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	<title>Federico Gaon &#187; Barack Obama</title>
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		<title>El dilema de Erdogan</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Aug 2015 09:39:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Tras sufrir una recaída electoral en junio, con su popularidad en un bajo histórico, Recep Tayyip Erdogan, fiel a su estilo, ha vuelto a apostar a la política exterior para ganar los puntos que le faltan. Apelando a un tono nacionalista, tanteando una ofensiva contra los enemigos del Estado, el oficialismo busca compensar por la gestión que falta en casa y, apalancándose en el contexto actual de guerra regional, busca recuperar los votos que en las últimas elecciones no pudo cosechar. <b>Es la primera vez, desde las elecciones generales de 2002, que la plataforma de Erdogan, el </b><b>Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), no logra hacerse con una mayoría parlamentaria.</b><b></b></p>
<p>Pese a ganar las elecciones pasadas, dado que no ha podido formar coalición con otra fuerza política, Turquía llamará a elecciones anticipadas en noviembre. <b>Erdogan intenta cambiar el sistema turco para convertirlo en un presidencialismo moldeado en el ejemplo ruso y, en los tres meses que quedan hasta los próximos comicios, espera recuperar votantes apoyándose en una política exterior fornida</b>. Esta, que en el pasado reciente ha sido duramente criticada por su ambivalencia frente al conflicto en Siria y el avance del yihadismo, en los últimos meses se ha endurecido; y mientras el Gobierno la presenta como el cálculo estratégico propio de los intereses nacionales, la oposición, los periodistas y los analistas sospechan que estriba de intereses políticos bastante limitados, con mira a réditos inmediatos en el plano doméstico. De cualquier modo, vale preguntarse si la política exterior turca es sustentable, como desde ya también inquirir si le saldrá bien o no la apuesta a Erdogan.<span id="more-177"></span></p>
<p>Para situarnos en contexto, en la última década, bajo la conducción del AKP, Turquía le ha dado un nuevo significado al viejo mantra de su política exterior. Puesto por Mustafa Kemal Atatürk como una instrucción de no intervencionismo y neutralidad, “paz en casa, paz en el mundo”, la interpretación del mandamiento ahora ha cambiado. Bajo los lineamientos de Ahmet Davutoglu, internacionalista del partido y escudero de Erdogan, <b>ya no es indispensable que haya paz en casa para promover paz en el mundo, pues Turquía ya está consolidada y lista para ocupar su rol histórico en Medio Oriente.</b></p>
<p>Sin embargo, luego de su idealismo, la política exterior turca está plagada de contradicciones.</p>
<p>Desde que comenzara la guerra civil siria cuatro años atrás, Turquía, aunque carga agravios con los sirios y los kurdos, se ha mostrado reacia a intervenir en los asuntos que se desarrollan fuera de sus fronteras. Más allá del Gobierno de turno, los turcos y los sirios mantienen una animosidad histórica por disputas territoriales y discusiones en torno a los recursos hídricos. Para peor, bajo el clan al-Assad, Siria albergó y apoyó al Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), el grupo independentista kurdo considerado terrorista por Turquía y gran parte de la comunidad internacional. Por este asunto, en 1998 Ankara estuvo cerca de declararle la guerra a Damasco, la cual decidió ceder ante las presiones turcas y así evitar una posible escalada. Lo cierto, no obstante, es que con el amargo devenir de la intervención estadounidense en Irak ha quedado en evidencia lo valiosa que es la estabilidad, con actores predecibles y conocidos. Sin final a la vista para los conflictos sectarios en todo Medio Oriente, la clásica sentencia de los juristas musulmanes, que el <i>statu quo</i> es preferible al caos, parece dominar el dictamen en las capitales de la región y Ankara no es la excepción.</p>
<p>En público, por supuesto, Erdogan movilizó tropas a la frontera, mandó a sus diplomáticos a Damasco a protestar y a pedir por moderación en oposición al “salvajismo” contra la población civil. En privado, la intervención quedó descartada por temor a despertar diablos más peligrosos que el régimen de Bashar al-Assad, por temor a enviar el mensaje equivocado al resto del mundo y quizás, antes que todo eso, por simple temor a que dicha jugada fracase.</p>
<p>Desde que llegó al poder, <b>en términos de política internacional, Erdogan está determinado a mostrar que Turquía bajo su mando, aunque afiliada a la OTAN, en rigor no la acompaña</b>. Se opuso a la intervención aliada en Irak, y lanzó una retórica que tuvo más resonancia en el mundo árabe que el discurso de El Cairo (2009) de Barack Obama. Etiquetada por los analistas como “neootomanismo”, la política de Erdogan se caracteriza a grandes rasgos por un nuevo interés en los asuntos de Medio Oriente y por una expresa divergencia con Estados Unidos, el tradicional aliado del establecimiento castrense turco. Obama tiene una buena relación personal con Erdogan y suele referirse a él como “mi amigo Recep”. Sin embargo, entre otros ejemplos, hasta hace un mes atrás Ankara no le permitía a Washington utilizar la base aérea de Incirlik, ubicada en el sureste turco, para atacar posiciones del Estado Islámico (ISIS). No es secreto que el Gobierno turco está preocupado y molesto frente al progresivo apoyo estadounidense a los militantes kurdos -a quienes clasifica como terroristas. Siendo este el caso, no sería insólito que bajo la misión de contener a la horda yihadista, Turquía apunte sus armas contra las fuerzas kurdas. <b>Aunque Erdogan vende a Turquía como si esta fuera a “</b><b>cambiar el juego</b><b>”, hasta ahora los turcos solo han llevado a cabo un ataque aéreo contra el ISIS y varios contra los bastiones kurdos en el sureste turco</b>. Los kurdos, y no los yihadistas, parecen ser la prioridad.</p>
<p>Gracias al revisionismo de sus dirigentes, Turquía ha vuelto al escenario internacional y lo ha hecho con una fórmula que -por lo menos a mi criterio- podría expresarse lacónicamente como “habla fuerte y lleva un gran garrote”. Erdogan es un hombre con un carácter afanoso y, cual líder populista, ciertamente le cuesta hablar suave. <b>Sus declaraciones potentes contra Occidente, Israel y sus advertencias contra los regentes sunitas de Medio Oriente, durante la Primavera Árabe, lo convirtieron en un campeón de las masas, y todo sin flexionar el músculo militar de su país</b>. Ahora bien, la problemática contradicción llegó cuando a Turquía le llegó la hora de golpear y se dejó estar.</p>
<p>En primer lugar, pese a declaraciones robustas contra el régimen de al-Assad, Ankara no puede arriesgarse a fracasar. Según una mirada, el ejército turco no está preparado para contender con la guerra civil siria y lo máximo que podría hacer sería establecer un cordón sanitario alrededor de la frontera siria-turca, exponiendo a los uniformados a retaliaciones. Dicha fuerza interventora, apostada en el terreno, podría ser contraproducente, y, al echar leña al fuego, volcar a los yihadistas contra la población civil turca (ya han declarado su intención de conquistar Estambul), o bien retroalimentar la insurgencia de los kurdos, siempre ávidos por conseguir su independencia.</p>
<p>En la coyuntura actual, semejante fiasco sería el fin cantado de Erdogan. Por otro lado, ya más genéricamente, Ankara no está dispuesta a antagonizar de más con Moscú. En este sentido, detrás de bambalinas, los turcos le tienen más miedo a los rusos que a los estadounidenses, quienes no amenazan con desquites. En los últimos años Turquía ha experimentado un rápido crecimiento en su demanda energética e importa de Rusia el 57 % del gas natural que necesita. En todo caso, <b>los turcos prefieren que sean los norteamericanos quienes hagan el trabajo sucio y confronten a los sirios</b>. Cuando Ankara le pide a Washington una zona de exclusión área sobre Siria, la cual ella misma no está dispuesta a impartir con sus propios medios, en rigor, independientemente de lo que diga la presa, Erdogan está actuando para conservar el estado de las cosas. No puede arriesgarse a una guerra abierta con su vecino meridional, pero tampoco puede dejar de hacer algo. Necesita minimizar el número de desplazados que llegan a Turquía (escapándose de los bombardeos de al-Assad) y necesita, en el proceso, ser consecuente con la apariencia de mandamás con la que viene vistiéndose hace una década.</p>
<p>En segundo lugar, si la aletargada acción de los turcos se explica en el miedo de estos a que los kurdos en el norte de Siria e Irak funden su propio Estado, paradójicamente, en tanto el ISIS es repelido, este escenario se vuelve más factible. A pesar de la ambivalencia que despertó el autoproclamado Califato, no existe analista que conceda que los yihadistas no presentan una amenaza contra la seguridad turca. El hecho de que el ISIS de momento tenga prioridades más dañinas para Erbil (capital del Kurdistán iraquí) o Damasco no implica que Ankara esté fuera de peligro en el largo plazo. Si bien es cierto que Turquía finalmente se unió a la coalición contra el ISIS el mes pasado, Erdogan y compañía siguen atormentados por la incertidumbre. Temen que si actúan determinadamente contra los yihadistas, terminen destrabando la guerra en favor de los kurdos, cuya autonomía el establecimiento turco está decidido a evitar a toda costa. Por todo esto, la disyuntiva del Gobierno turco consiste en cómo hablar lo suficientemente fuerte para dar credibilidad a sus amenazas, mas evitando iniciar una pelea que luego no pueda ser ganada y que le cueste el poder al AKP.</p>
<p>Por estas razones tiendo a pensar que la magra intervención que Turquía montó el último mes tiene más que ver con el plano doméstico que con el externo. El Gobierno turco no arriesgará una intervención militar propiamente dicha, esto es, enviando soldados y vehículos blindados a cruzar la frontera. Podrá haber ataques aéreos o de artillería esporádicos, quizás incluso con mayor frecuencia, pero juzgo muy poco probable que la acción turca sobrepase estos pasos.</p>
<p>En suma, Erdogan estaría arriesgándolo todo con una escalada de violencia considerable, fuera dirigida contra la yihad o contra el régimen sirio. Arriesgaría su continuidad en el poder y complicaría severamente el prospecto de que su país salga relativamente bien parado de la crisis regional. Con una intervención mal planificada y ejecutada, Erdogan tiene mucho más para perder que ganar. Si tras una intervención las cosas salen mal, el prestigio nacional, algo de lo cual los turcos son extremadamente sensibles y recelosos, recibiría un porrazo, y el AKP tendría, en tal caso, una herida difícil de tapar. Pero tampoco puede el Gobierno turco permanecer del todo inerte, especialmente si pretende reafirmarse en las próximas elecciones. En efecto, tal como han marcado varios comentaristas, en el Gobierno y en el ejército prevalece un clima de vacilación. Actuar o no actuar, esa es la cuestión y el dilema de Erdogan.</p>
<p>Quedará por verse si el AKP reúne, a partir de los resultados que arrojen las elecciones de noviembre, la mayoría necesaria para continuar gobernando sin necesidad de formar coalición. Pero para mejorar sus posibilidades, el oficialismo debe resolver el dilema de su política exterior. Erdogan necesita una victoria que pueda ser mediatizada, aunque simbólica, para justificar la ambivalencia del último año y mostrarle a su pueblo que la prudencia del sultán -como le dicen a Erdogan- dictaba la razón. En contraposición, si la apuesta sale mal, Erdogan no solo arriesga su presidencia, sino también su lugar en la historia.</p>
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		<title>El caso contra las “técnicas mejoradas de interrogación”</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Dec 2014 09:31:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La semana pasada se dio a conocer el <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Senate_Intelligence_Committee_report_on_CIA_torture#External_links">informe del Senado estadounidense</a> sobre el programa de detención e interrogación llevado a cabo por la CIA, en “la guerra contra el terror”, durante la administración de George W. Bush. Alabado por la bancada mayoritaria demócrata y duramente criticado por la bancada republicana, la confección del informe llevó cinco años, consumió $40 millones de dólares, y arrojó 6.000 páginas –que aún no han sido desclasificadas en su totalidad.</p>
<p>Por descontado, <i>enhanced interrogation techniques</i> – “técnicas mejoras de interrogación” – es un eufemismo elegante para decir tortura. ¿Pero es legal la tortura llevada a cabo por una democracia en momentos de riesgo críticos? El debate no es nuevo, y en este aspecto, el informe del Senado llega como una crónica ya anunciada. <strong>Nadie ha quedado sorprendido por las anécdotas ahora desglosadas, que narran la tortura llevada a cabo en los centros de detención estadounidenses.</strong> La pregunta fundamental pues, es sí es posible tolerar cosas como “el submarino” (<i>waterboarding</i>), la privación forzada de sueño, fuertes golpizas, o la simulación de una ejecución súbita, todo en pos de extraer información crucial para la seguridad nacional.</p>
<p>Si de pros se trata, si usted está familiarizado con series de TV como <i>24</i> o <i>Homeland</i>, entonces puede percibir el argumento republicano de inmediato. En ellas, ocasionalmente los protagonistas torturan a los cómplices de los terroristas (o a los terroristas mismos) de forma extrajudicial, y lo hacen por su cuenta, estando plenamente conscientes de la ilegitimidad de sus actos. De acuerdo con la trama, de no tomar la difícil decisión de actuar al margen de la ley, sea por lo burocrático del sistema, o la necesidad urgente de dar con una bomba a punto de estallar, al final de cuentas la vida de millones de personas estará en riesgo.<strong> En otras palabras, aquí se está hablando de perdonar una trasgresión en función de cuidar el bien común de toda una sociedad: torturar permitiría obtener información crucial rápidamente. Así lo ven muchas personas, quienes sostienen además que dar a conocer los secretos de la CIA perjudica la relación con los aliados de Estados Unidos, a la par que expone a ataques al personal norteamericano apostado en el extranjero</strong>. Según el <a href="http://news.siteintelgroup.com/blog/index.php/entry/327-jihadists-react-to-u-s-torture-report,-call-for-retaliation-and-radicalization"><i>SITE Inteligence Group</i></a><i>,</i> la divulgación del informe ha provocado una fuerte movida en la comunidad islamista, por lo menos en las redes sociales, y el Departamento de Estado ya ha emitido alertas a las embajadas norteamericanas en lugares como Afganistán, Pakistán y Tailandia. El temor es que se produzca otra incursión como la que ocurrió con el <a href="http://edition.cnn.com/2013/09/10/world/benghazi-consulate-attack-fast-facts/">consulado en Bengasi</a> dos años atrás, causando la muerte de cuatro diplomáticos, incluyendo la del embajador en Libia.</p>
<p>Es inútil ponerse a debatir si, con independencia de las circunstancias, la tortura podría llegar a ser legal. En lo general, las normas escritas difícilmente pueden prever todo el espectro de situaciones críticas que se pueden dar en el dinámico mundo de hoy. No hay, por ejemplo, fuentes consuetudinarias contra fenómenos recientes como el ciberterrorismo, y de hecho no hay consenso internacional en lo que respecta a la condena del terrorismo – debido a que siendo un asunto polémico como sensible, prueba ser muy difícil dictaminar quién es terrorista y quién no. La controvertida <a href="http://www.gpo.gov/fdsys/pkg/PLAW-107publ56/pdf/PLAW-107publ56.pdf">Ley Patriota</a> (<i>USA Patriot Act</i>) sancionada en octubre de 2001 fue la medida que impulsó la administración Bush para intentar llenar este vacío, pero a costa de darle luz verde a los servicios de inteligencia para interceptar las comunicaciones privadas de los ciudadanos, o incluso para secuestrarlos a discreción, de creerse que presentaran una amenaza. Por ello, volviendo al tema de la tortura, no es casual que los prisioneros de Al-Qaeda no hayan sido transferidos a suelo estadounidense propiamente dicho. Como la tortura es ilegal, para dar amparo legal a las acciones de la CIA, la administración Bush se valió de la <a href="https://www.youtube.com/watch?v=DjUasA6xeVc">opinión legal de algunos juristas</a>, quienes convenientemente presentaron el caso de que la tortura sería permisible siempre y cuando fuera consumada en el extranjero. En concordancia, como el “submarino” no está explicitado como tortura, varios funcionarios públicos justificaron su empleo durante la década pasada, incluyendo a <a href="https://www.youtube.com/watch?v=Qk6CQVvMtNU">Mitt Rommey</a>, candidato a presidente durante las últimas elecciones.</p>
<p>Bien, ¿funcionó la tortura? Están <a href="http://www.theatlantic.com/politics/archive/2011/05/the-unrepentant-john-yoo-enhanced-interrogation-got-us-bin-laden/238356/">quienes desde ya dicen que sí</a>, y que gracias a esta se pudo encontrar y matar a Osama bin Laden, y <a href="http://www.humanrightsfirst.org/wp-content/uploads/pdf/Torture-Did-Not-Reveal-Bin-Laden-Whereabouts.pdf">quienes dicen que no</a>. Si la vida fuera una serie de televisión, deberíamos esperar al último capítulo para esclarecer lo sucedido, <strong>pero en concreto lo cierto es que el informe del senado no inclina la balanza en favor de la CIA, y deja a Estados Unidos en una posición de desprestigio importante.</strong></p>
<p>Algunas voces, incluidas aquellas de políticos y de algunos exinterrogadores, sostienen que la tortura no solo no funcionó, sino que llegó hasta demorar el proceso de extracción de información. En este sentido, aunque parece una obviedad, vale la pena recalcar que las personas pueden llegar a decir cualquier cosa – lo que el torturador quiere – total de poner fin al agonizante castigo. De acuerdo con <a href="http://www.newyorker.com/news/amy-davidson/q-a-ali-soufan">Ali H. Soufan</a>, ex agente del FBI involucrado con la investigación de los eventos que llevaron al 9/11, la tortura resulta de lo más contraproducente. Su oposición no se basa en razones morales, sino en razones prácticas, porque al fin de cuentas es ineficaz, y añade más atracción al discurso de los terroristas que buscan reclutar miembros para vengarse de los norteamericanos.</p>
<p>Existe de hecho evidencia que muestra que la tortura, que en definitiva funciona como una terrible humillación, puede radicalizar profundamente al prisionero. En su<i> bestseller</i>, <a href="http://www.amazon.com/The-Looming-Tower-Al-Qaeda-Road/dp/1400030846">Lawrence Wright</a> demuestra como la tortura cometida por los militares egipcios actuó de catalizador para convertir a islamistas, algunos más moderados que otros, en fervientes radicales que pasaron a integrarse a Al-Qaeda luego de su liberación. El más notorio entre estos quizás es Ayman al-Zawahiri, mano derecha de Bin Laden, quien “<a href="https://www.youtube.com/watch?v=QodnKx-F2Yo">entró a prisión hecho un médico, y salió hecho un carnicero</a>”. Varios <a href="http://www.amazon.com/Absolute-Violation-Torture-Must-Prohibited/dp/0773534512/ref=sr_1_1?s=books&amp;ie=UTF8&amp;qid=1418606509&amp;sr=1-1&amp;keywords=WHY+TORTURE+MUST+BE+PROHIBITED">estudios realizados</a> por expertos han confirmado que la humillación, producto de los fuertes abusos físicos, contribuye a la radicalización del sujeto torturado; aumentado su odio y resentimiento hacia todo lo que puede intuir como próximo a su torturador.</p>
<p><strong>Desde lo personal, lejos de sensibilizarme con el dolor de los miembros de Al-Qaeda confinados y torturados en bases estadounidenses, comparto la opinión de que la tortura es contraproducente y representa una flagrante violación a los principios que rigen a una democracia.</strong> El hecho de que una democracia cruce tal línea roja en materia de derechos humanos, emprendiendo en un campo de <i>expertiese </i>dominado por los regímenes autoritarios, es un preocupante precedente – el cual seguramente dará sustento a denuncias que acusarán la existencia de dobles raseros por parte de Estados Unidos y sus aliados. Sintetizado en una oración, esto significa que los norteamericanos estarán complicados a la hora de denunciar los abusos cometidos por Gobiernos como dictaduras totalitarias, dondequiera que se encuentren. Dicha realidad no hace más que entorpecer la causa de la democracia y la libertad.</p>
<p>Por tanto creo que la publicación del informe es un resultado positivo, esencialmente debido a que recuerda que Estados Unidos, a pesar de sus flagelos y desafíos por delante, sigue siendo una de las democracias más funcionales del mundo. El hecho de que diez años después – desde el punto álgido en la guerra contra el terror – el Senado estadounidense confirme oficialmente los ilícitos de los servicios de inteligencia, es algo que muestra que Estados Unidos es un país de derecho que asume sus errores y responsabilidades.</p>
<p>También destaco como positivo que el Senado no busque iniciar una cacería de brujas contra aquellos “patriotas”, aquellos agentes que trabajaban para proteger la seguridad de millones de estadounidenses – llamados así tanto por <a href="http://dailysignal.com/2014/12/08/bush-defends-cia-patriots-eve-senates-torture-report/">George W. Bush</a> como por <a href="http://www.irishtimes.com/news/world/us/obama-says-report-vindicates-his-ending-of-cia-programme-1.2031751">Barack Obama</a>. Existen por supuesto razones de necesidad política para que la actual administración no busque alienar o antagonizarse de más con el personal de la CIA. Pero incluso siendo así, creo que sería un error de juicio si más adelante se intentara proseguir a miembros clave de la gestión Bush (incluido el ex presidente) por su rol en dirigir o aprobar la tortura a confesos terroristas y milicianos de Al-Qaeda. Debe ser tomado en cuenta que, <a href="http://www.huffingtonpost.com/2012/12/14/torture-poll-2012_n_2301492.html">según lo indican las encuestas</a>, la mayoría de los norteamericanos opina que la tortura está siempre (19%), a veces (28%), o raramente justificada (16%) cuando de lidiar con personas sospechadas de ser terroristas se trata.</p>
<p><strong>Finalmente, creo que la preocupación de los republicanos, vinculada con el peligro de ataques contra intereses estadounidenses en el extranjero, es a lo sumo exagerada.</strong> Los yihadistas podrían encontrar mil y una razones para buscar perpetrar ataques contra instalaciones norteamericanas además de la provista por la divulgación del informe. Como he dicho al comienzo, el informe solo viene a confirmar la multiplicidad de reportes privados ya publicados y conocidos desde hace varios años.</p>
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		<title>¿Por qué Obama despidió a Hagel?</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Dec 2014 14:48:25 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[La semana pasada se anunció que Chuck Hagel dejaría de ser el secretario de Defensa, por presuntos desacuerdos con el presidente Barack Obama. Por descontado, en los últimos días los medios norteamericanos han dado rienda suelta a la especulación que rodea a esta decisión, y han hablado de la posible lista de candidatos para suceder... <a href="http://opinion.infobae.com/federico-gaon/2014/12/02/por-que-obama-despidio-a-hagel/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La semana pasada se anunció que<strong> Chuck Hagel dejaría de ser el secretario de Defensa, por presuntos desacuerdos con el presidente Barack Obama</strong>. Por descontado, en los últimos días los medios norteamericanos han dado rienda suelta a la especulación que rodea a esta decisión, y han hablado de la posible lista de candidatos para suceder a Hagel en el cargo. Si bien en este punto solo es posible hacer conjeturas, siendo necesario esperar hasta que Hagel publique sus memorias para aclarar la historia, podemos argumentar algunas razones que posiblemente hayan tenido que ver con la decisión de Obama.</p>
<p>En primer lugar, es tentador suponer de entrada que las diferencias entre el Presidente y su Secretario de Defensa engloban principalmente la cuestión de Medio Oriente y Ucrania. Republicano, veterano de guerra y exsenador, es sabido que Hagel no era partidario de una política necesariamente más dura, en relación a los desafíos en materia de seguridad, pero que sí demandaba al presidente <a href="http://edition.cnn.com/2014/10/30/politics/hagel-starr-syria-memo-white-house/">más transparencia y claridad</a> en cuanto a los objetivos por delante. Se viene discutiendo que Hagel tiene diferencias con Obama y su equipo en lo que hace a la estrategia para contrarrestar a las fuerzas de tanto Bashar al-Assad como aquellas del Estado Islámico (EI o ISIS), como asimismo adoptar una posición más clara frente a la intransigencia rusa en Ucrania. Pero <strong>Hagel no representa al sector duro del ala republicana</strong>. Por el contrario, algunos analistas discuten que su asignación a la jefatura del Pentágono en febrero de 2013 respondía a una sensación de transición, de un modo de guerra a un modo de retrotracción, que comprendía que las guerras en Irak y en Afganistán estaban terminando. La situación ameritaba a un hombre con credibilidad entre los republicanos y entre los demócratas, suficiente para conducir un proceso de recorte en materia defensiva.<span id="more-33"></span></p>
<p>Por supuesto, el panorama mundial es hoy distinto al que se veía cuando Obama asumió su segundo mandato hace dos años. Si Hagel era el hombre para lidiar con un escenario de transición, parece ser que no ha demostrado estar lo suficientemente preparado para ocuparse de un teatro de guerra. Otra forma de ver esto – en mi opinión más sólida con la realidad – conduce a interpretar que <strong>Obama necesitaba expiar sus errores, expulsando al funcionario más reemplazable de su administración; y Hagel cuadraba con el perfil.</strong></p>
<p>Para sostener esta hipótesis, debe tenerse presente que la aprobación de la política exterior de Obama se encuentra en un bajo histórico. Por ejemplo, de acuerdo a <a href="http://www.cbsnews.com/news/is-obama-tough-enough-in-dealing-with-isis/">cifras de septiembre</a>, el 57 por ciento de los estadounidenses no creen que Obama sea lo suficientemente duro tratando con ISIS, y el 55 por ciento no piensa que Obama tenga un plan claro al respecto. De acuerdo con esta mirada, <strong>Hagel terminó como <a href="http://shadow.foreignpolicy.com/posts/2014/11/24/white_house_chuck_hagel_scapegoat_resignation_midterms_problems">el chivo expiatorio de la Casa Blanca</a>.</strong> Conforme esta visión, ha sido descrito como “<a href="http://www.latimes.com/opinion/op-ed/la-oe-boot-hagel-obama-defense-disasters-20141125-story.html">un cero a la izquierda</a>” como secretario de Defensa. No porque no sea un individuo preparado o capaz, sino porque simplemente no logró tener influencia sobre el proceso de toma de decisiones. De acuerdo con el <a href="http://www.nytimes.com/2014/11/25/us/hagel-said-to-be-stepping-down-as-defense-chief-under-pressure.html?smid=tw-share"><i>New York Times</i></a>, Hagel nunca pudo hacerse partícipe del apretado equipo de seguridad nacional del presidente, compuesto por funcionarios leales y poco críticos. En este sentido, parece ser que el Secretario de Defensa no tenía una buena comunicación con el equipo presidencial, viéndose rutinariamente aislado como nexo entre el Pentágono y el despacho oval.</p>
<p>Obama no podía despedir a John Kerry, su popular secretario de Estado entre los demócratas. Tampoco iba a despedir a Susan Rice, su íntima consejera de Seguridad, o a su poderoso jefe de Gabinete, Denis R. McDonough. Según reporta el <i>Times</i>, Obama últimamente puenteaba a Hagel por el General Martin E. Dempsey, del Estado Mayor Conjunto. De ser cierta esta aseveración, <strong>la partida de Hagel nos habla más de Obama que de Hagel mismo.</strong> De acuerdo con <a href="http://www.latimes.com/opinion/op-ed/la-oe-boot-hagel-obama-defense-disasters-20141125-story.html">Max Boot</a>, analista del <i>Council on Foreign Relations</i>, el despido del secretario de Defensa no va a ayudar o acaso mejorar la política exterior norteamericana, por la mera razón de que Obama reserva el proceso de toma de decisiones para sus allegados más cercanos. Por eso, <a href="http://www.vox.com/2014/11/24/7275177/chuck-hagel-resigns-defense">como opina otro analista</a>, la culpa no es de Hagel, porque “Obama ha decidido fijar la política exterior desde la Casa Blanca, lo que significa excluir a agencias como el Pentágono y el Departamento de Estado”.</p>
<p><strong>Quizás Obama pensó que Hagel le sería leal, y que de todas formas su asignación al puesto le daría reputación de presidente pluralista,</strong> listo para armar un equipo de trabajo bipartisano que – se recordará– también incluía a opositores dentro del arco demócrata. En su primer mandato, Obama trajo a personalidades fuertes a su equipo, cada quién manejando su ministerio, y cada quien influyendo enormemente la política exterior, a veces enfrentándose contra él en el proceso. Pero en su segundo mandato, en lugar de Hillary Clinton en la cartera de exteriores tenemos a Kerry; y a cambio de Robert Gates en el Pentágono, teníamos a Hagel – quien seguirá en su puesto hasta que un sucesor sea asignado.<strong> El hecho a ser resaltado es que Obama reemplazó a un equipo competente por uno más dócil</strong>. Echó a Hagel porque además de no tener química con su equipo, asume que retirarlo puede mejorar la percepción de su nación en cuanto a su gestión, y lo hace sobre todo porque puede, porque hacerlo le quita un peso de encima sin tener que envolverse en polémica.</p>
<p>El senador <a href="http://www.washingtonpost.com/world/national-security/defense-secretary-hagel-under-pressure-submits-resignation/2014/11/24/77e75422-73e4-11e4-a5b2-e1217af6b33d_story.html">John McCain</a> – contendiente a la presidencia en 2008 por los republicanos – notó que los predecesores de Hagel, tanto Robert Gates como Leon Panetta, se quejaron en sus memorias sobre la excesiva interferencia política de los asistentes del Presidente.</p>
<p><strong>En suma, lo que a esta altura parece más claro es que el despido de Hagel y los fracasos de la política exterior de Obama van de la mano, pero comparto la opinión de que esto se debe más que nada a la forma con la que el Presidente está llevando a cabo su gestión. </strong></p>
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