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	<title>Fernando Morales &#187; Irizar</title>
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		<title>Divididos para la victoria</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Sep 2015 03:00:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El pasado 12 de setiembre se debería haber celebrado un nuevo aniversario del Día de la Industria Naval. Ello en honor a un famoso decreto del presidente Arturo Frondizi, quien en 1961 ordenó la construcción de 36 nuevas unidades para la flota nacional en un plazo de 10 años. Era sin lugar a dudas otra... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2015/09/17/divididos-para-la-victoria/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El pasado 12 de setiembre se debería haber celebrado un nuevo aniversario del Día de la Industria Naval. Ello en honor a un famoso decreto del presidente Arturo Frondizi, quien en 1961 ordenó la construcción de 36 nuevas unidades para la flota nacional en un plazo de 10 años.</p>
<p>Era sin lugar a dudas otra Argentina aquella. En el pasado reciente, al asumir, <strong>el expresidente Néstor Kirchner firmó un mucho menos ambicioso plan para construir 4 buques tanque para Venezuela y, 12 años después, aún nuestro principal astillero no pudo terminar el primero</strong>. Tampoco puede corregir los defectos que presenta la fragata Libertad luego de su reparación de media vida y que la mantiene en un proceso casi constante de “retoques”. En el presente y luego de varios meses en los astilleros Río Santiago (bajo el mando de Daniel Scioli) debió ser trasladada a los talleres de la propia Armada a fin de intentar corregir las fallas que presenta. Es decir, que el astillero que otrora fue idóneo para construirla, ahora ya no puede repararla.</p>
<p>El otro “estandarte” de la industria naval oficial -el taller naval con ínfulas de astillero, Tandanor- hace 8 años que intenta reparar el único rompehielos con el que cuenta la nación sin éxito (al margen de lo que declama el modelo). Llevamos gastado el equivalente a dos rompehielos de última generación y si algún día finalmente el Irizar vuelve a surcar los mares, será, por mucho lifting que se le hubiera efectuado, un barco viejo. Hoy se construyen rompehielos con habilidades para rotura de hielo no solo por la acción de su proa, sino además con movimientos laterales que permiten abrir surcos laterales, lo que potencia increíblemente su rendimiento. Los marinos lo sabemos y, aunque progresistas y sumisos almirantes se jacten de lo lindos que quedaron los camarotes, la obra ya es técnicamente un estrepitoso fracaso.<span id="more-848"></span></p>
<p>“Vamos a construir diez barcos para la Armada, la Presidente ya lo dispuso”, me decía hace un par de años un conspicuo miembro del almirantazgo sin sonrojarse. Hasta ahora solo hubo una intención de comprar cuatro trastos viejos a Rusia en condiciones más turbias que las aguas del Río de la Plata y un trastito ya arribado, procedente de Alemania, con el que -de tener suerte- algunos oficiales navales podrán navegar algunas millas trabajando a órdenes del Conicet, ya que la flota de mar va camino a la parálisis total por falta de presupuesto y mantenimiento. <b>La situación es tan grave que hasta se están hundiendo los botes a remo y vela con los que entrenan los cadetes.</b></p>
<p>Me permití distraer su tiempo, querido amigo lector, con esta introducción, solamente para ponerlo en situación, pero lo más grave de esta hoy derruida actividad industrial del país va más allá de su calamitoso estado. Como en tantas otras actividades de la nación, el fin de ciclo, el “Sálvese quien pueda” y el desbande general, están a la orden del día.</p>
<p>Obviamente en un país en el que hasta al padre de la patria se lo honra solamente en horario hábil, pensar que se hubiera realizado algún homenaje naval el pasado sábado por este tema es ciertamente una fantasía. Por tal motivo, mañana un grupo de diputados con mandato a punto de fenecer -con el derrotado Julián Domínguez a la cabeza- tratarán de utilizar la ocasión para obtener un poco de protagonismo casi póstumo. El 10 de diciembre pasado el mediodía tanto el hasta hoy presidente de la Cámara de Diputados como algunos de quienes lo acompañarán en la “patriada naval” tendrán que tener bien limpios sus escritorios para entregarlos.</p>
<p>El mismo día, otro grupo de legisladores oficialistas, que con mejor estrella que los anteriores se han ganado el cariño y el respeto de marinos civiles y militares, realizarán el mismo acto con la ventaja de saber que son “garantía de continuidad”. Ellos seguirán en sus bancas y con muchas más posibilidades de satisfacer (o al menos intentar hacerlo) parte de las urgentes necesidades de una actividad industrial que podría traer a las arcas fiscales millones de esos tan ansiados dólares constantes y sonantes. A su lado estarán los principales referentes de la actividad.</p>
<p><b>Hablamos de industria naval en un país donde existe un Ministerio de Industria con una ministra muy activa, que visita fábricas de autos y de caramelos, pero que parece tener vedado el acceso al mundo de los astilleros</b>. No porque no le gusten, sino tal vez porque desde otro rincón del propio Poder Ejecutivo que ella integra funcionarios con intereses personales en la actividad reclaman para sí el mando sobre el sector. Aunque sus funciones tengan que ver más con los ríos y los puertos que con la industria.</p>
<p>Entre los unos y los otros, empresarios y gremialistas intentan descubrir de qué lado del oficialismo está la verdad. <b>Todos interpretaban a Cristina hasta ayer nomás, hoy casi no la nombran y son exégetas de Daniel</b>. Se tildan de “cipayos” recíprocamente, se bastardean y hasta se insultan puertas adentro (ahora hasta puertas afuera), tal como lo hacen con los opositores externos al partido, al modelo o al proyecto.</p>
<p>Y se van desnudando en cada acto, en cada discurso y en cada oportunidad en que pueden hacerlo, sin importarles que nosotros, “los administrados”, los estamos observando. Ya no es “Lo que quería Néstor”, tampoco “Lo que quiere Cristina”, la onda es: “Lo que Daniel quiere”.</p>
<p>Sea por barcos, astilleros, salud, educación o lo que fuere, la recta final es paradojalmente sinuosa. <b>Poco importa lo que se dice defender, mucho importa lo que se quiere proteger: El futuro y la ventura personal de los soldados del proyecto nacional y popular</b>, <b>listos para cambiar de uniforme y de ideales si el ganador de la contienda electoral lo reclama</b>.</p>
<p>A todos los hombres y las mujeres de la industria naval argentina felicidades, Dios quiera que algún día vuelvan a ser protagonistas de una pujante y eficiente actividad industrial de la nación.</p>
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		<title>Amores que matan</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Dec 2013 11:13:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Es muy cierto que frecuentemente la percepción de la realidad se ve alterada por nuestro propio estado de ánimo; situaciones delicadas se suavizan si nos ocurren en un contexto mayoritariamente favorable en lo personal, y problemas menores pueden agigantarse hasta el infinito si cuando acontecen estamos “mal parados” frente a la adversidad. Es así que analizar la “particular” realidad de nuestro país por estos días requiere, de quien efectúe ese análisis, una cuota de frialdad y abstracción no muy fáciles de conseguir. Como ejemplo me permito citar la definición que me dio hace pocos días, acerca de la relación con el poder político, una alta fuente militar: “<strong>estamos viviendo un idilio con el gobierno como hacía mucho que no se daba”</strong>. Sólo un par de días antes, camaradas de la misma fuerza aturdieron mis oídos con el desastre generalizado que aprecian en el manejo de la cuestión militar y de las fuerzas de seguridad. Citando como obvio y recurrente ejemplo la asignación de tareas no del todo claras en materia de seguridad interior.</p>
<p>Como solemos decir, los ciudadanos comunes (que venimos a ser todos, militares, civiles y -aunque ellos no lo crean- los políticos también) tienen cada mañana problemas tan variados y tan importantes que atender que no suelen contar con tiempo libre para detenerse a analizar aquellos temas que no impactan en su presente urgente<strong>. Nuevas preocupaciones afloran cada día y con más fuerza en todas y cada una de las áreas en las que el Estado tiene responsabilidad directa</strong> ya sea por acción u omisión. No sólo la inexistente defensa sino la educación, la salud, la seguridad, la política económica… y sigue la lista. Asumiendo entonces que todo lo que ocurre nos impacta más tarde o más temprano, en mayor o en menor medida e incluso aunque nos demos o no nos demos cuenta.</p>
<p><span id="more-381"></span>Es cada vez más perceptible que la actual conducción política del Estado nacional se encuentra -por decirlo de una manera elegante- “compartimentada” a un nivel tal en el que cada funcionario es una especie de isla (y como tal, precisamente asilado) del resto del equipo gubernamental. Sólo así se explica que, por ejemplo, el jefe de Gabinete niegue <strong>ayuda policial a la provincia de Córdoba</strong> mientras que el secretario de Seguridad (que oficia de ministro) estuviera disponiendo el envío de tropas a la misma provincia. <strong>Tampoco se entiende por qué el jefe de los recaudadores negó hasta el cansancio que se fueran aumentar las retenciones a las compras con tarjeta en el exterior, hasta pocas horas antes de proceder a hacer lo contrario.</strong></p>
<p>En la actividad de la que suelo ocuparme (la naval) por estos días se vivió un hecho sin precedentes: dos funcionarios nacionales dependientes de la misma cartera debían hacer uso de la palabra en un acto académico. Para sorpresa del público y de los organizadores del evento, el de mayor jerarquía dijo: <strong>“si este señor habla yo no lo hago”</strong>. ¿Quedó claro no? Ambos reportan al mismo ministerio, no hablamos de las habituales chicanas oficialismo-oposición. A ambos les pagamos un suculento sueldo para que ayuden a conducir la Nación. Y los dos juraron lealtad al modelo. <strong>¿Podemos esperar algún acuerdo de gobernabilidad con la oposición si la interna gubernamental llega a estos extremos?</strong></p>
<p>Ahora bien, nuestro país viene cargando desde hace muchísimas décadas (casi desde su propio nacimiento) con <strong>constantes procesos “fundacionales”</strong> que hacen que ante cada cambio de gestión gubernamental, todo lo hecho, producido o avanzado hasta ese momento entre en revisión y termine en algún momento siendo descartado y hasta en algunos casos demonizado. La historia argentina está llena de edificios demolidos antes de ser inaugurados, obras canceladas, acuerdos rotos, alineamientos internacionales desechados, etcétera. Recuerde, amigo lector, que <strong>según parece nuestro país se refundó en 2003</strong>, y nada de lo anteriormente construido (democracia incluida) parece tener valor alguno. Pero la actual conducción de la Nación ha llegado al extremo de cerrar ciclos dentro de su misma gestión.</p>
<p>No quiero abrumarlo con ejemplos pero con sólo repasar los nombres de buena parte del arco opositor actual nos toparemos con:<strong> Alberto Fernandez, Sergio Masa, Lavagna, Redrado, Losteau</strong> y sigue la lista. Nos alegramos porque se fue el malo de <strong>Moreno</strong>, como si este soldado del modelo hubiera hecho lo que quiso y no lo que le ordenaron. En fin, creo que usted entiende a lo que apunto. A la “exitosa” gestión de <strong>Garré</strong> en Defensa, la siguió la “exitosísima” <strong>gestión Puricelli,</strong> que trató de desandar todo lo hecho mal (según don Arturo) por su ineficiente antecesora. Entre otras cosas el nuevo ministro se ocupó prontamente de dar por tierra con todo el andamiaje logístico de emergencia, armado para contrarrestar la falta de nuestro único rompehielos, imprescindible para el abastecimiento de las bases antárticas transitorias y permanentes y para el recambio de las distintas dotaciones. Así fue que contrató a un costo elevadísimo los servicios de un buque no apto para la tarea antártica, dejando en serio riesgo de vida a decenas de argentinos, que debieron implorar a los dioses que el clima polar posibilitara un abastecimiento a cuentagotas de víveres y combustibles arrojados desde el aire, o provistos en forzados aterrizajes invernales.</p>
<p>Hay que destacar que si algo compartieron <strong>Garré y Puricelli</strong> fue el empecinamiento en mantener la reparación del averiado coloso en manos del<strong> taller naval Tandanor,</strong> que ya lleva varios años de infructuosa labor intentando poner en servicio al “<strong>Irizar</strong>”, sin medir costos y tiempos y con el particular orgullo que suele demostrar el funcionario a cargo del pseudoastillero estatal, quien se jacta de haber transformado al rompehielos en una fuente inagotable de trabajo para los argentinos. Sin decir que ya gastamos el equivalente a dos rompehielos nuevos. La llegada de <strong>Rossi</strong> al <strong>Ministerio de Defensa</strong> implicó un nuevo fin de ciclo, descartando lo actuado por Puricelli (que al parecer, según la gestión Rossi no fue tan impecable) y este año volveremos a contar con los servicios de un rompehielos ruso <strong>“Vasily Golovnin</strong>” que por la módica suma de 25 millones de dólares más gastos operativos de helicópteros y otras yerbas, intentará hacer que nuestros polares conciudadanos no deban temer por la falta de alimentos o insumos para calefaccionar sus heladas jornadas.</p>
<p>Es más que evidente que <strong>Córdoba</strong> nos queda más a mano que la base <strong>Marambio</strong>. Que la falta de electricidad en el<strong> Gran Buenos Aires</strong> es más acuciante que el racionamiento en el uso de los generadores eléctricos de la <strong>base Orcadas</strong> (esa <strong>que Puricelli rebautizó como</strong> “<strong>Ahorcadas</strong>”) y la falta de dólares en la “<strong>citi</strong>” nos impacte más que la friolera de dólares que se siguen escapando para intentar seguir manteniendo la celeste y blanca flameando en el polo sur; pero todo parece obedecer a un denominador común<strong>. La mala calidad de la gestión administrativa llega incluso más allá del signo político de los ocasionales gobernantes.</strong></p>
<p><strong>No podemos pensar racionalmente que quienes conducen el timón de la patria nos quieran hacer daño deliberadamente</strong>. No se pueden alegrar al ver que nos matan como a perros por robarnos un reloj de cien pesos, o un par de zapatillas usadas. No pueden reír por la falta de agua potable en el norte argentino; no los imagino brindando por los malos resultados que obtenemos en comparaciones educativas regionales, ni los veo organizando una fiesta para celebrar el 30% de “corrimiento de precios”. Entonces, si no estoy equivocado, si en el fondo son un montón de gente buena que trata de hacer lo mejor que puede, que nos quiere y nos respeta pero que no llega a acertar con la solución acertada para cada área de la gestión estatal<strong>, si el problema no es ni más ni menos que una manifiesta incapacidad para la gestión, ¿cómo hacer para que entiendan que al menos podrían pensar en pedir ayuda? </strong>Debemos tener cuidado; tal vez nuestros gobernantes coincidan en general con lo que ese alto funcionario militar me dijo y crean que el idilio no es sólo con los camaradas militares, sino con la sociedad toda. Si esto fuera así, me permito recordarles a nuestros funcionarios de todos los niveles que hay amores que matan.</p>
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