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	<title>George Chaya &#187; Primavera Arabe</title>
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		<title>¿Por qué no hay más protestas contra el yihadismo?</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Sep 2014 10:30:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Es notorio que EEUU y la mayoría de los gobiernos europeos han cometido errores en sus programas políticos como en su diplomacia en Oriente Medio. <strong>No hubo avances en articular políticas que seduzcan a la calle árabe y cautiven el corazón y las ideas de los musulmanes para alcanzar una victoria definitiva en la guerra contra el terrorismo yihadista</strong>. Los resultados están a la vista. El ejército del califato islámico (ISIS) es el emergente de los dislates de la administración Obama como de sus colegas Hollande y Cameron. Ellos lo crearon junto a Qatar y, posiblemente, nos lleven ahora a <strong>una nueva guerra cuyo resultado incierto puede abrir puertas a la profundización de la brecha entre Oriente y Occidente al intentar neutralizarlo.<span id="more-405"></span></strong></p>
<p>Por no aparecer ante la opinión pública como potencias imperialistas o racistas, los gobiernos occidentales se muestran dubitativos al momento de pronunciarse sobre sus leyes migratorias y la defensa de sus propias fronteras. Al tiempo que son reacios en pedir a los inmigrantes -tanto- su asimilación como el respeto por las leyes de los países de acogida para no dar una imagen xenófoba.</p>
<p>En su mayoría, los occidentales se muestran confundidos y paralizados en aspectos inherentes a la preservación de su propia civilización. Los programas educativos de sus universidades no se han adaptado a la nueva realidad de las relaciones internacionales -y hasta la evitan- para no ser acusados de supremacistas.</p>
<p>En resumen, <strong>Occidente está inactivo y a la defensiva</strong>. Esto se aprecia en los conflictos de legitimación de sus propias sociedades modernas que colisionan y viven en la disociación de sus viejos pecados. De allí que su dirigencia política no actúa por temor a ser sindicada como racista o imperialista en Oriente Medio.</p>
<p>En este proceso Occidente está perdiendo la capacidad de discernir entre el bien y el mal, entregándose así a corrientes que ejercitan el doble rasero y la deslegitimación. <strong>El ejemplo más claro de estas conductas en la escena internacional es la demonización del Estado de Israel y el silencio sobre los crímenes de las dictaduras árabes y los grupos radicales yihadistas.</strong></p>
<p>¿Pero cuál es la razón de este actuar? Después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el mundo conoció que 6 millones de judíos habían sido sistemáticamente exterminados por los nazis fue cuando se comenzó a hablar de antisemitismo. Pero ya no es el caso. Hoy la memoria del Holocausto se desvanece en la historia mientras EEUU continua engrosando la petro-riqueza de sus propios enemigos y Europa se empeña en negar realidades innegables. Así, los islamistas toman el control de Naciones Unidas y otros Organismos Internacionales, y la primavera árabe evolucionó hacia un invierno desolador de destrucción de los derechos humanos y políticos de las personas..</p>
<p>En este escenario <strong>las universidades occidentales se convierten en centros de virulenta militancia y retórica anti-estadounidense y anti-occidental.</strong> Así, la lógica y la verdad se desvanecen en los claustros universitarios; los hechos y la historia son ficción y se reescriben, las democracias son difícil de distinguir de las dictaduras y el antisemitismo y anti sionismo se han vuelto complejos en su separación.</p>
<p>Es cierto que criticar a Israel no convierte a una persona en antisemita, lo mismo que criticar al gobierno de Francia no hace a uno anti- francés. Pero una cosa es criticar a Francia y algo muy diferente es declarar la ilegitimidad de la República Francesa y promover su destrucción. El lector convendrá conmigo en que Francia es una democracia guste o no, y lo mismo Israel que configura el único puesto de avanzada de la democracia moderna en el Oriente Medio con el mismo e indiscutible derecho a existir que Francia.</p>
<p>Usted como lector puede pensar lo que desee. Pero le confieso que a mí me resulta curioso escuchar y ver cómo activistas y estudiantes occidentales se pronuncian en favor del boicot a Israel, al tiempo que jamás han mencionado la ocupación <em>de iure</em> que Irán ejerce sobre el Líbano a través de Hezbollah, ni la propia financiación de países árabes a grupos yihadistas que han tomado como hobby cortar cabezas.</p>
<p>Ante este escenario, deberían surgir algunos interrogantes simples para cualquier persona bien pensante y amante de la libertad y la paz. Por ejemplo: ¿Por qué no vemos manifestaciones en Londres, París, Madrid, Buenos Aires, Brasilia, Santiago de Chile, New York o Washington contra las dictaduras islamistas? ¿Por qué no hay manifestaciones contra la esclavitud de millones de mujeres que viven sin ninguna protección legal? ¿Por qué no hay manifestaciones contra el uso de niños como escudos humanos? ¿Por qué no ha habido ningún liderazgo occidental apoyando las víctimas de la dictadura Islamista en Sudán? ¿Por qué nadie expresa ninguna indignación ante el terrorismo cometido a diario por el ISIS contra los yazidies y cristianos en Siria e Irak? <strong>¿Por qué no hay ninguna protesta de los europeos contra el yihadismo?</strong> Y finalmente, <strong>¿por qué Occidente -en gran parte- está obsesionado con dos democracias reconocidas por la comunidad internacional como son EEUU e Israel; en lugar de repudiar las peores dictaduras del planeta.</strong></p>
<p>Si Occidente no puede reconocer la diferencia entre un Estado democrático y una dictadura, o entre un yihadista y un hombre de paz; entonces, a todas luces nos encontramos ante el mayor fracaso político, ético y moral de nuestro tiempo. Si se carece de la capacidad para distinguir entre aquellos que defienden los valores básicos de la humanidad y respetan la santidad de la vida ante quienes son los verdaderos destructores de esos valores y justifican el asesinato y la decapitación de inocentes en nombre de motivos religiosos o ideológicos, definitivamente estamos en problemas. Y lo estamos más aún si no lo señalamos quienes adherimos al respeto por la vida, la democracia y la libertad del hombre. Porque aquellos ganados por el odio <strong>no comprenden que los que amenazan la existencia misma de valores básicos en Oriente Medio</strong>; <strong>serán, a largo plazo, no solo una amenaza regional, sino global e internacional.</strong></p>
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		<title>El Islam político, un término vacío de contenido</title>
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		<pubDate>Tue, 04 Feb 2014 11:00:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Egipto]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Un gran número de ‘analistas y expertos’ ahora están tratando de reinterpretar el estado de confusión y fracaso que ha caracterizado sus visiones y análisis sobre las <strong>inexistentes revoluciones árabes</strong> como ‘la experiencia de grupos, dirigentes y partidos políticos’ en <strong>Túnez, Egipto</strong> y <strong>Libia</strong> desde el estallido de lo que conceptualizaron <i>-en supina ignorancia-</i> como <strong>Primavera Árabe</strong>.</p>
<p>Quizás el rasgo más importante y a la vez peligroso que estas personas nunca comprendieron en los últimos cuatro años es que todos estos grupos políticos comparten un elemento distintivo: <b>‘su naturaleza violenta, teocrática y excluyente’. </b></p>
<p>Tales grupos y organizaciones no han podido adaptarse a los diferentes segmentos de las sociedades que dijeron representar, particularmente en momentos sensibles a raíz de los violentos levantamientos. Sus dirigentes, una vez fueron parte de lo que se consideraba como oposición a los regímenes dictatoriales laicos que los oprimían duramente, pero nunca evolucionaron democráticamente y como resultado de ello, una vez en el poder, tomaron represalias intensificando aún más el estado de polarización alimentando la desconfianza, la ruptura y la fragmentación social. <b>A la luz de los hechos, el discurso del Islam en la política en general demostró ser superficial y carecer de soluciones a las demandas y reclamos originales de las sociedades árabes.</b></p>
<p>Si bien podemos encontrar decenas de volúmenes y libros sobre la pureza, la adoración y otros temas en materia religiosa, hay muy pocos libros sobre <b>‘islam político’</b> y ello ha dado lugar<b> al mayor</b> <b>error de los expertos occidentales al abordar una temática que no conocían</b>. Esto significa que deberían aprender mucho sobre equilibrio y discreta moderación al hablar de Islam político. Nadie por sí solo puede reclamar una comprensión completa y nadie es capaz de imponer esta comprensión a los demás. De ello deberían tomar nota los sesudos -aunque amateurs- intelectuales y opinólogos en materia del mundo árabe islámico.</p>
<p>Los grupos del Islam político que han llegado al poder en los Estados donde se habló de primaveras árabes no han seguido los pasos del Islam ni los preceptos de Mohamed después de la conquista de la Meca. La historia es inalterable en ese punto, sobran ejemplos. En aquel momento, mientras los opositores del Profeta temían su reacción luego de la victoria, Mohamed anunció el ‘<strong>día de la misericordia’</strong>, y pronunció su famosa frase: ‘<strong>Incluso el que entra en la casa de Abu Sufyan estará a salvo’</strong> (en referencia a su enemigo más feroz de aquel tiempo)<b>. </b>Según las escrituras, el Profeta añadió: ‘Id, pues <strong>sois libre, la batalla termino</strong>’. Mohamed  no castigó ni tomó venganza contra nadie.</p>
<p>Este principio del Profeta fue aplicado más tarde por dos de los políticos más reconocidos del siglo XX: <b>el líder indio Mahatma Gandhi y Nelson Mandela en Sudáfrica. </b>Ambos ofrecieron un perdón completo a sus antiguos adversarios y enemigos e incluso los incorporaron a sus propios gobiernos para convertirse en parte de la solución, no del problema. <b>Esta es la diferencia entre la sabiduría política, por un lado, y la inmadurez política vengadora y resentida, por el otro.</b></p>
<p>Cuando se elige representar a la religión en el ámbito político, ello implica una mayor responsabilidad moral, social y comunitaria, tal conducta debe ser así porque un daño inconmensurable puede ser causado si se fracasa. Los ejemplos pueden observarse hoy en Túnez, Egipto y Libia, donde la atmósfera que prevalece es violencia, muerte, decepción y frustración.</p>
<p>En Túnez, <b>Rachid Ghanouchi</b> y su partido <b>Ennahda</b> podrían haber superado el egoísmo y la arrogancia al aceptar asistir a <b>Hamadi Jebali</b> en la formación de un gobierno con el fin de administrar los asuntos del país en estos tiempos críticos sin considerar la iniciativa de <b>Jebali<i> </i></b>como un ataque o una afrenta partidista. Sin embargo, el partido islamista <b>Ennahda</b> se inclino por adoptar una política de exclusión, violencia y acoso, el resultado fue su fracaso y la pérdida de credibilidad ante el pueblo tunecino.</p>
<p>Lo mismo aplica a lo sucedido en Egipto bajo el gobierno del presidente islamista <b>Mohamed</b> <b>Mursi</b> en su relación con el primer ministro <b>Hisham Qandil.</b> Una gran parte del pueblo egipcio creyó desde el primer día que <b>Qandil </b>no habría de gestionar correctamente los asuntos del país, y que el cargo de primer ministro requería de alguien con mayor experiencia. Además, la desconfianza por su manejo incompetente de la situación económica fue el mayor peligro para todos. No obstante, el hombre se aferro a su posición de ‘tozudez y prepotencia’ haciendo caso omiso a las demandas del pueblo, <b>cuando en realidad este comportamiento fue una reminiscencia del estilo adoptado por los mismos regímenes ante los cuales las ‘pseudo revoluciones’ de la Primavera Árabe se levantaron.</b></p>
<p>El enfoque del Profeta Mohamed está muy lejos de los que actualmente dicen estar siguiendo sus pasos en nombre del Islam político. <b>Mohamed no abogó por la venganza, la calumnia o la sospecha, ni tampoco por etiquetar a otros como traidores.</b> Sin embargo, hoy en día, el Islam político continúa generando problemas sociales, divisiones internas, sedición y violencia. Esta situación se ve agravada por grupos específicos que reclaman el derecho exclusivo de hablar, entender y juzgar en nombre de la religión. Lo grave de estas conductas, es que el costo de ese accionar no será pagado por los gobiernos o regímenes actuales, <b>sino que serán las generaciones venideras las que realmente lo sufrirán.</b></p>
<p>En los eventos mal conceptualizados como levantamientos, revoluciones y primaveras árabes, grupos islámicos llegaron al poder a través de elecciones democráticas, pero la democracia tiene criterios de observancia fundamentales como el respeto por los derechos de todos los ciudadanos junto a la observancia de la justicia, la igualdad y la unidad nacional. Con el devenir del tiempo y el ejercicio del gobierno por parte de partidos islamistas, estos principios parecen completamente ajenos a quienes tomaron el poder en nombre del Islam político y como resultado de tal experiencia, es el propio Islam político el que parece estar condenado al fracaso si no experimenta un cambio proactivo desde dentro.</p>
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