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	<title>Fernando Petrella &#187; Estados Unidos</title>
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		<title>Una visita que mira hacia el futuro</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Mar 2016 03:00:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Petrella</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Asociación cooperativa]]></category>
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		<category><![CDATA[Visita a Argentina]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p>No obstante estar en el último año de su Gobierno, el presidente Barack Obama visita la Argentina en un gran momento de su gestión y en pleno dominio de sus atribuciones e iniciativas. Al anunciar su viaje autónomo a la Argentina, ofreció una extensa conferencia de prensa explicando que el nuestro es un país muy importante, con un potencial de cooperación bilateral mutuamente beneficioso que corresponde aprovechar. Es que Obama, como Matteo Renzi, François Hollande y otros, lee a la Argentina con la significación con que se la valora desde afuera y no con la óptica interna de nuestras rencillas mezquinas y limitantes que, desde el exterior, ni se consideran ni se entienden.</p>
<p>El hecho de que utilice tiempo de sus meses finales para encontrase con Mauricio Macri y sus colaboradores, en estos precisos momentos de cambios profundos en el continente y justamente luego de estimular la democracia en Cuba, reconoce varias conexiones y simbolismos. El primero tiene que ver con que fue precisamente un presidente argentino, Arturo Frondizi, quien en 1961 le señaló a John Kennedy la inconveniencia de aislar a Cuba del sistema interamericano, porque ello consolidaría una dictadura soviética y desencadenaría la ya anunciada ofensiva subversiva en toda América Latina, con consecuencias que, todavía hoy, no se han podido superar.</p>
<p>Consecuente con esa profética actitud, Argentina se opuso a la suspensión de Cuba de la Organización de Estados Americanos, por los motivos antes expresados a Kennedy y por afectar la unidad hemisférica que ha sido y es una postura irrenunciable de Argentina. Era presidente Frondizi y canciller Miguel Ángel Cárcano.<span id="more-95"></span></p>
<p>Pero la particular relación entre Argentina y Cuba siguió con el tormentoso contubernio donde las dos dictaduras se protegieron recíprocamente en los años de plomo, hasta la implosión de la Unión Soviética. A partir de ese momento, aprovechando las intensas convergencias con Estados Unidos de ese período, la diplomacia argentina abogó tempranamente por el levantamiento del embargo, cuya única utilidad era excusar el atraso del socialismo de los hermanos Castro. Guido di Tella lo expresó en las Naciones Unidas y en reuniones bilaterales informales. El argumento se basaba en los acuerdos de Helsinki de 1975 entre Richard Nixon-Willy Brandt y Leonid Brezhnev, que atemperaron el muro que separaba el oeste del este en Europa y en el mundo (Canasta III, derechos humanos, cultura, información y comunicaciones).</p>
<p>No es casual entonces que el presidente Obama abra con energía una ventana de libertad en Cuba y luego venga a una Argentina vibrante, no sólo por la novedad que implica un nuevo Gobierno, sino también por<b> la política de reinserción en el mundo global</b>, pero con énfasis en la democracia occidental. Independientemente de Obama, su presencia coincide con el hecho redentor de que en el sur se ha iniciado una verdadera revolución de pueblos cansados del reeleccionismo que viola principios de la Organización de Estados Americanos (Cristina Kirchner, Rafael Correa, Evo Morales), así como de la corrupción estatal y sus clientes. Los episodios que se ventilan actualmente en nuestro país y en Brasil marcan, claramente, un antes y un después. Es que la corrupción es causa principal de la pobreza y la pobreza es la inequidad más grande que pesa sobre América Latina.</p>
<p><b>Los Gobiernos de Argentina y Estados Unidos decidieron que se enfocarán al futuro y no favorecerán que el pasado capture la visita</b>. De allí que la agenda tenga que ver con flagelos globales como el terrorismo, el narcotráfico y también con el cambio climático, el comercio bilateral, la integración y, en particular, con el rol de Argentina como actor global importante. Eso se traduce en mayor presencia en Operaciones de Paz, no proliferación, un involucramiento realista en las consecuencias humanitarias de la guerra en Siria y en los arreglos con Irán. Si bien la corrupción estatal no aparece en la agenda, es claro que, para combatirla, también se necesita la cooperación de las grandes potencias y sus mecanismos financieros. Eso no lo ignoran Obama y sus colaboradores, que exploran el futuro junto con Argentina para dejar un legado de asociación cooperativa entre América, Europa y el Pacífico, basado en consensos que auguren un futuro más honesto.</p>
<p>En el año 2001, la entonces secretaria de Estado de los Estados Unidos, Madeleine Albright, le expresó al canciller argentino Adalberto Rodríguez Giavarini que los entendimientos argentino-norteamericanos habían sido el evento más relevante de la política latinoamericana en el siglo XX. Es posible y necesario aprovechar la visita del presidente Obama para recrear ese clima, porque una relación de recíprocas convergencias con el país más poderoso del mundo debe ser punto central de cualquier diplomacia madura.</p>
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		<title>John Kerry, la OEA y la Argentina</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Dec 2013 12:02:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Petrella</dc:creator>
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		<description><![CDATA[América Latina se fue consolidando gradualmente durante el siglo XIX y comienzos del siglo XX sobre la base de seis principios, todavía celosamente vigentes. Estos son: a) igualdad soberana de todos los Estados; b) no intervención; c) integridad territorial; d) autodeterminación; e) solución pacifica de las disputas y f) respeto por el derecho internacional (Carlos... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-petrella/2013/12/18/john-kerry-la-oea-y-la-argentina/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>América Latina</strong> se fue consolidando gradualmente durante el siglo XIX y comienzos del siglo XX sobre la base de seis principios, todavía celosamente vigentes. Estos son: a) igualdad soberana de todos los Estados; b) no intervención; c) integridad territorial; d) autodeterminación; e) solución pacifica de las disputas y f) respeto por el derecho internacional (<strong>Carlos Calvo</strong>). Las sucesivas <strong>Conferencias Panamericanas</strong>, a partir de 1899, fortalecieron esos principios, rechazaron el <strong>intervencionismo</strong>, sentaron prácticas humanitarias ejemplares como el asilo y convencieron a<strong> Estados Unidos</strong> de inaugurar<strong> la política del “buen vecino”,</strong> que llevó a una mayor cooperación y entendimiento dentro del <strong>Hemisferio</strong>. Pero fue la adopción de la <strong>Carta de la Organización de Estados Americanos</strong>, junto con el <strong>Tratado de Soluciones Pacíficas</strong>, y la <strong>Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre</strong> (<strong>Bogotá</strong>, 1948) lo que, al incorporar la democracia republicana y los derechos humanos, otorgó al sistema interamericano y a los países que lo integran una cohesión dentro de la unidad, que resultó ejemplar para el nuevo orden internacional posterior a la Segunda Guerra. En efecto, no sólo muchos de los principios del sistema interamericano fueron incorporados a la <strong>Carta de San Francisco</strong>, sino que la<strong> Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre</strong> -redactada por juristas latinoamericanos y estadounidenses- es anterior a la <strong>Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas</strong>.</p>
<p>A partir de esos históricos momentos, el rol de la <strong>OEA,</strong> con sus luces y sus sombras, ha servido para demostrar que los países se asocian principalmente por dos motivos: las necesidades estratégicas derivadas de compartir un inmenso ámbito geográfico como el <strong>Hemisferio</strong> <strong>Occidental</strong>, es decir, <strong>América</strong> y las afinidades culturales e institucionales, reflejadas en los valores comunes como la democracia y los principios republicanos (<strong>Lagorio)</strong>.</p>
<p><span id="more-68"></span>Por estas razones es que la presencia, el pasado 18 de noviembre, del secretario de Estado de los Estados Unidos <strong>John Kerry</strong> en la OEA debe destacarse. En primer lugar porque <strong>reafirma el rol de la OEA como factor de unidad en el continente</strong> -en gran medida por el esfuerzo argentino (<strong>Caminos</strong>)- y en segundo lugar porque se sirve de ese foro para proponer a los países miembros una nueva agenda basada en la vigencia de la <strong>Carta Democrática Interamericana</strong> <strong>(Rodriguez Giavarini</strong>), el medio ambiente, la energía, los alimentos y, finalmente, en un nuevo esfuerzo hacia la integración comercial, atemperando la fragmentación (Sanguinetti).</p>
<p>En algunos sectores, dichas propuestas podrían ser leídas como una tentativa orientada a recuperar la iniciativa en el “patio trasero” en momentos de sucesivas crisis (<strong>Libia, Irán, Siria, Ucrania</strong>). Sin embargo, para nuestra diplomacia las palabras de Kerry, por el hecho de recoger posturas históricas argentinas, deberían aprovecharse para abrir oportunidades en la agenda bilateral y regional. Conviene detenerse un poco en esto. <strong>Cuando Kerry enfatiza la unidad del hemisferio occidental no hace otra cosa que retomar la visión de Frondizi , Jucelino y Kennedy</strong>. Posteriormente <strong>Miguel Ángel Zavala Ortiz</strong> (<strong>Arturo Illia</strong>) propuso formalmente el ingreso de los países anglófonos del <strong>Caribe</strong> así como de <strong>Canadá</strong> a la OEA, precisamente para ir construyendo una comunidad sin fisuras de sur a norte del continente. Quien tenga un mapa frente a sus ojos entenderá las razones que motivaron la persistencia de esas políticas a lo largo de muchos gobiernos. Por su posición geográfica en el extremo austral, <strong>Argentina “tiene” la línea recta más larga hacia el “norte” desarrollado, la diagonal más larga hacia sus socios europeos y la línea “horizontal” más extensa hacia sus clientes comerciales asiáticos. De allí, que las tentativas de fragmentar el continente no le convienen</strong>. Dividir por el<strong> Canal de Panamá</strong>, concibiendo una <strong>América</strong> <strong>del</strong> <strong>Sur</strong> que “prescinde” de los centroamericanos y caribeños, que han sido y son escenario de una vibrante presencia argentina cultural y también política, significa ceder espacios sin ningún beneficio. <strong>La suposición que se puede gravitar y prosperar marginando a México</strong>, <strong>Estados Unidos</strong> y <strong>Canadá</strong> <strong>de los proyectos regionales</strong> (<strong>Castañeda</strong>) <strong>resulta</strong> <strong>riesgosa</strong>, carece de sustento y por ello no es compartida por nuestros vecinos más sofisticados que buscan individualmente las relaciones más estrechas posibles con EEUU. Pero no sólo por reafirmar la unidad continental la agenda que propone Kerry viene como “anillo al dedo” de Argentina. También cuando se refiere a la cooperación en materia de seguridad, abre un panorama para entendimientos en las sensibles cuestiones de no proliferación nuclear y armas químicas en las que Argentina es particularmente reconocida. Algo similar sucede cuando señala que América se ha convertido en un nuevo centro del mapa energético del mundo, mencionando a la Argentina junto con Estados Unidos por el gas natural. Igual reflexión cabe respecto del cambio climático, tema en el que la diplomacia argentina también se ha destacado.</p>
<p>Finalmente, está <strong>el recurrente problema de la institucionalidad democrática y el rol de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos</strong>. Aunque en estos temas ningún actor tiene personería “ganada” para individualizar a otro, es siempre importante que alguien evoque lo difícil que fue ganar terreno y lo lamentable que sería perderlo ahora. Resulta claro que cuando la Comisión recuerda los principios de la “<strong>Declaración de Santiago</strong>” de 1959 en el sentido de que “la perpetuación en el poder, o el ejercicio de éste sin plazo determinado con el manifiesto propósito de perpetuación, son incompatibles con el ejercicio efectivo de la democracia”, está denunciando a aquellos gobiernos que, desnaturalizando los propósitos de <strong>Unasur</strong>, utilizan su cobertura a fin de “desacoplarse” del sistema de<strong> Naciones Unidas</strong> y de la <strong>OEA</strong> para satisfacer ambiciones no democráticas. Esta es la razón más evidente por la que el sistema de derechos humanos regional está siendo castigado. En este terreno la pasividad argentina resulta sorprendente porque ha sido el país cuyo permanente liderazgo ha permitido la consolidación de garantías que sirven de inspiración para el resto del mundo.</p>
<p>En el sistema internacional los “nichos” que permiten la acción efectiva de la diplomacia no aparecen con frecuencia. El discurso de John Kerry en la OEA, acompañado por la <strong>secretaria Adjunta para Asuntos Hemisféricos, Roberta Jacobson</strong> –que conoce bien a la Argentina por haber vivido y estudiado en sus universidades–, ofrece una gama de posibilidades que la diplomacia debería explorar prontamente.</p>
<p>Asimismo, en política exterior, el poder se construye de arriba hacia abajo y no a la inversa. <strong>Recuperar la relación con Estados Unidos para beneficio reciproco, </strong>sobre la base de los factores que han hecho de la Argentina un importante actor global en los temas más sensibles de seguridad, no sólo reflotará nuestra gravitación subregional, sino que también ayudará a resolver las cuestiones bilaterales, financieras y comerciales, con los Estados Unidos y con nuestros socios europeos. <strong>En síntesis, para hacer buenos negocios hay que hacer primero buenas políticas</strong>. Esa, y sólo esa, es la premisa para practicar una diplomacia sensata.</p>
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