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	<title>Fernando Morales &#187; España</title>
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		<title>El mar tiene ley pero no tiene código</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Dec 2013 10:58:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Estimado amigo lector, si en este momento le preguntara su conocimiento sobre temas tales como fertilización asistida, alquiler de vientres, matrimonio igualitario, responsabilidad civil del Estado o función social de la vivienda, me juego la vida a que usted está sin lugar a dudas medianamente capacitado para emitir una opinión a la luz de toda la letra que sobre cada uno de estos temas se ha escrito o pronunciado en los últimos días de la mano de la ya famosa <strong>reforma del Código Civil de la Nación.</strong></p>
<p>Si ahora le preguntara qué tanto sabe usted de la <strong>COPLA</strong>, también me la juego con que encarará para el lado de música y me apabullará (Wikipedia mediante) contándome que “es una forma poética que sirve para la letra de canciones populares. Surgió en <strong>España</strong> en el siglo XVIII y se ha difundido mucho en <strong>América Latina</strong>”. Pero no, no me refería a esa sino la otra COPLA: a la sigla que sintetiza el nombre de la “<strong>Comisión Nacional del Límite Exterior de la Plataforma Continental</strong>”, es decir (tomando prestada la frase al <strong>Servicio de Hidrografía Naval</strong>) “nuestra frontera con la humanidad”.</p>
<p><span id="more-377"></span>Mire, para no complicarle la vida y dejar el resto de la información sujeto a su interés por el tema, sólo le cuento que un montón de gente talentosa, de nuestras Cancillería, Armada y Prefectura, trabajaron durante años (la mayoría de ellos durante los gobiernos de <strong>Néstor y Cristina</strong>) en la <strong>demarcación submarina de nuestra plataforma continental</strong>. La <strong>Convención Internacional de Derecho del Mar</strong> -promulgada por la <strong>ONU</strong> y ratificada por nuestro país- ha establecido los criterios con los que la plataforma se determina y a partir de allí, científicos, marinos, juristas y diplomáticos argentinos trabajaron para poder presentar en tiempo y forma ante la comisión especial de la ONU constituida a tal efecto la delimitación definitiva de nuestro último límite de soberanía económica en el <strong>océano Atlántico</strong>, que pasaría de ser aprobada la presentación, de las ya conocidas 200 millas a casi 350 millas marinas. ¿Se da cuenta amigo lector? Mire, se la hago corta: este verano cuando esté con el balde y la palita en la playa, eleve la mirada hacia el horizonte… ¿ve la línea que forman el mar y el cielo al juntarse ? Bueno, imaginando que usted mide 1,80 mts, esa línea está a unas 2,5 millas náuticas de su ojo (46 cuadras), si hablamos ahora de una plataforma continental de 350 millas. ¿Se da cuenta cuánta más Argentina queda aún detrás del horizonte?</p>
<p>Me permito acotarle, y de paso pedirle perdón por si es que ya lo sabía, que allí donde se termina la tierra firme, luego vienen 12 millas marinas de agua (unos 22 km) que son tan argentinos como la <strong>Avenida Corrientes</strong> o la <strong>9 de Julio</strong>. Esta porción del mar se denomina “<strong>Mar Territorial</strong>”. Luego otros 22 km mar adentro, que se denomina <strong>“Zona Contigua”</strong>, en la que nuestro país tiene plena jurisdicción por ejemplo para perseguir y penar delitos económicos como el contrabando, o ejercer el control migratorio, etcétera. De allí en más y hasta las 200 millas marinas, la Nación se reserva la exclusividad para la exploración y explotación del mar; esto es sus recursos pesqueros y sus riquezas minerales y vegetales, petróleo incluido. Ahora, tal como explicamos más arriba, vamos por las 350 millas, sobre las cuales si bien no tendremos la exclusividad sobre la riqueza pesquera, sí la tendremos sobre lo que existe en el lecho y subsuelo marinos.</p>
<p>Tiene toda la razón si a esta altura de la lectura se pregunta qué tiene que ver el calamar o el petróleo en <strong>Malvinas</strong> con el divorcio <em>express</em> o con la donación de óvulos. Claro que tiene que ver, y le diría que mucho. Todos estos temas de una u otra forma están comprendidos en todo o en parte en el <strong>Código Civil de la Nación</strong>. Aunque a decir verdad en lo que respecta a la protección de la parte sumergida de la patria venimos flojitos de papeles.</p>
<p>Además de talentosos marinos y diplomáticos, nuestro país cuenta con sublimes expertos en derecho marítimo, entre los que me permito citar sólo como ejemplo a <strong>César A. Lerena,</strong> quien desde hace ya algún tiempo viene alertando sobre las desprolijidades cometidas en la redacción del <strong>articulo 235</strong> del proyecto de Código Civil en tratamiento actual en nuestro Poder Legislativo.</p>
<p>Sería un despropósito y una falta de respeto a este jurista que ensayemos en esta columna el análisis técnico de las fallas descubiertas. Créame, amigo lector, que <strong>la redacción del artículo en cuestión es cuando menos displicente.</strong> Aquí nuevamente vuelvo a remitir al lector interesado a profundizar en el tema por su cuenta, si es que lo desea.</p>
<p>Lo que sí mi interesa remarcar es mi creciente temor al ver cómo se aceleran los tiempos de tratamiento sobre tablas de uno de los pilares jurídicos de la Nación, el que como antes dijimos, atiende cuestiones tan amplias como derechos de familia o soberanía pesquera. ¿<strong>Serán acaso tan lúcidos, tan leídos, tan sobrehumanos nuestros legisladores, para tener en claro y estar en plena conciencia de todos y cada uno de los miles de aspectos sobre los que se disponen a legislar nada menos que en un Código que nacerá para durar varias décadas</strong>?</p>
<p>Así como con todo derecho, abortistas, antiabortistas, transexuales, divorciados o por divorciarse, parejas de todo tipo ansiosas de tener hijos, hacen oír sus voces en uno u otro sentido, así como la propia<strong> Iglesia Católica</strong> lo hace, ¿se habrán informado diputados y senadores sobre cuestiones tan relacionadas con nuestra soberanía como las que aquí planteo? <strong>¿Se habrán detenido nuestros legisladores a mirar más allá del horizonte en sus últimas vacaciones?</strong></p>
<p>Si no lo hicieron, si no lo pensaron o si no lo tuvieron en cuenta, sirva esta columna no como una crítica, sino como un oportuno llamado de atención.<strong> Le estamos pidiendo a las Naciones Unidas que nos conceda derechos sobre un territorio marítimo que sumado al existente será casi tan amplio como nuestro territorio seco</strong>, lo hicimos con fundamento científico, político y estratégico. Demostremos al mundo (de hecho serán los representantes del mundo los que nos dirán que sí o que no) que sabemos qué es lo que estamos pidiendo y que estamos dispuestos una vez que nos sea otorgado a defenderlo, preservarlo y cuidarlo de la manera adecuada. Para empezar dotando a esa enorme extensión marítima de elementos legislativos acordes.</p>
<p>Un viejo político me dijo una vez, ante mi insistencia en concientizarlo sobre las cuestiones marítimas, <strong>“¿sabés lo que pasa, pibe?, los peces no votan”.</strong> Gracias a Dios ese buen señor ya no es ni tan solo concejal de pueblo. Ahora a nuestros políticos en actividad, a los que defienden el modelo, a los que se oponen al modelo, a los que llegan, a los que siguen y a los que se van, me permito recomendarles: consulten, pregunten, investiguen y luego de eso, y antes de votar, eleven la mirada más allá del horizonte; mucho más allá; aún muchísimo más y cuando ya no puedan divisar nada, sepan que la patria aún se proyecta y se extiende y necesita que ustedes la protejan, la cuiden y la defiendan. Si así no lo hicieran alguien se los demandará, téngalo por seguro.</p>
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		<title>Un mar de diferencias</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Aug 2013 13:10:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Al igual que los incrédulos cuarenta millones de argentinos y argentinas, usted, yo y buena parte de la opinión pública internacional escuchamos (¿o creímos escuchar?) a la presidente de la Nación efectuar una curiosa comparación entre nuestro país, Canadá y Australia. De acuerdo con los guarismos tomados como base para el análisis descripto por la primera mandataria (no... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2013/08/27/un-mar-de-diferencias/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Al igual que los incrédulos cuarenta millones de argentinos y argentinas, usted, yo y buena parte de la opinión pública internacional escuchamos (¿o creímos escuchar?) a la presidente de la Nación efectuar una curiosa <strong>comparación</strong> entre nuestro país, <strong>Canadá</strong> y <strong>Australia</strong>.</p>
<p>De acuerdo con los guarismos tomados como base para el análisis descripto por la primera mandataria (no primera mandante), somos ganadores natos por paliza. Nuestro triunfo en todos los campos contrastados son casi más aplastantes que el triunfo electoral del oficialismo en la <strong>Antártida</strong> (sin contar la <strong>base Marambio</strong> -la del problema de aprovisonamiento- donde sobre 54 personas votaron sólo 3).</p>
<p><span id="more-293"></span>Las contundentes afirmaciones presidenciales generaron reacciones que abarcaron todo el espectro de lo posible. Desde el <strong>autoconvencimiento</strong> de las cada vez mayores virtudes del “modelo” hasta una abrumadora ola humorística que desplegó todo el potencial del tradicional humor vernáculo, capaz de tomarse en broma al mayor de los percances o tragedias.</p>
<p>Pero ante tanta <strong>convicción a la hora de subir al podio</strong> y concitar la atención nacional e internacional para pronunciar su discurso, es necesario creer que un presidente no hace frente al pueblo de la nación sin armarse de consistentes datos, provistos por un <strong>verdadero ejército de colaboradores y asesores que pulen cada detalle de lo que el “jefe” va a decir</strong>, de tal suerte de no dejar resquicios posibles para que analistas políticos, miembros de la oposición o malintencionados varios encuentren la forma de atacar lo dicho y minar la credibilidad de quien lleva sobre sus hombros las riendas de la Nación. Por otra parte, hacer afirmaciones a la ligera podría incluso ser tomado como una falta de respeto a la sociedad. ¿O me equivoco?</p>
<p>Siguiendo esta línea de razonamiento, cualquier argentino “bien nacido” debe resistir la crítica burlona y fácil, intentando por todos los medios a su alcance desentrañar detrás de las palabras y de la <strong>catarata de cifras y estadísticas arrojadas</strong> sin solución de continuidad su veracidad. La razón, motivo o circunstancia que dan fundamento a las expresiones vertidas y a su porqué. En definitiva, estudiar, analizar, informarse, invertir tiempo y esfuerzo como paso previo a emitir luego (sólo luego) un juicio de valor que permita avalar o retrucar lo que nuestra máxima representante hacia adentro y hacia afuera nos contó hace algunos días.</p>
<p><strong>Qué bueno sería que cada uno de nosotros se tomara el trabajo de profundizar la novedosa comparación presidencial, profundizando el análisis desde el campo de acción que es propio de nuestro trabajo o profesión</strong>, buscando tal vez el hilo conductor que nos lleve a apoyar o descartar con fundamento cierto, lo que tomado a la ligera nos causó tanta gracia.</p>
<p>Digamos que para predicar con el ejemplo,<strong> intenté hacerlo tomando en principio datos oficiales sobre las actividades</strong>, presupuesto, equipamiento, personal y demás aspectos <strong>de las Armadas de Canadá y Australia</strong> para compararlas con mi querida <strong>Armada Argentina,</strong> que es la que obviamente conozco desde muy joven.</p>
<p>Y bueno&#8230; La verdad es que <strong>los resultados no nos dejan muy bien parados</strong>. Para tomar por caso al país del norte de nuestro continente, sus destructores, <strong>HMCS Iroquis, Athabaskn y Alginkin, </strong>sus doce patrulleros oceánicos, sus cuatro submarinos, sus fuerzas de despliegue en el <strong>Atlántico </strong>y en el <strong>Pacífico</strong> (<strong>MARLANT</strong> Y <strong>MARPAC</strong>) sus planes de ejercitación y capacitación, la cantidad de horas en el mar, la antigüedad media de sus buques&#8230; En fin, <strong>todo, todo, absolutamente todo nos deja como decía mi abuela “a la altura de un poroto&#8221;</strong>. Si nos vamos a la nación de los canguros, la cosa no varía mucho: no tenemos ni para comenzar a hablar, con <strong>nuestros vetustos barcos (algunos ya eran viejos en la Segunda Guerra Mundial)</strong> nuestro<strong> escaso presupuesto para entrenamiento y mantenimiento</strong> de unidades navales y de superficie, y ni qué hablar los aviones.</p>
<p>Incluso considerando la “ventajosa” compra de aviones usados a <strong>España</strong> que estamos a punto de encarar y por la cual su majestad <strong>nos venderá aeronaves con 38 años de antigüedad</strong>&#8230; Pero en un afán desmedido por darle la derecha a las autoridades de mi país, podríamos también afirmar que las comparaciones de fuerzas navales entre países que tienen<strong> escenarios geopolíticos totalmente diferentes</strong> no debería considerarse como muy afortunada. Vaya uno a saber qué amenazas están afrontado por estos días estos dos países, rodeados seguramente de hipótesis de conflicto complejas, a diferencia del verdadero <strong>“mar de la paz”</strong> en el que vivimos aquí en el lejano sur, donde esas hipótesis son inexistentes ya que desde hace años cultivamos cada día una mejor relación con nuestros vecinos, los que no hacen más que agradecer cómo nuestras políticas de integración derraman bienestar a diestra y siniestra.</p>
<p>Sirvan como ejemplo <strong>Uruguay </strong>con las restricciones al turismo y el <strong>cepo al dólar</strong>; <strong>Brasil</strong> con las restricciones al comercio bilateral, y obviamente esta semana a <strong>nuestros hermanos chilenos, felices de la vida por las gentilezas que le prodigamos a sus aviones comerciales</strong>. Como ven, no es lo mismo.</p>
<p>Pero sin sacar los pies del agua, dejé de lado a corbetas, destructores y submarinos y me dediqué a refrescar los números de la actividad marítima. Hablamos de la marina que genera ingresos a las arcas de una nación por los fletes que cobra al exportar sus ventas en buques propios, o al ahorro de divisas que produce al importar sus compras en buques nacionales.</p>
<p>Acá la cosa se me complicó aún mas. <strong>184 buques integran la Marina Mercante canadiense </strong>totalizando una capacidad de bodega de casi 2.200.000 toneladas (esto es, la suma de la capacidad de las bodegas de todos los buques que enarbolan el pabellón de la “hojita roja”: 66 buques de carga aptos para cereal contra cero buques similares en nuestro país, 12 de carga general, con 2 portacontenedores de última generación, 14 buques para transporte de productos químicos, doce petroleros, 6 de pasajeros, 64 mixtos -carga y pasaje-). En fin, <strong>comparados con los pocos miles de toneladas que suman la decena de pequeños barcos que aún mantienen la celeste y blanca flameando en sus popas, no tenemos ni para arrancar.</strong></p>
<p>Por su parte la “decaída” Australia tiene apenas 8 buques aptos para carga a granel, 4 gaseros, 6 mixtos (carga y pasaje), 6 petroleros, 5 barcos del tipo Roll on/Roll off. Además, capitales australianos registran 45 buques bajo pabellones de otros países (banderas de conveniencia).</p>
<p>En cuanto al <strong>ránking mundial de marinas mercantes,</strong> mientras <strong>Canadá</strong> se ubica en el <strong>puesto 38</strong>, <strong>Australia</strong> lo hace en el <strong>70</strong>. <strong>Argentina,</strong> en tanto, ocupaba en 2012 el <strong>puesto 74</strong> pero si se consideran como argentinos los buques que por cuenta y orden de armadoras u operadoras locales lo hacen con bandera de otros países.</p>
<p>Abrumado por estos contundentes números (no abundo sobre los datos obtenidos para no aburrir al lector en demasía)<strong> me propuse a mí mismo “ponerle una ficha” a la actividad de la</strong> <strong>industria naval</strong> (astilleros, diques y talleres navales) <strong>pero con dos astilleros canadienses que visité se me borraron las ilusiones de poder traerles buenas noticias.</strong></p>
<p><strong>Propuesta para columnistas</strong></p>
<p>Como consuelo me queda concluir que al no haber mencionado la arenga presidencial en ningún párrafo algún aspecto relacionado con el mar y sus cosas, “Ella” sabía positivamente que en este aspecto nos pasan por arriba y por ello prefirió rumbear para otro lado. Es por ello que <strong>se me ocurre efectuar a los colegas columnistas una interesante propuesta: Qué ocurriría si cada uno en el área específica que domina </strong>(economía, política, cultura, ciencia, tecnología, arte, etcétera) <strong>hace un análisis parecido al que acabo de efectuar</strong>, ilustrándonos entre todos en una suerte de doble rol de alumnos y profesores<strong> a efectos de poder encontrar finalmente esos datos que nuestra presidente nos arrimó desde Río Gallegos</strong> y que tanto nos cuesta creer. Podrían incluso sumarse los distinguidos lectores, aportando datos cuando postean sus comentarios.</p>
<p><strong>Propongo que sólo luego de haber realizado este ejercicio, nos animemos a sacar conclusiones sobre la veracidad de sus dichos</strong>. Seguramente nos daremos cuenta que somos muy mal pensados y que emitimos juicios de valor injustificados. ¿No les parece?</p>
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		<title>Gibraltar &#8211; Malvinas: parecido pero diferente</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Aug 2013 05:41:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Salud España, bienvenida a lucha contra el colonialismo. Las curiosas vueltas de la vida hacen que en pleno siglo XXI la “Madre Patria” y una de sus “hijas” compartan una penuria que va más allá de sus respectivas crisis socioeconómicas, la corrupción de sus gobernantes y el más que inminente fin de ciclo (el ciclo del Partido Popular... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2013/08/14/gibraltar-malvinas-parecido-pero-diferente/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Salud España, bienvenida a lucha contra el colonialismo</strong>. Las curiosas vueltas de la vida hacen que en pleno siglo XXI la “<strong>Madre Patria</strong>” y una de sus “hijas” compartan una penuria que va más allá de sus respectivas crisis socioeconómicas, la corrupción de sus gobernantes y el más que inminente fin de ciclo (el ciclo del Partido Popular mucho más corto que el del pseudo progresismo K, por cierto).</p>
<p>Juguetear literariamente con la paradoja de nuestros colonizadores, <strong>redescubriendo su condición de víctimas de la política colonial británica</strong>, es una gran tentación; pero prefiero dejar esa gimnasia para cada lector y aprovechar estas líneas para analizar algunas cuestiones del presente que nos brindan una <strong>oportunidad de reposicionar el tema Malvinas a nivel mundial</strong></p>
<p><span id="more-274"></span>Sabido es por estos días que España ha subido varios grados la tradicional temperatura que reina en el estratégico <strong>estrecho de Gibaltrar</strong> (llave de entrada al <strong>Mar Mediterráneo</strong>) controlado desde 1713 por <strong>Gran Bretaña</strong> en virtud de lo dispuesto por el<strong> tratado de Utrecht</strong> por el que se puso fin a la guerra de sucesión española.</p>
<p>Sin pretender transformar esta columna en una mala cátedra de historia, resulta insoslayable recordar que la razón de ser de la presencia inglesa en el peñón tiene un fundamento político dado precisamente por la firma del tratado nombrado, el que incluso contempla en una cláusula que establece que si <strong>Inglaterra</strong> abandona el territorio, España tiene derechos sobre él.</p>
<p>Lógicamente, a 300 años de su firma <strong>el bendito tratado tiene olor a obsoleto</strong>. <strong>El sentido común, la geografía y la política global de descolonización indican claramente que llegó la hora de integrar Gibraltar a España</strong>. Pero claro&#8230;<strong> los ingleses</strong> -quienes aún ubican los volantes de sus autos a la derecha, mantienen un sistema métrico que nos complica la vida al no ser decimal y anteponen la libra al euro- <strong>no parecen estar muy de acuerdo con estas premisas.</strong></p>
<p>Lo cierto es que hoy España se anima a compararse con Argentina y promete un <strong>frente común para denunciar al mundo el atropello que significan Malvinas y Gibraltar</strong>. Situaciones sin duda alguna parecidas pero bien diferentes… En Gibraltar se habla español, sus policías nos causan gracia, cuando desde nuestro rol de turistas los vemos ataviados como ingleses hablando con su castizo acento; <strong>España y su territorio perdido están separados por una verja de hierro más pequeña que la reja que separa a los habitantes de la Casa Rosada del resto de la población</strong>. Argentina y sus Malvinas tienen cientos de kilómetros de helado mar austral como frontera de difícil traspaso y salvo algún inmigrante chileno, la lengua de <strong>Cervantes</strong> no se habla mucho por sus calles. No se come mucho asado y mucho menos se juega al truco y se toma mate.</p>
<p><strong>Son muchos más los españoles que conocen el peñón que argentinos que pisaron Malvinas; más aún, son muchos más los argentinos que conocen el peñón que los que conocen nuestras Islas</strong>. El clima es agradable, la pequeña ciudad es acogedora, hay lindas tiendas y muchos españoles trabajan en la colonia inglesa y al final del día regresan a pie a España, ya que viven en <strong>Algeciras</strong>. La afrenta colonial a nosotros nos queda lejos. No las vemos desde el living de nuestras casas, las tenemos en el corazón pero la dura realidad local nos lleva muchas veces a no darles la importancia que realmente tienen; es como lo que nos ocurre con esos familiares que viven a mucha distancia de nuestro domicilio: los queremos pero no nos acordamos todo el día de ellos.</p>
<p>A<strong> España el dolor por el orgullo herido los saluda cada mañana</strong>; el peñón los mira desde sus 400 metros de altura y les reclama acción; la temperatura, el clima, el sol o la lluvia, la radio y la televisión son las mismas de un lado y del otro de la curiosa frontera con cerrojo picaporte, que se abre o cierra con más facilidad según sean la necesidades y urgencias políticas de uno u otro lado. Y hablando de urgencias políticas, todo parece indicar que al mejor estilo “sudaca” el gobierno español ha echado mano a endurecer sus habituales reclamos en pos de la recuperación de la soberanía de Gibraltar como forma de licuar en parte no sólo las consecuencias de su crisis económica sino también la creciente pérdida de credibilidad de <strong>Rajoy</strong> y las crecientes denuncias de corrupción que afronta en lo personal y que cada día amenazan con más fuerza la continuidad de su gestión gubernamental. <strong>Además, la Corona tiene lo suyo y un conflicto internacional siempre viene bien.</strong></p>
<p>Al margen de este rudimentario análisis, <strong>sí es muy cierto que Gibraltar tiene más prensa que Malvinas</strong> -sobre todo en Europa, claro está- y que geografía y glamour al margen, el status colonial de uno y las otras es el mismo. Se abre aquí una muy interesante oportunidad para nuestro país de reposicionar el reclamo por nuestras islas en medios, foros y cumbres que habitualmente nos son esquivos o asocian nuestro reclamo con los últimos movimientos de una vieja dictadura sudamericana de la que mejor no acordarse. Pero para ello, <strong>deberíamos al menos por un ratito dejar de lado el capitulo del “relato” que recomienda pelear constantemente con todos y todas ya que somos los mejores, los más lindos, los más progres y los que damos cátedra en Harvard sobre cómo construir un mundo mejor.</strong></p>
<p><strong>Nuestras relaciones con España no atraviesan su mejor momento</strong> (bueno, nuestras relaciones, excepto con <strong>Irán</strong> y <strong>Venezuela</strong>, no atraviesan su mejor momento con nadie), pero así y todo parecería ser que en la <strong>Península Ibérica</strong> están dispuestos a dejar por un momento de reclamarnos por las empresas que primero les vendimos y luego les confiscamos, por tildar de genocida al descubrimiento de <strong>América</strong> y por alguna que otra gentileza que les hemos propinado en la última década, y hacer causa común en defensa de la recuperación de los territorios usurpados.</p>
<p>Habrá que ver ahora si nuestro gobierno se hace un hueco en medio de las catástrofes eleccionarias -la pasada y la por venir- y hace lo que no supo hacer con las cientos de oportunidades económicas que han golpeado a nuestra puerta en los últimos años… <strong>¡Aprovecharla!</strong></p>
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