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	<title>Fernando Petrella &#187; Irán</title>
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		<title>Qué puede hacer Argentina en el Consejo de Seguridad</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Feb 2014 11:00:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Petrella</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas es el órgano más importante del sistema internacional.  Excepto la guerra de Vietnam, ninguna crisis susceptible de poner en peligro la paz ha sido soslayada  de su agenda, ya sea en su prevención, origen, desarrollo o arreglo sustentable. El Consejo siempre ha tenido que ver en alguna de dichas... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-petrella/2014/02/03/que-puede-hacer-argentina-en-el-consejo-de-seguridad/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El <strong>Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas</strong> es el órgano más importante del sistema internacional.  Excepto la guerra de Vietnam, ninguna crisis susceptible de poner en peligro la paz ha sido soslayada  de su agenda, ya sea en su prevención, origen, desarrollo o arreglo sustentable. El Consejo siempre ha tenido que ver en alguna de dichas etapas.</p>
<p>Por ello, los países con mayor vocación  internacional, procuran integrarlo con la máxima frecuencia posible. Este es el caso de <strong>Argentina que fue electa nueve veces</strong> y siempre por amplias mayorías,  en razón del realismo de sus iniciativas y de la eficacia de su diplomacia. En efecto, desde sus aporte a la solución de la <strong>crisis de Berlín</strong> - al comienzo de la guerra fría &#8211; a las cuestiones relacionadas al desarme nuclear y convencional, a la paz en Medio Oriente, pasando por  la guerra entre India y Paquistán, la cuestión de Namibia, Haití, la guerra del Golfo, los Balcanes, el terrorismo, Chipre, Irak y la crisis humanitaria en Kosovo, Argentina accionó siempre como actor internacional responsable y necesario.</p>
<p>Es que la diplomacia argentina nunca fue entrenada para “bailar el minué de la alfombra roja”, para comprar <strong>ideologismos paralizante</strong>s o para aparecer solo con lo “justo”. Operó con sacrificio y éxito en los escenarios más complejos, coordinando  siempre sus acciones con los actores más afectados  y con los países  relevantes dentro y fuera del Consejo de Seguridad. Esto, porque en el escenario multilateral, es mejor actuar “de más”, en las buenas causas, que mantenerse al margen y hacer apenas lo “correcto”.</p>
<p>El Consejo es, por su misma naturaleza, un órgano para la acción, para las propuestas concretas y no necesariamente orientado a la retórica, por valiosa y articulada que esta pueda resultar. Esa visión estrictamente de servicio es lo que, tempranamente, aprendieron los funcionarios argentinos de las actitudes de <strong>Hipólito Irigoyen</strong> en la <strong>Liga de las Naciones</strong>, en 1918, de la Paz del Chaco con <strong>Carlos Saavedra Lamas</strong> y de la generosidad respecto de  los  perseguidos por el nazismo,  de los refugiados de la guerra civil española, del golpe de Augusto Pinochet en Chile o los disidentes de la <strong>dictadura cubana</strong>, para citar solo algunos ejemplos.</p>
<p>De allí que en cierto modo sorprende que, habiendo transcurrido un año del actual mandato argentino en el Consejo de Seguridad, <strong>no se haya conocido</strong>, o discutido –en el Congreso o en los medios académicos- <strong>alguna iniciativa de nuestro país</strong> en dicho órgano. Tampoco ha sido el caso de la “Cooperación de la UN con los organismos regionales y subregionales en el mantenimiento de la paz y la seguridad….” presentado por la señora presidente <strong>Cristina Fernández de Kirchner</strong> el 6 de agosto pasado en el ejercicio de la presidencia (S/PV.7015). Tal vez habría ahora que concentrarse en los casos de <strong>Irán y Siria </strong> que son típicos asuntos de extrema gravedad y sensibilidad en los que Argentina  puede realizar una contribución sólida,  acorde con su tradición histórica.</p>
<p>Al respecto parece necesario evitar dos actitudes. Por un lado, una suerte de sentimiento aislacionista falsamente “protector” y por otro, el temor a un eventual fracaso. Desafiando esas circunstancias Brasil, durante su reciente pasó por el Consejo, <strong>se alió a Turquía</strong> para participar en las negociaciones sobre el <strong>desarrollo nuclear de Irán</strong> que llevaban adelante el Secretario General Ban ki Moon y los miembros permanentes del Consejo. Al margen de su resultado, dicha actitud fue acertada. Si en algo se  la podría objetar es por no haber invitado también a países emergentes como Argentina, Sudáfrica y Ucrania que, dominando la tecnología para fabricar artefactos nucleares, decidieron autorestringirse, aunque sin limitar su desarrollo nuclear pacífico. Ese era ejemplo que habría que  haber ofrecido a Irán. Brasil buscó individualmente un “salto hacia la calidad”, asociándose con Turquía y ganar así mayor presencia internacional. Su actual <strong>asociación con Alemania para combatir el espionaje global</strong> es otro ejemplo de “salto hacia la calidad”, en una causa que suscita amplio consenso y que Argentina también apoya.</p>
<p>Argentina habría actuado igual que Brasil aunque, seguramente, hubiera incorporado a la iniciativa  a otros países con preocupaciones similares para consolidar, conjuntamente, las alianzas más calificadas adentro y afuera de la región.</p>
<p>Por ello es que <strong>Argentina no debería descuidar los espacios que el sistema internacional ofrece</strong> y que han sido  los ámbitos naturales de su accionar político y diplomático por mucho tiempo. Dicha actitud <strong>le restaría interlocución con los grandes actores</strong> que son, en definitiva, aquellos mejor munidos para ayudar a superar los propios problemas. Obtener diálogo fluido con esos actores constituye  el objetivo principal  de una  diplomacia motivada a servir los intereses de su país. Con ese propósito, el Consejo de Seguridad ofrece un instrumento insustituible  mediante los aportes prácticos que se realicen para la solución de las grandes crisis.</p>
<p>Pero, sin perjuicio de lo anterior, hay un importante motivo adicional a tener en cuenta. <strong>Chile acaba de incorporarse al Consej</strong>o y compartirá la representación de América Latina con Argentina. Su actual Canciller es una personalidad con amplia experiencia dentro del “sistema” y razonablemente buscará aumentar el prestigio chileno en el orden multilateral. Ello <strong>no debería suceder a expensas de la Argentina.</strong> Hay que reforzar los lazos de cooperación que seguramente existen  con iniciativas sobre los temas en los que Argentina tiene más peso, como los relativos a la seguridad, a las cuestiones humanitarias y a las <strong>Operaciones de Mantenimiento de Paz</strong> en las nuevas áreas críticas donde la presencia argentina haga una diferencia.</p>
<p>Poco antes de la <strong>desafortunada invasión a Irak,</strong> en el año 2002/2003, Argentina, Canadá, Chile, Francia,  México y Suecia participaron colectivamente de un último y agotador esfuerzo destinado a evitar el uso de la fuerza sin autorización del Consejo de Seguridad.  Entonces, lo que contaba, era  comprometerse  activamente en los hechos para lograr un orden internacional más pacífico, antes que ponerse al costado por temor a los resultados. El aporte argentino a esas discusiones fue central en razón de su presencia técnica y diplomática en los organismos verificadores que actuaban dentro de Irak. Ese sigue  y seguirá siendo, el rol  de la diplomacia argentina</p>
<p>Tal vez este episodio pueda también servir de inspiración para el<strong> largo año de trabajo que le espera a la Argentina</strong> en el órgano principal de las Naciones Unidas.</p>
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		<title>John Kerry, la OEA y la Argentina</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Dec 2013 12:02:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Petrella</dc:creator>
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		<description><![CDATA[América Latina se fue consolidando gradualmente durante el siglo XIX y comienzos del siglo XX sobre la base de seis principios, todavía celosamente vigentes. Estos son: a) igualdad soberana de todos los Estados; b) no intervención; c) integridad territorial; d) autodeterminación; e) solución pacifica de las disputas y f) respeto por el derecho internacional (Carlos... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-petrella/2013/12/18/john-kerry-la-oea-y-la-argentina/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>América Latina</strong> se fue consolidando gradualmente durante el siglo XIX y comienzos del siglo XX sobre la base de seis principios, todavía celosamente vigentes. Estos son: a) igualdad soberana de todos los Estados; b) no intervención; c) integridad territorial; d) autodeterminación; e) solución pacifica de las disputas y f) respeto por el derecho internacional (<strong>Carlos Calvo</strong>). Las sucesivas <strong>Conferencias Panamericanas</strong>, a partir de 1899, fortalecieron esos principios, rechazaron el <strong>intervencionismo</strong>, sentaron prácticas humanitarias ejemplares como el asilo y convencieron a<strong> Estados Unidos</strong> de inaugurar<strong> la política del “buen vecino”,</strong> que llevó a una mayor cooperación y entendimiento dentro del <strong>Hemisferio</strong>. Pero fue la adopción de la <strong>Carta de la Organización de Estados Americanos</strong>, junto con el <strong>Tratado de Soluciones Pacíficas</strong>, y la <strong>Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre</strong> (<strong>Bogotá</strong>, 1948) lo que, al incorporar la democracia republicana y los derechos humanos, otorgó al sistema interamericano y a los países que lo integran una cohesión dentro de la unidad, que resultó ejemplar para el nuevo orden internacional posterior a la Segunda Guerra. En efecto, no sólo muchos de los principios del sistema interamericano fueron incorporados a la <strong>Carta de San Francisco</strong>, sino que la<strong> Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre</strong> -redactada por juristas latinoamericanos y estadounidenses- es anterior a la <strong>Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas</strong>.</p>
<p>A partir de esos históricos momentos, el rol de la <strong>OEA,</strong> con sus luces y sus sombras, ha servido para demostrar que los países se asocian principalmente por dos motivos: las necesidades estratégicas derivadas de compartir un inmenso ámbito geográfico como el <strong>Hemisferio</strong> <strong>Occidental</strong>, es decir, <strong>América</strong> y las afinidades culturales e institucionales, reflejadas en los valores comunes como la democracia y los principios republicanos (<strong>Lagorio)</strong>.</p>
<p><span id="more-68"></span>Por estas razones es que la presencia, el pasado 18 de noviembre, del secretario de Estado de los Estados Unidos <strong>John Kerry</strong> en la OEA debe destacarse. En primer lugar porque <strong>reafirma el rol de la OEA como factor de unidad en el continente</strong> -en gran medida por el esfuerzo argentino (<strong>Caminos</strong>)- y en segundo lugar porque se sirve de ese foro para proponer a los países miembros una nueva agenda basada en la vigencia de la <strong>Carta Democrática Interamericana</strong> <strong>(Rodriguez Giavarini</strong>), el medio ambiente, la energía, los alimentos y, finalmente, en un nuevo esfuerzo hacia la integración comercial, atemperando la fragmentación (Sanguinetti).</p>
<p>En algunos sectores, dichas propuestas podrían ser leídas como una tentativa orientada a recuperar la iniciativa en el “patio trasero” en momentos de sucesivas crisis (<strong>Libia, Irán, Siria, Ucrania</strong>). Sin embargo, para nuestra diplomacia las palabras de Kerry, por el hecho de recoger posturas históricas argentinas, deberían aprovecharse para abrir oportunidades en la agenda bilateral y regional. Conviene detenerse un poco en esto. <strong>Cuando Kerry enfatiza la unidad del hemisferio occidental no hace otra cosa que retomar la visión de Frondizi , Jucelino y Kennedy</strong>. Posteriormente <strong>Miguel Ángel Zavala Ortiz</strong> (<strong>Arturo Illia</strong>) propuso formalmente el ingreso de los países anglófonos del <strong>Caribe</strong> así como de <strong>Canadá</strong> a la OEA, precisamente para ir construyendo una comunidad sin fisuras de sur a norte del continente. Quien tenga un mapa frente a sus ojos entenderá las razones que motivaron la persistencia de esas políticas a lo largo de muchos gobiernos. Por su posición geográfica en el extremo austral, <strong>Argentina “tiene” la línea recta más larga hacia el “norte” desarrollado, la diagonal más larga hacia sus socios europeos y la línea “horizontal” más extensa hacia sus clientes comerciales asiáticos. De allí, que las tentativas de fragmentar el continente no le convienen</strong>. Dividir por el<strong> Canal de Panamá</strong>, concibiendo una <strong>América</strong> <strong>del</strong> <strong>Sur</strong> que “prescinde” de los centroamericanos y caribeños, que han sido y son escenario de una vibrante presencia argentina cultural y también política, significa ceder espacios sin ningún beneficio. <strong>La suposición que se puede gravitar y prosperar marginando a México</strong>, <strong>Estados Unidos</strong> y <strong>Canadá</strong> <strong>de los proyectos regionales</strong> (<strong>Castañeda</strong>) <strong>resulta</strong> <strong>riesgosa</strong>, carece de sustento y por ello no es compartida por nuestros vecinos más sofisticados que buscan individualmente las relaciones más estrechas posibles con EEUU. Pero no sólo por reafirmar la unidad continental la agenda que propone Kerry viene como “anillo al dedo” de Argentina. También cuando se refiere a la cooperación en materia de seguridad, abre un panorama para entendimientos en las sensibles cuestiones de no proliferación nuclear y armas químicas en las que Argentina es particularmente reconocida. Algo similar sucede cuando señala que América se ha convertido en un nuevo centro del mapa energético del mundo, mencionando a la Argentina junto con Estados Unidos por el gas natural. Igual reflexión cabe respecto del cambio climático, tema en el que la diplomacia argentina también se ha destacado.</p>
<p>Finalmente, está <strong>el recurrente problema de la institucionalidad democrática y el rol de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos</strong>. Aunque en estos temas ningún actor tiene personería “ganada” para individualizar a otro, es siempre importante que alguien evoque lo difícil que fue ganar terreno y lo lamentable que sería perderlo ahora. Resulta claro que cuando la Comisión recuerda los principios de la “<strong>Declaración de Santiago</strong>” de 1959 en el sentido de que “la perpetuación en el poder, o el ejercicio de éste sin plazo determinado con el manifiesto propósito de perpetuación, son incompatibles con el ejercicio efectivo de la democracia”, está denunciando a aquellos gobiernos que, desnaturalizando los propósitos de <strong>Unasur</strong>, utilizan su cobertura a fin de “desacoplarse” del sistema de<strong> Naciones Unidas</strong> y de la <strong>OEA</strong> para satisfacer ambiciones no democráticas. Esta es la razón más evidente por la que el sistema de derechos humanos regional está siendo castigado. En este terreno la pasividad argentina resulta sorprendente porque ha sido el país cuyo permanente liderazgo ha permitido la consolidación de garantías que sirven de inspiración para el resto del mundo.</p>
<p>En el sistema internacional los “nichos” que permiten la acción efectiva de la diplomacia no aparecen con frecuencia. El discurso de John Kerry en la OEA, acompañado por la <strong>secretaria Adjunta para Asuntos Hemisféricos, Roberta Jacobson</strong> –que conoce bien a la Argentina por haber vivido y estudiado en sus universidades–, ofrece una gama de posibilidades que la diplomacia debería explorar prontamente.</p>
<p>Asimismo, en política exterior, el poder se construye de arriba hacia abajo y no a la inversa. <strong>Recuperar la relación con Estados Unidos para beneficio reciproco, </strong>sobre la base de los factores que han hecho de la Argentina un importante actor global en los temas más sensibles de seguridad, no sólo reflotará nuestra gravitación subregional, sino que también ayudará a resolver las cuestiones bilaterales, financieras y comerciales, con los Estados Unidos y con nuestros socios europeos. <strong>En síntesis, para hacer buenos negocios hay que hacer primero buenas políticas</strong>. Esa, y sólo esa, es la premisa para practicar una diplomacia sensata.</p>
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