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	<title>Federico Gaon &#187; Irak</title>
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		<title>El peligro del terrorismo islámico en Europa</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Sep 2015 03:00:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>A partir de una nota del <a href="http://www.express.co.uk/news/world/555434/Islamic-State-ISIS-Smuggler-THOUSANDS-Extremists-into-Europe-Refugees"><i>Sunday Express</i></a>, la semana pasada los medios conjeturaron que alrededor de cuatro mil yihadistas habrían entrado a Europa, camuflados entre los refugiados sirios. <b>Sacando ventaja del enorme flujo migratorio hacia el continente, a suerte de caballo de Troya, el Estado Islámico (ISIS) habría infiltrado a combatientes experimentados con el objeto de reclutar nuevos miembros, formar células locales, y perpetrar ataques terroristas</b>. Lastimosamente, lejos de ser esto solamente una especulación mediática, es una realidad severa que podría llegar a materializarse en un atentado. Cualquier estimación contraria es lisa y llanamente negligencia. Se trata de un escenario adverso que ya ha sido vociferado por varios funcionarios, entre ellos el ministro de Interior español, el ministro de Educación libaneses, el director de Inteligencia estadounidense, e incluso el Papa.</p>
<p>Ahora bien, ya desde un principio no haría falta poner la lupa en los refugiados para sonar la alarma. Europa viene atestiguando en la última década un auge en actividades terroristas llevadas a cabo por musulmanes radicales. En contexto, y para ilustrar, alcanza con pasar revista a sucesos como los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid, del 7 de julio de 2005 en Londres, del 29 de marzo de 2010 y del 21 de enero de 2011 en Moscú, entre tantos otros. Más recientemente, entre el 7 y el 9 de enero de este año, los atentados en París (<i>Charlie Hebdo</i>, Hyper Cacher) volvieron a manifestar la vulnerabilidad de las capitales europeas frente al terrorismo. Lo peor del caso es que los responsables, asesinos, cómplices y perpetradores, no siempre provienen de un país musulmán extranjero, pero suelen ser nacionales del Estado atacado -españoles, británicos, rusos o franceses.<span id="more-199"></span></p>
<p>También está el hecho de que <b>Europa se ha convertido en exportadora de yihadistas con destino a Medio Oriente</b>. De acuerdo con <a href="http://icsr.info/2015/01/foreign-fighter-total-syriairaq-now-exceeds-20000-surpasses-afghanistan-conflict-1980s/">algunas estimaciones,</a> el número de combatientes extranjeros peleando en Siria y en Irak ha sobrepasado los 20.000. De estos, un quinto procedería de países de Europa occidental. Notoriamente, en las filas de los radicales sunitas, habría alrededor de 1200 franceses, entre 500 y 600 alemanes, el mismo número de británicos y cerca de 440 belgas. Provistos de pasaportes europeos, estos combatientes voluntarios, muchos de ellos “blancos”, despiertan menos sospechas en los controles de seguridad aeroportuarios, y ergo cuentan con mayores facilidades para desplazarse.</p>
<p>He aquí una verdad que no sorprendentemente incomoda. Las circunstancias alimentan prejuicios, dando la impresión de que existe una quinta columna en el seno de las comunidades musulmanas europeas. Teniendo esto en cuenta, los políticos son reticentes a hablar claro sobre estos temas. Solo basta una palabra o expresión desafortunada para que sean vistos por sus constituyentes y descritos por la prensa como xenófobos o islamofóbos. Lo cierto es que para no ofender, para evitar estigmatizar al colectivo musulmán, al entremezclarse religión y política, se busca minimizar el componente ideológico detrás de la campaña yihadista. <b>Se sostiene así </b><b><a href="http://www.democracyjournal.org/pdf/3/DAJOI3_LindBergen.pdf">el mito</a></b><b> de que el radicalismo entre los musulmanes europeos prospera cuando el Estado falla en su labor de ente integrador</b>, asumiendo axiomáticamente que el desempleo y la marginalización son el saldo de la mala planificación de las políticas públicas.</p>
<p>En realidad sucede que los agravios que atormentan a los extremistas distan de ser exclusivamente socioeconómicos. <b>Más bien, la transición hacia el radicalismo, sea del estipe que sea, está fuertemente emparentada con la búsqueda del individuo por sentido y trascendencia en una vida que se percibe frívola, superflua y material</b>. Como han notado decenas de expertos y analistas, la pulsión destructiva de los yihadistas encuentra precedentes y hasta inspiración ideológica en las usanzas de los totalitarismos del siglo pasado. Tal como dice el dicho, los extremos se tocan, y al respecto hay casos de europeos “blancos” que antes de convertirse en yihadistas simpatizaban con plataformas de extrema izquierda.</p>
<p>Para comprender el fenómeno del terrorismo islámico y para comprender cómo es posible que jóvenes europeos dejen atrás el relativo confort del primer mundo para librar una batalla en medio del desierto en otros países uno debe nutrirse con los testimonios de las personas desradicalizadas, expuestas durante años a un mensaje totalitario imbuido con aparente legitimidad religiosa. En este sentido, tal como lo afirma <a href="http://tribune.com.pk/story/379350/seminar-on-muslims-and-modernity-jihadi-danger-is-from-the-elite-not-the-poor/">Maajid Nawaz</a>, un británico de ascendencia pakistaní que pasó de ser extremista islámico a ser un político liberal, “los terroristas no vienen solamente de las villas miseria -estadísticamente, un número desproporcionado de yihadistas globales viene de una formación universitaria”. Para ejemplificar, hasta mediados de 2011 el 45 % de las personas condenadas en Reino Unido por afiliación a Al-Qaeda había estudiado en instituciones académicas o de educación superior. <a href="http://edition.cnn.com/2015/02/19/opinion/bergen-terrorism-root-causes/">Yihadi John</a> (Mohammed Emwazi), el británico que saltó a la infamia por decapitar rehenes en los videos del ISIS, tenía un título de grado en tecnología de la Universidad de Westminster. Esto hace evidente que el primer paso para comprender el terror yihadista es identificar las causantes ideológicas detrás de este fenómeno, en rigor las auténticas detonantes de la violencia en cuestión.</p>
<p>Para ser claros, siempre conviene recalcar que <b><a href="http://opinion.infobae.com/federico-gaon/2014/11/17/las-variantes-politizadas-del-islam/">el islamismo y el yihadismo son proyectos con distintos matices</a></b><b> que no se condicen necesariamente con la religión islámica como tal</b>. Digo esto porque islam no hay un solo, puesto que su instrucción -liberal, moderada o conservadora- depende en última instancia de la dirigencia de cada comunidad. No obstante, el problema de raíz estriba precisamente en que esta instrucción o educación, mismo en Europa, ha sido tradicionalmente inflexible, rigurosa, y en muchos casos moldeada a la imagen del wahabismo saudita. Vistas las cosas desde una perspectiva amplia, el islam liberal o secularizado es una tendencia relativamente novedosa que aún no se ha desarrollado ampliamente. Por el contrario, si el islam es lo que cada predicador dice que es, nos encontramos con que en el seno de las comunidades musulmanes europeas existen clérigos que fusionan elementos religiosos con aspiraciones políticas modernas, adoctrinado a los jóvenes y empantanando la distinción entre lo piadoso y el activismo político-religioso.</p>
<p>En Francia, de acuerdo con el Ministerio de Interior galo, los extremistas estarían dominando 89 mezquitas. Además, cualquiera que conozca París sabe que existen enclaves, denominados eufemísticamente como Zones Urbaines Sensibles<i> </i>(ZUS), gobernados por la <i>sharia</i>, la ley islámica, en donde ni la policía ni las ambulancias quieren entrar. Sin más, pareciera ser que las ZUS se están convirtiendo un panorama común en varios países de la región.</p>
<p>Por citar tres incidentes particulares, una cámara oculta reveló cómo un maestro en una escuela musulmana en Birmingham enseñaba a los niños: “los infieles son las peores criaturas” y que no podían confiar en los musulmanes liberales. Luego, un portavoz de una mezquita de La Haya dijo que su congregación se opone a la <i>Declaración Universal de los Derechos Humanos</i> “por ser una fundación ajena a Dios”. Finalmente, valiéndome también de la experiencia personal de un amigo alemán que transitó por una comunidad ortodoxa en Dortmund, en algunas instancias se enseña que los judíos lo controlan todo y que el sionismo está detrás de todos los designios malvados del mundo. En este aspecto, al hablar del terrorismo del llamado “lobo solitario” hay que tomar precauciones. <b>Quien le haya inculcado la judeofobia al asesino que mató a tres niños judíos en Toulouse en marzo de 2012 tiene figurativamente las manos ensangrentadas también</b>. Lo mismo aplica para los educadores que hayan instruido al asesino que irrumpió en el Museo Judío de Bruselas y mató a cuatro personas en mayo del año pasado.</p>
<p>Los manifestantes que recurrentemente piden que la ley islámica sobrepase a la ley positiva estatal en las calles europeas adoptan el discurso de sus líderes religiosos. Así como hay clérigos que defienden con honra el valor intrínseco de la nacionalidad, existen otros que alientan una visión antisistémica y revolucionaria, por no decir utópica, confabulando a la religión con tales maquinaciones. Quienes por un motivo u otro no encuentran la razón de ser de sus vidas, la educación fundamentalista provee una poderosa ideología que brinda un sentido de propósito, solidaridad grupal y un espirito de lucha para contrarrestar lo mundano de todos los días.</p>
<p>Por otro lado, en tanto la población musulmana de Europa viene creciendo sostenidamente, los Estados occidentales han introducido currículos escolares con educación islámica, pero, a los efectos de no ofender, no la han condicionado a una lectura racional y crítica de las fuentes religiosas. Asimismo, <b>dado el vínculo cercano entre el islam y la escena política, los funcionarios europeos temen antagonizar con las colectividades musulmanas</b>. Como alegorías de esta realidad, <a href="http://www.gatestoneinstitute.org/3479/jihad-christmas-trees">para no ofender a sus musulmanes</a>, en 2012 Bruselas no instaló su tradicional árbol de navidad. Igualmente, para no ofender, este año algunos parlamentarios alemanes rechazaron una propuesta para que todos los estudiantes secundarios de Bavaria visiten los sitios del holocausto como parte del currículo escolar.</p>
<p>Todas estas condiciones dan lugar a un coctel explosivo que tiene a los servicios de seguridad europeos bastante ocupados. Sin embargo, <b>los políticos deben percatarse de una vez por todas de que no se puede apaciguar a las personas con inclinaciones ideológicas totalitarias</b>. Como indican los expertos, es un error tratar a las personas como seres racionalistas en constante búsqueda por maximizar su bienestar material. Siendo el secularismo una etapa relativamente nueva en la experiencia islámica, en términos generales, la solidaridad grupal de los musulmanes, basada en la religión y no tanto en la nacionalidad, es frecuente motivo de choque con las autoridades europeas. El quiebre aparece con el altísimo grado de susceptibilidad, sin parangón en otro colectivo, de los musulmanes hacia las causas que toman como representativas de una nación islámica global. Ejemplo de ello son las multitudinarias manifestaciones alrededor del mundo congregadas, en varias ocasiones, para protestar -no siempre pacíficamente- contra la difamación causada por algún medio gráfico occidental que osó caricaturizar al profeta. Dicho activismo ocurre así también con el acontecer del conflicto israelí-palestino, ruso-checheno, como en su momento igualmente lo demostraron el conflicto serbio-bosnio y estadounidense-iraquí, entre otros.</p>
<p>La buena noticia es que <b>tras los atentados de enero de París, las autoridades han comenzado a </b><b><a href="http://www.education.gouv.fr/cid85644/onze-mesures-pour-une-grande-mobilisation-ecole-pour-les-valeurs-republique.html">poner la lupa en la educación</a></b><b> que se imparte dentro de las escuelas musulmanas, hasta ahora ajenas al escrutinio de los Estados</b>. Esto es un primer paso en una campaña que seguramente probará ser bastante extensiva. Por otra parte, al corto plazo, la prioridad con justa razón está en detectar a los yihadistas que ingresan (o reingresan) a los países europeos. Estos representan de momento la principal amenaza a la seguridad del continente. Un par de periodistas han mostrado lo fácil que hoy en día es conseguir un pasaporte sirio con una identidad falsa, la cual perfectamente podría ser utilizada para engañar a las autoridades migratorias europeas, desbordadas con el inmenso número de personas que buscan refugio. Un periodista compró por 750 euros un pasaporte con la imagen del primer ministro neerlandés, Mark Rutte. Otro pagó por documentación similar que lleva su rostro con 2000 dólares y sostiene que quien se la vendió le confió que sus principales clientes son yihadistas que buscan eludir a la seguridad europea.</p>
<p>En el viejo continente se viven tiempos de incertidumbre. Por cuantas cámaras de seguridad sean instaladas, e independientemente del número de efectivos militares custodiando establecimientos susceptibles a ser atacados, penosamente siempre habrá puntos ciegos que el radar no puede detectar. De haber un próximo atentado, este podría ocurrir en algún lugar impredecible, pero el hecho de terror en sí, con este clima, se vuelve bastante predecible. Por añadidura, aquella maravilla de la arquitectura política integracionista que significa el espacio comunitario (Schengen) de fronteras abiertas, no solo está experimentado su mayor desafío hasta la fecha -a razón de los desplazados sirios-, sino que podría convertirse en el arma estratégica más importante de las redes yihadistas europeas.</p>
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		<title>Una parálisis institucional que amenaza con continuar</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Sep 2015 03:00:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El Líbano viene experimentando desde hace un par de meses una crisis institucional. Catalizada por la parálisis del Gobierno, incapaz de dar con una solución al problema de la recolección de basura, con los desechos amontonándose en las calles de Beirut, desde hace dos semanas hay multitudes saliendo a protestar contra las autoridades. Lo que... <a href="http://opinion.infobae.com/federico-gaon/2015/09/14/una-paralisis-institucional-que-amenaza-con-continuar/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El Líbano viene experimentando desde hace un par de meses una crisis institucional. Catalizada por la parálisis del Gobierno, incapaz de dar con una solución al <a href="http://www.infobae.com/2015/08/25/1750750-ante-la-escalada-protestas-se-agudiza-la-crisis-gobierno-el-libano">problema de la recolección de basura</a>, con los desechos amontonándose en las calles de Beirut, desde hace dos semanas hay multitudes saliendo a protestar contra las autoridades. Lo que inicialmente se suponía era una manifestación de ciudadanos preocupados por semejante deterioro sanitario, pronto se convirtió en un movimiento masivo, convocado ya no solamente a raíz de la basura, sino también por otros agravios generales que se desprenden de la escena política del país. Vistas en contexto, las protestas en efecto dicen mucho acerca de la disfuncionalidad crónica que afecta al Líbano, uno de los países más desarrollados culturalmente de Medio Oriente y, sin embargo, uno de los más desgarrados por conflictos.</p>
<p><b>Bajo el lema viralizable de <i>#</i>youstink (apestas), los manifestantes tomaron el incidente de la basura para convertirlo en una crítica general al estado de las cosas</b>. En la Plaza de los Mártires en la capital libanesa, aquella que diez años atrás presenció la llamada Revolución de los Cedros, los citadinos exigen cambios y, vistosamente, las protestas no llevan una agenda sectaria o partisana. Sintetizada, la consigna es “Que se vayan todos” -que renuncien todos los funcionarios implicados en los sucesos recientes, desde el primer ministro al ministro de Interior.<span id="more-193"></span></p>
<p>El movimiento de protesta, protagonizado por una audiencia mayoritariamente joven, incluso ha trascendido fuera de las calles. Notoriamente, hace dos semanas, alrededor de <a href="http://www.aljazeera.com/news/2015/09/lebanon-protesters-storm-government-offices-beirut-150901102451718.html">treinta activistas ocuparon el Ministerio de Medio Ambiente</a> e hicieron allí una sentada para instar al ministro a renunciar. Al cabo de unas pocas horas las fuerzas de seguridad entraron al edificio y expulsaron violentamente a los manifestantes. Lo cierto en este aspecto es que la crisis se ha tornado sangrienta. <b>Desde que iniciaran las protestas multitudinarias el 22 de agosto, el ejército fue movilizado a las calles y la represión le costó la vida a una persona</b>. Tanto manifestantes como efectivos de seguridad resultaron heridos y la crisis de momento no tiene salida a la vista.</p>
<p>Llamada por los medios como la “crisis de la basura”, esta es la punta del iceberg de los conflictos que afectan  la sociedad libanesa. Contextualizando, el Líbano ha sido fraguado históricamente por las divisiones sectarias entre cristianos (principalmente maronitas), chiitas, drusos y sunitas. El país que una vez fuera llamado “la Suiza de Medio Oriente” se desgarró por completo en la década de 1970. En un clima de avasallante polarización entre radicales de izquierda, moderados y radicales religiosos, el país se sumió en una guerra civil, la cual, además del terrible costo humano inherente a los conflictos armados, desbarató al Estado como regente del monopolio de la fuerza y desarticuló su lugar como agente de planificación económica.</p>
<p>En primer lugar, la afiliación sectaria como emisora de identidad e ideología sigue aún muy vigente. Cada comunidad religiosa tiene sus propias plataformas políticas, e incluso cuando adoptan doctrinas seculares, pensar hacer política por fuera de los clivajes sectarios ha sido el principal desafío del Líbano desde su incepción en 1920. Para evitar antagonizar con los colectivos, por regla general, los Gobiernos libaneses irónicamente han evitado gobernar, prefiriendo mantener el <i>statu quo</i>, lo que permitió a cada grupo conservar sus propias escuelas, instituciones y, lo evidentemente más peligroso, sus propias milicias y brazos armados. Este fue uno de los factores que posibilitaron la guerra civil, y al día de hoy -al caso particular de los chiitas- <b>en partes del país no flamea la bandera libanesa, sino más bien aquella de la agrupación proiraní Hezbollah</b>. Esta controla la zona aledaña al aeropuerto de Beirut (el distrito Dahieh), el este libanés alrededor del Valle de la Becá y la región meridional del país. Por ello, el hecho concreto es que Líbano es muy difícil de ser gobernado.</p>
<p>Especialmente cierto desde 2005 en adelante, luego de que Siria se retirara del país tras casi tres décadas de ocupación, <b>Líbano está en un estado de cuasi parálisis política permanente</b>, porque en función de lo expresado recién, sus parlamentarios, antes que compartir una verdadera preocupación federal, están enfrascados en líneas sectarias. Puede destacarse que junto con Hezbollah, el partido chiita de Amal también viene jugando un rol perjuicio para la unidad. En la última década ambas fuerzas han frecuentemente recurrido y cumplido con la amenaza de romper con las coaliciones de Gobierno, para así velar por intereses faccionales, proiraníes y prosirios, a costas de la mayoría.</p>
<p>Vale la pena recalcar que en 2008 (sin representación de las fuerzas chiitas y prosirias que habían renunciado a sus bancas) el Gobierno libanés decidió actuar para clausurar la red de medios paraestatales de Hezbollah. Esta entonces alegó que el Gobierno libanés le había declarado la guerra, y a continuación sucedieron<a href="https://en.wikipedia.org/wiki/2008_conflict_in_Lebanon"> escaramuzas en las calles de Beirut</a>, arrojando a la facción islamista y a sus aliados políticos como ganadores, lo que forzó al Gobierno a tolerar la convivencia con lo que en definitiva es un Estado dentro de otro.</p>
<p>En este sentido, el reciente llamado al “diálogo nacional” por parte del líder de Amal, Nabih Berri, portavoz del Parlamento, resulta inverosímil. De acuerdo con una opinión difundida entre los analistas, posiblemente responde al interés demagógico de Berri por identificarse con la causa de los movilizados y así sumarse réditos políticos. Sin embargo, y con justa razón<b>, </b>los protestantes agrupados en la consigna <i>#</i>youstink<i> </i>son escépticos a las iniciativas promovidas desde los partidos chiitas. Dadas sus alianzas internacionales, estos espurrian más faccionalismo que las otras fuerzas políticas.</p>
<p>El último hecho que da cuenta de esta disfuncionalidad no es tanto la crisis de basura por sí sola, sino que el país no tenga presidente formal desde hace más de un año. Aunque el rol del presidente es más que nada ceremonial, se concede que ejerce una influencia importante en el establishment político. El punto está en que en 2014 los parlamentarios no se pudieron poner de acuerdo y ningún candidato recibió los dos tercios de los votos necesarios para ser presidente. En añadidura, el Parlamento se autoextendió su mandato sin llamar a elecciones generales.</p>
<p>El otro aspecto determinante, en segundo lugar, de la política libanesa, resulta en <b>la incapacidad del Estado por impartir políticas económicas, o tomar un papel activo en la planificación general a largo plazo</b>. El colmo de esto se ve precisamente en la cuestión de la basura. El vertedero de Naameh, ubicado en las montañas al sureste de Beirut, fue originalmente inaugurado en 1997 como una solución a corto plazo, recibiendo los desechos de la mitad de la población. Se suponía que estaría abierto solamente por unos pocos años, hasta que una solución definitiva fuese encontrada. Pasaron los años, y para la fecha prevista de su clausura definitiva, el último julio, el Gobierno no contaba con ninguna alternativa. Indignados, colmado el basurero con quince millones de toneladas de desechos, los habitantes de las cercanías decidieron bloquear las rutas y prohibir el paso para no empeorar la ya de por sí insalubre situación a la que se enfrentan.</p>
<p>En rigor, las actuales protestas hacen eco de todos los agravios que merman el desarrollo del Líbano como nación. <b>Con el problema de las montañas de basura como disparador, la nueva generación de libaneses lamenta el permanente deterioro en la infraestructura, en el entramado institucional y en la permanencia de un <i>esprit de corps</i> sectario</b>. Líbano vive una situación crítica que podría deteriorarse rápidamente. Sumando leña a los problemas domésticos, en tanto continúe la guerra en Siria y en Irak, el Gobierno debe lidiar con las posibles amenazas provenientes del yihadismo. Además, en Líbano viven 1,1 millones de refugiados sirios, que representan el exorbitante 25 % de la población total del país.</p>
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		<title>El dilema de Erdogan</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Aug 2015 09:39:55 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Tras sufrir una recaída electoral en junio, con su popularidad en un bajo histórico, Recep Tayyip Erdogan, fiel a su estilo, ha vuelto a apostar a la política exterior para ganar los puntos que le faltan. Apelando a un tono nacionalista, tanteando una ofensiva contra los enemigos del Estado, el oficialismo busca compensar por la... <a href="http://opinion.infobae.com/federico-gaon/2015/08/28/el-dilema-de-erdogan/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Tras sufrir una recaída electoral en junio, con su popularidad en un bajo histórico, Recep Tayyip Erdogan, fiel a su estilo, ha vuelto a apostar a la política exterior para ganar los puntos que le faltan. Apelando a un tono nacionalista, tanteando una ofensiva contra los enemigos del Estado, el oficialismo busca compensar por la gestión que falta en casa y, apalancándose en el contexto actual de guerra regional, busca recuperar los votos que en las últimas elecciones no pudo cosechar. <b>Es la primera vez, desde las elecciones generales de 2002, que la plataforma de Erdogan, el </b><b>Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), no logra hacerse con una mayoría parlamentaria.</b><b></b></p>
<p>Pese a ganar las elecciones pasadas, dado que no ha podido formar coalición con otra fuerza política, Turquía llamará a elecciones anticipadas en noviembre. <b>Erdogan intenta cambiar el sistema turco para convertirlo en un presidencialismo moldeado en el ejemplo ruso y, en los tres meses que quedan hasta los próximos comicios, espera recuperar votantes apoyándose en una política exterior fornida</b>. Esta, que en el pasado reciente ha sido duramente criticada por su ambivalencia frente al conflicto en Siria y el avance del yihadismo, en los últimos meses se ha endurecido; y mientras el Gobierno la presenta como el cálculo estratégico propio de los intereses nacionales, la oposición, los periodistas y los analistas sospechan que estriba de intereses políticos bastante limitados, con mira a réditos inmediatos en el plano doméstico. De cualquier modo, vale preguntarse si la política exterior turca es sustentable, como desde ya también inquirir si le saldrá bien o no la apuesta a Erdogan.<span id="more-177"></span></p>
<p>Para situarnos en contexto, en la última década, bajo la conducción del AKP, Turquía le ha dado un nuevo significado al viejo mantra de su política exterior. Puesto por Mustafa Kemal Atatürk como una instrucción de no intervencionismo y neutralidad, “paz en casa, paz en el mundo”, la interpretación del mandamiento ahora ha cambiado. Bajo los lineamientos de Ahmet Davutoglu, internacionalista del partido y escudero de Erdogan, <b>ya no es indispensable que haya paz en casa para promover paz en el mundo, pues Turquía ya está consolidada y lista para ocupar su rol histórico en Medio Oriente.</b></p>
<p>Sin embargo, luego de su idealismo, la política exterior turca está plagada de contradicciones.</p>
<p>Desde que comenzara la guerra civil siria cuatro años atrás, Turquía, aunque carga agravios con los sirios y los kurdos, se ha mostrado reacia a intervenir en los asuntos que se desarrollan fuera de sus fronteras. Más allá del Gobierno de turno, los turcos y los sirios mantienen una animosidad histórica por disputas territoriales y discusiones en torno a los recursos hídricos. Para peor, bajo el clan al-Assad, Siria albergó y apoyó al Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), el grupo independentista kurdo considerado terrorista por Turquía y gran parte de la comunidad internacional. Por este asunto, en 1998 Ankara estuvo cerca de declararle la guerra a Damasco, la cual decidió ceder ante las presiones turcas y así evitar una posible escalada. Lo cierto, no obstante, es que con el amargo devenir de la intervención estadounidense en Irak ha quedado en evidencia lo valiosa que es la estabilidad, con actores predecibles y conocidos. Sin final a la vista para los conflictos sectarios en todo Medio Oriente, la clásica sentencia de los juristas musulmanes, que el <i>statu quo</i> es preferible al caos, parece dominar el dictamen en las capitales de la región y Ankara no es la excepción.</p>
<p>En público, por supuesto, Erdogan movilizó tropas a la frontera, mandó a sus diplomáticos a Damasco a protestar y a pedir por moderación en oposición al “salvajismo” contra la población civil. En privado, la intervención quedó descartada por temor a despertar diablos más peligrosos que el régimen de Bashar al-Assad, por temor a enviar el mensaje equivocado al resto del mundo y quizás, antes que todo eso, por simple temor a que dicha jugada fracase.</p>
<p>Desde que llegó al poder, <b>en términos de política internacional, Erdogan está determinado a mostrar que Turquía bajo su mando, aunque afiliada a la OTAN, en rigor no la acompaña</b>. Se opuso a la intervención aliada en Irak, y lanzó una retórica que tuvo más resonancia en el mundo árabe que el discurso de El Cairo (2009) de Barack Obama. Etiquetada por los analistas como “neootomanismo”, la política de Erdogan se caracteriza a grandes rasgos por un nuevo interés en los asuntos de Medio Oriente y por una expresa divergencia con Estados Unidos, el tradicional aliado del establecimiento castrense turco. Obama tiene una buena relación personal con Erdogan y suele referirse a él como “mi amigo Recep”. Sin embargo, entre otros ejemplos, hasta hace un mes atrás Ankara no le permitía a Washington utilizar la base aérea de Incirlik, ubicada en el sureste turco, para atacar posiciones del Estado Islámico (ISIS). No es secreto que el Gobierno turco está preocupado y molesto frente al progresivo apoyo estadounidense a los militantes kurdos -a quienes clasifica como terroristas. Siendo este el caso, no sería insólito que bajo la misión de contener a la horda yihadista, Turquía apunte sus armas contra las fuerzas kurdas. <b>Aunque Erdogan vende a Turquía como si esta fuera a “</b><b>cambiar el juego</b><b>”, hasta ahora los turcos solo han llevado a cabo un ataque aéreo contra el ISIS y varios contra los bastiones kurdos en el sureste turco</b>. Los kurdos, y no los yihadistas, parecen ser la prioridad.</p>
<p>Gracias al revisionismo de sus dirigentes, Turquía ha vuelto al escenario internacional y lo ha hecho con una fórmula que -por lo menos a mi criterio- podría expresarse lacónicamente como “habla fuerte y lleva un gran garrote”. Erdogan es un hombre con un carácter afanoso y, cual líder populista, ciertamente le cuesta hablar suave. <b>Sus declaraciones potentes contra Occidente, Israel y sus advertencias contra los regentes sunitas de Medio Oriente, durante la Primavera Árabe, lo convirtieron en un campeón de las masas, y todo sin flexionar el músculo militar de su país</b>. Ahora bien, la problemática contradicción llegó cuando a Turquía le llegó la hora de golpear y se dejó estar.</p>
<p>En primer lugar, pese a declaraciones robustas contra el régimen de al-Assad, Ankara no puede arriesgarse a fracasar. Según una mirada, el ejército turco no está preparado para contender con la guerra civil siria y lo máximo que podría hacer sería establecer un cordón sanitario alrededor de la frontera siria-turca, exponiendo a los uniformados a retaliaciones. Dicha fuerza interventora, apostada en el terreno, podría ser contraproducente, y, al echar leña al fuego, volcar a los yihadistas contra la población civil turca (ya han declarado su intención de conquistar Estambul), o bien retroalimentar la insurgencia de los kurdos, siempre ávidos por conseguir su independencia.</p>
<p>En la coyuntura actual, semejante fiasco sería el fin cantado de Erdogan. Por otro lado, ya más genéricamente, Ankara no está dispuesta a antagonizar de más con Moscú. En este sentido, detrás de bambalinas, los turcos le tienen más miedo a los rusos que a los estadounidenses, quienes no amenazan con desquites. En los últimos años Turquía ha experimentado un rápido crecimiento en su demanda energética e importa de Rusia el 57 % del gas natural que necesita. En todo caso, <b>los turcos prefieren que sean los norteamericanos quienes hagan el trabajo sucio y confronten a los sirios</b>. Cuando Ankara le pide a Washington una zona de exclusión área sobre Siria, la cual ella misma no está dispuesta a impartir con sus propios medios, en rigor, independientemente de lo que diga la presa, Erdogan está actuando para conservar el estado de las cosas. No puede arriesgarse a una guerra abierta con su vecino meridional, pero tampoco puede dejar de hacer algo. Necesita minimizar el número de desplazados que llegan a Turquía (escapándose de los bombardeos de al-Assad) y necesita, en el proceso, ser consecuente con la apariencia de mandamás con la que viene vistiéndose hace una década.</p>
<p>En segundo lugar, si la aletargada acción de los turcos se explica en el miedo de estos a que los kurdos en el norte de Siria e Irak funden su propio Estado, paradójicamente, en tanto el ISIS es repelido, este escenario se vuelve más factible. A pesar de la ambivalencia que despertó el autoproclamado Califato, no existe analista que conceda que los yihadistas no presentan una amenaza contra la seguridad turca. El hecho de que el ISIS de momento tenga prioridades más dañinas para Erbil (capital del Kurdistán iraquí) o Damasco no implica que Ankara esté fuera de peligro en el largo plazo. Si bien es cierto que Turquía finalmente se unió a la coalición contra el ISIS el mes pasado, Erdogan y compañía siguen atormentados por la incertidumbre. Temen que si actúan determinadamente contra los yihadistas, terminen destrabando la guerra en favor de los kurdos, cuya autonomía el establecimiento turco está decidido a evitar a toda costa. Por todo esto, la disyuntiva del Gobierno turco consiste en cómo hablar lo suficientemente fuerte para dar credibilidad a sus amenazas, mas evitando iniciar una pelea que luego no pueda ser ganada y que le cueste el poder al AKP.</p>
<p>Por estas razones tiendo a pensar que la magra intervención que Turquía montó el último mes tiene más que ver con el plano doméstico que con el externo. El Gobierno turco no arriesgará una intervención militar propiamente dicha, esto es, enviando soldados y vehículos blindados a cruzar la frontera. Podrá haber ataques aéreos o de artillería esporádicos, quizás incluso con mayor frecuencia, pero juzgo muy poco probable que la acción turca sobrepase estos pasos.</p>
<p>En suma, Erdogan estaría arriesgándolo todo con una escalada de violencia considerable, fuera dirigida contra la yihad o contra el régimen sirio. Arriesgaría su continuidad en el poder y complicaría severamente el prospecto de que su país salga relativamente bien parado de la crisis regional. Con una intervención mal planificada y ejecutada, Erdogan tiene mucho más para perder que ganar. Si tras una intervención las cosas salen mal, el prestigio nacional, algo de lo cual los turcos son extremadamente sensibles y recelosos, recibiría un porrazo, y el AKP tendría, en tal caso, una herida difícil de tapar. Pero tampoco puede el Gobierno turco permanecer del todo inerte, especialmente si pretende reafirmarse en las próximas elecciones. En efecto, tal como han marcado varios comentaristas, en el Gobierno y en el ejército prevalece un clima de vacilación. Actuar o no actuar, esa es la cuestión y el dilema de Erdogan.</p>
<p>Quedará por verse si el AKP reúne, a partir de los resultados que arrojen las elecciones de noviembre, la mayoría necesaria para continuar gobernando sin necesidad de formar coalición. Pero para mejorar sus posibilidades, el oficialismo debe resolver el dilema de su política exterior. Erdogan necesita una victoria que pueda ser mediatizada, aunque simbólica, para justificar la ambivalencia del último año y mostrarle a su pueblo que la prudencia del sultán -como le dicen a Erdogan- dictaba la razón. En contraposición, si la apuesta sale mal, Erdogan no solo arriesga su presidencia, sino también su lugar en la historia.</p>
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		<title>La verdad incómoda acerca del Estado Islámico</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Jul 2015 03:00:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Sea por miedo o por recaudo a no estigmatizar a las comunidades musulmanas, es común que en los debates acerca del fenómeno del yihadismo suelan evadirse términos que son indispensables para comprender mejor la realidad, y que a lo sumo se los reemplace con eufemismos más en sintonía con el discurso políticamente correcto que con la búsqueda de la verdad. El signo más recurrente es la tendencia a evitar hablar de “terrorismo islámico” y, en cambio, aducir que grupos como el Estado Islámico (ISIS), Boko Haram, o Al Qaeda representan a una minoría que secuestra la religión que profesa una mayoría tolerante y pacífica. Esto es, por ejemplo, lo que hizo el presidente estadounidense Barack Obama durante <a href="http://nypost.com/2015/02/18/obama-refuses-to-acknowledge-muslim-terrorists-at-summit/">un discurso</a> algunos meses atrás. Ahora bien, ¿es esta una posición responsable ante la amenaza del extremismo religioso homicida?</p>
<p>De un modo u otro, ya sea para calmar ansiedades o para desalentar perjuicios, cuando se insiste directa o indirectamente en que los terroristas en cuestión no son musulmanes, al final de cuentas los yihadistas salen ganando y los valores democráticos salen perdiendo. Si bien desde ya es evidente que la mayoría de los musulmanes no son asesinos en potencia, existen muchísimos fieles que profesan versiones de la fe que no se correlacionan con la contemporaneidad y con la reflexión multiculturalista. Políticos, periodistas e intelectuales ponen axiomáticamente al islam en igualdad de condiciones con otras religiones, como si todos los individuos fuéramos criados con los mismos valores. El problema es que no se toman mucho tiempo para estudiar acerca de religión y política antes de emitir opinión.<span id="more-137"></span></p>
<p>En todo caso, no importa tanto lo que las fuentes religiosas tengan para decir, sino más bien cómo la gente fue interpretando tales mandatos divinos a lo largo del tiempo, en distintos lugares y contextos. Si hoy el catolicismo merece a un pontífice condescendiente como Francisco es porque la curia romana atravesó un profundo cisma, y porque transitó por siglos de conflicto con toda autoridad o doctrina que se reservara el derecho a pensar diferente.</p>
<p>Descrito a grandes rasgos, <b>si el mundo islámico experimenta tales niveles de extremismo y violencia fratricida es porque no sufrió transformaciones que a la larga se hayan plasmado en una verídica revolución racionalista</b>. En este aspecto, distinto a la experiencia de las otras dos grandes religiones monoteístas, la interpretación racional de las fuentes no echó raíces y la influencia de lo piadoso nunca logró separarse decididamente del poder político. Este trasfondo permite explicar por qué al día de hoy, en cifras de varios analistas, <b>entre un 5 % y un 10 % de los musulmanes tiene opiniones que bordan un fanatismo belicoso</b>. Esto no significa que uno de cada diez creyentes sea terrorista, mas sí que tenga una inclinación a justificar el accionar de los terroristas en nombre de Dios. Aun suponiendo que la cifra es exagerada y que solamente el 1 % de los <b>1,6 mil millones</b> de musulmanes que hay en el mundo es militante, estaríamos hablando de<b> </b>16  millones de extremistas potenciales. Sin dudas, la xenofobia es una condición real que ensucia a las sociedades occidentales, pero parecería ser que muchos autodenominados progresistas escogen ignorar que la discriminación y el prejuicio también operan en sentido contrario.</p>
<p>Existen múltiples encuestas que asientan que <b>el terrorismo islámico no será erradicado en tanto los propios musulmanes no fomenten abiertamente la reflexión hacia una fe que pueda convivir con los principios de la vida secular y la deliberación democrática</b>. Es en este sentido que minimizar el rol de las causas endógenas del terrorismo islámico es prestar un gran deservicio a todo lo que la democracia representa. Minimizar la actitud extremista de grandes contingentes de musulmanes para con su propio credo resulta irresponsable y lleva a desvirtuar nuestra percepción sobre la influencia real de la religión.</p>
<p>Para compartir algunos datos críticos, una encuesta realizada por <a href="https://www.ipsos-mori.com/newsevents/latestnews/810/How-much-does-religion-matter.aspx">Ipsos Mori en 2011</a> muestra que el 94 % de las personas que viven en países mayoritariamente musulmanes cree que la religión es una parte importante de sus vidas, contra un 66 % en países de mayoría cristiana que opina lo mismo. No obstante, puertas adentro de los países musulmanes y las comunidades islámicas dentro de Occidente existe una tendencia alarmante. Un reporte publicado por el <a href="http://www.pewforum.org/uploadedFiles/Topics/Religious_Affiliation/Muslim/worlds-muslims-religion-politics-society-full-report.pdf">Pew Research Center en 2013</a> muestra que en los países donde el islam es la religión favorecida u oficial, la mayoría de los musulmanes considera que la <i>sharia</i> -la ley islámica- debería ser la ley estatal. Entre otros, en Afganistán la cifra alcanza a un 99 % de la población, en Irak a un 91 %, en los territorios palestinos a un 89 % y en Egipto a un 74 %. Las cifras también se correlacionan en países asiáticos. En Malasia un 86 % de los musulmanes apoyaría un proyecto por islamizar la ley del Estado; en Bangladesh avalaría un 82 % y en Indonesia un 72 %. Sobre la pregunta acerca de si las cortes religiosas deberían tener poder sobre el Estado para decidir sobre disputas de familia y propiedad los resultados arrojados fueron similares.</p>
<p>Luego de estudiar por cinco años a las comunidades de inmigrantes marroquíes y turcos en Alemania, Austria, Bélgica, Francia, Holanda y Suecia, el centro <a href="http://www.wzb.eu/sites/default/files/u6/koopmans_englisch_ed.pdf">WZB de Berlín</a> concluyó en 2013 que dos tercios de los musulmanes entrevistados -o sea el 65 %- piensa que la ley religiosa es más importante que la ley estatal del país europeo en el que viven. A esto,<b> tres cuartos -el 75 %- opina que solo hay una interpretación legitima del Corán y que esta debería aplicar a todos los musulmanes por igual</b>. Luego, por poner otro dato, una encuesta realizada por <a href="http://www.vancouversun.com/life/Canadians+feel+rift+growing+between+Western+Muslim+societies/10916682/story.html?utm_source=feedburner&amp;utm_medium=feed&amp;utm_campaign=Feed%3A+canwest%2FF229+%28Vancouver+Sun+-+News%29">Leger Marketing este año</a>, que fue difundida por el <i>Vancouver Sun, </i>mostró que el 42 % de los musulmanes canadienses cree que las sociedades islámicas son irreconciliables con sus contrapartes occidentales. Estos datos podrían adelantar una respuesta a las miles de personas que se preguntan incrédulas qué explica que jóvenes musulmanes de Londres o París dejen todo atrás para pelear una salvaje “guerra santa” en el desierto a miles de kilómetros de distancia.</p>
<p>A esta altura debería quedar en claro que existe un choque cultural en el seno de las sociedades libres y que reconocer este problema no es lo mismo que islamofobia. Esta es una carta con la que frecuentemente se busca silenciar a los comentaristas -este autor incluido-, bajo argumentos cínicos que tildan toda crítica como intolerancia o aprensión ante los musulmanes. Lo cierto, sin embargo, es que los únicos que tienen la potestad de incentivar un cambio verdadero para reinventar la fe y adaptarla al siglo XXI son los líderes religiosos en el islam. Quizás el primer paso para marcar el camino hacia la introspección sea la reivindicación, por parte de creyentes, del sentido del humor en la religión, avasallantemente vedado en el mundo islámico. El humor consiste en saber reírse de las propias desgracias, y así como lo notaba Sigmund Freud, es la venganza segura que imparten los débiles sobre los poderosos. Uno puede reírse de Moisés o de Jesús, pero ¡cuidado con mofarse de Mahoma! En este simple y no obstante importante carácter del ser, el mundo islámico corre con siglos de letargo y desventaja, pues difícilmente hoy en día haya algún judío o cristiano que salga a matar porque a alguien se le ocurrió dibujar al vaticinador de sus creencias.</p>
<p>Concretamente, al denunciar islamofobia o <a href="http://federicogaon.com/la-huida-de-los-intelectuales-mi-respuesta-al-centro-islamico-de-la-republica-argentina/">campañas de difamación</a>, los líderes religiosos suelen hacer la vista gorda al problema de trasfondo, arremetiendo en cambio contra una supuesta sociedad prejuiciosa que es intolerante con quien es diferente. Como resultado, se dicen barrabasadas como que el ISIS “no es islámico” y que el terrorismo islámico es una exageración de la prensa. Una <a href="http://www.aljazeera.net/votes/pages?voteid=5270">encuesta reciente realizada por Al Jazeera</a> revela lo contrario. Esta pregunta a una audiencia árabe si apoya las victorias del ISIS en la región, a lo que un 81 % de 56.881 encuestados contestó que sí.</p>
<p>Aunque ninguna encuesta pretende ser exacta o científica, y mucho menos si se realiza en línea como aquella recién mencionada, el hecho está en que como instrumentos a nuestra disposición estas cumplen un propósito como termómetros sobre la percepción humana. Y al respecto, los elevados porcentajes que proyectan los estudios realizados por distintos encuestadores atinan en que <b>hay elevadas proporciones de musulmanes que opinan que debería haber más islam en la vida; y menos orden terrenal, menos contenido secular</b>. Llamo a este paradigma la verdad incómoda del islam. Tratarla es controversial y doloroso, pero es la única esperanza que tiene el grueso de la comunidad islámica global para poner fin al extremismo. Así como lo expresó el periodista libanés <a href="http://www.memri.org/report/en/0/0/0/0/0/0/8633.htm">Eyad Abu Shakra</a> a razón de <a href="http://www.infobae.com/2015/06/26/1737823-terrorismo-islamico-multiples-atentados-el-mundo-dejan-mas-130-muertos">la última ola de atentados</a> en Francia, Kuwait, Siria, Somalia y Túnez: “los musulmanes tienen ahora que tomar una decisión: o ignoran la amarga verdad y permiten que la enfermedad se esparza hasta que mate, o escogen reconocer su existencia mientras que se preparan a enfrentarla”.</p>
<p>Esto es precisamente lo que argumentaba <a href="http://opinion.infobae.com/andres-cisneros/2015/06/29/la-naturalizacion-de-la-barbarie-terrorista/">Andrés Cisneros</a> en su columna del 29 de junio. En suma, como lo expresa el politólogo: “la única manera de acabar con los fanáticos de cualquier naturaleza es que los propios fieles de la religión que ellos invocan cesen de mirar para otro lado”. Es a este tipo de fieles, a estos valientes agentes de cambio y no a los cínicos que explican al ISIS en las desaventuras de Estados Unidos y la economía mundial capitalista, a quienes debemos apoyar y dar legitimidad. Tampoco ayudan los líderes que para quedar bien con sus audiencias musulmanas expresan que los yihadistas no representan al islam. <b>La yihad no será uno de los cinco pilares del islam, pero de no combatirla, los musulmanes ponen en riesgo que esta pase a dilucidarse en la práctica como el sexto pilar para miles de creyentes alrededor del globo</b>. No se la combate ignorándola o disminuyéndola como aislámica. Empero, se la derrotará reconociéndola como el bagaje de una tradición islámica ahistórica con el presente.</p>
<p>Al cumplirse un año desde la puesta en escena del ISIS, el corriente mes en que se conmemora el ramadán brinda la perfecta oportunidad para reflexionar sobre el futuro que los musulmanes heredarán si no comienzan a tomar un rol activo para imbuir a su religión con una esencia verídicamente pluralista, renunciando a la búsqueda por impartir materialmente la <i>sharia</i>, y abrazando la separación entre lo piadoso y lo secular. Esta es la difícil lección que Occidente aprendió tras un tortuoso y sangriento devenir, y los expertos (tanto musulmanes como no musulmanes) coinciden en que, teológicamente hablando, no existe nada en el islam que lo inhiba para siempre de la democracia. Como lo notaran grandes pensadores islámicos como Muhammad ‘Abduh y Ali Abd al Raziq a principios del siglo pasado, no hay razón para suponer que el islam no tenga el potencial de adaptarse a las circunstancias y que los musulmanes no puedan integrarse plenamente a la sociedad global.</p>
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		<title>Las lecciones no aprendidas del genocidio armenio</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Apr 2015 10:40:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Este mes se conmemora el centenario del genocidio perpetrado contra el pueblo armenio, cometido por el Gobierno otomano durante la Primera Guerra Mundial. Se estima que entre un millón y un millón y medio de armenios murieron; centenares de miles como resultado directo de terribles masacres, y otros millares como resultado indirecto de su desplazamiento... <a href="http://opinion.infobae.com/federico-gaon/2015/04/14/las-lecciones-no-aprendidas-del-genocidio-armenio/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Este mes se conmemora el centenario del genocidio perpetrado contra el pueblo armenio, cometido por el Gobierno otomano durante la Primera Guerra Mundial. Se estima que entre un millón y un millón y medio de armenios murieron; centenares de miles como resultado directo de terribles masacres, y otros millares como resultado indirecto de su desplazamiento forzado, para languidecer en el exilio y perecer frente a la falta de refugio y alimentos.</p>
<p><strong>Visto en perspectiva histórica, del genocidio armenio trascendieron importantes y terribles secuelas que se ven reflejadas en la ejecución de otros crímenes sistemáticos contra grupos humanos por parte de diferentes actores.</strong> Como precedente, la suerte de los armenios, y no menos importante, la relativa impunidad con la que se salieron sus verdugos, influenciaron el trágico devenir de otros pueblos que luego serían perseguidos también. Pero en esta oportunidad, en vista de los dantescos eventos de la guerra religiosa que viene llevándose a cabo en Medio Oriente, es conveniente repasar cómo el genocidio armenio cambió para siempre el paradigma de la política en la región. A todo quien esté dispuesto a verlos, los sucesos de la actualidad muestran por sí solos los méritos del ejercicio de conmemoración y memoria.</p>
<p>Lo primero a destacar es naturalmente el contexto de esta fatídica experiencia. Entre mediados del siglo XIX y comienzos del siglo XX, los armenios, al igual que otros pueblos y etnias gobernadas por el gran imperio multicultural que era el otomano, descubrieron la idea del nacionalismo. Provistos con un renacimiento político y cultural en línea con los movimientos ideológicos de Europa, los súbditos cristianos del califa otomano comenzaron a revelarse y a obtener progresivamente su independencia hasta el desmembramiento final del imperio islámico. En el caso de los armenios, a finales del siglo XIX, influenciados por la tendencia marxista que se estaba desarrollando en Rusia, concibieron entre otros a dos partidos políticos radicales (Hunchakian y Dashnaks), caracterizados por una aspiración independentista común, pero así también por instar al uso de violencia en contra de los otomanos, y hasta cierto punto contra la mayoría musulmana, para alcanzar dicha finalidad.</p>
<p>Comenzando en la década de 1890, los militantes armenios comenzaron a contrabandear armas rusas y a emprender con ellas <a href="http://www.amazon.com/Death-Orders-Terrorism-Revolutionary-International/dp/0275997529#reader_0275997529">actos que hoy serían catalogados como terroristas</a> contra funcionarios públicos e incluso contra personalidades armenias opuestas a la campaña de violencia. Como resultado, la insurgencia de los radicales “corroboró”, en vista del califa y posteriormente de los nacionalistas turcos, que los armenios querían sublevarse como lo hicieran, efectivamente, y gracias al apoyo de las potencias europeas, los búlgaros, griegos, rumanos y serbios antes que ellos.</p>
<p>Lo cierto, no obstante, es que Estambul ya venía articulando una otredad negativa para los armenios desde mediados del siglo XIX, comenzando estos a ser vistos como detractores – una quinta columna si se quiere – dentro del Imperio, que favorecía la influencia rusa a costas de la soberanía turca. <strong>Históricamente las ambiciones rusas sobre los Balcanes y el Cáucaso constituyeron la principal fuente de amenaza a la integridad territorial otomana, y con el devenir de las guerras ruso-turcas, Estambul fue perdiendo control sobre sus provincias europeas.</strong> En este contexto, ya antes de la Primera Guerra Mundial, el hecho de que hubiera armenios rusos combatiendo en favor del zar sentó la creencia entre los turcos (posteriormente explotada con fines macabros) que todos los cristianos siríacos, armenios, o griegos ortodoxos representaban una presencia que amenazaba la seguridad otomana. En este sentido, el sequito del califa creía que los cristianos serían proclives a confabular con los rusos para arrebatarle Anatolia Oriental al orden musulmán.</p>
<p>Por otro lado, pese a las vicisitudes, en términos generales, los súbditos armenios del soberano otomano eran mucho más laboriosos y prósperos económicamente que la mayoría musulmana a su alrededor. Esta realización, al igual que sucedería con otras minorías en distintos lugares y coyunturas, contribuyó a su estigmatización entre el grupo humano predominante. Conjugadas las circunstancias, la subversión de los radicales armenios, la precaria situación geopolítica otomana, y los prejuicios de las elites y las masas, prepararon el terreno para “<i>Medz Yeghern</i>” – el “Gran Crimen” – cometido contra los armenios.</p>
<p>Entre 1894 y 1896 se registró una masacre de armenios sin parangón hasta ese entonces en la historia moderna del Imperio otomano. <strong>Se concede que aunque las mismas no fueron orquestadas personalmente por el califa, funcionarios otomanos hicieron la vista gorda al comportamiento de los musulmanes de Anatolia Oriental y sus notables, y ergo de un modo u otro permitieron que estos arremetan contra las comunidades armenias por miedo a las aspiraciones nacionalistas difundidas entre estas.</strong></p>
<p>En 1908 un grupo de nacionalistas castrenses referido como los Jóvenes Turcos tomaron el poder en Estambul, y emprendieron una fuerte campaña de “otomanización” (léase unificación) de las distintas etnias y minorías del Imperio, valga la redundancia, para fomentar una identidad y lealtad otomana común entre los habitantes. Este proceso, si bien anterior a 1908, ahora era impetuosamente acelerado, y para los no turcos se convirtió en motivo de preocupación, en tanto se entendía que deberían relegar sus costumbres y solidaridades sectarias en función de abrazar una identidad esencialmente turca.</p>
<p><strong>Si anteriormente los armenios eran vistos como una amenaza a la integridad otomana, luego de 1908 pasaron de lleno a ser considerados, no solamente peligrosos, sino extranjeros e indeseables.</strong> Esta inclinación llegó a su cúspide con la guerra balcánica de 1912 y 1913, una contienda en donde voluntarios armenios lucharon contra los otomanos, y que resultó en la pérdida definitiva de la soberanía turca sobre territorios europeos. Este desastre, al menos en términos de la proyección de poder otomano, como secuela crispó el nacionalismo turco, y este pasó a favorecer, para distanciarse y a la vez antagonizar con los rebeldes cristianos, un sentir identitario fuertemente apegado a la religión islámica. Esta ideología denunciaba a los cristianos, fueran de la etnia que fueran, como sediciosos, infieles, e ingratos, y con la erupción de la Primera Guerra Mundial, dadas las tensiones recientes, un importante número de armenios se abstuvo de integrar las filas otomanas, y lo que es más, muchos decidieron integrar las formaciones rusas. Lo que siguió a partir de ese momento fue una campaña deliberada por parte del Estado otomano por exterminar sistemáticamente a los armenios y a otros cristianos como los asirios y griegos pónticos dentro de su territorio. El resto, como dicen, es historia. Para usar una expresión más coloquial, en suma las autoridades turcas “metieron a todos en la misma bolsa”, indiscriminadamente de su activismo político, lealtad, condición o sexo.</p>
<p><strong>La lección más importante que debería haber sido aprendida al término de la guerra, cuando el Imperio otomano fue desmembrado por las potencias europeas victoriosas, es que los nexos de solidaridad construidos sobre una base sectaria o religiosa suelen ser más poderosos que aquellos impartidos “desde arriba hacia abajo” por una autoridad central.</strong> Esto viene al caso sobre todo cuando dicha autoridad se ampara en una ideología que minimiza las costumbres o sensibilidades de las colectividades, si es que directamente no es el resultado de una nueva entidad política construida por agentes extranjeros.</p>
<p>Comenzando con las guerras balcánicas, a principios del siglo XX <a href="http://world.time.com/2012/10/08/the-balkan-wars-100-years-later-a-history-of-violence/">comenzaban a manifestarse</a> indicios que los nuevos Estados multiculturales, donde la competencia política, si la había, se traducía en competencia sectaria, eran un experimento destinado al fracaso. Francia y Gran Bretaña se dividieron Medio Oriente tras la derrota otomana, mas fraguaron una división política imperfecta con trágicas consecuencias. Notoriamente, para acomodar a los cristianos maronitas en el Levante con un Estado viable, los franceses crearon en 1920 el Líbano, en un esquema que los situaba compartiendo poder con los árabes sunitas y chiitas.</p>
<p>En paralelo, los británicos dieron formación a Irak unificando tres provincias otomanas, suponiendo que una mayoría chiita viviría en paz con una minoría sunita en el poder, y que los kurdos, étnicamente diferentes a los árabes, balancearían la ecuación.</p>
<p>La historia muestra que la convivencia entre distintos colectivos dentro de un solo país pudo conseguirse solamente con el amparo y presencia de las potencias europeas, pero cuando Londres y París abandonaron sus colonias a su suerte, en la segunda mitad del siglo XX, la convivencia rápidamente comenzó a deteriorarse. Esta semana, por ejemplo, se cumplen cuarenta años de la guerra civil que destrozó al Líbano y que forzó a los grupos religiosos a tomar partido de acuerdo a su identidad confesional. Este problema, que hoy en día se ve especialmente en Siria y en Irak en la <a href="http://www.infobae.com/2015/04/11/1721581-el-fanatismo-chiita-un-fenomeno-peligroso-y-moderno">guerra religiosa entre sunitas y chiitas</a>, fue evadido durante seiscientos años por las autoridades otomanas mediante el sistema de Millet. Este consistía en la asignación de espacios especiales dónde cada comunidad religiosa podía, en donde esta fuera significativa, autogobernarse de acuerdo a sus propias costumbres y leyes religiosas, siempre y cuando se atuvieran a pagar los impuestos debidos según lo establecido por el califato. Entrada la Era Moderna el sistema se desmoronó con el avenimiento de los distintos nacionalismos.</p>
<p><strong>La segunda lección no aprendida de la catástrofe armenia apunta a que en situaciones de rivalidad y resentimiento sectario, la etnia o grupo encabezando el poder, represente o no a la mayoría total del país, puede iniciar un <a href="http://federicogaon.com/genocidio-de-las-minorias-religiosas-en-irak/">proceso de deshumanización y polarización</a>, que de escalar, podría culminar en un genocidio.</strong> Esto está bastante documentado y es una realidad que trasciende las fronteras de Medio Oriente. Como la experiencia armenia muestra, el colectivo es señalado como una amenaza interna y acusado de ser desleal con el Estado, y luego se lo degrada a un carácter de inferioridad, deshumanizándolo para facilitar su aniquilación física o la desaparición de su cultura. La campaña de Saddam Hussein contra los kurdos, o la reciente insurgencia del Estado Islámico (ISIS) contra las minorías religiosas de Irak sirven para ilustrar la relevancia de esta cuestión.</p>
<p>El genocidio armenio es una herida abierta, no exclusivamente porque el Estado turco ha fallado en enfrentar su pasado y en reconocer responsabilidad por las masacres, pero también porque las minorías religiosas de la región continúan en peligro de extermino. Los cristianos del mundo árabe son <a href="http://www.raymondibrahim.com/tag/muslim-persecution-of-christians-2/">perseguidos y asesinados a diario</a> y a esta altura existe suficiente evidencia de que el fanatismo islámico, y la ideología totalitaria que es el islamismo, acaparan intenciones perfectamente catalogables como genocidas. Lamentablemente en Medio Oriente el “nunca más” está muy lejos de ser una realidad dada por sentada.</p>
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		<title>¿Por qué Obama despidió a Hagel?</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Dec 2014 14:48:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La semana pasada se anunció que Chuck Hagel dejaría de ser el secretario de Defensa, por presuntos desacuerdos con el presidente Barack Obama. Por descontado, en los últimos días los medios norteamericanos han dado rienda suelta a la especulación que rodea a esta decisión, y han hablado de la posible lista de candidatos para suceder... <a href="http://opinion.infobae.com/federico-gaon/2014/12/02/por-que-obama-despidio-a-hagel/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La semana pasada se anunció que<strong> Chuck Hagel dejaría de ser el secretario de Defensa, por presuntos desacuerdos con el presidente Barack Obama</strong>. Por descontado, en los últimos días los medios norteamericanos han dado rienda suelta a la especulación que rodea a esta decisión, y han hablado de la posible lista de candidatos para suceder a Hagel en el cargo. Si bien en este punto solo es posible hacer conjeturas, siendo necesario esperar hasta que Hagel publique sus memorias para aclarar la historia, podemos argumentar algunas razones que posiblemente hayan tenido que ver con la decisión de Obama.</p>
<p>En primer lugar, es tentador suponer de entrada que las diferencias entre el Presidente y su Secretario de Defensa engloban principalmente la cuestión de Medio Oriente y Ucrania. Republicano, veterano de guerra y exsenador, es sabido que Hagel no era partidario de una política necesariamente más dura, en relación a los desafíos en materia de seguridad, pero que sí demandaba al presidente <a href="http://edition.cnn.com/2014/10/30/politics/hagel-starr-syria-memo-white-house/">más transparencia y claridad</a> en cuanto a los objetivos por delante. Se viene discutiendo que Hagel tiene diferencias con Obama y su equipo en lo que hace a la estrategia para contrarrestar a las fuerzas de tanto Bashar al-Assad como aquellas del Estado Islámico (EI o ISIS), como asimismo adoptar una posición más clara frente a la intransigencia rusa en Ucrania. Pero <strong>Hagel no representa al sector duro del ala republicana</strong>. Por el contrario, algunos analistas discuten que su asignación a la jefatura del Pentágono en febrero de 2013 respondía a una sensación de transición, de un modo de guerra a un modo de retrotracción, que comprendía que las guerras en Irak y en Afganistán estaban terminando. La situación ameritaba a un hombre con credibilidad entre los republicanos y entre los demócratas, suficiente para conducir un proceso de recorte en materia defensiva.<span id="more-33"></span></p>
<p>Por supuesto, el panorama mundial es hoy distinto al que se veía cuando Obama asumió su segundo mandato hace dos años. Si Hagel era el hombre para lidiar con un escenario de transición, parece ser que no ha demostrado estar lo suficientemente preparado para ocuparse de un teatro de guerra. Otra forma de ver esto – en mi opinión más sólida con la realidad – conduce a interpretar que <strong>Obama necesitaba expiar sus errores, expulsando al funcionario más reemplazable de su administración; y Hagel cuadraba con el perfil.</strong></p>
<p>Para sostener esta hipótesis, debe tenerse presente que la aprobación de la política exterior de Obama se encuentra en un bajo histórico. Por ejemplo, de acuerdo a <a href="http://www.cbsnews.com/news/is-obama-tough-enough-in-dealing-with-isis/">cifras de septiembre</a>, el 57 por ciento de los estadounidenses no creen que Obama sea lo suficientemente duro tratando con ISIS, y el 55 por ciento no piensa que Obama tenga un plan claro al respecto. De acuerdo con esta mirada, <strong>Hagel terminó como <a href="http://shadow.foreignpolicy.com/posts/2014/11/24/white_house_chuck_hagel_scapegoat_resignation_midterms_problems">el chivo expiatorio de la Casa Blanca</a>.</strong> Conforme esta visión, ha sido descrito como “<a href="http://www.latimes.com/opinion/op-ed/la-oe-boot-hagel-obama-defense-disasters-20141125-story.html">un cero a la izquierda</a>” como secretario de Defensa. No porque no sea un individuo preparado o capaz, sino porque simplemente no logró tener influencia sobre el proceso de toma de decisiones. De acuerdo con el <a href="http://www.nytimes.com/2014/11/25/us/hagel-said-to-be-stepping-down-as-defense-chief-under-pressure.html?smid=tw-share"><i>New York Times</i></a>, Hagel nunca pudo hacerse partícipe del apretado equipo de seguridad nacional del presidente, compuesto por funcionarios leales y poco críticos. En este sentido, parece ser que el Secretario de Defensa no tenía una buena comunicación con el equipo presidencial, viéndose rutinariamente aislado como nexo entre el Pentágono y el despacho oval.</p>
<p>Obama no podía despedir a John Kerry, su popular secretario de Estado entre los demócratas. Tampoco iba a despedir a Susan Rice, su íntima consejera de Seguridad, o a su poderoso jefe de Gabinete, Denis R. McDonough. Según reporta el <i>Times</i>, Obama últimamente puenteaba a Hagel por el General Martin E. Dempsey, del Estado Mayor Conjunto. De ser cierta esta aseveración, <strong>la partida de Hagel nos habla más de Obama que de Hagel mismo.</strong> De acuerdo con <a href="http://www.latimes.com/opinion/op-ed/la-oe-boot-hagel-obama-defense-disasters-20141125-story.html">Max Boot</a>, analista del <i>Council on Foreign Relations</i>, el despido del secretario de Defensa no va a ayudar o acaso mejorar la política exterior norteamericana, por la mera razón de que Obama reserva el proceso de toma de decisiones para sus allegados más cercanos. Por eso, <a href="http://www.vox.com/2014/11/24/7275177/chuck-hagel-resigns-defense">como opina otro analista</a>, la culpa no es de Hagel, porque “Obama ha decidido fijar la política exterior desde la Casa Blanca, lo que significa excluir a agencias como el Pentágono y el Departamento de Estado”.</p>
<p><strong>Quizás Obama pensó que Hagel le sería leal, y que de todas formas su asignación al puesto le daría reputación de presidente pluralista,</strong> listo para armar un equipo de trabajo bipartisano que – se recordará– también incluía a opositores dentro del arco demócrata. En su primer mandato, Obama trajo a personalidades fuertes a su equipo, cada quién manejando su ministerio, y cada quien influyendo enormemente la política exterior, a veces enfrentándose contra él en el proceso. Pero en su segundo mandato, en lugar de Hillary Clinton en la cartera de exteriores tenemos a Kerry; y a cambio de Robert Gates en el Pentágono, teníamos a Hagel – quien seguirá en su puesto hasta que un sucesor sea asignado.<strong> El hecho a ser resaltado es que Obama reemplazó a un equipo competente por uno más dócil</strong>. Echó a Hagel porque además de no tener química con su equipo, asume que retirarlo puede mejorar la percepción de su nación en cuanto a su gestión, y lo hace sobre todo porque puede, porque hacerlo le quita un peso de encima sin tener que envolverse en polémica.</p>
<p>El senador <a href="http://www.washingtonpost.com/world/national-security/defense-secretary-hagel-under-pressure-submits-resignation/2014/11/24/77e75422-73e4-11e4-a5b2-e1217af6b33d_story.html">John McCain</a> – contendiente a la presidencia en 2008 por los republicanos – notó que los predecesores de Hagel, tanto Robert Gates como Leon Panetta, se quejaron en sus memorias sobre la excesiva interferencia política de los asistentes del Presidente.</p>
<p><strong>En suma, lo que a esta altura parece más claro es que el despido de Hagel y los fracasos de la política exterior de Obama van de la mano, pero comparto la opinión de que esto se debe más que nada a la forma con la que el Presidente está llevando a cabo su gestión. </strong></p>
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