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	<title>Federico Gaon &#187; Yihadismo</title>
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		<title>Seguridad israelí para los aeropuertos del mundo</title>
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		<pubDate>Thu, 31 Mar 2016 09:54:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Los trágicos atentados que sacudieron Bruselas días atrás pusieron de relieve, una vez más, la necesidad imperiosa de aumentar la seguridad en las capitales europeas. Entre lo que está en discusión, el saldo de 13 muertos en el principal aeropuerto belga manifiesta —como quien dice— que hecha la ley, hecha la trampa, y que aún... <a href="http://opinion.infobae.com/federico-gaon/2016/03/31/seguridad-israeli-para-los-aeropuertos-del-mundo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Los trágicos atentados que sacudieron Bruselas días atrás pusieron de relieve, una vez más, la necesidad imperiosa de aumentar la seguridad en las capitales europeas. Entre lo que está en discusión, el saldo de 13 muertos en el principal aeropuerto belga manifiesta —como quien dice— que hecha la ley, hecha la trampa, y que aún con tantos mecanismos de seguridad, las terminales internacionales siguen siendo territorio accesible para el terrorismo.</p>
<p>El hecho de que se hayan producido explosiones en uno de los aeropuertos más transitados de Europa en la era post 9/11 dice mucho acerca de las deficiencias en materia de seguridad. <b>Pese a las nuevas tecnologías y a los controles espinosos, evidentemente los mecanismos para salvaguardar al pasajero de la ira terrorista no alcanzan</b>. Con justa razón, la prensa ha recogido el caso para relanzar el debate acerca de la seguridad aeroportuaria. ¿Es necesario que las autoridades extiendan los controles más allá de las puertas de embarque, a expensas de la comodidad y la privacidad de los usuarios? Parece evidente que, lamentablemente, la respuesta es sí.</p>
<p>Tal vez Israel tenga respuestas. No por poco, dada su tenaz experiencia con el terrorismo, tiene uno de los aeropuertos más seguros del mundo. En el aeropuerto Ben-Gurión de Tel Aviv, no necesariamente hay que sacarse el cinturón y los zapatos, y, no obstante, a uno lo están mirando constantemente. Si bien este logro no vino sin sus propias polémicas, lo cierto es que la doctrina de seguridad israelí es exitosa y podría ser replicada en las terminales internacionales; especialmente en las occidentales, acaso las más endebles a convertirse en blancos de la furia yihadista.<span id="more-283"></span></p>
<p>La doctrina de seguridad israelí se basa en la controversial técnica de perfil racial o <i>profiling</i>. Implica que aquellos con rasgos árabes o musulmanes acaparan atención especial por su mera condición étnica o religiosa. Bien, aunque el personal de seguridad se toma su tiempo con algunos más que con otros, cada individuo es “escaneado” por un oficial entrenado, que analiza los gestos corporales, oculares, como así también el tono de voz del pasajero.</p>
<p>Para los expertos israelíes, la tecnología por sí sola no es suficiente para frustrar un ataque. En este aspecto, los escáneres de cuerpo entero (utilizados en algunos aeropuertos), si bien ayudan, no son sustitutos para el <i>profiling</i>. Según sus promotores, este permite detectar rápidamente a los pasajeros potencialmente peligrosos y, en definitiva, cualquiera que haya transitado por el aeropuerto Ben-Gurión sabe, a diferencia de las terminales europeas, que allí la seguridad pasa más por el contacto visual que por los controles de equipaje.</p>
<p>Según Pini Schiff, ex jefe de seguridad en el aeropuerto de Ben-Gurión: “Si proporcionas un sistema de círculos de seguridad, tu habilidad para localizar a un pasajero supuestamente sospechoso es de seis kilómetros antes de que entre al edificio de la terminal”. “Todo auto, cada conductor y cada pasajero tienen que ser revisados antes de que entren a un área pública del aeropuerto, y esto no lo hace ningún país en el mundo”. Siguiendo con estas líneas, Schiff le dijo a <i>The Jerusalem Post</i> que como el 99,9% de los pasajeros no son terroristas, no es eficiente gastar tiempo, tecnología y recursos en revisar a todo el mundo. Por el contrario —insiste el experto— la clave reside en definir al que es terrorista dentro del 0,1% restante.</p>
<p>El caso por la <a href="http://www.bbc.com/mundo/internacional/2010/01/100106_1534_seguridad_aerea_pea.shtml">israelización</a> del tráfico aéreo no es enteramente nuevo. La cuestión viene tratándose mediáticamente desde hace por lo menos seis años, cuando la seguridad del aeropuerto Schiphol en Ámsterdam no fue capaz de detectar a un joven nigeriano terrorista. Conocido como “el bombardero de la ropa interior”, este pasajero viajaba sin equipaje y con un ticket comprado en efectivo. Por fortuna, el atentado que planeaba a bordo de un vuelo con destino a Detroit falló, en parte gracias a la rápida respuesta de los pasajeros. Desde la óptica israelí, este incidente, ocurrido el 25 de diciembre de 2009, pone de manifiesto que la tecnología no puede competir con un ojo bien entrenado.</p>
<p>Desde luego, sería insensato argüir con total firmeza que, de haber sido implementado en el aeropuerto de Bruselas, el <i>profiling</i> hubiera servido para detectar a los perpetradores de los atentados. Lo que sí puede decirse con total certeza es que <b>dicho sistema sería muy difícil de implementar en el contexto europeo.</b></p>
<p>Como primera medida, está el impedimento que representa el discurso políticamente correcto. Como los musulmanes serían revisados más rigurosamente, para el establecimiento político tradicional el <i>profiling</i> representa una práctica racista inviable. Luego, en segundo término, hay consideraciones financieras. En rigor, la seguridad suele concentrarse en el momento de pasar por migraciones y antes de ingresar a una terminal de embarque. Dado que hoy en día los aeropuertos internacionales se asemejan a centros gastronómicos y comerciales, expandir los controles de seguridad para abarcar holísticamente a la complejidad de las instalaciones representaría un gasto importante, sin hablar de las inconvenientes demoras que deberían soportar los pasajeros.</p>
<p>De acuerdo con expertos citados por NBC News, estas medidas engorrosas sólo transferirían el riesgo de un sitio a otro. La mayor concentración de personas en un lugar, con motivo de mayores filas, se convertiría en otro riesgo potencial. Por otro lado, cabe resaltar que el <i>profiling </i>no es infalible. Aunque sea de modo parcial, fue puesto en marcha por la compañía israelí (ICTS International) encargada de la seguridad en Schiphol cuando el terrorista nigeriano se subió en la navidad de 2009 al vuelo con destino a Detroit.</p>
<p>Habiendo dicho esto, es innegable, en todo caso, que la seguridad a la usanza del aeropuerto Ben-Gurión se ha vuelto en un modelo a considerar. Paradójicamente, según lo sugerido por el sitio especializado DEBKAfile, semanas antes de los atentados en Bruselas, el Gobierno belga habría contratado a una firma israelí para asesorar el estado de la seguridad en los aeropuertos del país.<b> Las autoridades belgas habrían sido advertidas sobre severas falencias en los aeropuertos, que los convertían en puertas abiertas para posibles yihadistas procedentes de Argelia, Túnez y Turquía.</b></p>
<p>En este aspecto, un dato a considerarse es que, en contraste con los aeropuertos europeos, el aeropuerto de Tel Aviv no depende de compañías privadas para su seguridad. No subcontrata o terceriza a empleados, y más bien recurre a graduados del Ejército especialmente entrenados en detectar potenciales peligros. Como expresa Schiff, los controles se superponen en círculos (concéntricos) y nada se deja al azar.</p>
<p>Como reflexión final, en tanto argentino, los fatídicos acontecimientos en Bruselas hacen que uno se replantee la seguridad en casa. Quien haya tenido el privilegio de volar a través de América Latina conoce que la seguridad es bastante holgada. Pese a que en algunos sitios se toman la cosa más en serio, como en Bogotá y en Lima, en balance daría la impresión de que abundan las fallas. Ni que hablar del aeropuerto Ezeiza de Buenos Aires, en donde a uno no lo revisan al entrar, sino más bien al salir, particularmente en función de detectar qué artilugio tecnológico usted se compró en el exterior, para proceder a cobrarle impuesto o coima.</p>
<p>Lamentablemente<b>, el continente americano no desconoce el terrorismo y en tanto la seguridad no sea tomada con la debida seriedad, existirá el riesgo de ataques</b>. Mientras, las circunstancias imparten que es momento de sacrificar confort en función de viajar con la confianza de que podrá volver a repetir la experiencia. Quizás sea momento de que las autoridades pertinentes estudien esta israelización del tráfico aéreo con detenimiento, o que por lo menos tomen cartas en el asunto para salvaguardar la vida frente al flagelo del terrorismo.</p>
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		<title>Umberto Eco, Occidente e Islam</title>
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		<pubDate>Wed, 24 Feb 2016 09:23:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Estado Islámico]]></category>
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		<description><![CDATA[Umberto Eco fue un escritor y un intelectual con impronta global. Con motivo de su fallecimiento, el último 19 de febrero, me gustaría, a modo de homenaje, hacer una breve mención sobre sus pensamientos relacionados con mi campo de investigación: el intercambio entre Occidente e Islam (con mayúscula, el mundo musulmán), y el fenómeno del... <a href="http://opinion.infobae.com/federico-gaon/2016/02/24/umberto-eco-occidente-e-islam/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Umberto Eco fue un escritor y un intelectual con impronta global. Con motivo de su fallecimiento, el último 19 de febrero, me gustaría, a modo de homenaje, hacer una breve mención sobre sus pensamientos relacionados con mi campo de investigación: el intercambio entre Occidente e Islam (con mayúscula, el mundo musulmán), y el fenómeno del extremismo islámico contemporáneo.</p>
<p>Eco fue, sin lugar a dudas, un espíritu lúcido como crítico. Respetado mundialmente, el docto italiano se sumó al debate que nació a partir de los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuando intelectuales y comentaristas por igual comenzaron a tratar la tesis del choque de civilizaciones.</p>
<p>Para comenzar, desde el punto de vista del rigor académico, Eco era un tradicionalista que advertía sobre la importancia de lo metodológico en las ciencias. El literato se alarmaba frente a la actitud prepotente de muchos intelectuales, que tratan cualquier tema sin los debidos conocimientos que imparte el estudio. Con esto se refería a los opinólogos que abordan los temas de actualidad como si fuesen oráculos, preparados para dar respuestas instantáneas a cualquier aflicción. Por ello, a razón de esta observación, se puede decir que Eco reconocía honestamente sus propias limitaciones. Un intelectual cauto, prefería recurrir a las enciclopedias antes que a internet. Sospechaba de las nuevas tecnologías mediáticas, porque —según lo insinuaba— competían contra la “función de filtro” que tiene la cultura para determinar lo que es importante de lo que no, como asimismo qué opinión es calificada y cuál no. En su resquemor a los medios, expresaba lacónicamente: “La verdad no se encuentra en el tumulto, sino más bien en una búsqueda silenciosa”.<span id="more-252"></span></p>
<p>Considerando esta apreciación, Eco trató el renacimiento del islamismo (esto es el islam político) y el yihadismo con circunspección. Observaba preocupado que <b>muchos de estos oráculos caen en la tentación que ofrece el juego maniqueo de las etiquetas, propio de las guerras de religión (</b><b><a href="http://prodavinci.com/2015/04/06/actualidad/monoteismos-y-politeismos-por-umberto-eco/">monoteístas</a></b><b>) —ese “nosotros contra ellos”— que conduce a simplificaciones dañinas.</b> Eco atinaba que las adhesiones, pasiones a contraposiciones simplistas, propias de la polémica huntingtoniana de Occidente en oposición al mundo islámico, merman la capacidad intelectual de discernir, en relación con lo anterior, entre lo que es relevante y lo que no.</p>
<p>Por ejemplo, considerando que hay intelectuales que convienen en remarcar los hitos culturales pasados del Islam para relativizar sus excesos en el presente, Eco tenía la sensatez de opinar que, a los efectos de vislumbrar lo que sucede en el aquí y en el ahora, no interesa qué tan educados puedan haber sido los musulmanes en los tiempos de Avicena y Averroes, o qué tan magna haya sido la tolerancia durante la era de Al-Ándalus (en la España mora). Como las cosas mutan, se invierten y cambian: “El problema de los parámetros no se plantea en clave histórica, sino en clave contemporánea”.</p>
<p>Si bien Eco daba por entendido que es natural que cada grupo cultural se suponga superior al resto, como parte de las preferencias y las experiencias de cada colectivo, aclara precisamente que es necesario establecer parámetros basados en el presente y no en el pasado, para justificar las aseveraciones de superioridad. De este modo, viendo que en Occidente la ciencia, la crítica y la indagación son valores consagrados, Eco daba sentido al hecho de que casi todos los premios nobeles provinieran de un contexto europeizado. Desde este lugar,<b> reconoció que lo que separa a Occidente del Islam, o más bien —en la disyuntiva convencional que él prefería— al oeste del este, es la capacidad del primero y el desinterés del segundo en desentrañar abiertamente sus propias contradicciones.</b> Al caso, el semiólogo y literato sugería que, aunque hay cosas que desde un punto de vista utilitario resultan intolerables, en Occidente se glorificó la bondad de la diversidad. “Somos una civilización pluralista —decía Eco— porque permitimos que en nuestra casa se construyan mezquitas, y no podemos renunciar a ello sólo porque en Kabul metan en la cárcel a los propagandistas cristianos. Si lo hiciéramos, nos convertiríamos también nosotros en talibanes”.</p>
<p>Con este mismo sentimiento, a raíz de la llamada guerra contra el terror, el autor de <i>El nombre de la rosa</i> se mostraba turbado frente al prospecto de una guerra entre el oeste y el este. Se opuso a la invasión aliada de Irak en 2003 y temía que Occidente se dejara llevar por la misma barbarie que supone combatir; que la radicalización condujera a un desfasaje entre “una cristiandad fragmentada y neurótica” y los valores pluralistas que la identifican en el corriente. Con justa mesura, Eco expuso que frente a las atrocidades del extremismo islámico no se puede meter a todos los musulmanes en la misma bolsa.</p>
<p>A propósito del término <i>cristiandad</i>, una palabra caída en desuso que denota una afinidad religiosa común dentro del marco europeo, Eco la utiliza porque creía en Occidente como la expresión cultural resultante de la secularización de la experiencia cristiana. Tal es así que en Europa uno podría definirse como culturalmente cristiano y ser ateo o agnóstico, es decir, ser cristiano sin necesidad de ser creyente o practicante. Eco sostenía que es la cultura, y no las guerras del pasado, lo que cementa la identidad europea. Por esto mismo, <b>temía por lo que muchos pensadores definen como una crisis de identidad. “Europa es un continente que era capaz de fusionar varias identidades, y sin embargo no confundirlas”. Hoy las identidades están en tela de juicio.</b></p>
<p>Por lo pronto, con motivo de la creciente proporción de musulmanes en Europa, Eco llegó a observar, en una de sus últimas intervenciones como entrevistado: “La fusión de civilizaciones es una posibilidad que puede ocurrir debido a la migración”. Hasta donde yo tengo entendido, Eco no se expidió en detalle acerca de las posibles consecuencias de tal hipotética fusión entre Occidente e Islam. Lo que sí hizo fue expresar aprecio por lo que llamó “la nueva religión de solidaridad”, encabezada por Ángela Merkel y sus políticas para acoger a los refugiados sirios. Pero de darse tal fusión, ¿cómo sería?</p>
<p>El italiano expresó su convicción de que este proceso de transformación era inevitable: “Europa es un continente que fue capaz de fusionar muchas identidades sin mezclarlas. Así es como veo exactamente su futuro”. “En el próximo milenio, Europa será un continente multirracial”. Y bien, cabe preguntarse, ¿arrojaría este futuro un <i>modus vivendi</i> secular, o vería un aumento en la religiosidad con un devenir antiliberal? ¿Qué forma adoptaría dicho sincretismo? Eco relativizó la cuestión afirmando que todos los cambios importantes dan miedo y que —por decir algo al paso— este también sería el caso si un shopping se construyera sobre el Duomo de Milán.</p>
<p>En tal caso, ¿podría ser la cristiandad, en el sentido secularizado que entiende el autor, la vieja rosa de la cual sólo queda su nombre? (Stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus). Solamente el tiempo lo dirá.</p>
<p>Pese a esta ambigüedad, Eco fue determinante en cuanto a la amenaza constante supuesta por las ideologías totalitarias. En uno de sus planteos más ejemplares, el intelectual italiano desarrolló el concepto de lo que él acuñó “<a href="http://www.pegc.us/archive/Articles/eco_ur-fascism.pdf">Ur-Fascismo</a>”, el fascismo eterno. Representa una serie de características que por más que no se cumplan todas en un sistema organizado, o incluso se contradigan, basta con que se verifique una para “hacer coagular una nebulosa fascista”. Prestamente, ellas son 1) el culto a la tradición; 2) el rechazo del modernismo; 3) el culto a la acción por amor (irracional) a la acción; 4) el rechazo del pensamiento crítico; 5) el miedo a las diferencias; 6) la invocación a las frustraciones sociales; 7) la apelación al nacionalismo en oposición a enemigos externos como internos; 8) la exageración y la disminución retórica (envidia y miedo) del enemigo; 9) el principio de guerra perenne, permanente; 10) una dirigencia elitista y el desprecio a la debilidad de las masas; 11) la narrativa de heroísmo basada en el culto a la muerte; 12) el machismo, desdén por lo femenino y por los hábitos sexuales que no son la norma; 13) la condena del individualismo en favor de un populismo cualitativo; y, por último, 14) el uso de una neolengua (orwelliana) caracterizada por un léxico escueto y una sintaxis bruta o elemental.</p>
<p>Eco instaba a una vigilia permanente contra este Ur-Fascism, que puede resurgir bajo distintas formas y colores, aun con las apariencias más inocuas. Desde este lugar<b>, el renombrado intelectual expuso al llamado Estado Islámico (ISIS) por lo que realmente es: “una nueva forma de nazismo, con sus métodos de exterminio y su apocalíptico deseo de dominar el mundo”</b>. En este sentido, el fenómeno del yihadismo se ajusta perfectamente a las características típicas que dan cuenta de una tendencia totalitaria.</p>
<p>Umberto Eco fue, sin dudas, un gran italiano y un gran europeo. Hombre de letras, creía firmemente en el rol de la universidad como una fuerza de paz, como un lugar para avanzar el conocimiento y generar entendimiento mediante la contrastación pacífica de controversias. En el mundo informatizado de hoy, impaciente y que busca verdades al instante, Eco era un paladín de la academia y de la cultura. Tal como recomendara, es necesario que cada quien trabaje en su campo, sabiendo en qué mundo vivimos, sacando conclusiones a partir del estudio; todo en virtud de “volvernos tan astutos como la serpiente y no tan ingenuos como la paloma”.</p>
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		<title>Politizar y relativizar Star Wars</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Dec 2015 03:00:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Se estrenó la séptima y la tan esperada entrega de Star Wars, definitivamente (que me perdonen los trekkies) la saga galáctica más popular de todos los tiempos. Vaya si es exitosa la marca y vaya si los ejecutivos de branding de Disney (que compró Lucasfilm en 2012) tienen pocos escrúpulos que existe un repertorio ridículo... <a href="http://opinion.infobae.com/federico-gaon/2015/12/21/politizar-y-relativizar-star-wars/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Se estrenó la séptima y la tan esperada entrega de <i>Star Wars</i>, definitivamente (que me perdonen los <em>trekkies</em>) la saga galáctica más popular de todos los tiempos. Vaya si es exitosa la marca y vaya si los ejecutivos de <i>branding</i> de Disney (que compró Lucasfilm en 2012) tienen pocos escrúpulos que existe un repertorio ridículo de productos promocionados con sables láser. Más allá de los juguetes, los utensilios de cocina o las prendas de vestir, hoy en día se comercializa cualquier cosa con el sello vendedor. Hay desde cintas de embalar, afeitadoras y curitas hasta naranjas, uvas y manzanas. Por lo visto se trata de un fenómeno global dentro de la llamada cultura pop y todos quieren ser parte de la fiesta. Tal es así que por nuestra cuenta, los analistas y los politólogos también queremos estar presentes en la movida. Prueba de ello, a la espera del estreno de <i>The Force Awakens</i>, se han publicado algunos artículos que discuten, revisan y cuestionan la moralidad y la relevancia política de esta guerra de las galaxias.</p>
<p><strong>A razón de la coyuntura real que está ocurriendo en la Tierra y visto que el yihadismo está en boca de todos, los comentaristas se han volcado a los medios para plantear analogías entre rebeldes y terroristas que, por lo pronto, se hacen interesantes</strong>. En efecto, en estas últimas semanas se ha dado una suerte de revisionismo moral sobre <i>Star Wars</i>, principalmente sobre la trilogía original (episodios IV, V, VI). Aparecieron artículos que básicamente arguyen que la Alianza Rebelde es una entidad compuesta por desadaptados y fanáticos religiosos (los jedi) que buscan, a la usanza terrorista, desestabilizar en pos de una causa radical y maximalista. Es decir, los agentes del Imperio Galáctico, si bien no son caritativos, serían más “buenos” que los rebeldes o, mejor dicho, más convenientes. Esta es una interpretación poco ortodoxa que le podría arruinar los héroes de la niñez a más de uno. Sin embargo, por lo menos entre los fans es evidente que la idea de pensar a Luke como un terrorista es atractiva, pues añade complejidad y sustancia a la trama.<span id="more-237"></span></p>
<p>Si se toma esta propuesta en serio, <i>Star Wars </i>ya no es (o por lo menos ya no refleja necesariamente) el tradicional viaje del héroe que ha marcado al género narrativo a través de las eras. Esta realización implica que Luke ya no es el arquetipo del líder sacrificado, reticente a aceptar su destino, a adentrarse en lo desconocido y a aceptar el llamado de salvar al universo. Visto el héroe desde la tergiversada óptica de los analistas políticos, la trilogía original es la historia de un joven vulnerable que es coaptado por extremistas religiosos. Es, paradójicamente, el cuento de un chico que transita por un camino muy oscuro; se deja convencer de que la suya es una causa infalible, a tal punto que está dispuesto a matar y a sacrificarse por ella. Puesto por Comfortably Smug, un anónimo popular, en el sitio <i>Decider.com</i>: “Luke se ha probado a sí mismo como un estudiante lúcido en las mañas del extremismo religioso armado”.</p>
<p>Cinematográficamente revisionista, esta última postura sugiere que Luke Skywalker es un joven sin figura paterna, con pocos amigos y que no encuentra sentido a su miserable vida como granjero en Tatooine, un planeta desértico en el punto más alejado del universo. Cuando unos soldados matan a sus tíos, sea por error de juicio o por error de cálculo, se deja persuadir por un viejo mentiroso (Obi-Wan Kenobi), que debe abandonarlo todo para unirse a una contienda intraplanetaria. La aventura comienza con una aparente causa noble —rescatar a la princesa Leia. Luego, en tanto Luke progresa en su instrucción como jedi, está dispuesto a matar a decenas de miles de personas, e incluso a martirizarse. Así como lo plantea la película <i>Clerks</i> (1994) y como cita Charles C. Camosy en <i>The Washington Post</i>, ¿acaso no había decenas de miles de contratistas independientes trabajando en la <i>Estrella de la Muerte</i> (II)? ¿Acaso Luke no le dice al emperador, al enfrentarlo, que pronto ambos estarán muertos? En su saña con Jabba el Hutt, ¿acaso no termina condenando a todas las criaturas en la barcaza a morir?</p>
<p>Después de todo, Yoda, el afable maestro con ojos moldeados como los de Albert Einstein para destellar sabiduría, le imparte al impaciente de Skywalker que debe olvidarse de todo lo que aprendió y no hacer preguntas. En terminología yihadista, Luke debe imitar y no debe racionalizar. Es un guerrero santo marcado por el destino para luchar a como dé lugar con el enemigo divisado. Jonathan V. Last ya escribía en 2002 en <i>The Weekly Standard </i>que mientras los jedi creen que tienen un derecho divino a gobernar (por haber nacido bien dotados con “la fuerza”), el Imperio es una meritocracia. Tiene sus academias y los que cumplen con su deber son promovidos. El emperador será un dictador severo, pero, ¿lo hace eso menos conveniente? Vista así la cosa, Palpatine es un mal necesario, un césar que puso fin a una democracia disfuncional, inoperante y decadente. Puso coto a la corrupción, a los intereses faccionales y a las disputas interplanetarias. Consecuentemente, y aunque a costas de instaurar un régimen autoritario, el emperador trajo estabilidad y prosperidad económica a la galaxia.</p>
<p>En un artículo publicado en <i>Esglobal</i>, Iván Giménez Chueca reproduce la analogía entre el conflicto Imperio-alianza con la realidad de la guerra asimétrica en el mundo real. En este sentido, aunque no hay equivalencias morales entre Imperio-Estados Unidos o yihadistas-rebeldes, sí hay un parecido en relación con la asimetría de fuerzas. El Imperio Galáctico y Estados Unidos ostentan las armas más avanzadas, y los insurgentes de la Tierra y de demás planetas tienen recursos limitados. Algunos dirían que están incluso aquellos que, como los simpáticos (ositos) ewoks, tiran piedras para defenderse del imperialismo, y así y todo ganan. La diferencia, si esta aplica en primer lugar, es que mientras en nuestro mundo existe lo que los teóricos de las relaciones internacionales denominan una situación de anarquía internacional, en <i>Star Wars</i> el Imperio acaba con la anarquía. Por el lado de la realidad, ningún Estado, por más fuerte que sea, tiene la capacidad de ser el policía del mundo y de imponer su voluntad por sobre todos los demás actores del sistema internacional. Bien, en la Galaxia el Imperio sí es quien manda y quien siempre impone su voluntad.</p>
<p>Si en el universo de <i>Star Wars </i>no hay anarquía, es gracias al Imperio. Si bien este se lleva puesta toda consideración de debido proceso y gobierna con base en el miedo, mantiene mal que mal la estabilidad. Los rebeldes, en contraste, sean vistos como radicales de izquierda (Camosy) o radicales religiosos (Comfortably Smug, Last), no tienen plan político a futuro. Basados en lo que nos dicen las películas —dejando de lado el llamado “universo expandido” —, los rebeldes no se tomaron el tiempo de discutir cómo evitar que la anarquía atrofie la <i>Pax Imperia </i>de Palpatine, Darth Vader y compañía. El Imperio gobierna y mantiene a los sistemas planetarios cohesionados con una mano de hierro. Si no lo hiciera, habría desestabilidad y quizás conflictos más terribles.</p>
<p>Por ejemplo, de acuerdo con <a href="http://www.nbcnews.com/pop-culture/movies/star-wars-destroying-death-star-would-trigger-economic-crisis-n472631?cid=par-time_20151202">un trabajo reciente</a> hecho por Zachary Feinstein, la destrucción de las Estrellas de la Muerte habría llevado a la galaxia a una “depresión de proporciones astronómicas”. Es que literalmente, según está conjetura, incluso si el Imperio fuera derrotado, la galaxia entera se vería endeudada hasta el infinito y más allá, con un déficit de más de quinientos trillones de créditos. Según Feinstein, para evitar la hecatombe, la Alianza Rebelde tendría que sacar de la galera, o bien desovar usando “la fuerza” reservas equivalentes al 15% de la economía galáctica para rescatar a los bancos. Una congoja de estas características supondría una fuente inflexible de presión, que generaría resquemor, inestabilidad y conflicto. Sin un Gobierno todopoderoso capaz de mantener cohesionados a los sistemas planetarios, muchísimas entidades abandonarían lo poco que quedaría del viejo orden republicano.</p>
<p>No por poco, escribiendo para <i>Foreign Policy</i>, Paul D. Miller y Michael Boyle se preguntan precisamente de esta posible anarquía. Con razón, sospechan que tras el desmoronamiento del Imperio la galaxia quedaría sumida en el caos. Estamos hablando de internacionalistas de alto rango. Sostienen que el desmadre daría lugar a la violencia, a la piratería, al crimen organizado, entre otra “escoria y villanería”. Habría planetas fallidos y una necesidad imperiosa de restaurar la estabilidad a como dé lugar.</p>
<p>En fin, a grandes rasgos, esta postura revisionista sugiere que el remedio de la Alianza Rebelde podría ser peor que la enfermedad imperial. Quizás —espero— <i>The Force Awakens</i> arroje respuestas en esta dirección.</p>
<p>En otra columna que fue publicada en <i>The Washington Post</i>, Sonny Bunch desmiente que el planeticidio de Alderaan haya sido algo malvado. En su caso, hace una analogía entre la destrucción del planeta de Leia con las bombas nucleares de Hiroshima y Nagasaki. Si los estadounidenses cometieron un pecado terrible, lo hicieron en función del bien mayor percibido: salvar a miles de soldados norteamericanos de una muerte segura y salvar a otro número indeterminado de vidas de probables conflictos futuros, siendo que con semejante muestra de poder ninguna potencia se animaría a ir a la guerra con Estados Unidos. Paralelamente, según este razonamiento pragmático, la decisión inclemente de Grand Moff Tarkin de destruir Alderaan se basó en consideraciones similares. Si esto fuera contraproducente o no, es otra cosa. Lo importante es que esta <a href="http://blogtarkin.com/2012/08/06/the-tarkin-doctrine-and-the-sith-way-of-war/">doctrina Tarkin</a> sugiere que se puede mantener la estabilidad mediante la disuasión, sin llegar irreparablemente al uso de la fuerza. La Estrella de la Muerte, por lo tanto, se construyó para intimidad, no para destruir. Alderaan, antes que un planeta pacífico, era un centro intelectual y financiero de la rebelión, de modo que en perspectiva, en un universo con decenas de mundos, su destrucción no sería tan disímil de una bomba nuclear sobre Japón.</p>
<p>Para ser justos, volviendo a la perspectiva tradicional, menos hermenéutica, esta vilificación de los rebeldes puede ser disminuida y hay un punto en donde esta es claramente exagerada. Aunque el componente de adoctrinamiento religioso (esto del dualismo jedi-sith) es el más polémico y discutido de la saga, al final de cuentas la Alianza no se constituyó para matar civiles. Camosy marca correctamente: “Todos los terroristas matan gente inocente, pero no todos los que matan gente inocente son terroristas”. Desde esta mirada, para ser terrorista hay que tener una intención concreta de matar civiles; y esto es algo que Skywalker y compañía nunca se proponen. Aun así, lo curioso es que Camosy piensa que los rebeldes obraron bien en destruir la segunda Estrella de la Muerte, porque, a juzgar por el accionar de la primera, el nuevo juguete del emperador podría “haber provocado una matanza genocida al destruir miles de planetas”. Si Bunch opina que Tarkin obró para salvar a miles de vidas, Camosy opina que el almirante Ackbar obró motivado por el mismo principio moral.</p>
<p>En suma, tal como opina Collin Garbarino en <i>The Federalist</i>, “no hay buenos”, o a lo sumo no los tiene por qué haber con obligatoriedad. Podrá ser consensuado que determinar qué lado es moral y qué lado es malvado se torna una cuestión subjetiva que depende de la perspectiva del observador. Es un debate entre la visión idealista del David (rebelde) contra el Goliat (imperialista), y la visión pragmática del policía contra el subversivo, o del Estado contra el terrorismo. Desde lo personal creo que el valor de estas visiones revisionistas o alternativas de <i>Star Wars </i>estriba en que rompen con lo que yo percibo como un supuesto errado del saber popular. <b>Cuestionan la creencia casi ciega de que el débil siempre tiene razón —que si se defiende o ataca al más grande, por algo será.</b></p>
<p>En la realidad, y quizás suceda lo mismo en una galaxia muy, muy lejana, tener más o mejores armas no convierte a un país, a un planeta o a un imperio en un actor malvado <i>ipso facto</i>. Sin embargo, si hay algo que está fuera de duda, es que los seguidores de la saga tendrán bastante de que hablar.</p>
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		<title>Una parálisis institucional que amenaza con continuar</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Sep 2015 03:00:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El Líbano viene experimentando desde hace un par de meses una crisis institucional. Catalizada por la parálisis del Gobierno, incapaz de dar con una solución al problema de la recolección de basura, con los desechos amontonándose en las calles de Beirut, desde hace dos semanas hay multitudes saliendo a protestar contra las autoridades. Lo que... <a href="http://opinion.infobae.com/federico-gaon/2015/09/14/una-paralisis-institucional-que-amenaza-con-continuar/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El Líbano viene experimentando desde hace un par de meses una crisis institucional. Catalizada por la parálisis del Gobierno, incapaz de dar con una solución al <a href="http://www.infobae.com/2015/08/25/1750750-ante-la-escalada-protestas-se-agudiza-la-crisis-gobierno-el-libano">problema de la recolección de basura</a>, con los desechos amontonándose en las calles de Beirut, desde hace dos semanas hay multitudes saliendo a protestar contra las autoridades. Lo que inicialmente se suponía era una manifestación de ciudadanos preocupados por semejante deterioro sanitario, pronto se convirtió en un movimiento masivo, convocado ya no solamente a raíz de la basura, sino también por otros agravios generales que se desprenden de la escena política del país. Vistas en contexto, las protestas en efecto dicen mucho acerca de la disfuncionalidad crónica que afecta al Líbano, uno de los países más desarrollados culturalmente de Medio Oriente y, sin embargo, uno de los más desgarrados por conflictos.</p>
<p><b>Bajo el lema viralizable de <i>#</i>youstink (apestas), los manifestantes tomaron el incidente de la basura para convertirlo en una crítica general al estado de las cosas</b>. En la Plaza de los Mártires en la capital libanesa, aquella que diez años atrás presenció la llamada Revolución de los Cedros, los citadinos exigen cambios y, vistosamente, las protestas no llevan una agenda sectaria o partisana. Sintetizada, la consigna es “Que se vayan todos” -que renuncien todos los funcionarios implicados en los sucesos recientes, desde el primer ministro al ministro de Interior.<span id="more-193"></span></p>
<p>El movimiento de protesta, protagonizado por una audiencia mayoritariamente joven, incluso ha trascendido fuera de las calles. Notoriamente, hace dos semanas, alrededor de <a href="http://www.aljazeera.com/news/2015/09/lebanon-protesters-storm-government-offices-beirut-150901102451718.html">treinta activistas ocuparon el Ministerio de Medio Ambiente</a> e hicieron allí una sentada para instar al ministro a renunciar. Al cabo de unas pocas horas las fuerzas de seguridad entraron al edificio y expulsaron violentamente a los manifestantes. Lo cierto en este aspecto es que la crisis se ha tornado sangrienta. <b>Desde que iniciaran las protestas multitudinarias el 22 de agosto, el ejército fue movilizado a las calles y la represión le costó la vida a una persona</b>. Tanto manifestantes como efectivos de seguridad resultaron heridos y la crisis de momento no tiene salida a la vista.</p>
<p>Llamada por los medios como la “crisis de la basura”, esta es la punta del iceberg de los conflictos que afectan  la sociedad libanesa. Contextualizando, el Líbano ha sido fraguado históricamente por las divisiones sectarias entre cristianos (principalmente maronitas), chiitas, drusos y sunitas. El país que una vez fuera llamado “la Suiza de Medio Oriente” se desgarró por completo en la década de 1970. En un clima de avasallante polarización entre radicales de izquierda, moderados y radicales religiosos, el país se sumió en una guerra civil, la cual, además del terrible costo humano inherente a los conflictos armados, desbarató al Estado como regente del monopolio de la fuerza y desarticuló su lugar como agente de planificación económica.</p>
<p>En primer lugar, la afiliación sectaria como emisora de identidad e ideología sigue aún muy vigente. Cada comunidad religiosa tiene sus propias plataformas políticas, e incluso cuando adoptan doctrinas seculares, pensar hacer política por fuera de los clivajes sectarios ha sido el principal desafío del Líbano desde su incepción en 1920. Para evitar antagonizar con los colectivos, por regla general, los Gobiernos libaneses irónicamente han evitado gobernar, prefiriendo mantener el <i>statu quo</i>, lo que permitió a cada grupo conservar sus propias escuelas, instituciones y, lo evidentemente más peligroso, sus propias milicias y brazos armados. Este fue uno de los factores que posibilitaron la guerra civil, y al día de hoy -al caso particular de los chiitas- <b>en partes del país no flamea la bandera libanesa, sino más bien aquella de la agrupación proiraní Hezbollah</b>. Esta controla la zona aledaña al aeropuerto de Beirut (el distrito Dahieh), el este libanés alrededor del Valle de la Becá y la región meridional del país. Por ello, el hecho concreto es que Líbano es muy difícil de ser gobernado.</p>
<p>Especialmente cierto desde 2005 en adelante, luego de que Siria se retirara del país tras casi tres décadas de ocupación, <b>Líbano está en un estado de cuasi parálisis política permanente</b>, porque en función de lo expresado recién, sus parlamentarios, antes que compartir una verdadera preocupación federal, están enfrascados en líneas sectarias. Puede destacarse que junto con Hezbollah, el partido chiita de Amal también viene jugando un rol perjuicio para la unidad. En la última década ambas fuerzas han frecuentemente recurrido y cumplido con la amenaza de romper con las coaliciones de Gobierno, para así velar por intereses faccionales, proiraníes y prosirios, a costas de la mayoría.</p>
<p>Vale la pena recalcar que en 2008 (sin representación de las fuerzas chiitas y prosirias que habían renunciado a sus bancas) el Gobierno libanés decidió actuar para clausurar la red de medios paraestatales de Hezbollah. Esta entonces alegó que el Gobierno libanés le había declarado la guerra, y a continuación sucedieron<a href="https://en.wikipedia.org/wiki/2008_conflict_in_Lebanon"> escaramuzas en las calles de Beirut</a>, arrojando a la facción islamista y a sus aliados políticos como ganadores, lo que forzó al Gobierno a tolerar la convivencia con lo que en definitiva es un Estado dentro de otro.</p>
<p>En este sentido, el reciente llamado al “diálogo nacional” por parte del líder de Amal, Nabih Berri, portavoz del Parlamento, resulta inverosímil. De acuerdo con una opinión difundida entre los analistas, posiblemente responde al interés demagógico de Berri por identificarse con la causa de los movilizados y así sumarse réditos políticos. Sin embargo, y con justa razón<b>, </b>los protestantes agrupados en la consigna <i>#</i>youstink<i> </i>son escépticos a las iniciativas promovidas desde los partidos chiitas. Dadas sus alianzas internacionales, estos espurrian más faccionalismo que las otras fuerzas políticas.</p>
<p>El último hecho que da cuenta de esta disfuncionalidad no es tanto la crisis de basura por sí sola, sino que el país no tenga presidente formal desde hace más de un año. Aunque el rol del presidente es más que nada ceremonial, se concede que ejerce una influencia importante en el establishment político. El punto está en que en 2014 los parlamentarios no se pudieron poner de acuerdo y ningún candidato recibió los dos tercios de los votos necesarios para ser presidente. En añadidura, el Parlamento se autoextendió su mandato sin llamar a elecciones generales.</p>
<p>El otro aspecto determinante, en segundo lugar, de la política libanesa, resulta en <b>la incapacidad del Estado por impartir políticas económicas, o tomar un papel activo en la planificación general a largo plazo</b>. El colmo de esto se ve precisamente en la cuestión de la basura. El vertedero de Naameh, ubicado en las montañas al sureste de Beirut, fue originalmente inaugurado en 1997 como una solución a corto plazo, recibiendo los desechos de la mitad de la población. Se suponía que estaría abierto solamente por unos pocos años, hasta que una solución definitiva fuese encontrada. Pasaron los años, y para la fecha prevista de su clausura definitiva, el último julio, el Gobierno no contaba con ninguna alternativa. Indignados, colmado el basurero con quince millones de toneladas de desechos, los habitantes de las cercanías decidieron bloquear las rutas y prohibir el paso para no empeorar la ya de por sí insalubre situación a la que se enfrentan.</p>
<p>En rigor, las actuales protestas hacen eco de todos los agravios que merman el desarrollo del Líbano como nación. <b>Con el problema de las montañas de basura como disparador, la nueva generación de libaneses lamenta el permanente deterioro en la infraestructura, en el entramado institucional y en la permanencia de un <i>esprit de corps</i> sectario</b>. Líbano vive una situación crítica que podría deteriorarse rápidamente. Sumando leña a los problemas domésticos, en tanto continúe la guerra en Siria y en Irak, el Gobierno debe lidiar con las posibles amenazas provenientes del yihadismo. Además, en Líbano viven 1,1 millones de refugiados sirios, que representan el exorbitante 25 % de la población total del país.</p>
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		<title>El dilema de Erdogan</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Aug 2015 09:39:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Tras sufrir una recaída electoral en junio, con su popularidad en un bajo histórico, Recep Tayyip Erdogan, fiel a su estilo, ha vuelto a apostar a la política exterior para ganar los puntos que le faltan. Apelando a un tono nacionalista, tanteando una ofensiva contra los enemigos del Estado, el oficialismo busca compensar por la gestión que falta en casa y, apalancándose en el contexto actual de guerra regional, busca recuperar los votos que en las últimas elecciones no pudo cosechar. <b>Es la primera vez, desde las elecciones generales de 2002, que la plataforma de Erdogan, el </b><b>Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), no logra hacerse con una mayoría parlamentaria.</b><b></b></p>
<p>Pese a ganar las elecciones pasadas, dado que no ha podido formar coalición con otra fuerza política, Turquía llamará a elecciones anticipadas en noviembre. <b>Erdogan intenta cambiar el sistema turco para convertirlo en un presidencialismo moldeado en el ejemplo ruso y, en los tres meses que quedan hasta los próximos comicios, espera recuperar votantes apoyándose en una política exterior fornida</b>. Esta, que en el pasado reciente ha sido duramente criticada por su ambivalencia frente al conflicto en Siria y el avance del yihadismo, en los últimos meses se ha endurecido; y mientras el Gobierno la presenta como el cálculo estratégico propio de los intereses nacionales, la oposición, los periodistas y los analistas sospechan que estriba de intereses políticos bastante limitados, con mira a réditos inmediatos en el plano doméstico. De cualquier modo, vale preguntarse si la política exterior turca es sustentable, como desde ya también inquirir si le saldrá bien o no la apuesta a Erdogan.<span id="more-177"></span></p>
<p>Para situarnos en contexto, en la última década, bajo la conducción del AKP, Turquía le ha dado un nuevo significado al viejo mantra de su política exterior. Puesto por Mustafa Kemal Atatürk como una instrucción de no intervencionismo y neutralidad, “paz en casa, paz en el mundo”, la interpretación del mandamiento ahora ha cambiado. Bajo los lineamientos de Ahmet Davutoglu, internacionalista del partido y escudero de Erdogan, <b>ya no es indispensable que haya paz en casa para promover paz en el mundo, pues Turquía ya está consolidada y lista para ocupar su rol histórico en Medio Oriente.</b></p>
<p>Sin embargo, luego de su idealismo, la política exterior turca está plagada de contradicciones.</p>
<p>Desde que comenzara la guerra civil siria cuatro años atrás, Turquía, aunque carga agravios con los sirios y los kurdos, se ha mostrado reacia a intervenir en los asuntos que se desarrollan fuera de sus fronteras. Más allá del Gobierno de turno, los turcos y los sirios mantienen una animosidad histórica por disputas territoriales y discusiones en torno a los recursos hídricos. Para peor, bajo el clan al-Assad, Siria albergó y apoyó al Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), el grupo independentista kurdo considerado terrorista por Turquía y gran parte de la comunidad internacional. Por este asunto, en 1998 Ankara estuvo cerca de declararle la guerra a Damasco, la cual decidió ceder ante las presiones turcas y así evitar una posible escalada. Lo cierto, no obstante, es que con el amargo devenir de la intervención estadounidense en Irak ha quedado en evidencia lo valiosa que es la estabilidad, con actores predecibles y conocidos. Sin final a la vista para los conflictos sectarios en todo Medio Oriente, la clásica sentencia de los juristas musulmanes, que el <i>statu quo</i> es preferible al caos, parece dominar el dictamen en las capitales de la región y Ankara no es la excepción.</p>
<p>En público, por supuesto, Erdogan movilizó tropas a la frontera, mandó a sus diplomáticos a Damasco a protestar y a pedir por moderación en oposición al “salvajismo” contra la población civil. En privado, la intervención quedó descartada por temor a despertar diablos más peligrosos que el régimen de Bashar al-Assad, por temor a enviar el mensaje equivocado al resto del mundo y quizás, antes que todo eso, por simple temor a que dicha jugada fracase.</p>
<p>Desde que llegó al poder, <b>en términos de política internacional, Erdogan está determinado a mostrar que Turquía bajo su mando, aunque afiliada a la OTAN, en rigor no la acompaña</b>. Se opuso a la intervención aliada en Irak, y lanzó una retórica que tuvo más resonancia en el mundo árabe que el discurso de El Cairo (2009) de Barack Obama. Etiquetada por los analistas como “neootomanismo”, la política de Erdogan se caracteriza a grandes rasgos por un nuevo interés en los asuntos de Medio Oriente y por una expresa divergencia con Estados Unidos, el tradicional aliado del establecimiento castrense turco. Obama tiene una buena relación personal con Erdogan y suele referirse a él como “mi amigo Recep”. Sin embargo, entre otros ejemplos, hasta hace un mes atrás Ankara no le permitía a Washington utilizar la base aérea de Incirlik, ubicada en el sureste turco, para atacar posiciones del Estado Islámico (ISIS). No es secreto que el Gobierno turco está preocupado y molesto frente al progresivo apoyo estadounidense a los militantes kurdos -a quienes clasifica como terroristas. Siendo este el caso, no sería insólito que bajo la misión de contener a la horda yihadista, Turquía apunte sus armas contra las fuerzas kurdas. <b>Aunque Erdogan vende a Turquía como si esta fuera a “</b><b>cambiar el juego</b><b>”, hasta ahora los turcos solo han llevado a cabo un ataque aéreo contra el ISIS y varios contra los bastiones kurdos en el sureste turco</b>. Los kurdos, y no los yihadistas, parecen ser la prioridad.</p>
<p>Gracias al revisionismo de sus dirigentes, Turquía ha vuelto al escenario internacional y lo ha hecho con una fórmula que -por lo menos a mi criterio- podría expresarse lacónicamente como “habla fuerte y lleva un gran garrote”. Erdogan es un hombre con un carácter afanoso y, cual líder populista, ciertamente le cuesta hablar suave. <b>Sus declaraciones potentes contra Occidente, Israel y sus advertencias contra los regentes sunitas de Medio Oriente, durante la Primavera Árabe, lo convirtieron en un campeón de las masas, y todo sin flexionar el músculo militar de su país</b>. Ahora bien, la problemática contradicción llegó cuando a Turquía le llegó la hora de golpear y se dejó estar.</p>
<p>En primer lugar, pese a declaraciones robustas contra el régimen de al-Assad, Ankara no puede arriesgarse a fracasar. Según una mirada, el ejército turco no está preparado para contender con la guerra civil siria y lo máximo que podría hacer sería establecer un cordón sanitario alrededor de la frontera siria-turca, exponiendo a los uniformados a retaliaciones. Dicha fuerza interventora, apostada en el terreno, podría ser contraproducente, y, al echar leña al fuego, volcar a los yihadistas contra la población civil turca (ya han declarado su intención de conquistar Estambul), o bien retroalimentar la insurgencia de los kurdos, siempre ávidos por conseguir su independencia.</p>
<p>En la coyuntura actual, semejante fiasco sería el fin cantado de Erdogan. Por otro lado, ya más genéricamente, Ankara no está dispuesta a antagonizar de más con Moscú. En este sentido, detrás de bambalinas, los turcos le tienen más miedo a los rusos que a los estadounidenses, quienes no amenazan con desquites. En los últimos años Turquía ha experimentado un rápido crecimiento en su demanda energética e importa de Rusia el 57 % del gas natural que necesita. En todo caso, <b>los turcos prefieren que sean los norteamericanos quienes hagan el trabajo sucio y confronten a los sirios</b>. Cuando Ankara le pide a Washington una zona de exclusión área sobre Siria, la cual ella misma no está dispuesta a impartir con sus propios medios, en rigor, independientemente de lo que diga la presa, Erdogan está actuando para conservar el estado de las cosas. No puede arriesgarse a una guerra abierta con su vecino meridional, pero tampoco puede dejar de hacer algo. Necesita minimizar el número de desplazados que llegan a Turquía (escapándose de los bombardeos de al-Assad) y necesita, en el proceso, ser consecuente con la apariencia de mandamás con la que viene vistiéndose hace una década.</p>
<p>En segundo lugar, si la aletargada acción de los turcos se explica en el miedo de estos a que los kurdos en el norte de Siria e Irak funden su propio Estado, paradójicamente, en tanto el ISIS es repelido, este escenario se vuelve más factible. A pesar de la ambivalencia que despertó el autoproclamado Califato, no existe analista que conceda que los yihadistas no presentan una amenaza contra la seguridad turca. El hecho de que el ISIS de momento tenga prioridades más dañinas para Erbil (capital del Kurdistán iraquí) o Damasco no implica que Ankara esté fuera de peligro en el largo plazo. Si bien es cierto que Turquía finalmente se unió a la coalición contra el ISIS el mes pasado, Erdogan y compañía siguen atormentados por la incertidumbre. Temen que si actúan determinadamente contra los yihadistas, terminen destrabando la guerra en favor de los kurdos, cuya autonomía el establecimiento turco está decidido a evitar a toda costa. Por todo esto, la disyuntiva del Gobierno turco consiste en cómo hablar lo suficientemente fuerte para dar credibilidad a sus amenazas, mas evitando iniciar una pelea que luego no pueda ser ganada y que le cueste el poder al AKP.</p>
<p>Por estas razones tiendo a pensar que la magra intervención que Turquía montó el último mes tiene más que ver con el plano doméstico que con el externo. El Gobierno turco no arriesgará una intervención militar propiamente dicha, esto es, enviando soldados y vehículos blindados a cruzar la frontera. Podrá haber ataques aéreos o de artillería esporádicos, quizás incluso con mayor frecuencia, pero juzgo muy poco probable que la acción turca sobrepase estos pasos.</p>
<p>En suma, Erdogan estaría arriesgándolo todo con una escalada de violencia considerable, fuera dirigida contra la yihad o contra el régimen sirio. Arriesgaría su continuidad en el poder y complicaría severamente el prospecto de que su país salga relativamente bien parado de la crisis regional. Con una intervención mal planificada y ejecutada, Erdogan tiene mucho más para perder que ganar. Si tras una intervención las cosas salen mal, el prestigio nacional, algo de lo cual los turcos son extremadamente sensibles y recelosos, recibiría un porrazo, y el AKP tendría, en tal caso, una herida difícil de tapar. Pero tampoco puede el Gobierno turco permanecer del todo inerte, especialmente si pretende reafirmarse en las próximas elecciones. En efecto, tal como han marcado varios comentaristas, en el Gobierno y en el ejército prevalece un clima de vacilación. Actuar o no actuar, esa es la cuestión y el dilema de Erdogan.</p>
<p>Quedará por verse si el AKP reúne, a partir de los resultados que arrojen las elecciones de noviembre, la mayoría necesaria para continuar gobernando sin necesidad de formar coalición. Pero para mejorar sus posibilidades, el oficialismo debe resolver el dilema de su política exterior. Erdogan necesita una victoria que pueda ser mediatizada, aunque simbólica, para justificar la ambivalencia del último año y mostrarle a su pueblo que la prudencia del sultán -como le dicen a Erdogan- dictaba la razón. En contraposición, si la apuesta sale mal, Erdogan no solo arriesga su presidencia, sino también su lugar en la historia.</p>
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		<title>La verdad incómoda acerca del Estado Islámico</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Jul 2015 03:00:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Sea por miedo o por recaudo a no estigmatizar a las comunidades musulmanas, es común que en los debates acerca del fenómeno del yihadismo suelan evadirse términos que son indispensables para comprender mejor la realidad, y que a lo sumo se los reemplace con eufemismos más en sintonía con el discurso políticamente correcto que con la búsqueda de la verdad. El signo más recurrente es la tendencia a evitar hablar de “terrorismo islámico” y, en cambio, aducir que grupos como el Estado Islámico (ISIS), Boko Haram, o Al Qaeda representan a una minoría que secuestra la religión que profesa una mayoría tolerante y pacífica. Esto es, por ejemplo, lo que hizo el presidente estadounidense Barack Obama durante <a href="http://nypost.com/2015/02/18/obama-refuses-to-acknowledge-muslim-terrorists-at-summit/">un discurso</a> algunos meses atrás. Ahora bien, ¿es esta una posición responsable ante la amenaza del extremismo religioso homicida?</p>
<p>De un modo u otro, ya sea para calmar ansiedades o para desalentar perjuicios, cuando se insiste directa o indirectamente en que los terroristas en cuestión no son musulmanes, al final de cuentas los yihadistas salen ganando y los valores democráticos salen perdiendo. Si bien desde ya es evidente que la mayoría de los musulmanes no son asesinos en potencia, existen muchísimos fieles que profesan versiones de la fe que no se correlacionan con la contemporaneidad y con la reflexión multiculturalista. Políticos, periodistas e intelectuales ponen axiomáticamente al islam en igualdad de condiciones con otras religiones, como si todos los individuos fuéramos criados con los mismos valores. El problema es que no se toman mucho tiempo para estudiar acerca de religión y política antes de emitir opinión.<span id="more-137"></span></p>
<p>En todo caso, no importa tanto lo que las fuentes religiosas tengan para decir, sino más bien cómo la gente fue interpretando tales mandatos divinos a lo largo del tiempo, en distintos lugares y contextos. Si hoy el catolicismo merece a un pontífice condescendiente como Francisco es porque la curia romana atravesó un profundo cisma, y porque transitó por siglos de conflicto con toda autoridad o doctrina que se reservara el derecho a pensar diferente.</p>
<p>Descrito a grandes rasgos, <b>si el mundo islámico experimenta tales niveles de extremismo y violencia fratricida es porque no sufrió transformaciones que a la larga se hayan plasmado en una verídica revolución racionalista</b>. En este aspecto, distinto a la experiencia de las otras dos grandes religiones monoteístas, la interpretación racional de las fuentes no echó raíces y la influencia de lo piadoso nunca logró separarse decididamente del poder político. Este trasfondo permite explicar por qué al día de hoy, en cifras de varios analistas, <b>entre un 5 % y un 10 % de los musulmanes tiene opiniones que bordan un fanatismo belicoso</b>. Esto no significa que uno de cada diez creyentes sea terrorista, mas sí que tenga una inclinación a justificar el accionar de los terroristas en nombre de Dios. Aun suponiendo que la cifra es exagerada y que solamente el 1 % de los <b>1,6 mil millones</b> de musulmanes que hay en el mundo es militante, estaríamos hablando de<b> </b>16  millones de extremistas potenciales. Sin dudas, la xenofobia es una condición real que ensucia a las sociedades occidentales, pero parecería ser que muchos autodenominados progresistas escogen ignorar que la discriminación y el prejuicio también operan en sentido contrario.</p>
<p>Existen múltiples encuestas que asientan que <b>el terrorismo islámico no será erradicado en tanto los propios musulmanes no fomenten abiertamente la reflexión hacia una fe que pueda convivir con los principios de la vida secular y la deliberación democrática</b>. Es en este sentido que minimizar el rol de las causas endógenas del terrorismo islámico es prestar un gran deservicio a todo lo que la democracia representa. Minimizar la actitud extremista de grandes contingentes de musulmanes para con su propio credo resulta irresponsable y lleva a desvirtuar nuestra percepción sobre la influencia real de la religión.</p>
<p>Para compartir algunos datos críticos, una encuesta realizada por <a href="https://www.ipsos-mori.com/newsevents/latestnews/810/How-much-does-religion-matter.aspx">Ipsos Mori en 2011</a> muestra que el 94 % de las personas que viven en países mayoritariamente musulmanes cree que la religión es una parte importante de sus vidas, contra un 66 % en países de mayoría cristiana que opina lo mismo. No obstante, puertas adentro de los países musulmanes y las comunidades islámicas dentro de Occidente existe una tendencia alarmante. Un reporte publicado por el <a href="http://www.pewforum.org/uploadedFiles/Topics/Religious_Affiliation/Muslim/worlds-muslims-religion-politics-society-full-report.pdf">Pew Research Center en 2013</a> muestra que en los países donde el islam es la religión favorecida u oficial, la mayoría de los musulmanes considera que la <i>sharia</i> -la ley islámica- debería ser la ley estatal. Entre otros, en Afganistán la cifra alcanza a un 99 % de la población, en Irak a un 91 %, en los territorios palestinos a un 89 % y en Egipto a un 74 %. Las cifras también se correlacionan en países asiáticos. En Malasia un 86 % de los musulmanes apoyaría un proyecto por islamizar la ley del Estado; en Bangladesh avalaría un 82 % y en Indonesia un 72 %. Sobre la pregunta acerca de si las cortes religiosas deberían tener poder sobre el Estado para decidir sobre disputas de familia y propiedad los resultados arrojados fueron similares.</p>
<p>Luego de estudiar por cinco años a las comunidades de inmigrantes marroquíes y turcos en Alemania, Austria, Bélgica, Francia, Holanda y Suecia, el centro <a href="http://www.wzb.eu/sites/default/files/u6/koopmans_englisch_ed.pdf">WZB de Berlín</a> concluyó en 2013 que dos tercios de los musulmanes entrevistados -o sea el 65 %- piensa que la ley religiosa es más importante que la ley estatal del país europeo en el que viven. A esto,<b> tres cuartos -el 75 %- opina que solo hay una interpretación legitima del Corán y que esta debería aplicar a todos los musulmanes por igual</b>. Luego, por poner otro dato, una encuesta realizada por <a href="http://www.vancouversun.com/life/Canadians+feel+rift+growing+between+Western+Muslim+societies/10916682/story.html?utm_source=feedburner&amp;utm_medium=feed&amp;utm_campaign=Feed%3A+canwest%2FF229+%28Vancouver+Sun+-+News%29">Leger Marketing este año</a>, que fue difundida por el <i>Vancouver Sun, </i>mostró que el 42 % de los musulmanes canadienses cree que las sociedades islámicas son irreconciliables con sus contrapartes occidentales. Estos datos podrían adelantar una respuesta a las miles de personas que se preguntan incrédulas qué explica que jóvenes musulmanes de Londres o París dejen todo atrás para pelear una salvaje “guerra santa” en el desierto a miles de kilómetros de distancia.</p>
<p>A esta altura debería quedar en claro que existe un choque cultural en el seno de las sociedades libres y que reconocer este problema no es lo mismo que islamofobia. Esta es una carta con la que frecuentemente se busca silenciar a los comentaristas -este autor incluido-, bajo argumentos cínicos que tildan toda crítica como intolerancia o aprensión ante los musulmanes. Lo cierto, sin embargo, es que los únicos que tienen la potestad de incentivar un cambio verdadero para reinventar la fe y adaptarla al siglo XXI son los líderes religiosos en el islam. Quizás el primer paso para marcar el camino hacia la introspección sea la reivindicación, por parte de creyentes, del sentido del humor en la religión, avasallantemente vedado en el mundo islámico. El humor consiste en saber reírse de las propias desgracias, y así como lo notaba Sigmund Freud, es la venganza segura que imparten los débiles sobre los poderosos. Uno puede reírse de Moisés o de Jesús, pero ¡cuidado con mofarse de Mahoma! En este simple y no obstante importante carácter del ser, el mundo islámico corre con siglos de letargo y desventaja, pues difícilmente hoy en día haya algún judío o cristiano que salga a matar porque a alguien se le ocurrió dibujar al vaticinador de sus creencias.</p>
<p>Concretamente, al denunciar islamofobia o <a href="http://federicogaon.com/la-huida-de-los-intelectuales-mi-respuesta-al-centro-islamico-de-la-republica-argentina/">campañas de difamación</a>, los líderes religiosos suelen hacer la vista gorda al problema de trasfondo, arremetiendo en cambio contra una supuesta sociedad prejuiciosa que es intolerante con quien es diferente. Como resultado, se dicen barrabasadas como que el ISIS “no es islámico” y que el terrorismo islámico es una exageración de la prensa. Una <a href="http://www.aljazeera.net/votes/pages?voteid=5270">encuesta reciente realizada por Al Jazeera</a> revela lo contrario. Esta pregunta a una audiencia árabe si apoya las victorias del ISIS en la región, a lo que un 81 % de 56.881 encuestados contestó que sí.</p>
<p>Aunque ninguna encuesta pretende ser exacta o científica, y mucho menos si se realiza en línea como aquella recién mencionada, el hecho está en que como instrumentos a nuestra disposición estas cumplen un propósito como termómetros sobre la percepción humana. Y al respecto, los elevados porcentajes que proyectan los estudios realizados por distintos encuestadores atinan en que <b>hay elevadas proporciones de musulmanes que opinan que debería haber más islam en la vida; y menos orden terrenal, menos contenido secular</b>. Llamo a este paradigma la verdad incómoda del islam. Tratarla es controversial y doloroso, pero es la única esperanza que tiene el grueso de la comunidad islámica global para poner fin al extremismo. Así como lo expresó el periodista libanés <a href="http://www.memri.org/report/en/0/0/0/0/0/0/8633.htm">Eyad Abu Shakra</a> a razón de <a href="http://www.infobae.com/2015/06/26/1737823-terrorismo-islamico-multiples-atentados-el-mundo-dejan-mas-130-muertos">la última ola de atentados</a> en Francia, Kuwait, Siria, Somalia y Túnez: “los musulmanes tienen ahora que tomar una decisión: o ignoran la amarga verdad y permiten que la enfermedad se esparza hasta que mate, o escogen reconocer su existencia mientras que se preparan a enfrentarla”.</p>
<p>Esto es precisamente lo que argumentaba <a href="http://opinion.infobae.com/andres-cisneros/2015/06/29/la-naturalizacion-de-la-barbarie-terrorista/">Andrés Cisneros</a> en su columna del 29 de junio. En suma, como lo expresa el politólogo: “la única manera de acabar con los fanáticos de cualquier naturaleza es que los propios fieles de la religión que ellos invocan cesen de mirar para otro lado”. Es a este tipo de fieles, a estos valientes agentes de cambio y no a los cínicos que explican al ISIS en las desaventuras de Estados Unidos y la economía mundial capitalista, a quienes debemos apoyar y dar legitimidad. Tampoco ayudan los líderes que para quedar bien con sus audiencias musulmanas expresan que los yihadistas no representan al islam. <b>La yihad no será uno de los cinco pilares del islam, pero de no combatirla, los musulmanes ponen en riesgo que esta pase a dilucidarse en la práctica como el sexto pilar para miles de creyentes alrededor del globo</b>. No se la combate ignorándola o disminuyéndola como aislámica. Empero, se la derrotará reconociéndola como el bagaje de una tradición islámica ahistórica con el presente.</p>
<p>Al cumplirse un año desde la puesta en escena del ISIS, el corriente mes en que se conmemora el ramadán brinda la perfecta oportunidad para reflexionar sobre el futuro que los musulmanes heredarán si no comienzan a tomar un rol activo para imbuir a su religión con una esencia verídicamente pluralista, renunciando a la búsqueda por impartir materialmente la <i>sharia</i>, y abrazando la separación entre lo piadoso y lo secular. Esta es la difícil lección que Occidente aprendió tras un tortuoso y sangriento devenir, y los expertos (tanto musulmanes como no musulmanes) coinciden en que, teológicamente hablando, no existe nada en el islam que lo inhiba para siempre de la democracia. Como lo notaran grandes pensadores islámicos como Muhammad ‘Abduh y Ali Abd al Raziq a principios del siglo pasado, no hay razón para suponer que el islam no tenga el potencial de adaptarse a las circunstancias y que los musulmanes no puedan integrarse plenamente a la sociedad global.</p>
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		<title>La yihad no termina con una paz entre israelíes y palestinos</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Mar 2015 10:17:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Existe una opinión muy difundida alrededor del globo que consiste en señalar que si el conflicto israelí-palestino terminara mañana, el <i>leitmotiv</i> de la yihad, la guerra santa contra “los pérfidos judíos”, siempre presente en el islam radical, perdería su tono para eventualmente convertirse en un susurro. Esta creencia supone que si los israelíes y palestinos firman la paz, tanto árabes como musulmanes en general no tardarán en verse forzados, dadas las circunstancias, a resignarse a convivir con un Estado judío como vecino. No obstante, si bien esta hipótesis se justifica con algunos argumentos, <strong>vistas las cosas en perspectiva, la misma resulta poco realista – y hasta algo ilusoria también.</strong></p>
<p>Recientemente el rey <a href="http://www.timesofisrael.com/jordan-king-palestinian-peace-deal-needed-to-defeat-is/">Abdalá II de Jordania suscribió en público a esta idea</a>. El monarca hachemita se dirigió al parlamento europeo, y advirtió que el conflicto entre israelíes y palestinos sirve como un grito de guerra para los yihadistas. Si bien admitió que la lucha contra el extremismo es una tarea que pesa sobre las naciones musulmanas, al final aseveró que el problema de raíz yacía en el fracaso de la comunidad internacional para defender los derechos palestinos. “Este fracaso – dijo – envía un mensaje peligroso”.</p>
<p>Abdalá no es la primera ni será la última personalidad en dar cabida a esta noción. No hace falta ser un experto para percatarse que “<a href="http://hatzadhasheni.com/escritor-kurdo-iraqui-dejen-de-llamar-a-los-judios-los-descendientes-de-monos-y-cerdos/">judíos descendientes de cerdos y monos</a>” y otros clichés del antisemitismo clásico son piezas inamovibles de la retórica de quienes apelan a la guerra santa islámica como vehículo hacia la rectitud y corrección de todos los males. <strong>En defensa de la hipótesis, tiene sentido contar con que una vez erguido un Estado palestino, viviendo en paz con Israel, los yihadistas e islamistas de corte belicista pierdan legitimidad a la hora de levantar el espíritu de las masas</strong>. Este feliz escenario se vería potenciado por el hecho de que bajo los auspicios de Arabia Saudita, la Liga Árabe le ofreció a Israel en 2002 el pleno reconocimiento diplomático de sus miembros (menos Siria), siempre y cuando este acordara una solución definitiva al problema palestino. El impacto sería trascendental. Alcanzada una paz avalada por los países árabes, los yihadistas, al menos en teoría, verían su legitimidad disminuida, y pasarían a representar la posición errática de grupos transnacionales, y no así aquella de los Estados musulmanes propiamente establecidos.</p>
<p>Sin embargo, esta línea de análisis presenta un problema elemental. Pone todo el peso por el fracaso de las negociaciones sobre Israel, perdiendo de vista que la primicia del conflicto no es enteramente territorial, pues también es religiosa; especialmente desde el punto de vista del yihadista convencional. Gracias a la irrupción en escena del Estado Islámico (ISIS), esta realidad nunca estuvo tan manifiesta como ahora. Si hay algo que los yihadistas en Mesopotamia demuestran es que Israel, independientemente de cuanta saliva sea gastada para despotricar en su contra, no es la única fuente que incita al terrorismo islámico. Lejos de eso, <strong>la guerra del ISIS y sus grupos afiliados se libra <a href="http://www.infobae.com/2015/01/09/1620040-la-prohibicion-la-representacion-mahoma-una-guerra-contra-la-cultura-misma">contra la cultura misma</a>, contra el legado de la Antigüedad, contra los ritos y costumbres locales, contra quienes no tienen la suficiente virtud religiosa, y contra quienes abrazan las formas modernas y reniegan del dogma.</strong></p>
<p>Comparando el islamismo en sus ramas más extremas con los totalitarismos del siglo pasado, varios autores emplearon, no sin controversia, neologismos como “islamofacismo” o “islamoleninismo” para ponderar las similitudes entre todas estas fórmulas. La comparación se basa en la identificación de una mentalidad semejante, que se opone a lo “mecánico y artificial” de la sociedad industrial, clasista y liberal, para elevar el ideal de un sociedad “orgánica”, romántica, unida por el pasado, y apegada a una causa nacional – o en este caso religiosa. Identificando dicho patrón común, Ian Buruma y Avishai Margalit hablan de “<a href="http://www.casadellibro.com/libro-occidentalismo-breve-historia-del-sentimiento-antioccidental/9788483076880/1042158">occidentalismo</a>”, lo que en esencia es el sentimiento antioccidental. Así como lo marcan los autores, el occidentalismo religioso tiene un agravante en relación a otros proyectos totalitarios, y es que “tiende a proyectarse, mucho más que cualquiera de sus variantes seculares, en términos maniqueos, como una guerra santa que se libra contra la idea de un mal absoluto”.</p>
<p>Lo importante a destacar aquí es que para el antioccidental los problemas suelen comenzar con los judíos, pero nunca terminan con ellos. Al caso, el nazismo veía a los judíos tanto como representantes del capitalismo como del comunismo, pero además de plantear su destrucción física, la locura hitleriana emprendía una campaña que englobaba la destrucción inexorable de tales sistemas. En tanto estos existieran, siempre habría judíos envueltos en tinieblas confabulando contra el Reich. <strong>Dejando de lado las distancias, con el extremismo islámico sucede algo muy similar.</strong></p>
<p>Todo quien haya visitado Israel se percatará que el país constituye un apéndice de Occidente en Medio Oriente. Con una economía de mercado pujante, un sistema democrático y liberal, el contraste con sus vecinos árabes es tajante. Siendo estas sus características, para un yihadista Israel no solo es una calamidad de la peor índole por ser una entidad soberana judía, sino que además el país representa todos los valores que este se ha cometido a destruir. <strong>Para el islamista, Israel, además de ser un Estado que ha usurpado tierra islámica, es de lo más abyecto porque corrompe a los musulmanes con los supuestos valores frívolos y artificiales de la sociedad moderna, apegados con Occidente.</strong></p>
<p>Dar por entendido que el fenómeno del yihadismo dejará de existir luego de que israelíes y palestinos convengan una solución pacífica a sus disputas suena razonable, siempre y cuando se crea que la matriz del conflicto es territorial. Existen por supuesto controversias de esta índole, y que de acuerdo a lo pautado históricamente con mediación estadounidense, esperan ser resueltas mediante intercambios de tierras, a modo de acomodar a las partes involucradas. Pero eso no es todo, porque el conflicto esconde una importante faceta religiosa, ciertamente más intangible y difícil de apreciar que la cuestión territorial, mas no por eso menos importante. En este sentido, la tan ansiada paz para unos se convierte en la tan odiada traición para otros.</p>
<p><strong>El yihadismo no finalizará con una paz entre israelíes y palestinos.</strong> Quienes por el lado palestino hayan cedido al compromiso se convertirán inmediatamente en blancos antes que los propios israelíes. Análogamente, Estados Unidos y Europa no estarán más seguros frente al terrorismo islámico, porque al final de cuentas la campaña de los yihadistas va conducida contra Occidente en su conjunto, sin importar lo que este haga o deje de hacer. Siempre hay que tener presente que en sus fantasías utópicas, el ISIS busca impartir un califato a escala global, y no se contentará con retener soberanía en Medio Oriente.</p>
<p>Los yihadistas no serán apaciguados una vez solucionado el conflicto israelí-palestino. A estas alturas ha quedo en claro que las primeras víctimas del extremismo religioso son los propios musulmanes, y luego, sin falta, los occidentales.</p>
<p>Así como lo dijo el rey jordano, la lucha contra el extremismo debe pesar sobre las naciones musulmanas. Sin embargo, <strong>poner a Israel como condicionante o catalizador de la insurgencia islámica, además de no ser preciso, resulta malicioso en aras de comprender la verdad.</strong> Es desconocer el odio a todo Occidente, a sus valores y libertades, inherente en la mentalidad fundamentalista islámica.</p>
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		<title>ISIS dejará de existir, pero no será el fin del fanatismo islámico</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Oct 2014 11:38:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En la columna de Iván Petrella publicada en este medio el 8 de octubre, el académico y legislador porteño afirma que los primeros en condenar el accionar del ISIS (Estado Islámico) son los exponentes del islam. Tal como presenta Petrella, la deslegitimación que pesa sobre el ISIS deriva de la durísima oposición de importantes referentes... <a href="http://opinion.infobae.com/federico-gaon/2014/10/27/isis-dejara-de-existir-pero-no-sera-el-fin-del-fanatismo-islamico/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://opinion.infobae.com/ivan-petrella/2014/10/08/isis-el-islam-es-la-solucion/">En la columna de Iván Petrella</a> publicada en este medio el 8 de octubre, el académico y legislador porteño afirma que los primeros en condenar el accionar del ISIS (Estado Islámico) son los exponentes del islam. Tal como presenta Petrella, la deslegitimación que pesa sobre el ISIS deriva de la durísima oposición de importantes referentes musulmanes, y de miles de creyentes alrededor del globo, quienes hacen escuchar su voz a través de las redes sociales. El autor correctamente argumenta que no hay que confundir a una minoría con la totalidad de la población musulmana. Sin embargo, hay ciertas cuestiones que considero conveniente debatir.</p>
<p>Antes que nada, tomando como punto de partida las manifestaciones musulmanas contra el ISIS que se citan en su artículo, <strong>Petrella sugiere que el conflicto no representa un enfrentamiento entre el Islam y Occidente, sino que en cambio es un conflicto entre una mayoría pacífica y una minoría violenta dentro del credo musulmán.</strong> Coincido con Petrella en esto último, pero difiero en lo primero. Si bien es cierto que la dicotomía Islam-Occidente es servicial a los intereses de los yihadistas, no por ello deja de ser verídica. Al analizar la historia, uno puede encontrarse que por regla general, los extremistas políticos y religiosos de toda rama y procedencia han optado por desquitarse primero con la oposición doméstica y luego con la externa.</p>
<p>En el caso del mundo islámico, el polo extremista del movimiento religioso revivalista siempre buscó imponer la purificación del creyente por la fuerza. Si uno no se purificaba bajo los rígidos parámetros ultraconservadores, entonces se era tan pagano o infiel como un no creyente, por más consideración que uno podía tenerse a sí mismo como musulmán devoto. En este aspecto, la purgación casera de los individuos descarriados siempre fue considerada un paso previo y necesario, por lo menos en términos discursivos, a la dominación mundial. La prueba está en que desde las primeras conquistas wahabitas en Arabia en el siglo XVIII, pasando por el Emirato Islámico de Afganistán en 1996, y la actual conformación del autoproclamado califato sirio-iraquí, los yihadistas han buscado fijar que los musulmanes que no se ajustan a una tradición dogmática no son musulmanes.</p>
<p>En términos abarcativos, este argumento es habitual en todas las corrientes totalitarias.<strong> Consiste en señalar que aquellos individuos que se han autoconvencido de ser algo que no son, terminan siendo más peligrosos que aquellos que reniegan abiertamente de la fe, la ideología, o el partido, por la mera razón de que propagan el mal ejemplo entre sus pares. El ISIS ejemplifica esta minoría totalitarista.</strong> Pero aunque existe una tendencia común entre los totalitarismos a aniquilar a los opositores internos, esto no minimiza el hecho que estos movimientos frecuentemente buscan antagonizar con terceros, no solamente por una cuestión de labia política, sino por un cuerpo de creencias enmarcado en una ideología bien establecida.</p>
<p>No debería sorprender que diversos comentaristas hablen de “islamofascismo” o incluso de “islamoleninismo”, lo que suena a oxímoron, para asemejar al islam político, es decir, al islam ideologizado, con los grandes totalitarismos del siglo pasado. Para ser claros, no es el islam <em>per se</em> como religión el que está enfrentado con Occidente, pero sí son sus formas politizadas, que en distintos tonos, más o menos extremistas, en definitiva persiguen la consecución de un Estado puritano, estrictamente basado en la práctica religiosa. <strong>Para los islamistas de toda denominación, el Estado no es un fin en sí mismo, sino un medio para llegar a un fin.</strong></p>
<p>Basándonos en la columna de Petrella, analizar al ISIS puede convertirse en un ejercicio propio de la paradoja del vaso medio lleno o medio vacío. Para mi experimentado colega, el vaso está medio lleno porque hay indicios positivos de que los propios musulmanes están tomando cartas en el asunto; de que quieren defenestrar la inelástica, anticuada y violenta visión del islam que profesan los extremistas. En contraste, para mí el vaso está medio vacío. Aunque Petrella está en lo correcto en sostener que el islam debe ser parte de la solución, el islam que él cita no es exactamente un ejemplo de progresismo.</p>
<p>Ha habido protestas encabezadas por musulmanes contra las atrocidades del ISIS, pero no de forma multitudinaria, no de forma constante, y no así contra la noción de “yihad armada”. Por otro lado, decenas de miles de musulmanes de todo el mundo se movilizaron para condenar la incursión militar de Israel en Gaza entre julio y agosto de este año, y sin embargo, en términos relativos, los manifestantes prestaron poca atención a lo que venía sucediéndose en Siria y en Irak. Mientras que la guerra en Gaza se llevó la vida de alrededor de 2.000 palestinos, en Siria, según las últimas cifras, la guerra civil viene sumando la cantidad de 170.000 muertos, un tercio de ellos civiles. <strong>En cuanto al ISIS, según cifras de Naciones Unidas, hasta comienzos de septiembre, los yihadistas habrían matado ya cerca de 9.400 civiles.</strong></p>
<p>Dicho esto, vale preguntarse con un espíritu crítico, ¿por qué no vemos tantas manifestaciones cuando los musulmanes matan musulmanes, y no obstante cientos de ellas cuando los judíos (israelíes), o los cristianos (norteamericanos) matan musulmanes?</p>
<p>Petrella destaca como positivo que varios países árabes hayan integrado la coalición contra el ISIS. Ahora bien, esta medida no se debe a una cuestión de discrepancia religiosa o rectitud moral, sino a la percepción estratégica de un peligro común, que amenaza, entre otras cosas, la posición de las monarquías en la región. Salvando las distancias, así como en los últimos años del siglo XVIII las casas reales europeas se aliaron contra la Francia revolucionaria (para contener la expansión de sus ideales radicales al orden imperante), hoy son los reales regentes conservadores del mundo árabe quienes han decidido romper la revolución yihadista para evitar que sus cabezas se exhiban en la plaza pública. Notoriamente al caso, <strong>si Arabia Saudita ha decidido enfrentarse al ISIS, es porque entendió que a razón de la Primavera Árabe, seguir financiando a los grupos islamistas para promover la versión religiosa ortodoxa que prima en dicho Estado se convirtió en algo contraproducente, algo que podía poner en jaque la supervivencia del régimen.</strong> Por eso, tal como lo ha notado un analista, “controlar el discurso religioso se ha convertido en un requisito de seguridad y en una necesidad social, antes que en un redundante llamado a la reforma”.</p>
<p>El hecho de que prominentes clérigos musulmanes hayan decretado al ISIS como un ente ilegitimo es claramente una buena noticia, pero debemos tener sumo cuidado antes de catalogar a estas figuras como “moderados” –un error que a mi juicio los medios repiten bastante seguido. Petrella cita por ejemplo al prestigioso jeque Abdallah bin Bayyah. Como dato de color, es curioso notar que hasta no mucho tiempo atrás, el órgano del cual el jurista era vicepresidente, la Unión Internacional de Juristas Musulmanes (IUMS por sus siglas en inglés), dictaba que la resistencia armada contra los israelíes en Palestina y los norteamericanos en Irak era un deber religioso. Bin Bayyah se distanció de esta esta línea y ha renunciado a su cargo en dicho organismo el año pasado, pero sospecho que esto se debería más a presiones sauditas que a un pleno cambio de corazón. Hoy en día apoyar a un grupo islamista, o peor aún, a un grupo yihadista, se ha vuelto políticamente incorrecto a los ojos de los regímenes árabes, por la razón discutida recién.</p>
<p>Otro clérigo de renombre internacional como lo es Yusuf al-Qaradawi, presidente del IUMS, se mantiene un fiel allegado a los brazos de la Hermandad Musulmana que proliferan en la región. Qaradawi también se expresó en contra del ISIS, mas eso no quita que sea un extremista en potencia, si es que no lo es ya, a punto tal que Estados Unidos le prohíbe el ingreso al país.</p>
<p><strong>¿Es entonces el mundo islámico la solución al fenómeno del ISIS? Afirmar prestamente que sí es una concesión al discurso políticamente correcto que manda en las sociedades libres y pluralistas como la nuestra. En efecto debería serlo, pero en el terreno, salvando algunos casos puntuales, no parece ser así.</strong> Pese a su excepcionalísimo, creo que en muchos sentidos el ISIS es solamente la punta de un iceberg. Si existe una tendencia destructiva entre los musulmanes, esa sería la severa aplicación de la tradición religiosa en las sociedades modernas. Sin ser ellos los enemigos declarados de Occidente, esto se ve reflejado en la estricta aplicación de la ley islámica en los países del Golfo, y luego, en las plataformas islamistas que proliferan desde Libia hasta Siria, o de India hasta Indonesia.</p>
<p>El ISIS posiblemente dejará de existir eventualmente, pero su destrucción no signará el final del fanatismo religioso islámico, en tanto las comunidades musulmanas, sobre todo aquellas fuera de Occidente, no se expresen con suficiente vigor en contra de la politización de la religión, sea para el fin que sea, pero especialmente para justificar luchas armadas. Cuando la religión haya medidamente pasado a un segundo plano en la esfera cotidiana, entonces a mi criterio podrá descartarse a lo religioso como un catalizador de violencia y conflicto en Medio Oriente.</p>
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