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	<title>George Chaya &#187; EE.UU.</title>
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		<title>El Acuerdo Kerry-Lavrov sobre Siria</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Oct 2013 10:37:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Con su acuerdo sobre las armas químicas de Siria, el presidente Barack Obama ha provocado un estruendoso silencio en torno a su estilo de liderazgo. Sus amigos hablan de un golpe diplomático, sus adversarios afirman que ha cometido un error que ningún otro presidente de EEUU se habría permitido cometer. Es innegable que ambos puntos de vista están abiertos... <a href="http://opinion.infobae.com/george-chaya/2013/10/03/el-acuerdo-kerry-lavrov-sobre-siria/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Con su acuerdo sobre las armas químicas de <strong>Siria</strong>, el presidente <strong>Barack Obama</strong> ha provocado un estruendoso silencio en torno a su estilo de liderazgo. Sus amigos hablan de un <strong>golpe diplomático</strong>, sus adversarios afirman que ha cometido un error que ningún otro presidente de <strong>EEUU</strong> se habría permitido cometer.</p>
<p>Es innegable que ambos puntos de vista están abiertos a la discusión: el <strong>acuerdo Kerry- Lavrov</strong> puede ser un buen golpe diplomático para <strong>Moscú</strong>, pero no para <strong>Washington</strong>, y claramente ha sido una victoria demoledora de <strong>Putin</strong>, quien ha logrado <strong>encauzar la cuestión siria</strong> como planeaba. Recorriendo la crisis siria desde el principio, es claro que se trató de una revuelta de la ciudadanía contra un régimen que le niega sus derechos políticos y humanos, que aplastó las demandas populares con matanzas indiscriminadas en las que han muerto más de cien mil personas en los últimos treinta meses. Esto dio lugar a que la idea de una intervención fuera tomando cuerpo en la comunidad internacional, ello a fin de detener las matanzas y ayudar a los sirios a encontrar un camino hacia un nuevo sistema político que garantizara su seguridad. Pero esto no sucedió, todos y cada uno de los líderes de los países centrales esquivaron su responsabilidad en el caso sirio.</p>
<p>Ahora, centrando el problema en el arsenal de las<strong> armas químicas del régimen</strong>, Putin ha vuelto a incendiar Siria, tanto en el problema originario como en la solución. <strong>La salida que se busca es colocar ese arsenal bajo supervisión internacional a fin de ser desmantelado</strong>. <strong>Pero no se aborda el eje central del verdadero problema: se deja de lado las masacres ejecutadas por el Estado sirio con armas convencionales.</strong></p>
<p><span id="more-177"></span>El calendario previsto es interesante y muestra la <strong>victoria diplomática de Moscú sobre Washington</strong>. Siria tiene hasta ‘mediados de 2014 para deshacerse de su arsenal de armas tácticas’. La vaguedad de este término de tiempo fue acordada y firmada tanto por Obama como por Putin y el acuerdo fue remitido a la <strong>Comisión de Armas Químicas de Naciones Unidas</strong>. Aunque nadie menciona que es exactamente el tiempo que queda en el mandato presidencial de <strong>Bashar Al-Assad</strong>.</p>
<p>Desde el principio, Putin había declarado que no permitiría que su socio Al-Assad sea destituido. Ahora, esa estrategia del líder ruso está garantizada por Obama. <strong>El presidente sirio debe permanecer en el poder para colaborar en el desmantelamiento de las armas químicas.</strong> Eso hace que Assad no deba irse ni ser destituido. De manera incomprensible e ingenua, Obama prestó su acuerdo explicito para que el dictador incluso pueda buscar otro mandato presidencial en junio de 2014.</p>
<p>La pasada semana <strong>Assad fue más allá, y pidió que EEUU le otorgue mil millones de dólares </strong>para conformar una <strong>comisión local encargada de destruir su mortífero arsenal de armas químicas.</strong> El presidente sirio indicó que llevaría más de un año completar la tarea. Desde el<strong> salón Oval,</strong> se le respondió a Putin que el presidente Obama prestaba su acuerdo. Ello vino a confirmar que todo lo que Obama ha hecho ha sido resolver un problema subsidiario, evitando el problema real.</p>
<p>Sin embargo, <strong>Obama no es el primero en practicar estas políticas siniestras</strong>. Unos pocos ejemplos de la historia reciente de EEUU así lo demuestran. En octubre de 1962, el mundo estaba paralizado por la llamada <strong>crisis de los misiles cubanos</strong>. Se trataba de la instalación en <strong>Cuba</strong> de <strong>misiles</strong> <strong>soviéticos</strong> capaces de transportar <strong>ojivas  nucleares</strong>. La crisis terminó, luego de 13 días con un acuerdo de parte de Moscú para retirar los misiles. Aquel enfrentamiento se convirtió en parte de la mitología norteamericana que retrato al presidente<strong> John F. Kennedy</strong> como un líder visionario que obligó el líder soviético <strong>Nikita Khrushchev</strong> a una retirada histórica. Pero como siempre, la realidad es algo diferente a lo que se publicita políticamente, y esa realidad mostró luego que sólo fue un repliegue estratégico de Moscú.</p>
<p>En aquel momento, los comunistas habían instalado los misiles básicamente por dos razones. En primer lugar, la ex <strong>URSS</strong> quiso mostrar a Washington que ya no podría derrocar el régimen de <strong>Fidel Castro</strong>. Habiendo fracasado en la <strong>Bahía de Cochinos,</strong> la <strong>CIA</strong> estaba planeando nuevas opciones y medidas contra el comunista cubano y el <strong>Kremlin</strong> garantizó con esa acción que el tirano pudiera continuar sojuzgando al pueblo cubano ante la incompetencia de la administración estadounidense de ese momento. En segundo lugar, <strong>Kruschev quería que Kennedy desmantelara los misiles Júpiter con ojivas nucleares que EEUU había estacionado en Turquía</strong>, muy cercanos a la frontera soviética en 1961. <strong>Khrushchev logró sus dos objetivos</strong>. Los EEUU no efectuaron más movimientos contra los comunistas de la isla y el régimen continúa hoy día oprimiendo a los cubanos y destrozando la vida de millones de ellos. El presidente Kennedy también desmanteló los misiles Júpiter de Turquía y la victoria diplomática soviética fue aplastante dando lugar en los años siguientes a que Moscú utilizara a Cuba en las guerras por el poder contra los EEUU y sus aliados en <strong>América Latina, África</strong> e incluso el sur de <strong>Yemen</strong> y <strong>Omán</strong>.</p>
<p>Sin embargo, muchos consideraron a Kennedy como un héroe y millones de norteamericanos creyeron ingenuamente que habían ganado la pulseada a los soviéticos. Cuando la solución al problema real hubiera sido el cambio de régimen en Cuba. Pero <strong>Kennedy abandonó al pueblo cubano y engaño a los estadounidenses</strong> y a sus socios latinoamericanos. Al igual que Obama hoy, Kennedy se inclinó por una <strong>solución subsidiaria al problema</strong> creado inteligentemente por los soviéticos y claudicó en una solución que, aunque aún hoy sigue siendo publicitada como un acto de defensa a la paz, al cabo no fue más que una derrota espantosa para Occidente.</p>
<p>Lo que Kennedy no entendió en su momento fue que el verdadero problema era que el imperio soviético consideraba a las democracias capitalistas occidentales como ‘el enemigo’ y mientras pudo, trabajó para unir al mundo bajo la marca del comunismo, generando muerte, destrucción y miseria en tantos lugares del planeta como se le presentó la oportunidad de hacerlo. La solución al problema real hubiera sido que los presidentes, Kennedy en su tiempo y Obama en la actualidad, cooperaran responsablemente con los pueblos cubano y sirio por el cambio de sus regímenes. Contrario a ello, los presidentes abordaron problemas subsidiarios, incluidas las negociaciones de limitación estratégica -SAL, por sus siglas en ingles- que en última instancia llevó a un par de tratados irrelevantes, como por ejemplo el <strong>Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START)</strong>. Pero curiosamente, décadas después de la firma del START, Rusia todavía tiene suficientes armas nucleares como para destruir el mundo 30 veces más que en 1970.</p>
<p>¿Qué hizo occidente al respecto? La respuesta es que hizo poco y nada. Sólo sedujo y endulzó a Moscú a que continuara dentro del START a través de subvenciones de Washington a una economía soviética en bancarrota, especialmente a través de créditos blandos ‘sin intereses y con periodos de gracia de hasta 25 años’. Seguramente no celebrarían tal distensión los contribuyentes estadounidenses si supieran de esta realidad, que en su mayoría ignoran.</p>
<p>Otro ejemplo palmario de la <strong>incompetencia norteamericana en negociaciones con Moscú</strong> fue el accionar del presidente <strong>Bill Clinton</strong> en el problema de<strong> Bosnia-Herzegovina</strong>. Clinton ordenó a <strong>Richard Holbrooke</strong> generar una reunión con las facciones beligerantes en <strong>Ohio</strong> para forjar un acuerdo; la reunión demoro 45 días. Mientras tanto, los rusos ayudaron a los serbios a terminar de asegurar todos sus territorios mal adquiridos, incluidas las zonas musulmanas y católicas. Estas idas y vueltas de Clinton y los rusos dieron lugar a los conocidos y desgraciados hechos de <strong>limpieza étnica dentro de Serbia</strong> configurando otro paso en falso de la diplomacia de los EEUU. Volviendo a Siria,<strong> ¿qué significa entonces el acuerdo Kerry-Lavrov?</strong> Sencillamente no es más que un entendimiento tácito de sus jefes Obama y Putin de que <strong>el uso de armas químicas, comprobado al menos en cuatro ocasiones, bien puede no ser considerado como un crimen de guerra.</strong> Por lo que no debe descartarse que los autores de estos delitos no sean castigados por el derecho internacional.</p>
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		<title>Comunidad internacional y crisis Siria: &#8220;opciones estratégicas&#8221;</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Jul 2013 04:39:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Dos años y cinco meses después del comienzo de la<strong> revolución siria</strong> y su posterior transformación en abierta guerra civil, la comunidad internacional se encuentra en una encrucijada histórica: intervenir directamente con el objetivo de destituir el régimen del <strong>presidente Bashar Al Assad</strong> para ayudar a construir un poder alternativo en <strong>Damasco</strong> o respaldar con poder suave a la oposición al punto de empujar al régimen a negociar su salida sin más opciones.</p>
<p>La administración estadounidense declaró el pasado 10 de junio que comenzaría el proceso de armar a la oposición. El <strong>Pentágono</strong> indicó que considera también otras medidas, incluyendo, muy posiblemente, una zona limitada de exclusión aérea sobre el asediado país. Pero incluso en este punto, el juego final de <strong>EEUU</strong> en <strong>Siria</strong> es incierto. <strong>Washington</strong> aún debe explicar sus planes estratégicos regionales con respecto de <strong>Irán</strong> y <strong>Hezbollah</strong> por un lado y a las milicias <strong>salafistas</strong> y <strong>yihadistas</strong> por el otro.</p>
<p><span id="more-126"></span>El envío de armas a la oposición, aunque legítimo y con el fin de que los opositores de Al Assad puedan defenderse de las fuerzas del régimen que cuenta con el abierto respaldo militar iraní, plantea importantes interrogantes. A saber: ¿La oposición será responsable del uso de las armas que reciba? ¿Cuáles serán los próximos pasos después de suministrar esas armas? ¿Será una guerra de largo plazo entre dos fuerzas iguales con miles de bajas civiles o el equipamiento del <strong>Ejército Libre de Siria</strong> (<strong>ELS</strong>) creará un nuevo equilibrio de poder que llevará a ambos bandos a reconocer que la resolución del conflicto no va a pasar por una solución militar y que el consenso es la única opción viable para ponerle fin?</p>
<p>Observando el comportamiento del régimen, particularmente desde que recupero la estratégica ciudad de <strong>Qusayr</strong> en el centro del país, se ve claramente que no sólo ha detenido el impulso de los rebeldes, sino que ha pasado abiertamente a la ofensiva en varias zonas del país. La renuencia del régimen a aceptar un equilibrio de poder con la oposición como base para negociaciones políticas futuras, más el rechazo de <strong>Rusia</strong> para ejercer presión sobre sus aliados en <strong>Damasco y Teherán</strong> para que éstos acepten un reparto de poder real es lo que impulsó a Washington y sus aliados a reforzar las capacidades militares de la <strong>coalición anti-Assad</strong>, y lo mismo a explorar otras opciones más letales a futuro.</p>
<p>En los primeros meses de 2011, cuando estallaron las revueltas árabes, <strong>la Unión Europea y Washington siguieron la estrategia</strong> -errónea- <strong>de acompañar de cerca a &#8220;los grupos rebeldes&#8221;</strong>, esto se vio claramente con la caída de los regímenes de <strong>África del Norte</strong> y <strong>Yemen</strong>. En <strong>Túnez </strong>y <strong>Egipto</strong>, los manifestantes tuvieron apoyo moral y político de la administración <strong>Obama</strong>, de <strong>Francia</strong>, <strong>Italia</strong> e <strong>Inglaterra</strong>, incluso <strong>España</strong> envió tres aviones militares a patrullar <strong>Libia</strong>; sólo <strong>Alemania</strong> se mantuvo expectante y en segundo plano. Esto permitió que los <strong>regímenes árabes pro occidentales</strong> se desmoronaran y abrió camino a grupos rebeldes en la toma del poder político, entre ellos la<strong> Hermandad Musulmana</strong>, una agrupación radical que acaba de fracasar y caer estrepitosamente en Egipto. Pero en Libia, <strong>Khadafi</strong> no tuvo aliados ni simpatías occidentales y jamás obtuvo suministros ni logística de Rusia. La administración Obama apelo al Capítulo VII de la <strong>Carta de Naciones Unidas</strong> y basado en una resolución de la <strong>ONU</strong> de 1973 puso en marcha acciones conjuntas con la <strong>OTAN</strong> contra el régimen de Khadafi hasta su desaparición. Ya vimos qué mal funcionó eso. Hoy los salafistas gobiernan <strong>Trípoli</strong> y grupos satelitales de <strong>Al-Qaeda</strong> dominan sectaria y tribalmente el interior de Libia.</p>
<p>En cuanto a Siria, la administración Obama y <strong>Bruselas</strong> permitieron que la rebelión se cuele y prospere como ocurrió en Egipto en 2011 con la esperanza y en la apuesta de que la movilización de masas derrumbaría al régimen de Assad, o por lo menos incidiría -moral y psicológicamente- en el ejército para volverse contra su propio comandante en jefe. Esto no sucedió y fue otro eslabón erróneo en la cadena de equivocaciones de Washington y Bruselas.</p>
<p>Con ello se perdieron miles de vidas humanas y un año muy valioso. Durante la primera etapa de la revolución siria, el movimiento fue conducido sobre todo por liberales, laicos y seculares que organizaron manifestaciones y protestas en Damasco y varias ciudades del país. Ese año, las fuerzas estadounidenses todavía estaban desplegadas en <strong>Irak</strong>, muy cerca de la frontera Siria. Una rápida acción militar coordinada con <strong>Turquía, Jordania</strong> y otros socios regionales en apoyo de una sociedad civil movilizada, probablemente habría forzado a Assad a dejar el poder y buscar refugio en Rusia o en Irán. <strong>El presidente Obama debería haber resuelto el atolladero de Siria antes de la retirada de Irak, ‘‘pudo hacerlo, le faltó visión estratégica y coraje’’, se hubieran evitado miles de muertos inocentes</strong>. Y en ello cabe igual responsabilidad histórica para sus socios europeos.</p>
<p>En ese momento, las fuerzas norteamericanas estaban desplegadas a lo largo de la frontera siria con hombres, equipo, fuerza aérea y lo más importante, una fuerte y disuasiva presencia sobre Irán. Assad estaba prácticamente rodeado; Irán se mantuvo a raya y Turquía aún era virgen de sus protestas actuales. Y lo que es más relevante, el grupo islamista <strong>Al-Nusra</strong> (la filial de Al-Qaeda en Siria), no estaba todavía desplegado sobre el terreno ni había infiltrado la oposición Siria. El primer año de la crisis siria, de abril de 2011 hasta abril de 2012, mostró cuán lejos están la Unión Europea y los EEUU de entender y abordar con soluciones la realidad de Oriente Medio. Washington y Bruselas permitieron irresponsablemente que el escenario sirio cambiara tan drásticamente desde principios de 2013.</p>
<p><strong>Hoy la realidad política siria experimentó una profunda agudización de la crisis en dirección a la anarquía</strong>, ello aleja cualquier solución política del conflicto, esto se debió en gran parte a que durante los últimos meses de 2012, la campaña presidencial en EEUU impidió una decisión arriesgada de Obama para involucrarse en Siria por temor a perder el voto de los componentes de la izquierda y el centro del electorado estadounidense. En aquel momento de 2012 se podía buscar una salida negociada al controversial, la realidad actual se ha transformado y agudizado irreversiblemente sobre el terreno.</p>
<p>Ya no hay manifestaciones y movilizaciones civiles en Siria, los ciudadanos comunes se han retirado de plazas y calles, su objetivo principal es procurar alimento para sus familias y salvar la vida en el día a día. La lucha política callejera fue tomada por actores militares feroces y extremistas. <strong>El régimen lanzo una guerra abierta y sin retorno en la convicción que sobrevivirá si logra la supresión de sus contrincantes.</strong></p>
<p><strong>El presidente Assad no sólo combate con su fuerza aérea, tanques y artillería pesada. También lo hace con la ayuda de brigadistas de Hezbollah que operan desde Líbano respaldados por el Pasdaran iraní</strong> (un subconjunto de fuerzas armadas-religiosas). Assad dispone de suministros con total libertad a través de las fronteras de Irán e Irak que operan como canales abiertos debido a la retirada de EEUU, lo cual multiplicó la capacidad militar del régimen y profundizó su brutalidad. Su contrincante, el ELS ha comenzado a librar una guerra en paralelo con las milicias yihadistas de Al-Nusra, cuyo objetivo es instaurar en Siria la extensión del califato islamista que lograron imponer en <strong>Afganistán</strong> y parte de Irak. Hoy es difícil distinguir a los combatientes rebeldes y seculares sirios de los componentes islamistas dentro de la oposición, lo cual deslegitimó y quitó simpatía al ELS ante la opinión pública por el caso de la utilización de armas químicas por parte de ambos bandos, aunque sea de manera limitada.</p>
<p>Transitando mediados de 2013, <strong>la comunidad internacional debe tomar una decisión más compleja y mucho más peligrosa que antes</strong>. Tendrá que actuar en un nivel de equivalencias a los desafíos emergentes de las muchas mutaciones del conflicto. Un año atrás el escenario era muy diferente. Pero nada se hizo y la inacción, como las políticas equivocadas, tiene su coste en Oriente Medio.</p>
<p>Después de la crucial batalla de Qusayr de mayo pasado y gracias a la participación de las bien entrenadas fuerzas especiales de Hezbollah y los asesores militares iraníes, las tropas de Assad recuperaron posiciones y desalojaron a los rebeldes. El régimen se fortaleció y extendió su ofensiva hacia varios frentes rebeldes. Bruselas y Washington se mantuvieron a la espera de la evolución de la batalla de Qusayr, ahora deben entender que cambio el <em>status quo</em> sobre el terreno, que Rusia no convencerá al régimen de hacer concesiones y que Assad no negociara nada en <strong>Ginebra</strong>.</p>
<p>La batalla de Qusayr ha sido bisagra militar para el régimen que lanzó una contraofensiva demoledora sobre los rebeldes e hizo que el presidente no considere negociación alguna que no sea en beneficio de su permanencia en el poder. Este escenario, por fin, llevó a la administración Obama y al liderazgo europeo a considerar una estrategia diferente y a informar públicamente que armaran a los insurgentes y posiblemente establecerán una zona de exclusión aérea sobre los cielos sirios. El movimiento es en la dirección correcta, pero tardío y lento. Sin embargo, debe ser desarrollado y comprendido estratégicamente. El plan de Washington y Bruselas debe englobar aspectos vitales para enfrentar las consecuencias de una intervención en Siria, independientemente del alcance y tamaño que esta suponga.</p>
<p>Los principales interrogantes que deben ser considerados ante los retos estratégicos en tal dirección, a mi juicio son:</p>
<p>a) <strong>¿Quién es y quién será el socio estratégico militar y político dentro de Siria de principio a fin de cualquier operación Occidental?</strong> ¿Quiénes se harán cargo de los ministerios en Damasco y controlaran la seguridad y la estabilidad una vez que se produzca el cambio político, si se produce?</p>
<p>b) <strong>¿Cuál será la participación árabe junto a EEUU y la UE? ¿</strong>Hasta dónde llegará el apoyo de los países del Golfo, Jordania y Turquía, sobre todo si Irán participara militarmente de forma directa a favor de Assad?</p>
<p>c) <strong>¿Cuál es el plan de neutralización y respuesta si Hezbollah e Irán reaccionan a la implicación de la UE y EEUU?</strong> ¿Existe una estrategia que incluya una respuesta global de Bruselas y Washington a un movimiento de fuerza en tal sentido por parte de Irán?</p>
<p>d) Por último, pero no menos importante,<strong> ¿Hacia dónde marchará políticamente Siria después que Assad se haya ido?</strong> ¿Será una democracia laica, un régimen islamista-teocrático o un gobierno militar?<strong> Es crucial comprender y evaluar nuevas opciones estratégicas antes de que comience el compromiso de la comunidad internacional para que todos los actores sean conscientes de las implicancias del proceso</strong>. Pero fundamentalmente, de las consecuencias de tal proceso para no repetir historias fallidas como la que estamos viendo por estos días en Egipto, y sobre todo, para dar la oportunidad al pueblo sirio de encaminarse en paz al progreso y la modernidad, dejando atrás esta oscura y dolorosa etapa que ha manchado como nunca su milenaria historia y cobrado la vida de miles de inocentes.</p>
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