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	<title>Fernando Morales &#187; América Latina</title>
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		<title>Latinoamérica y ella</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Oct 2015 03:00:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<description><![CDATA[SI viajar es un placer, hacerlo representando a la institución a la que uno pertenece es más bien un orgullo. Los foros internacionales tienen una mística muy especial que se ve coronada cuando al ocupar el sitial asignado, la bandera de la patria nos cuida las espaldas. Entre el 19 y el 23 de octubre,... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2015/10/28/latinoamerica-y-ella/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>SI viajar es un placer, hacerlo representando a la institución a la que uno pertenece es más bien un orgullo. Los foros internacionales tienen una mística muy especial que se ve coronada cuando al ocupar el sitial asignado, la bandera de la patria nos cuida las espaldas.</p>
<p>Entre el 19 y el 23 de octubre, la Armada de Brasil fue anfitriona en varias de sus sedes de la XIX Cumbre Anual de la Federación Internacional de Ligas y Asociaciones Marítimas y Navales (Fidalmar), una organización internacional que reúne a instituciones navales de América y Europa, y que en la práctica sirve para que las marinas de guerra, mercante y la industria naval del anfitrión expongan ante sus pares visitantes sus potencialidades y sus proyectos en curso.</p>
<p>En esta ocasión, fueron sobresalientes las exposiciones de Brasil sobre su plan de construcciones navales, la fuerte actividad industrial relacionada con las actividades petroleras en alta mar y su plan de submarinos nucleares.</p>
<p>Perú mostró con orgullo su pronta puesta en servicio del buque escuela Unión, una promesa cumplida por parte del poder político a los militares locales.<span id="more-868"></span></p>
<p>La Argentina cosechó aplausos en el aula magna de la Escuela de Guerra Naval carioca cuando el capitán argentino Julio González Insfrán describió magistralmente la posibilidad de transformar los enmarañados ríos que atraviesan longitudinalmente nuestro continente en una enorme vía hídrica que facilite la logística del transporte internacional y que sirva además como desarrollo de poblaciones ribereñas de al menos siete países de la región. Hace falta, claro está, algo que no siempre está disponible en la región: talento y voluntad política.</p>
<p>Pero además de la satisfacción personal por haber encabezado la delegación nacional, esta reunión con hermanos brasileros, peruanos, colombianos, dominicanos, chilenos y españoles, entre otros, me deja la profunda sensación de que <b>nuestro “modelo nacional y popular” ha dañado no sólo cada estamento de la patria, sino que además ha resentido a un punto casi extremo la relación del país con vecinos cercanos y no tanto</b>.</p>
<p>Tal vez, cuando le cuente lo que he de contarle, usted concluya que como mis interlocutores son mayoritariamente militares resulta lógico que un régimen populista no sea bien visto. Pero le puedo asegurar que pensando eso mismo intenté profundizar en las ramas civiles de cada delegación con idéntico resultado.</p>
<p><b>¿América no nos quiere o no la quiere?</b></p>
<p>Brasil no es un país que se caracterice precisamente por ser amigable con la lengua española. La televisión carioca no es la excepción y obviamente allí no llega ni TN ni la TV pública. Así que si uno quiere información sobre la actualidad nacional, debe ocuparse de procurársela.</p>
<p>Para mi sorpresa, cada mañana mis camaradas americanos inundaban el desayuno con las últimas novedades del proceso electoral argentino. Duchos manejadores de portales digitales de sus respectivos países, solía verme rodeado de avezados analistas políticos de la realidad nacional.</p>
<p>Invariablemente, detrás de cada comentario venía la inexorable sentencia: “Dios quiera que puedan tener un cambio”, “¡Cómo han soportado tanto!” o “Si siguen por ese camino, serán Venezuela en poco tiempo” y cosas por el estilo.</p>
<p>En otras circunstancias, uno debería cambiar de tema y marcarle a su interlocutor de la forma más elegante que pueda que no está dispuesto a discutir política nacional con extranjeros. Pero con ello uno sólo lograría no enterarse de lo que de todas maneras piensan de nosotros o de nuestra realidad en el exterior, y en el fondo eso no cambiará las cosas, simplemente nos ajustará más la venda en los ojos. Tal como ella quiere que la tengamos.</p>
<p>Ya en la tarea de indagar sobre los motivos de semejante fervor anti K, resulta fácil descubrir las molestias brasileñas o chilenas. El descontento carioca es tan grande que desde funcionarios públicos de medio nivel hasta el conserje del hotel el fastidio brota apenas se rompe la más mínima barrera protocolar.</p>
<p><b>Larga es la lista de desplantes, compromisos rotos, cambio de reglas de juego, marchas, contramarchas y detenciones en materias relacionadas con actividades comerciales, industriales, turísticas y obviamente militares</b>. Un funcionario carioca me asestó un golpe mortal cuando al ofrecer mi tarjeta de crédito para pagar el almuerzo me dijo: “¿No te hará problemas tu país por gastar divisas al pagar mi comida?”. Sobrevino inevitablemente una larga enumeración de los perjuicios que nuestra actual política cambiaria le origina a los términos de intercambio bilateral.</p>
<p>Motivos bien diferentes son los que provocan el recelo peruano, pero básicamente lo errático e impredecible de nuestra política exterior y el ninguneo que perciben de parte de nuestras autoridades hacia cuestiones que para su país son importantes, fueron rigurosamente facturados. Entienden, por otra parte, que en sus problemas marítimos con Chile la neutralidad Argentina es más que justificable.</p>
<p>¿Cómo pedirles a los colombianos que no se sientan molestos por nuestro irracional encuadre con el régimen venezolano? Lo que para nosotros es casi una comedia es realmente para buena parte de Colombia una verdadera tragedia que no ha pasado a mayores sólo por el temple y la mesura de la clase política y la subordinación militar. Un oficial de la Infantería de Marina colombiana describió la situación en la frontera de ambos países como catastrófica. Argentina, en tanto, ve al régimen de Nicolás Maduro como la panacea de la región.</p>
<p>Qué decir de lo que sienten los españoles sobre un Gobierno que no sólo cambió la historia del descubrimiento de América transformando a Colón en una suerte de genocida, sino que además cambió el proceso de recuperación de YPF por una irrupción compulsiva en las oficinas de la empresa y el desalojo a empujones de funcionarios ibéricos que simplemente estaban cumpliendo el trabajo que su empresa les había encomendado. Tal vez, por el mal trato que a diario nos dispensan nuestras autoridades como ciudadanos, no nos damos cuenta de que para el resto del mundo los hombres y las mujeres de bien merecen tan buen trato como el que en nuestro país les brindamos a delincuentes, sean estos cuentapropistas, ministros o vicepresidentes.</p>
<p>A las 20 horas del 25 de octubre, el avión que me traía de regreso tocó pista en Ezeiza. Se encendieron los celulares, se comenzaron a recibir noticias. El avión se tiñó de fiesta: todos recibían datos más o menos parecidos y todos los comentaban sin poder creer la contundencia. Me encaminé hacia la escalerilla del avión (la empresa que me trajo de regreso está castigada y le restringen el uso de la manga) para saludar al comandante de la nave con un simple “Buenas noches”, me estrechó la mano y me dijo: “Felicidades”. Nunca sabré por qué me lo dijo, aunque obviamente lo imagino.</p>
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		<title>El mar tiene ley pero no tiene código</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Dec 2013 10:58:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Estimado amigo lector, si en este momento le preguntara su conocimiento sobre temas tales como fertilización asistida, alquiler de vientres, matrimonio igualitario, responsabilidad civil del Estado o función social de la vivienda, me juego la vida a que usted está sin lugar a dudas medianamente capacitado para emitir una opinión a la luz de toda la letra que sobre cada uno de estos temas se ha escrito o pronunciado en los últimos días de la mano de la ya famosa <strong>reforma del Código Civil de la Nación.</strong></p>
<p>Si ahora le preguntara qué tanto sabe usted de la <strong>COPLA</strong>, también me la juego con que encarará para el lado de música y me apabullará (Wikipedia mediante) contándome que “es una forma poética que sirve para la letra de canciones populares. Surgió en <strong>España</strong> en el siglo XVIII y se ha difundido mucho en <strong>América Latina</strong>”. Pero no, no me refería a esa sino la otra COPLA: a la sigla que sintetiza el nombre de la “<strong>Comisión Nacional del Límite Exterior de la Plataforma Continental</strong>”, es decir (tomando prestada la frase al <strong>Servicio de Hidrografía Naval</strong>) “nuestra frontera con la humanidad”.</p>
<p><span id="more-377"></span>Mire, para no complicarle la vida y dejar el resto de la información sujeto a su interés por el tema, sólo le cuento que un montón de gente talentosa, de nuestras Cancillería, Armada y Prefectura, trabajaron durante años (la mayoría de ellos durante los gobiernos de <strong>Néstor y Cristina</strong>) en la <strong>demarcación submarina de nuestra plataforma continental</strong>. La <strong>Convención Internacional de Derecho del Mar</strong> -promulgada por la <strong>ONU</strong> y ratificada por nuestro país- ha establecido los criterios con los que la plataforma se determina y a partir de allí, científicos, marinos, juristas y diplomáticos argentinos trabajaron para poder presentar en tiempo y forma ante la comisión especial de la ONU constituida a tal efecto la delimitación definitiva de nuestro último límite de soberanía económica en el <strong>océano Atlántico</strong>, que pasaría de ser aprobada la presentación, de las ya conocidas 200 millas a casi 350 millas marinas. ¿Se da cuenta amigo lector? Mire, se la hago corta: este verano cuando esté con el balde y la palita en la playa, eleve la mirada hacia el horizonte… ¿ve la línea que forman el mar y el cielo al juntarse ? Bueno, imaginando que usted mide 1,80 mts, esa línea está a unas 2,5 millas náuticas de su ojo (46 cuadras), si hablamos ahora de una plataforma continental de 350 millas. ¿Se da cuenta cuánta más Argentina queda aún detrás del horizonte?</p>
<p>Me permito acotarle, y de paso pedirle perdón por si es que ya lo sabía, que allí donde se termina la tierra firme, luego vienen 12 millas marinas de agua (unos 22 km) que son tan argentinos como la <strong>Avenida Corrientes</strong> o la <strong>9 de Julio</strong>. Esta porción del mar se denomina “<strong>Mar Territorial</strong>”. Luego otros 22 km mar adentro, que se denomina <strong>“Zona Contigua”</strong>, en la que nuestro país tiene plena jurisdicción por ejemplo para perseguir y penar delitos económicos como el contrabando, o ejercer el control migratorio, etcétera. De allí en más y hasta las 200 millas marinas, la Nación se reserva la exclusividad para la exploración y explotación del mar; esto es sus recursos pesqueros y sus riquezas minerales y vegetales, petróleo incluido. Ahora, tal como explicamos más arriba, vamos por las 350 millas, sobre las cuales si bien no tendremos la exclusividad sobre la riqueza pesquera, sí la tendremos sobre lo que existe en el lecho y subsuelo marinos.</p>
<p>Tiene toda la razón si a esta altura de la lectura se pregunta qué tiene que ver el calamar o el petróleo en <strong>Malvinas</strong> con el divorcio <em>express</em> o con la donación de óvulos. Claro que tiene que ver, y le diría que mucho. Todos estos temas de una u otra forma están comprendidos en todo o en parte en el <strong>Código Civil de la Nación</strong>. Aunque a decir verdad en lo que respecta a la protección de la parte sumergida de la patria venimos flojitos de papeles.</p>
<p>Además de talentosos marinos y diplomáticos, nuestro país cuenta con sublimes expertos en derecho marítimo, entre los que me permito citar sólo como ejemplo a <strong>César A. Lerena,</strong> quien desde hace ya algún tiempo viene alertando sobre las desprolijidades cometidas en la redacción del <strong>articulo 235</strong> del proyecto de Código Civil en tratamiento actual en nuestro Poder Legislativo.</p>
<p>Sería un despropósito y una falta de respeto a este jurista que ensayemos en esta columna el análisis técnico de las fallas descubiertas. Créame, amigo lector, que <strong>la redacción del artículo en cuestión es cuando menos displicente.</strong> Aquí nuevamente vuelvo a remitir al lector interesado a profundizar en el tema por su cuenta, si es que lo desea.</p>
<p>Lo que sí mi interesa remarcar es mi creciente temor al ver cómo se aceleran los tiempos de tratamiento sobre tablas de uno de los pilares jurídicos de la Nación, el que como antes dijimos, atiende cuestiones tan amplias como derechos de familia o soberanía pesquera. ¿<strong>Serán acaso tan lúcidos, tan leídos, tan sobrehumanos nuestros legisladores, para tener en claro y estar en plena conciencia de todos y cada uno de los miles de aspectos sobre los que se disponen a legislar nada menos que en un Código que nacerá para durar varias décadas</strong>?</p>
<p>Así como con todo derecho, abortistas, antiabortistas, transexuales, divorciados o por divorciarse, parejas de todo tipo ansiosas de tener hijos, hacen oír sus voces en uno u otro sentido, así como la propia<strong> Iglesia Católica</strong> lo hace, ¿se habrán informado diputados y senadores sobre cuestiones tan relacionadas con nuestra soberanía como las que aquí planteo? <strong>¿Se habrán detenido nuestros legisladores a mirar más allá del horizonte en sus últimas vacaciones?</strong></p>
<p>Si no lo hicieron, si no lo pensaron o si no lo tuvieron en cuenta, sirva esta columna no como una crítica, sino como un oportuno llamado de atención.<strong> Le estamos pidiendo a las Naciones Unidas que nos conceda derechos sobre un territorio marítimo que sumado al existente será casi tan amplio como nuestro territorio seco</strong>, lo hicimos con fundamento científico, político y estratégico. Demostremos al mundo (de hecho serán los representantes del mundo los que nos dirán que sí o que no) que sabemos qué es lo que estamos pidiendo y que estamos dispuestos una vez que nos sea otorgado a defenderlo, preservarlo y cuidarlo de la manera adecuada. Para empezar dotando a esa enorme extensión marítima de elementos legislativos acordes.</p>
<p>Un viejo político me dijo una vez, ante mi insistencia en concientizarlo sobre las cuestiones marítimas, <strong>“¿sabés lo que pasa, pibe?, los peces no votan”.</strong> Gracias a Dios ese buen señor ya no es ni tan solo concejal de pueblo. Ahora a nuestros políticos en actividad, a los que defienden el modelo, a los que se oponen al modelo, a los que llegan, a los que siguen y a los que se van, me permito recomendarles: consulten, pregunten, investiguen y luego de eso, y antes de votar, eleven la mirada más allá del horizonte; mucho más allá; aún muchísimo más y cuando ya no puedan divisar nada, sepan que la patria aún se proyecta y se extiende y necesita que ustedes la protejan, la cuiden y la defiendan. Si así no lo hicieran alguien se los demandará, téngalo por seguro.</p>
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		<title>La paradoja de los &#8217;70</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Jul 2013 06:18:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando en 2003 <strong>Néstor Kirchner</strong> asumió la Presidencia de la Nación, Argentina inició un camino de profunda revisión de su pasado cuyos verdaderos límites aún se desconocen; nos realineamos respecto a nuestros anteriores aliados y adversarios; reescribimos la historia de los -por aquel entonces- 20 años de democracia; y fundamentalmente establecimos una política de culto a los derechos humanos, reabriendo un capítulo negro de nuestro pasado reciente, llevando a la Justicia a una enorme cantidad de miembros de las fuerzas armadas y de seguridad involucrados en la llamada “guerra sucia”, “lucha antisubersiva”, “represión ilegal” o como se lo quiera denominar de acuerdo con la íntima convicción de quien se refiera al tema.</p>
<p>Digo que los límites de esta revisión se desconocen, porque día tras día nos sorprendemos con nuevos alcances y consideraciones, que no han dejado afuera ni a <strong>José Gervasio de Artigas, Juana Azurduy</strong> y lógicamente la más reciente que incluye a <strong>Cristóbal Colón.</strong></p>
<p>Al sólo efecto de priorizar la reflexión antes que la polémica, permítame el lector aclarar, que más allá de lo que personalmente pueda yo pensar de cada una de las acciones antes descriptas, no se puede negar que han sido inspiradas por un gobierno legítimamente elegido por la ciudadanía y que las medidas que han llevado -por ejemplo- al pasar de la <strong>obediencia debida y el punto final</strong>, al procesamiento de centenares de uniformados, gozan de plena legalidad de forma y de fondo; y que en democracia todos tenemos libertad de pensamiento y opinión pero además tenemos obligación de aceptar lo que los organismos de la democracia disponen.</p>
<p>Asimismo es una realidad innegable que al margen del proceso democrático local, toda América Latina parece haberse alejado del riesgo de interrupciones democráticas con militares como protagonistas. El dudoso triunfo de <strong>Nicolás Maduro</strong> en Venezuela, y el desplazamiento de <strong>Fernando Lugo</strong> en <strong>Paraguay</strong> son cuestiones que pueden ser discutidas pero que no se comparan a la vieja asonada militar.</p>
<p>Así las cosas, quienes vivimos como jóvenes o adolescentes los gobiernos militares de la <strong>Revolución Libertadora</strong> de <strong>Aramburu</strong> y <strong>Rojas</strong>, la <strong>Revolución Argentina</strong> de <strong>Onganía</strong>, y el <strong>Proceso</strong> de <strong>Videla y Massera</strong> nos fuimos imbuyendo de la nueva y sana costumbre de la democracia perpetua- a la que cualquier argentino sub 30 concibe naturalmente como la única forma válida de gobierno</p>
<p>Pero como ocurre cada vez que una sociedad afronta procesos que imponen cambios de paradigma, la coexistencia de diferentes formas de pensamiento forjadas en circunstancias históricas distintas trae aparejados duros enfrentamientos (gracias a Dios retóricos en la mayor parte de las veces) que crean antagonismos entre los adherentes a alguna de estas clásicas posturas: “<strong>teoría de los dos demonios</strong>”, “<strong>genocidio unilateral contra jóvenes idealistas</strong>”, “<strong>guerra contra la subversión</strong>” y alguna que otra variante de ellas.</p>
<p>Como el hombre es un animal de costumbre y como además la acuciante realidad deja cada vez menos tiempo para el análisis histórico, los militares fueron desfilando hacia las cárceles, las marchas en su defensa fueron desapareciendo del paisaje urbano y el tema militar -para ser honestos- pasó a estar último en la tabla de posiciones de la actualidad nacional (casi al punto de irse a la “B”).</p>
<p>El incendio del <strong>Irizar</strong>, el embargo de <strong>la Fragata Libertad</strong>, el papelón antártico de <strong>Puricelli</strong>, el fallecimiento de Videla y algún que otro hecho aislado, devolvieron el mundo de los uniformados a las pantallas de televisión y primeras planas de los diarios, de forma muy puntual y acotada.</p>
<p>Hasta ahora… Desde hace un par de semanas, políticos, periodistas, analistas militares de primer nivel, senadores, organismos de DDHH y hasta programas de chimentos han vuelto a colocar en lugar protagónico no sólo a un general de nuestro ejército sino a la razón de ser de la actividad militar argentina.</p>
<p>Y es aquí donde necesariamente corresponde “parar máquinas” y atreverse a repensar si todo lo que con el ya nombrado amparo legal y consenso político hemos revisado en los últimos años no nos ha colocado en una paradoja que nos obligue a desandar en parte nuestros pasos, para justificar nuestros actos del presente.</p>
<p>En una columna anterior, he señalado que a diferencia de lo ocurrido en países como Chile, Brasil o Uruguay, la Argentina -al margen del castigo impuesto a los militares condenados por hechos relacionados con los &#8217;70- pareció “colocar en penitencia” a todo el aparato militar de la Nación y, más aún, <strong>la Defensa de la Nación pasó a ser una especie de tabú para la clase política de casi todos los signos</strong>. Es sabido que en las apetencias de los “ministeriables” de 1983 hasta el presente, difícilmente el <strong>Ministerio de Defensa</strong> haya sido considerado algo más que un premio consuelo para quien fue “honrado” con esa cartea. Baste con indagar cómo tomó el actual ministro su designación para el cargo.</p>
<p>Presupuesto casi nulo (mayormente destinado al inevitable pago de salarios), inversión inexistente, presencia pública cercana al cero, desplantes muchas veces innecesarios y reformas legales y reglamentarias hechas más bien para limitar al máximo la actividad militar que para adecuarla al presente, han sido una constante.</p>
<p>Sí. Es verdad, estamos en Haití y en algunas otras misiones de paz. E intentamos armar algún que otro radar, un vehículo gaucho (más bien gauchito) y mostramos la decadencia militar en Tecnópolis, pero creo que todos sabemos en donde estamos parados en materia de defensa.</p>
<p>Y de la mano de ese coto a las “ínfulas uniformadas” renunciamos para usar a nuestros militares y a sus medios y capacidades para cualquier cosa que tenga que ver con la seguridad interior a diferencia de lo que hacen casi todos los países del mundo cuando la situación lo amerita . <strong>También (respecto a aquel pasado tenebroso) determinamos que un cabo, un teniente de fragata o un general eran exactamente lo mismo a la hora de rendir cuentas ante la justicia por los “excesos cometidos” en aquella lucha o como cada uno de nosotros guste llamarla.</strong></p>
<p>Y de nada valieron los argumentos de más de uno de los jerarcas procesados cuando se declaraban absolutamente responsables por las ordenes por ellos dictadas, pretendiendo desligar a jóvenes oficiales o suboficiales de cualquier responsabilidad. En virtud de aquel viejo axioma militar (vigente al menos hasta la actual revisión de la historia) sobre que “las ordenes no se discuten, se cumplen”.</p>
<p>Así fue que marcharon presos, almirantes y generales pero también quienes por aquellos años eran tenientes y cabos. Sin chistar o chistando poco, sin fugarse hasta que alguna cámara de apelaciones se apiadara de ellos y sin esperar ni pretender que las nuevas generaciones de uniformados se aparten de sus deberes para salir en su defensa.</p>
<p>Todos recordarán que el ex comisario <strong>Luis Patti,</strong> siendo ya diputado electo, terminó preso porque alguien lo reconoció por su voz a pesar del tiempo transcurrido y del hecho de haber sido un muy joven oficial por aquellos días. Hubo un caso de un oficial naval que al parecer bromeó ante un detenido con el nombre de una conocida avenida de la zona norte de Buenos Aires, colocado en honor a un antepasado suyo y al que luego su apellido coincidente con el nombre de esa avenida lo delató; y así mil historias.</p>
<p>Y llegó un día en el que cuando todo parecía hacernos creer que esta forma de haber “resuelto nuestro pasado” estaba totalmente cerrada a discusión alguna, la realidad se empeña en colocarnos en una especie de “segundo tiempo” de un partido de fútbol en el que los protagonistas han cambiado de arco. Y los que antes se erigieron en severos fiscales y custodios de la democracia, la república y los derechos humanos, tratan ahora de justificar algo que -en opinión de muchos que fueron condenados y tildados de fascistas defensores de genocidas- era una verdad de manual. <strong>Los jefes ordenan, los subordinados obedecen.</strong></p>
<p>Ahora -según nos dicen-, no siempre está mal echar mano a los aparatos de inteligencia militar para espiar un poquito para adentro y no se siempre se puede dejar sin trabajo y menos aún condenar a una persona adulta y llena de galones, por lo que tal vez pueda haber hecho cuando era sólo un humilde subordinado con inescrupulosos superiores.</p>
<p>Y no parecería ilógico imaginar ahora; a algún encumbrado funcionario nacional, rodeado de asesores, sobre un escritorio repleto de discursos de campaña, de copias de expedientes judiciales, de fotos de marchas y escraches, hojeando el famoso <em>Nunca Más</em> en su versión riojana y exclamando, totalmente desorientado, &#8220;Y ahora… ¿qué hacemos?</p>
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