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	<title>Fernando Morales &#187; Marina</title>
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		<title>Rumbo a Europa, con fe y esperanza</title>
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		<pubDate>Thu, 13 Aug 2015 09:30:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando aquella mañana de 2003 recibí el llamado de un hoy ex jefe de la Armada Argentina, no podía salir de mi asombro. El ofrecimiento de ocupar un lugar en el Directorio de la centenaria y prestigiosa Liga Naval Argentina era como mucho para mí, pero era tentador.</p>
<p>Días después, ya en el despacho del presidente de la institución naval, me enteraba de los motivos de la convocatoria. “Vea, <strong>Daniel Scioli tiene que dejar el cargo en el Directorio, porque va a asumir como vicepresidente de la nación y ya le han dicho que no es bien visto que participe en este tipo de organizaciones con olor a cosa militar”</strong>. Según cuenta la leyenda, el hombre le había acercado a Néstor un par de números de la revista <i>Marina</i> (nuestro órgano de prensa)  y poco menos que se los habían tirado por la cabeza.</p>
<p>Tal vez haya sido esa la primera de una larga lista de insultos, desprecios, humillaciones y ninguneos que el matrimonio gobernante y su núcleo duro le habrían de propinar desde aquel lejano 2003 hasta -según cuentan- la propia noche de cierre de las PASO, donde <strong>al parecer le recriminaron su presunta intervención para que dentro de un penal bonaerense se llevara a cabo una entrevista periodística de gran repercusión social y mediática.</strong><span id="more-834"></span></p>
<p>“Nos abandona Daniel” -prosiguió mi interlocutor de aquellos días-, “ocupaba su sillón de director en representación de la motonáutica”. Ahora que lo pienso, en realidad era el único motonauta del país. De hecho más de una vez corrió solo, como en las PASO; se ve que la historia se repite.</p>
<p>Hay que reconocer que se había ganado el cariño de toda la comunidad marítima argentina, a tal punto que generosamente la Liga Naval le concedió en los noventa un préstamo de honor de $ 100.000 (de los convertibles 1 a 1) para que equipara su lancha La Gran Argentina. Por aquellos años su situación económica no era tan próspera y había que ayudar al muchacho, según cuentan los memoriosos. Villa La Ñata parecía estar financieramente lejos en ese entonces.</p>
<p>Así, mientras Daniel se convirtió en vicepresidente de la nación, luego gobernador de Buenos Aires y, como dije antes, único competidor por su espacio en la postulación presidencial, este humilde servidor apenas si llegó a vicepresidente de la modesta institución creada por el almirante Storni y algunos otros soñadores de una patria mejor.</p>
<p>Por esas cosas de la vida, nos fuimos cruzando en distintas circunstancias, él con sus cada vez más coquetos trajes y sus corbatas de seda y yo siempre con mi uniforme naval; él siempre un par de hileras delante de mí en los palcos en virtud de sus siempre tan importantes cargos. Jamás olvidaré la última vez, aquel memorable 25 de mayo de 2010, desfile del bicentenario en Pinamar. Organizaba el acto la Liga Naval y él nos honró con su presencia. Tuve que pedirle permiso para retirarme del palco, porque mientras compartíamos el desfile nacional y popular, mi casa era saqueada por delincuentes y me urgía regresar. “Andá tranquilo”, me dijo y agregó: “Con mucha fe y esperanza, todo se va a arreglar”. Nunca olvidaré sus valiosas palabras de apoyo.</p>
<p>Como podrá ver, querido amigo lector, me tomé unas líneas para contarle algo del candidato oficialista que seguramente usted no sabía. Habrá notado que no resulta fácil arrancarle al hombre definiciones económicas o políticas y detalles de sus actividades no relacionadas con la política o el deporte, así valga esta narración para conocer algo más de su pasado.</p>
<p>Me pareció que de esta manera le aporto un dato más novedoso y que se diferencia de lo mucho que se ha dicho sobre Daniel y su entorno en los últimos días. Si el triunfo tiene sabor a derrota, si la ausencia de Ella y de muchos otros personajes del modelo se debió a tal o cual cosa, si deberá alejarse del kirchnerismo para captar más votos y tantas otras especulaciones e interpretaciones que tienen en boca de expertos politólogos y periodistas explicaciones con mucho mayor rigor analítico que la de este simple columnista.</p>
<p>Lógicamente, cualquiera que hubiera visto las imágenes emitidas desde el Luna Park pudo darse cuenta de algo más que las ausencias notorias: El malestar del candidato a vice, que ni siquiera se inmutó cuando Daniel rindió homenaje al Chueco Mazzón. ¿Se acuerda, no? Juan Carlos Mazzón era el funcionario de Gobierno expulsado por Cristina cuando ella se enteró de que asesoraba también a Daniel, antes de que éste fuese ungido a desgano como su propio sucesor. Ver a Carlos Zaninni abrazado con la para nada nacional y popular Karina Rabolini generaba un efecto difícil de asimilar para el ojo del espectador, parecido al que hacía ver a Toti Flores compartiendo escenario con la coqueta esposa de Mauricio Macri. Pero son cosas de la política. Por algo dicen de ella que es “el arte de lo posible”.</p>
<p>Pero las PASO pasaron, son parte de la historia política argentina. <b>Lo que no pasó ni pasará durante muchos días más es la imagen de una provincia de Buenos Aires literalmente hundida</b>. El cruel escenario con miles de ciudadanos abandonados a su suerte, chicos llorando de frío, de sed y de hambre, animales sin rumbo, compartiendo su deriva con sus propios amos.</p>
<p>Con fe y esperanza no alcanza para mitigar su dolor, años de promesas incumplidas, obras no realizadas, presupuestos provinciales quién sabe gastados en qué cosas. Con fe y esperanza no se le puede explicar a un chico que su casa ya no está y que un señor que nos mira sonriente y nos recita el himno pidiéndonos el voto no pudo en ocho años librarnos de la pesadilla de la inundación, la peste y la miseria más profunda.</p>
<p>“A Daniel lo queremos mucho”, me explicaron -creo que de corazón- aquel día cuando ocupé su lugar; “Es un buen tipo, muy humilde y servicial” y seguramente lo es, o al menos lo era. Pero <b>me cuesta entender cómo, entonces, por más estresante que haya sido la campaña electoral, pudo abordar un avión para irse lejos, muy lejos, lo suficientemente como para no poder regresar en forma inmediata si lo requieren de urgencia esos ciudadanos que ahora lo necesitan a él tanto o más de lo que él necesitó de ellos el pasado domingo</b>.</p>
<p>Se fue a Europa. Le habrá sido difícil desde el aire diferenciar el cauce normal de los ríos y los arroyos de la provincia, de las tierras habitualmente fértiles, hoy anegadas. Seguramente cuando regrese, todo estará normalizado, no habrá más hambre ni necesidad alguna, las calles estarán limpias, las viviendas secas, la gente contenta y todos clamando por su ahora definitiva candidatura presidencial, sus carteles naranja tapados por el agua ya estarán visibles para alegría del pueblo; todo será felicidad y alegría. Al menos eso cree él. ¿Sabe por qué? Porque él tiene fe y esperanza. Y eso es mucho mejor que tener planes, ideas, proyectos y un poco de empatía por el sufrimiento de su gente. Aleluya.</p>
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		<title>¿Qué hago, mi General?</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Apr 2014 22:02:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Si bien la noticia tomó estado público la semana anterior, <strong>hace ya varios meses que las fuerzas armadas han comenzado a realizar tareas de “ayuda social” en barrios carenciados del gran Buenos Aires y de la Capital Federal.</strong></p>
<p>Promediando abril, el Ejército puso por primera vez sus pies en un barrio carenciado porteño, ya no para imponer las rígidas normas del estado de sitio, ni para buscar terroristas armados, sino para llevar algo de bienestar a quienes más lo necesitan. La Armada, por su parte, hace tiempo trabaja en tareas sanitarias en la villa 31, la que le ha sido asignada por cuestiones de proximidad.  Enfermeros y médicos del cuerpo sanitario naval, relevan el estado de salud de la población local y tropas del cuartel del Estado Mayor General de la Armada realizan tareas varias de saneamiento y urbanización.</p>
<p>Escribir el anterior párrafo casi me hace creer que cualquiera de mis tantos amigos lectores llegarán a las lágrimas al ver cómo finalmente la sociedad civil y la militar se confunden en un abrazo fraterno sellando para siempre cualquier diferencia que pudiera haber existido. Dije bien; casi…..</p>
<p>Coroneles, capitanes, cabos y soldados, <strong>bajo la atenta mirada del superior comando operacional de “La Cámpora” y Madres de Plaza de Mayo</strong>, han de desplegar su arte ciencia oficio y profesión para la realización de tareas que podríamos denominar “ramos generales”, zanjear una calle, destapar un baño, levantar un muro, podar los árboles y tal vez sacar a pasear a los perros. Todo vale para el operativo “<b>subordinación y valor</b>”</p>
<p>Será así que nuestras tropas conocerán un novedoso aspecto de su carrera militar, ésa a la que voluntariamente entregaron sus cuerpos y almas, obligándose a tomar las armas en defensa de la Patria, a someterse a un régimen laboral con condiciones especiales y a – llegado el caso- entregar su vida en cumplimiento del deber.</p>
<p>Este nuevo rol social, presupone un cambio radical en su <b>“contrato” con el Estado Nacional</b>. Menos mal que no se encuentran  agremiados, ya que cualquier aprendiz de delegado se haría un picnic con la demanda laboral que por ejemplo haría un obrero de la construcción al que quisieran poner a realizar tareas ajenas a su convenio colectivo de trabajo.</p>
<p>Pero, hasta donde podemos saber, las directivas políticas han sido tomadas con una alta dosis de profesionalismo castrense y otro tanto de resignación y <b>nadie piensa en un planteo militar por trocar el fusil por la pala o la escoba.</b></p>
<p>Ahora bien, como junto con las nuevas tareas, se ha instruido a los mandos militares de todo lo que no pueden hacer para no afectar la sensibilidad de la población, han comenzado a surgir algunas dudas. El personal en “operaciones” tiene absolutamente prohibido intervenir en cuestiones de seguridad interior. Las ordenes son claras y contundentes: “van como obreros no como policías”</p>
<p>El problema radica en que-  sea en una villa de emergencia o en el coqueto barrio de la Recoleta-, la concurrencia diaria del personal militar a cumplir sus labores, terminará tarde temprano en la inevitable situación que hará que un militar presencie “in situ” la ejecución de un delito.  Sea éste relacionado con la droga, la presencia de armas ilegales, la violencia de género, el robo o lo que podamos imaginar, la directiva es la misma: “<b>no intervenir en asuntos internos de seguridad</b>”; “hagan de cuenta que son empleados de una empresa constructora”, fueron las órdenes que recibió un oficial naval como respuesta a su inquietud.</p>
<p>La pequeña y sutil diferencia, entre quienes ejercen el noble oficio de la construcción y un cabo del Ejército o la Marina puesto a fratachar una medianera, es que estos últimos, al igual que sus jefes superiores (ministro de Defensa incluido), revisten la calidad de funcionarios públicos. Esto los coloca en la incómoda posición de deber obligatoriamente dar por lo menos parte a las autoridades judiciales de cualquier ilícito del que tomen conocimiento. No hacerlo los coloca sin excepción en las puertas de una acción penal en su contra. Y ni siquiera entramos a considerar qué puede pasar con un funcionario militar que, en presencia de un delito in fraganti, mira para otro lado.</p>
<p>Por muy nacional y popular que pueda parecer, y a diferencia del muy razonable uso de las tropas cuando ocurre una catástrofe natural o un siniestro de proporciones (hemos abordado el tema recientemente), <strong>sacar a los soldados a la calle para cualquier cosa no es algo que parezca muy lógico.</strong></p>
<p>Tal vez las autoridades no se han dado cuenta  de que disponen ya de otro ejército, mucho más numeroso que la suma de hombres y mujeres de las tres FFAA juntas.  Me refiero al ejército que conforman los <strong>beneficiarios de los planes</strong>, no trabajar, no estudiar, procrear y progresar y tantos otros  en los que el Estado Nacional invierte miles de millones de pesos sin pedir nada; absolutamente nada a cambio.</p>
<p>Tal vez sería bueno que profesionales de nuestras fuerzas, pudieran contar con toda esa gente que se ve “privada” de la bendición de contar con un trabajo digno y debe conformarse con recibir un subsidio sin poder demostrar su voluntad de trabajar, y enseñarles un oficio.  Qué bueno sería que, sin llegar a incorporarlos bajo estado militar,  nuestros militares ingenieros, médicos, arquitectos, informáticos, etcétera, brindaran parte de sus conocimientos a tanto desocupado a sueldo y, como dice el viejo proverbio, les comenzaran a enseñar a pescar para ya no tener que darles pescado.</p>
<p>Pero lógicamente, <strong>tal vez hacer eso presuponga la estigmatización del subsidiado, atente contra la dignidad social, viole alguna remota convención protectora de los derechos humanos o lo que es peor, nos reste algunos votitos a la hora del próximo acto electoral.</strong></p>
<p>Lo inevitablemente cierto es que, en breve,  luego de terminar la jornada laboral, algún cabo; sargento o teniente se presentará ante su comandante para explicarle que algo  pasó delante de sus ojos mientras le reparaba el calefón a una familia carenciada cuyos planes sociales sumados superan largamente sus propios ingresos como soldado de la Patria, o mientras zanjeaba una calle interna en un asentamiento.  Desde la comodidad de su despacho el desafortunado oficial superior deberá hacer malabares para responder la pregunta que hoy por hoy nadie quiere escuchar: <strong>&#8220;Presencié un delito; dígame…. ¿qué hago mi General?</strong></p>
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		<title>Colegios porteños y buques rusos</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Sep 2013 09:19:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left" align="center">Es absolutamente cierto que para un cincuentón forjado en la rígida estructura educativa de un instituto de formación de marinos  dependiente de la Armada, allá por inicios de los 80, imaginar tan sólo el acto por el cual <strong>un grupo de adolescentes se apodera de las instalaciones del colegio</strong> en el que estudia para reclamar que se les cambie  el <strong>menú</strong> del bar, los equipos de <strong>aire acondicionado</strong> o el <strong>plan de estudios</strong> (lo mismo da) es algo difícil de digerir.  Hasta hace un par de años estaba orgulloso de que ello fuera así; pero ahora viendo a mis contemporáneos (los padres de los adolescentes) <strong>apoyar fervientemente la degradación educativa nacional y popular</strong> y siendo los garantes de la impunidad púber, comienzo a avergonzarme por no haber evolucionado conforme lo dictaminan los nuevos paradigmas socio culturales.  Pido perdón por no poder hacer la metamorfosis requerida en tiempo y forma y prometo intentarlo con más énfasis.</p>
<p>Claro que cuando veo (en mi medio) a jóvenes cadetes planteando sus inquietudes, reclamos, sugerencias y -por qué no- exigencias, con absoluta naturalidad y firmeza en sus convicciones, siento una <strong>sana envidia</strong> por ellos y recuerdo con pesar las  –muchas veces-  innecesarias  “humillaciones de todo tipo”  a las que mis poco académicos oficiales superiores y profesores me sometieron  y que  siempre eran <strong>amparadas en la necesidad de templar el carácter</strong> para soportar la dura vida del marino  a bordo de los buques de nuestra flota.</p>
<p>También recuerdo -claro está- los malabares que aquellos improvisados docentes debieron hacer para transformar a un perito mercantil que no diferenciaba una arandela de un transistor, en un <strong>marino profesional</strong> especializado en electricidad y propulsión marina.  Siendo lo más milagroso  de este “retrógrado” sistema de enseñanza, que aún quien quedaba en el fondo de la tabla en el promedio de egreso, salía de la escuela en <strong>condiciones óptimas para ejercer la primer jerarquía de la profesión naval</strong>.  Algo que lamentablemente no se aprecia con la misma calidad en la actualidad,  pero me rindo ante las actuales corrientes educativas las que están adecuadas a los nuevos tiempos y sobre las que carezco de autoridad académica para cuestionar.</p>
<p>Aunque por momentos  se apodera de mí una irresistible tentación de <strong>alzar la pluma para alertar sobre la peligrosa degradación</strong> que en mi humilde opinión se está produciendo en varios <strong>institutos de formación dependientes de los ministerios de Defensa y Seguridad</strong>. Pero por estos días las sensibilidades de algunas áreas ministeriales parecen poco dispuestas a soportar la opinión de un columnista uniformado. Por lo que prefiero reservar este análisis para cuando “ la tempestad amaine “ no quisiera que algún otro “justo” con galones pague por este infame pecador&#8230;</p>
<p>Dejemos por un momento a los marinos y al agua y pasemos brevemente revista a dos hechos que son noticia por estos días y que tal vez no tengan nada que ver entre sí (aunque no me animaría a afirmarlo).</p>
<p>Una vez más y van….. la geografía citadina se ve “engalanada” por las ya habituales  <strong>tomas de colegios</strong> secundarios ( primarios y jardines maternales por ahora no se pliegan) realizadas por “referentes” estudiantiles que como dijimos en el inicio de esta columna, utilizan este “democrático” método de <strong>coerción</strong> para reclamar por las más variadas causas; siempre pretendiendo ser dueños absolutos de la verdad y exigiendo sin miramientos ser atendidos en sus reclamos no por un mísero rector sino cuando menos por el ministro de educación de la comuna.</p>
<p>Ciertamente, los otros cincuentones no marinos que lean esta columna, coincidirán conmigo que sin ser obligados a raparse el pelo ni a saludar militarmente a la bandera cada mañana, sus adolescencias fueron un tanto más pobres en derechos que la que viven los jóvenes de hoy.</p>
<p>Nuestra sociedad, tan castigada durante décadas por <strong>abruptos y trágicos cercenamientos de derecho</strong>s, que incluían  desde la libertad de expresión , pasando por la libre elección de que libros leer, qué películas ver o qué ropa vestir y llegando a situaciones dramáticas por todos conocidas, parece ahora haber desarrollado <strong>anticuerpos en exceso</strong> para contrarrestar todo tipo de límites. Los ya naturalmente inaceptables, pero también los otros, los que provienen de elementales cuestiones emanadas de reglas básicas de convivencia, de elementales normas de autoridad, de orden y de respeto por el otro.</p>
<p>Vivimos  en una <strong>exaltación de nuestros todopoderosos derechos,</strong> olvidando la mayoría de las veces lo que emana de un concepto que ha prácticamente caído en desuso: nuestras <strong>obligaciones</strong>.  Sin ser esto de ninguna manera patrimonio exclusivo de los jóvenes o adolescentes, cada mañana al ejercer el  derecho a conducir nuestros vehículos, olvidamos nuestra obligación de hacerlo obedeciendo elementales normas de tránsito. Abusando “in extremis” de la<strong> laxitud de las autoridades públicas</strong> a las que se les prohíbe desde el relato “criminalizar” cualquier cosa; alcanzando el concepto muchas veces hasta al propio accionar de la delincuencia</p>
<p>Y si bien todo está “joya” fronteras adentro, en el resto del mundo estas modernas corrientes sociales no parecen diseminarse con la misma rapidez o profundidad, así por ejemplo intentar abordar una <strong>plataforma estatal  de extracción petrolera rusa</strong> en pleno <strong>mar Ártico</strong> desde un ex buque pesquero de bandera holandesa transformado en rompehielos ecologista de <strong>Greenpeace</strong>, puede ser considerado por las autoridades locales,  como algo poco divertido; más bien ilegal y por ende penalmente reprimible; debiendo los responsables  del hecho afrontar las consecuencias.</p>
<p>Y créame, amigo lector: ni remotamente pienso que nuestros dos compatriotas hoy detenidos por las autoridades rusas sean piratas marinos ni mucho menos. El problema es que no importa lo que usted o yo creamos; el tema está es como interpreten la supuesta ofensa criminal, las autoridades locales.</p>
<p>Por un lado una joven argentina voluntaria de la organización internacional  Greenpeace deberá dar las explicaciones que le sean requeridas; por otro lado, <strong>Hernán Pérez Orsi</strong>  a quien recuerdo como a un entusiasta <strong>cadete de la promoción 97 de la Escuela Nacional de Náutica</strong>, que finalizó sus estudios allá por 1995, deberá además cargar con su r<strong>esponsabilidad como oficial del buque holandé</strong>s que “prima facie” violó la ley rusa junto al resto de la tripulación náutica de la nave. Todo marino profesional es plenamente consciente por estos días de que los hechos del 11S impactaron radicalmente en la actividad marítima y naval y que una plataforma petrolera es un objetivo estratégico sensible para cualquier potencia marítima sea cual fuere el sesgo ideológico de su gobierno.</p>
<p>Al margen de lo cada uno de nosotros pueda pensar acerca de los métodos y finalidades de la mundialmente famosa organización ecologista , y sobre la <strong>paradoja</strong> resultante de repudiar la extracción de hidrocarburos desde un buque que  utiliza  combustibles y aceites derivados de petróleo que  tal vez sea  extraído de una plataforma similar a la que intentaron abordar , hay dos hechos sobre los que desearía redondear la columna de hoy.</p>
<p>Por un lado sumarme al deseo de las familias de nuestros compatriotas, para que lo más rápido posible puedan regresar a sus hogares y que un manto de <strong>misericordia y de sentido común</strong> haga que las autoridades judiciales rusas no consideren  el irresponsable abordaje a su plataforma como un acto formal de piratería sino como un hecho ilegal pero de menor gravedad.</p>
<p>Pero por otro, viendo una y mil veces las imágenes de los <strong>papás de Camila</strong> mostrando con orgullo la foto de la “nena” y relatando la nobleza de su causa; como así también escuchando a la familia de mi colega<strong> oficial de la Marina Mercante Argentina</strong> y como tal conocedor profundo de la legislación marítima internacional, me falta oír aún alguna voz que deje suficientemente en claro que <strong>nuestros compatriotas violaron la ley de un país extranjero</strong>. Es más que probable que el talento de nuestros diplomáticos (me refiero a los de carrera claro está) minimice la gravedad de los cargos por los que potencialmente podrán ser condenados, pero por favor a todos los papás de todas las  Camilas  que se embarcan en éstas y otras aventuras por el estilo, sería bueno recordarles que al menos en los temas relacionados con la observancia de la ley, la teoría garantista del relato local no aplica en el resto del mundo. Tal vez  como una solución intermedia, podamos al menos  inculcar a nuestra juventud que <strong>la protesta no debe criminalizarse siempre y cuando no se cometa un crimen para protestar.  </strong></p>
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