túnez </strong>y <strong>Egipto</strong>, los manifestantes tuvieron apoyo moral y político de la administración <strong>Obama</strong>, de <strong>Francia</strong>, <strong>Italia</strong> e <strong>Inglaterra</strong>, incluso <strong>España</strong> envió tres aviones militares a patrullar <strong>Libia</strong>; sólo <strong>Alemania</strong> se mantuvo expectante y en segundo plano. Esto permitió que los <strong>regímenes árabes pro occidentales</strong> se desmoronaran y abrió camino a grupos rebeldes en la toma del poder político, entre ellos la<strong> Hermandad Musulmana</strong>, una agrupación radical que acaba de fracasar y caer estrepitosamente en Egipto. Pero en Libia, <strong>Khadafi</strong> no tuvo aliados ni simpatías occidentales y jamás obtuvo suministros ni logística de Rusia. La administración Obama apelo al Capítulo VII de la <strong>Carta de Naciones Unidas</strong> y basado en una resolución de la <strong>ONU</strong> de 1973 puso en marcha acciones conjuntas con la <strong>OTAN</strong> contra el régimen de Khadafi hasta su desaparición. Ya vimos qué mal funcionó eso. Hoy los salafistas gobiernan <strong>Trípoli</strong> y grupos satelitales de <strong>Al-Qaeda</strong> dominan sectaria y tribalmente el interior de Libia.</p>
<p>En cuanto a Siria, la administración Obama y <strong>Bruselas</strong> permitieron que la rebelión se cuele y prospere como ocurrió en Egipto en 2011 con la esperanza y en la apuesta de que la movilización de masas derrumbaría al régimen de Assad, o por lo menos incidiría -moral y psicológicamente- en el ejército para volverse contra su propio comandante en jefe. Esto no sucedió y fue otro eslabón erróneo en la cadena de equivocaciones de Washington y Bruselas.</p>
<p>Con ello se perdieron miles de vidas humanas y un año muy valioso. Durante la primera etapa de la revolución siria, el movimiento fue conducido sobre todo por liberales, laicos y seculares que organizaron manifestaciones y protestas en Damasco y varias ciudades del país. Ese año, las fuerzas estadounidenses todavía estaban desplegadas en <strong>Irak</strong>, muy cerca de la frontera Siria. Una rápida acción militar coordinada con <strong>Turquía, Jordania</strong> y otros socios regionales en apoyo de una sociedad civil movilizada, probablemente habría forzado a Assad a dejar el poder y buscar refugio en Rusia o en Irán. <strong>El presidente Obama debería haber resuelto el atolladero de Siria antes de la retirada de Irak, ‘‘pudo hacerlo, le faltó visión estratégica y coraje’’, se hubieran evitado miles de muertos inocentes</strong>. Y en ello cabe igual responsabilidad histórica para sus socios europeos.</p>
<p>En ese momento, las fuerzas norteamericanas estaban desplegadas a lo largo de la frontera siria con hombres, equipo, fuerza aérea y lo más importante, una fuerte y disuasiva presencia sobre Irán. Assad estaba prácticamente rodeado; Irán se mantuvo a raya y Turquía aún era virgen de sus protestas actuales. Y lo que es más relevante, el grupo islamista <strong>Al-Nusra</strong> (la filial de Al-Qaeda en Siria), no estaba todavía desplegado sobre el terreno ni había infiltrado la oposición Siria. El primer año de la crisis siria, de abril de 2011 hasta abril de 2012, mostró cuán lejos están la Unión Europea y los EEUU de entender y abordar con soluciones la realidad de Oriente Medio. Washington y Bruselas permitieron irresponsablemente que el escenario sirio cambiara tan drásticamente desde principios de 2013.</p>
<p><strong>Hoy la realidad política siria experimentó una profunda agudización de la crisis en dirección a la anarquía</strong>, ello aleja cualquier solución política del conflicto, esto se debió en gran parte a que durante los últimos meses de 2012, la campaña presidencial en EEUU impidió una decisión arriesgada de Obama para involucrarse en Siria por temor a perder el voto de los componentes de la izquierda y el centro del electorado estadounidense. En aquel momento de 2012 se podía buscar una salida negociada al controversial, la realidad actual se ha transformado y agudizado irreversiblemente sobre el terreno.</p>
<p>Ya no hay manifestaciones y movilizaciones civiles en Siria, los ciudadanos comunes se han retirado de plazas y calles, su objetivo principal es procurar alimento para sus familias y salvar la vida en el día a día. La lucha política callejera fue tomada por actores militares feroces y extremistas. <strong>El régimen lanzo una guerra abierta y sin retorno en la convicción que sobrevivirá si logra la supresión de sus contrincantes.</strong></p>
<p><strong>El presidente Assad no sólo combate con su fuerza aérea, tanques y artillería pesada. También lo hace con la ayuda de brigadistas de Hezbollah que operan desde Líbano respaldados por el Pasdaran iraní</strong> (un subconjunto de fuerzas armadas-religiosas). Assad dispone de suministros con total libertad a través de las fronteras de Irán e Irak que operan como canales abiertos debido a la retirada de EEUU, lo cual multiplicó la capacidad militar del régimen y profundizó su brutalidad. Su contrincante, el ELS ha comenzado a librar una guerra en paralelo con las milicias yihadistas de Al-Nusra, cuyo objetivo es instaurar en Siria la extensión del califato islamista que lograron imponer en <strong>Afganistán</strong> y parte de Irak. Hoy es difícil distinguir a los combatientes rebeldes y seculares sirios de los componentes islamistas dentro de la oposición, lo cual deslegitimó y quitó simpatía al ELS ante la opinión pública por el caso de la utilización de armas químicas por parte de ambos bandos, aunque sea de manera limitada.</p>
<p>Transitando mediados de 2013, <strong>la comunidad internacional debe tomar una decisión más compleja y mucho más peligrosa que antes</strong>. Tendrá que actuar en un nivel de equivalencias a los desafíos emergentes de las muchas mutaciones del conflicto. Un año atrás el escenario era muy diferente. Pero nada se hizo y la inacción, como las políticas equivocadas, tiene su coste en Oriente Medio.</p>
<p>Después de la crucial batalla de Qusayr de mayo pasado y gracias a la participación de las bien entrenadas fuerzas especiales de Hezbollah y los asesores militares iraníes, las tropas de Assad recuperaron posiciones y desalojaron a los rebeldes. El régimen se fortaleció y extendió su ofensiva hacia varios frentes rebeldes. Bruselas y Washington se mantuvieron a la espera de la evolución de la batalla de Qusayr, ahora deben entender que cambio el <em>status quo</em> sobre el terreno, que Rusia no convencerá al régimen de hacer concesiones y que Assad no negociara nada en <strong>Ginebra</strong>.</p>
<p>La batalla de Qusayr ha sido bisagra militar para el régimen que lanzó una contraofensiva demoledora sobre los rebeldes e hizo que el presidente no considere negociación alguna que no sea en beneficio de su permanencia en el poder. Este escenario, por fin, llevó a la administración Obama y al liderazgo europeo a considerar una estrategia diferente y a informar públicamente que armaran a los insurgentes y posiblemente establecerán una zona de exclusión aérea sobre los cielos sirios. El movimiento es en la dirección correcta, pero tardío y lento. Sin embargo, debe ser desarrollado y comprendido estratégicamente. El plan de Washington y Bruselas debe englobar aspectos vitales para enfrentar las consecuencias de una intervención en Siria, independientemente del alcance y tamaño que esta suponga.</p>
<p>Los principales interrogantes que deben ser considerados ante los retos estratégicos en tal dirección, a mi juicio son:</p>
<p>a) <strong>¿Quién es y quién será el socio estratégico militar y político dentro de Siria de principio a fin de cualquier operación Occidental?</strong> ¿Quiénes se harán cargo de los ministerios en Damasco y controlaran la seguridad y la estabilidad una vez que se produzca el cambio político, si se produce?</p>
<p>b) <strong>¿Cuál será la participación árabe junto a EEUU y la UE? ¿</strong>Hasta dónde llegará el apoyo de los países del Golfo, Jordania y Turquía, sobre todo si Irán participara militarmente de forma directa a favor de Assad?</p>
<p>c) <strong>¿Cuál es el plan de neutralización y respuesta si Hezbollah e Irán reaccionan a la implicación de la UE y EEUU?</strong> ¿Existe una estrategia que incluya una respuesta global de Bruselas y Washington a un movimiento de fuerza en tal sentido por parte de Irán?</p>
<p>d) Por último, pero no menos importante,<strong> ¿Hacia dónde marchará políticamente Siria después que Assad se haya ido?</strong> ¿Será una democracia laica, un régimen islamista-teocrático o un gobierno militar?<strong> Es crucial comprender y evaluar nuevas opciones estratégicas antes de que comience el compromiso de la comunidad internacional para que todos los actores sean conscientes de las implicancias del proceso</strong>. Pero fundamentalmente, de las consecuencias de tal proceso para no repetir historias fallidas como la que estamos viendo por estos días en Egipto, y sobre todo, para dar la oportunidad al pueblo sirio de encaminarse en paz al progreso y la modernidad, dejando atrás esta oscura y dolorosa etapa que ha manchado como nunca su milenaria historia y cobrado la vida de miles de inocentes.</p>
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