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	<title>Fernando Morales &#187; Fuerza Aérea</title>
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		<title>Cambiemos y el desafío de la cuestión militar</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Jan 2016 14:44:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Finalmente, a poco más de un mes de asumir el Gobierno, Mauricio Macri anunció quiénes ocuparán las jefaturas de los Estados Mayores, el conjunto y cada una de las fuerzas. Recordemos que desde 1983, a diferencia de las fuerzas de seguridad, las Fuerzas Armadas no tienen jefes, ya que el único comandante es el Presidente de la Nación. Las jefaturas de Estado Mayor no habilitan a quienes las detentan a ordenar desplazamientos de tropas o uso de las armas sin el consentimiento del comandante. A veces es bueno recordárselo a los propios interesados.</p>
<p>Los cambios anunciados presuponen una fuerte purga de al menos 22 generales para el caso del Ejército, dado que el designado general, Diego Suñer, ocupa el puesto 18.º en el orden de precedencia de la fuerza y a ello se le suman otros desplazamientos en el Estado Mayor conjunto y los que el propio nuevo jefe promueva una vez que proponga a quien lo secundará. El mensaje aquí fue claro: “Cuantos menos vestigios queden de César Milani, mejor”. Por ello es probable que algunos otros generales también deban abandonar las filas del Ejército.</p>
<p>Para la Armada y la Fuerza Aérea el criterio fue bien distinto. Se eligieron oficiales de entre los más antiguos y ambos, tanto el vicealmirante Marcelo Srur como el brigadier Enrique Amrein, con pergaminos más que suficientes para honrar con creces el cargo para el que han sido propuestos. No obstante, en ambas fuerzas y por debajo de ellos en la pirámide castrense, existen conspicuos oficiales militantes a los que el sentido común indicaría que les ha llegado su hora.<span id="more-948"></span></p>
<p>Hasta aquí lo que ha hecho Mauricio Macri es lo más fácil de hacer: producir un natural recambio de hombres, reemplazándolos con otros menos comprometidos con el Gobierno anterior. Pero el verdadero desafío con el que debe enfrentarse es el de<b> producir de una vez el verdadero cambio que las estructuras militares de la patria necesitan desde hace ya más de tres décadas</b>.</p>
<p>Tanto el ministro de Defensa Julio Martínez como su vice, Ángel Tello, conocen debidamente a las fuerzas. El primero viene de ser vicepresidente de la Comisión de Defensa de la Cámara de Diputados, mientras que Tello es un nombre del palo, profesor en academias de guerra, coorganizador de los famosos ciclos “Almirante Storni”, netamente navales, y estudioso de la cuestión militar; sabrá diferenciar la paja del trigo y filtrar adecuadamente una interesante cantidad de iniciativas que por estos días comienza a llegar a distintos despachos de asesores del Ministerio.</p>
<p>Aquel famoso suceso de militares chilenos cantando mientras trotaban por la costa de Viña del Mar: “Argentinos mataré, peruanos degollaré, bolivianos comeré” no es, por cierto, simpático, pero nos habla a las claras de cuáles son potencialmente las hipótesis de conflicto para las que Chile prepara a sus tropas, aunque ya no lo declamen cantando. Esto no es descabellado, un país arma sus defensas basándose en los peligros potenciales que puede enfrentar y para el caso de nuestros vecinos esos peligros no pasan ni por China ni por Rusia.</p>
<p>Nuestro país decidió unilateralmente eliminar toda hipótesis de conflicto. Una suerte de pensamiento mágico que indica que nunca jamás tendremos un conflicto con vecino alguno, ni por la medianera, ni por el agua, ni por una inmigración masiva. Dios quiera que así sea, pero entonces, si no hemos de tener conflictos externos y no las hemos de emplear para cuestiones internas, ¿para qué queremos tener Fuerzas Armadas?</p>
<p>Obviamente la respuesta a esta pregunta no es su eliminación, ya que dejar al país más indefenso de lo que ya se encuentra sería un error de consecuencias imprevisibles. <b>Lo que deberá iniciar necesariamente la actual administración (sabiendo que en un período de gobierno no verá resultados que pueda mostrar con orgullo) es una profunda reestructuración de fondo y de forma en las estructuras militares de la nación.</b></p>
<p>Hoy tenemos un ejército que recobró notoriedad en los últimos años por las supuestas tareas de inteligencia interna que, de la mano del general Milani, fueron puestas al servicio personal de la ex Presidente y que involucran a la fuerza en temas tan turbios como escuchas ilegales a personalidades de la política, la Iglesia y los sindicatos, e incluso sospechas de participación en los sucesos que terminaron en la aún no esclarecida muerte del fiscal Alberto Nisman. Por estos días todos los medios de prensa dan cuenta de los estrechos nexos entre agentes de inteligencia de la ex Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) y los altos mandos de la fuerza de tierra.</p>
<p>Mientras tanto, la Fuerza Aérea es hoy prácticamente testimonial, ya que casi no le quedan aviones en servicio. Sólo han existido espectaculares anuncios de producción en serie de aviones en el mercado local, los que por ahora no pasan de un prototipo que aún no vuela. Un intento de comprar material israelí se topó con la opinión en contra del ex director de Material de la fuerza, quien pagó con su puesto el haber osado arruinar un bonito negocio con escaso rédito para la aviación militar. Un claro ejemplo de lo que un militar con honor debe hacer.</p>
<p>La Armada Argentina, por su parte, libra una sorda lucha contra la Autoridad Marítima Nacional (la Prefectura Naval Argentina) para intentar subsistir. El tozudo control de actividades relacionadas con la Marina Mercante y su personal embarcado, la asistencia y el salvamento a personas en peligro en el mar, el control de los ríos y de la pesca ilegal y hasta la actividad antártica, son fuentes permanentes de conflicto. En rigor de verdad, mucha legislación que fue redactada en épocas en que la Policía Marítima dependía de la Marina de Guerra deberá ser actualizada para evitar enfrentamientos estériles entre servidores públicos pagados por un mismo patrón (el Estado nacional). Las actuales conducciones de los ministerios de Seguridad y Defensa parecen tenerlo claro y prometen solucionarlo a la brevedad. De hecho, están recibiendo propuestas al respecto.</p>
<p>Temas paradigmáticos, como la conveniencia de que un buque como el rompehielos Almirante Irízar (que no es de la Armada) o los buques hidrográficos de uso civil propiedad del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) sigan siendo tripulados por marinos militares en lugar de sus naturales tripulantes civiles, comienzan hoy a plantearse en boca de allegados al propio ministro de Defensa.</p>
<p>Pero el gran desafío pasará por responder la pregunta antes enunciada con realismo y tal vez con crueldad. <strong>El país ya no puede seguir soportando estructuras gigantescas pero vacías de contenido</strong>. Desde un Hospital Militar Central donde los enfermos caminan centenares de metros para ir de un servicio al otro dentro de un nosocomio derruido, que bien podría reemplazarse con un edificio más racional y moderno, que podría ser financiado sólo con el valor del terreno del actual emplazamiento. Pasando por barrios militares en las zonas más caras de la ciudad y edificios sede de las fuerzas en plena capital, cuando en realidad deberían ser redistribuidos en bases y cuarteles cercanos a las zonas que deben custodiar. Hasta el desprendimiento de todo el material obsoleto —cuando no inoperable—, que solamente sirve para emplear mano de obra en inútiles tareas de mantenimiento sin grandes resultados. Pintamos y repintamos barcos y tanques viejos una y otra vez.</p>
<p>Si Mauricio Macri es capaz de vivir en su propia casa y descansar el fin de semana en su propia quinta, ¿por qué una milicia pobre debe seguir quemando recursos en lujosas viviendas oficiales y verdaderas estancias de recreo para sus altos mandos? La pregunta en boca de un ciudadano es lógica, pero realizada por un funcionario de gobierno es mucho más que promisoria. Si hemos de cambiar, cambiemos a fondo y en todo lo que haga falta. Es ahora o nunca.</p>
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		<title>El sueño de la generala propia</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Sep 2015 03:00:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Al solo efecto de abstraerlo por un rato, querido amigo lector, de los avatares de la política, la inseguridad y la maltrecha economía nacional y popular, lo he de entretener durante unos pocos minutos con una bonita historia que no ha de cambiar su vida ni la mía, pero que pinta de cuerpo entero la racionalidad que impera en los máximos niveles de la conducción nacional.</p>
<p>Una de las tantas luchas que nuestra jefa de Estado ha comandado desde su llegada al trono (perdón, quise decir al poder) es la causa de la igualdad de género. En cada acto público o privado, la mandataria se ocupa de dejar bien en claro (y con razón) lo mucho que le ha costado al género femenino ir escalando en todos los órdenes para afianzar sus derechos. La tarea no les ha sido fácil, pero nadie con dos dedos de frente podrá hoy sostener que deberían existir diferencias de género en cuestiones laborales, sociales, familiares o la que se nos ocurra.<span id="more-856"></span></p>
<p>Por esas cosas de la naturaleza, dar a luz sigue siendo un privilegio femenino y por esas cosas de los hombres el sacerdocio les sigue estando vedado, pero quién sabe por cuanto tiempo más.</p>
<p>No obstante lo expuesto, <b>algunos bastiones exclusivamente masculinos hasta hace algunos años parecían conspirar contra los deseos de la jefa cuando arribó a las puertas de la Casa Rosada</b>.</p>
<p><b>Con la firme convicción de marcar su estilo, dispuso poco antes de asumir que sus edecanes militares fueran militares de sexo femenino. ¡Menudo problema!</b> Si bien las Fuerzas Armadas cuentan con mujeres con estado militar desde hace años, no hace mucho que se abrieron las puertas de las escuelas de formación de oficiales de comando para el sexo femenino, razón por la cual era imposible dotar a Cristina de una teniente coronel, una capitán de fragata y una vicecomodoro para cumplir la función.</p>
<p>La impronta K entonces hizo su movida y la cuestión de la idoneidad para el cargo quedó de lado. ¿A quién le podría importar si eran o no realmente militares de carrera o medianamente eficientes profesionales universitarias de uniforme?</p>
<p>Daría para una columna aparte narrar los pormenores del casting organizado por el Ministerio de Defensa para seleccionar a las candidatas. Importaba su foja de servicios, pero por sobre todo que no poseyeran características físicas que pudieran eclipsar en todo o en parte la figura presidencial. La Dra. Nilda Garré en persona hizo la selección.</p>
<p>Así las cosas, fueron seleccionadas una brillante médica y odontóloga por la Armada, una licenciada en sistemas por el Ejército y una bioquímica por la Fuerza Aérea. Tres buenas profesionales que alguna vez fueron convocadas por la patria para vestir su uniforme y servirla desde el ejercicio de su profesión universitaria. Pero, ¿quién se animaría a decirle a ella que la función del edecán estaba reservada para oficiales del cuerpo de comando?</p>
<p>Como seguramente usted sabe, los destinos militares son bastante acotados en el tiempo: uno o dos años, por lo general y en algunos casos específicos tal vez tres. Normalmente aun para el caso de los profesionales universitarios, la rotación es algo buscado y deseado tanto por la fuerza como por el propio militar.</p>
<p>Pero Cristina se encariñó con las chicas y hace ocho años que las edecanes la acompañan día y noche en alegrías y desventuras. <b>Alejadas por completo de su relación con las fuerzas a las que pertenecen y con las profesiones que en ellas ejercían, las tres llegaron a ascender al grado de oficiales superiores (coronel, capitán de navío y comodoro) sin ser asignadas a nuevas tareas acordes a su mayor jerarquía </b>y permanecieron inamovibles junto a la jefa.</p>
<p>En los pasillos del poder es bien conocida la obsesión de Cristina por llegar a ver a una mujer en la cima de las estructuras uniformadas. Se la vio feliz entregando su diploma a la primera mujer comisario general de la Federal, pero en la milicia los tiempos no le dan. En el proceso madurativo de la carrera militar, las mujeres de comando aún están verdes, transitan los primeros grados de la carrera y todavía faltan muchos años para que lleguen a lucir soles o estrellas en sus hombros.</p>
<p>A falta de recurso humano vivo, la Presidente echó mano a los difuntos y ascendió sin más trámite a Juana Azurduy, al fin y al cabo es la comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y ello incluye a militares con vida, fallecidos o incluso los por nacer.</p>
<p><b>Pero esto no alcanzó para calmar su sed feminista, es por ello que para despuntar el vicio y darse el gusto, acaba de mandar al Senado el pliego de ascenso a general de una de sus edecanes</b>, la coronel, cuerpo profesional, analista de sistemas María Isabel Pansa.</p>
<p>Para ello primero tuvo que firmar un decreto (1521/15) en el que, so pretexto de combatir la discriminación, habilita a cualquier profesional universitario a alcanzar la máxima jerarquía militar, aunque la fuerza no tenga previsto un cargo en la conducción superior para todas las profesiones.</p>
<p>Cristina tendrá finalmente una generala viva, poco importa a sus fines si en realidad está condenando a una buena profesional al casi seguro destierro que deberá soportar al dejar sus funciones como edecán y pretenda retornar a un ejército en donde hay más generales que tanques, pero que no tiene en su orgánica un cargo para un general psicólogo y analista de sistemas. Aunque tal vez podría dar contención emocional a 55 generales que conducen un ejército sin armas, sin misión y sin futuro.</p>
<p>Cristina cumplirá su sueño, tendrá a una generala cuidándole las espaldas en el último tramo de su gestión. Generala que dependerá orgánicamente de un teniente coronel que ocupa el cargo de jefe de la Casa Militar de la Presidencia de la Nación, pero es un detalle no más.</p>
<p>Cristina fue por demás generosa con las mujeres de uniforme. También habilitó a las profesionales universitarias a ocupar cargos como agregadas militares en nuestras embajadas, no así a los varones con el mismo título, pero un poco de injusticia con el sexo fuerte para compensar años de machismo desenfrenado no viene mal.</p>
<p><strong>Cristina curiosamente jamás promovió un mínimo encuentro con muy reducido grupo de mujeres que ostentan con orgullo la condición de Veteranas de Malvinas</strong>. Integran el mismo ejército de la futura general Pansa, también provienen de la Fuerza Aérea y de la Marina Mercante. Curiosidades de una feminista que hace ocho años dijo: “No me traigan mujeres altas, rubias y con buenas piernas”. Y que por alguna extraña razón no ha querido sacarse una simple foto con un puñado de mujeres enviadas a una guerra sin más armas que su oficio o profesión, verdaderas heroínas vivientes de la patria, que, expuestas en público, podrían haber merecido un aplauso, un reconocimiento o un vitoreo ligeramente superiores a los que reclama para sí en forma exclusiva, permanente y, por qué no, perpetua.</p>
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