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	<title>George Chaya &#187; Afganistán</title>
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		<title>Israel no es el problema</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Aug 2014 10:41:58 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>En esta columna de hoy, bien podría compartir con ustedes algunos hechos históricos fascinantes de la milenaria cultura árabe. También pensamientos y magníficas experiencias acerca de esa antigua cultura. Pero claro, en estos días, todas las personas parecieran estar en carne viva, hablan, entienden y hasta pareciera que tienen la solución a lo que está sucediendo en Gaza, con el conflicto Palestino-Israelí. Me referiré a ello solamente de paso y, en todo caso, será tema de un próximo análisis.</p>
<p>Hoy prefiero dedicar la mayor parte de mi artículo a pensar con ustedes sobre la amplitud del escenario geográfico de aquella región que conocemos como <i>&#8220;mundo árabe&#8221;</i> y al impacto de los hechos que allí se producen, algo que abordé en varios de mis artículos y análisis por los últimos años. Para ello, le solicito como lector localizarse específicamente en la zona que va de <b>Marruecos a Pakistán</b>, un área predominantemente árabe y musulmana, pero que también incluye significativas minorías de otras creencias.</p>
<p><span id="more-381"></span></p>
<p>Usted puede preguntarse por qué dejo de lado a Israel y sus asuntos. La respuesta es: porque Israel, y cualquier problema relacionado con ese país, no importa qué pueda usted leer u oír en medios de comunicación del mundo, no es el eje central, ni jamás ha sido el trastorno de la zona de la que hablamos. Contrario a ello, <strong>Israel no es parte del problema, más bien es parte de la solución a la locura generalizada y estimulada por el terror fanático e irracional.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La disfuncionalidad psico-sociológica de una región</strong></p>
<p>Es cierto que sí existe un conflicto Palestino-Israelí desde más de 60 años. Pero no es allí donde se centra o radica el núcleo del asunto principal de la disfuncionalidad arabe-islámica.</p>
<p>Los millones de seres humanos que murieron en la guerra entre Irán e Irak desde 1980 y hasta 1988, no tenían nada que ver con Israel. Los asesinatos masivos en Sudán, donde los islamistas están masacrando a sus ciudadanos negros no musulmanes, no tienen nada que ver con Israel. Tampoco con Europa o con EEUU. Los recurrentes informes sobre<b> Libia </b>y el asesinato de miles de civiles en una aldea u otra a manos de los fundamentalistas islámicos de <b>Al-Qaeda</b> -los mismos a los que Europa y el presidente <b>Obama </b>ayudaron a derrocar a <b>Khaddafi</b>- no tiene nada que ver con las acusaciones árabes al imperialismo estadounidense, al colonialismo europeo o al sionismo israelí.</p>
<p>Tampoco <b>Saddam Hussein</b> invadió <b>Kuwait</b> en su tiempo, ni puso en peligro a <b>Arabia Saudita</b>, ni asesinó gaseando masivamente a sus propios ciudadanos a causa de Israel. <b>Egipto</b> no usó gas venenoso contra <b>Yemen</b> en los años 60 a causa de Israel. El fallecido presidente sirio <b>Haffez Al-Assad</b> no mató en una semana a treinta mil de sus propios ciudadanos en 1982 en el pueblo de Hamma, en Siria, a causa de Israel, y lo mismo para con los más ciento ochenta mil muertos que ha sabido generar su vástago <b>Bachar</b> en los últimos tres años de la mal llamada primavera siria. P<strong>or cierto, en el campo sirio, “es penoso escuchar el silencio” de colegas de analistas occidentales</strong> que desgranaron aplauso los primeros días de la revolución siria ahora que la guerra civil es abierta ya no hablan de eso.</p>
<p>El control criminal del <i>talibán </i>en <b>Afganistán</b> y la guerra civil en ese país, no tuvo nada que ver con Israel, con Occidente ni con cualquier forma de imperialismo que haya pretendido avasallar la cultura árabe islámica. El terror de organizaciones como <b>Hezbollah</b>, quien secuestro al Estado legal libanes, no tiene que ver con Occidente ni con los judíos. Lo mismo aplica para la organización terrorista <b>Hamas</b>, que asesinó y depuso la autoridad de sus hermanos palestinos representados por el presidente <b>Mahmoud Abbas</b> en la Franja de <b>Gaza.<br />
</b><br />
<b>Usted puede tomarlo o dejarlo, pero si desea continuar leyendo, deberíamos pensarlo con amplitud, mal que les pese a los simpatizantes del terror yihadista, a los arabistas fanáticos y a la izquierda lunática internacional. </b>Nada de esto, ni las masacres diarias entre chiitas y sunitas en el <b>Irak</b> actual tienen que ver con Israel. Pretender ocultar estos hechos o negarlos, no solo no le hace bien al mundo árabe, sino que resulta una afrenta a la verdad histórica sobre la crueldad de gobiernos y regímenes árabes para con sus propios ciudadanos.</p>
<p>El origen del problema al que hoy muchos asisten como testigos sorprendidos, es que esta región donde la ideología integrista avanzó y se afianzó exitosamente en distintos países fue convertida absolutamente en disfuncional en toda su extensión y, bajo cualquier estándar conocido por el mundo moderno. Y lo cierto es que: <b>&#8220;la región hubiera sido disfuncional aunque Israel se hubiera integrado a la Liga Árabe y una Palestina independiente hubiera existido desde hace 70 años&#8221;.</b></p>
<p>Los 22 países miembros de la Liga Árabe, desde <b>Mauritania hasta los Estados del Golfo</b>, tienen una población total de unos 500 millones de personas, casi tan grande como la Unión Europea antes de su expansión y, ocupan un área mayor que los EE.UU. o que toda Europa.</p>
<p>Estos 22 países, con todos sus recursos naturales y el petróleo, tienen un Producto Nacional Bruto (PNB) menor que el de los Países Bajos más Bélgica e igual al de la mitad del PNB de -solamente- el estado de California. Dentro de este exiguo PNB, las brechas entre ricos y pobres exceden la credibilidad y comprensión de un ser humano normal y bien intencionado. Allí, demasiados ricos acumularon su dinero no por triunfar en los negocios sino por ser gobernantes corruptos. <strong>El estatus social de las mujeres es mucho peor de lo que era en el Mundo Occidental hace 200 años</strong>. <strong>Los derechos humanos están por debajo de cualquier estándar</strong> razonable a pesar del grotesco ex presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, quien sostuviera cándidamente en su discurso de 2011, en la sede propia de la ONU su discurso más ridículo señalando que en Irán “no había prostitutas, ni existía tal cosa a la que denominar homosexualidad”.</p>
<p>Según el informe preparado por un comité de intelectuales árabes y publicado bajo los auspicios de Naciones Unidas en El Cairo, antes que Mubarak sea destituido por los islamistas de la Hermandad Musulmana, el número de libros traducidos por el mundo árabe entero era mucho menor que el traducido por apenas la pequeña Grecia.</p>
<p>Todo esto está sucediendo en una región que hace apenas 40 años la <b>OPEP </b>consideraba como la segunda zona más rica del planeta y, dentro de un área mayoritariamente musulmana que desarrolló en algún momento de la historia una de las culturas más avanzadas del mundo. Si lo desea, usted está en derecho de preguntarse: entonces, <b>¿por qué esto está sucediendo?</b><b> </b></p>
<p>También es un hecho que casi todos los gobiernos en la región culpan de esta situación a los EEUU, a la civilización occidental, al judaísmo, al budismo, a todos y a todo, “excepto a ellos mismos”.</p>
<p>¿Conoció Usted algún presidente o funcionario importante de algún gobierno árabe que haya hecho una sincera autocrítica sobre estos temas? ¿Puede usted mencionar algún presidente árabe que haya reconocido el fracaso de su gestión de gobierno? Pues por más que busquemos en la historia no encontraremos más que el acto de valentía y visión estratégica del presidente egipcio <b>Anwar el-Saddat</b>, claro que ello lo llevo a su propia muerte; fue asesinado por la Hermandad Musulmana egipcia por firmar la paz con los israelíes.</p>
<p>Justo es decir también que en esa región viven millones de personas decentes, honestas y buenas, que son musulmanes devotos o que no son muy religiosos. Hoy, muchos de ellos son víctimas por partida doble de un mundo exterior que, a partir del avance de grupos islamistas, está desarrollando rechazo hacia ellos por el solo hecho de ser árabes. Estas personas, también son, y debe ser dicho, victimas de su propio hábitat que les divide el corazón por ser total y absolutamente disfuncional.</p>
<p>La situación a tener en claro es que <strong>la vasta mayoría silenciosa de los musulmanes no forman parte del terror y de la incitación, pero tampoco se manifiestan en su contra</strong>. Esto hace que muchos ciudadanos en Occidente, equivocadamente, los consideren cómplices por omisión y esto aplica al liderazgo político, a intelectuales, hombres de negocios y a muchos otros que <strong>ignoran que la inmensa mayoría de los musulmanes son absolutamente capaces de diferenciar entre el bien y el mal</strong>; pero están condicionados y tienen miedo a expresar sus puntos de vista por diferentes y conocidas razones. La persecución, el encarcelamiento, el secuestro, la tortura y el asesinato es muy común entre aquellos que se manifiestan públicamente en contra del yihadismo en sus países.</p>
<p>Los eventos de los últimos años han disparado situaciones que siempre han existido en el mundo árabe, no son situaciones nuevas o desconocidas. Aunque nunca han estado tan desenfrenadas como en la actual agitación regional.</p>
<p>Usted como lector podrá escoger y formar su opinión sobre el tema. Sin embargo, debe saber que pasarán unos cuantos años antes de que el mundo reconozca que estamos inmersos en una<b> guerra de las ideas</b> que ya ha manifestado no pocas y brutales acciones militares. Usted podrá tomar su propia posición al respecto, podrá negarlo o aceptarlo, ese no es mi problema. Mi obligación es contribuir a que lo piense, pues ya estamos bien metidos en esa guerra. Y mientras más demore el mundo y la opinión pública en reconocerlo, más cruenta será esa confrontación en el costo de vidas humanas.</p>
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		<title>Elecciones en Afganistán: la expansión persa y el retorno del fundamentalismo</title>
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		<pubDate>Fri, 10 Jan 2014 19:46:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Con la publicación de la lista oficial de candidatos a la presidencia afgana, se ha completado un aspecto clave y fundamental de la estrategia del presidente <strong>Barack Obama</strong> para que la retirada estadounidense de <strong>Afganistán</strong> se efectúe según la agenda de Washington. El plan de la administración Obama es <strong>poner fin a los 13 años de presencia de Estados Unidos en el país a finales de este año</strong>. Las elecciones presidenciales en Afganistán están previstas para abril de 2014 y se supone que ellas deben proporcionar el marco político que permita y dé lugar al retiro de los EEUU.</p>
<p><strong> Lo cierto es que hay tres problemas con esa estrategia de Washington</strong>. A saber:</p>
<p>a) El primero es que el anuncio de la retirada ha animado a los opositores del actual <em>status quo</em>, especialmente a los <strong>talibanes</strong>, a reorganizarse y prepararse para un nuevo intento para la toma del poder una vez que los norteamericanos se hayan marchado.</p>
<p>b) El segundo problema es que con EEUU fuera del marco de la seguridad militar necesaria para la estabilidad del país, sea quien fuera elegido presidente de Afganistán, le resultará muy difícil &#8220;<strong>ejercer y mantener el poder real</strong>&#8220;, y como máximo, se convertiría en otro líder de facción respaldado por su tribu y/o comunidad étnica. <span id="more-239"></span>c) A mi juicio, el prematuro retiro de EEUU plantea un tercer problema. Y es que intensificará la rivalidad entre las potencias regionales, especialmente <strong>Irán, Pakistán y Rusia,</strong> ninguno de los cuales desea ver un Afganistán democrático en su patio trasero.<strong> Irán ha inyectado miles de millones de dólares buscando obtener influencia en Afganistán</strong>. En la última década, Irán ha sido el segundo mayor donante de ayuda a Afganistán después de EEUU y en la misma forma en que explotaron la retirada de Obama de Irak, los <strong><em>khomeinistas</em> </strong>aspiran a llenar el vacío estadounidense y tomar Afganistán para expandir así la <strong>Revolución Islámica</strong> y ganar terreno en su disputa con los países árabes del <strong>Golfo </strong>socios de <strong>Arabia Saudita</strong>. Por otra parte, consciente de su creciente impopularidad en Afganistán, <strong>Rusia</strong> acompaña estratégicamente la pujante penetración iraní para construir un <strong>nuevo bloque antiestadounidense</strong> y esta nueva táctica de <strong>Moscú</strong> está teniendo éxito.</p>
<p>Por su parte, <strong>Pakistán</strong> está decidido a asegurar una posición dominante en Afganistán en el contexto de su propio enfrentamiento con la <strong>India</strong>. Para Pakistán, Afganistán es una provincia más de su país y le proporcionaría profundidad estratégica a sus intereses. Al mismo tiempo y debido a su lucha regional contra Irán, varios países árabes han decidido apoyar la política de Pakistán dentro de Afganistán. A cambio, llegado el momento, Pakistán podría abastecer a los países sunitas con ojivas nucleares si es necesario hacer frente a una amenaza nuclear de Irán.</p>
<p>La ironía en esto es que fue Washington quien impuso el sistema presidencial en Afganistán, donde la ausencia de una administración fuerte y un ejército eficaz ha hecho que el ejercicio del poder centralizado se convierta en un grave problema. Esto es evidente y el ejemplo palmario es que por más de una década la seguridad personal del presidente afgano ha sido proporcionada por fuerzas especiales estadounidenses.</p>
<p>Afganistán fue creado como un ‘<strong>Estado tapón’</strong> para mantener separados los tres poderes históricamente rivales en la zona (<strong>Rusia, Gran Bretaña e Irán</strong>). Esta rivalidad regional que naciera en los 80 llegó a ser conocida como ‘<strong>El Gran Juego</strong>’ y ha sido una galaxia de comunidades tribales, étnicas y religiosas que coexistían bajo la autoridad de un poder frágil y desconectado de <strong>Kabul</strong>. Los comunistas que tomaron el poder con la ayuda de la <strong>Unión Soviética</strong> en 1977 ignoraron este hecho y trataron de imponer un sistema centralizado. Tal error estratégico arrastró a Moscú a una guerra imposible de ganar.</p>
<p>Luego del retiro soviético, los paquistaníes y sus aliados árabes cometieron un error similar cuando crearon los <strong>talibanes</strong>, aunque éstos les ayudaron a apoderarse de Kabul. El resultado fueron años de guerra que acabaron con la intervención estadounidense de 2002.</p>
<p>Cuando los talibanes fueron desalojados de Kabul, lo más efectivo hubiera sido ayudar a los afganos a construir un sistema parlamentario federal con la presidencia como una función simbólica. Pero la administración <strong>Bush</strong> rechazó esa opción por asumir que Estados Unidos permanecería en Afganistán el tiempo suficiente para cambiar la cultura política de esa nación. Similares estrategias se habían aplicado con éxito en el pasado en países como <strong>Alemania Occidental, Corea del Sur y Japón</strong>, donde décadas de presencia militar y política de EEUU ayudaron a forjar una nueva cultura democrática. Pero nada de esto ocurrió en Afganistán ni en <strong>Irak</strong>. El presidente Obama, sucesor de <strong>George Bush</strong>, se negó a proporcionar un compromiso a largo plazo para que tal cosa suceda. Washington no hizo nada para convencer a los afganos en desarrollar un sistema parlamentario basado en el compromiso de la unificación territorial del poder político. Hoy, EEUU dejará Afganistán con profundos y cuantiosos problemas, muchos de ellos, en parte, provocados por las peculiaridades de la política estadounidense.</p>
<p>Ninguno de los 12 candidatos aprobados a participar en la futura elección presidencial tiene la estatura para unificar a los afganos que, muy posiblemente, caigan nuevamente bajo la égida de grupos violentos y fundamentalistas luego de la retirada estadounidense.</p>
<p>Cinco candidatos disfrutan en alguna medida de mayor reconocimiento por sobre el resto, pero no alcanzara para pacificar Afganistán. Uno es el señor <strong>Abdul Rasul-Sayyaf</strong>, un antiguo líder muyahidín hoy respaldado por <strong>Pakistán</strong>, pero inaceptable para las comunidades étnicas de los tayikos y uzbekos. Otro es <strong>Abdullah Zamariani,</strong> ex ayudante del legendario líder muyahidín<strong> Ahmad Shah Massoud.</strong> Zamariani es muy popular entre los tayikos, pero carece de base y aceptación entre los <strong>pastunes</strong>, que representan casi el 40 % de la población. En tanto el ex ministro de Finanzas <strong>Ashraf Ghani</strong> podría tener el perfil de hombre de Estado, pero le falta el carisma para entusiasmar a la comunidad pastún y es percibido como cercano a EEUU.</p>
<p>Al mismo tiempo, <strong>desde Irán el flujo de dinero es monumental a favor de Qutbuddin Hilal,</strong> un ex líder del <strong>Hezb-Al Islamiyye (Partido Islámico)</strong> y hoy aliado táctico de los talibanes. Por último, otro de los candidatos es<strong> Ghul Agha Sherzai</strong>, un ex comandante de la guerrilla más dura del país y con poca ascendencia tribal pero con un importante ejército propio afincado en la zona montañosa del triangulo fronterizo con Pakistán, zona conocida como la de mayor producción de droga de la región y con importante ascendencia dentro de las fuerzas militares y de seguridad.</p>
<p>Para complicar aún más las cosas, el presidente<strong> Hamid Karzai</strong> decidió jugar la carta nacionalista firmando un acuerdo que permitiría a una fuerza simbólica de la <strong>OTAN</strong> permanecer en Afganistán en el marco de un proyecto de capacitación en seguridad. Pero al mismo tiempo, Karzai también está cortejando a los <strong>mullah </strong>de <strong>Teherán</strong> con la esperanza de que el apoyo de Irán ayude a su facción a retener la presidencia. El resultado es una gran confusión en todo el escenario interno afgano.</p>
<p>Después de aportar cantidad de sangre y dinero en la liberación de Afganistán, muchos piensan que EEUU tendrá influencia en el desarrollo y el resultado de las elecciones afganas. Pero la conducción política estadounidense no ha estado a la altura de las circunstancias, <strong>EEUU se ha comportado como una potencia débil en su política exterio</strong>r. Esto ha quedado muy claro en el desinterés de la administración Obama a nivel regional. En el pasado reciente fue Irak, hoy es Afganistán. Ambos casos muestran que <strong>EEUU ha convertido victorias militares contra el terrorismo en derrotas diplomáticas</strong> que abren peligrosamente la ruta al regreso de la violencia sectaria allí. Y peor aún, a una desenfrenada escalada nuclear regional planteada por Teherán a la cual los países árabes del Golfo no piensan ceder protagonismo.</p>
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		<title>La guerra siria no se puede ganar</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Sep 2013 11:26:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Estados Unidos continua sin comprender que debe desarrollar una política intermedia entre la estrategia de ‘ir por todo’ de <b>George Bush </b>y ‘la parálisis’ de <b>Barack Obama</b>, que ahora busca el apoyo del voto democrata en el Congreso para, eventualmente, compartir responsabilidades ante un nuevo fracaso como <strong>Irak o Afganistán</strong>, o para compartir la humillación de retirarse sin intervenir luego de enviar gran parte de su flota a las costas de <strong>Siria</strong>.</p>
<p>Lo concreto es que para resolver el conflicto sirio se debe considerar el caso de Irak. La lección de Siria es que allí <strong>están en juego profundos intereses y conflictos entre corrientes históricas: Arabia Saudita-Qatar-Irán, suníes contra alawitas y chiitas y, por si fuera poco también kurdos contra árabes.</strong> Pero hay similitudes con Irak, donde EEUU debió mantener sus tropas un tiempo más para ayudar a transitar del sectarismo al pluralismo y no intentar resolver las cosas con unas elecciones insustentables como las 2010. Si decidieron ir allí, debieron quedarse lo necesario y no huir pavorosamente como lo decidió el señor <b>Obama </b>en su tiempo.</p>
<p>El modo de detener la guerra siria debe ser proporcionar un marco legal que asegure a los alawitas que no habrá venganza contra ellos en la era post-Assad. Esto liberaría el peligro real de que Siria se convierta en un Estado fallido ganado por el caos y que la guerra continúe profundizando el odio sectario. S<strong>e equivoca el gobierno estadounidense y también el francés cuando emiten declaraciones apoyando la idea de rendición de cuentas de Assad y sus allegados</strong>. Esas posiciones son entendidas por la secta alawita -a la que el presidente y su familia pertenecen- como una lucha a muerte y aleja cualquier posibilidad de reconciliación en el país.</p>
<p>Lo que debe primar es un programa de &#8220;<strong>verdad y reconciliación</strong>&#8221; como el que ayudó a resolver graves conflictos en <strong>Sudáfrica e Irlanda del Norte</strong>. Un proceso de transición podría comenzar con expertos internacionales y locales del régimen y de los rebeldes. Los partidarios de Assad que acordaran cooperar podrían obtener una amplia amnistía y bien podrían integrar un nuevo gobierno de transición. Ello detendría la guerra civil. A los alawitas que no están en el círculo íntimo de Assad se les debe ofrecer la seguridad de que no habrá represalias contra ellos; no cabe duda que muchos alawitas están con Assad porque temen que su caída comprometa su propia supervivencia. La gran mayoría cree que serán ejecutados sin opción alguna y este hecho está ayudando a Assad a militarizar toda la secta en una lucha de vida o muerte.</p>
<p>El tiempo se agota para Siria y el país se derrumba hacia un Estado fallido y anárquico. Con los los coches bombas estallando en Damasco, algunos de los comandantes rebeldes ya están tomando justicia por mano propia y actúan igual a los shabihas (paramilitares del régimen). Sin una solución política, Siria se transformara en un infierno por largo tiempo.</p>
<p>Lo cierto es que Siria es el espejo de Irak. La única forma de ver ahí una transición moderada y pluralista es con un acuerdo y un programa consensuado por una resolución de <strong>Naciones Unidas</strong> respaldada por <strong>Rusia</strong> y con un árbitro que seduzca, convenza y obligue a todas las partes a vivir juntas.<b> </b></p>
<p><b>La guerra siria no se puede ganar.</b> <b>Sólo se puede suprimir. Eso es el Oriente Medio y el Mundo Árabe. Es hora de que Occidente lo entienda y se pregunte qué fines desea y persigue en la región. Y en tal caso, más nos vale que escojan los medios adecuados para alcanzarlos, nos gusten o no, porque lo que allí suceda impactará en todo el mundo.</b></p>
<p>Los Estados Unidos y la Unión Europea deben comprender que no pueden cambiar sus políticas regionales y no pagar el precio por ello.</p>
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		<title>Comunidad internacional y crisis Siria: &#8220;opciones estratégicas&#8221;</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Jul 2013 04:39:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Dos años y cinco meses después del comienzo de la<strong> revolución siria</strong> y su posterior transformación en abierta guerra civil, la comunidad internacional se encuentra en una encrucijada histórica: intervenir directamente con el objetivo de destituir el régimen del <strong>presidente Bashar Al Assad</strong> para ayudar a construir un poder alternativo en <strong>Damasco</strong> o respaldar con poder suave a la oposición al punto de empujar al régimen a negociar su salida sin más opciones.</p>
<p>La administración estadounidense declaró el pasado 10 de junio que comenzaría el proceso de armar a la oposición. El <strong>Pentágono</strong> indicó que considera también otras medidas, incluyendo, muy posiblemente, una zona limitada de exclusión aérea sobre el asediado país. Pero incluso en este punto, el juego final de <strong>EEUU</strong> en <strong>Siria</strong> es incierto. <strong>Washington</strong> aún debe explicar sus planes estratégicos regionales con respecto de <strong>Irán</strong> y <strong>Hezbollah</strong> por un lado y a las milicias <strong>salafistas</strong> y <strong>yihadistas</strong> por el otro.</p>
<p><span id="more-126"></span>El envío de armas a la oposición, aunque legítimo y con el fin de que los opositores de Al Assad puedan defenderse de las fuerzas del régimen que cuenta con el abierto respaldo militar iraní, plantea importantes interrogantes. A saber: ¿La oposición será responsable del uso de las armas que reciba? ¿Cuáles serán los próximos pasos después de suministrar esas armas? ¿Será una guerra de largo plazo entre dos fuerzas iguales con miles de bajas civiles o el equipamiento del <strong>Ejército Libre de Siria</strong> (<strong>ELS</strong>) creará un nuevo equilibrio de poder que llevará a ambos bandos a reconocer que la resolución del conflicto no va a pasar por una solución militar y que el consenso es la única opción viable para ponerle fin?</p>
<p>Observando el comportamiento del régimen, particularmente desde que recupero la estratégica ciudad de <strong>Qusayr</strong> en el centro del país, se ve claramente que no sólo ha detenido el impulso de los rebeldes, sino que ha pasado abiertamente a la ofensiva en varias zonas del país. La renuencia del régimen a aceptar un equilibrio de poder con la oposición como base para negociaciones políticas futuras, más el rechazo de <strong>Rusia</strong> para ejercer presión sobre sus aliados en <strong>Damasco y Teherán</strong> para que éstos acepten un reparto de poder real es lo que impulsó a Washington y sus aliados a reforzar las capacidades militares de la <strong>coalición anti-Assad</strong>, y lo mismo a explorar otras opciones más letales a futuro.</p>
<p>En los primeros meses de 2011, cuando estallaron las revueltas árabes, <strong>la Unión Europea y Washington siguieron la estrategia</strong> -errónea- <strong>de acompañar de cerca a &#8220;los grupos rebeldes&#8221;</strong>, esto se vio claramente con la caída de los regímenes de <strong>África del Norte</strong> y <strong>Yemen</strong>. En <strong>Túnez </strong>y <strong>Egipto</strong>, los manifestantes tuvieron apoyo moral y político de la administración <strong>Obama</strong>, de <strong>Francia</strong>, <strong>Italia</strong> e <strong>Inglaterra</strong>, incluso <strong>España</strong> envió tres aviones militares a patrullar <strong>Libia</strong>; sólo <strong>Alemania</strong> se mantuvo expectante y en segundo plano. Esto permitió que los <strong>regímenes árabes pro occidentales</strong> se desmoronaran y abrió camino a grupos rebeldes en la toma del poder político, entre ellos la<strong> Hermandad Musulmana</strong>, una agrupación radical que acaba de fracasar y caer estrepitosamente en Egipto. Pero en Libia, <strong>Khadafi</strong> no tuvo aliados ni simpatías occidentales y jamás obtuvo suministros ni logística de Rusia. La administración Obama apelo al Capítulo VII de la <strong>Carta de Naciones Unidas</strong> y basado en una resolución de la <strong>ONU</strong> de 1973 puso en marcha acciones conjuntas con la <strong>OTAN</strong> contra el régimen de Khadafi hasta su desaparición. Ya vimos qué mal funcionó eso. Hoy los salafistas gobiernan <strong>Trípoli</strong> y grupos satelitales de <strong>Al-Qaeda</strong> dominan sectaria y tribalmente el interior de Libia.</p>
<p>En cuanto a Siria, la administración Obama y <strong>Bruselas</strong> permitieron que la rebelión se cuele y prospere como ocurrió en Egipto en 2011 con la esperanza y en la apuesta de que la movilización de masas derrumbaría al régimen de Assad, o por lo menos incidiría -moral y psicológicamente- en el ejército para volverse contra su propio comandante en jefe. Esto no sucedió y fue otro eslabón erróneo en la cadena de equivocaciones de Washington y Bruselas.</p>
<p>Con ello se perdieron miles de vidas humanas y un año muy valioso. Durante la primera etapa de la revolución siria, el movimiento fue conducido sobre todo por liberales, laicos y seculares que organizaron manifestaciones y protestas en Damasco y varias ciudades del país. Ese año, las fuerzas estadounidenses todavía estaban desplegadas en <strong>Irak</strong>, muy cerca de la frontera Siria. Una rápida acción militar coordinada con <strong>Turquía, Jordania</strong> y otros socios regionales en apoyo de una sociedad civil movilizada, probablemente habría forzado a Assad a dejar el poder y buscar refugio en Rusia o en Irán. <strong>El presidente Obama debería haber resuelto el atolladero de Siria antes de la retirada de Irak, ‘‘pudo hacerlo, le faltó visión estratégica y coraje’’, se hubieran evitado miles de muertos inocentes</strong>. Y en ello cabe igual responsabilidad histórica para sus socios europeos.</p>
<p>En ese momento, las fuerzas norteamericanas estaban desplegadas a lo largo de la frontera siria con hombres, equipo, fuerza aérea y lo más importante, una fuerte y disuasiva presencia sobre Irán. Assad estaba prácticamente rodeado; Irán se mantuvo a raya y Turquía aún era virgen de sus protestas actuales. Y lo que es más relevante, el grupo islamista <strong>Al-Nusra</strong> (la filial de Al-Qaeda en Siria), no estaba todavía desplegado sobre el terreno ni había infiltrado la oposición Siria. El primer año de la crisis siria, de abril de 2011 hasta abril de 2012, mostró cuán lejos están la Unión Europea y los EEUU de entender y abordar con soluciones la realidad de Oriente Medio. Washington y Bruselas permitieron irresponsablemente que el escenario sirio cambiara tan drásticamente desde principios de 2013.</p>
<p><strong>Hoy la realidad política siria experimentó una profunda agudización de la crisis en dirección a la anarquía</strong>, ello aleja cualquier solución política del conflicto, esto se debió en gran parte a que durante los últimos meses de 2012, la campaña presidencial en EEUU impidió una decisión arriesgada de Obama para involucrarse en Siria por temor a perder el voto de los componentes de la izquierda y el centro del electorado estadounidense. En aquel momento de 2012 se podía buscar una salida negociada al controversial, la realidad actual se ha transformado y agudizado irreversiblemente sobre el terreno.</p>
<p>Ya no hay manifestaciones y movilizaciones civiles en Siria, los ciudadanos comunes se han retirado de plazas y calles, su objetivo principal es procurar alimento para sus familias y salvar la vida en el día a día. La lucha política callejera fue tomada por actores militares feroces y extremistas. <strong>El régimen lanzo una guerra abierta y sin retorno en la convicción que sobrevivirá si logra la supresión de sus contrincantes.</strong></p>
<p><strong>El presidente Assad no sólo combate con su fuerza aérea, tanques y artillería pesada. También lo hace con la ayuda de brigadistas de Hezbollah que operan desde Líbano respaldados por el Pasdaran iraní</strong> (un subconjunto de fuerzas armadas-religiosas). Assad dispone de suministros con total libertad a través de las fronteras de Irán e Irak que operan como canales abiertos debido a la retirada de EEUU, lo cual multiplicó la capacidad militar del régimen y profundizó su brutalidad. Su contrincante, el ELS ha comenzado a librar una guerra en paralelo con las milicias yihadistas de Al-Nusra, cuyo objetivo es instaurar en Siria la extensión del califato islamista que lograron imponer en <strong>Afganistán</strong> y parte de Irak. Hoy es difícil distinguir a los combatientes rebeldes y seculares sirios de los componentes islamistas dentro de la oposición, lo cual deslegitimó y quitó simpatía al ELS ante la opinión pública por el caso de la utilización de armas químicas por parte de ambos bandos, aunque sea de manera limitada.</p>
<p>Transitando mediados de 2013, <strong>la comunidad internacional debe tomar una decisión más compleja y mucho más peligrosa que antes</strong>. Tendrá que actuar en un nivel de equivalencias a los desafíos emergentes de las muchas mutaciones del conflicto. Un año atrás el escenario era muy diferente. Pero nada se hizo y la inacción, como las políticas equivocadas, tiene su coste en Oriente Medio.</p>
<p>Después de la crucial batalla de Qusayr de mayo pasado y gracias a la participación de las bien entrenadas fuerzas especiales de Hezbollah y los asesores militares iraníes, las tropas de Assad recuperaron posiciones y desalojaron a los rebeldes. El régimen se fortaleció y extendió su ofensiva hacia varios frentes rebeldes. Bruselas y Washington se mantuvieron a la espera de la evolución de la batalla de Qusayr, ahora deben entender que cambio el <em>status quo</em> sobre el terreno, que Rusia no convencerá al régimen de hacer concesiones y que Assad no negociara nada en <strong>Ginebra</strong>.</p>
<p>La batalla de Qusayr ha sido bisagra militar para el régimen que lanzó una contraofensiva demoledora sobre los rebeldes e hizo que el presidente no considere negociación alguna que no sea en beneficio de su permanencia en el poder. Este escenario, por fin, llevó a la administración Obama y al liderazgo europeo a considerar una estrategia diferente y a informar públicamente que armaran a los insurgentes y posiblemente establecerán una zona de exclusión aérea sobre los cielos sirios. El movimiento es en la dirección correcta, pero tardío y lento. Sin embargo, debe ser desarrollado y comprendido estratégicamente. El plan de Washington y Bruselas debe englobar aspectos vitales para enfrentar las consecuencias de una intervención en Siria, independientemente del alcance y tamaño que esta suponga.</p>
<p>Los principales interrogantes que deben ser considerados ante los retos estratégicos en tal dirección, a mi juicio son:</p>
<p>a) <strong>¿Quién es y quién será el socio estratégico militar y político dentro de Siria de principio a fin de cualquier operación Occidental?</strong> ¿Quiénes se harán cargo de los ministerios en Damasco y controlaran la seguridad y la estabilidad una vez que se produzca el cambio político, si se produce?</p>
<p>b) <strong>¿Cuál será la participación árabe junto a EEUU y la UE? ¿</strong>Hasta dónde llegará el apoyo de los países del Golfo, Jordania y Turquía, sobre todo si Irán participara militarmente de forma directa a favor de Assad?</p>
<p>c) <strong>¿Cuál es el plan de neutralización y respuesta si Hezbollah e Irán reaccionan a la implicación de la UE y EEUU?</strong> ¿Existe una estrategia que incluya una respuesta global de Bruselas y Washington a un movimiento de fuerza en tal sentido por parte de Irán?</p>
<p>d) Por último, pero no menos importante,<strong> ¿Hacia dónde marchará políticamente Siria después que Assad se haya ido?</strong> ¿Será una democracia laica, un régimen islamista-teocrático o un gobierno militar?<strong> Es crucial comprender y evaluar nuevas opciones estratégicas antes de que comience el compromiso de la comunidad internacional para que todos los actores sean conscientes de las implicancias del proceso</strong>. Pero fundamentalmente, de las consecuencias de tal proceso para no repetir historias fallidas como la que estamos viendo por estos días en Egipto, y sobre todo, para dar la oportunidad al pueblo sirio de encaminarse en paz al progreso y la modernidad, dejando atrás esta oscura y dolorosa etapa que ha manchado como nunca su milenaria historia y cobrado la vida de miles de inocentes.</p>
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