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	<title>Fernando Petrella</title>
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		<title>Una visita que mira hacia el futuro</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Mar 2016 03:00:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Petrella</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>No obstante estar en el último año de su Gobierno, el presidente Barack Obama visita la Argentina en un gran momento de su gestión y en pleno dominio de sus atribuciones e iniciativas. Al anunciar su viaje autónomo a la Argentina, ofreció una extensa conferencia de prensa explicando que el nuestro es un país muy importante, con un potencial de cooperación bilateral mutuamente beneficioso que corresponde aprovechar. Es que Obama, como Matteo Renzi, François Hollande y otros, lee a la Argentina con la significación con que se la valora desde afuera y no con la óptica interna de nuestras rencillas mezquinas y limitantes que, desde el exterior, ni se consideran ni se entienden.</p>
<p>El hecho de que utilice tiempo de sus meses finales para encontrase con Mauricio Macri y sus colaboradores, en estos precisos momentos de cambios profundos en el continente y justamente luego de estimular la democracia en Cuba, reconoce varias conexiones y simbolismos. El primero tiene que ver con que fue precisamente un presidente argentino, Arturo Frondizi, quien en 1961 le señaló a John Kennedy la inconveniencia de aislar a Cuba del sistema interamericano, porque ello consolidaría una dictadura soviética y desencadenaría la ya anunciada ofensiva subversiva en toda América Latina, con consecuencias que, todavía hoy, no se han podido superar.</p>
<p>Consecuente con esa profética actitud, Argentina se opuso a la suspensión de Cuba de la Organización de Estados Americanos, por los motivos antes expresados a Kennedy y por afectar la unidad hemisférica que ha sido y es una postura irrenunciable de Argentina. Era presidente Frondizi y canciller Miguel Ángel Cárcano.<span id="more-95"></span></p>
<p>Pero la particular relación entre Argentina y Cuba siguió con el tormentoso contubernio donde las dos dictaduras se protegieron recíprocamente en los años de plomo, hasta la implosión de la Unión Soviética. A partir de ese momento, aprovechando las intensas convergencias con Estados Unidos de ese período, la diplomacia argentina abogó tempranamente por el levantamiento del embargo, cuya única utilidad era excusar el atraso del socialismo de los hermanos Castro. Guido di Tella lo expresó en las Naciones Unidas y en reuniones bilaterales informales. El argumento se basaba en los acuerdos de Helsinki de 1975 entre Richard Nixon-Willy Brandt y Leonid Brezhnev, que atemperaron el muro que separaba el oeste del este en Europa y en el mundo (Canasta III, derechos humanos, cultura, información y comunicaciones).</p>
<p>No es casual entonces que el presidente Obama abra con energía una ventana de libertad en Cuba y luego venga a una Argentina vibrante, no sólo por la novedad que implica un nuevo Gobierno, sino también por<b> la política de reinserción en el mundo global</b>, pero con énfasis en la democracia occidental. Independientemente de Obama, su presencia coincide con el hecho redentor de que en el sur se ha iniciado una verdadera revolución de pueblos cansados del reeleccionismo que viola principios de la Organización de Estados Americanos (Cristina Kirchner, Rafael Correa, Evo Morales), así como de la corrupción estatal y sus clientes. Los episodios que se ventilan actualmente en nuestro país y en Brasil marcan, claramente, un antes y un después. Es que la corrupción es causa principal de la pobreza y la pobreza es la inequidad más grande que pesa sobre América Latina.</p>
<p><b>Los Gobiernos de Argentina y Estados Unidos decidieron que se enfocarán al futuro y no favorecerán que el pasado capture la visita</b>. De allí que la agenda tenga que ver con flagelos globales como el terrorismo, el narcotráfico y también con el cambio climático, el comercio bilateral, la integración y, en particular, con el rol de Argentina como actor global importante. Eso se traduce en mayor presencia en Operaciones de Paz, no proliferación, un involucramiento realista en las consecuencias humanitarias de la guerra en Siria y en los arreglos con Irán. Si bien la corrupción estatal no aparece en la agenda, es claro que, para combatirla, también se necesita la cooperación de las grandes potencias y sus mecanismos financieros. Eso no lo ignoran Obama y sus colaboradores, que exploran el futuro junto con Argentina para dejar un legado de asociación cooperativa entre América, Europa y el Pacífico, basado en consensos que auguren un futuro más honesto.</p>
<p>En el año 2001, la entonces secretaria de Estado de los Estados Unidos, Madeleine Albright, le expresó al canciller argentino Adalberto Rodríguez Giavarini que los entendimientos argentino-norteamericanos habían sido el evento más relevante de la política latinoamericana en el siglo XX. Es posible y necesario aprovechar la visita del presidente Obama para recrear ese clima, porque una relación de recíprocas convergencias con el país más poderoso del mundo debe ser punto central de cualquier diplomacia madura.</p>
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		<title>Acuerdo Cuba-USA y un escaso rol argentino</title>
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		<pubDate>Wed, 07 Jan 2015 04:14:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Petrella</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Se ha atemperado la conmoción motivada por el comienzo de la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Con la ventaja de contar con esa circunstancia, cabe intentar un análisis parcial a la luz de los elementos de información existentes. Se trata de un evento muy importante porque inicia el camino de Cuba... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-petrella/2015/01/07/acuerdo-cuba-usa-y-un-escaso-rol-argentino/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Se ha atemperado la conmoción motivada por el comienzo de la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Con la ventaja de contar con esa circunstancia, cabe intentar un análisis parcial a la luz de los elementos de información existentes.</p>
<p>Se trata de un evento muy importante porque inicia el camino de Cuba hacia la democracia. <strong>Es de esperar que esa democracia sea la que establece la Carta de la OEA, los Pactos de Derechos Humanos, la Declaración de Santiago de 1959</strong> (que crea la CIDH) <strong>y la Carta Democrática Interamericana del 2001</strong> por iniciativa de Perú y Argentina (Rodríguez Giavarini). Vale decir, <strong>pluralidad de partidos políticos, división de poderes, alternancia en el gobierno, libertad de expresión</strong>, entre otras instituciones que son la esencia de Occidente y también de América Latina y el Caribe. <strong>Abogar para que en el Hemisferio se practique la democracia representativa es responsabilidad colectiva que invita a no respaldar gobiernos autoritarios.</strong> Ello nunca podría implicar una discriminación ideológica hacia los pueblos que sufren el autoritarismo.<span id="more-89"></span></p>
<p>No confiemos en que este proceso, que recién comienza, resulte rápido, ni tracemos paralelos con la caída del Muro de Berlín. <strong>El aparato represor del castrismo sigue en pie como si nada hubiese sucedido</strong> y desde que se iniciaron los contactos entre Obama y Castro, las cosas no han mejorado. Esto explica la “cautela” o &#8220;apatía&#8221; de los cubanos.</p>
<p>Vale la pena detenerse en dos actores principales y necesarios, aparte de los protagonistas interesados que fueron EEUU y Cuba. Estos actores principales y necesarios fueron el Vaticano, ahora en la figura del Papa Francisco y Canadá &#8211; que oficio de “aproximador” &#8211; en la Stephen Harper, su Primer Ministro. <strong>El Vaticano es uno de los “poderes” considerado “conservador” y apegado a lo “tradicional”. El Papa Francisco un hombre genuinamente progresista</strong>, lo que implica su inclinación hacia los pobres nada especulativa, tal como demuestran sus antecedentes pastorales y sus preferencias políticas. Por su parte, <strong>Canadá es uno de los países más virtuosos del mundo según Naciones Unidas</strong> y muy independiente de los EEUU en su política exterior. En la ONU integró un grupo de países, junto con Argentina (Carlos Ruckauf), Chile, México y Suecia, que <strong>se opuso claramente a la invasión de Irak.</strong> Canadá sugirió asimismo retirarse de Afganistán y no participó en los ataques de la NATO a Kadaffi. Stephen Harper, que actuó personalmente de aproximador, es un cristiano evangélico, más bien conservador y neoliberal.</p>
<p>Se señaló como factor motivante el escenario poco propicio a Cuba en razón de la crisis Rusa y las dificultades venezolanas. No obstante, esta negociación -según hoy sabemos- se venía llevando a cabo desde hace algunos años. Es decir, Raúl Castro se flexibilizó ante la presión de su pueblo y la ineficacia del régimen socialista. Poco tuvo que ver el embargo. <strong>Salvo con EEUU, Cuba podía comerciar con quien quisiese, porque no existió bloqueo</strong>. <strong>Bloqueo es otra cosa. De hecho Cuba comerciaba con Rusia, China, Canadá, Europa, México, Argentina, Brasil y muchos otros.</strong> Bloqueo fue lo que impuso EEUU a los puertos de Nicaragua en los años ochenta. Esa acción fue declarada ilegal por la Corte Internacional de Justicia mediante un dictamen redactado por el jurista y diplomático argentino, José María Ruda.</p>
<p>El último punto de análisis se relaciona con <strong>el aparentemente escaso rol argentino, que se contradice con  una amplia trayectoria de involucramiento positivo en dicha región</strong>. Para no remontarnos muy lejos, respaldamos a Guatemala condenando el golpe contra Jacobo Arbenz en 1954 (Gerónimo Remorino); obtuvimos el ingreso a la OEA de los países del Caribe y propusimos también el ingreso de Canadá (Miguel Angel Zavala Ortiz, en 1964, y Canadá concretó su ingreso durante la gestión de Guido Di Tella); Arturo Frondizi le insistió a John Kennedy con que no había que aislar a Cuba, porque profundizaría su acercamiento al bloque comunista (Ver Memorias de Carlos Ortiz de Rozas y artículos de Albino Gómez y Eduardo De Simone); Miguel Angel Cárcano se opuso a la exclusión de Cuba de la OEA, acompañado por Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador y México (1962), Argentina fue activa en el Grupo Contadora para democratizar América Central (Dante Caputo y Gastón de Prat Gay, 1987) y Guido Di Tella introdujo en la agenda bilateral argentino/norteamericana la cuestión del levantamiento del embargo a Cuba, persuadido de que las comunicaciones y el comercio llevarían a dicho país hacia la normalización (1994).  Argentina también fue determinante en la recuperación democrática de Haití (Dante Caputo, Leandro Despuy, Guido Di Tella) y en la preservación de las instituciones republicanas en Perú y Paraguay (Guido Di Tella, Cesar Gaviria).</p>
<p>Por todo esto y por la tradicional amistad (la Presidenta Cristina Kirchner logró la salida de la científica Hilda Molina y su asilo en la Argentina), cooperación (Malvinas) y “complicidades” argentino/cubanas (colaboración de ambas dictaduras), <strong>sorprende que no hayamos tenido la posibilidad de hacer algún aporte no obstante nuestro liderazgo indiscutido en los temas políticos y humanitarios</strong>. De allí que <strong>corresponde lamentar la ausencia argentina y también de América Latina en una responsabilidad colectiva que a todos incumbe.</strong> Pero para Argentina en particular, que ha sido y es todavía, un vibrante motor político de América Latina y el Caribe, referente indiscutido en cuestiones humanitarias y enérgico defensor de la unidad hemisférica (Canadá hasta Tierra del Fuego), esta ausencia resulta más decepcionante. <strong>Que el Vaticano y Canadá – poderes centrales y “occidentales” &#8211; hayan llenado ese vacío, debe leerse como un enérgico llamado de atención, en particular para las dirigencias argentinas, políticas e intelectuales, y también para el Mercosur que aprobó en su momento una “cláusula democrática” a instancias de la diplomacia argentina (Guido Di Tella, Fernando Henrique Cardoso).</strong></p>
<p>Como el proceso de democratización de Cuba no será corto, es posible que se nos vuelva a presentar la oportunidad que ahora no hemos utilizado. Seguramente el pueblo cubano sabrá agradecerlo.</p>
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		<title>Crimea, Malvinas y nosotros</title>
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		<pubDate>Sat, 29 Mar 2014 10:58:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Petrella</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La crisis de Ucrania sugiere algunas reflexiones útiles para la  política exterior. La primera es que, pocas veces como en este  dramático asunto, fueron invocados tantos principios originados en América Latina o que tuvieron en la región un apoyo firme y consecuente. Así, los distintos actores en el conflicto se refirieron muchas veces al no... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-petrella/2014/03/29/crimea-malvinas-y-nosotros/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La crisis de Ucrania sugiere algunas reflexiones útiles para la  política exterior</strong>. La primera es que, <strong>pocas veces como en este  dramático asunto, fueron invocados tantos principios originados en América Latina</strong> o que tuvieron en la región un apoyo firme y consecuente. Así, los distintos actores en el conflicto se refirieron muchas veces al <strong>no uso de la fuerza, a la no intervención, a la integridad territorial, a la solución diplomática de las disputas,  a las sanciones económicas y a la autodeterminación de los pueblos.</strong></p>
<p>Los latinoamericanos y en particular los argentinos, <strong>deberíamos sentirnos orgullosos</strong> del aporte hecho a la política y al derecho internacional ya que todos estos principios fueron adoptados por la Carta de la OEA y la Carta de las Naciones Unidas. Hoy tienen peso constitucional y ordenan la relación entre los países.</p>
<p>La segunda reflexión  es que una crisis tan grave nos recuerda que, además de los principios,  los valores y el comercio, nunca  se debe  soslayar la  definición que cada país hace respecto de sus intereses estratégicos. Esos intereses siempre priman sobre los demás y son básicamente dos: la propia seguridad,  que conlleva también la identidad, y  la percepción acerca de su territorialidad, concepto que también implica rechazo al “encerramiento”.</p>
<p><strong>Pero la “anexión” de Crimea por parte de Rusia parece  injustificable incluso a la luz de dichos intereses superiores</strong>. En el siglo XXI y en plena interdependencia, globalización y ausencia de “bloques”, siempre hay que agotar las medidas que puedan llevar a soluciones que, ajustadas al derecho internacional, conjuguen las legítimas preocupaciones de todos los interesados  evitando el conflicto. Por otro lado, la “anexión” en perjuicio de Ucrania  crea  un foco de dificultades e inseguridad en la frontera con Rusia que es, justamente, lo que quiso evitar  desde un primer momento. La resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptada  en respaldo de Ucrania oficializa esas dificultades.</p>
<p>La tercera reflexión tiene que ver con el hecho que <strong>Argentina es miembro del Consejo de Seguridad y también del G20.</strong> Ha sido y es, aun hoy,  un  importante actor global  y ha sostenido históricamente la solución pacífica y negociada de los conflictos, en particular los de naturaleza territorial por ser los más sensibles y riesgosos. Es decir, este conflicto no le resulta indiferente, sobre todo, por los valores involucrados,  por la amistad que la une a los principales actores y por los factores estratégicos en juego. <strong>De allí que esta crisis debería ser analizada por su sustancia y no por otras consideraciones que le son ajenas</strong>. <strong>Habría entonces que evaluar si conviene a la gobernanza global que Argentina y un sector de América Latina convaliden, con sus actitudes, la anexión  de parte de Ucrania por Rusia y las consecuencias que esto pueda tener mediano plazo.</strong></p>
<p><strong>La cuarta reflexión apunta a los escépticos del multilateralismo y de la utilidad  de las Naciones Unidas.</strong> Esta crisis, por su contenido estratégico, demostró la necesidad de una organización global y democrática, como único instrumento para  acercar posiciones e identificar tendencias entre los países y otros actores del sistema internacional. Demostró una vez más que, para democratizar el Consejo de Seguridad, no hay que incorporar nuevos miembros permanentes, sino reducir los privilegios de los actuales ya que, dichos privilegios y en especial el veto, sirven  la mayor parte de las veces a sus propios intereses. <strong>Por ello es que oportunamente Kofi Annan, la Argentina, Sudáfrica y otros muchos países presentaron  iniciativas para democratizar genuinamente al Consejo de Seguridad.</strong> Recientemente, Laurent Fabius,  Canciller de Francia, que es uno de los cinco Miembros Permanentes,  ofreció una propuesta que se orienta en  esa misma dirección.</p>
<p>Finalmente, una última reflexión, es que no <strong>conviene a nuestros objetivos  suponer &#8211; o consentir que se trace &#8211; una relación entre la disputa sobre las Islas Malvinas y la crisis de Crimea.</strong> A diferencia de la situación en Crimea, cuya reversión parece hoy improbable, Malvinas fue  definido como un caso “especial” y “particular”  por las Naciones Unidas, la OEA y el Movimiento de Países No Alineados. Así fue determinado porque la  disputa Argentino/Británica tiene un régimen legal y de procedimiento para su solución establecido por las Naciones Unidas y por la OEA; porque  es de interés hemisférico permanente (OEA); porque se han ofrecido y discutido fórmulas viables de arreglo para el problema de fondo y sobre todo, porque las dos partes, Argentina y el Reino Unido, son amigos de larga data con coincidencias en aspectos globales y cooperación en temas estratégicos que, utilizadas con diplomacia y tacto, deberían ayudar a diseñar un punto de encuentro para  resolver la disputa y no lo contrario.</p>
<p>Es posible que la crisis desatada entre Ucrania y Rusia esté sólo en sus comienzos y trascienda al actual gobierno. <strong>Argentina tendrá entonces  nuevas oportunidades de examinar el fondo del problema</strong> a la luz de sus antecedentes en las Naciones Unidas, la defensa de sus intereses y la amistad con todos los  actores.</p>
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		<title>Qué puede hacer Argentina en el Consejo de Seguridad</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Feb 2014 11:00:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Petrella</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas es el órgano más importante del sistema internacional.  Excepto la guerra de Vietnam, ninguna crisis susceptible de poner en peligro la paz ha sido soslayada  de su agenda, ya sea en su prevención, origen, desarrollo o arreglo sustentable. El Consejo siempre ha tenido que ver en alguna de dichas... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-petrella/2014/02/03/que-puede-hacer-argentina-en-el-consejo-de-seguridad/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El <strong>Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas</strong> es el órgano más importante del sistema internacional.  Excepto la guerra de Vietnam, ninguna crisis susceptible de poner en peligro la paz ha sido soslayada  de su agenda, ya sea en su prevención, origen, desarrollo o arreglo sustentable. El Consejo siempre ha tenido que ver en alguna de dichas etapas.</p>
<p>Por ello, los países con mayor vocación  internacional, procuran integrarlo con la máxima frecuencia posible. Este es el caso de <strong>Argentina que fue electa nueve veces</strong> y siempre por amplias mayorías,  en razón del realismo de sus iniciativas y de la eficacia de su diplomacia. En efecto, desde sus aporte a la solución de la <strong>crisis de Berlín</strong> - al comienzo de la guerra fría &#8211; a las cuestiones relacionadas al desarme nuclear y convencional, a la paz en Medio Oriente, pasando por  la guerra entre India y Paquistán, la cuestión de Namibia, Haití, la guerra del Golfo, los Balcanes, el terrorismo, Chipre, Irak y la crisis humanitaria en Kosovo, Argentina accionó siempre como actor internacional responsable y necesario.</p>
<p>Es que la diplomacia argentina nunca fue entrenada para “bailar el minué de la alfombra roja”, para comprar <strong>ideologismos paralizante</strong>s o para aparecer solo con lo “justo”. Operó con sacrificio y éxito en los escenarios más complejos, coordinando  siempre sus acciones con los actores más afectados  y con los países  relevantes dentro y fuera del Consejo de Seguridad. Esto, porque en el escenario multilateral, es mejor actuar “de más”, en las buenas causas, que mantenerse al margen y hacer apenas lo “correcto”.</p>
<p>El Consejo es, por su misma naturaleza, un órgano para la acción, para las propuestas concretas y no necesariamente orientado a la retórica, por valiosa y articulada que esta pueda resultar. Esa visión estrictamente de servicio es lo que, tempranamente, aprendieron los funcionarios argentinos de las actitudes de <strong>Hipólito Irigoyen</strong> en la <strong>Liga de las Naciones</strong>, en 1918, de la Paz del Chaco con <strong>Carlos Saavedra Lamas</strong> y de la generosidad respecto de  los  perseguidos por el nazismo,  de los refugiados de la guerra civil española, del golpe de Augusto Pinochet en Chile o los disidentes de la <strong>dictadura cubana</strong>, para citar solo algunos ejemplos.</p>
<p>De allí que en cierto modo sorprende que, habiendo transcurrido un año del actual mandato argentino en el Consejo de Seguridad, <strong>no se haya conocido</strong>, o discutido –en el Congreso o en los medios académicos- <strong>alguna iniciativa de nuestro país</strong> en dicho órgano. Tampoco ha sido el caso de la “Cooperación de la UN con los organismos regionales y subregionales en el mantenimiento de la paz y la seguridad….” presentado por la señora presidente <strong>Cristina Fernández de Kirchner</strong> el 6 de agosto pasado en el ejercicio de la presidencia (S/PV.7015). Tal vez habría ahora que concentrarse en los casos de <strong>Irán y Siria </strong> que son típicos asuntos de extrema gravedad y sensibilidad en los que Argentina  puede realizar una contribución sólida,  acorde con su tradición histórica.</p>
<p>Al respecto parece necesario evitar dos actitudes. Por un lado, una suerte de sentimiento aislacionista falsamente “protector” y por otro, el temor a un eventual fracaso. Desafiando esas circunstancias Brasil, durante su reciente pasó por el Consejo, <strong>se alió a Turquía</strong> para participar en las negociaciones sobre el <strong>desarrollo nuclear de Irán</strong> que llevaban adelante el Secretario General Ban ki Moon y los miembros permanentes del Consejo. Al margen de su resultado, dicha actitud fue acertada. Si en algo se  la podría objetar es por no haber invitado también a países emergentes como Argentina, Sudáfrica y Ucrania que, dominando la tecnología para fabricar artefactos nucleares, decidieron autorestringirse, aunque sin limitar su desarrollo nuclear pacífico. Ese era ejemplo que habría que  haber ofrecido a Irán. Brasil buscó individualmente un “salto hacia la calidad”, asociándose con Turquía y ganar así mayor presencia internacional. Su actual <strong>asociación con Alemania para combatir el espionaje global</strong> es otro ejemplo de “salto hacia la calidad”, en una causa que suscita amplio consenso y que Argentina también apoya.</p>
<p>Argentina habría actuado igual que Brasil aunque, seguramente, hubiera incorporado a la iniciativa  a otros países con preocupaciones similares para consolidar, conjuntamente, las alianzas más calificadas adentro y afuera de la región.</p>
<p>Por ello es que <strong>Argentina no debería descuidar los espacios que el sistema internacional ofrece</strong> y que han sido  los ámbitos naturales de su accionar político y diplomático por mucho tiempo. Dicha actitud <strong>le restaría interlocución con los grandes actores</strong> que son, en definitiva, aquellos mejor munidos para ayudar a superar los propios problemas. Obtener diálogo fluido con esos actores constituye  el objetivo principal  de una  diplomacia motivada a servir los intereses de su país. Con ese propósito, el Consejo de Seguridad ofrece un instrumento insustituible  mediante los aportes prácticos que se realicen para la solución de las grandes crisis.</p>
<p>Pero, sin perjuicio de lo anterior, hay un importante motivo adicional a tener en cuenta. <strong>Chile acaba de incorporarse al Consej</strong>o y compartirá la representación de América Latina con Argentina. Su actual Canciller es una personalidad con amplia experiencia dentro del “sistema” y razonablemente buscará aumentar el prestigio chileno en el orden multilateral. Ello <strong>no debería suceder a expensas de la Argentina.</strong> Hay que reforzar los lazos de cooperación que seguramente existen  con iniciativas sobre los temas en los que Argentina tiene más peso, como los relativos a la seguridad, a las cuestiones humanitarias y a las <strong>Operaciones de Mantenimiento de Paz</strong> en las nuevas áreas críticas donde la presencia argentina haga una diferencia.</p>
<p>Poco antes de la <strong>desafortunada invasión a Irak,</strong> en el año 2002/2003, Argentina, Canadá, Chile, Francia,  México y Suecia participaron colectivamente de un último y agotador esfuerzo destinado a evitar el uso de la fuerza sin autorización del Consejo de Seguridad.  Entonces, lo que contaba, era  comprometerse  activamente en los hechos para lograr un orden internacional más pacífico, antes que ponerse al costado por temor a los resultados. El aporte argentino a esas discusiones fue central en razón de su presencia técnica y diplomática en los organismos verificadores que actuaban dentro de Irak. Ese sigue  y seguirá siendo, el rol  de la diplomacia argentina</p>
<p>Tal vez este episodio pueda también servir de inspiración para el<strong> largo año de trabajo que le espera a la Argentina</strong> en el órgano principal de las Naciones Unidas.</p>
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		<title>John Kerry, la OEA y la Argentina</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Dec 2013 12:02:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Petrella</dc:creator>
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		<description><![CDATA[América Latina se fue consolidando gradualmente durante el siglo XIX y comienzos del siglo XX sobre la base de seis principios, todavía celosamente vigentes. Estos son: a) igualdad soberana de todos los Estados; b) no intervención; c) integridad territorial; d) autodeterminación; e) solución pacifica de las disputas y f) respeto por el derecho internacional (Carlos... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-petrella/2013/12/18/john-kerry-la-oea-y-la-argentina/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>América Latina</strong> se fue consolidando gradualmente durante el siglo XIX y comienzos del siglo XX sobre la base de seis principios, todavía celosamente vigentes. Estos son: a) igualdad soberana de todos los Estados; b) no intervención; c) integridad territorial; d) autodeterminación; e) solución pacifica de las disputas y f) respeto por el derecho internacional (<strong>Carlos Calvo</strong>). Las sucesivas <strong>Conferencias Panamericanas</strong>, a partir de 1899, fortalecieron esos principios, rechazaron el <strong>intervencionismo</strong>, sentaron prácticas humanitarias ejemplares como el asilo y convencieron a<strong> Estados Unidos</strong> de inaugurar<strong> la política del “buen vecino”,</strong> que llevó a una mayor cooperación y entendimiento dentro del <strong>Hemisferio</strong>. Pero fue la adopción de la <strong>Carta de la Organización de Estados Americanos</strong>, junto con el <strong>Tratado de Soluciones Pacíficas</strong>, y la <strong>Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre</strong> (<strong>Bogotá</strong>, 1948) lo que, al incorporar la democracia republicana y los derechos humanos, otorgó al sistema interamericano y a los países que lo integran una cohesión dentro de la unidad, que resultó ejemplar para el nuevo orden internacional posterior a la Segunda Guerra. En efecto, no sólo muchos de los principios del sistema interamericano fueron incorporados a la <strong>Carta de San Francisco</strong>, sino que la<strong> Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre</strong> -redactada por juristas latinoamericanos y estadounidenses- es anterior a la <strong>Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas</strong>.</p>
<p>A partir de esos históricos momentos, el rol de la <strong>OEA,</strong> con sus luces y sus sombras, ha servido para demostrar que los países se asocian principalmente por dos motivos: las necesidades estratégicas derivadas de compartir un inmenso ámbito geográfico como el <strong>Hemisferio</strong> <strong>Occidental</strong>, es decir, <strong>América</strong> y las afinidades culturales e institucionales, reflejadas en los valores comunes como la democracia y los principios republicanos (<strong>Lagorio)</strong>.</p>
<p><span id="more-68"></span>Por estas razones es que la presencia, el pasado 18 de noviembre, del secretario de Estado de los Estados Unidos <strong>John Kerry</strong> en la OEA debe destacarse. En primer lugar porque <strong>reafirma el rol de la OEA como factor de unidad en el continente</strong> -en gran medida por el esfuerzo argentino (<strong>Caminos</strong>)- y en segundo lugar porque se sirve de ese foro para proponer a los países miembros una nueva agenda basada en la vigencia de la <strong>Carta Democrática Interamericana</strong> <strong>(Rodriguez Giavarini</strong>), el medio ambiente, la energía, los alimentos y, finalmente, en un nuevo esfuerzo hacia la integración comercial, atemperando la fragmentación (Sanguinetti).</p>
<p>En algunos sectores, dichas propuestas podrían ser leídas como una tentativa orientada a recuperar la iniciativa en el “patio trasero” en momentos de sucesivas crisis (<strong>Libia, Irán, Siria, Ucrania</strong>). Sin embargo, para nuestra diplomacia las palabras de Kerry, por el hecho de recoger posturas históricas argentinas, deberían aprovecharse para abrir oportunidades en la agenda bilateral y regional. Conviene detenerse un poco en esto. <strong>Cuando Kerry enfatiza la unidad del hemisferio occidental no hace otra cosa que retomar la visión de Frondizi , Jucelino y Kennedy</strong>. Posteriormente <strong>Miguel Ángel Zavala Ortiz</strong> (<strong>Arturo Illia</strong>) propuso formalmente el ingreso de los países anglófonos del <strong>Caribe</strong> así como de <strong>Canadá</strong> a la OEA, precisamente para ir construyendo una comunidad sin fisuras de sur a norte del continente. Quien tenga un mapa frente a sus ojos entenderá las razones que motivaron la persistencia de esas políticas a lo largo de muchos gobiernos. Por su posición geográfica en el extremo austral, <strong>Argentina “tiene” la línea recta más larga hacia el “norte” desarrollado, la diagonal más larga hacia sus socios europeos y la línea “horizontal” más extensa hacia sus clientes comerciales asiáticos. De allí, que las tentativas de fragmentar el continente no le convienen</strong>. Dividir por el<strong> Canal de Panamá</strong>, concibiendo una <strong>América</strong> <strong>del</strong> <strong>Sur</strong> que “prescinde” de los centroamericanos y caribeños, que han sido y son escenario de una vibrante presencia argentina cultural y también política, significa ceder espacios sin ningún beneficio. <strong>La suposición que se puede gravitar y prosperar marginando a México</strong>, <strong>Estados Unidos</strong> y <strong>Canadá</strong> <strong>de los proyectos regionales</strong> (<strong>Castañeda</strong>) <strong>resulta</strong> <strong>riesgosa</strong>, carece de sustento y por ello no es compartida por nuestros vecinos más sofisticados que buscan individualmente las relaciones más estrechas posibles con EEUU. Pero no sólo por reafirmar la unidad continental la agenda que propone Kerry viene como “anillo al dedo” de Argentina. También cuando se refiere a la cooperación en materia de seguridad, abre un panorama para entendimientos en las sensibles cuestiones de no proliferación nuclear y armas químicas en las que Argentina es particularmente reconocida. Algo similar sucede cuando señala que América se ha convertido en un nuevo centro del mapa energético del mundo, mencionando a la Argentina junto con Estados Unidos por el gas natural. Igual reflexión cabe respecto del cambio climático, tema en el que la diplomacia argentina también se ha destacado.</p>
<p>Finalmente, está <strong>el recurrente problema de la institucionalidad democrática y el rol de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos</strong>. Aunque en estos temas ningún actor tiene personería “ganada” para individualizar a otro, es siempre importante que alguien evoque lo difícil que fue ganar terreno y lo lamentable que sería perderlo ahora. Resulta claro que cuando la Comisión recuerda los principios de la “<strong>Declaración de Santiago</strong>” de 1959 en el sentido de que “la perpetuación en el poder, o el ejercicio de éste sin plazo determinado con el manifiesto propósito de perpetuación, son incompatibles con el ejercicio efectivo de la democracia”, está denunciando a aquellos gobiernos que, desnaturalizando los propósitos de <strong>Unasur</strong>, utilizan su cobertura a fin de “desacoplarse” del sistema de<strong> Naciones Unidas</strong> y de la <strong>OEA</strong> para satisfacer ambiciones no democráticas. Esta es la razón más evidente por la que el sistema de derechos humanos regional está siendo castigado. En este terreno la pasividad argentina resulta sorprendente porque ha sido el país cuyo permanente liderazgo ha permitido la consolidación de garantías que sirven de inspiración para el resto del mundo.</p>
<p>En el sistema internacional los “nichos” que permiten la acción efectiva de la diplomacia no aparecen con frecuencia. El discurso de John Kerry en la OEA, acompañado por la <strong>secretaria Adjunta para Asuntos Hemisféricos, Roberta Jacobson</strong> –que conoce bien a la Argentina por haber vivido y estudiado en sus universidades–, ofrece una gama de posibilidades que la diplomacia debería explorar prontamente.</p>
<p>Asimismo, en política exterior, el poder se construye de arriba hacia abajo y no a la inversa. <strong>Recuperar la relación con Estados Unidos para beneficio reciproco, </strong>sobre la base de los factores que han hecho de la Argentina un importante actor global en los temas más sensibles de seguridad, no sólo reflotará nuestra gravitación subregional, sino que también ayudará a resolver las cuestiones bilaterales, financieras y comerciales, con los Estados Unidos y con nuestros socios europeos. <strong>En síntesis, para hacer buenos negocios hay que hacer primero buenas políticas</strong>. Esa, y sólo esa, es la premisa para practicar una diplomacia sensata.</p>
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		<title>Mandela y nosotros</title>
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		<pubDate>Sun, 08 Dec 2013 13:37:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Petrella</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La muerte de Nelson Mandela ha conmovido justamente a la opinión pública nacional e internacional. Es que ha desaparecido un líder que hizo causa  con la libertad, la justicia, la unión y el repudio inconmovible a la violencia. Igual que Vaclac Havel conoció las prisiones más crueles pero, al recupera la libertad, fomentó la convivencia... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-petrella/2013/12/08/mandela-y-nosotros/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La muerte de <strong>Nelson Mandela</strong> ha conmovido justamente a la opinión pública nacional e internacional. Es que ha desaparecido un líder que hizo causa  con la <strong>libertad,</strong> la <strong>justicia,</strong> la <strong>unión</strong> y el <strong>repudio inconmovible a la violencia</strong>. Igual que <strong>Vaclac Havel</strong> conoció las prisiones más crueles pero, al recupera la libertad, fomentó la convivencia evitando la división y la discordia,  sentimientos que germinan fácilmente después de las grandes tragedias. <strong>Madeleine Albrigth,</strong> representante permanente de Estados Unidos ante las <strong>Naciones Unidas</strong> y luego secretaria de Estado, lo recuerda en sus <strong><em>Memorias</em> </strong>como una persona muy valiente que siempre buscó justicia y nunca venganza. <strong>Boutros Boutros Galhi,</strong> secretario general de las Naciones Unidas, evoca emocionado que, para obtener el respaldo norteamericano para su reelección ese alto cargo, Mandela lo llamo a <strong>Bill Clinton</strong> y le dijo que Boutros era su “hijo adoptivo”. <strong>Kofi Annan</strong> destaca que supo innovar en la agenda del <strong>Consejo de Seguridad </strong>al promover, en diciembre de 1999 con explicito respaldo argentino y de otros países, que la cuestión del <strong>sida</strong> sea considerada en la agenda de dicho órgano.</p>
<p>La mayoría de las crónicas sobre su muerte se centran en los rasgos formidables de su personalidad y cómo ésta permitió extraer a Sudáfrica de su trágico laberinto y llevarla, en relativamente poco tiempo, a ser una de las naciones más respetadas y admiradas. Por todo ello, no debe sorprender que <strong>Carlos Menem,</strong> presidente de la Argentina precisamente cuando el laborioso proceso de reconversión hacia la democracia multirracial tenía lugar, se hubiese interesado tan profundamente en el líder africano y en su visión sobre el <strong>arrepentimiento, verdad, justicia, memoria, convivencia y finalmente, reconciliación</strong>. Esto también explica el impulso de la Cancillería de <strong>Guido Di Tella</strong> para una rápida recomposición de las relaciones  y obtener que <strong>Carlos Menem fuese el primer presidente de América Latina que realizara una visita oficial a Sudáfrica,</strong> aun cuando algunas de las dificultades políticas seguían sin resolverse.</p>
<p>Las relaciones  con Sudáfrica habían sido hasta ese momento muy distantes –incluso en su momento suspendidas por el presidente  <strong>Alfonsín</strong>- en razón de la nefasta  practica del <strong>apartheid. </strong>Además, Argentina había sido y era un  activo promotor de la <strong>descolonización</strong> en las Naciones Unidas y factótum de la primera visita de un secretario general -el austriaco <strong>Kurt Waldheim</strong>-  a <strong>Namibia</strong> en 1972, hecho que alteró el equilibrio  estratégico subregional que sustentaba al régimen sudafricano. Los vínculos diplomáticos, de bajo nivel, se mantenían en razón de intereses mineros y ganaderos así como por una muy discreta cooperación naval en el Atlántico Sur área de indiscutible interés para ambas naciones. Pero la situación cambió de raíz cuando apareció la figura de Mandela. Se sucedieron entonces contactos diplomáticos y visitas recíprocas de alto nivel. <strong>De Klerk</strong> a la Argentina en 1993, Guido Di Tella a la asunción del ya presidente Nelson Mandela en mayo de 1994,  posteriormente <strong>Thabo Mbeki</strong> y <strong>Carlos Ruckauf </strong>así como los <strong>primeros ejercicios navales conjuntos argentino-sudafricanos</strong> a los que luego se unieron <strong>Brasil y Uruguay</strong>.   Menem visitó oficialmente Sudáfrica en febrero de 1995. La declaración conjunta suscripta por ambos mandatarios reconoce baluartes de la diplomacia argentina como las <strong>Operaciones de Mantenimiento de Paz,</strong> los voluntarios de <strong>Cascos Blancos,</strong> la <strong>Zona de Paz y Cooperación en el Atlántico Sur</strong> y el apoyo a la Argentina para sede  de la <strong>Secretaría del Tratado Antártico</strong>. Se discutieron también cuestiones de no proliferación nuclear ámbito donde argentina se destacaba con justicia por su arreglo con Brasil y la voluntad de “autorrestringirse”, criterio al  que también  adhirió Sudáfrica. Mandela retribuyó la visita a la Argentina en 1998, ocasión en que recorrió parte de nuestro país.</p>
<p>Tanto Argentina como Sudáfrica designaron embajadores representativos. <strong>Hugo Porta,</strong> por ejemplo, no solo se instruyó cuidadosamente en la Cancillería respecto de su labor, sino que, por su dedicación y compromiso, demostró ser la persona adecuada para el momento. Mandela lo distinguió personalmente  porque decidió hacer del <strong>rugby</strong> –deporte nacional sudafricano– el <strong>símbolo del perdón y la reconciliación.</strong> Con posterioridad Argentina acreditó diplomáticos experimentados y Sudáfrica a  <strong>Peter Goosen,</strong> experto en desarme y  hoy representante en <strong>La Haya</strong> para la <strong>Organización para las Armas Químicas</strong>, y a <strong>Tony León,</strong> abogado opositor que había negociado con el <strong>Congreso Nacional Africano</strong> los problemas más dolorosos de la transición. Actualmente la embajadora sudafricana es <strong>Dlamini Mandela,</strong> que fuera enviada especial para la inauguración del presidente <strong>Fernando De la Rúa,</strong> gestión durante la cual se firmó un <strong>acuerdo Mercosur-Sudáfrica</strong>. Hacia el fin de ese primer período, el intercambio comercial se había triplicado y diversificado, así como las vinculaciones deportivas y los contactos académicos. Exponente de esto último es que Sudáfrica estableció en el <strong>Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales</strong> la primer oficina en América Latina para la difusión de la cultura africana.</p>
<p>Los vínculos entre ambos países siguieron fructíferos hasta la actualidad. Por ello sería muy oportuno que nuestra línea de bandera enfatizase las rutas hacia África, así como la ruta transpolar que nos comunica con Asia, donde están los más prometedores intereses comerciales. No hacerlo prontamente y privilegiar las rutas “shopping”, en desmedro de la estrategia “sur- sur”, sería un error seguramente no consentido por la Cancillería.</p>
<p><strong>Bill Clinton</strong> registra que su admiración por Mandela se sustenta no solo en su sorprendente viaje desde el sufrimiento a la reconciliación,  sino también en que siempre cultivó la humildad, el trato cortes, así como el desprendimiento personal y el interés genuino en el bienestar ajeno. En estos momentos de confusión política  y de liderazgos inconsistentes en el mundo y  en los países, el ejemplo de Nelson Mandela es el mejor legado que nos deja su vida.</p>
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		<title>El desarrollo nuclear y la responsabilidad</title>
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		<pubDate>Tue, 07 May 2013 05:06:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Petrella</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La diplomacia y la comunidad científica argentinas tienen un bien ganado prestigio en materia de desarrollo nuclear pacífico. Desde los primeros debates que tuvieron lugar en las Naciones Unidas con motivo del Tratado de No Proliferación Nuclear, ese prestigio ha seguido consolidándose. La cooperación brindada generosamente a muchos países, las ventas de reactores, los acuerdos... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-petrella/2013/05/07/el-desarrollo-nuclear-y-la-responsabilidad/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La diplomacia y la comunidad científica argentinas tienen un bien ganado prestigio en materia de<strong> desarrollo nuclear pacífico</strong>. Desde los primeros debates que tuvieron lugar en las <strong>Naciones Unidas</strong> con motivo del <strong>Tratado de No Proliferación Nuclear</strong>, ese prestigio ha seguido consolidándose. La cooperación brindada generosamente a muchos países, las ventas de reactores, los acuerdos con <strong>Brasil</strong> para la contabilidad y control recíproco de las respectivas instalaciones nucleares, así como la cooperación con la <strong>OIEA</strong> y la participación en otros regímenes de no proliferación, han servido para <strong>dar a la Argentina presencia, voz y autoridad en estos sensibles y estratégicos temas.</strong></p>
<p>Dentro de esos históricos lineamientos, resulta ejemplar que, desmintiendo el convulso y receloso panorama político mundial, <strong>Argentina y Brasil hayan suscripto el 6 de mayo pasado un contrato para desarrollar un reactor multipropósito a ser construido por la empresa argentina Invap</strong>, de impecable trayectoria. La iniciativa continúa los acercamientos iniciados por <strong>Alfonsín y Sarney</strong>, profundizados por <strong>Menem y Cardozo</strong> y siguientes presidentes argentinos y brasileños.</p>
<p><span id="more-50"></span>Precisamente fue a mérito de esa trayectoria &#8211; el contrato con Brasil constituye un eslabón adicional- que en mayo de 2010, el presidente <strong>Barack Obama</strong> le dirigió una sustantiva carta a la presidenta <strong>Cristina Fernández de Kirchner</strong> destacando el liderazgo regional argentino y su rol en la <strong>Cumbre de Seguridad Nuclear</strong> celebrada poco antes en <strong>Washington</strong>. Uno de los aspectos más importantes allí discutidos se relacionan con las iniciativas globales para combatir el <strong>terrorismo nuclear</strong>.</p>
<p>Sorprende entonces que, en ocasión de un reciente viaje a la hermana <strong>Bolivia</strong>, autoridades argentinas hayan hecho pública la <strong>voluntad argentina de colaborar con La Paz para que pueda “arrancar su plan nuclear”</strong>. El anuncio sugiere algunas reflexiones. En primer lugar Argentina es campeona en sostener el desarrollo nuclear pacífico para todos los países. Las posiciones expuestas oportunamente en los ámbitos multilaterales por los embajadores <strong>Ruda, Ortiz de Rozas y Berazategui</strong> en ese sentido, todavía hoy son regla, tanto en la OIEA como en las Naciones Unidas y organizaciones regionales. Pero ello no sustrae a las cuestiones nucleares de su profunda naturaleza estratégica y, por ende, de la necesidad de proceder siempre con prudencia y conocimiento del entorno político. En segundo lugar, <strong>Bolivia tiene el indiscutible derecho a su desarrollo nuclear pacífico</strong>. Argentina se debe a sus vecinos, posee la experiencia y es natural que preste toda la colaboración que Bolivia pueda requerir. Pero, en tercer lugar, cabe también analizar el entorno político subregional y el impacto que el anuncio argentino podría tener. Vemos que la relación entre Bolivia y <strong>Chile</strong> está sometida a lógicas tensiones por el renovado reclamo de Bolivia por la salida al Pacífico. Hace días la <strong>Corte Internacional de Justicia</strong> acepto el caso planteado por Bolivia. Es probable que las tensiones no disminuyan. <strong>Perú</strong> también tendría lo suyo para decir en el tema. Por otro lado, la profundidad de los vínculos del gobierno de <strong>Evo Morales</strong> con <strong>Irán</strong> no es clara para la Argentina. <strong>Almadineyad ha visitado Bolivia y habría una conexión iraní en la frontera con Argentina nutrida, tal vez, por el chavismo que es el puente de Irán en América Latina</strong>. Además, Irán está cuestionado por su desarrollo nuclear no transparente, ha sido sancionado por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y su gobierno es sospechado de haber originado los dos atentados terroristas en la Argentina y en otros lugares. Argentina es miembro del Consejo de Seguridad y una potencia nuclear reconocida. Sólo por esta razón <strong>debería poner prudente distancia de todo aquello que vincule a Irán con la región</strong>. Adicionalmente, Bolivia y EEUU mantienen un serio conflicto diplomático sobre el que no cabe opinar. Pero sí, hay que recordar con énfasis, que <strong>EEUU es principal inversor directo en la Argentina y socio estratégico para la cooperación tecnológica necesaria para el progreso nacional</strong>.</p>
<p>Lo expuesto muestra algunos de los importantes elementos que invitan a ejercer la mayor responsabilidad y prudencia al abocarse a temas nucleares. Bolivia tiene derecho a su programa nuclear pacífico y Argentina no debe retacear su participación. Se trata de dos países entrañablemente amigos y por ello capacitados para comprender la delicada naturaleza que el tema plantea y conversar al respecto a los niveles adecuados. De allí la necesidad de proceder paso a paso, teniendo en consideración todos los elementos que hacen al interés nacional, así como las circunstancias globales y subregionales. <strong>No hay que correr riesgos desestabilizadores contrarios a la tradición diplomática argentina</strong>.</p>
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		<title>Argentina, Máxima y la responsabilidad</title>
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		<pubDate>Thu, 02 May 2013 03:50:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Petrella</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El objetivo principal de una buena diplomacia es lograr que el propio país se inserte virtuosamente en el sistema internacional. Que el país “sume”, que el país “pese”. Esto implica asociarse, no sólo con sus vecinos y su región, sino también y muy especialmente con aquellos otros países que, por su afinidad cultural, características y desarrollo,... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-petrella/2013/05/02/argentina-maxima-y-la-responsabilidad/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El objetivo principal de una buena diplomacia es lograr que el propio país se inserte virtuosamente en el sistema internacional. Que el país “sume”, que el país “pese”. Esto implica <strong>asociarse, no sólo con sus vecinos y su región</strong>, sino también y muy especialmente con aquellos otros países que, por su afinidad cultural, características y desarrollo, están en condiciones de ayudar al crecimiento y satisfacer así los intereses y necesidades de su pueblo.</p>
<p>Para que ello sea posible, <strong>la diplomacia tiene que recurrir a todas las circunstancias –a veces provocadas, a veces fortuitas– que ponen a su país bajo las luces y la atención de la opinión pública mundial</strong>, lo que resalta sus cualidades respecto de otros actores internacionales.</p>
<p><strong><span id="more-44"></span>La coronación de Máxima como reina de Holanda es, en sí mismo, un hecho histórico relevante para Holanda, para Europa y para el mundo</strong>. Pero, aunque fortuito, es también un muy significativo para los argentinos y su Gobierno, que lo han festejado con sincero entusiasmo. En primer lugar, porque nos vincula con <strong>un país tradicionalmente amigo</strong> y con el que las afinidades en temas estratégicos surgen naturalmente. <strong>Argentina y Holanda coinciden espontáneamente en cuestiones de derechos humanos, desarme, no proliferación, medio ambiente y desarrollo</strong>, que constituyen los aspectos centrales de la agenda global y de las <strong>“metas” del Milenio de las Naciones Unidas</strong>. Además, porque se trata de <strong>dos países con gravitación en sus regiones</strong>, basada en el apoyo a las mejores causas, que son siempre las que tienen que ver con la defensa <strong>democracia</strong>, la <strong>integración</strong>, la <strong>unidad hemisférica</strong> y la búsqueda del bienestar de sus pueblos.</p>
<p>Toda la presencia Argentina, hace algunos años, en el<strong> </strong><strong>Consejo de Seguridad de Naciones Unidas</strong> en operaciones de mantenimiento de paz, y actualmente con la acción de los <strong>Cascos Blancos</strong> y en el <strong>G-20</strong>, promoviendo, por ejemplo, la eliminación de los paraísos fiscales, se relaciona con esa diplomacia activa y, cuando es necesario, también visible.</p>
<p>Pero, en realidad, el significado de Máxima para los argentinos debería ser más profundo. En efecto, Máxima es percibida como representativa de un sector muy numeroso y potente de la sociedad argentina, que desde la clase media y a través de educación, esfuerzo y ambición llega a ocupar una posición muy importante que le abre posibilidades para influir en un entorno muy amplio. Máxima demuestra que no se debe ceder a la pasividad a la indiferencia y al aislamiento. <strong>Demuestra que no se deben desperdiciar las propias cualidades cuando éstas sugieren un camino de relevancia y posiblemente también de grandeza</strong>. El mensaje para la Argentina es claro: Argentina tampoco debería sustraerse a sus responsabilidades internacionales y a su propia grandeza probada genuinamente en muchas ocasiones. Por eso, en el terreno de la política exterior, sorprende que no se haya aprovechado el liderazgo en materia de armas químicas y no proliferación nuclear, mediante alguna iniciativa propia de la Argentina para complementar los esfuerzos del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y de la <strong>Agencia Internacional de Energía Atómica</strong> en las crisis de <strong>Siria, Irán y Corea del Norte</strong>. Sin embargo, éstas son delicadas cuestiones que se vinculan, precisamente, con aspectos en las que Argentina puede ejercer una genuina influencia. No se trata en modo alguno de “dividir” los esfuerzos de la comunidad internacional, mucho menos los de los países occidentales. Se trata de <strong>no ponerse a la “sombra” de los hechos</strong> y de tener presente que no deberíamos borrar con “pasividad” toda una historia de aportes al sistema internacional. La política de “no involucrarse” para que no “te involucren” debe terminar. <strong>Involucrarse no afecta la soberanía ni condiciona necesariamente</strong>. Mucho menos a un país de la dimensión de Argentina Ejercemos junto con <strong>Guatemala</strong> la representación de <strong>América Latina y el Caribe</strong> en el Consejo de Seguridad y eso conlleva responsabilidades concretas a la altura de nuestras posibilidades y grandeza.</p>
<p>El acceso de Máxima a la Corona de Holanda puede haber sido algo “fortuito” para Argentina. Pero, en lo que hace a la política exterior, brinda un instrumento invalorable que muestra nuestros mejores perfiles y ayuda a que Argentina “pese” y “cuente” aún más en el mundo. Aunque Máxima “haya dejado” de ser argentina, su ejemplo y personalidad no deben ser desperdiciados.</p>
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		<title>Otro 2 de abril</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Apr 2013 03:38:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Petrella</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Antártida]]></category>
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		<description><![CDATA[El 2 de abril es una fecha triste y emblemática que debería servir para asumir definitivamente que el uso de la fuerza para resolver disputas bilaterales fue siempre estéril y lo es más hoy, en el mundo interrelacionado post Guerra Fría que se consolidó a partir de la crisis financiera. Pero tengamos presente que la... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-petrella/2013/04/02/otro-2-de-abril/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El 2 de abril es una <strong>fecha triste y emblemática</strong> que debería servir para asumir definitivamente que el uso de la fuerza para resolver disputas bilaterales fue siempre estéril y lo es más hoy, en el mundo interrelacionado post Guerra Fría que se consolidó a partir de la crisis financiera.</p>
<p>Pero tengamos presente que <strong>la confrontación no es sólo de naturaleza militar</strong>. La confrontación se da también en el plano político y diplomático. Alimentar la confrontación en esos niveles es <strong>igualmente negativo</strong>. Aleja de cualquier entendimiento y, finalmente,  obliga a buscar excusas o inventar circunstancias que permitan dar marcha atrás, lo que resulta siempre embarazoso. Por ello, parece  productivo <strong>aprovechar este aniversario para repudiar las acciones de confrontación,</strong> sean éstas militares, políticas o diplomáticas y <strong>reflexionar sobre los aciertos y errores en la negociación con el Reino Unido,</strong> iniciada después de la adopción de la <strong>Resolución 2065/65 por las Naciones Unidas.</strong></p>
<p><span id="more-38"></span>Cabría, en primer lugar, analizar si la diplomacia de diálogo y mutuo acercamiento   permitió las discusiones y negociaciones sobre soberanía o si, por el contrario, la confrontación y las escaladas verbales fueron las que arrojaron  mejores resultados.  Esta distinción viene al caso porque parece haberse olvidado que, a partir de 1965 y con más énfasis desde 1972 hasta la guerra, Argentina promovió <strong>una convergencia hacia el Reino Unido que se expresó fundamentalmente en medidas concretas para beneficiar a los habitantes de las Islas</strong>, sin descuidar el frente multilateral, tanto en las Naciones Unidas,  como en la OEA y en el movimiento No Alineado. La política de esos momentos privilegiaba, por ejemplo, el envío de jóvenes maestras para vincularse con los isleños y las comunicaciones con las Islas, antes que los improperios o las amenazas de “doblegarlas” <strong>mediante el aislamiento y los embargos</strong>, tal como se pretende hacer  en este momento. Esa diplomacia madura y sensata fusionó en la práctica a las Islas con la Patagonia, reforzando una asociación histórica y logró que el Reino Unido ofreciese, durante el período 1974/1981, el condominio, el retro arriendo y, poco antes de la guerra, una solución “estilo” Hong Kong.</p>
<p>Nada de eso fue aprovechado. Predominó la presión de los “duros”, que querían soluciones inmediatas y totales. Tal vez sin desearlo, esta forma de pensar fue preparando a la opinión pública menos informada y a un gobierno de facto,  autoritario y soberbio para la guerra, que implicó, no solo un trágico error, sino también un retroceso enorme que <strong>destruyó todo el esfuerzo de integración</strong>, contactos y comunicaciones con las Islas, que era y sigue siendo, el imprescindible primer paso para negociar la soberanía sobre bases aceptables. Recordemos esto al evocar este 2 de abril, a sus héroes y a sus víctimas.</p>
<p>Las acciones que Argentina lleva adelante ahora, salvando significativas  diferencias, también tienen <strong>un sesgo confrontativo</strong> y descalificatorio hacia la parte británica    poniendo distancia justamente respecto de aquel a quien deberíamos atraer, creando  las condiciones para que se “siente a dialogar”, conforme ha solicitado con razón la señora Presidenta. Es <strong>una política con costos pero sin resultados</strong>.</p>
<p>Está claro entonces que hay <strong>retomar el camino de la razonabilidad que permitió  el restablecimiento de las relaciones en 1989</strong> y, en circunstancias mucho más difíciles que antes de la guerra, obtener que el Reino Unido mantenga vigente la disputa y  nuevamente una importante presencia argentina en la economía de las Islas.</p>
<p>Para ello habría que soslayar ciertos riesgos y simplificaciones.</p>
<p>En <strong>primer lugar</strong>, evitar reproducir el<strong> antiguo debate sobre la historia y los derechos</strong> puesto que el Reino Unido también invoca sus “fundamentos”. Porque Argentina posee  esa historia y esos derechos es que <strong>se oficializó la disputa en Naciones Unidas</strong>. Repicar el pasado ya no hace falta. Hace falta una acción inteligente hacia el futuro. Fatigar a la otra parte con iniciativas.</p>
<p>En <strong>segundo lugar</strong>, <strong>evitar incluir al Reino Unido dentro de la corriente “anti EEUU” y “anti Occidente” </strong>que ha recobrado brío últimamente. <strong>El Reino Unido no lidera sanciones ni discriminaciones comerciales contra  Argentina.</strong> Tampoco es crítico de sus políticas. EEUU ha sido y será un factor determinante al que hay que acercar y no alejar.</p>
<p>En <strong>tercer lugar</strong>, asignar el correcto lugar de “apoyo” que tienen el <strong>Mercosur y Unasur</strong> y no hacer de ellos “la carta de triunfo”. Distinto es el caso de la OEA, que incorpora también a EEUU, Canadá, México, Centroamérica y el Caribe y tiene una fuerte tradición en la disputa. Los caribeños, solos, suman más votos que Unasur.</p>
<p>En <strong>cuarto lugar</strong>, <strong>que el Reino Unido haya decidido aumentar sus inversiones en América Latina refleja la tendencia mundial hacia los países que poseen recursos naturales. </strong>Durante el período 1991/2001, el Reino Unido incrementó su presencia en la Argentina superando a la de sus vecinos. Ello ayudó a las discusiones sobre Malvinas. Pero imaginar ahora que, por ser receptores de inversiones británicas, nuestros vecinos podrían “hacer por nosotros el trabajo” y  entregarnos  los beneficios no es realista. Argentina, por peso y gravitación regional y global,  <strong>no necesita “transferir” a terceros la defensa de su soberanía.</strong></p>
<p>Por <strong>último</strong>, la disputa sobre las Islas Malvinas se encuadra en un espacio geográfico determinado. Ampliar el problema, incorporando también a la Antártida parece una “simplificación” riesgosa y no facilita ninguna solución. El Reino Unido no hará “un paquete” con ambas disputas. Chile tendrá algo que decir. Por el contrario, <strong>la Antártida posee su propio y exitoso régimen jurídico</strong>, en buena medida creado a instancias de Argentina y Chile. Afectar ese régimen puede desatar conflictos serios entre las partes del <strong>Tratado Antártico</strong> amenazando la estabilidad regional. Además, Argentina es Sede de la Secretaría del Tratado por lo que tiene una mayor obligación  de presencia antártica y de preservar la armonía del “statu quo” actual.</p>
<p>En síntesis, <strong>la búsqueda de “nuevas” fórmulas para resolver la disputa debe evitar terminantemente colocar a la Argentina al costado o afuera del sistema de la Res. 2065/65 que reconoce dos partes, la Argentina y el Reino Unido</strong>. Esta resolución y las concordantes, son el punto más sólido de la posición argentina y no hay que dejarlas de lado. No cabe ningún “bypass” en esto. No hay “atajo” ni “simplificación” que pueda sustituir a una buena diplomacia  sensible también, a los puntos que plantea la otra parte. Esa es <strong>la diplomacia que puso a la Argentina muy cerca de una solución</strong> gradual. La confrontación, por el contrario, <strong>la alejó y la seguirá alejando</strong> en la medida que  persista en ese camino.</p>
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		<title>Malvinas, el día después</title>
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		<pubDate>Tue, 12 Mar 2013 12:14:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Petrella</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Una buena diplomacia procura maximizar con prudencia las circunstancias positivas que le brinda la dinámica internacional y minimizar las repercusiones cuando dichas circunstancias resultan desfavorables. El reciente referéndum en las Islas Malvinas podría ser una buena oportunidad para no otorgar mayor relieve a un acto cuyo resultado sólo tendría gravitación entre quien administra las islas,... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-petrella/2013/03/12/malvinas-el-dia-despues/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Una buena diplomacia procura maximizar con prudencia las circunstancias positivas que le brinda la dinámica internacional y minimizar las repercusiones cuando dichas circunstancias resultan desfavorables.</p>
<p>El reciente <strong>referéndum</strong> en las Islas Malvinas podría ser <strong>una buena oportunidad para no otorgar mayor relieve a un acto cuyo resultado sólo tendría gravitación entre quien administra las islas, el Reino Unido, y los administrados</strong> -aun considerando su relativa autonomía-, que son los isleños.</p>
<p><strong><span id="more-34"></span>Exagerar</strong> por nuestro lado la respuesta brindaría al referéndum proyecciones que desbordarían el marco “interno”-Reino Unido/isleños- en que ha tenido lugar. Eso <strong>sería perjudicial para los intereses argentinos</strong>. Naturalmente que fijar con toda claridad la posición es necesario, pero las reacciones oficiales deberían pensarse para la sofisticación del “mercado” externo, <strong>buscando comprensión y adhesiones y no con miras al ámbito doméstico</strong>, que no duda de nuestros derechos soberanos ni del sistema establecido por las Naciones Unidas para resolver la disputa.</p>
<p>Esto último parece aún más importante en razón de que los isleños aspiran a exhibir los resultados del referéndum con el propósito de desprestigiar la posición argentina. El <strong>Comité de Descolonización de las Naciones Unidas</strong> tendrá que registrar lo acontecido, por lo que presentar ahora nuestra visión con mesura, sin calificativos y sin ofender, es la mejor manera de ganarse la simpatía internacional, contrarrestar la estrategia isleña y, tal vez, retomar el camino con el Reino Unido para solucionar gradualmente el diferendo.</p>
<p>Pero todo este episodio pone también al descubierto la <strong>urgente necesidad de establecer una política interrelacionada en tres direcciones principales</strong>: el <strong>Reino Unido</strong>, el <strong>Atlántico Sur</strong> y los <strong>isleños</strong>. Con el Reino Unido, en abierto contraste con nuestros vecinos, hemos dejado pasar más de diez años sin promover reuniones estratégicas de alto nivel. La última reunión data de 2002, entre <strong>Carlos Ruckauf y Jack Straw</strong>. El ex secretario general de las Naciones Unidas para Asuntos de Desarme <strong>Vicente Berazategui</strong> era nuestro embajador en Londres. <strong>Mantener innecesariamente esa distancia con los británicos no ha sido un exponente de política “firme”, ha sido ejemplo de política estéril</strong> que debe subsanarse. Hay que “insertarse” en la agenda del Reino Unido con propuestas mutuamente convenientes, porque los problemas bilaterales más serios se conversan en los altos niveles. Esos son los escenarios que hay que buscar. Los cuadros técnicos actúan después y en consecuencia. <strong>El contexto internacional pocas veces ha sido tan favorable a la Argentina</strong>. No hay que desaprovecharlo.</p>
<p>En lo que hace al Atlántico Sur es vital <strong>recuperar de manera ostensible la presencia naval y aérea en las áreas bajo nuestra jurisdicción</strong>. Tenemos allí responsabilidades exclusivas y excluyentes, sólo limitadas por la situación que implica la falta de encaminamiento sustentable de la disputa sobre las Islas Malvinas. <strong>Es necesario que la comunidad internacional vuelva a reconocer que los intereses argentinos en esas áreas se apoyan en los hechos y no sólo en las palabras</strong>.</p>
<p>Ahora bien, sostener que los isleños deben quedar al margen de esta problemática constituye un retroceso inmenso. Buena parte de la política instrumentada a partir de la adopción de la Resolución 2065/65 y, en especial después de la firma de los Acuerdos de Comunicaciones en 1971, sabiamente se orientó a lo contrario. Se orientó a <strong>mantener contactos y diálogos oficiosos con los pobladores para inducirlos a una mayor asociación con la Argentina</strong>. La discusión de fondo -sobre soberanía- vendría después de un período de “convivencia” cuidadosamente administrado por las dos únicas “partes” en la disputa, la Argentina, el Reino Unido. Por eso el envío de las maestras a las islas y tantas otras facilidades que, con generoso interés, concretó Argentina durante un largo período.</p>
<p>Lamentablemente, es lo opuesto de lo estamos haciendo. Desaprovechamos los apoyos que por tanto tiempo nos brindó la comunidad internacional y desoímos el mensaje de la presidenta <strong>Cristina Kirchner</strong>, que <strong>pide sentarse a dialogar sin esperar que se le dé la razón</strong>. Para esto hay que crear las condiciones de convergencia con la otra parte, lo que <strong>se logra con persuasión y no con agravios</strong>. El referéndum es la respuesta a nuestros errores.</p>
<p>Sin embargo a la diplomacia argentina le sobra inteligencia para proponer un nuevo modelo asociativo entre instituciones, cultura, territorio y recursos que refleje un mundo de fronteras más difusas, de responsabilidades compartidas y solidarias como se avizora ya para la post crisis financiera.</p>
<p>A la luz de todo esto, es de esperar que repensemos la actual estrategia respecto a Malvinas, aprovechando el clima creado por el “día después” del referéndum.</p>
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