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	<title>Fernando Petrella &#187; Antártida</title>
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		<title>Otro 2 de abril</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Apr 2013 03:38:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Petrella</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Antártida]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El 2 de abril es una <strong>fecha triste y emblemática</strong> que debería servir para asumir definitivamente que el uso de la fuerza para resolver disputas bilaterales fue siempre estéril y lo es más hoy, en el mundo interrelacionado post Guerra Fría que se consolidó a partir de la crisis financiera.</p>
<p>Pero tengamos presente que <strong>la confrontación no es sólo de naturaleza militar</strong>. La confrontación se da también en el plano político y diplomático. Alimentar la confrontación en esos niveles es <strong>igualmente negativo</strong>. Aleja de cualquier entendimiento y, finalmente,  obliga a buscar excusas o inventar circunstancias que permitan dar marcha atrás, lo que resulta siempre embarazoso. Por ello, parece  productivo <strong>aprovechar este aniversario para repudiar las acciones de confrontación,</strong> sean éstas militares, políticas o diplomáticas y <strong>reflexionar sobre los aciertos y errores en la negociación con el Reino Unido,</strong> iniciada después de la adopción de la <strong>Resolución 2065/65 por las Naciones Unidas.</strong></p>
<p><span id="more-38"></span>Cabría, en primer lugar, analizar si la diplomacia de diálogo y mutuo acercamiento   permitió las discusiones y negociaciones sobre soberanía o si, por el contrario, la confrontación y las escaladas verbales fueron las que arrojaron  mejores resultados.  Esta distinción viene al caso porque parece haberse olvidado que, a partir de 1965 y con más énfasis desde 1972 hasta la guerra, Argentina promovió <strong>una convergencia hacia el Reino Unido que se expresó fundamentalmente en medidas concretas para beneficiar a los habitantes de las Islas</strong>, sin descuidar el frente multilateral, tanto en las Naciones Unidas,  como en la OEA y en el movimiento No Alineado. La política de esos momentos privilegiaba, por ejemplo, el envío de jóvenes maestras para vincularse con los isleños y las comunicaciones con las Islas, antes que los improperios o las amenazas de “doblegarlas” <strong>mediante el aislamiento y los embargos</strong>, tal como se pretende hacer  en este momento. Esa diplomacia madura y sensata fusionó en la práctica a las Islas con la Patagonia, reforzando una asociación histórica y logró que el Reino Unido ofreciese, durante el período 1974/1981, el condominio, el retro arriendo y, poco antes de la guerra, una solución “estilo” Hong Kong.</p>
<p>Nada de eso fue aprovechado. Predominó la presión de los “duros”, que querían soluciones inmediatas y totales. Tal vez sin desearlo, esta forma de pensar fue preparando a la opinión pública menos informada y a un gobierno de facto,  autoritario y soberbio para la guerra, que implicó, no solo un trágico error, sino también un retroceso enorme que <strong>destruyó todo el esfuerzo de integración</strong>, contactos y comunicaciones con las Islas, que era y sigue siendo, el imprescindible primer paso para negociar la soberanía sobre bases aceptables. Recordemos esto al evocar este 2 de abril, a sus héroes y a sus víctimas.</p>
<p>Las acciones que Argentina lleva adelante ahora, salvando significativas  diferencias, también tienen <strong>un sesgo confrontativo</strong> y descalificatorio hacia la parte británica    poniendo distancia justamente respecto de aquel a quien deberíamos atraer, creando  las condiciones para que se “siente a dialogar”, conforme ha solicitado con razón la señora Presidenta. Es <strong>una política con costos pero sin resultados</strong>.</p>
<p>Está claro entonces que hay <strong>retomar el camino de la razonabilidad que permitió  el restablecimiento de las relaciones en 1989</strong> y, en circunstancias mucho más difíciles que antes de la guerra, obtener que el Reino Unido mantenga vigente la disputa y  nuevamente una importante presencia argentina en la economía de las Islas.</p>
<p>Para ello habría que soslayar ciertos riesgos y simplificaciones.</p>
<p>En <strong>primer lugar</strong>, evitar reproducir el<strong> antiguo debate sobre la historia y los derechos</strong> puesto que el Reino Unido también invoca sus “fundamentos”. Porque Argentina posee  esa historia y esos derechos es que <strong>se oficializó la disputa en Naciones Unidas</strong>. Repicar el pasado ya no hace falta. Hace falta una acción inteligente hacia el futuro. Fatigar a la otra parte con iniciativas.</p>
<p>En <strong>segundo lugar</strong>, <strong>evitar incluir al Reino Unido dentro de la corriente “anti EEUU” y “anti Occidente” </strong>que ha recobrado brío últimamente. <strong>El Reino Unido no lidera sanciones ni discriminaciones comerciales contra  Argentina.</strong> Tampoco es crítico de sus políticas. EEUU ha sido y será un factor determinante al que hay que acercar y no alejar.</p>
<p>En <strong>tercer lugar</strong>, asignar el correcto lugar de “apoyo” que tienen el <strong>Mercosur y Unasur</strong> y no hacer de ellos “la carta de triunfo”. Distinto es el caso de la OEA, que incorpora también a EEUU, Canadá, México, Centroamérica y el Caribe y tiene una fuerte tradición en la disputa. Los caribeños, solos, suman más votos que Unasur.</p>
<p>En <strong>cuarto lugar</strong>, <strong>que el Reino Unido haya decidido aumentar sus inversiones en América Latina refleja la tendencia mundial hacia los países que poseen recursos naturales. </strong>Durante el período 1991/2001, el Reino Unido incrementó su presencia en la Argentina superando a la de sus vecinos. Ello ayudó a las discusiones sobre Malvinas. Pero imaginar ahora que, por ser receptores de inversiones británicas, nuestros vecinos podrían “hacer por nosotros el trabajo” y  entregarnos  los beneficios no es realista. Argentina, por peso y gravitación regional y global,  <strong>no necesita “transferir” a terceros la defensa de su soberanía.</strong></p>
<p>Por <strong>último</strong>, la disputa sobre las Islas Malvinas se encuadra en un espacio geográfico determinado. Ampliar el problema, incorporando también a la Antártida parece una “simplificación” riesgosa y no facilita ninguna solución. El Reino Unido no hará “un paquete” con ambas disputas. Chile tendrá algo que decir. Por el contrario, <strong>la Antártida posee su propio y exitoso régimen jurídico</strong>, en buena medida creado a instancias de Argentina y Chile. Afectar ese régimen puede desatar conflictos serios entre las partes del <strong>Tratado Antártico</strong> amenazando la estabilidad regional. Además, Argentina es Sede de la Secretaría del Tratado por lo que tiene una mayor obligación  de presencia antártica y de preservar la armonía del “statu quo” actual.</p>
<p>En síntesis, <strong>la búsqueda de “nuevas” fórmulas para resolver la disputa debe evitar terminantemente colocar a la Argentina al costado o afuera del sistema de la Res. 2065/65 que reconoce dos partes, la Argentina y el Reino Unido</strong>. Esta resolución y las concordantes, son el punto más sólido de la posición argentina y no hay que dejarlas de lado. No cabe ningún “bypass” en esto. No hay “atajo” ni “simplificación” que pueda sustituir a una buena diplomacia  sensible también, a los puntos que plantea la otra parte. Esa es <strong>la diplomacia que puso a la Argentina muy cerca de una solución</strong> gradual. La confrontación, por el contrario, <strong>la alejó y la seguirá alejando</strong> en la medida que  persista en ese camino.</p>
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