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	<title>Fernando Morales &#187; ONU</title>
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		<title>Cristina del mar&#8230;</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Apr 2014 09:00:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Y finalmente llegó el día; los marinos y todos aquellos relacionados con la actividad marítima, tuvimos nuestro minuto de gloria; sin cadena nacional pero con la adecuada difusión por medio de la cadena “oficiosa”, la Presidente nos ilustró sobre los últimos descubrimientos que el modelo acaba de producir en materia naval.</p>
<p>Millones de argentinos por fin se enteraron que tenemos 2.800.000 kmts2 de mar continental, que tenemos enormes riquezas pesqueras que son salvajemente depredadas por pesqueros ilegales que transitan por el límite de la milla 200 de nuestra zona económica exclusiva y que por falta de un adecuado control arrasan con nuestros recursos ictícolas.  También descubrimos ayer que la pesca no solo es una actividad económica importante; es también generadora de puestos de trabajo calificados, tanto a bordo de los buques factoría como en tierra firme, y una fabulosa herramienta para nutrir a un mundo demandante de alimentos.</p>
<p>En el particular lenguaje presidencial, se nos explicó que el mar está lleno de “pescados”, cuando en realidad los que deambulan libres por nuestras aguas son peces. Pero <strong>tampoco es cuestión de quedarse en los detalles menores, ahora que por fin gozaremos de los beneficios de la década ganada también en alta mar.</strong></p>
<p>El anuncio del proyecto “Pampa Azul” pareció cuando menos ambicioso. Vaya uno a saber por qué lo llamaron “Pampa” teniendo tantas referencias marinas para denominarlo, pero bueno, estamos en pleno descubrimiento.</p>
<p>La presidente anunció, entre otras cosas, que la Armada Argentina y la Prefectura Naval desarrollarán tareas de investigación ictícola; algo así como lo que viene haciendo desde hace años el INIDEP (Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero), organismo que, por si nadie se enteró en la calle Balcarce, depende del PEN. Asimismo la Prefectura Naval ya viene realizando investigaciones científicas tanto en la Antártida, como en nuestro mar continental y en nuestros ríos.  <strong>La Armada, por su parte, ha tenido un papel protagónico en el relevamiento de nuestra plataforma continental a la luz de los requerimientos establecidos por la ONU para dar sustento a nuestro reclamo</strong> de extender nuestra  plataforma hasta las 350 millas marinas contadas a partir de la línea de más bajas mareas.</p>
<p>Oportuno es acotar que el INIDEP estudia el comportamiento de las distintas especies, las migraciones de los cardúmenes, las variaciones de stock disponible para cada una de ellas y todos los aspectos a tener en cuenta para que luego las autoridades de la Subsecretaría de Pesca y el Consejo Federal Pesquero establezcan los cupos de pesca que se otorgan a las distintas empresas del rubro; intentando de esta manera que la actividad pesquera sea sustentable.</p>
<p>Al menos en teoría,<strong> la cuestión pesquera nacional está más o menos organizada</strong>. Todas las provincias con litoral marítimo tienen un asiento en el ya nombrado consejo federal , tenemos buena mano de obra y férreos controles sobre las empresas armadoras que pescan legalmente. <strong>Venimos un poco (bastante) flojos no obstante en materia de herramientas de control y vigilancia sobre todo ese enorme mar argentino al que se refirió la jefa de Estado</strong> y, obviamente, todo el andamiaje legal existente se vuelve nulo frente a la ambición pesquera de quienes no están dispuestos a someterse a nuestras reglas de juego.</p>
<p>Es por ello que, al margen de los siempre coloridos y multifacéticos anuncios presidenciales, en los que se llega a mezclar la pesca de la merluza con lo mal que estábamos hace diez años y la edad de los analistas políticos televisivos no alineados, sería bueno recordar que, si hemos decidido prestar atención a nuestro mar y sus riquezas, <strong>más que inventar planes, hace falta comprar barcos;  la soberanía en alta mar no se consolida con los “pibes para la liberación”; no se le puede hacer un piquete a un pesquero ilegal y menos que menos culpar por su actividad a la corpo.</strong> Sería más fácil claro; pero&#8230;.. en este tema y mal que les pese a los redactores del modelo hace falta echar mano a las famosas “efectividades conducentes”.</p>
<p>Una Armada con barcos viejos, mal equipados y que, lanzados a una campaña de verdad en alta mar, muy probablemente  deban ser remolcados  de regreso a puerto por los propios barcos a los que fueron a controlar, no puede garantizar por ahora un control efectivo de nuestro mar y sus recursos. Una fuerza de seguridad especializada como la Prefectura Naval Argentina no puede seguir siendo desperdiciada en controles vehiculares en la General Paz o en el gran Buenos Aires. La formación de nuestros marinos mercantes (algunos de ellos futuros pescadores) no puede seguir siendo ignorada en los presupuestos nacionales y llevada al estado de abandono en el que actualmente se encuentra, librada totalmente a la buena voluntad de empresas y gremios marítimos que intentan hacer lo que el Estado Nacional no hace.</p>
<p>Por estos días, un subsecretario de Estado con algún escaso apoyo parlamentario ha lanzado a rodar un proyecto de ley de fomento de la Marina Mercante y la Industria Naval. Mientras sus propios superiores jerárquicos del Ministerio del Interior y Transportes lo miran con recelo, el grueso de los destinatarios de la norma legal descreen de que en algún momento llegue a convertirse en ley.  En épocas de vacas flacas, el problema para los dirigentes no son los peces, ni los barcos, ni los astilleros. Para fomentar cualquier aspecto de la actividad naval hacen falta cientos de millones de ausentes dólares; los que  -de existir- podrían transformarse en generosos subsidios terrestres con el consecuente acopio de votos para el angustiante 2015.</p>
<p>&#8220;Pampa Azul&#8221;, lindo nombre para un tango; desafortunada combinación de palabras para referir a una iniciativa marítima. Una vez más vuelven a mis oídos lo que <strong>un actual ministro me dijo hace mucho tiempo: “Pibe&#8230; los peces no votan”.  Tal vez el reciente anuncio apunte a los “pescados”, que sí lo hacen.</strong></p>
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		<title>El mar tiene ley pero no tiene código</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Dec 2013 10:58:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Estimado amigo lector, si en este momento le preguntara su conocimiento sobre temas tales como fertilización asistida, alquiler de vientres, matrimonio igualitario, responsabilidad civil del Estado o función social de la vivienda, me juego la vida a que usted está sin lugar a dudas medianamente capacitado para emitir una opinión a la luz de toda... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2013/12/06/el-mar-tiene-ley-pero-no-tiene-codigo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Estimado amigo lector, si en este momento le preguntara su conocimiento sobre temas tales como fertilización asistida, alquiler de vientres, matrimonio igualitario, responsabilidad civil del Estado o función social de la vivienda, me juego la vida a que usted está sin lugar a dudas medianamente capacitado para emitir una opinión a la luz de toda la letra que sobre cada uno de estos temas se ha escrito o pronunciado en los últimos días de la mano de la ya famosa <strong>reforma del Código Civil de la Nación.</strong></p>
<p>Si ahora le preguntara qué tanto sabe usted de la <strong>COPLA</strong>, también me la juego con que encarará para el lado de música y me apabullará (Wikipedia mediante) contándome que “es una forma poética que sirve para la letra de canciones populares. Surgió en <strong>España</strong> en el siglo XVIII y se ha difundido mucho en <strong>América Latina</strong>”. Pero no, no me refería a esa sino la otra COPLA: a la sigla que sintetiza el nombre de la “<strong>Comisión Nacional del Límite Exterior de la Plataforma Continental</strong>”, es decir (tomando prestada la frase al <strong>Servicio de Hidrografía Naval</strong>) “nuestra frontera con la humanidad”.</p>
<p><span id="more-377"></span>Mire, para no complicarle la vida y dejar el resto de la información sujeto a su interés por el tema, sólo le cuento que un montón de gente talentosa, de nuestras Cancillería, Armada y Prefectura, trabajaron durante años (la mayoría de ellos durante los gobiernos de <strong>Néstor y Cristina</strong>) en la <strong>demarcación submarina de nuestra plataforma continental</strong>. La <strong>Convención Internacional de Derecho del Mar</strong> -promulgada por la <strong>ONU</strong> y ratificada por nuestro país- ha establecido los criterios con los que la plataforma se determina y a partir de allí, científicos, marinos, juristas y diplomáticos argentinos trabajaron para poder presentar en tiempo y forma ante la comisión especial de la ONU constituida a tal efecto la delimitación definitiva de nuestro último límite de soberanía económica en el <strong>océano Atlántico</strong>, que pasaría de ser aprobada la presentación, de las ya conocidas 200 millas a casi 350 millas marinas. ¿Se da cuenta amigo lector? Mire, se la hago corta: este verano cuando esté con el balde y la palita en la playa, eleve la mirada hacia el horizonte… ¿ve la línea que forman el mar y el cielo al juntarse ? Bueno, imaginando que usted mide 1,80 mts, esa línea está a unas 2,5 millas náuticas de su ojo (46 cuadras), si hablamos ahora de una plataforma continental de 350 millas. ¿Se da cuenta cuánta más Argentina queda aún detrás del horizonte?</p>
<p>Me permito acotarle, y de paso pedirle perdón por si es que ya lo sabía, que allí donde se termina la tierra firme, luego vienen 12 millas marinas de agua (unos 22 km) que son tan argentinos como la <strong>Avenida Corrientes</strong> o la <strong>9 de Julio</strong>. Esta porción del mar se denomina “<strong>Mar Territorial</strong>”. Luego otros 22 km mar adentro, que se denomina <strong>“Zona Contigua”</strong>, en la que nuestro país tiene plena jurisdicción por ejemplo para perseguir y penar delitos económicos como el contrabando, o ejercer el control migratorio, etcétera. De allí en más y hasta las 200 millas marinas, la Nación se reserva la exclusividad para la exploración y explotación del mar; esto es sus recursos pesqueros y sus riquezas minerales y vegetales, petróleo incluido. Ahora, tal como explicamos más arriba, vamos por las 350 millas, sobre las cuales si bien no tendremos la exclusividad sobre la riqueza pesquera, sí la tendremos sobre lo que existe en el lecho y subsuelo marinos.</p>
<p>Tiene toda la razón si a esta altura de la lectura se pregunta qué tiene que ver el calamar o el petróleo en <strong>Malvinas</strong> con el divorcio <em>express</em> o con la donación de óvulos. Claro que tiene que ver, y le diría que mucho. Todos estos temas de una u otra forma están comprendidos en todo o en parte en el <strong>Código Civil de la Nación</strong>. Aunque a decir verdad en lo que respecta a la protección de la parte sumergida de la patria venimos flojitos de papeles.</p>
<p>Además de talentosos marinos y diplomáticos, nuestro país cuenta con sublimes expertos en derecho marítimo, entre los que me permito citar sólo como ejemplo a <strong>César A. Lerena,</strong> quien desde hace ya algún tiempo viene alertando sobre las desprolijidades cometidas en la redacción del <strong>articulo 235</strong> del proyecto de Código Civil en tratamiento actual en nuestro Poder Legislativo.</p>
<p>Sería un despropósito y una falta de respeto a este jurista que ensayemos en esta columna el análisis técnico de las fallas descubiertas. Créame, amigo lector, que <strong>la redacción del artículo en cuestión es cuando menos displicente.</strong> Aquí nuevamente vuelvo a remitir al lector interesado a profundizar en el tema por su cuenta, si es que lo desea.</p>
<p>Lo que sí mi interesa remarcar es mi creciente temor al ver cómo se aceleran los tiempos de tratamiento sobre tablas de uno de los pilares jurídicos de la Nación, el que como antes dijimos, atiende cuestiones tan amplias como derechos de familia o soberanía pesquera. ¿<strong>Serán acaso tan lúcidos, tan leídos, tan sobrehumanos nuestros legisladores, para tener en claro y estar en plena conciencia de todos y cada uno de los miles de aspectos sobre los que se disponen a legislar nada menos que en un Código que nacerá para durar varias décadas</strong>?</p>
<p>Así como con todo derecho, abortistas, antiabortistas, transexuales, divorciados o por divorciarse, parejas de todo tipo ansiosas de tener hijos, hacen oír sus voces en uno u otro sentido, así como la propia<strong> Iglesia Católica</strong> lo hace, ¿se habrán informado diputados y senadores sobre cuestiones tan relacionadas con nuestra soberanía como las que aquí planteo? <strong>¿Se habrán detenido nuestros legisladores a mirar más allá del horizonte en sus últimas vacaciones?</strong></p>
<p>Si no lo hicieron, si no lo pensaron o si no lo tuvieron en cuenta, sirva esta columna no como una crítica, sino como un oportuno llamado de atención.<strong> Le estamos pidiendo a las Naciones Unidas que nos conceda derechos sobre un territorio marítimo que sumado al existente será casi tan amplio como nuestro territorio seco</strong>, lo hicimos con fundamento científico, político y estratégico. Demostremos al mundo (de hecho serán los representantes del mundo los que nos dirán que sí o que no) que sabemos qué es lo que estamos pidiendo y que estamos dispuestos una vez que nos sea otorgado a defenderlo, preservarlo y cuidarlo de la manera adecuada. Para empezar dotando a esa enorme extensión marítima de elementos legislativos acordes.</p>
<p>Un viejo político me dijo una vez, ante mi insistencia en concientizarlo sobre las cuestiones marítimas, <strong>“¿sabés lo que pasa, pibe?, los peces no votan”.</strong> Gracias a Dios ese buen señor ya no es ni tan solo concejal de pueblo. Ahora a nuestros políticos en actividad, a los que defienden el modelo, a los que se oponen al modelo, a los que llegan, a los que siguen y a los que se van, me permito recomendarles: consulten, pregunten, investiguen y luego de eso, y antes de votar, eleven la mirada más allá del horizonte; mucho más allá; aún muchísimo más y cuando ya no puedan divisar nada, sepan que la patria aún se proyecta y se extiende y necesita que ustedes la protejan, la cuiden y la defiendan. Si así no lo hicieran alguien se los demandará, téngalo por seguro.</p>
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		<title>Despertares</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Nov 2013 11:11:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>¿Notó -amigo lector- cómo por arte de magia, de un día para el otro (en realidad se tomaron algunos días) las máximas autoridades relacionadas con la seguridad y la defensa de la Nación nos reconocieron todo aquello que nosotros -simples ciudadanos comunes- estábamos intuyendo desde hacía algún tiempo? Era verdad nomás, <strong>la inseguridad es una de las más altas de la región </strong>(según la <strong>ONU</strong>); el <strong>narcotráfico</strong> ya no usa estas pampas para ir y venir hacia o desde rentables mercados. Están aquí para quedarse y buena parte de lo que ya no sucede en <strong>Colombia</strong> sucede ahora en las principales ciudades de nuestro país. Las <strong>cárceles federales</strong> o provinciales parecen construidas con <strong>barrotes de cartón</strong>, cerraduras de juguete y muros de yeso.</p>
<p>Resulta ser así que luego de lo infinitamente difícil que es conseguir que finalmente un delincuente ingrese a la cárcel, salir de ellas (legal o ilegalmente) es mil veces más sencillo. El pasado jueves, todos vimos por TV cómo un peligroso delincuente que tuvo en vilo a la bonaerense durante seis horas, a pesar de su frondoso prontuario gozaba de un régimen de <strong>detención de puertas abiertas</strong>. Abiertas están las puertas de los penales, mientras usted, yo y todos ya no sabemos qué inventar para que las de nuestras casas se mantengan cerradas de la manera más segura posible.</p>
<p><strong> <span id="more-368"></span>Los benignos sistemas penitenciarios locales hacen posible que los antes llamados “reos”, luego “reclusos” y más recientemente “internos” pronto deban ser obligatoriamente denominados “señores pasajeros “ o “ estimados huéspedes<strong>”</strong></strong> ya que no parece haber demasiada diferencia entre estar “preso” en lugares que brindan a sus ocasionales moradores casa, comida, instalaciones deportivas, educativas, religiosas y adecuados permisos de salida para despuntar el vicio del crimen en sus variadas formas, a estar alojado en un complejo hotelero de buena calidad. En la larga cadena de responsabilidades concurrentes al desastre administrativo y gubernamental en el que se ha transformado nuestra querida patria, hemos recordado por estos días que el país cuenta con <strong>ministro de Seguridad. </strong></p>
<p><strong>Don Puricelli,</strong> el mismo que como ministro de Defensa dejó a la <strong>Antártida</strong> <strong>Argentina</strong> al borde del desabastecimiento, el mismísimo que mandó a la <strong>fragata Libertad</strong> a <strong>Ghana</strong> y luego le tiró el fardo al canciller, ese que cuando se hundió por falta de mantenimiento el “<strong>Santísima Trinidad</strong>” denunció poco menos que una conspiración internacional, ahora abrió la boca y pronunció la magistral frase: <strong>“La droga ha aumentado en los últimos diez años”.</strong> El comité encargado de otorgar los premios <strong>Nobel</strong>  debería ya mismo tomar nota de esta jugada declaración ministerial y anotar a este genio de la dialéctica para algún premio o al menos para una mención especial.</p>
<p>Por su parte el<strong> teniente coronel Berni</strong> le pide a los jueces que no tengan miedo de andar entre las víboras y las arañas (sic) al tiempo que nos sugiere que la seguridad no es en realidad su área de acción. El<strong> ministro de Justicia</strong> dice que la responsabilidad de lo que nos ocurre es del Poder Judicial y este poder le reclama al poder legislativo otras leyes porque con las que tenemos no se puede pretender que los jueces actúen de manera eficiente. Rudos gendarmes entretanto, ataviados con ropa de combate, botas aptas para transitar por el agreste monte norteño, con modales un tanto rudos para nuestro gusto citadino y armamento de grueso calibre en mano, nos detienen en la <strong>Panamericana</strong> para pedirnos “<strong>cédula verde y registro por favor”</strong>; efectivos de la <strong>Prefectura Naval</strong>, formados para brindar seguridad a buques y personas que desarrollan su labor en nuestro mar y nuestros ríos, capaces de descubrir cargamentos de droga o contrabandos varios que intenten ingresar por las fronteras líquidas del país, pasan sus horas en puestos de control fijos en la colectora de la<strong> Gral. Paz</strong> y junto a los lagos de <strong>Palermo</strong> (al menos allí están cerca del agua).</p>
<p>Agudos pensadores de la seguridad nacional debaten en público y en privado sobre la conveniencia o no de instrumentar una ley de<strong> derribo para aeronaves narcos,</strong> apasionante discusión sin lugar a dudas; pero ciertamente utópica en un país donde <strong>no contamos ni con radares para detectarlos ni con aviones para derribarlos</strong>. Eso sí, nuestros genios al poder han hecho público un secreto de Estado: nos acaban de anunciar que “Argentina es un país con miles de kilómetros de frontera”.</p>
<p>Ahora sabemos por fin que somos un país grande. Mejor dicho un país con mucho territorio, que se está quedando chico para poder cuidarse asimismo. Así las cosas, mientras. seguimos probando recetas maravillosas que indican que es muy bueno hacer que los presos organicen murgas, que tengan una nutrida agenda cultural y que son las verdaderas víctimas de la sociedad. Mientras, jugamos con nuestras fuerzas armadas y de seguridad moviéndolas en el tablero geográfico de la Nación, como se mueven los peones en un juego de ajedrez, <strong>priorizando la necesidad electoral por sobre la seguridad de nuestras fronteras.</strong></p>
<p>Mientras, como solemos decir desde esta columna, diluimos las obligaciones y fortalecemos los derechos, degradando todo lo que se relacione con conceptos tales como norma, exigencia, respeto, autoridad y responsabilidad de modo tal que -por ejemplo- se puede ser alumno del <strong>Nacional Buenos Aires</strong> y<strong> quemar una iglesia vecina</strong> sin que ello nos cause algún problema y un delincuente pide las cámaras de TV para hacer declaraciones antes de rendirse, diciéndole a la jueza a que hora tiene que venir a buscarlo. Algo debería indicarle a nuestros funcionarios que van por mal camino; perdón, pero van escandalosa y definitivamente por mal camino.</p>
<p>Nada cambiará<strong>, nada mejorará si quienes tienen transitoriamente en sus manos las riendas del poder no son capaces al menos de reconocer que las medicinas que están aplicando no surten efecto en ninguna de las áreas en las que están actuando</strong>. Y por ahora al parecer no están dando muestras de tomar conciencia de esta delicada situación. Hace un par de días fui enviado al Congreso de la Nación a participar del lanzamiento de un proyecto de ley para la marina; con voz temblorosa y un incipiente sudor en su rostro un funcionario de segunda línea nos “ilustró” sobre la exitosa reparación del <strong>Rompehielos Almirante Irizar,</strong> en el taller naval “<strong>Tandanor</strong>” del <strong>Ministerio de Defensa</strong>. Siete años de trabajo, mil millones de pesos mal gastados y una aún muy incierta fecha de terminación deberían haber sido motivo más que suficiente para que este buen señor que preside un astillero estatal, siendo contador en lugar de ingeniero naval, guardara un prudente silencio; pero al parecer -según nos espetó colérico- todos aquellos que comprendieron que fue un error carísimo haber intentado hacer una tarea para la que su taller no estaba preparado son algo así como traidores a la patria (hubiera costado mucho menos tiempo y dinero comprar un barco nuevo).</p>
<p>Tal nivel de empecinamiento, de negación de la realidad, de obstinación en no reconocer jamás un error por miedo a que sea tomado como un gesto de debilidad, tanta perversa e incomprensible tozudez puesta de manifiesto en todas y cada una de las áreas de acción gubernamental se dan de patadas con los cada vez más fuertes gritos que la realidad nos pega a diario, que nos hacen irnos a dormir cada noche con ese sabor amargo fruto de la angustia y de la impotencia que sentimos como ciudadanos y que nos hacen despertar expectantes cada mañana, intentando prepararnos para lo peor cada día, agradeciendo infinitamente a Dios si terminamos la jornada de forma más o menos parecida a como la iniciamos. Y día tras día, noche tras noche, sueño tras sueño, nos debatimos entre el acostumbramiento a lo malo, a lo poco brillante, a lo mediocre, a la mentira sistemática de un relato ficticio. Nos limitamos a agachar la cabeza por miedo a que todo sea peor si alzamos la voz. <strong>Nos refugiamos cada día un poco más temprano en nuestros cada vez más vulnerables hogares. Nos aferramos a nuestros afectos más cercanos; mientras esperamos, ansiamos y necesitamos desesperamente que algún día ocurra que nuestros “dulces sueños” no sean arruinados por estos cada vez más frecuentes “amargos despertares”.</strong></p>
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