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	<title>Federico Gaon &#187; Rusia</title>
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		<title>¿Por qué Rusia retira el grueso de sus fuerzas de Siria?</title>
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		<pubDate>Sat, 19 Mar 2016 10:40:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El presidente ruso, Vladimir Putin, ordenó la retirada del grueso de las fuerzas rusas apostadas en Siria. La decisión se produce casi siete meses después de que los contingentes rusos entraran en la refriega siria, en principio para socorrer al régimen de Bashar al Assad. Con este anuncio, lo cabal es que Moscú apuesta por... <a href="http://opinion.infobae.com/federico-gaon/2016/03/19/por-que-rusia-retira-el-grueso-de-sus-fuerzas-de-siria/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El presidente ruso, Vladimir Putin, <a href="http://www.infobae.com/2016/03/14/1797071-vladimir-putin-ordeno-la-retirada-sus-tropas-siria">ordenó la retirada del grueso de las fuerzas rusas</a> apostadas en Siria. La decisión se produce casi siete meses después de que los contingentes rusos entraran en la refriega siria, en principio para socorrer al régimen de Bashar al Assad. Con este anuncio, lo cabal es que Moscú apuesta por bajar las tensiones que de momento venían recrudeciendo día a día, especialmente con Arabia Saudita y con Turquía.</p>
<p>La retirada rusa, que cabe aclarar que no es completa, responde al pragmatismo del Kremlin. En primera instancia, este evidentemente ha logrado preservar al régimen alauita en el poder. Como consecuencia, esto implica que los rusos conservan a su aliado, como así también su única salida estratégica al Mediterráneo, la base naval de Tartus. Desde una perspectiva más amplia, aunque es muy temprano para confirmarlo,<b> la retirada de las fuerzas rusas delinearía las nuevas fronteras <i>de facto</i> de una Siria fragmentada.<span id="more-271"></span> </b></p>
<p>Hace una semana, <a href="http://federicogaon.com/fundamentos-contra-una-escalada-militar-en-siria/">por medio de una columna</a>, discutía que existían fundamentos para suponer que las tensiones entre Rusia, por un lado, y Arabia Saudita y Turquía, por el otro, no estallarían en una guerra abierta. Si bien reconocía que un escenario bélico de grandes proporciones era posible, y en teoría aún lo es, argumentaba que ningún actor tenía algo que ganar con un enfrentamiento directo. Obligados a tomar posición en el conflicto sectario que sacude a Medio Oriente, sucede que los sauditas, los turcos y una coalición de países sunitas están vehemente opuestos a que Irán preserve su influencia en Siria, lo que equivale a que Assad permanezca como mandamás en Damasco. Los actores sunitas entienden que el conflicto sirio no será solucionado en tanto no haya un cambio de régimen, y su oposición al clan Assad estriba en los múltiples intereses en juego. Entre otras razones, la proximidad geográfica de las áreas calientes con las zonas fronterizas y las sensibilidades religiosas encontradas, que echan leña al fuego del extremismo antisistémico como es el yihadismo, obligan a las partes enfrentadas a Irán a plantear su oposición.</p>
<p>Además de la retórica religiosa que pueda ser empleada, en los niveles de la alta política, la principal preocupación de los turcos está representada por la pérdida de influencia a nivel regional, lo que incluye el cercamiento de Turquía por parte de Rusia (que tiene presencia militar en Crimea y en la costa siria), y el riesgo de que los kurdos consoliden una entidad soberana a lo largo de la frontera sur con Siria. Si esto último llegara a ocurrir, el riesgo de que sucedan disturbios importantes entre la población turca de origen kurdo sería considerable, sobre todo si se tienen presentes los antecedentes políticos, y terroristas, existentes dentro de este grupo étnico.</p>
<p>En el caso de las monarquías árabes del Golfo, la realidad de una Siria fragmentada esquematiza una amenaza tajante al <i>statu quo</i>. Puesto sucintamente, la lógica es la siguiente: si las fronteras sirias (e iraquíes) han quedado desbaratadas en todo menos en nombre, ¿qué impide que el devenir histórico se torne en contra del multimillonario establecimiento monárquico que prevalece en la región?</p>
<p>En efecto, luego de que las placas tectónicas de la política de Medio Oriente se desplazaran, como resultado de todos los eventos desatados con la llamada Primavera Árabe, para algunos parecía que la era Sykes-Picot había llegado a su fin. Esta observación, contrastable en Siria y en Irak, apunta a que <strong>los trazados fronterizos característicos de la región, delineados por Francia y Gran Bretaña durante y luego de la Primera Guerra Mundial, no han probado ser lo suficientemente duraderos como para sostener más de un siglo de permanencia.</strong></p>
<p>En todo caso, lo cierto es que las monarquías en cuestión temen por su supervivencia, y en la medida en que observan que Estados Unidos se retira de Medio Oriente, encuentran en Irán y en el Gobierno sirio una amenaza perniciosamente desestabilizadora.</p>
<p><a href="http://opinion.infobae.com/federico-gaon/files/2016/03/gaon-1.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-274" alt="gaon 1" src="http://opinion.infobae.com/federico-gaon/files/2016/03/gaon-1.jpg" width="496" height="360" /></a></p>
<p>Habiendo dicho esto, los destacamentos rusos en Siria figuraban como una llaga que entorpecía los esfuerzos combinados de los Estados sunitas. En otras palabras, su mera presencia ponía en riesgo un enfrentamiento con un enemigo digno de ser temido, en circunstancias que, tal <a href="http://federicogaon.com/turquia-y-el-caza-ruso-derribado/">como lo mostró el incidente con el caza ruso derribado por los turcos</a>, podrían subir de tono muy rápidamente. Cabe afirmar, en parte por esta misma razón, que, tras el anuncio de la retirada rusa, Putin espera bajar las tensiones. Rusia ya tiene demasiadas presiones financieras y encargos en materia de defensa para comprometerse a una misión militar permanente y de semejante operatividad logística como la desplegada en Siria.</p>
<p>A esto se refiere Putin cuando sostiene que es tiempo de concentrarse en las conversaciones de paz. El hombre fuerte de Rusia ha creado indubitablemente las condiciones para que la continuada existencia del régimen de Assad sea una realidad asentada en el terreno. Con esto, Putin en simultáneo proyecta fuerza que puede canjear, en términos de influencia, tanto en casa como en el extranjero, particularmente en las subsiguientes negociaciones sobre Siria y sobre Ucrania.</p>
<p>Por otro lado, <b>aunque a estas alturas sería iluso dar por completamente terminada la presencia rusa en Siria, la retirada puede ser interpretada como un mensaje hacia Assad y compañía. Con las presentes medidas, Moscú le dice a Damasco que no se comprometerá a continuar la reconquista del territorio sirio perdido</b>. En consecuencia, Rusia le dice al mundo que está dispuesta a buscar el consenso en función de velar por la estabilidad regional que tanto preocupa a todas las partes. Con la zona aledaña al Mediterráneo asegurada en manos de Assad, de momento los rusos verían sus intereses en materia de seguridad satisfechos. No obstante, esto no quita la amenaza permanente que suponen los elementos yihadistas rusos, especialmente en la vulnerable región del Cáucaso septentrional (norte), de donde provienen algunos miembros del Estado Islámico (ISIS).</p>
<p><a href="http://opinion.infobae.com/federico-gaon/files/2016/03/gaon-2.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-275" alt="gaon 2" src="http://opinion.infobae.com/federico-gaon/files/2016/03/gaon-2.jpg" width="489" height="347" /></a></p>
<p>Por lo pronto, quedará por verse cómo quedan trazadas las fronteras en el plano real. La nueva realidad en el terreno, en continuo desarrollo, podría sobrevenir en un Estado alauita, gobernado por el clan Assad; otro sunita, incluyendo las áreas dominadas por el ISIS en Siria y en Irak; otro chiíta, comandado desde Bagdad por la mayoría chiíta al sur de Irak; y finalmente, otro kurdo, regido desde Erbil por una autoridad que ambiciona la autodeterminación.</p>
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		<title>¿Cuánto durará la tregua en Siria?</title>
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		<pubDate>Mon, 07 Mar 2016 09:56:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Reunidas en Múnich, el mes pasado, las potencias acordaron un cese al fuego en Siria. Se trata de una tregua, de duración incierta, articulada con el fin de que la tan necesitada ayuda humanitaria pueda llegar a las zonas calientes más afectadas por la guerra. No contempla el cese de hostilidades contra el Estado Islámico... <a href="http://opinion.infobae.com/federico-gaon/2016/03/07/cuanto-durara-la-tregua-en-siria/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Reunidas en Múnich, el mes pasado, las potencias acordaron un cese al fuego en Siria. Se trata de una tregua, de duración incierta, articulada con el fin de que la tan necesitada ayuda humanitaria pueda llegar a las zonas calientes más afectadas por la guerra. No contempla el cese de hostilidades contra el Estado Islámico (ISIS), ni tampoco define pasos a seguir a futuro. Esto significa que no intenta encaminar a los actores involucrados a una verdadera negociación para resolver sus diferencias.</p>
<p>Siendo este el caso, los analistas han tratado la noticia de la tregua con cautela y escepticismo. Desde el punto de vista humanitario, visto en el corto plazo, el cese al fuego, aunque imperfecto, ciertamente es mejor que nada. Desde otro lugar, pensando en un plazo más amplio, <b>si se mantiene el cese al fuego, este será aprovechado por los actores regionales para reacomodar sus fichas en el tablero, en disposición para futuras ofensivas.</b> En efecto, hay indicios de que el escenario bélico sobre el Levante podría densificarse drásticamente en los próximos meses y que, llegado el caso, la violencia podría escalar hasta lograr un alcance virtualmente global.<b> Siria es solamente el escenario más visible de una guerra más extensa por el dominio geopolítico de Medio Oriente.<span id="more-259"></span></b></p>
<p>Un dato curioso que ha pasado desapercibido por los medios, pero que revela la naturaleza frágil del acuerdo es el hecho de que Estados Unidos se refiera a la tregua con una palabra equivalente en árabe, <i>hudna</i>. En un comunicado del Departamento de Estado, se pide a los sirios que reporten a Washington cualquier violación de esta <i>hudna</i>. El uso y el énfasis de esta palabra responden a su connotación religiosa. El término se remonta a un tratado entre Mahoma y la tribu de Quraysh, en el año 628, por el cual no habría hostilidades durante diez años. La tregua, no obstante, se rompió dos años después, para cuando el profeta se encontraba militarmente aventajado. Mahoma aprovechó un incidente menor para decretar la respuesta más enérgica y vencer por medio de la fuerza. Esta es por lo menos la interpretación de los sectores islámicos más duros y, por esta razón, hablar de <i>hudna</i> esconde una ambivalencia entre política y religión.</p>
<p>Para quienes se sienten obligados a combatir en una guerra santa, la tregua es una táctica pragmática que, basada en el ejemplo del profeta, sirve para que los musulmanes agrupen sus fuerzas en paz cuando la guerra se vuelve la opción desfavorable. Desde la óptica yihadista, la <i>hudna</i> es necesariamente temporal y debe ser rota cuando las circunstancias favorezcan la guerra. Paralelamente, en el lenguaje secular, <i>hudna</i> denota el cese de hostilidades, pero no implica el fin del conflicto. Al emplear deliberadamente dicha palabra, lo que Estados Unidos dice es que no aceptará el statu quo en el terreno.</p>
<p>Lo cierto es que esta tregua no llega como un triunfo de la diplomacia estadounidense, sino más bien lo contrario. Signa el fracaso de la administración Obama por contener la escalada de violencia en tal perturbada mas estratégica parte del globo. Antes que recuperar influencia perdida, con esta medida Estados Unidos se presenta impotente una vez más; muestra que se está retirando de Medio Oriente.</p>
<p>En general, a partir de la llamada Primavera Árabe, cuando Barack Obama le soltó la mano a Hosni Mubarak (para luego apoyar a Mohamed Morsi), Washington se ha distanciado de los intereses de sus aliados tradicionales. Puesto por Bernard Lewis, la percepción entre los jerarcas árabes es: “Estados Unidos es un amigo poco fiable y un enemigo inofensivo”. A esto, el pacto nuclear con Irán representa el contrasentido máximo, considerando especialmente el resquemor que está causando entre todos los actores sunitas lindantes.</p>
<p>Este panorama pregona un rol más activo por parte de Irán y Rusia.<b> Sin una verdadera doctrina Obama en lo que respecta al conflicto fratricida de Medio Oriente, las condiciones favorecen la expansión de actores previamente constreñidos por el músculo estadounidense.</b> Para Obama, el eje de las cuestiones estratégicas futuras estará en Asia y en el trato específico con China. Con Estados Unidos alcanzando la independencia energética, algunos analistas prevén que el petróleo del Golfo perderá importancia estratégica en las próximas décadas. Otros sugieren, sea por razones pragmáticas o morales, que Estados Unidos debe replantearse sus compromisos militares para con los regímenes árabes en la región.</p>
<p>Anticipando esta retirada, lo concreto es que los jugadores están preparándose para una contienda duradera. Mientras se involucraba en las negociaciones, Rusia alteró decididamente los hechos a su favor al colaborar en el asedio de Alepo. Gracias a ello, al día de la fecha el régimen de Bashar al Assad está mejor posicionado para resistir el embate de los grupos opositores. Con la asistencia de Moscú, Damasco está cercando a las fuerzas rebeldes, lo que supone una ruptura del estancamiento que hasta ahora había prevalecido en el noroeste del país.</p>
<p>Pese a que el cese al fuego ya es efectivo, el ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, anunció que su país continuaría los ataques aéreos contra aquellos que considera terroristas, “con una ideología y rutina incompatible con los principios de la civilización humana”. Por descontado, lo que Lavrov sugiere es que <b>Rusia se reserva el derecho a lanzar ofensivas contra quienes perciba (de un modo u otro) como subversivos al orden gubernamental –sean yihadistas o no.</b></p>
<p>Está claro que, si se respeta el cese al fuego, eventualmente se establecerán fronteras de facto que en la práctica darían cierta legitimación al Estado Islámico y al frente al-Nusra. Assad, en otras palabras, tendría que contentarse con compartir el poder con grupos sunitas insurgentes. Además de que esta convivencia sería inviable, desde el punto de vista castrense es innecesaria. En Medio Oriente los palos hablan mucho más fuerte que las zanahorias, y con la balanza volcada a su favor, no hay razón para suponer que Assad y sus aliados se abstendrán de seguir presionando hasta donde les sea viablemente posible.</p>
<p>La prioridad está en aislar a los rebeldes y en ganar control sobre el borde con Turquía, desde donde se infiltran los elementos insurrectos. El tramo clave es el llamado corredor de Azaz, una de las principales líneas de abastecimiento que conecta, en menos de ochenta kilómetros, a los insurgentes asentados en torno a Alepo con la frontera turca. Para alcanzar dicho objetivo, Vladimir Putin ha conciliado los intereses del régimen sirio con los insurgentes kurdos del Partido de la Unión Democrática (PYD). Los rusos están buscando alejar a los kurdos sirios del paraguas de Estados Unidos, entregándoles armas y asistiéndolos en el bombardeo de bastiones islamistas.</p>
<p>En este sentido, Putin está aprovechándose de la ambivalencia norteamericana para con las aspiraciones del PYD. Aunque Washington ve a la milicia kurda como una fuerza confiable y efectiva, apoyarla conlleva el rencor de las autoridades turcas, que temen la creación de un Kurdistán independiente en su frontera, entre el Mediterráneo y Erbil (en Irak). Para que la pesadilla turca se vuelva realidad, además de apoderarse del corredor de Azaz, los kurdos deberían tomar el control del resto de la zona fronteriza (actualmente en control del ISIS) hasta Yarabulus (en las cercanías de Kobane). Conocido por el nombre de esta ciudad, este tramo tiene 96 kilómetros de largo y representa la otra frontera permeable que le permite al ISIS aprovisionarse.</p>
<p>Se da por sentado que este cálculo estratégico ha llevado a los turcos a coquetear en secreto con el autoproclamado califato. A lo sumo, es evidente que ante la opción de bombardear a los yihadistas o a los kurdos, Turquía prefiere eliminar a los segundos. Por esto mismo, Ankara amenazó con que no permitiría que los kurdos ocuparan el territorio fronterizo. El primer ministro, Ahmet Davutoglu, prometió la “reacción más dura” si este escenario llegara a volverse una realidad. Al mismo tiempo, imitando a Lavrov, el portavoz del Ministerio de Exteriores turco, Tanju Bilgic, afirmó que su país no buscaría el permiso de nadie para combatir a “cualquier organización terrorista”.</p>
<p>Vista así la cosa, podría decirse que esta <i>hudna</i>, además de que llega en un momento favorable para Assad, viene a intentar limitar una escalada que podría alcanzar proporciones peligrosísimas. <a href="http://federicogaon.com/turquia-y-el-caza-ruso-derribado/">La tensión entre Turquía y Rusia</a> viene acumulándose desde que el primero derribara en noviembre un caza de combate del segundo. Por ello, <b>sólo hace falta que una potencia cometa una “trasgresión” que ofenda gravemente a la otra para que la tregua quede sin efecto</b>.</p>
<p>Si Turquía fuera a movilizar tropas a Siria —tanto como acción preventiva o como reacción a los movimientos de otros actores—, es muy posible que sucedan escaramuzas, con el detonante agravado de una guerra entre Turquía y Rusia. En tal caso, la violencia podría extenderse a Transcaucasia, donde las tensiones entre Armenia y Azerbaiyán (especialmente en torno a la región disputada de Nagorno Karabaj) son feroces. Mientras que Rusia es partidaria de los armenios, los turcos se identifican étnicamente con los azeríes. Considerando que Turquía es parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, no sería insensato indicar que semejante conflagración, de escalar sin contención, podría llevar al mundo a una tercera guerra mundial.</p>
<p>Para completar el panorama, el mando en los Estados del Golfo, liderados por Arabia Saudita, también está nervioso. Más allá de su apoyo indiscreto al ISIS, un monstruo Frankenstein fuera de control, los sauditas sufren gravemente el deterioro de su situación en el tablero. Con Irán y sus aliados mejor posicionados, a los efectos de alterar las adversidades, Riad se ha sumado al coro de amenazas provenientes de Ankara. Como primera medida, los sauditas ya han enviado cazas de combate a Turquía, la base aérea mediterránea de Incirlik, cerca de la frontera turco-siria. Luego, por si los ladridos no fuesen tomados con seriedad, los sauditas anunciaron que se sumarían a una posible intervención terrestre contra el bloque chiíta.</p>
<p>Para respaldar sus dichos, los sauditas comenzaron ejercicios militares masivos cerca de la frontera iraquí, involucrando —según lo reportado— 2.500 aviones de guerra, 20 mil tanques y 450 helicópteros. Llamada “<a href="https://actualidad.rt.com/actualidad/200842-arabia-saudita-ejercicios-militares-terrorismo">Trueno del Norte</a>”, la operación sería la más grande de Medio Oriente en su tipo y, además de la presencia turco-saudita, contaría con la participación de los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Senegal, Sudán, Kuwait, las Maldivas, Marruecos, Pakistán, Chad, Túnez, las Comoras, Yibuti, Omán, Qatar, Malasia, Egipto y Mauritania. Para resumir, <b>el conflicto sirio amenaza con convertirse (si no lo es aún) en una verdadera contienda global sectaria entre sunitas y chiitas.</b></p>
<p>En suma, la tregua o <i>hudna</i> acordada por las potencias es tan frágil como la voluntad de los actores involucrados en aceptar las realidades en el terreno. En tanto, Estados Unidos busca, por ahora sin éxito, una estrategia de salida para la crisis en Medio Oriente; sus aliados —Turquía y Arabia Saudita— podrían arrastrarlo a una conflagración de carácter global. Incluso si este escenario aterrador no acontece y de alguna manera la tregua logra sostenerse, dicho contexto no desaparecerá de la noche a la mañana. Estas tensiones críticas podrían dar forma al devenir de la geopolítica en Medio Oriente durante décadas por venir. Seguramente el tema atormentará al próximo presidente norteamericano tanto como a Obama.</p>
<p>Para ser claros, la historia muestra que los conflictos fratricidas no suelen resolverse mediante negociaciones, sino más bien —lamentablemente— mediante baños de sangre. Mire por donde se la mire, todo apunta a que Siria no será la excepción.</p>
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		<title>El dilema de Erdogan</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Aug 2015 09:39:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Tras sufrir una recaída electoral en junio, con su popularidad en un bajo histórico, Recep Tayyip Erdogan, fiel a su estilo, ha vuelto a apostar a la política exterior para ganar los puntos que le faltan. Apelando a un tono nacionalista, tanteando una ofensiva contra los enemigos del Estado, el oficialismo busca compensar por la gestión que falta en casa y, apalancándose en el contexto actual de guerra regional, busca recuperar los votos que en las últimas elecciones no pudo cosechar. <b>Es la primera vez, desde las elecciones generales de 2002, que la plataforma de Erdogan, el </b><b>Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), no logra hacerse con una mayoría parlamentaria.</b><b></b></p>
<p>Pese a ganar las elecciones pasadas, dado que no ha podido formar coalición con otra fuerza política, Turquía llamará a elecciones anticipadas en noviembre. <b>Erdogan intenta cambiar el sistema turco para convertirlo en un presidencialismo moldeado en el ejemplo ruso y, en los tres meses que quedan hasta los próximos comicios, espera recuperar votantes apoyándose en una política exterior fornida</b>. Esta, que en el pasado reciente ha sido duramente criticada por su ambivalencia frente al conflicto en Siria y el avance del yihadismo, en los últimos meses se ha endurecido; y mientras el Gobierno la presenta como el cálculo estratégico propio de los intereses nacionales, la oposición, los periodistas y los analistas sospechan que estriba de intereses políticos bastante limitados, con mira a réditos inmediatos en el plano doméstico. De cualquier modo, vale preguntarse si la política exterior turca es sustentable, como desde ya también inquirir si le saldrá bien o no la apuesta a Erdogan.<span id="more-177"></span></p>
<p>Para situarnos en contexto, en la última década, bajo la conducción del AKP, Turquía le ha dado un nuevo significado al viejo mantra de su política exterior. Puesto por Mustafa Kemal Atatürk como una instrucción de no intervencionismo y neutralidad, “paz en casa, paz en el mundo”, la interpretación del mandamiento ahora ha cambiado. Bajo los lineamientos de Ahmet Davutoglu, internacionalista del partido y escudero de Erdogan, <b>ya no es indispensable que haya paz en casa para promover paz en el mundo, pues Turquía ya está consolidada y lista para ocupar su rol histórico en Medio Oriente.</b></p>
<p>Sin embargo, luego de su idealismo, la política exterior turca está plagada de contradicciones.</p>
<p>Desde que comenzara la guerra civil siria cuatro años atrás, Turquía, aunque carga agravios con los sirios y los kurdos, se ha mostrado reacia a intervenir en los asuntos que se desarrollan fuera de sus fronteras. Más allá del Gobierno de turno, los turcos y los sirios mantienen una animosidad histórica por disputas territoriales y discusiones en torno a los recursos hídricos. Para peor, bajo el clan al-Assad, Siria albergó y apoyó al Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), el grupo independentista kurdo considerado terrorista por Turquía y gran parte de la comunidad internacional. Por este asunto, en 1998 Ankara estuvo cerca de declararle la guerra a Damasco, la cual decidió ceder ante las presiones turcas y así evitar una posible escalada. Lo cierto, no obstante, es que con el amargo devenir de la intervención estadounidense en Irak ha quedado en evidencia lo valiosa que es la estabilidad, con actores predecibles y conocidos. Sin final a la vista para los conflictos sectarios en todo Medio Oriente, la clásica sentencia de los juristas musulmanes, que el <i>statu quo</i> es preferible al caos, parece dominar el dictamen en las capitales de la región y Ankara no es la excepción.</p>
<p>En público, por supuesto, Erdogan movilizó tropas a la frontera, mandó a sus diplomáticos a Damasco a protestar y a pedir por moderación en oposición al “salvajismo” contra la población civil. En privado, la intervención quedó descartada por temor a despertar diablos más peligrosos que el régimen de Bashar al-Assad, por temor a enviar el mensaje equivocado al resto del mundo y quizás, antes que todo eso, por simple temor a que dicha jugada fracase.</p>
<p>Desde que llegó al poder, <b>en términos de política internacional, Erdogan está determinado a mostrar que Turquía bajo su mando, aunque afiliada a la OTAN, en rigor no la acompaña</b>. Se opuso a la intervención aliada en Irak, y lanzó una retórica que tuvo más resonancia en el mundo árabe que el discurso de El Cairo (2009) de Barack Obama. Etiquetada por los analistas como “neootomanismo”, la política de Erdogan se caracteriza a grandes rasgos por un nuevo interés en los asuntos de Medio Oriente y por una expresa divergencia con Estados Unidos, el tradicional aliado del establecimiento castrense turco. Obama tiene una buena relación personal con Erdogan y suele referirse a él como “mi amigo Recep”. Sin embargo, entre otros ejemplos, hasta hace un mes atrás Ankara no le permitía a Washington utilizar la base aérea de Incirlik, ubicada en el sureste turco, para atacar posiciones del Estado Islámico (ISIS). No es secreto que el Gobierno turco está preocupado y molesto frente al progresivo apoyo estadounidense a los militantes kurdos -a quienes clasifica como terroristas. Siendo este el caso, no sería insólito que bajo la misión de contener a la horda yihadista, Turquía apunte sus armas contra las fuerzas kurdas. <b>Aunque Erdogan vende a Turquía como si esta fuera a “</b><b>cambiar el juego</b><b>”, hasta ahora los turcos solo han llevado a cabo un ataque aéreo contra el ISIS y varios contra los bastiones kurdos en el sureste turco</b>. Los kurdos, y no los yihadistas, parecen ser la prioridad.</p>
<p>Gracias al revisionismo de sus dirigentes, Turquía ha vuelto al escenario internacional y lo ha hecho con una fórmula que -por lo menos a mi criterio- podría expresarse lacónicamente como “habla fuerte y lleva un gran garrote”. Erdogan es un hombre con un carácter afanoso y, cual líder populista, ciertamente le cuesta hablar suave. <b>Sus declaraciones potentes contra Occidente, Israel y sus advertencias contra los regentes sunitas de Medio Oriente, durante la Primavera Árabe, lo convirtieron en un campeón de las masas, y todo sin flexionar el músculo militar de su país</b>. Ahora bien, la problemática contradicción llegó cuando a Turquía le llegó la hora de golpear y se dejó estar.</p>
<p>En primer lugar, pese a declaraciones robustas contra el régimen de al-Assad, Ankara no puede arriesgarse a fracasar. Según una mirada, el ejército turco no está preparado para contender con la guerra civil siria y lo máximo que podría hacer sería establecer un cordón sanitario alrededor de la frontera siria-turca, exponiendo a los uniformados a retaliaciones. Dicha fuerza interventora, apostada en el terreno, podría ser contraproducente, y, al echar leña al fuego, volcar a los yihadistas contra la población civil turca (ya han declarado su intención de conquistar Estambul), o bien retroalimentar la insurgencia de los kurdos, siempre ávidos por conseguir su independencia.</p>
<p>En la coyuntura actual, semejante fiasco sería el fin cantado de Erdogan. Por otro lado, ya más genéricamente, Ankara no está dispuesta a antagonizar de más con Moscú. En este sentido, detrás de bambalinas, los turcos le tienen más miedo a los rusos que a los estadounidenses, quienes no amenazan con desquites. En los últimos años Turquía ha experimentado un rápido crecimiento en su demanda energética e importa de Rusia el 57 % del gas natural que necesita. En todo caso, <b>los turcos prefieren que sean los norteamericanos quienes hagan el trabajo sucio y confronten a los sirios</b>. Cuando Ankara le pide a Washington una zona de exclusión área sobre Siria, la cual ella misma no está dispuesta a impartir con sus propios medios, en rigor, independientemente de lo que diga la presa, Erdogan está actuando para conservar el estado de las cosas. No puede arriesgarse a una guerra abierta con su vecino meridional, pero tampoco puede dejar de hacer algo. Necesita minimizar el número de desplazados que llegan a Turquía (escapándose de los bombardeos de al-Assad) y necesita, en el proceso, ser consecuente con la apariencia de mandamás con la que viene vistiéndose hace una década.</p>
<p>En segundo lugar, si la aletargada acción de los turcos se explica en el miedo de estos a que los kurdos en el norte de Siria e Irak funden su propio Estado, paradójicamente, en tanto el ISIS es repelido, este escenario se vuelve más factible. A pesar de la ambivalencia que despertó el autoproclamado Califato, no existe analista que conceda que los yihadistas no presentan una amenaza contra la seguridad turca. El hecho de que el ISIS de momento tenga prioridades más dañinas para Erbil (capital del Kurdistán iraquí) o Damasco no implica que Ankara esté fuera de peligro en el largo plazo. Si bien es cierto que Turquía finalmente se unió a la coalición contra el ISIS el mes pasado, Erdogan y compañía siguen atormentados por la incertidumbre. Temen que si actúan determinadamente contra los yihadistas, terminen destrabando la guerra en favor de los kurdos, cuya autonomía el establecimiento turco está decidido a evitar a toda costa. Por todo esto, la disyuntiva del Gobierno turco consiste en cómo hablar lo suficientemente fuerte para dar credibilidad a sus amenazas, mas evitando iniciar una pelea que luego no pueda ser ganada y que le cueste el poder al AKP.</p>
<p>Por estas razones tiendo a pensar que la magra intervención que Turquía montó el último mes tiene más que ver con el plano doméstico que con el externo. El Gobierno turco no arriesgará una intervención militar propiamente dicha, esto es, enviando soldados y vehículos blindados a cruzar la frontera. Podrá haber ataques aéreos o de artillería esporádicos, quizás incluso con mayor frecuencia, pero juzgo muy poco probable que la acción turca sobrepase estos pasos.</p>
<p>En suma, Erdogan estaría arriesgándolo todo con una escalada de violencia considerable, fuera dirigida contra la yihad o contra el régimen sirio. Arriesgaría su continuidad en el poder y complicaría severamente el prospecto de que su país salga relativamente bien parado de la crisis regional. Con una intervención mal planificada y ejecutada, Erdogan tiene mucho más para perder que ganar. Si tras una intervención las cosas salen mal, el prestigio nacional, algo de lo cual los turcos son extremadamente sensibles y recelosos, recibiría un porrazo, y el AKP tendría, en tal caso, una herida difícil de tapar. Pero tampoco puede el Gobierno turco permanecer del todo inerte, especialmente si pretende reafirmarse en las próximas elecciones. En efecto, tal como han marcado varios comentaristas, en el Gobierno y en el ejército prevalece un clima de vacilación. Actuar o no actuar, esa es la cuestión y el dilema de Erdogan.</p>
<p>Quedará por verse si el AKP reúne, a partir de los resultados que arrojen las elecciones de noviembre, la mayoría necesaria para continuar gobernando sin necesidad de formar coalición. Pero para mejorar sus posibilidades, el oficialismo debe resolver el dilema de su política exterior. Erdogan necesita una victoria que pueda ser mediatizada, aunque simbólica, para justificar la ambivalencia del último año y mostrarle a su pueblo que la prudencia del sultán -como le dicen a Erdogan- dictaba la razón. En contraposición, si la apuesta sale mal, Erdogan no solo arriesga su presidencia, sino también su lugar en la historia.</p>
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		<title>Kurdistán y el Gran Juego del nuevo Medio Oriente</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Nov 2014 10:03:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando en el siglo XIX los estrategas británicos hablaban del “Gran Juego”, se referían a la contienda imperialista entre Gran Bretaña y Rusia por la supremacía de Asia Central. Desde entonces, muchos analistas plantearon que el juego nunca acabó, sino que solamente se reinventó para dar cabida a nuevos jugadores. Esto así, porque tiene mucho sentido analizar la realidad a partir de esta mirada, pues sería muy difícil obviar que existen potencias en constante competencia por ganar mayores cuotas de influencia.<strong> Yendo desde Crimea, pasando por Irán y Pakistán, en la actualidad existe un claro tablero geopolítico que reúne, por un lado, a los poderes occidentales encabezados por Estados Unidos, y por el otro, a Rusia y a China. En cuanto a Medio Oriente, podemos apreciar las cosas a través de un prisma similar.</strong></p>
<p>Tras la Primera Guerra Mundial, Francia y Gran Bretaña se dividieron Mesopotamia y el Levante en áreas de influencia, dando creación a nuevos Estados, e instaurando una era marcada por el tutelaje anglo-francés de los asuntos persas y árabes. Finalizada la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y la Unión Soviética reemplazaron a la cordial alianza europea en el papel de veedores del Medio Oriente, aunque claro, en un rol abiertamente confrontativo. Luego, caído el imperio soviético a principios de los años noventa, las nuevas circunstancias forzaron a casi todos los Estados árabes a ponerse bajo la <i>aegis</i> de Washington. De particular interés, hoy en día, gracias a las insurrecciones que la llamada Primavera Árabe despertó, y gracias al vacío de poder que dejó Estados Unidos tras su retirada de Irak, comienza a deslumbrarse, siempre en términos geopolíticos, un nuevo eje de conflicto alrededor de Kurdistán, el territorio de la etnia kurda repartido entre Irak, Irán Siria y Turquía.</p>
<p><strong>Violentamente reprimidos por los iraníes, y masacrados por los turcos y los iraquíes, los kurdos han tenido el grave infortunio de no conseguir un Estado independiente durante el siglo XX.</strong> Si bien en un comienzo, en 1920, los vencedores de la Primera Guerra habrían de asignar una estatidad a los kurdos, la rotunda queja de la entonces flamante República turca de Kemal Atatürk imposibilitó semejante concesión. De este modo, para dar formalmente por finalizada la guerra, en 1923, los aliados debieron ceder frente a las exigencias turcas y sacrificar la autodeterminación del pueblo kurdo. En breves cuentas, desde allí en adelante, se sucedieron y perecieron distintas revueltas orientadas a consagrar un grado de soberanía kurda. Su suerte política cambió decisivamente a partir de la Guerra del Golfo de 1991, la cual debilitó el férreo control de Sadam Hussein sobre el norte de su país, facilitando así la consecución de una zona fácticamente autónoma. Una década más tarde, la segunda intervención norteamericana en Irak reforzó dicha autonomía. <strong>La constitución iraquí de 2005 reconoció la existencia <i>de iure</i> del Kurdistán iraquí como una entidad federal, mas lo cierto es que esto ratificaba una realidad ya consumada</strong>; dado que en los hechos la región ya era virtualmente independiente. Sumado a esto, ese mismo año se llevó a cabo un referéndum informal, simbólico si se quiere, cuyo resultado reflejó que el <a href="http://www.kurdmedia.com/article.aspx?id=6235">98% de los kurdos iraquíes estaban a favor de la independencia</a>.</p>
<p>El último hito que ha reforzado al autogobierno kurdo situado en Erbil, en claro detrimento de la autoridad central de Bagdad, ha sido sin lugar a dudas el surgimiento del Estado Islámico (EI o ISIS) en el seno de Irak. Por esta razón, no solamente que una independencia formal kurda es posible, sino que hasta parecería ser algo ya inevitable. Irak es a la fecha un Estado fragmentado por la violencia sectaria entre sunitas y chiitas, y el ejército se muestra incapaz de hacer prevalecer el orden, aún con la asistencia logística y aérea provista por la coalición internacional contra el ISIS.</p>
<p>Si hay algo en lo que todos los actores estatales de Medio Oriente coinciden, es que ISIS es una grave amenaza al prospecto de estabilidad. Bien, si hay algo en donde no hay consenso y reina la incertidumbre, es en el análisis que las distintas capitales hacen sobre el mañana, sobre la situación posterior a la desintegración del ISIS, y a la plausible caída del régimen de Bashar al-Assad en Siria. Esta situación explica en gran medida la <a href="http://english.alarabiya.net/en/News/middle-east/2014/09/28/Turkey-can-t-stay-out-of-anti-is-fight-Erdogan-.html">vacilación de Turquía</a> en relación a la campaña en contra de los yihadistas. Tayyip Erdogan, el mandamás de la política turca, está obsesionado con ver derrocado a Al-Assad, y al mismo tiempo está preocupado por la plausible independencia del Kurdistán iraquí, sopesando que podría causar gran alboroto entre la importante minoría kurda que habita en Turquía, contada entre 11 y 15 millones de personas.</p>
<p><strong>Condicionada por las inclinaciones islamistas de sus líderes, y empeñada en una política exterior que los analistas han acuñado como “<a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Neo-Ottomanism">neo-otomanista</a>”, Turquía busca desde hace varios años consolidar una imagen positiva entre los musulmanes sunitas de su histórico patio trasero, y entiende que la caída de Assad es un paso indispensable para consolidar tal ansiado liderazgo.</strong> Hasta el año pasado, los oficiales turcos suponían que podrían contar con el ISIS para destrabar el conflicto sirio, inclinando la balanza en favor de los rebeldes, sean de la caña que sean. Pero hoy comprenden que el ISIS representa una barrera manifiesta a los expresos deseos de los kurdos por independizarse, de modo que siguiendo con esta trama, el Gobierno de Erdogan ha, por ejemplo, <a href="http://www.nytimes.com/2014/10/29/opinion/turkeys-obstruction-of-kobanis-battle-against-isis.html?_r=0">bloqueado el acceso</a> a milicianos kurdos dispuestos a combatir al ISIS.</p>
<p>Podría decirse que Turquía está apostando a un juego peligroso, cuyo riesgo se justifica en evitar a como dé lugar fortalecer la posición kurda. El escenario es delicado, pero el mensaje que envía Ankara es claro: como potencia regional, Turquía debe cumplir un papel en la resolución de la debacle contemporánea.</p>
<p><strong>Irán busca un rol semejante, y aunque dicho Estado actúa como garante y benefactor del régimen sirio, a decir verdad tampoco puede permitirse tener de vecino a un Estado kurdo.</strong> Además de que en Irán viven entre 6.5 y 7.9 millones de kurdos, el supuesto nuevo Estado podría representar una potencial amenaza para la seguridad iraní. Teniendo en cuenta que <a href="http://www.voltairenet.org/article184537.html">Israel ya ha asentado</a> que reconocería la estatidad kurda, posiblemente los militares iraníes teman que, desde dicha hipotética entidad, puedan llegarse a lanzarse operaciones en su contra. Existen <a href="http://www.meforum.org/3838/israel-kurds">lazos históricos entre judíos y kurdos</a>, y ambos pueblos comparten una larga historia de persecución y opresión. Así como opina Ofra Bengio, un especialista en el tema,  aunque lo más probable es que de declararse independiente, Kurdistán naturalmente priorice no antagonizar sin necesidad con sus vecinos por la cuestión israelí, podría ser posible que ambos Estados cooperasen militarmente entre las sombras.</p>
<p>Otra cuestión de crucial importancia es la beta energética, siendo que es una de las principales fuentes de tensión entre el Kurdistán iraquí y el Gobierno central en Bagdad. El norte del país regido por los kurdos es <a href="http://online.wsj.com/articles/in-challenge-to-iraq-kurds-pin-future-on-stealth-oil-sales-1405996352">una región rica en petróleo</a>, con gran potencial de explotación. <strong>De darse la separación, el disminuido Irak perdería una importante fuente de ingresos.</strong> Empero, siendo que no solo Bagdad se opone a la separación, sino que Ankara, Damasco y Teherán también, Erbil debe decidir entre un argumento pragmático que llamaría a conciliar intereses y a evitar la independencia, u optar sino por llevar a cabo y respetar el resultado de un referéndum que seguramente dictara la autodeterminación. En este sentido, siguiendo el argumento pragmático, Dlawer Ala’Aldeende, el presidente de un <a href="http://www.meri-k.org/publication/iraq-as-we-knew-it-is-no-longer-2/">think tank de Erbil</a> (MERI), reconoce que es factible que el Kurdistán iraquí termine incrementando su independencia económica, sacrificando su independencia, pero acomodándose de modo seguro con sus vecinos. Lo cierto es que proyectando a tal hipotético Estado, independiente o no, Kurdistán en esencia no dejaría de ser un enclave sin salida al mar. No obstante, de independizarse, sus vecinos podrían tomar represalias asfixiando al nuevo Estado, prohibiéndole el tránsito o bloqueando sus exportaciones petroleras.</p>
<p>Por otro lado, la posición de las potencias globales no alienta la independencia. Rusia y China se alinearían evidentemente en contra de un Kurdistán autodeterminado. Esto implica que si la dirigencia kurda decide perseguir sus históricos anhelos nacionales, su única esperanza sería el reconocimiento estadounidense. Sin embargo, Washington viene también oponiéndose a dicho proyecto. <strong>Reconocer a Kurdistán resultaría en una grave crisis con Turquía, una potencia regional, miembro de la OTAN, y significaría dar por muerto el proyecto de reconstrucción federada de Irak iniciado a duras penas tras 2003.</strong></p>
<p>La única certeza es que la cuestión kurda será de ahora en más uno de los ejes principales del debate geopolítico mediooriental. Sean independientes o no, a la luz de los eventos recientes, no debería sorprendernos que al cabo de pocos años Hollywood glorifique la resistencia kurda contra el ISIS. En mi opinión, los kurdos merecen un Estado propio, y tal vez no tendrán mejor oportunidad para asegurarlo que esta. Su lucha contra el avance de los yihadistas ya constituye para muchos una fuente de inspiración que avala moralmente su derecho a la autodeterminación. Pero siendo realistas, quedará por verse finalmente si lo que primará será dicho principio de autodeterminación, o el principio más egoísta de integridad soberana, indicado por la postura pragmática de los políticos y estrategas.</p>
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