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	<title>Fabián Báez &#187; violencia</title>
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		<title>El profeta Francisco</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Sep 2015 03:00:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fabián Báez</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Quizás al mundo contemporáneo no lo una el amor. Pero seguramente sí el espanto.</p>
<p>La humanidad que somos contempla atónita los altos niveles de conflictividad que crecen con expresiones de violencia inusitadas en casi todas las regiones del mundo y por las más distintas causas.</p>
<p>Somos testigos también del crecimiento de la pobreza en el mundo y de la brecha social que se hace cada vez más grande. Pobres que son empobrecidos por otros, excluidos y marginados. A la vez que vemos espantados amplias regiones del mundo donde pobreza significa hambre y muerte.</p>
<p>También nos afecta la crisis del medioambiente, que constituye una emergencia para el mundo entero y que amenaza el porvenir de nuestra casa común y, por ende, de la misma vida. El cambio climático, el exceso de productos químicos y deshechos, los desastres causados por las amenazas naturales y los conflictos vinculados al medioambiente y los recursos naturales, son algunos de los factores que inquietan nuestra conciencia de futuro.<span id="more-92"></span></p>
<p>El crecimiento de la soledad, la tristeza, las enfermedades ligadas a la mala calidad de vida. <b>El trágico descubrimiento de que los maravillosos avances tecnológicos que vemos llegar vertiginosamente no traen más dicha ni pueden dar por sí sentido a la vida</b>. La frustración que conlleva el modo de vida sobre todo en las grandes urbes. El rechazo a los inmigrantes y la tendencia a la exclusión. Realidades innegables que pueden dejar la sensación de vivir en un mundo solitario, triste y hostil.</p>
<p>En este mundo triste, tan necesitado de una palabra nueva, ha surgido una voz distinta. <b>El papa Francisco deslumbró en su gira por Cuba y Estados Unidos. Y más allá de los cuestionamientos que aparecen por cosas que no dijo o no hizo en esta gira, es innegable el gran impacto que ha causado en los países que visitó y en el mundo entero.</b></p>
<p>Un profeta no es el que sabe adivinar el futuro, sino que el levanta su voz para mostrar lo que quizás no aparece evidente a simple vista, pero que, mirando con atención, se puede ver. <b>En esta gira, Francisco ha sido un profeta que denunció una vez más los graves problemas del mundo actual. Pero su denuncia no sonó a reproche o a queja pesimista, sino que fue una esperanzada invitación a pensar</b>. Pensar sobre todo cuál puede ser el camino para revertir lo que conduciría a la destrucción y a la muerte, elegir y apostar por la cultura de la vida. Pensar caminos para hacer de este mundo un mundo mejor.</p>
<p>La fascinación mundial por el Papa no responde a su persona, sino a los ideales y los valores que representa: en definitiva el Evangelio de Jesús, el hijo de Dios, cuyo mensaje de amor universal sigue siendo respuesta y camino de vida para el mundo de hoy.</p>
<p>“Mi misión es construir puentes”, dijo el Papa en su <a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2015/september/documents/papa-francesco_20150924_usa-us-congress.html">discurso en el Capitolio</a>, haciendo implícita referencia a la etimología latina de la palabra “pontífice”. En estos días hemos sido testigos de un puente que se ha empezado a construir. El Papa indicó: “Más importante que ocupar espacios es iniciar procesos”, por eso repite: “El tiempo es superior al espacio” (Cfr. <em>Evangelii Gaudium</em> 222).<strong> Creo entonces que lo menos importante es el lugar icónico, mediático o histórico del papa Francisco. Lo que de verdad cuenta aquí es lo que pone en marcha su mensaje, lo que empieza a crecer en los hombres y en las sociedades escuchando su palabra.</strong></p>
<p>“Los hermanos sean unidos”, dijo en su <a href="https://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2015/september/documents/papa-francesco_20150925_onu-visita.html">discurso en la ONU</a>, proponiéndonos el sueño de construir juntos un mundo de hermanos, el sueño de la fraternidad universal que de suyo aportaría un principio de solución para todos los conflictos.</p>
<p>Tal vez el viaje del Papa a Cuba y a Estados Unidos sea una imagen que condense todo su pontificado: <b>Un papado consciente del espanto que nos une, pero esperanzado en el mañana que podemos construir desde el compromiso total con el presente</b>. Un tiempo para empezar a construir en la conciencia de la humanidad un puente que nos lleve del espanto a la esperanza.</p>
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		<title>Monseñor Romero, profeta y mártir</title>
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		<pubDate>Sat, 23 May 2015 10:16:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fabián Báez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[América Latina]]></category>
		<category><![CDATA[beatificación de Romero]]></category>
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		<description><![CDATA[Monseñor Romero, que hoy es beatificado en El Salvador, no fue un activista social revolucionario. Fue un sacerdote católico que vivió hasta las últimas consecuencias su compromiso con las enseñanzas de Jesús de Nazaret. Por eso la Iglesia lo beatifica. La fe es una hermenéutica, una interpretación trascendente (escatológica) de la historia. Es decir, el... <a href="http://opinion.infobae.com/fabian-baez/2015/05/23/monsenor-romero-profeta-y-martir/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Monseñor Romero, que hoy es beatificado en El Salvador, no fue un activista social revolucionario. <strong>Fue un sacerdote católico que vivió hasta las últimas consecuencias su compromiso con las enseñanzas de Jesús de Nazaret.</strong> Por eso la Iglesia lo beatifica.</p>
<p>La fe es una hermenéutica, una interpretación trascendente (<i>escatológica</i>) de la historia. Es decir, <strong>el creyente entiende la historia con un sentido de global de “estar yendo hacia un fin”</strong> que constituye su culmen y su plenitud. La fe cristiana específicamente, se funda en la revelación tal como está contenida en la Biblia que es para nosotros, los creyentes, la “palabra de Dios”.</p>
<p>La profecía es el acto de confrontar el propio presente histórico con esa fe creída y leída en la Sagrada Escritura. <strong>El presente histórico se confronta con la fe para que la historia se encamine más claramente hacia el fin escatológico al que Dios la llama.</strong> Ese confrontar es la <strong>profecía.<span id="more-68"></span></strong></p>
<p>Sin esta comprensión sería imposible entender cualquier <i>martirio</i> (del griego: <i>testimonio</i>) en la Iglesia, pero más aún el de <strong>Monseñor Oscar Romero, Arzobispo de San Salvador, asesinado el 24 de marzo de 1980,</strong> mientras celebraba la misa en la capilla del hospital donde vivía.</p>
<p>Romero fue un arzobispo católico, es decir<strong> fue parte de la jerarquía de la Iglesia</strong>. Su tarea como obispo se desempeñó <strong>en medio de la pobreza, la exclusión y la violencia fratricida</strong> que denunció abiertamente y que finalmente acabó con su vida.</p>
<p><strong>El poder que asesinó a Romero simplemente cayó presa de pánico al escuchar esa voz potente</strong> que desnudaba el absurdo de construir una nación desde la injusticia, la exclusión y la violencia.</p>
<p>El miedo puede generar dos reacciones: inmoviliza o destruye. Cuando el que sufre el miedo es el débil, entonces suele ganar el silencio; pero cuando el que tiene miedo es el poderoso entonces suele acudir al recurso absurdo de la violencia.</p>
<p>Monseñor Romero vivió los últimos tiempos de su vida entre esos dos miedos: <strong>el silencio de los pobres</strong> que eran reprimidos por el poder gubernamental de entonces (y de hecho a él lo llamaban “la voz de los sin voz”) <strong>y la violencia de la represión gubernamental</strong>. Él nunca aprobó ni fomentó la violencia, pero tampoco nunca calló su voz a la hora de denunciar lo que destruía el presente y amenazaba el futuro de su patria y de toda América Latina: <strong>la violencia en todas sus formas y especialmente el terrorismo de Estado.</strong> Es que la violencia institucionalizada abre a la tentación de responder también con violencia por parte de los pobres y excluidos. <strong>La fe debe denunciar cada vez que aparece la primera para que evitar que surja luego la segunda. Es la profecía de la paz.</strong></p>
<p>Diferente hubiera sido todo si ante las denuncias de Romero el poder hubiera aceptado la verdad, si se hubiera logrado llegar a un sincero compromiso con la justicia de parte de toda la sociedad salvadoreña de entonces, y si se hubieran buscado las causas profundas de la violencia y de la división social para combatirlas definitivamente. Éste, y no otro, era el fin de las acciones y de las homilías de Monseñor Romero porque éste es en definitiva el fin de la profecía cristiana.</p>
<p>A treinta y cinco años del asesinato de Romero muchas cosas han cambiado. <strong>Hoy la Iglesia oficial (que en ocasiones no supo comprenderlo) finalmente lo reconoce como mártir y como profeta y lo beatifica.</strong> Su compromiso social respondió exclusivamente a su opción radical por el Evangelio de Jesucristo. Romero no fue un activista social, se equivoca quien así lo entienda. Romero fue un obispo que no se olvidó de su pueblo, <strong>fue <i>un pastor con olor a oveja</i>,</strong> que se involucró en el dolor y en la vida de su gente y sufrió las mismas consecuencias a las que todos estaban expuestos. <strong>La Iglesia beatifica a Romero porque cree que el Espíritu Santo pide más sacerdotes y obispos así, como él, y no más aquellos con “psicología de príncipe” como le gusta decir al Papa.</strong></p>
<p><strong>La beatificación de Romero es una profecía en sí misma</strong>. Su figura es para el mundo y para América Latina pero especialmente para los sacerdotes y obispos de la Iglesia, un modelo de compromiso con Cristo, con los pobres y con la libertad.</p>
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