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	<title>Fernando Morales &#187; industria naval</title>
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		<title>Divididos para la victoria</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Sep 2015 03:00:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El pasado 12 de setiembre se debería haber celebrado un nuevo aniversario del Día de la Industria Naval. Ello en honor a un famoso decreto del presidente Arturo Frondizi, quien en 1961 ordenó la construcción de 36 nuevas unidades para la flota nacional en un plazo de 10 años. Era sin lugar a dudas otra... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2015/09/17/divididos-para-la-victoria/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El pasado 12 de setiembre se debería haber celebrado un nuevo aniversario del Día de la Industria Naval. Ello en honor a un famoso decreto del presidente Arturo Frondizi, quien en 1961 ordenó la construcción de 36 nuevas unidades para la flota nacional en un plazo de 10 años.</p>
<p>Era sin lugar a dudas otra Argentina aquella. En el pasado reciente, al asumir, <strong>el expresidente Néstor Kirchner firmó un mucho menos ambicioso plan para construir 4 buques tanque para Venezuela y, 12 años después, aún nuestro principal astillero no pudo terminar el primero</strong>. Tampoco puede corregir los defectos que presenta la fragata Libertad luego de su reparación de media vida y que la mantiene en un proceso casi constante de “retoques”. En el presente y luego de varios meses en los astilleros Río Santiago (bajo el mando de Daniel Scioli) debió ser trasladada a los talleres de la propia Armada a fin de intentar corregir las fallas que presenta. Es decir, que el astillero que otrora fue idóneo para construirla, ahora ya no puede repararla.</p>
<p>El otro “estandarte” de la industria naval oficial -el taller naval con ínfulas de astillero, Tandanor- hace 8 años que intenta reparar el único rompehielos con el que cuenta la nación sin éxito (al margen de lo que declama el modelo). Llevamos gastado el equivalente a dos rompehielos de última generación y si algún día finalmente el Irizar vuelve a surcar los mares, será, por mucho lifting que se le hubiera efectuado, un barco viejo. Hoy se construyen rompehielos con habilidades para rotura de hielo no solo por la acción de su proa, sino además con movimientos laterales que permiten abrir surcos laterales, lo que potencia increíblemente su rendimiento. Los marinos lo sabemos y, aunque progresistas y sumisos almirantes se jacten de lo lindos que quedaron los camarotes, la obra ya es técnicamente un estrepitoso fracaso.<span id="more-848"></span></p>
<p>“Vamos a construir diez barcos para la Armada, la Presidente ya lo dispuso”, me decía hace un par de años un conspicuo miembro del almirantazgo sin sonrojarse. Hasta ahora solo hubo una intención de comprar cuatro trastos viejos a Rusia en condiciones más turbias que las aguas del Río de la Plata y un trastito ya arribado, procedente de Alemania, con el que -de tener suerte- algunos oficiales navales podrán navegar algunas millas trabajando a órdenes del Conicet, ya que la flota de mar va camino a la parálisis total por falta de presupuesto y mantenimiento. <b>La situación es tan grave que hasta se están hundiendo los botes a remo y vela con los que entrenan los cadetes.</b></p>
<p>Me permití distraer su tiempo, querido amigo lector, con esta introducción, solamente para ponerlo en situación, pero lo más grave de esta hoy derruida actividad industrial del país va más allá de su calamitoso estado. Como en tantas otras actividades de la nación, el fin de ciclo, el “Sálvese quien pueda” y el desbande general, están a la orden del día.</p>
<p>Obviamente en un país en el que hasta al padre de la patria se lo honra solamente en horario hábil, pensar que se hubiera realizado algún homenaje naval el pasado sábado por este tema es ciertamente una fantasía. Por tal motivo, mañana un grupo de diputados con mandato a punto de fenecer -con el derrotado Julián Domínguez a la cabeza- tratarán de utilizar la ocasión para obtener un poco de protagonismo casi póstumo. El 10 de diciembre pasado el mediodía tanto el hasta hoy presidente de la Cámara de Diputados como algunos de quienes lo acompañarán en la “patriada naval” tendrán que tener bien limpios sus escritorios para entregarlos.</p>
<p>El mismo día, otro grupo de legisladores oficialistas, que con mejor estrella que los anteriores se han ganado el cariño y el respeto de marinos civiles y militares, realizarán el mismo acto con la ventaja de saber que son “garantía de continuidad”. Ellos seguirán en sus bancas y con muchas más posibilidades de satisfacer (o al menos intentar hacerlo) parte de las urgentes necesidades de una actividad industrial que podría traer a las arcas fiscales millones de esos tan ansiados dólares constantes y sonantes. A su lado estarán los principales referentes de la actividad.</p>
<p><b>Hablamos de industria naval en un país donde existe un Ministerio de Industria con una ministra muy activa, que visita fábricas de autos y de caramelos, pero que parece tener vedado el acceso al mundo de los astilleros</b>. No porque no le gusten, sino tal vez porque desde otro rincón del propio Poder Ejecutivo que ella integra funcionarios con intereses personales en la actividad reclaman para sí el mando sobre el sector. Aunque sus funciones tengan que ver más con los ríos y los puertos que con la industria.</p>
<p>Entre los unos y los otros, empresarios y gremialistas intentan descubrir de qué lado del oficialismo está la verdad. <b>Todos interpretaban a Cristina hasta ayer nomás, hoy casi no la nombran y son exégetas de Daniel</b>. Se tildan de “cipayos” recíprocamente, se bastardean y hasta se insultan puertas adentro (ahora hasta puertas afuera), tal como lo hacen con los opositores externos al partido, al modelo o al proyecto.</p>
<p>Y se van desnudando en cada acto, en cada discurso y en cada oportunidad en que pueden hacerlo, sin importarles que nosotros, “los administrados”, los estamos observando. Ya no es “Lo que quería Néstor”, tampoco “Lo que quiere Cristina”, la onda es: “Lo que Daniel quiere”.</p>
<p>Sea por barcos, astilleros, salud, educación o lo que fuere, la recta final es paradojalmente sinuosa. <b>Poco importa lo que se dice defender, mucho importa lo que se quiere proteger: El futuro y la ventura personal de los soldados del proyecto nacional y popular</b>, <b>listos para cambiar de uniforme y de ideales si el ganador de la contienda electoral lo reclama</b>.</p>
<p>A todos los hombres y las mujeres de la industria naval argentina felicidades, Dios quiera que algún día vuelvan a ser protagonistas de una pujante y eficiente actividad industrial de la nación.</p>
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		<title>La mano y el codo</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Dec 2014 10:26:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Por pocos años “zafé” de aquella costumbre de antaño en virtud de la cual los zurdos eran obligados a tomar la pluma con la mano derecha; de esa manera se pretendía “corregir” esa suerte de “discapacidad”  que hace algunas décadas significaba el hacer todo con la mano izquierda. Al margen de lo ridículo que esto... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2014/12/09/la-mano-y-el-codo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Por pocos años “zafé” de aquella costumbre de antaño en virtud de la cual los zurdos eran obligados a tomar la pluma con la mano derecha; de esa manera se pretendía “corregir” esa suerte de “discapacidad”  que hace algunas décadas significaba el hacer todo con la mano izquierda. Al margen de lo ridículo que esto pueda verse en pleno siglo XXI, lo que sí es cierto es que nuestro codo invariablemente “pisa” cada palabra que nuestra mano escribe segundos después de haberlo hecho.</p>
<p>Al parecer en materia política y paradójicamente en gobiernos autoproclamados al menos para la foto;  <b>progresistas y cuasi de izquierda</b>, el problema de borronear con el codo lo escrito con la mano es materia más que corriente.  Por citar algunos ejemplos: militares fuera de la seguridad interior, pero un coronel al frente de las fuerzas policiales. Derechos Humanos, juicio y castigo versus Milani al frente del Ejército. Severa restricción a la compra de vehículos importados para particulares, pero flota de autos presidenciales compuesta por móviles de altísima gama que hablan alemán. Salud pública para todos. Pero clínicas privadas para la Jefa y su familia. Etcétera, etcétera.<span id="more-685"></span></p>
<p>En este contexto, y para no ser menos, desde hace meses un grupo de funcionarios del PEN con el apoyo de algunos legisladores oficialistas, intentan impulsar un proyecto de ley para repotenciar a la marina mercante nacional y por sobre todo a la muy alicaída <b>industria naval argentina</b>. Tanto esfuerzo se ha puesto en esto, que no solo hay un proyecto oficial sino que hay dos. Si bien ambos instrumentos legislativos apuntan a lo mismo, son diametralmente opuestos pero han conseguido alinear a todos los actores navales, marítimos y portuarios del país en torno a uno o a otro , con lo cual <b>al menos en esta materia somos todos oficialistas</b>.</p>
<p>Uno de los “caramelos” de ambos proyectos está dado por la casi absoluta prohibición de importar buques o barcazas usadas.  Muy especial prohibición de importar <b>remolcadores de uso civil nuevos o usados,</b> ya que precisamente estas unidades de menor porte y sofisticación son las que nuestra industria naval está en condiciones de hacer sin mayores problemas. La industria naval tiene una cadena de valor significativa ya que por cada nuevo buque se generan cientos de puesto de trabajo directos e indirectos. Desde el astillero hasta quien fabrica el amoblamiento interior de cada unidad</p>
<p>El gobierno parece estar convencido de esta realidad a tal punto que desde hace siete años; contra viento y marea, se viene llevando a cabo la reparación del rompehielos “Almirante Irizar” en el <b>complejo industrial naval “CINAR” </b>(ex TANDANOR) <b>una planta de construcciones marinas repotenciada por esta gestión para impulsar el desarrollo de nuestra industria naval.</b> Muchos hemos criticado no solo el tiempo invertido sino el dinero gastado hasta el momento. Y la respuesta es que al margen de poder haber comprado un rompehielos nuevo, se está fomentando la mano de obra nacional y se <b>“está haciendo escuela “</b></p>
<p>Tal vez por esta razón, el reciente anuncio del Ministerio de Defensa anunciando la compra de 4 remolcadores rusos usados <b>(muy usados</b>) para ser incorporado a la flota de nuestra Armada ha caído como un verdadero balde de agua fría. Si bien es cierto que cuatro buques por ocho millones de dólares puede sonar tentador…</p>
<p><strong>Ha sido casi una constante no solo en materia de defensa que cuando Argentina compra “usado” no lo hace demasiado bien</strong>. Tomemos como ejemplo los vagones de segunda mano adquiridos para el ferrocarril “San Martín” sobre los nadie tuvo en cuenta el hecho que eran demasiado altos para nuestros andenes, obligando a modificar todas las estaciones de la línea. Lo que dio por tierra con la “bicoca”, ya que se gastó más en las obras civiles que en la compra de los trenes.</p>
<p>En este caso particular, alguna vez creo haberle contado querido amigo lector que la parte más moderna de nuestra flota de mar, es fruto de las compras realizadas por el entonces jefe de la marina Emilio Massera. La corbeta más nueva con la que contamos es la “Gómez Roca”, construida en nuestro país (ensamblada en realidad; como los televisores del sur) y puesta en servicio por el ex presidente Néstor Kirchner. En tanto hace un par de meses fue finalmente radiado del servicio activo un patrullero de río con casi 80 años de servicio. Aún se mantienen operando a buques como el “Sobral” y el “Castillo”  de 1944; el “Gurruchaga” de 1945</p>
<p>En este contexto, incorporar cuatro remolcadores multipropósito construidos en la década del 80, implica adquirir unidades menos viejas que algunas de las que actualmente navegan nuestros mares. <strong>Lo que el mundo descarta aún puede ser útil para nosotros, al margen de los problemas lógicos que vendrán de la mano de este “brillante negocio”;</strong> Por nombrarle solo dos: las posteriores dificultades para conseguir repuestos y el problema ambiental que generan naves de esta antigüedad a la hora de ser sacadas de servicio, por la gran cantidad de amianto que contienen en sus aislaciones lo que hace que en Europa por ejemplo ya no se puedan desguazar (desarmar) estos buques por el riesgo ambiental y el efecto cancerígeno del amianto.  Siempre es mejor venderlo al cuarto o quinto mundo a precio vil y sacarse el problema de encima</p>
<p>Llama la atención, no obstante, que se les adjudique a estos barcos un carácter ecuménico; <strong>servirán tanto para las campañas antárticas como para patrullar nuestra zona económica exclusiva y prevenir la pesca ilegal. </strong> También servirán como buques de salvamento en casos de peligro para la vida humana en el mar.</p>
<p>Es aquí donde <b>la política nos “mete la mula”</b> como decían las abuelas. Un remolcador no es un buque de guerra; no tiene ni la velocidad ni el equipamiento  necesarios  para “correr” a infractor alguno. El mismo concepto aplica a los buques de salvamento, la velocidad de asistencia al lugar del siniestro es primordial.  Por otra parte resultará muy curioso ver a buques pintados con los colores típicos de los buques polares (rojo anaranjado) cumpliendo funciones de patrullaje policial/miliar. ¿<strong>El mar se parecerá al gran Buenos Aires con patrulleros que no funcionan pero que asustan a los ladrones?</strong></p>
<p>Muy probablemente el talento profesional y el espíritu de sacrificio de los hombres de nuestra marina militar, harán que de concretarse este “negocio” estos trastos viejos den lo mejor de sí. Si con los veteranos “King y Murature” pudieron hacerlo, le pongo a la valiente muchachada de la Armada unas cuantas fichas.</p>
<p>El problema es otro; una vez más el relato tiene doble lectura. No hacemos lo que decimos ni obramos como anunciamos que lo haremos. <strong>Seguimos enviando legisladores a discursear ante tribunas repletas de ingenieros y constructores navales; les prometemos trabajo para todos; pero si algún comisionista internacional nos arrima una “oferta” salimos corriendo con la chequera en mano. Alguien dijo una vez: “No pienso dejar mis convicciones en la puerta de la Casa Rosada”. Nada nos dijeron según parece sobre no  abandonarlas camino a Moscú, a China o a  cualquier lugar en el que existan  ofertas con precios cuidados y resultados inciertos. </strong></p>
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		<title>El agua y el relato</title>
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		<pubDate>Thu, 08 May 2014 10:12:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Tierra, Aire, Fuego y Agua. Los cuatro elementos clásicos, descriptos en Grecia en épocas de Tales de Mileto, unos 700 años antes del nacimiento de Cristo, han sido objeto de estudio, culto, veneración y hasta temor, por distintas culturas y civilizaciones a lo largo de la historia.  Los chinos se permitieron a su turno cambiar... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2014/05/08/el-agua-y-el-relato/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Tierra, Aire, Fuego y Agua. Los cuatro elementos clásicos, descriptos en Grecia en épocas de Tales de Mileto, unos 700 años antes del nacimiento de Cristo, han sido objeto de estudio, culto, veneración y hasta temor, por distintas culturas y civilizaciones a lo largo de la historia.  Los chinos se permitieron a su turno cambiar el aire, por la madera y el metal y los hinduistas sumaron oportunamente el éter como un quinto elemento a aquel primitivo cuarteto helénico.</p>
<p>Bien adentrados en el siglo XXI, <strong>una nueva corriente de pensamiento universal, incubada en ventosas y frías jornadas del extremo sur del mundo y proclamadas urbi et orbi por la cadena nacional del buen humor, ha venido a revolucionar y a  renovar los conceptos filosóficos, físicos y químicos</strong> de cada uno de estos elementos; tal vez con la secreta ilusión de darle al modelo y al consecuente “ relato del modelo” una proyección que asegure su  continuidad hasta bien entrado el siglo XXX ó XXXI.</p>
<p>Es así que la tierra, en esta nueva filosofía de vida, puede ser un bien susceptible de ser apropiado, usurpado u ocupado según el libre albedrío de grupos vulnerables o no tanto  pero con el suficiente poder de organización para hacerlo ante la impávida mirada de autoridades policiales y judiciales. En una concepción más perversa puede servir para que <strong>mezquinos productores agropecuarios puedan sembrarla y cosecharla y pretender  luego obtener un lucro por la venta de lo producido</strong> resistiéndose entregar la mayor parte de su utilidad al socio bobo (el Estado Nacional). Un no menos interesante uso de este elemento básico puede ser el de servir para acumular lujosos metros cuadrados de construcciones que aseguren a abnegados gobernantes pasar los años finales de sus vidas en condiciones dignas (y por qué no también sus hijos, nietos y bisnietos).</p>
<p>El aire en tanto, es el elemento básico a través del cual <strong>contrabandistas y narcotraficantes se desplazan con seguridad, con la absoluta certeza  que nadie podrá detenerlos</strong>, interrogarlos acerca  de su procedencia;  sobre a dónde van y mucho menos preguntarles qué transportan. El fuego por su parte  cumple la fundamental misión  de poner una barrera infranqueable para cualquier ser humano que quiera circular libremente y se tropiece de repente una protesta social, marcha política o entrevero gremial.</p>
<p><strong>Ahora el agua</strong>… El agua: excepto cuando inunda calles y anega barrios, no parece ser un elemento al que el todo poderoso “modelo” le preste demasiada atención. En sus presentaciones “dulce o salada”, “cristalina o turbia”, de río o de mar,  nada de lo que en ella ocurra merece la debida atención oficial. Tanto en las profundidades como en la  superficie.</p>
<p>Una vez más  y <strong>por octavo año consecutivo, Rosario se convirtió durante un día en la meca de la actividad marítima y fluvial del país</strong>.  Empresarios navieros y portuarios, sindicalistas del sector; autoridades marítimas y navales, como así también dirigentes políticos nacionales y provinciales, se abocaron durante una extensa jornada a debatir temas relacionados con <strong>una importantísima actividad económica, que si fuera manejada  con inteligencia generaría millones de dólares a nuestra balanza comercial, yendo a parar buena parte de ellos  a las arcas fiscales.</strong></p>
<p>Las fuertes coincidencias puestas de manifiesto entre los sectores gremiales y empresarios de la actividad, tienen una razón de ser. <strong>La absoluta falta de atención que desde hace 11 años ha sido el denominador común de los funcionarios que han ocupado cargos de responsabilidad en la materia.</strong></p>
<p>Eso sí; parecería ser que en este tema el gobierno se hubiera  anticipado al postulado del Papa Francisco en eso de  “hagan lío”. En materia de transporte marítimo y fluvial vaya si lo han hecho; <strong>tenemos severos problemas en nuestras relaciones con Uruguay y Paraguay; parecemos más preocupados en ver como estropeamos la actividad de nuestros vecinos, que en tratar de ser mejores y más competitivos</strong> y hacer de esta forma que la actividad bajo pabellón nacional se torne rentable y  que sean nuestros servicios los más eficientes de la región. Problemas de dragado en diversos puntos estratégicos de nuestras vías fluviales y marítimas, son un verdadero cuello de botella que parece no tener solución; los sobrecostos impositivos  hacen inviable la ecuación económica para la mayor parte de los operadores marítimos, falta de legislación en la materia;  un proyecto para regular la actividad que espanta a propios y extraños y un discurso oficial que se encuentra a años luz de la realidad, son entre otros muchos los factores que en breve terminarán destruyendo por completo todo vestigio de una “Argentina Marítima” <strong>condenando al país a una dependencia absoluta de terceros países en materia de comercio exterior.</strong></p>
<p>Mientras los pocos funcionarios que ostentan el extraño privilegio de poder hacer uso del micrófono, una y otra vez remiten el origen de las desgracias actuales a la “nefasta” de la década del 90, atónitos oyentes de declaraciones varias se preguntan <strong>qué se ha hecho en la materia en los últimos 11 años.  Invariablemente la respuesta es: nada.</strong></p>
<p>Sin lugar a dudas, todo lo relacionado con la actividad marítima y de la industria naval es complejo. Muchas veces los intereses de los operadores marítimos colisionan con las pretensiones de quienes aspiran a construir barcos para esos operadores. El panorama gremial resulta tan intricado y disperso que incluso hay casi más gremios marítimos que empresas navieras y en algunas oportunidades el frente gremial se encuentra tan enfrentado, que resulta imposible llegar al menor consenso en cuestiones elementales. Como hemos dicho la legislación en la materia no transita un mejor camino ya que se intenta suplir carencia de normativa, con un adefesio de ley.</p>
<p>Sería injusto culpar del desastre nacional en la materia a una sola gestión de gobierno, ni tampoco hacerlo a las dos últimas a cargo ambas del FPV, pero <strong>la sistemática obstinación oficial de aislarse y negarse a escuchar las respetuosas voces de dirigentes gremiales y empresarios que advierten sobre los errores que se siguen cometiendo</strong> en el manejo de industrias de capital intensivo como las que estamos refiriendo, resultan incomprensibles por provenir de una gestión que ya no sabe qué más hacer para doblegar el desbalance comercial del país. En el corto plazo <strong>resulta utópico pensar en una poderosa marina mercante de ultramar por razones que exceden largamente el propósito de esta columna, pero si resultaría sensato abocarse en un primer paso a afianzar un cabotaje regional y a una industria naval pequeña pero viable</strong> que sirvan de trampolín para un salto posterior a otra escala.</p>
<p>Por ahora, <strong>sólo parecemos empeñados en “fastidiar” a nuestros vecinos y acusarlos de cometer el imperdonable delito de aprovecharse de la impericia y soberbia de nuestros gobernantes y hacer por su propia cuenta y bajo sus reglas,  aquello que nosotros no parecemos en condiciones de realizar</strong>. Y lo que es peor día tras día, el modelo nacional y popular se esmera para tentar a empresarios y trabajadores a tentar suerte más allá de nuestras fronteras, y hay que reconocer que en eso, están teniendo un rotundo éxito. Y aunque Manuel Belgrano siga siendo el prócer favorito de nuestra Presidente, sus funcionarios parecen empeñados en hacer exactamente lo contrario a lo que hace ya más de 200 años nos enseñó.</p>
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		<title>Un mar de diferencias</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Aug 2013 13:10:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Al igual que los incrédulos cuarenta millones de argentinos y argentinas, usted, yo y buena parte de la opinión pública internacional escuchamos (¿o creímos escuchar?) a la presidente de la Nación efectuar una curiosa comparación entre nuestro país, Canadá y Australia. De acuerdo con los guarismos tomados como base para el análisis descripto por la primera mandataria (no... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2013/08/27/un-mar-de-diferencias/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Al igual que los incrédulos cuarenta millones de argentinos y argentinas, usted, yo y buena parte de la opinión pública internacional escuchamos (¿o creímos escuchar?) a la presidente de la Nación efectuar una curiosa <strong>comparación</strong> entre nuestro país, <strong>Canadá</strong> y <strong>Australia</strong>.</p>
<p>De acuerdo con los guarismos tomados como base para el análisis descripto por la primera mandataria (no primera mandante), somos ganadores natos por paliza. Nuestro triunfo en todos los campos contrastados son casi más aplastantes que el triunfo electoral del oficialismo en la <strong>Antártida</strong> (sin contar la <strong>base Marambio</strong> -la del problema de aprovisonamiento- donde sobre 54 personas votaron sólo 3).</p>
<p><span id="more-293"></span>Las contundentes afirmaciones presidenciales generaron reacciones que abarcaron todo el espectro de lo posible. Desde el <strong>autoconvencimiento</strong> de las cada vez mayores virtudes del “modelo” hasta una abrumadora ola humorística que desplegó todo el potencial del tradicional humor vernáculo, capaz de tomarse en broma al mayor de los percances o tragedias.</p>
<p>Pero ante tanta <strong>convicción a la hora de subir al podio</strong> y concitar la atención nacional e internacional para pronunciar su discurso, es necesario creer que un presidente no hace frente al pueblo de la nación sin armarse de consistentes datos, provistos por un <strong>verdadero ejército de colaboradores y asesores que pulen cada detalle de lo que el “jefe” va a decir</strong>, de tal suerte de no dejar resquicios posibles para que analistas políticos, miembros de la oposición o malintencionados varios encuentren la forma de atacar lo dicho y minar la credibilidad de quien lleva sobre sus hombros las riendas de la Nación. Por otra parte, hacer afirmaciones a la ligera podría incluso ser tomado como una falta de respeto a la sociedad. ¿O me equivoco?</p>
<p>Siguiendo esta línea de razonamiento, cualquier argentino “bien nacido” debe resistir la crítica burlona y fácil, intentando por todos los medios a su alcance desentrañar detrás de las palabras y de la <strong>catarata de cifras y estadísticas arrojadas</strong> sin solución de continuidad su veracidad. La razón, motivo o circunstancia que dan fundamento a las expresiones vertidas y a su porqué. En definitiva, estudiar, analizar, informarse, invertir tiempo y esfuerzo como paso previo a emitir luego (sólo luego) un juicio de valor que permita avalar o retrucar lo que nuestra máxima representante hacia adentro y hacia afuera nos contó hace algunos días.</p>
<p><strong>Qué bueno sería que cada uno de nosotros se tomara el trabajo de profundizar la novedosa comparación presidencial, profundizando el análisis desde el campo de acción que es propio de nuestro trabajo o profesión</strong>, buscando tal vez el hilo conductor que nos lleve a apoyar o descartar con fundamento cierto, lo que tomado a la ligera nos causó tanta gracia.</p>
<p>Digamos que para predicar con el ejemplo,<strong> intenté hacerlo tomando en principio datos oficiales sobre las actividades</strong>, presupuesto, equipamiento, personal y demás aspectos <strong>de las Armadas de Canadá y Australia</strong> para compararlas con mi querida <strong>Armada Argentina,</strong> que es la que obviamente conozco desde muy joven.</p>
<p>Y bueno&#8230; La verdad es que <strong>los resultados no nos dejan muy bien parados</strong>. Para tomar por caso al país del norte de nuestro continente, sus destructores, <strong>HMCS Iroquis, Athabaskn y Alginkin, </strong>sus doce patrulleros oceánicos, sus cuatro submarinos, sus fuerzas de despliegue en el <strong>Atlántico </strong>y en el <strong>Pacífico</strong> (<strong>MARLANT</strong> Y <strong>MARPAC</strong>) sus planes de ejercitación y capacitación, la cantidad de horas en el mar, la antigüedad media de sus buques&#8230; En fin, <strong>todo, todo, absolutamente todo nos deja como decía mi abuela “a la altura de un poroto&#8221;</strong>. Si nos vamos a la nación de los canguros, la cosa no varía mucho: no tenemos ni para comenzar a hablar, con <strong>nuestros vetustos barcos (algunos ya eran viejos en la Segunda Guerra Mundial)</strong> nuestro<strong> escaso presupuesto para entrenamiento y mantenimiento</strong> de unidades navales y de superficie, y ni qué hablar los aviones.</p>
<p>Incluso considerando la “ventajosa” compra de aviones usados a <strong>España</strong> que estamos a punto de encarar y por la cual su majestad <strong>nos venderá aeronaves con 38 años de antigüedad</strong>&#8230; Pero en un afán desmedido por darle la derecha a las autoridades de mi país, podríamos también afirmar que las comparaciones de fuerzas navales entre países que tienen<strong> escenarios geopolíticos totalmente diferentes</strong> no debería considerarse como muy afortunada. Vaya uno a saber qué amenazas están afrontado por estos días estos dos países, rodeados seguramente de hipótesis de conflicto complejas, a diferencia del verdadero <strong>“mar de la paz”</strong> en el que vivimos aquí en el lejano sur, donde esas hipótesis son inexistentes ya que desde hace años cultivamos cada día una mejor relación con nuestros vecinos, los que no hacen más que agradecer cómo nuestras políticas de integración derraman bienestar a diestra y siniestra.</p>
<p>Sirvan como ejemplo <strong>Uruguay </strong>con las restricciones al turismo y el <strong>cepo al dólar</strong>; <strong>Brasil</strong> con las restricciones al comercio bilateral, y obviamente esta semana a <strong>nuestros hermanos chilenos, felices de la vida por las gentilezas que le prodigamos a sus aviones comerciales</strong>. Como ven, no es lo mismo.</p>
<p>Pero sin sacar los pies del agua, dejé de lado a corbetas, destructores y submarinos y me dediqué a refrescar los números de la actividad marítima. Hablamos de la marina que genera ingresos a las arcas de una nación por los fletes que cobra al exportar sus ventas en buques propios, o al ahorro de divisas que produce al importar sus compras en buques nacionales.</p>
<p>Acá la cosa se me complicó aún mas. <strong>184 buques integran la Marina Mercante canadiense </strong>totalizando una capacidad de bodega de casi 2.200.000 toneladas (esto es, la suma de la capacidad de las bodegas de todos los buques que enarbolan el pabellón de la “hojita roja”: 66 buques de carga aptos para cereal contra cero buques similares en nuestro país, 12 de carga general, con 2 portacontenedores de última generación, 14 buques para transporte de productos químicos, doce petroleros, 6 de pasajeros, 64 mixtos -carga y pasaje-). En fin, <strong>comparados con los pocos miles de toneladas que suman la decena de pequeños barcos que aún mantienen la celeste y blanca flameando en sus popas, no tenemos ni para arrancar.</strong></p>
<p>Por su parte la “decaída” Australia tiene apenas 8 buques aptos para carga a granel, 4 gaseros, 6 mixtos (carga y pasaje), 6 petroleros, 5 barcos del tipo Roll on/Roll off. Además, capitales australianos registran 45 buques bajo pabellones de otros países (banderas de conveniencia).</p>
<p>En cuanto al <strong>ránking mundial de marinas mercantes,</strong> mientras <strong>Canadá</strong> se ubica en el <strong>puesto 38</strong>, <strong>Australia</strong> lo hace en el <strong>70</strong>. <strong>Argentina,</strong> en tanto, ocupaba en 2012 el <strong>puesto 74</strong> pero si se consideran como argentinos los buques que por cuenta y orden de armadoras u operadoras locales lo hacen con bandera de otros países.</p>
<p>Abrumado por estos contundentes números (no abundo sobre los datos obtenidos para no aburrir al lector en demasía)<strong> me propuse a mí mismo “ponerle una ficha” a la actividad de la</strong> <strong>industria naval</strong> (astilleros, diques y talleres navales) <strong>pero con dos astilleros canadienses que visité se me borraron las ilusiones de poder traerles buenas noticias.</strong></p>
<p><strong>Propuesta para columnistas</strong></p>
<p>Como consuelo me queda concluir que al no haber mencionado la arenga presidencial en ningún párrafo algún aspecto relacionado con el mar y sus cosas, “Ella” sabía positivamente que en este aspecto nos pasan por arriba y por ello prefirió rumbear para otro lado. Es por ello que <strong>se me ocurre efectuar a los colegas columnistas una interesante propuesta: Qué ocurriría si cada uno en el área específica que domina </strong>(economía, política, cultura, ciencia, tecnología, arte, etcétera) <strong>hace un análisis parecido al que acabo de efectuar</strong>, ilustrándonos entre todos en una suerte de doble rol de alumnos y profesores<strong> a efectos de poder encontrar finalmente esos datos que nuestra presidente nos arrimó desde Río Gallegos</strong> y que tanto nos cuesta creer. Podrían incluso sumarse los distinguidos lectores, aportando datos cuando postean sus comentarios.</p>
<p><strong>Propongo que sólo luego de haber realizado este ejercicio, nos animemos a sacar conclusiones sobre la veracidad de sus dichos</strong>. Seguramente nos daremos cuenta que somos muy mal pensados y que emitimos juicios de valor injustificados. ¿No les parece?</p>
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