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	<title>Fernando Morales &#187; ferrocarril Sarmiento</title>
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		<title>Camila y Hernán, íconos del modelo</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Dec 2013 11:10:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El 28 de diciembre es tradicionalmente reconocido como el <strong>Día de los Santos Inocentes</strong>, en obvia conmemoración de lo que según nos relata el Evangelio fue la salvaje matanza de niños recién nacidos en procura de matar al hijo de Dios a pocos días de ocurrido el alumbramiento de <strong>Jesucristo</strong>.</p>
<p>La cultura popular alteró este acontecimiento netamente religioso, transformándolo en una ocasión propicia para jugarle alguna broma a familiares o amigos, quienes al morder ingenuamente el anzuelo tendido por el bromista reciben como irrefutable testimonio de su candidez un lapidario “<strong>que la inocencia te valga</strong>”.</p>
<p>En este tórrido diciembre de 2013, seguramente cuestiones relacionadas con <strong>la falta de energía eléctrica, el cepo al dólar, la inflación, las increíbles excusas de nuestros ministros y hasta la inexplicable ausencia de nuestra presidente</strong> en la emergencia habrán sido material propicio para más de un bromista.</p>
<p><span id="more-407"></span>Pero este 28 de diciembre en particular, quedará en la historia también como el día del regreso de “los santos inocentes”. Obviamente me refiero a esas dos cándidas criaturas conocidas por todos y todas simplemente como <strong>Camila</strong> y <strong>Hernán</strong>. Los jóvenes (para el caso del segundo, no tanto) <strong>ambientalistas</strong> de <strong>Greenpeace</strong>, retenidos bajo las garras del yugo de la implacable Justicia rusa por haber protagonizado una “inocente y pacífica” protesta para salvar al <strong>océano Ártico</strong> de un empetrolado final.</p>
<p>Estos dos ejemplos de <strong>la lucha popular contra el imperio</strong> (sea cual sea éste) violaron, en el desarrollo de su protesta, una parva de leyes nacionales rusas e internacionales; vale la pena recordar que mientras Camilita es una joven idealista de 21 años (lindo término, ¿no?) preocupada por la contaminación ambiental fronteras afuera de nuestra muy contaminada patria, <strong>Hernancito es todo un señor oficial de nuestra marina que alguna, vez si mal no recuerdo, juró entre otras cosas defender la vida humana en el mar aun a costa de la propia.</strong> Obviamente esto dista mucho de andar tripulando como oficial de navegación un barco que realizó una evidente violación de, cuanto menos, elementales reglas de seguridad marítima. <strong>Vale la pena recordar también que este idealista no es un voluntario sino que percibe un interesante sueldo en euros como tripulante de un rompehielos que se desplaza por intermedio de dos potentes motores diésel que queman combustible derivado del petróleo</strong>; de ése que se extrae de las profundidades marinas o de yacimientos terrestres por parte de petroleras que son combatidas por sus empleadores.</p>
<p>Pero dejando de lado la aventura soviética de nuestros dos niños prodigio y considerando que <strong>en el fondo son más inconscientes que delincuentes</strong> y que tal vez el escarmiento de los dos meses tras las rejas rusas les ponga un límite, adherimos a la alegría por su regreso a casa. Además regresan a un país en el que se pasean libres por las calles todo tipo de criminales de fuste (algunos incluso con vehículo, chofer y custodia provistos por el Estado), lo que torna a su felonía en algo más parecido a una travesura que a un delito (siempre hablando de la particular vara de la justicia local, claro está).</p>
<p>Pero el verdadero motivo de esta columna -amigo lector- es detenerme en algo que los propios repatriados se han cansado de explicar. Me refiero al impecable, puntilloso, puntual y denodado esfuerzo puesto de manifiesto por las autoridades de la<strong> Cancillería Argentina</strong> y de las autoridades diplomáticas destinadas en <strong>Moscú</strong> para velar por los intereses de nada más y nada menos que dos ciudadanos argentinos. Me consta que hasta la propia oficina de la <strong>consejera legal del Palacio San Martín</strong>, la embajadora <strong>Susana Ruiz Cerutti,</strong> fue movilizada para garantizar el rescate de estos jóvenes de su epopeya épica, que dejó a la altura de un poroto a la estoica resistencia del capitán <strong>Salonio</strong> y sus hombres durante el embargo de la <strong>Fragata Libertad.</strong></p>
<p>Y qué bien que se siente uno como argentino al ver que podemos andar por el mundo libres cual mariposas, sabiendo que si algo nos ocurre, que si alguna autoridad policial o judicial extranjera osare interrumpir nuestro vuelo, caerá sobre ellos todo el peso y el talento de nuestra diplomacia, que nuestra primera mandante (perdón mandataria) ofrecerá personalmente constituirse en garante de nuestros actos, que se habilitarán días y horas para que nuestro equipo de juristas expertos en derecho internacional se pongan literalmente a nuestro servicio. Qué bueno, que bonito, qué bárbaro. Qué bien que hace sentirse ciu-da-da-no.</p>
<p>No ocurre lo mismo, claro está, con otros aspirantes a la ciudadanía, a los que en los últimos días el jefe de Gabinete y el ministro de Planificación les cambiaron el nombre por el de “clientes”. Así se desprende de los reiterados mensajes que ambos jerarcas del modelo emiten cada día, en los que instan a dos empresas concesionarias de un servicio público a dar respuesta a esos clientes que se desgañitan en las calles. <strong>Los clientes son seres totalmente diferentes a los ciudadanos</strong>, uno creía que se era cliente de un súper, de una casa de modas o de una peluquería. Uno no es cliente del ferrocarril Sarmiento, ni del Hospital Fernández. Tampoco lo es de la comisaría del barrio, ni es cliente del servicio de inteligencia que le pincha el teléfono. No se es cliente de la <strong>AFIP</strong> ni de Rentas de la Ciudad. <strong>Uno es usuario, contribuyente, víctima, paciente; en suma, uno es ciudadano (bueno, yo creía que lo era).</strong></p>
<p>Y mientras nos gastamos los dedos remarcando los varios números de teléfono para que se atiendan nuestros reclamos; mientras pedimos agua (no pretendemos <strong>Perrier</strong>, sólo agua); mientras los viejitos atrapados en las alturas ven peligrar su propia existencia; mientras las hogueras de los indignados y no escuchados suma calor a las tórridas noches porteñas, la presidente no sale a garantizarnos nuestros derechos. <strong>El secretario de Energía juega golf distendido</strong>, el ministro de <strong>Infraestructura</strong> se lava las manos (porque tiene con qué hacerlo, claro). Y usted, amigo lector, nuestros padres y amigos, yo, nos vamos derritiendo; no me refiero a la acción del calor en nuestros cuerpos sino a nuestra licuefacción ciudadana; <strong>no somos nada, no importamos, no existimos, no vendrán en nuestra ayuda ni con la embajador más talentosa de nuestra diplomacia, ni con un aguatero suplente que nos alcance un litro de agua fresca.</strong> Tal vez si violamos lo suficiente la ley como Camilita y Hernancito, allí sí seamos dignos de atención.</p>
<p>Pero quédese tranquilo, querido amigo. Hoy seguro que leerán esta columna y le juro que cuando lo hagan comprenderán; y cuando comprendan que nos estamos muriendo ante tanta indiferencia, nuestra <em>presi</em> nos saldrá a defender, movilizará a nuestras ahora solidarias <strong>Fuerzas Armadas</strong> con el mismísimo general <strong>Milani</strong> a la cabeza a socorrer a los más necesitados, destinará parte de los fondos que a diario se invierten en publicitar las bondades del modelo a comprar unos cuantos generadores para estar allí donde más se necesita. Por favor, querido amigo, usted me conoce, créame, créame… y una vez que me crea déjeme decirle con una ligera sonrisa: “Que la inocencia le valga”.</p>
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		<title>Me mataste… nos mataste a todos, Martín</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Oct 2013 10:53:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Honestidad brutal. Así podría definirse la cruda respuesta del principal candidato a diputado nacional, propuesto por el oficialismo para representar a la provincia de Buenos Aires en la Cámara Baja de la Nación, a la simple pregunta “nombre tres estaciones del ferrocarril Sarmiento”, realizada por Infobae. Con su sonrisa “naif” pintada en su rostro, como siempre, Martín... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2013/10/25/me-mataste-nos-mataste-a-todos-martin/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Honestidad brutal. Así podría definirse la cruda respuesta del principal candidato a diputado nacional, propuesto por el oficialismo para representar a la <strong>provincia de Buenos Aires</strong> en la <strong>Cámara Baja de la Nación</strong>, a la simple pregunta<strong> “nombre tres estaciones del ferrocarril Sarmiento”, </strong><a href="www.infobae.com/2013/10/23/1518187-examen-infobae-cuanto-saben-los-candidatos-la-provincia-buenos-aires" target="_blank">realizada por<strong> Infobae</strong></a>. Con su sonrisa “<em>naif</em>” pintada en su rostro, como siempre, <strong>Martín Insaurralde</strong> espetó al periodista que lo interrogaba <strong>“me mataste”</strong>. Es sin duda muy grave que un candidato oficialista u opositor, perteneciente a la mayor provincia del país, se muestre <strong>ajeno e ignorante respecto a algo tan básico</strong> y que hoy por hoy jaquea al gobierno, a la dirigencia gremial, a los empresarios del sector y conmueve al mismo tiempo a la ciudadanía.</p>
<p>Tanto “caminar” el territorio provincial, tanto contacto con los vecinos, con los más humildes, con los sectores sociales. Tantas inauguraciones de cosas hechas por particulares que prestan el podio para que se luzcan los dirigentes, tanto spot, <strong>tanta plata gastada en hacer que conozcamos al candidato y tan poca inversión intelectual para hacer que el candidato conozca un poco el territorio</strong> que aspira a representar parece, cuanto menos, una gran tomadura de pelo a la sociedad entera.</p>
<p><span id="more-346"></span>¿Será tal vez porque el aspirante tan diligente para mostrarnos su <strong>situación sentimental</strong> desde las páginas de varias revistas del corazón no ha tenido tiempo en los últimos años para conmoverse por <strong>tragedias</strong> <strong>ferroviarias</strong>, en lugares tan remotos como <strong>Castelar</strong>, <strong>Flores</strong> u <strong>Once</strong> o lo que es peor jamás se le ocurrió pensar cuál es una de las vías de egreso de los bienes que se producen en el corazón de su provincia? ¿No necesitará el candidato el voto de la gente de lugares ignotos como pueden ser<strong> Moreno, Merlo, Ramos Mejía o Luján</strong>? ¿No querrá que lo voten en <strong>Bragado</strong> o <strong>Chivilcoy</strong>? <strong>Tal vez sea mucho pedir que el señor intendente viaje en los viejos, sucios e inseguros trenes del Sarmiento,</strong> pero al menos que conozca su existencia no parece demasiada exigencia.</p>
<p>Pero creo -amigo lector- que esta respuesta tan honesta como lapidaria es sólo la punta del iceberg (una vez más la analogía marina define el concepto): esta letal ignorancia ferroviaria del candidato desnuda crudamente algo que para ponerlo en <strong><em>términos</em> <em>cristinistas</em> </strong>podríamos denominar como <strong>“la ignorancia profunda”</strong>. Algo que parece ser materia corriente en buena parte de la actual dirigencia gubernamental y seguramente en muchos opositores también.<strong> Inflación, seguridad, dólar, educación y algún que otro tema más, son los caballitos de batalla más rentables a la hora de la campaña proselitista. </strong>Debemos asimismo reconocer que la mayor parte de nosotros centramos nuestra atención en alguno o en todos los temas enunciados.</p>
<p>Pero ¿qué pasaría si siguiendo la misma línea que marcó la simple pregunta que motiva esta columna, algún medio periodístico se lanzara a preguntar cuestiones tan complejas como <strong>cuáles son los principales puertos de la Provincia de Buenos Aires,</strong> <strong>cuál es la causa que hace que el puerto de Mar del Plata se encuentre prácticamente paralizado,</strong> cuál es la situación del sistema carretero de la provincia y cuáles los cuellos de botella que retrasan y encarecen el transporte terrestre? Elija usted, amigo lector, algunas preguntas relacionadas con su oficio o profesión, arme una lista con las más básicas y atrévase a imaginar que dirigente o líder político estaría en condiciones de dar -al menos- una opinión coherente sino la respuesta correcta. No podemos pretender que todos sepan de todo, claro que no. Se supone que el líder tiene la capacidad de armar un equipo de idóneos que manejan cada área de gobierno llevando a la práctica de una forma técnicamente correcta, las decisiones políticas esbozadas desde la máxima conducción.</p>
<p>No parece ser el caso, por ejemplo, del <strong>ministro de Defensa, Agustín Rossi,</strong> que acaba de disponer que vetustos<strong> aviones navales</strong> de entrenamiento (<strong>Turbomentor T34</strong>) con más de 40 años de servicio se enfrenten con las modernas aeronaves usadas por los narcotraficantes para violar el espacio aéreo de nuestro país. Nuestros “hermanos bolivarianos”, entretanto, utilizan para el mismo fin modernos <strong>aviones F16</strong>. Tampoco sería el caso de la magistral conducción de algunos aspectos de nuestra economía con ideas espectaculares que abarcan desde el cepo a la compra de divisas, hasta el pan, pollo, carne, cerdo y pescado para todos, pasando por la <strong>Supercard</strong>, los <strong>Cedines</strong>, las brigadas juveniles controladoras de precios y todas las otras que harían esta lista interminable.</p>
<p>Tampoco parece ser muy brillante la idea del<strong> ministro del Interior y Transportes</strong>, que ha tenido la ocurrencia de disponer que <strong>para evitar que los trenes se sigan estrellando</strong> en las terminales <strong>los guardas se trasladen a la cabina de conducción para “hacerle el aguante” al motorman</strong> en el último tramo del recorrido y evitar que se duerma antes que los rieles se terminen. Ahora sí viajaremos seguros… Además, en el mismo acto nos anunció a todos y todas que había dispuesto <strong>estatizar el Sarmiento</strong>, demostrando que <strong>el actual presidente a cargo es un óleo viviente,</strong> ya que ni hizo falta su aprobación para una medida tan radical como la anunciada.</p>
<p>Para no abandonar el original propósito marinero de esta columna, déjeme contarle -amigo lector- que pocos días antes de afrontar sus actuales problemas de salud, la presidente, preocupada por el caos y descontrol que reina en el <strong>transporte marítimo</strong> y fluvial y ante la falta de respuestas que podía brindarle el <strong>secretario de Transportes de la Nación,</strong> <strong>convocó a su despacho a un funcionario de tercera línea del sector marítimo</strong> para que antes que darle soluciones, le explique por lo menos los problemas. Este profesional del mar, para nada devoto de la ideología gobernante, pero profundo conocedor de la realidad del sector en el que cumple sus tareas, pudo en algo más de media hora darle a la mandataria un esbozo del problema. Lamentablemente, a pocas horas de escucharlo, la jefa de Estado entró al quirófano y habrá que ver cuando regrese al poder qué es lo que recordará de esa charla, pero éste ha sido un <strong>primer y valioso gesto de tratar de convocar a los que más saben en lugar de a los que mejor militan.</strong></p>
<p><strong>Y así estamos, sin saber quién conduce hoy por hoy este barco llamado “Argentina”,</strong> con candidatos alegres y ambles que desconocen elementales cuestiones de nuestra realidad, librados a una suerte incierta, con la única esperanza de que tal vez en algún momento algo cambie para mejor. Mientras tanto con su sonrisa angelical, con sus buenos modales y con sus bonitas producciones fotográficas, Martín el candidato oficialista, ayer, sin inmutarse con su respuesta… nos mató a todos un poquito.</p>
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