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	<title>Estanislao Malic</title>
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		<title>Al fin de acuerdo</title>
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		<pubDate>Mon, 24 Jun 2013 04:54:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Estanislao Malic</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[David Ricardo]]></category>
		<category><![CDATA[renta de la tierra]]></category>

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		<description><![CDATA[“Donde hay dos economistas hay tres opiniones”, dice el refrán. Realmente si hay algo de lo que adolece la llamada ciencia maldita es de homogeneidad. La inflación, el nivel de empleo, la competitividad, el tipo de cambio y hasta la misma definición de economía es producto de acalorados debates. Bajo este contexto, extrañamente podemos encontrar... <a href="http://opinion.infobae.com/estanislao-malic/2013/06/24/al-fin-de-acuerdo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>“<strong>Donde hay dos economistas hay tres opiniones</strong>”, dice el refrán. Realmente si hay algo de lo que adolece la llamada <strong><em>ciencia maldita</em></strong> es de homogeneidad. <strong>La inflación, el nivel de empleo, la competitividad, el tipo de cambio y hasta la misma definición de <em>economía</em> es producto de acalorados debates</strong>.</p>
<p>Bajo este contexto, extrañamente podemos encontrar un concepto donde los desencuentros son mínimos, donde <em>casi</em> todas las visiones económicas podrían unirse en un breve pero fraternal abrazo.  Este concepto es la <strong>renta de la tierra</strong>.</p>
<p>¿De qué hablamos cuando pensamos en la renta?  De la porción del ingreso que se apropia un sector de la población tan sólo por ser propietario de una parcela de tierra productiva; la sociedad destina parte de su producción a esta manutención. <strong>¡Ojo!, a no confundir renta con ganancia del agricultor</strong>. Aunque muchas veces los roles se solapan en un mismo individuo, los economistas solemos asumir que se trata de dos remuneraciones distintas: la renta es la porción de dinero resultado de la venta de grano destinada a pagar el alquiler del campo, mientras que la ganancia es la obtenida por el productor tras pagar todos los gastos (incluso la renta).</p>
<p>Yendo un paso analítico más allá, podemos asegurar que <strong>alguien gana plata por otorgar acceso a la tierra, tierra que ya existía desde mucho antes que el título de propiedad</strong>. Mientras que el productor y el trabajador obtienen una remuneración a costa de su sacrificio (materia muy discutida por las diferentes escuelas económicas), el propietario la obtiene por… ¿<strong>por qué se le paga un arrendamiento al dueño</strong>?</p>
<p>Se le paga simplemente porque la tierra es necesaria para producir alimentos y además es escasa, o sea, no podemos crear más tierras propensas al cultivo que las que ya hay. No hay otra, hay que pagarle a los que la tienen. Para peor, mientras más altos son los precios de los granos más aumenta el alquiler, perjudicando a los productores que terminan obteniendo la misma ganancia más allá del precio de venta de su producción.</p>
<p><em>¡Qué problema, Macarena!</em> <strong>Alguien se está haciendo de unos cuantos billetines sin entregar nada a cambio, o más específicamente, sin hacer ningún sacrificio que lo amerite</strong>. ¿Qué hacemos con esto? Cómo dijimos anteriormente, casi todas las escuelas económicas se han preocupado por la renta, siendo incluso el tan citado por los liberales <strong>David Ricardo</strong> un enemigo acérrimo de ella. Propuestas sobran: desde <strong>impuestos progresivos a la propiedad de la tierra</strong> hasta <strong>regulación del precio de los granos,</strong> las posibilidades son infinitas. Sin embargo, parecen ser extremadamente difíciles de implementar políticamente (el nombrado economista inglés batallaba en el parlamento por estas medidas hace ya dos siglos).</p>
<p><strong>Lo más asombroso del asunto es que el tema no desvela a la mayoría de los economistas o periodistas del establishment mediático.</strong> Abundan los artículos de inflación, dólar, competitividad, crecimiento o tipo de cambio.  Si aumenta el salario en dólares Argentina pierde competitividad, catástrofe, pero si aumenta la renta (también un costo de la estructura productiva) a nadie se le mueve un pelo, no se escucha ni una protesta/propuesta.</p>
<p>Siendo los propietarios de la tierra uno de los principales actores sociales de la historia argentina desde sus orígenes, debemos pensar que la nombrada desidia mediática no se debe a la falta de interés de los analistas, sino a que, existiendo un acuerdo tan vasto entre las escuelas económicas, queda poco por discutir y nada nuevo por decir.</p>
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		<title>Los problemas esenciales de la macroeconomía argentina</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Jun 2013 05:10:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Estanislao Malic</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[En la Argentina existen dos problemas macroeconómicos esenciales, que crónicamente determinan la agenda política y despiertan furibundos debates mediáticos: ellos son la inflación y la falta de dólares. Lejos de tratarse de conflictos coyunturales, explicados por excesos o desmanejos del gobierno actual, ambos problemas atraviesan la historia Argentina sin importar el color político del gobierno... <a href="http://opinion.infobae.com/estanislao-malic/2013/06/10/los-problemas-esenciales-de-la-macroeconomia-argentina/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En la Argentina existen dos problemas macroeconómicos esenciales, que crónicamente determinan la agenda política y despiertan furibundos debates mediáticos: ellos son la <strong>inflación</strong> y la <strong>falta de dólares</strong>. Lejos de tratarse de conflictos coyunturales, explicados por excesos o desmanejos del gobierno actual, <strong>ambos problemas atraviesan la historia Argentina sin importar el color político del gobierno de turno</strong>.</p>
<p>El breve período del “uno a uno”, donde no casualmente coincidió una bajísima inflación con una gran abundancia de dólares, se caracterizó por un explosivo endeudamiento externo sumado a ingentes ingresos de divisas producto de las privatizaciones. Un modelo a las claras inviable.</p>
<p><span id="more-5"></span>Si desde el salto industrialista del primer gobierno de <strong>Perón</strong> hasta el presente esta escena se repite una y otra vez con sus consabidas consecuencias (diversos niveles de inflación, tipos de cambio desdoblados, control de cambios, devaluaciones, etc.) <strong>deberíamos ser muy necios para pensar que es un problema de los gobiernos populistas</strong>. Al punto de que incluso durante las dictaduras más conservadoras (liberales en lo económico) se mantuvieron este tipo de problemas.</p>
<p>Descartando así todo tipo de explicaciones cortoplacistas y evitando considerar que se trata de variables de fácil manejo por parte del gobierno, podemos pensar que este tipo de problemas tienen un carácter estructural y descartar de esta forma todo tipo de “solución mágica”, o por simple decisión política.</p>
<p><strong>Nuestro país, desde que inició su industrialización, encontró limitaciones en la balanza de pagos para llevarla adelante. </strong> Concretamente: Argentina necesita insumos importados para expandirse, pero no cuenta con los dólares necesarios ya que la principal actividad exportadora, que es la agrícola, posee fuertes limitaciones para aumentar la producción (la cantidad de tierra).  La industria no sólo por ser incipiente, sino también por las dificultades que acarrea el comercio exterior, nunca pudo generar suficientes exportaciones para autoabastecerse.</p>
<p>Las <strong>devaluaciones crónicas</strong> (que no solucionan el problema de fondo) tienen una estrecha relación con esta situación, ya que contraen el salario real, reduciendo la actividad, las importaciones y restaurando el equilibrio externo. Siempre a costa de generar presiones inflacionarias</p>
<p>Mientras que la dolarización de los ahorros, producto de estas devaluaciones, resguardas al ahorrista pero agrava la situación general disminuyendo la cantidad de dólares disponibles, la puja por la distribución del ingreso entre los diferentes sectores de la economía expande el impulso inflacionario.</p>
<p>El diagnóstico parece simple, pero las soluciones no lo son tanto. <strong>A corto plazo (años, tal vez décadas) la única opción consiste en lidiar con los conflictos distributivos y cambiarios “a los tumbos”, pero de la forma más civilizada posible</strong>, como las paritarias por ejemplo. A largo plazo, si queremos conseguir estabilidad macroeconómica, olvidarnos de las variaciones de precios y de la cotización del dólar, no hay otra opción más que <strong>expandir las exportaciones y reducir el nivel de importaciones</strong> (la vía del endeudamiento externo ya ha demostrado suficientes veces sus cualidades pirotécnicas), siendo éste un camino conflictivo y no falto de estrategias encontradas.</p>
<p>Sin embargo debemos tener en claro que la superación de este tipo de restricciones no impide la búsqueda de objetivos que poca relación tienen con ellas, como son las batallas contra la desigualdad, el déficit habitacional y la pobreza, o el mejoramiento de los niveles de educación y salud.</p>
<p>Cuando los populismos expanden derechos y mejoran la distribución del ingreso no generan desequilibrios en el sistema económico, sino en el bolsillo de los privilegiados.</p>
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