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	<title>George Chaya &#187; Japón</title>
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		<title>Las implicancias del acuerdo nuclear</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Jul 2015 09:34:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Era una obviedad para la mayoría de los analistas y los comentaristas conocedores de Medio Oriente que lo que parecía una larga telenovela tenía solo dos actores estrellas: Irán y Estados Unidos. Los países europeos solo tuvieron un rol de extras, cuya participación no era más que secundaria y a los solos efectos de dar una fachada de legitimidad internacional a las negociaciones y al acuerdo.</p>
<p>A lo largo de todos estos años, el diálogo real tenía lugar entre Washington y Teherán. La comunidad internacional y el mundo árabe se dieron cuenta de esa realidad sin necesidad de que se los expliquen en profundidad.</p>
<p>Lo especialmente interesante, además de lo extenso de la telenovela, era que no <b>había -ni hay- ninguna garantía de éxito, ello quedó claro en la insistencia de la administración Obama en que las negociaciones se limiten al programa nuclear de Irán, sin tocar otros problemas políticos regionales</b> y repitiendo al más alto nivel que las cuestiones políticas de la región eran cuestiones separadas del acuerdo.</p>
<p>Esas cuestiones políticas regionales jamás fueron tenidas en cuenta ni objetadas por los extras europeos de la telenovela. Nunca se consideró el soporte de Teherán a grupos políticos terroristas como Hezbollah en Líbano, al régimen del dictador Bashar Al Assad en Siria o a la injerencia de Irán en Yemen y Gaza. Tampoco cuestionaron la peligrosidad regional del programa nuclear de Irán en lo referente a las repercusiones geológicas y sísmicas de tener instalaciones nucleares en un país propenso a terremotos devastadores como lo es Irán.<span id="more-532"></span></p>
<p>El lector puede pensar que plantear una cuestión de este tipo es bien secundaria. Sin embargo, ya vivimos la catástrofe de Fukushima, en el norte de Japón. El Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) y demás países vecinos a Irán deberían estar preocupados, no solo por lo que significa la fortaleza de un Irán nuclear desde lo militar, sino por un accidente que pudiera permitir fugas de la planta nuclear costera iraní de Bushehr. De hecho, en noviembre de 2013, un terremoto con una magnitud de 7,3 sacudió la provincia de Bushehr. El terremoto fue sentido en varios países alrededor del Golfo, incluido Qatar, Bahréin, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. Al menos 87 personas murieron y unas 1800 resultaron heridas como consecuencia del sismo.</p>
<p>Sin embargo, <b>más allá de lo sísmico, lo que realmente preocupa a los países vecinos de Irán es el uso militar de su programa nuclear</b>. Estas preocupaciones son compartidas por estos países, así como por Israel y Turquía. Aun así, altos funcionarios estadounidenses, encabezados por el presidente Barack Obama, sostienen la disposición de Washington a aceptar un Irán nuclear en el corto plazo y, según el presidente estadounidense, lo que se ha logrado se vincula a dos elementos fundamentales: la confianza y la buena voluntad.</p>
<p>En este punto, se podría argumentar que la confianza y la buena voluntad son tópicos necesarios en política, pero no son suficientes en ausencia de garantías sólidas. De hecho, el largo historial del programa nuclear de Irán no ha alentado a la confianza ni mostró aspectos de buena voluntad. Incluso después de su aprobación, los cantos de “Muerte a Estados Unidos” y “Muerte a Israel”<b> </b>siguen escuchándose en las calles y las mezquitas de Teherán, y no solo contra Estados Unidos e Israel, los discursos y los cánticos contra los Estados árabes están presentes de manera mucho más beligerante, lo que provoca animosidades raciales y tribales.</p>
<p>A pesar del entusiasmo de Washington por tranquilizar, primero a los israelíes y después a los árabes, indicando que el acuerdo no afectará negativamente las relaciones con los Estados Unidos<b>, cualquier observador inteligente puede percibir que el elemento confianza no existe y que las relaciones son diferentes luego de la firma del acuerdo.</b></p>
<p>Hoy hay varias preguntas que muchas personas se efectúan, por ejemplo: “¿Por qué se llegó a esta etapa?”. Y otra no menos importante: “¿La situación actual es irreversible o no?”.</p>
<p>La respuesta más probable a la primera pregunta es que lo que nos ha traído donde estamos ahora han sido las convicciones políticas del presidente Obama y la decadencia de la diplomacia europea. El presidente de Estados Unidos es un hombre con una identidad ideológica definida y plenamente convencido de que está haciendo lo correcto. Los europeos son incorregibles, a menudo olvidan su historia e ignoran las implicancias de haber acompañado al inquilino de la Casa Blanca en la telenovela que nos han vendido por años.</p>
<p>Sobre el segundo interrogante, bien podemos responder que el acuerdo nuclear y la eventual normalización de las relaciones con Teherán no es un programa europeo, sus cancilleres son descendientes directos del <i>soft power</i> chamberliano, que, por no saber, ni saben lo que han hecho a nivel político, pero en lo económico se frotan las manos y ya están planeando nuevos negocios con Teherán.</p>
<p>La idea central que motorizó este acuerdo ha tenido como único padre ideológico a Barack Obama. Por tanto, esperar algún cambio desde Washington de aquí a noviembre 2016 sería absurdo. Y, continuando la línea de respuesta a la segunda pregunta sobre si el acuerdo es definitivo e irreversible, a mi juicio la respuesta está en Irán y su régimen, en su estructura de poder, su dualismo político, su lucha interna y su doble discurso contradictorio. Lo cierto es que el régimen iraní sabe muy bien lo que quiere, pero no necesariamente la mejor manera de lograrlo.</p>
<p>Por alguna razón la administración Obama ha optado por separar los aspectos técnicos del acuerdo nuclear del ambiente político que rodea e interactúa con él en la región. Sin embargo, a pesar de Obama y la pusilanimidad europea, los países árabes del Oriente Medio, incluido Israel, a pesar de los muchos problemas que los aquejan, todavía tienen buena memoria y bastante claras sus historias por su supervivencia.</p>
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		<title>Elecciones en Afganistán: la expansión persa y el retorno del fundamentalismo</title>
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		<pubDate>Fri, 10 Jan 2014 19:46:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Con la publicación de la lista oficial de candidatos a la presidencia afgana, se ha completado un aspecto clave y fundamental de la estrategia del presidente <strong>Barack Obama</strong> para que la retirada estadounidense de <strong>Afganistán</strong> se efectúe según la agenda de Washington. El plan de la administración Obama es <strong>poner fin a los 13 años de presencia de Estados Unidos en el país a finales de este año</strong>. Las elecciones presidenciales en Afganistán están previstas para abril de 2014 y se supone que ellas deben proporcionar el marco político que permita y dé lugar al retiro de los EEUU.</p>
<p><strong> Lo cierto es que hay tres problemas con esa estrategia de Washington</strong>. A saber:</p>
<p>a) El primero es que el anuncio de la retirada ha animado a los opositores del actual <em>status quo</em>, especialmente a los <strong>talibanes</strong>, a reorganizarse y prepararse para un nuevo intento para la toma del poder una vez que los norteamericanos se hayan marchado.</p>
<p>b) El segundo problema es que con EEUU fuera del marco de la seguridad militar necesaria para la estabilidad del país, sea quien fuera elegido presidente de Afganistán, le resultará muy difícil &#8220;<strong>ejercer y mantener el poder real</strong>&#8220;, y como máximo, se convertiría en otro líder de facción respaldado por su tribu y/o comunidad étnica. <span id="more-239"></span>c) A mi juicio, el prematuro retiro de EEUU plantea un tercer problema. Y es que intensificará la rivalidad entre las potencias regionales, especialmente <strong>Irán, Pakistán y Rusia,</strong> ninguno de los cuales desea ver un Afganistán democrático en su patio trasero.<strong> Irán ha inyectado miles de millones de dólares buscando obtener influencia en Afganistán</strong>. En la última década, Irán ha sido el segundo mayor donante de ayuda a Afganistán después de EEUU y en la misma forma en que explotaron la retirada de Obama de Irak, los <strong><em>khomeinistas</em> </strong>aspiran a llenar el vacío estadounidense y tomar Afganistán para expandir así la <strong>Revolución Islámica</strong> y ganar terreno en su disputa con los países árabes del <strong>Golfo </strong>socios de <strong>Arabia Saudita</strong>. Por otra parte, consciente de su creciente impopularidad en Afganistán, <strong>Rusia</strong> acompaña estratégicamente la pujante penetración iraní para construir un <strong>nuevo bloque antiestadounidense</strong> y esta nueva táctica de <strong>Moscú</strong> está teniendo éxito.</p>
<p>Por su parte, <strong>Pakistán</strong> está decidido a asegurar una posición dominante en Afganistán en el contexto de su propio enfrentamiento con la <strong>India</strong>. Para Pakistán, Afganistán es una provincia más de su país y le proporcionaría profundidad estratégica a sus intereses. Al mismo tiempo y debido a su lucha regional contra Irán, varios países árabes han decidido apoyar la política de Pakistán dentro de Afganistán. A cambio, llegado el momento, Pakistán podría abastecer a los países sunitas con ojivas nucleares si es necesario hacer frente a una amenaza nuclear de Irán.</p>
<p>La ironía en esto es que fue Washington quien impuso el sistema presidencial en Afganistán, donde la ausencia de una administración fuerte y un ejército eficaz ha hecho que el ejercicio del poder centralizado se convierta en un grave problema. Esto es evidente y el ejemplo palmario es que por más de una década la seguridad personal del presidente afgano ha sido proporcionada por fuerzas especiales estadounidenses.</p>
<p>Afganistán fue creado como un ‘<strong>Estado tapón’</strong> para mantener separados los tres poderes históricamente rivales en la zona (<strong>Rusia, Gran Bretaña e Irán</strong>). Esta rivalidad regional que naciera en los 80 llegó a ser conocida como ‘<strong>El Gran Juego</strong>’ y ha sido una galaxia de comunidades tribales, étnicas y religiosas que coexistían bajo la autoridad de un poder frágil y desconectado de <strong>Kabul</strong>. Los comunistas que tomaron el poder con la ayuda de la <strong>Unión Soviética</strong> en 1977 ignoraron este hecho y trataron de imponer un sistema centralizado. Tal error estratégico arrastró a Moscú a una guerra imposible de ganar.</p>
<p>Luego del retiro soviético, los paquistaníes y sus aliados árabes cometieron un error similar cuando crearon los <strong>talibanes</strong>, aunque éstos les ayudaron a apoderarse de Kabul. El resultado fueron años de guerra que acabaron con la intervención estadounidense de 2002.</p>
<p>Cuando los talibanes fueron desalojados de Kabul, lo más efectivo hubiera sido ayudar a los afganos a construir un sistema parlamentario federal con la presidencia como una función simbólica. Pero la administración <strong>Bush</strong> rechazó esa opción por asumir que Estados Unidos permanecería en Afganistán el tiempo suficiente para cambiar la cultura política de esa nación. Similares estrategias se habían aplicado con éxito en el pasado en países como <strong>Alemania Occidental, Corea del Sur y Japón</strong>, donde décadas de presencia militar y política de EEUU ayudaron a forjar una nueva cultura democrática. Pero nada de esto ocurrió en Afganistán ni en <strong>Irak</strong>. El presidente Obama, sucesor de <strong>George Bush</strong>, se negó a proporcionar un compromiso a largo plazo para que tal cosa suceda. Washington no hizo nada para convencer a los afganos en desarrollar un sistema parlamentario basado en el compromiso de la unificación territorial del poder político. Hoy, EEUU dejará Afganistán con profundos y cuantiosos problemas, muchos de ellos, en parte, provocados por las peculiaridades de la política estadounidense.</p>
<p>Ninguno de los 12 candidatos aprobados a participar en la futura elección presidencial tiene la estatura para unificar a los afganos que, muy posiblemente, caigan nuevamente bajo la égida de grupos violentos y fundamentalistas luego de la retirada estadounidense.</p>
<p>Cinco candidatos disfrutan en alguna medida de mayor reconocimiento por sobre el resto, pero no alcanzara para pacificar Afganistán. Uno es el señor <strong>Abdul Rasul-Sayyaf</strong>, un antiguo líder muyahidín hoy respaldado por <strong>Pakistán</strong>, pero inaceptable para las comunidades étnicas de los tayikos y uzbekos. Otro es <strong>Abdullah Zamariani,</strong> ex ayudante del legendario líder muyahidín<strong> Ahmad Shah Massoud.</strong> Zamariani es muy popular entre los tayikos, pero carece de base y aceptación entre los <strong>pastunes</strong>, que representan casi el 40 % de la población. En tanto el ex ministro de Finanzas <strong>Ashraf Ghani</strong> podría tener el perfil de hombre de Estado, pero le falta el carisma para entusiasmar a la comunidad pastún y es percibido como cercano a EEUU.</p>
<p>Al mismo tiempo, <strong>desde Irán el flujo de dinero es monumental a favor de Qutbuddin Hilal,</strong> un ex líder del <strong>Hezb-Al Islamiyye (Partido Islámico)</strong> y hoy aliado táctico de los talibanes. Por último, otro de los candidatos es<strong> Ghul Agha Sherzai</strong>, un ex comandante de la guerrilla más dura del país y con poca ascendencia tribal pero con un importante ejército propio afincado en la zona montañosa del triangulo fronterizo con Pakistán, zona conocida como la de mayor producción de droga de la región y con importante ascendencia dentro de las fuerzas militares y de seguridad.</p>
<p>Para complicar aún más las cosas, el presidente<strong> Hamid Karzai</strong> decidió jugar la carta nacionalista firmando un acuerdo que permitiría a una fuerza simbólica de la <strong>OTAN</strong> permanecer en Afganistán en el marco de un proyecto de capacitación en seguridad. Pero al mismo tiempo, Karzai también está cortejando a los <strong>mullah </strong>de <strong>Teherán</strong> con la esperanza de que el apoyo de Irán ayude a su facción a retener la presidencia. El resultado es una gran confusión en todo el escenario interno afgano.</p>
<p>Después de aportar cantidad de sangre y dinero en la liberación de Afganistán, muchos piensan que EEUU tendrá influencia en el desarrollo y el resultado de las elecciones afganas. Pero la conducción política estadounidense no ha estado a la altura de las circunstancias, <strong>EEUU se ha comportado como una potencia débil en su política exterio</strong>r. Esto ha quedado muy claro en el desinterés de la administración Obama a nivel regional. En el pasado reciente fue Irak, hoy es Afganistán. Ambos casos muestran que <strong>EEUU ha convertido victorias militares contra el terrorismo en derrotas diplomáticas</strong> que abren peligrosamente la ruta al regreso de la violencia sectaria allí. Y peor aún, a una desenfrenada escalada nuclear regional planteada por Teherán a la cual los países árabes del Golfo no piensan ceder protagonismo.</p>
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		<title>Lecciones de la historia</title>
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		<pubDate>Wed, 31 Jul 2013 20:43:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>A menudo, la dirección política y sus militancias siempre dispuestas a expresar su <strong>repudio a Occidente</strong>, nos dicen que la gran mayoría de las personas que profesa la fe islámica es pacífica, que no piensa ni desea destruir a Occidente. En las cadenas de noticias y agencias lubricadas financieramente a base de <strong>petrodólares del Golfo</strong> se sostiene que <strong>apenas el 1% de los 1.800 millones de musulmanes suscribe a la doctrina yihadista que califica a Estados Unidos de Gran Satán y causa de todos los males del mundo.</strong></p>
<p>Aquellos que aún dudan del poder de internet se veían sacudidos recientemente por un simple<strong> post en un blog</strong> que acabó en despacho de la agencia de noticias <strong>AP</strong> y fue difundido por doquier. Titulado &#8220;Por qué la mayoría silenciosa es irrelevante&#8221; y firmado por &#8220;<strong>E. Marek</strong>&#8220;, el sencillo texto señala que para el Islam, &#8220;<strong>el hecho de que la mayoría de los musulmanes sean pacíficos o no, es igual de relevante como lo fue para el nacional-socialismo el pacifismo de la mayoría de los alemanes&#8221;</strong>. En esos mismos años, los japoneses asesinaron a alrededor de 4,5 millones de chinos y mataron a más de 2.600 estadounidenses cuando atacaron <strong>Pearl Harbor</strong>, el 7 de diciembre de 1941. Aunque la mayoría de los japoneses era pacífica.</p>
<p><span id="more-137"></span>En el presente, fanáticos yihadistas incitan al terrorismo contra Occidente y asesinan a miles de personas tanto en Oriente Medio como en Occidente. Pero la mayoría de los muertos en <strong>Siria</strong> e <strong>Irak</strong> no son norteamericanos, judíos u occidentales, sino sirios e iraquíes. Los medios de prensa y la opinión pública deberían preguntarse: <strong>¿Dónde radica hoy el éxito de los islamistas?</strong> La respuesta es sencilla: su éxito radica en que los millones de ciudadanos musulmanes amantes de la paz se mantienen en silencio ante el avance de la violencia de los extremistas. Ello a pesar de ser las primeras víctimas del terrorismo yihadista.</p>
<p>No tengo dudas de que la mayoría de los musulmanes sean pacíficos. <strong>El problema es que no hay suficiente condena a los actos terroristas por parte de quienes son los mayores perjudicados.</strong> Esto no sucede en Oriente ni en Occidente. No hablemos ya de si estos actos guardan alguna relación aparente con los palestinos, los mismos palestinos abandonados y utilizados hasta el hartazgo por los propios países musulmanes. A esta situación se suma la ayuda directa o indirecta que reciben los terroristas de algunos gobiernos musulmanes, algo que nadie ignora dentro de la comunidad internacional.</p>
<p>La <strong>Unión Europea</strong>, defensora del multiculturalismo, aconsejó recientemente a los gobiernos de sus países miembros a enfocarse en la vigilancia y financiación de mezquitas y organizaciones de caridad dentro de sus fronteras. Y es que sin ayuda para obtener explosivos, montar oficinas, mantener campos de entrenamiento o infraestructura de recaudación, no hay forma de que los terroristas puedan llevar a cabo sus operaciones. Pero también sería deseable que los millones de musulmanes pacíficos tomaran las medidas adecuadas para evitar muchos de los conocidos resultados que generan las acciones de los islamistas. Eso ayudaría a no privarnos al resto de la ilusión de que expresiones tales como países árabes moderados no sea sólo una forma de hablar.</p>
<p>El error de los líderes espirituales fue no hablar y denunciar a los terroristas para tratar de detenerlos. <strong>Hoy nadie puede ser líder espiritual si lleva la contraria al pensamiento yihadista.</strong> La equivocación de los gobernantes musulmanes fue no impedir que se arrastrara a miles de musulmanes a posiciones contrarias al modernismo y a la paz. Esto dio lugar a que nadie que no defienda el pensamiento yihadista pueda gobernar de manera estable un país musulmán.</p>
<p><strong>Las personas que amaban la paz en Alemania, Italia o Japón se convirtieron en enemigos y blancos militares de las potencias Aliadas durante la Segunda Guerra Mundial</strong>. Ese fue el precio que pagaron por no hablar en su momento. Los gobiernos musulmanes deberán estar preparados para enfrentarse a este antecedente histórico en el marco de la lucha contra el terrorismo si no se inclinan por políticas consistentes que apoyen esa lucha.</p>
<p>Los gobernantes y los ciudadanos árabes no deben permitir a los yihadistas operar en sus países, deben rechazar su accionar, esta gente no los está liberando de nada ni de nadie con su teoría del yihad permanente, al contrario, los está condenando a sufrir las consecuencias políticas, migratorias, económicas, sociales y militares de sus acciones.</p>
<p>No escribo para hacer amigos, tengo claro que esto puede parecer incorrecto políticamente. <strong>En lo personal, respeto, conozco y hago la diferencia entre Islam e islamismo radical militante</strong>. Mi obligación deontológica profesional es describir una realidad fáctica, y mi expresión es perfectamente legítima y consistente con la historia. Al efectuar estas observaciones, <strong>lejos de distanciarnos u ofender al Islam, lo que estamos haciendo es ir en su ayuda y en la de gran mayoría silenciosa que desea vivir en paz</strong> frente a la minoría islamista ruidosa y violenta que no será detenida desde fuera con sucesivas campañas militares que no han resuelto nunca el problema. Las soluciones militares llevarán, como casi siempre, a una espiral de violencia sin final a la vista. <strong>En mi opinión, los yihadistas serán detenidos y sus crímenes evitados cuando los propios musulmanes pacíficos pongan freno al secuestro de su religión, algo que los integristas hoy llevan adelante a través de su ideología y accionar.</strong> Para evitar mayores males cabe repasar la historia y efectuarse dos preguntas fundamentales:</p>
<p>a) ¿<strong>Tomaron en cuenta Roosevelt o Churchill a la hora de responder al militarismo del Tercer Reich o al expansionismo imperial japonés que la gran mayoría de la ciudadanía alemana y japonesa era pacífica?</strong> La respuesta es no. Por ello hablar claro y en la verdad evitara repetir historias que puedan generar mayor sufrimiento a los pueblos árabes en el futuro.</p>
<p>b) ¿Se debería tener en cuenta que probablemente la mayoría de los habitantes de los países musulmanes prefiere dejarse de guerras santas y llevar su vida? La respuesta depende del grado de inocencia que adjudiquemos a esa mayoría y a su silencio. Las lecciones que nos ofrece la historia, con frecuencia son increíblemente simples. Aunque a pesar de cualquier esfuerzo, también suelen ser increíblemente tercas.</p>
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