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	<title>Federico Gaon &#187; Occidente</title>
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		<title>Umberto Eco, Occidente e Islam</title>
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		<pubDate>Wed, 24 Feb 2016 09:23:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Umberto Eco fue un escritor y un intelectual con impronta global. Con motivo de su fallecimiento, el último 19 de febrero, me gustaría, a modo de homenaje, hacer una breve mención sobre sus pensamientos relacionados con mi campo de investigación: el intercambio entre Occidente e Islam (con mayúscula, el mundo musulmán), y el fenómeno del... <a href="http://opinion.infobae.com/federico-gaon/2016/02/24/umberto-eco-occidente-e-islam/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Umberto Eco fue un escritor y un intelectual con impronta global. Con motivo de su fallecimiento, el último 19 de febrero, me gustaría, a modo de homenaje, hacer una breve mención sobre sus pensamientos relacionados con mi campo de investigación: el intercambio entre Occidente e Islam (con mayúscula, el mundo musulmán), y el fenómeno del extremismo islámico contemporáneo.</p>
<p>Eco fue, sin lugar a dudas, un espíritu lúcido como crítico. Respetado mundialmente, el docto italiano se sumó al debate que nació a partir de los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuando intelectuales y comentaristas por igual comenzaron a tratar la tesis del choque de civilizaciones.</p>
<p>Para comenzar, desde el punto de vista del rigor académico, Eco era un tradicionalista que advertía sobre la importancia de lo metodológico en las ciencias. El literato se alarmaba frente a la actitud prepotente de muchos intelectuales, que tratan cualquier tema sin los debidos conocimientos que imparte el estudio. Con esto se refería a los opinólogos que abordan los temas de actualidad como si fuesen oráculos, preparados para dar respuestas instantáneas a cualquier aflicción. Por ello, a razón de esta observación, se puede decir que Eco reconocía honestamente sus propias limitaciones. Un intelectual cauto, prefería recurrir a las enciclopedias antes que a internet. Sospechaba de las nuevas tecnologías mediáticas, porque —según lo insinuaba— competían contra la “función de filtro” que tiene la cultura para determinar lo que es importante de lo que no, como asimismo qué opinión es calificada y cuál no. En su resquemor a los medios, expresaba lacónicamente: “La verdad no se encuentra en el tumulto, sino más bien en una búsqueda silenciosa”.<span id="more-252"></span></p>
<p>Considerando esta apreciación, Eco trató el renacimiento del islamismo (esto es el islam político) y el yihadismo con circunspección. Observaba preocupado que <b>muchos de estos oráculos caen en la tentación que ofrece el juego maniqueo de las etiquetas, propio de las guerras de religión (</b><b><a href="http://prodavinci.com/2015/04/06/actualidad/monoteismos-y-politeismos-por-umberto-eco/">monoteístas</a></b><b>) —ese “nosotros contra ellos”— que conduce a simplificaciones dañinas.</b> Eco atinaba que las adhesiones, pasiones a contraposiciones simplistas, propias de la polémica huntingtoniana de Occidente en oposición al mundo islámico, merman la capacidad intelectual de discernir, en relación con lo anterior, entre lo que es relevante y lo que no.</p>
<p>Por ejemplo, considerando que hay intelectuales que convienen en remarcar los hitos culturales pasados del Islam para relativizar sus excesos en el presente, Eco tenía la sensatez de opinar que, a los efectos de vislumbrar lo que sucede en el aquí y en el ahora, no interesa qué tan educados puedan haber sido los musulmanes en los tiempos de Avicena y Averroes, o qué tan magna haya sido la tolerancia durante la era de Al-Ándalus (en la España mora). Como las cosas mutan, se invierten y cambian: “El problema de los parámetros no se plantea en clave histórica, sino en clave contemporánea”.</p>
<p>Si bien Eco daba por entendido que es natural que cada grupo cultural se suponga superior al resto, como parte de las preferencias y las experiencias de cada colectivo, aclara precisamente que es necesario establecer parámetros basados en el presente y no en el pasado, para justificar las aseveraciones de superioridad. De este modo, viendo que en Occidente la ciencia, la crítica y la indagación son valores consagrados, Eco daba sentido al hecho de que casi todos los premios nobeles provinieran de un contexto europeizado. Desde este lugar,<b> reconoció que lo que separa a Occidente del Islam, o más bien —en la disyuntiva convencional que él prefería— al oeste del este, es la capacidad del primero y el desinterés del segundo en desentrañar abiertamente sus propias contradicciones.</b> Al caso, el semiólogo y literato sugería que, aunque hay cosas que desde un punto de vista utilitario resultan intolerables, en Occidente se glorificó la bondad de la diversidad. “Somos una civilización pluralista —decía Eco— porque permitimos que en nuestra casa se construyan mezquitas, y no podemos renunciar a ello sólo porque en Kabul metan en la cárcel a los propagandistas cristianos. Si lo hiciéramos, nos convertiríamos también nosotros en talibanes”.</p>
<p>Con este mismo sentimiento, a raíz de la llamada guerra contra el terror, el autor de <i>El nombre de la rosa</i> se mostraba turbado frente al prospecto de una guerra entre el oeste y el este. Se opuso a la invasión aliada de Irak en 2003 y temía que Occidente se dejara llevar por la misma barbarie que supone combatir; que la radicalización condujera a un desfasaje entre “una cristiandad fragmentada y neurótica” y los valores pluralistas que la identifican en el corriente. Con justa mesura, Eco expuso que frente a las atrocidades del extremismo islámico no se puede meter a todos los musulmanes en la misma bolsa.</p>
<p>A propósito del término <i>cristiandad</i>, una palabra caída en desuso que denota una afinidad religiosa común dentro del marco europeo, Eco la utiliza porque creía en Occidente como la expresión cultural resultante de la secularización de la experiencia cristiana. Tal es así que en Europa uno podría definirse como culturalmente cristiano y ser ateo o agnóstico, es decir, ser cristiano sin necesidad de ser creyente o practicante. Eco sostenía que es la cultura, y no las guerras del pasado, lo que cementa la identidad europea. Por esto mismo, <b>temía por lo que muchos pensadores definen como una crisis de identidad. “Europa es un continente que era capaz de fusionar varias identidades, y sin embargo no confundirlas”. Hoy las identidades están en tela de juicio.</b></p>
<p>Por lo pronto, con motivo de la creciente proporción de musulmanes en Europa, Eco llegó a observar, en una de sus últimas intervenciones como entrevistado: “La fusión de civilizaciones es una posibilidad que puede ocurrir debido a la migración”. Hasta donde yo tengo entendido, Eco no se expidió en detalle acerca de las posibles consecuencias de tal hipotética fusión entre Occidente e Islam. Lo que sí hizo fue expresar aprecio por lo que llamó “la nueva religión de solidaridad”, encabezada por Ángela Merkel y sus políticas para acoger a los refugiados sirios. Pero de darse tal fusión, ¿cómo sería?</p>
<p>El italiano expresó su convicción de que este proceso de transformación era inevitable: “Europa es un continente que fue capaz de fusionar muchas identidades sin mezclarlas. Así es como veo exactamente su futuro”. “En el próximo milenio, Europa será un continente multirracial”. Y bien, cabe preguntarse, ¿arrojaría este futuro un <i>modus vivendi</i> secular, o vería un aumento en la religiosidad con un devenir antiliberal? ¿Qué forma adoptaría dicho sincretismo? Eco relativizó la cuestión afirmando que todos los cambios importantes dan miedo y que —por decir algo al paso— este también sería el caso si un shopping se construyera sobre el Duomo de Milán.</p>
<p>En tal caso, ¿podría ser la cristiandad, en el sentido secularizado que entiende el autor, la vieja rosa de la cual sólo queda su nombre? (Stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus). Solamente el tiempo lo dirá.</p>
<p>Pese a esta ambigüedad, Eco fue determinante en cuanto a la amenaza constante supuesta por las ideologías totalitarias. En uno de sus planteos más ejemplares, el intelectual italiano desarrolló el concepto de lo que él acuñó “<a href="http://www.pegc.us/archive/Articles/eco_ur-fascism.pdf">Ur-Fascismo</a>”, el fascismo eterno. Representa una serie de características que por más que no se cumplan todas en un sistema organizado, o incluso se contradigan, basta con que se verifique una para “hacer coagular una nebulosa fascista”. Prestamente, ellas son 1) el culto a la tradición; 2) el rechazo del modernismo; 3) el culto a la acción por amor (irracional) a la acción; 4) el rechazo del pensamiento crítico; 5) el miedo a las diferencias; 6) la invocación a las frustraciones sociales; 7) la apelación al nacionalismo en oposición a enemigos externos como internos; 8) la exageración y la disminución retórica (envidia y miedo) del enemigo; 9) el principio de guerra perenne, permanente; 10) una dirigencia elitista y el desprecio a la debilidad de las masas; 11) la narrativa de heroísmo basada en el culto a la muerte; 12) el machismo, desdén por lo femenino y por los hábitos sexuales que no son la norma; 13) la condena del individualismo en favor de un populismo cualitativo; y, por último, 14) el uso de una neolengua (orwelliana) caracterizada por un léxico escueto y una sintaxis bruta o elemental.</p>
<p>Eco instaba a una vigilia permanente contra este Ur-Fascism, que puede resurgir bajo distintas formas y colores, aun con las apariencias más inocuas. Desde este lugar<b>, el renombrado intelectual expuso al llamado Estado Islámico (ISIS) por lo que realmente es: “una nueva forma de nazismo, con sus métodos de exterminio y su apocalíptico deseo de dominar el mundo”</b>. En este sentido, el fenómeno del yihadismo se ajusta perfectamente a las características típicas que dan cuenta de una tendencia totalitaria.</p>
<p>Umberto Eco fue, sin dudas, un gran italiano y un gran europeo. Hombre de letras, creía firmemente en el rol de la universidad como una fuerza de paz, como un lugar para avanzar el conocimiento y generar entendimiento mediante la contrastación pacífica de controversias. En el mundo informatizado de hoy, impaciente y que busca verdades al instante, Eco era un paladín de la academia y de la cultura. Tal como recomendara, es necesario que cada quien trabaje en su campo, sabiendo en qué mundo vivimos, sacando conclusiones a partir del estudio; todo en virtud de “volvernos tan astutos como la serpiente y no tan ingenuos como la paloma”.</p>
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		<title>¿Por qué no hay refugiados sirios en el golfo Árabe?</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Sep 2015 03:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La portada de <a href="http://adninformativo.mx/sintesis-informativa-de-el-pais-8-de-agosto-de-2015/"><i>El País</i></a> de España del 8 de agosto lo decía todo. Una imagen habla más que mil palabras, y lo que entonces se veía era desgarrador. Tal como leía el periódico, se veía “el caos” migratorio en el Mediterráneo. Decenas de personas luchando para mantenerse a flote y no ahogarse y quizás, con la gracia de Dios, llegar a salvo a territorio europeo. <b>Se trata, en su mayoría, de desplazados que huyen de la guerra en Siria y buscan establecerse en la seguridad y relativa prosperidad del continente europeo</b>. Por ello, con sus periodistas indignados por la situación, <a href="http://www.aljazeera.com/blogs/editors-blog/2015/08/al-jazeera-mediterranean-migrants-150820082226309.html">Al Jazeera</a> expresó que dejaría de referirse a los damnificados como “migrantes”, para en cambio reflejar la realidad con el término “refugiados”.</p>
<p>También me llamó la atención una reflexión que se difundió por Facebook. En ella, apelando a la misma fotografía,<a href="https://www.facebook.com/carlos.dipalma.796/posts/10204850369194295"> un profesor de historia</a> se confesaba avergonzado de la civilización o cultura occidental y cristiana, que, de acuerdo con el autor de la publicación, “pasará a la historia como la más cruel, sanguinaria y terrorista que jamás haya conocido la humanidad”. Si no, está <a href="https://www.facebook.com/217252245137190/photos/a.217531768442571.1073741829.217252245137190/424924177703328/?type=1&amp;fref=nf">Banksy</a>, el famoso artista callejero satírico de Inglaterra, quien montó una imagen compuesta por cuerpos flotando en el agua, en un círculo que mimetiza la bandera de la Unión Europea, con el azul marino de fondo.<span id="more-187"></span> <b></b></p>
<p><b>No hay dudas de que Europa está experimentando una <a href="http://federicogaon.com/la-otra-crisis-griega/">crisis migratoria</a></b><b> o una crisis de refugiados, producto de la desolación que están dejando los conflictos civiles y sectarios en el mundo árabe</b>. Es verdaderamente una catástrofe humanitaria. Sin embargo, ¿por qué no hay refugiados pidiendo asilo en los países del golfo Árabe? O bien, ¿por qué no los dejan entrar? Me refiero a <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/List_of_countries_by_GDP_(PPP)_per_capita">algunos de los países más ricos</a>, cabalmente entre los primeros en la lista de los que más dinero tienen per cápita en el mundo. Ni que hablar sobre todo de Arabia Saudita, con la gran extensión territorial que tiene y su proximidad a zonas de conflicto. ¿Por qué -en otras palabras- gran parte de la opinión mundial les exige a los europeos encontrar la manera de dar abasto con los refugiados y sin embargo no le recrimina o exige nada a los propios árabes? Los europeos deben por supuesto tomar cartas en el asunto, mas los dobles raseros son, bajo cualquier circunstancia, insensatos y deplorables.</p>
<p>Creo que gran parte de la prensa no se tomó siquiera la molestia de discutir esta cuestión. Al caso, las críticas hacia Occidente provenientes de Al Jazeera, controlada por el Estado catarí, conllevan claramente un ejercicio de doble moral. <strong>Pese a sus desmedidas riquezas, tanto Arabia Saudita como Qatar, Emiratos Árabes u Omán, <a href="http://data.unhcr.org/syrianrefugees/regional.php">no han hecho nada</a> para poner a cubierto a los refugiados dentro de sus territorios.</strong> Vale aclarar no obstante que los Estados que integran el Consejo de Cooperación del Golfo (CCEAG) <a href="http://www.unhcr.org/pages/49e486976.html">han aportado financieramente</a> para paliar el sufrimiento de los refugiados sirios. Pero más allá de estas contribuciones, la ayuda no está institucionaliza y no ha explorado todo su potencial. Por otro lado, especialmente vinculado con este problema, está el hecho de que la ayuda económica de estos países tiene intereses estratégicos por detrás. Sucintamente, si estos países financiaron durante décadas a movimientos islámicos fundamentalistas, a modo de asegurar que los extremistas y potenciales rivales de las monarquías operasen en el extranjero y no en casa, ahora las dinastías reales ponen dinero para mantener a los sirios en su lugar, o para que vayan a otros sitios sin molestar.</p>
<p>Para evaluar la situación hay que tener en cuenta, por ejemplo, que de los 30,7 millones de habitantes que viven en Arabia Saudita, más de 9,8 millones son extranjeros. En efecto, <a href="http://gulfmigration.eu/media/pubs/exno/GLMM_EN_2014_01.pdf">el 32 % de la población</a> está representada por trabajadores migrantes procedentes de Asia y el mundo árabe. Los extranjeros a su vez representan el 56 % de la fuerza laboral y el 89 % de la población asalariada en el sector privado. En los Emiratos Árabes Unidos viven 9,2 millones de personas, de las cuales 7,8 son migrantes, el 90 % de la fuerza laboral. Esto significa que <a href="http://www.migrationpolicy.org/article/labor-migration-united-arab-emirates-challenges-and-responses">el 84 % de la población</a> procede del exterior. Por poner otro ejemplo, en Catar <a href="http://www.bqdoha.com/2013/12/population-qatar">solo el 12 % de una población</a> total de 2,1 millones de habitantes nació en el país. La abrumadora mayoría, como es el caso en los otros países del golfo, viene representada por trabajadores migrantes, que ofrecen su mano de obra para enviar remesas a sus familias en sus países de origen.</p>
<p>En este contexto, donar fondos a campañas con fines humanitarios en países vecinos, o en países asiáticos (de donde proceden muchos migrantes), de algún modo ayuda a alivianar las tensiones de la vasta población expatriada que trabaja y vive en el golfo. El problema, desde la dimensión humanitaria, estriba desde luego en que el dinero no lo es todo. Pregúntele a los analistas y le dirán que para los jeques del golfo Árabe todo se arregla con petrodólares. La opinión por excelencia apunta a que con suficientes fondos se compra estabilidad. <b>Financiando las amenazas, sean armadas o demográficas, se las ayuda precisamente a causar alboroto, pero siempre afuera de casa, y sin riesgo para el monarca</b>. Esta tesis cobra sentido adicional tras el desplazamiento tectónico que fue la llamada Primavera Árabe.</p>
<p>Desde esta lógica fría, los números hablan por sí solos. En Turquía ya hay <a href="http://data.unhcr.org/syrianrefugees/regional.php">casi 2 millones de refugiados sirios</a>. Imagine el desbalance y el efecto desestabilizador que dicho caudal humano ocasionaría en los países del golfo, cuya población de por sí está compuesta extensivamente por extranjeros, quienes, dicho sea de paso, no están del todo acomodados, pues <a href="http://www.economist.com/news/middle-east-and-africa/21583291-attempts-improve-lot-migrants-working-middle-east-are-unlikely">sus derechos son violados extensivamente</a>. Esta es la dura matemática y la triste realidad que preocupa también a Líbano y Jordania. Los refugiados son vistos a lo largo y ancho de la región como una fuerza desestabilizadora. Líbano alberga a 1,1 millones de desplazados, cifra que representa un exorbitante 25 % de la población total del país. Jordania, por su parte, da lugar a casi 630 mil desplazados, que representan casi el 8 % de la población jordana. Beirut y Amán ciertamente desearían que el CCEAG tomara su cuota de responsabilidad, mas lo único que a esta altura esperan recibir es <a href="http://www.csmonitor.com/World/Middle-East/2014/0528/To-host-ever-more-refugees-Jordan-wants-extra-cash-no-strings-attached">más dinero a modo de compensación</a> por la complicada tarea que implica alimentar y sostener a millones de personas, llegadas a estos países -podría decirse- de la noche a la mañana.</p>
<p>Los refugiados sirios no tendrían barreras idiomáticas en el golfo. Luego, si bien es cierto que dado el elevado nivel de conservadurismo de las sociedades en cuestión (y sobre todo aquel de la saudita) podrían vaticinarse problemas de integración, estos no tendrían el mismo relieve que tienen en la Europa secular, culturalmente arreligiosa.</p>
<p>En tanto los organismos internacionales y las agencias especializadas instan a los Estados, y especialmente a los europeos, a acoger a más refugiados, la pregunta formulada en las premisas vuelve a cobrar sentido. ¿Qué hay de las ricas monarquías del golfo? Vaya situación esta, que, para colmo, un general jordano retirado presentó una “<a href="http://mondoweiss.net/2015/07/jordanian-intelligence-refugees">propuesta loca</a>” para abrir un corredor pensado para empujar a los refugiados sirios a Arabia Saudita vía Jordania. Para el impulsor del plan esto tiene sentido, porque los sauditas tienen un montón de petróleo y tierra. Sin ir más lejos, en rigor, <b>mientras muchas personas se indignan -no sin falta de razón- con la forma en la que Occidente maneja esta crisis humanitaria, las críticas contra los propios Gobiernos árabes no suenan tan fuerte. Estos últimos podrían hacer muchísimo más por los desplazados y no es correcto que la carga moral por salvaguardar las vidas de los refugiados caiga enteramente en Europa.</b></p>
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		<title>El dilema de Erdogan</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Aug 2015 09:39:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Tras sufrir una recaída electoral en junio, con su popularidad en un bajo histórico, Recep Tayyip Erdogan, fiel a su estilo, ha vuelto a apostar a la política exterior para ganar los puntos que le faltan. Apelando a un tono nacionalista, tanteando una ofensiva contra los enemigos del Estado, el oficialismo busca compensar por la gestión que falta en casa y, apalancándose en el contexto actual de guerra regional, busca recuperar los votos que en las últimas elecciones no pudo cosechar. <b>Es la primera vez, desde las elecciones generales de 2002, que la plataforma de Erdogan, el </b><b>Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), no logra hacerse con una mayoría parlamentaria.</b><b></b></p>
<p>Pese a ganar las elecciones pasadas, dado que no ha podido formar coalición con otra fuerza política, Turquía llamará a elecciones anticipadas en noviembre. <b>Erdogan intenta cambiar el sistema turco para convertirlo en un presidencialismo moldeado en el ejemplo ruso y, en los tres meses que quedan hasta los próximos comicios, espera recuperar votantes apoyándose en una política exterior fornida</b>. Esta, que en el pasado reciente ha sido duramente criticada por su ambivalencia frente al conflicto en Siria y el avance del yihadismo, en los últimos meses se ha endurecido; y mientras el Gobierno la presenta como el cálculo estratégico propio de los intereses nacionales, la oposición, los periodistas y los analistas sospechan que estriba de intereses políticos bastante limitados, con mira a réditos inmediatos en el plano doméstico. De cualquier modo, vale preguntarse si la política exterior turca es sustentable, como desde ya también inquirir si le saldrá bien o no la apuesta a Erdogan.<span id="more-177"></span></p>
<p>Para situarnos en contexto, en la última década, bajo la conducción del AKP, Turquía le ha dado un nuevo significado al viejo mantra de su política exterior. Puesto por Mustafa Kemal Atatürk como una instrucción de no intervencionismo y neutralidad, “paz en casa, paz en el mundo”, la interpretación del mandamiento ahora ha cambiado. Bajo los lineamientos de Ahmet Davutoglu, internacionalista del partido y escudero de Erdogan, <b>ya no es indispensable que haya paz en casa para promover paz en el mundo, pues Turquía ya está consolidada y lista para ocupar su rol histórico en Medio Oriente.</b></p>
<p>Sin embargo, luego de su idealismo, la política exterior turca está plagada de contradicciones.</p>
<p>Desde que comenzara la guerra civil siria cuatro años atrás, Turquía, aunque carga agravios con los sirios y los kurdos, se ha mostrado reacia a intervenir en los asuntos que se desarrollan fuera de sus fronteras. Más allá del Gobierno de turno, los turcos y los sirios mantienen una animosidad histórica por disputas territoriales y discusiones en torno a los recursos hídricos. Para peor, bajo el clan al-Assad, Siria albergó y apoyó al Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), el grupo independentista kurdo considerado terrorista por Turquía y gran parte de la comunidad internacional. Por este asunto, en 1998 Ankara estuvo cerca de declararle la guerra a Damasco, la cual decidió ceder ante las presiones turcas y así evitar una posible escalada. Lo cierto, no obstante, es que con el amargo devenir de la intervención estadounidense en Irak ha quedado en evidencia lo valiosa que es la estabilidad, con actores predecibles y conocidos. Sin final a la vista para los conflictos sectarios en todo Medio Oriente, la clásica sentencia de los juristas musulmanes, que el <i>statu quo</i> es preferible al caos, parece dominar el dictamen en las capitales de la región y Ankara no es la excepción.</p>
<p>En público, por supuesto, Erdogan movilizó tropas a la frontera, mandó a sus diplomáticos a Damasco a protestar y a pedir por moderación en oposición al “salvajismo” contra la población civil. En privado, la intervención quedó descartada por temor a despertar diablos más peligrosos que el régimen de Bashar al-Assad, por temor a enviar el mensaje equivocado al resto del mundo y quizás, antes que todo eso, por simple temor a que dicha jugada fracase.</p>
<p>Desde que llegó al poder, <b>en términos de política internacional, Erdogan está determinado a mostrar que Turquía bajo su mando, aunque afiliada a la OTAN, en rigor no la acompaña</b>. Se opuso a la intervención aliada en Irak, y lanzó una retórica que tuvo más resonancia en el mundo árabe que el discurso de El Cairo (2009) de Barack Obama. Etiquetada por los analistas como “neootomanismo”, la política de Erdogan se caracteriza a grandes rasgos por un nuevo interés en los asuntos de Medio Oriente y por una expresa divergencia con Estados Unidos, el tradicional aliado del establecimiento castrense turco. Obama tiene una buena relación personal con Erdogan y suele referirse a él como “mi amigo Recep”. Sin embargo, entre otros ejemplos, hasta hace un mes atrás Ankara no le permitía a Washington utilizar la base aérea de Incirlik, ubicada en el sureste turco, para atacar posiciones del Estado Islámico (ISIS). No es secreto que el Gobierno turco está preocupado y molesto frente al progresivo apoyo estadounidense a los militantes kurdos -a quienes clasifica como terroristas. Siendo este el caso, no sería insólito que bajo la misión de contener a la horda yihadista, Turquía apunte sus armas contra las fuerzas kurdas. <b>Aunque Erdogan vende a Turquía como si esta fuera a “</b><b>cambiar el juego</b><b>”, hasta ahora los turcos solo han llevado a cabo un ataque aéreo contra el ISIS y varios contra los bastiones kurdos en el sureste turco</b>. Los kurdos, y no los yihadistas, parecen ser la prioridad.</p>
<p>Gracias al revisionismo de sus dirigentes, Turquía ha vuelto al escenario internacional y lo ha hecho con una fórmula que -por lo menos a mi criterio- podría expresarse lacónicamente como “habla fuerte y lleva un gran garrote”. Erdogan es un hombre con un carácter afanoso y, cual líder populista, ciertamente le cuesta hablar suave. <b>Sus declaraciones potentes contra Occidente, Israel y sus advertencias contra los regentes sunitas de Medio Oriente, durante la Primavera Árabe, lo convirtieron en un campeón de las masas, y todo sin flexionar el músculo militar de su país</b>. Ahora bien, la problemática contradicción llegó cuando a Turquía le llegó la hora de golpear y se dejó estar.</p>
<p>En primer lugar, pese a declaraciones robustas contra el régimen de al-Assad, Ankara no puede arriesgarse a fracasar. Según una mirada, el ejército turco no está preparado para contender con la guerra civil siria y lo máximo que podría hacer sería establecer un cordón sanitario alrededor de la frontera siria-turca, exponiendo a los uniformados a retaliaciones. Dicha fuerza interventora, apostada en el terreno, podría ser contraproducente, y, al echar leña al fuego, volcar a los yihadistas contra la población civil turca (ya han declarado su intención de conquistar Estambul), o bien retroalimentar la insurgencia de los kurdos, siempre ávidos por conseguir su independencia.</p>
<p>En la coyuntura actual, semejante fiasco sería el fin cantado de Erdogan. Por otro lado, ya más genéricamente, Ankara no está dispuesta a antagonizar de más con Moscú. En este sentido, detrás de bambalinas, los turcos le tienen más miedo a los rusos que a los estadounidenses, quienes no amenazan con desquites. En los últimos años Turquía ha experimentado un rápido crecimiento en su demanda energética e importa de Rusia el 57 % del gas natural que necesita. En todo caso, <b>los turcos prefieren que sean los norteamericanos quienes hagan el trabajo sucio y confronten a los sirios</b>. Cuando Ankara le pide a Washington una zona de exclusión área sobre Siria, la cual ella misma no está dispuesta a impartir con sus propios medios, en rigor, independientemente de lo que diga la presa, Erdogan está actuando para conservar el estado de las cosas. No puede arriesgarse a una guerra abierta con su vecino meridional, pero tampoco puede dejar de hacer algo. Necesita minimizar el número de desplazados que llegan a Turquía (escapándose de los bombardeos de al-Assad) y necesita, en el proceso, ser consecuente con la apariencia de mandamás con la que viene vistiéndose hace una década.</p>
<p>En segundo lugar, si la aletargada acción de los turcos se explica en el miedo de estos a que los kurdos en el norte de Siria e Irak funden su propio Estado, paradójicamente, en tanto el ISIS es repelido, este escenario se vuelve más factible. A pesar de la ambivalencia que despertó el autoproclamado Califato, no existe analista que conceda que los yihadistas no presentan una amenaza contra la seguridad turca. El hecho de que el ISIS de momento tenga prioridades más dañinas para Erbil (capital del Kurdistán iraquí) o Damasco no implica que Ankara esté fuera de peligro en el largo plazo. Si bien es cierto que Turquía finalmente se unió a la coalición contra el ISIS el mes pasado, Erdogan y compañía siguen atormentados por la incertidumbre. Temen que si actúan determinadamente contra los yihadistas, terminen destrabando la guerra en favor de los kurdos, cuya autonomía el establecimiento turco está decidido a evitar a toda costa. Por todo esto, la disyuntiva del Gobierno turco consiste en cómo hablar lo suficientemente fuerte para dar credibilidad a sus amenazas, mas evitando iniciar una pelea que luego no pueda ser ganada y que le cueste el poder al AKP.</p>
<p>Por estas razones tiendo a pensar que la magra intervención que Turquía montó el último mes tiene más que ver con el plano doméstico que con el externo. El Gobierno turco no arriesgará una intervención militar propiamente dicha, esto es, enviando soldados y vehículos blindados a cruzar la frontera. Podrá haber ataques aéreos o de artillería esporádicos, quizás incluso con mayor frecuencia, pero juzgo muy poco probable que la acción turca sobrepase estos pasos.</p>
<p>En suma, Erdogan estaría arriesgándolo todo con una escalada de violencia considerable, fuera dirigida contra la yihad o contra el régimen sirio. Arriesgaría su continuidad en el poder y complicaría severamente el prospecto de que su país salga relativamente bien parado de la crisis regional. Con una intervención mal planificada y ejecutada, Erdogan tiene mucho más para perder que ganar. Si tras una intervención las cosas salen mal, el prestigio nacional, algo de lo cual los turcos son extremadamente sensibles y recelosos, recibiría un porrazo, y el AKP tendría, en tal caso, una herida difícil de tapar. Pero tampoco puede el Gobierno turco permanecer del todo inerte, especialmente si pretende reafirmarse en las próximas elecciones. En efecto, tal como han marcado varios comentaristas, en el Gobierno y en el ejército prevalece un clima de vacilación. Actuar o no actuar, esa es la cuestión y el dilema de Erdogan.</p>
<p>Quedará por verse si el AKP reúne, a partir de los resultados que arrojen las elecciones de noviembre, la mayoría necesaria para continuar gobernando sin necesidad de formar coalición. Pero para mejorar sus posibilidades, el oficialismo debe resolver el dilema de su política exterior. Erdogan necesita una victoria que pueda ser mediatizada, aunque simbólica, para justificar la ambivalencia del último año y mostrarle a su pueblo que la prudencia del sultán -como le dicen a Erdogan- dictaba la razón. En contraposición, si la apuesta sale mal, Erdogan no solo arriesga su presidencia, sino también su lugar en la historia.</p>
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		<title>El precio del machismo en Medio Oriente y África del Norte</title>
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		<pubDate>Tue, 26 May 2015 10:45:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ser mujer en África del Norte y Medio Oriente no es fácil. Abundan abusos contra su integridad, y la región tiene la tasa de participación femenina más baja en la población laboral mundial. Integrar a la mujer a la sociedad, y en igualdad de condiciones que los hombres, implica necesariamente romper con esquemas tradicionales que... <a href="http://opinion.infobae.com/federico-gaon/2015/05/26/el-precio-del-machismo-en-medio-oriente-y-africa-del-norte/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Ser mujer en África del Norte y Medio Oriente no es fácil. Abundan abusos contra su integridad, y la región tiene la tasa de participación femenina más baja en la población laboral mundial. Integrar a la mujer a la sociedad, y en igualdad de condiciones que los hombres, implica necesariamente romper con esquemas tradicionales que la sitúan como rehén del círculo íntimo o familiar. Si bien hay que reconocer que en ningún país las mujeres están del todo exentas a tales infortunios, tomados en conjunto los países con mayoría musulmana tienen lejos el peor récord de igualdad entre sexos.<span style="text-decoration: underline;"><br />
</span></p>
<p>El hecho conocido de que en Arabia Saudita las mujeres no pueden conducir es el menor de los males. Lo grave es que el sexo femenino en muchas partes tiene vetado tener amigos de género masculino. La mujer no puede subirse a un automóvil o caminar acompañada de un hombre que no sea su hermano, esposo o padre. Por ello, si usted es mujer, mejor salga bien cubierta y siempre acompañada por un familiar cercano a quien usted pueda obedecer.</p>
<p>En algunos países las niñas y adolescentes son generalmente obligadas por sus familias a casarse. Esto es especialmente cierto en las zonas periféricas más alejadas de las zonas cosmopolitas contiguas al Mediterráneo. <strong>Se estima que en África del Norte y Medio Oriente una de cada cinco chicas es casada antes de los 18 años.</strong> Para ilustrar el caso con algunos ejemplos, en Irán el matrimonio es legal a partir de los 13 años, en Yemen a partir de los 15, y en Egipto, si bien la mujer no puede legalmente casarse antes de los 18, durante la gestión de Mohamed Morsi se intentó bajar la edad a los 13. De continuar esta tendencia, con 14.2 millones de niñas casándose todos los años antes de llegar a la madurez, para 2020 habrán en la región 140 millones de niñas casadas prematuramente. De este grupo, 50 millones tendrán menos de 15 años.</p>
<p><strong>Suele acontecer que si la niña o mujer rechaza a su pretendiente, puede sufrir agresión física por faltarle el respeto al deseo de su padre o tutor.</strong> En lugares como Afganistán, Irán, Pakistán y Sudán si usted es mujer puede ser lapidada ante la presunción de adulterio. Si a usted le ha tocado nacer niña en esta parte del globo no será inocente hasta que se pruebe lo contrario; usted será culpable y punto. Si es violada, usted será la condenada. La considerarán axiomáticamente una malhechora de la moral por seducir al hombre que la atacó, y si tiene suerte el incidente no pasará a mayores instancias. Si dentro de todo es “afortunada” en la desdicha, su raptor será un familiar directo, y el asunto se quedará en secreto. Caso contrario, si quien la violó es un extraño, el patriarca de la casa podría casarla con el trasgresor para ahorrarle al núcleo familiar la deshonra de tener que lidiar con una mujer abusada. En algunos países predominantemente musulmanes se han registrado incluso casos en donde chicas y adolescentes, forzadas a casarse en semejantes ominosas condiciones, prefirieron el suicido antes que aceptar un destino de sumisión y humillación. Si usted no nació niño en uno de los países árabes del Golfo, olvídese de votar o presentar candidaturas. Allí a las chicas como Malala Yousafzai se las silencia.</p>
<p>En 2002, 15 chicas murieron en un incendio en una escuela de Arabia Saudita porque la policía “religiosa” (<i>muttawa</i>) evitó su rescate porque estas no estarían cubiertas con el velo exigido por la ley. En tal idiosincrasia, la deshonra aparenta ser peor calvario que la muerte. Por esta misma razón el goce sexual de la mujer es tabú, y es algo que en las sociedades triviales y ortodoxas se busca restringir culturalmente. Aunque la religión islámica no condona dicha práctica, el establecimiento religioso en donde la misma suele ser aplicada se muestra indiferente. Ergo, en África del Norte, para evitar la promiscuidad femenina, la mutilación genital o ablación de las mujeres es una práctica tradicional que dista de ser erradicada.</p>
<p><b>El problema de fondo</b></p>
<p>Si usted cree en la trascendencia que inspiran los Derechos Humanos, las garantías de la mujer no son algo relativo a contrastarse con la cultura o religión. Si usted sostiene esta posición, la cual tomo como propia, algunos intelectuales lo acusarán de orientalista o eurocentrista. Por mi parte les digo que así sea. En términos de principios rectores, creo que sobre la cuestión de la igualdad de género ya no debería haber debate. Para mostrar el asunto, contrario a lo que un respetado pensador islámico “moderado” sostuvo durante un debate para la televisión francesa en 2003, no debería haber un “moratorio” o discusión acerca de la legitimidad de la ablación sexual femenina. Debería ser prohibida y ya. Como la democracia, la doctrina ética de los Derechos Humanos representa la culminación del pensamiento liberal occidental. Llevadas a la práctica verídicamente, la democracia y los derechos humanos forman la institución “menos mala” para regir la convivencia entre las personas, y eventualmente terminar con el sexismo.</p>
<p>Por descontado una democracia difícilmente pueda ejecutarse como tal si no respeta a las mujeres, a las minorías o a los disidentes políticos. Por otro lado, no es casual que las mayores violaciones siempre se observan en los regímenes totalitarios. Democracia y Derechos Humanos son dos caras de la misma moneda. No obstante los relativistas culturales en algún punto tienen razón. No hay que perder de vista que estos principios liberales se desarrollaron históricamente en un contexto de perpetuo conflicto como el europeo, vasto en vicisitudes y protagonizado por recurrentes contradicciones.</p>
<p><strong>La mayor parte del mundo islámico, sin embargo, no sufrió estas transformaciones.</strong> A pesar de los avances, por ejemplo en virtud de la Primavera Árabe que a la larga promete despertar una tendencia liberal en Egipto y el Magreb, lo cierto es que no se puede cambiar el <i>zeitgeist</i> y la idiosincrasia de toda una región de la noche a la mañana. En este sentido hay que tener presente la tendencia que muestra que cuanto más seculares sean los habitantes de un Estado (piénsese en Suecia o Dinamarca), mayor es la igualdad de oportunidades entre los géneros. Desde lo epistemológico, es precisamente el carácter arreligioso de los principios enarbolados por las Naciones Unidas lo que los hace universales. Antitéticamente, para una sociedad marcadamente religiosa que no ha hecho una separación completa entre lo público y lo privado, lo sagrado y lo profano, estos principios resultan anticuados. Así lo demostró, por ejemplo, la Organización para la Cooperación Islámica (OCI), que citó a sus miembros en 1990 en El Cairo para pronunciar su versión alternativa e islámica de los derechos humanos.</p>
<p>El mundo árabe sigue sumido en cierta medida en el pasado. Las tradiciones de África del Norte y Medio Oriente aquí brevemente presentadas no protegen a la mujer; y en la medida en que le quitan su libre albedrio, la oprimen. Existen rarísimos casos de personas que se autosometen a tales castigos, mas difícilmente podría ser asentado con plena seguridad que, al caso, la mayoría de las mujeres que llevan el burka (velo de cuerpo entero) son seres libres. En principio porque no podemos preguntarles. La organización estadounidense Freedom House opina que en el mundo árabe sólo el 2% de la prensa es libre; y aún busco enterarme de alguna mujer que haya sido acusada de infidelidad y haya sobrevivido sin recurrir al exilio en Occidente.</p>
<p><strong>Con todos sus matices, el ejercicio de la moral occidental es la mejor garantía para las mujeres – porque simplemente es la menos mala, la que mejor funciona.</strong> El problema en África del Norte y Medio Oriente no es coyuntural a los Gobiernos de turno; es cultural y religioso. Idílicamente, sacar a la mujer de su sumisión debería ser un fin en sí mismo que no requiera por demás explicación. Pero esto no ocurre así. El machismo, además de constituir una barrera al desenvolvimiento de las mujeres, genera una enorme traba al progreso y desarrollo de las economías de dicha región. Lo que se requiere para destrabar el potencial de las naciones en vía de desarrollo no es – como algunos marxistas anticuados sugieren – “el fin del imperialismo”, sino lisa y llanamente la extensión de derechos a las mujeres. Véase que el sexismo no solo es un agravio espiritual, pero también económico. Allí quizás el incentivo para cambiar la situación.</p>
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		<title>La yihad no termina con una paz entre israelíes y palestinos</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Mar 2015 10:17:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Existe una opinión muy difundida alrededor del globo que consiste en señalar que si el conflicto israelí-palestino terminara mañana, el <i>leitmotiv</i> de la yihad, la guerra santa contra “los pérfidos judíos”, siempre presente en el islam radical, perdería su tono para eventualmente convertirse en un susurro. Esta creencia supone que si los israelíes y palestinos firman la paz, tanto árabes como musulmanes en general no tardarán en verse forzados, dadas las circunstancias, a resignarse a convivir con un Estado judío como vecino. No obstante, si bien esta hipótesis se justifica con algunos argumentos, <strong>vistas las cosas en perspectiva, la misma resulta poco realista – y hasta algo ilusoria también.</strong></p>
<p>Recientemente el rey <a href="http://www.timesofisrael.com/jordan-king-palestinian-peace-deal-needed-to-defeat-is/">Abdalá II de Jordania suscribió en público a esta idea</a>. El monarca hachemita se dirigió al parlamento europeo, y advirtió que el conflicto entre israelíes y palestinos sirve como un grito de guerra para los yihadistas. Si bien admitió que la lucha contra el extremismo es una tarea que pesa sobre las naciones musulmanas, al final aseveró que el problema de raíz yacía en el fracaso de la comunidad internacional para defender los derechos palestinos. “Este fracaso – dijo – envía un mensaje peligroso”.</p>
<p>Abdalá no es la primera ni será la última personalidad en dar cabida a esta noción. No hace falta ser un experto para percatarse que “<a href="http://hatzadhasheni.com/escritor-kurdo-iraqui-dejen-de-llamar-a-los-judios-los-descendientes-de-monos-y-cerdos/">judíos descendientes de cerdos y monos</a>” y otros clichés del antisemitismo clásico son piezas inamovibles de la retórica de quienes apelan a la guerra santa islámica como vehículo hacia la rectitud y corrección de todos los males. <strong>En defensa de la hipótesis, tiene sentido contar con que una vez erguido un Estado palestino, viviendo en paz con Israel, los yihadistas e islamistas de corte belicista pierdan legitimidad a la hora de levantar el espíritu de las masas</strong>. Este feliz escenario se vería potenciado por el hecho de que bajo los auspicios de Arabia Saudita, la Liga Árabe le ofreció a Israel en 2002 el pleno reconocimiento diplomático de sus miembros (menos Siria), siempre y cuando este acordara una solución definitiva al problema palestino. El impacto sería trascendental. Alcanzada una paz avalada por los países árabes, los yihadistas, al menos en teoría, verían su legitimidad disminuida, y pasarían a representar la posición errática de grupos transnacionales, y no así aquella de los Estados musulmanes propiamente establecidos.</p>
<p>Sin embargo, esta línea de análisis presenta un problema elemental. Pone todo el peso por el fracaso de las negociaciones sobre Israel, perdiendo de vista que la primicia del conflicto no es enteramente territorial, pues también es religiosa; especialmente desde el punto de vista del yihadista convencional. Gracias a la irrupción en escena del Estado Islámico (ISIS), esta realidad nunca estuvo tan manifiesta como ahora. Si hay algo que los yihadistas en Mesopotamia demuestran es que Israel, independientemente de cuanta saliva sea gastada para despotricar en su contra, no es la única fuente que incita al terrorismo islámico. Lejos de eso, <strong>la guerra del ISIS y sus grupos afiliados se libra <a href="http://www.infobae.com/2015/01/09/1620040-la-prohibicion-la-representacion-mahoma-una-guerra-contra-la-cultura-misma">contra la cultura misma</a>, contra el legado de la Antigüedad, contra los ritos y costumbres locales, contra quienes no tienen la suficiente virtud religiosa, y contra quienes abrazan las formas modernas y reniegan del dogma.</strong></p>
<p>Comparando el islamismo en sus ramas más extremas con los totalitarismos del siglo pasado, varios autores emplearon, no sin controversia, neologismos como “islamofacismo” o “islamoleninismo” para ponderar las similitudes entre todas estas fórmulas. La comparación se basa en la identificación de una mentalidad semejante, que se opone a lo “mecánico y artificial” de la sociedad industrial, clasista y liberal, para elevar el ideal de un sociedad “orgánica”, romántica, unida por el pasado, y apegada a una causa nacional – o en este caso religiosa. Identificando dicho patrón común, Ian Buruma y Avishai Margalit hablan de “<a href="http://www.casadellibro.com/libro-occidentalismo-breve-historia-del-sentimiento-antioccidental/9788483076880/1042158">occidentalismo</a>”, lo que en esencia es el sentimiento antioccidental. Así como lo marcan los autores, el occidentalismo religioso tiene un agravante en relación a otros proyectos totalitarios, y es que “tiende a proyectarse, mucho más que cualquiera de sus variantes seculares, en términos maniqueos, como una guerra santa que se libra contra la idea de un mal absoluto”.</p>
<p>Lo importante a destacar aquí es que para el antioccidental los problemas suelen comenzar con los judíos, pero nunca terminan con ellos. Al caso, el nazismo veía a los judíos tanto como representantes del capitalismo como del comunismo, pero además de plantear su destrucción física, la locura hitleriana emprendía una campaña que englobaba la destrucción inexorable de tales sistemas. En tanto estos existieran, siempre habría judíos envueltos en tinieblas confabulando contra el Reich. <strong>Dejando de lado las distancias, con el extremismo islámico sucede algo muy similar.</strong></p>
<p>Todo quien haya visitado Israel se percatará que el país constituye un apéndice de Occidente en Medio Oriente. Con una economía de mercado pujante, un sistema democrático y liberal, el contraste con sus vecinos árabes es tajante. Siendo estas sus características, para un yihadista Israel no solo es una calamidad de la peor índole por ser una entidad soberana judía, sino que además el país representa todos los valores que este se ha cometido a destruir. <strong>Para el islamista, Israel, además de ser un Estado que ha usurpado tierra islámica, es de lo más abyecto porque corrompe a los musulmanes con los supuestos valores frívolos y artificiales de la sociedad moderna, apegados con Occidente.</strong></p>
<p>Dar por entendido que el fenómeno del yihadismo dejará de existir luego de que israelíes y palestinos convengan una solución pacífica a sus disputas suena razonable, siempre y cuando se crea que la matriz del conflicto es territorial. Existen por supuesto controversias de esta índole, y que de acuerdo a lo pautado históricamente con mediación estadounidense, esperan ser resueltas mediante intercambios de tierras, a modo de acomodar a las partes involucradas. Pero eso no es todo, porque el conflicto esconde una importante faceta religiosa, ciertamente más intangible y difícil de apreciar que la cuestión territorial, mas no por eso menos importante. En este sentido, la tan ansiada paz para unos se convierte en la tan odiada traición para otros.</p>
<p><strong>El yihadismo no finalizará con una paz entre israelíes y palestinos.</strong> Quienes por el lado palestino hayan cedido al compromiso se convertirán inmediatamente en blancos antes que los propios israelíes. Análogamente, Estados Unidos y Europa no estarán más seguros frente al terrorismo islámico, porque al final de cuentas la campaña de los yihadistas va conducida contra Occidente en su conjunto, sin importar lo que este haga o deje de hacer. Siempre hay que tener presente que en sus fantasías utópicas, el ISIS busca impartir un califato a escala global, y no se contentará con retener soberanía en Medio Oriente.</p>
<p>Los yihadistas no serán apaciguados una vez solucionado el conflicto israelí-palestino. A estas alturas ha quedo en claro que las primeras víctimas del extremismo religioso son los propios musulmanes, y luego, sin falta, los occidentales.</p>
<p>Así como lo dijo el rey jordano, la lucha contra el extremismo debe pesar sobre las naciones musulmanas. Sin embargo, <strong>poner a Israel como condicionante o catalizador de la insurgencia islámica, además de no ser preciso, resulta malicioso en aras de comprender la verdad.</strong> Es desconocer el odio a todo Occidente, a sus valores y libertades, inherente en la mentalidad fundamentalista islámica.</p>
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		<title>ISIS dejará de existir, pero no será el fin del fanatismo islámico</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Oct 2014 11:38:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En la columna de Iván Petrella publicada en este medio el 8 de octubre, el académico y legislador porteño afirma que los primeros en condenar el accionar del ISIS (Estado Islámico) son los exponentes del islam. Tal como presenta Petrella, la deslegitimación que pesa sobre el ISIS deriva de la durísima oposición de importantes referentes... <a href="http://opinion.infobae.com/federico-gaon/2014/10/27/isis-dejara-de-existir-pero-no-sera-el-fin-del-fanatismo-islamico/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://opinion.infobae.com/ivan-petrella/2014/10/08/isis-el-islam-es-la-solucion/">En la columna de Iván Petrella</a> publicada en este medio el 8 de octubre, el académico y legislador porteño afirma que los primeros en condenar el accionar del ISIS (Estado Islámico) son los exponentes del islam. Tal como presenta Petrella, la deslegitimación que pesa sobre el ISIS deriva de la durísima oposición de importantes referentes musulmanes, y de miles de creyentes alrededor del globo, quienes hacen escuchar su voz a través de las redes sociales. El autor correctamente argumenta que no hay que confundir a una minoría con la totalidad de la población musulmana. Sin embargo, hay ciertas cuestiones que considero conveniente debatir.</p>
<p>Antes que nada, tomando como punto de partida las manifestaciones musulmanas contra el ISIS que se citan en su artículo, <strong>Petrella sugiere que el conflicto no representa un enfrentamiento entre el Islam y Occidente, sino que en cambio es un conflicto entre una mayoría pacífica y una minoría violenta dentro del credo musulmán.</strong> Coincido con Petrella en esto último, pero difiero en lo primero. Si bien es cierto que la dicotomía Islam-Occidente es servicial a los intereses de los yihadistas, no por ello deja de ser verídica. Al analizar la historia, uno puede encontrarse que por regla general, los extremistas políticos y religiosos de toda rama y procedencia han optado por desquitarse primero con la oposición doméstica y luego con la externa.</p>
<p>En el caso del mundo islámico, el polo extremista del movimiento religioso revivalista siempre buscó imponer la purificación del creyente por la fuerza. Si uno no se purificaba bajo los rígidos parámetros ultraconservadores, entonces se era tan pagano o infiel como un no creyente, por más consideración que uno podía tenerse a sí mismo como musulmán devoto. En este aspecto, la purgación casera de los individuos descarriados siempre fue considerada un paso previo y necesario, por lo menos en términos discursivos, a la dominación mundial. La prueba está en que desde las primeras conquistas wahabitas en Arabia en el siglo XVIII, pasando por el Emirato Islámico de Afganistán en 1996, y la actual conformación del autoproclamado califato sirio-iraquí, los yihadistas han buscado fijar que los musulmanes que no se ajustan a una tradición dogmática no son musulmanes.</p>
<p>En términos abarcativos, este argumento es habitual en todas las corrientes totalitarias.<strong> Consiste en señalar que aquellos individuos que se han autoconvencido de ser algo que no son, terminan siendo más peligrosos que aquellos que reniegan abiertamente de la fe, la ideología, o el partido, por la mera razón de que propagan el mal ejemplo entre sus pares. El ISIS ejemplifica esta minoría totalitarista.</strong> Pero aunque existe una tendencia común entre los totalitarismos a aniquilar a los opositores internos, esto no minimiza el hecho que estos movimientos frecuentemente buscan antagonizar con terceros, no solamente por una cuestión de labia política, sino por un cuerpo de creencias enmarcado en una ideología bien establecida.</p>
<p>No debería sorprender que diversos comentaristas hablen de “islamofascismo” o incluso de “islamoleninismo”, lo que suena a oxímoron, para asemejar al islam político, es decir, al islam ideologizado, con los grandes totalitarismos del siglo pasado. Para ser claros, no es el islam <em>per se</em> como religión el que está enfrentado con Occidente, pero sí son sus formas politizadas, que en distintos tonos, más o menos extremistas, en definitiva persiguen la consecución de un Estado puritano, estrictamente basado en la práctica religiosa. <strong>Para los islamistas de toda denominación, el Estado no es un fin en sí mismo, sino un medio para llegar a un fin.</strong></p>
<p>Basándonos en la columna de Petrella, analizar al ISIS puede convertirse en un ejercicio propio de la paradoja del vaso medio lleno o medio vacío. Para mi experimentado colega, el vaso está medio lleno porque hay indicios positivos de que los propios musulmanes están tomando cartas en el asunto; de que quieren defenestrar la inelástica, anticuada y violenta visión del islam que profesan los extremistas. En contraste, para mí el vaso está medio vacío. Aunque Petrella está en lo correcto en sostener que el islam debe ser parte de la solución, el islam que él cita no es exactamente un ejemplo de progresismo.</p>
<p>Ha habido protestas encabezadas por musulmanes contra las atrocidades del ISIS, pero no de forma multitudinaria, no de forma constante, y no así contra la noción de “yihad armada”. Por otro lado, decenas de miles de musulmanes de todo el mundo se movilizaron para condenar la incursión militar de Israel en Gaza entre julio y agosto de este año, y sin embargo, en términos relativos, los manifestantes prestaron poca atención a lo que venía sucediéndose en Siria y en Irak. Mientras que la guerra en Gaza se llevó la vida de alrededor de 2.000 palestinos, en Siria, según las últimas cifras, la guerra civil viene sumando la cantidad de 170.000 muertos, un tercio de ellos civiles. <strong>En cuanto al ISIS, según cifras de Naciones Unidas, hasta comienzos de septiembre, los yihadistas habrían matado ya cerca de 9.400 civiles.</strong></p>
<p>Dicho esto, vale preguntarse con un espíritu crítico, ¿por qué no vemos tantas manifestaciones cuando los musulmanes matan musulmanes, y no obstante cientos de ellas cuando los judíos (israelíes), o los cristianos (norteamericanos) matan musulmanes?</p>
<p>Petrella destaca como positivo que varios países árabes hayan integrado la coalición contra el ISIS. Ahora bien, esta medida no se debe a una cuestión de discrepancia religiosa o rectitud moral, sino a la percepción estratégica de un peligro común, que amenaza, entre otras cosas, la posición de las monarquías en la región. Salvando las distancias, así como en los últimos años del siglo XVIII las casas reales europeas se aliaron contra la Francia revolucionaria (para contener la expansión de sus ideales radicales al orden imperante), hoy son los reales regentes conservadores del mundo árabe quienes han decidido romper la revolución yihadista para evitar que sus cabezas se exhiban en la plaza pública. Notoriamente al caso, <strong>si Arabia Saudita ha decidido enfrentarse al ISIS, es porque entendió que a razón de la Primavera Árabe, seguir financiando a los grupos islamistas para promover la versión religiosa ortodoxa que prima en dicho Estado se convirtió en algo contraproducente, algo que podía poner en jaque la supervivencia del régimen.</strong> Por eso, tal como lo ha notado un analista, “controlar el discurso religioso se ha convertido en un requisito de seguridad y en una necesidad social, antes que en un redundante llamado a la reforma”.</p>
<p>El hecho de que prominentes clérigos musulmanes hayan decretado al ISIS como un ente ilegitimo es claramente una buena noticia, pero debemos tener sumo cuidado antes de catalogar a estas figuras como “moderados” –un error que a mi juicio los medios repiten bastante seguido. Petrella cita por ejemplo al prestigioso jeque Abdallah bin Bayyah. Como dato de color, es curioso notar que hasta no mucho tiempo atrás, el órgano del cual el jurista era vicepresidente, la Unión Internacional de Juristas Musulmanes (IUMS por sus siglas en inglés), dictaba que la resistencia armada contra los israelíes en Palestina y los norteamericanos en Irak era un deber religioso. Bin Bayyah se distanció de esta esta línea y ha renunciado a su cargo en dicho organismo el año pasado, pero sospecho que esto se debería más a presiones sauditas que a un pleno cambio de corazón. Hoy en día apoyar a un grupo islamista, o peor aún, a un grupo yihadista, se ha vuelto políticamente incorrecto a los ojos de los regímenes árabes, por la razón discutida recién.</p>
<p>Otro clérigo de renombre internacional como lo es Yusuf al-Qaradawi, presidente del IUMS, se mantiene un fiel allegado a los brazos de la Hermandad Musulmana que proliferan en la región. Qaradawi también se expresó en contra del ISIS, mas eso no quita que sea un extremista en potencia, si es que no lo es ya, a punto tal que Estados Unidos le prohíbe el ingreso al país.</p>
<p><strong>¿Es entonces el mundo islámico la solución al fenómeno del ISIS? Afirmar prestamente que sí es una concesión al discurso políticamente correcto que manda en las sociedades libres y pluralistas como la nuestra. En efecto debería serlo, pero en el terreno, salvando algunos casos puntuales, no parece ser así.</strong> Pese a su excepcionalísimo, creo que en muchos sentidos el ISIS es solamente la punta de un iceberg. Si existe una tendencia destructiva entre los musulmanes, esa sería la severa aplicación de la tradición religiosa en las sociedades modernas. Sin ser ellos los enemigos declarados de Occidente, esto se ve reflejado en la estricta aplicación de la ley islámica en los países del Golfo, y luego, en las plataformas islamistas que proliferan desde Libia hasta Siria, o de India hasta Indonesia.</p>
<p>El ISIS posiblemente dejará de existir eventualmente, pero su destrucción no signará el final del fanatismo religioso islámico, en tanto las comunidades musulmanas, sobre todo aquellas fuera de Occidente, no se expresen con suficiente vigor en contra de la politización de la religión, sea para el fin que sea, pero especialmente para justificar luchas armadas. Cuando la religión haya medidamente pasado a un segundo plano en la esfera cotidiana, entonces a mi criterio podrá descartarse a lo religioso como un catalizador de violencia y conflicto en Medio Oriente.</p>
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