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	<title>Fernando Morales &#187; Mar Territorial</title>
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		<title>No pescarás</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Jan 2014 10:41:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Amigos son los amigos. Fieles a esta máxima popular y dispuestos a ayudar al amigo caído en desgracia, los máximos líderes del “modelo” le procuraron al eterno derrotado<strong> Daniel Filmus</strong> un conchabo en la <strong>Cancillería.</strong> Como todos los cargos estaban ocupados, optaron por crearle uno relacionado con las cuestiones inherentes a nuestras<strong> Islas Malvinas</strong>. No fueron pocos los problemas que esta “ayudita” al amigo crearon en la consejería legal y en otras dependencias diplomáticas del país, ya que hubo literalmente que inventar algunas tareas para delegarle al nuevo secretario de Estado. Tareas, claro está, que sean tan sonoras como inútiles ya que aun para este “modelo” el tema Malvinas es algo delicado.</p>
<p>Así fue que dispuesto a honrar a quienes lo ungieron en el cargo, el nuevo secretario ya nos ha comunicado su primera gestión en procura de poner en jaque a la mismísima corona Británica, anunciando <em>urbi et orbi</em> que “<strong>serán sancionados civil y penalmente quienes realicen tareas de pesca en las adyacencias de nuestras islas sin el correspondiente permiso de pesca emitido por nuestro país&#8221;</strong>. Ya alguna vez le he comentado -amigo lector- que la porción sumergida de la patria se divide en tres partes: <strong>mar territorial, zona contigua</strong> y <strong>zona económica exclusiva</strong>. Esta última es la porción que se extiende desde la línea de más bajas mareas hasta las 200 millas mar adentro y en la cual, como estado ribereño, Argentina ejerce plenos derechos de explotación de sus recursos pesqueros y riquezas provenientes del lecho y subsuelo marinos.</p>
<p><span id="more-434"></span>Brevemente acotemos que a efectos de organizar la explotación racional de la pesca, nuestro país cuenta con un <strong>Régimen Federal de Pesca </strong>establecido por ley<strong>,</strong> que dispone el funcionamiento de un <strong>Consejo Federal Pesquero</strong> en el que representantes de todas las provincias con litoral marítimo y la Nación fijan los cupos de extracción de cada especie, las zonas de pesca y de veda, y el otorgamiento de permisos de pesca a buques tanto argentinos como extranjeros (que abonan el respectivo canon). Las decisiones de este consejo tienen en cuenta los dictámenes técnicos del <strong>Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero</strong> (<strong>Inidep</strong>), que es el organismo independiente que realiza el estudio del la población ictícola en las distintas pesquerías del país.</p>
<p>En este contexto, todas las embarcaciones pesqueras que operan en la <strong>zona económica exclusiva</strong> circundante a Malvinas con <strong>permisos entregados por las autoridades kelper</strong>, lo están haciendo en realidad en aguas argentinas, lo que ha merituado la severa advertencia de nuestro flamante secretario de estado. Obviamente, <strong>la amenaza deviene abstracta en tanto y en cuanto esa porción de nuestro territorio no está bajo nuestro control tal como lo reconoce la propia AFIP</strong> cuando nos cobra el 35% de recargo para viajar a <strong>Puerto Argentino</strong> y cuando incluye a Malvinas como “territorios vinculados al <strong>Reino Unido”.</strong></p>
<p>Anticipándose a nuestra sana crítica, la resolución indica que <strong>las sanciones apuntan a aquellas empresas pesqueras que operen en ambos mares (el usurpado por Inglaterra y el sujeto a nuestra soberanía efectiva)</strong>, para lo cual se iniciarán “investigaciones” para ver cuáles son esas empresas y aplicar sobre ellas “todo el rigor de la ley”. A todo esto, claro está, primero habrá que modificar la ley, ya que la actual nada indica de aplicar ninguna sanción o prohibición a quienes operen en Malvinas y en el litoral marítimo continental en forma simultánea. Una vez que hagamos nuestros propios deberes, las empresas pesqueras internacionales harán los suyos, creando empresas paralelas sobre las que no ejerceremos el menor control y que serán las que operen en Malvinas, con alegres tripulantes saludando a nuestros buques de patrulla desde sus popas cargadas de pescado argentino.</p>
<p>Hablando de patrullas, la advertencia generalizada se complementa con la indicación expresa de un aumento sustancial de las actividades de patrullaje en nuestra zona económica exclusiva, algo sin lugar a dudas muy plausible, pero ya no para los <strong>ilegales pescadores malvinenses,</strong> sino para los <strong>cientos de buques que pescan en forma ilegal en nuestro propio mar soberano y que son muchísimos más que los que preocupan al secretario Filmus</strong>. Claro que habría que avisarle al funcionario que hace años que venimos descuidando por falta de medios (lease, barcos y aviones) nuestros 2.800.000 km2 de mar continental.</p>
<p>Con todo, justo es reconocer que todo lo que se haga (aun a título declamativo) para reafirmar nuestros derechos sobre Malvinas es bueno. El mundo debe recordar cada mañana que aquí en el lejano sur hay un pueblo dispuesto a no resignar lo que por derecho le corresponde. Si alguien pesca, extrae petróleo o explota de modo alguno nuestro mar hoy en poder del usurpador, que sepa al menos que está cometiendo un delito.</p>
<p>Ahora, sería mucho más auspicioso que el Estado argentino (algo más perenne que un determinado gobierno) ofrezca un discurso sin dobleces a la hora de pergeñar una estrategia sobre el tema Malvinas. La ya comentada torpeza de considerarlas fiscalmente extranjeras, so pretexto que no existe modo de implementar una excepción para los pocos argentinos que una vez al año viajan a honrar a sus muertos, es un despropósito mayúsculo.</p>
<p>Pero no es menos desafortunada (en este contexto) la decisión que hemos tomado respecto a impedir la llegada de cargas procedentes de nuestro país al puerto de Montevideo para ser luego reembarcadas con destino a otros mares, lo que ha producido un daño económico de proporciones mayúsculas a la mencionada terminal. Usted se preguntará amigo lector que tendrá que ver una cosa con la otra; mucho, muchísimo le diría. Una de las mayores dificultades que afronta cualquier estructura naviera que quiera operar en las lejanísimas islas Malvinas es el apoyo logístico. Dónde reaprovisionarse, dónde cargar combustible y fundamentalmente dónde reparar los buques. Siendo impensable hacerlo en puertos argentinos, el puerto de <strong>Montevideo</strong> aparece como la opción natural para hacerlo. ¿<strong>Cómo hará nuestro canciller para pretender lealtad charrúa a la hora de no aceptar en sus instalaciones portuarias a barcos procedentes o con destino a Malvinas, cuando le acabamos de quitar a ese mismo puerto el 50% de su operatividad</strong>? <strong>¿Cómo declamar unidad “mercosuriana” si cuando nos conviene ignorar que somos un bloque político y comercial, lo ignoramos?</strong></p>
<p>Tal vez la respuesta a este interrogante no la tenga ningún economista famoso, ningún brillante diplomático ni siquiera un estadista con mayúsculas, quizás sea más simple y se trate sencillamente de algo que por estos días parece ser uno de los bienes más escasos del mercado gubernamental. Me refiero al sentido común.</p>
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		<title>El mar tiene ley pero no tiene código</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Dec 2013 10:58:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<category><![CDATA[América Latina]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Estimado amigo lector, si en este momento le preguntara su conocimiento sobre temas tales como fertilización asistida, alquiler de vientres, matrimonio igualitario, responsabilidad civil del Estado o función social de la vivienda, me juego la vida a que usted está sin lugar a dudas medianamente capacitado para emitir una opinión a la luz de toda la letra que sobre cada uno de estos temas se ha escrito o pronunciado en los últimos días de la mano de la ya famosa <strong>reforma del Código Civil de la Nación.</strong></p>
<p>Si ahora le preguntara qué tanto sabe usted de la <strong>COPLA</strong>, también me la juego con que encarará para el lado de música y me apabullará (Wikipedia mediante) contándome que “es una forma poética que sirve para la letra de canciones populares. Surgió en <strong>España</strong> en el siglo XVIII y se ha difundido mucho en <strong>América Latina</strong>”. Pero no, no me refería a esa sino la otra COPLA: a la sigla que sintetiza el nombre de la “<strong>Comisión Nacional del Límite Exterior de la Plataforma Continental</strong>”, es decir (tomando prestada la frase al <strong>Servicio de Hidrografía Naval</strong>) “nuestra frontera con la humanidad”.</p>
<p><span id="more-377"></span>Mire, para no complicarle la vida y dejar el resto de la información sujeto a su interés por el tema, sólo le cuento que un montón de gente talentosa, de nuestras Cancillería, Armada y Prefectura, trabajaron durante años (la mayoría de ellos durante los gobiernos de <strong>Néstor y Cristina</strong>) en la <strong>demarcación submarina de nuestra plataforma continental</strong>. La <strong>Convención Internacional de Derecho del Mar</strong> -promulgada por la <strong>ONU</strong> y ratificada por nuestro país- ha establecido los criterios con los que la plataforma se determina y a partir de allí, científicos, marinos, juristas y diplomáticos argentinos trabajaron para poder presentar en tiempo y forma ante la comisión especial de la ONU constituida a tal efecto la delimitación definitiva de nuestro último límite de soberanía económica en el <strong>océano Atlántico</strong>, que pasaría de ser aprobada la presentación, de las ya conocidas 200 millas a casi 350 millas marinas. ¿Se da cuenta amigo lector? Mire, se la hago corta: este verano cuando esté con el balde y la palita en la playa, eleve la mirada hacia el horizonte… ¿ve la línea que forman el mar y el cielo al juntarse ? Bueno, imaginando que usted mide 1,80 mts, esa línea está a unas 2,5 millas náuticas de su ojo (46 cuadras), si hablamos ahora de una plataforma continental de 350 millas. ¿Se da cuenta cuánta más Argentina queda aún detrás del horizonte?</p>
<p>Me permito acotarle, y de paso pedirle perdón por si es que ya lo sabía, que allí donde se termina la tierra firme, luego vienen 12 millas marinas de agua (unos 22 km) que son tan argentinos como la <strong>Avenida Corrientes</strong> o la <strong>9 de Julio</strong>. Esta porción del mar se denomina “<strong>Mar Territorial</strong>”. Luego otros 22 km mar adentro, que se denomina <strong>“Zona Contigua”</strong>, en la que nuestro país tiene plena jurisdicción por ejemplo para perseguir y penar delitos económicos como el contrabando, o ejercer el control migratorio, etcétera. De allí en más y hasta las 200 millas marinas, la Nación se reserva la exclusividad para la exploración y explotación del mar; esto es sus recursos pesqueros y sus riquezas minerales y vegetales, petróleo incluido. Ahora, tal como explicamos más arriba, vamos por las 350 millas, sobre las cuales si bien no tendremos la exclusividad sobre la riqueza pesquera, sí la tendremos sobre lo que existe en el lecho y subsuelo marinos.</p>
<p>Tiene toda la razón si a esta altura de la lectura se pregunta qué tiene que ver el calamar o el petróleo en <strong>Malvinas</strong> con el divorcio <em>express</em> o con la donación de óvulos. Claro que tiene que ver, y le diría que mucho. Todos estos temas de una u otra forma están comprendidos en todo o en parte en el <strong>Código Civil de la Nación</strong>. Aunque a decir verdad en lo que respecta a la protección de la parte sumergida de la patria venimos flojitos de papeles.</p>
<p>Además de talentosos marinos y diplomáticos, nuestro país cuenta con sublimes expertos en derecho marítimo, entre los que me permito citar sólo como ejemplo a <strong>César A. Lerena,</strong> quien desde hace ya algún tiempo viene alertando sobre las desprolijidades cometidas en la redacción del <strong>articulo 235</strong> del proyecto de Código Civil en tratamiento actual en nuestro Poder Legislativo.</p>
<p>Sería un despropósito y una falta de respeto a este jurista que ensayemos en esta columna el análisis técnico de las fallas descubiertas. Créame, amigo lector, que <strong>la redacción del artículo en cuestión es cuando menos displicente.</strong> Aquí nuevamente vuelvo a remitir al lector interesado a profundizar en el tema por su cuenta, si es que lo desea.</p>
<p>Lo que sí mi interesa remarcar es mi creciente temor al ver cómo se aceleran los tiempos de tratamiento sobre tablas de uno de los pilares jurídicos de la Nación, el que como antes dijimos, atiende cuestiones tan amplias como derechos de familia o soberanía pesquera. ¿<strong>Serán acaso tan lúcidos, tan leídos, tan sobrehumanos nuestros legisladores, para tener en claro y estar en plena conciencia de todos y cada uno de los miles de aspectos sobre los que se disponen a legislar nada menos que en un Código que nacerá para durar varias décadas</strong>?</p>
<p>Así como con todo derecho, abortistas, antiabortistas, transexuales, divorciados o por divorciarse, parejas de todo tipo ansiosas de tener hijos, hacen oír sus voces en uno u otro sentido, así como la propia<strong> Iglesia Católica</strong> lo hace, ¿se habrán informado diputados y senadores sobre cuestiones tan relacionadas con nuestra soberanía como las que aquí planteo? <strong>¿Se habrán detenido nuestros legisladores a mirar más allá del horizonte en sus últimas vacaciones?</strong></p>
<p>Si no lo hicieron, si no lo pensaron o si no lo tuvieron en cuenta, sirva esta columna no como una crítica, sino como un oportuno llamado de atención.<strong> Le estamos pidiendo a las Naciones Unidas que nos conceda derechos sobre un territorio marítimo que sumado al existente será casi tan amplio como nuestro territorio seco</strong>, lo hicimos con fundamento científico, político y estratégico. Demostremos al mundo (de hecho serán los representantes del mundo los que nos dirán que sí o que no) que sabemos qué es lo que estamos pidiendo y que estamos dispuestos una vez que nos sea otorgado a defenderlo, preservarlo y cuidarlo de la manera adecuada. Para empezar dotando a esa enorme extensión marítima de elementos legislativos acordes.</p>
<p>Un viejo político me dijo una vez, ante mi insistencia en concientizarlo sobre las cuestiones marítimas, <strong>“¿sabés lo que pasa, pibe?, los peces no votan”.</strong> Gracias a Dios ese buen señor ya no es ni tan solo concejal de pueblo. Ahora a nuestros políticos en actividad, a los que defienden el modelo, a los que se oponen al modelo, a los que llegan, a los que siguen y a los que se van, me permito recomendarles: consulten, pregunten, investiguen y luego de eso, y antes de votar, eleven la mirada más allá del horizonte; mucho más allá; aún muchísimo más y cuando ya no puedan divisar nada, sepan que la patria aún se proyecta y se extiende y necesita que ustedes la protejan, la cuiden y la defiendan. Si así no lo hicieran alguien se los demandará, téngalo por seguro.</p>
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