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	<title>Eric Calcagno &#187; FMI</title>
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		<title>Cambiemos en política exterior</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Nov 2015 03:00:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eric Calcagno</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Felicitaciones a Mauricio Macri, ingeniero diplomado y presidente electo. Nos ganó el domingo pasado con una diferencia menor a la prevista (¿a la deseada?), pero igual ganó, y así fuera por sólo un voto, las elecciones se ganan y nosotros la perdimos. Ya habrá tiempo para las necesarias e inevitables autocríticas, que, justificadas o exageradas, tienen su tiempo y espacio correspondiente (que no son los medios). A propósito, por “nosotros” entiendo al peronismo y es desde el peronismo —alguna de sus múltiples variantes, quizá— que me permito algunas breves reflexiones sobre las declaraciones del Presidente ingeniero en materia de política exterior.</p>
<p>En efecto, en su primera conferencia de prensa como presidente electo, Mauricio Macri deslizó la necesidad de avanzar con la Alianza del Pacífico y con el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur. Representa un giro importante en materia de relaciones internacionales, pero, después de todo, <b>Cambiemos también significa un cambio en las relaciones internacionales de la Argentina, cambio que puede ser —como es el caso— pasar de políticas soberanas a formas alegres de dependencia</b>. Con sus consecuencias.<span id="more-18"></span></p>
<p>La Alianza del Pacífico, compuesta por Chile, México, Colombia y Perú, es la entrada al Trans-Pacific Partnership (TPP), que, integrado con otros nueve países más (aún no está Colombia), entre los cuales figuran Estados Unidos y Japón, por ejemplo, es la respuesta geopolítica norteamericana a China. Quien desee visitar el sitio <a href="file:///C:/Users/Erika/Downloads/ustr.gov/tpp/">ustr.gov/tpp/</a> verá que los objetivos y los valores que sustenta el TPP son los de potenciar la exportación de productos norteamericanos, mejorar el Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA), tanto como los empleos, las exportaciones y el crecimiento de Estados Unidos. Lo que, por cierto, está muy bien desde su punto de vista. Pero, en términos de patentes farmacéuticas, producción textil o de automotores, con baja de los aranceles externos y arreglo de disputas Estado-empresas a través de arbitrajes (llamado <i>Investor-state dispute settlement, </i>ISDS), no parecen muy convenientes para sociedades que no tengan el mismo nivel de productividad de Estados Unidos, ni su mismo poder de negociación, ni los mismos intereses.</p>
<p>En cuanto a avanzar con los acuerdos entre el Mercosur y la Unión Europea, nos lleva a otra sigla, TTIP, que significa<strong> </strong>Transatlantic Trade and Investment Partnership. Es un acuerdo también conocido como Transatlantic Free Trade Area o TAFTA,<i> </i>acuerdo que une a Estados Unidos con los países de la Unión Europea.<i> </i>Poco se sabe de este acuerdo, a no ser por Wikileaks, que reveló algunas de las negociaciones confidenciales que trataban, por ejemplo, de la desregulación de la banca y de los servicios. También vemos que los diferendos entre Estados y empresas son objeto de arbitraje y no sujetos a derecho. Por igual, se persiguen objetivos geopolíticos, en este caso en la política de aislamiento de Rusia, como asegurar la primacía del dólar frente al euro y la apertura de mercados. Cabe preguntarse, pues, si la mencionada adhesión al acuerdo entre Mercosur y Unión Europea no es lo mismo que entrar a un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) con otro nombre, pero con los mismos resultados.</p>
<p>Demás está decir que <b>las declaraciones del presidente-ingeniero Macri que apuntan tanto al TPP como al TTIP son incompatibles con el mismo Mercosur, con la Unasur y con la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac)</b>. En tren de siglas: con TPP y TTIP para qué FMI, si el trabajo estará hecho. Alegremente.</p>
<p>Para terminar, en provisoria conclusión, vayan las palabras de quien fuera presidente de la nación con 22% de los sufragios. El 4 de noviembre de 2005, ayer nomás, el presidente Néstor Kirchner fijó la posición de la Argentina: “Es necesario advertir que a la hora de analizar el sistema de comercio internacional, subsidios agrícolas o barreras arancelarias, hay que tener en cuenta las asimetrías y los diferentes grados de desarrollo. Porque la igualdad es un concepto valioso y necesario, pero sólo aplicable a los que son iguales. Igual tratamiento para los diferentes; igual tratamiento entre países poderosos y débiles; igual tratamiento entre economías altamente desarrolladas y economías emergentes, no sólo es una mentira, sino que, además, resulta una trampa mortal”.</p>
<p>De allí que sea tiempo de sentir, pensar y actuar justicialísticamente, desde el lugar de oposición que nos otorgó el sufragio. Otra vez será. Porque si algo sabemos los peronistas, es volver.<b></b></p>
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		<title>Tipos de &#8220;cambio&#8221;</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Jun 2015 09:00:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eric Calcagno</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
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		<description><![CDATA[En octubre el pueblo elegirá el Presidente y el Congreso que marcarán la orientación básica del próximo gobierno nacional. Es una elección muy diferente de la legislativa de medio término, que es propicia para expresar acuerdos o  disconformidades sin forzar decisiones de fondo. Ahora lo que se decidirá es si en los próximos años continuará... <a href="http://opinion.infobae.com/eric-calcagno/2015/06/17/tipos-de-cambio/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En octubre el pueblo elegirá el Presidente y el Congreso que marcarán la orientación básica del próximo gobierno nacional. Es una elección muy diferente de la legislativa de medio término, que es propicia para expresar acuerdos o  disconformidades sin forzar decisiones de fondo.</p>
<p>Ahora lo que <strong>se decidirá es si en los próximos años continuará el modelo de desarrollo con justicia social, que antepone la inclusión a los privilegios; o si se marchará hacia una restauración neoliberal, donde las motivaciones sectoriales prevalecerán sobre el interés general.</strong> Por cierto, no se trata de matices, sino de dos modelos políticos, económicos y sociales opuestos. <strong>O el Estado sirve para continuar con la distribución del ingreso, de la palabra y del conocimiento, o vuelve a ser el instrumento para privatizar ganancias y socializar pérdidas. </strong></p>
<p>Es en esa circunstancia cuando los publicistas de la restauración han instalado como eslogan una palabra que suena familiar y hasta positiva: “cambio”. Cambiar  significa, según el diccionario, “tomar o hacer tomar, en vez de lo que se tiene, algo que lo sustituya”. Funciona como eslogan porque se parte de la base de que, <strong>para quien lo escucha,  el cambio siempre es bueno porque cada uno cree que se trata del cambio que le conviene.</strong> Lo que ocurre es que el mismo cambio produce efectos opuestos en diferentes grupos sociales y económicos.<span id="more-12"></span></p>
<p>Por ejemplo, si se le preguntara a cierto empresariado, digamos del “círculo rojo”, qué posición tiene frente al cambio, respondería instintivamente 1 dólar = 20 pesos, lo cual le significaría un enriquecimiento inmediato y descomunal. Cuando se le aclarara que la consulta no se refería a la cotización de monedas, sino a la orientación de la política económica, sin duda la respuesta sería a favor de cambios sustanciales: pensaría en la <strong>supresión de las convenciones colectivas de trabajo</strong>, lo que le permitiría fijar los salarios sin restricciones; o que<strong> el Banco Central le daría todos los dólares que quisiera</strong> para ir a Miami a comprar baratijas o departamentos; o se generaría <strong>una desocupación que “disciplinaría” a la fuerza de trabajo</strong>; además, la <strong>devaluación</strong> multiplicaría las fortunas y aplastaría los salarios reales.</p>
<p>A su vez, <strong>los trabajadores se opondrían al cambio que propone el <i>establishment: </i></strong>de ningún modo podrían sustituir las conquistas que perderían. Pero estarían a favor del cambio que aumente el empleo y los salarios, disminuya el trabajo no registrado e institucionalicen conquistas anteriores.</p>
<p>A grandes rasgos, <strong>existen dos tipos de cambio: el cambio para avanzar y el cambio para retroceder.</strong> Ambos son cambios, pero tienen naturaleza y consecuencias antagónicas para los diferentes grupos sociales. Uno vuelve al pasado neoliberal; el otro avanza hacia el futuro de desarrollo con inclusión social. Y es mucho lo que los diferentes grupos sociales pueden ganar o perder.</p>
<p><b>El cambio para retroceder</b></p>
<p>El  “cambio  para  retroceder”  nos  retrotrae  al modelo  neoliberal que rigió, con interrupciones, desde 1976  hasta  2001, y que fue nefasto para la Argentina.</p>
<p>Significa  la renuncia a la soberanía nacional, y aspira a repetir el monstruoso endeudamiento de la convertibilidad, que fue de 80.000 millones de dólares; más los 47.000 millones de la salida de la convertibilidad (pesificación asimétrica incluida). Ahora que está desendeudada, los bancos internacionales le volverían a prestar a la Argentina y puede iniciarse otro ciclo de “plata dulce”. Claro que el final sería el mismo que el del 2001; pero mientras tanto gobernará el <i>establishment.</i></p>
<p>Además, se aplicarían las condicionalidades que impone el Fondo Monetario Internacional, que consisten en medidas económicas idénticas a las que anhela y reclama el <i>establishment </i>internacional y local. Así, les basta con el sobreendeudamiento para tener el financiamiento asegurado y la política económica diseñada. Sería un cambio estupendo para el <i>establishment</i> y desastroso para el país y el resto de sus habitantes. Pero nadie puede negar que fuera un cambio. Otros cambios importantes en el mismo sentido, son la desindustrialización, la privatización de YPF, del agua potable, y por supuesto un sistema de seguridad social “más eficiente”, que lleva al regreso de las AFJP.</p>
<p><b>El cambio para avanzar</b></p>
<p>El cambio de 2003 fue un cambio para avanzar.</p>
<p>En lo económico, el producto bruto interno fue duplicado al cabo de doce años, así como la inversión y del número de integrantes de la clase media; las exportaciones se multiplicaron por cuatro; la desocupación bajó del 20 al 7%; la participación de los trabajadores en el ingreso total aumentó del 34 al 49%; los salarios se fijan por convenciones colectivas entre asociaciones empresarias y sindicatos de trabajadores; el empleo no registrado bajó del 49 al 33%; se recuperaron  YPF, el agua potable, los trenes, entre tantos otros logros.</p>
<p>En lo social, se construyeron o mejoraron casi un millón de viviendas; fueron construidas más de 2000 escuelas; volver al sistema de reparto permitió que la cobertura de las jubilaciones pase del 65 al 97%; frente a la vulgata privatista, la ANSES demostró y demuestra que una administración pública es eficiente cuando existe una voluntad política guiada por el Bien Común.</p>
<p>En lo político, la recuperación del debate, a veces polémico, permite que las cuestiones económicas y sociales no tengan supuestas soluciones “técnicas”, sino que sean el fruto de una decisión política primero, de una instrumentación práctica después, y por último sean institucionalizadas (recuperación y ampliación de derechos, por ejemplo). La capacidad de decidir, fijar prioridades, responder a urgencias, deja de ser patrimonio de un sector social para estar sometidas al sufragio universal. Esto es empoderar al conjunto de la sociedad argentina, recibir a la juventud que se incorpora con pasión a la cosa pública (eso es la <i>Res Publica </i>que tanto reclaman algunos amarillos).</p>
<p><b>Conclusión </b></p>
<p>Como vemos, la idea de cambio no es neutra, ni su aceptación es similar según lo que puede significar ese “cambio” que tanto anhela la oposición política, esa pálida representación pública del <i>establishment</i>. <strong>Que sí quiere un cambio: su cambio. ¿Es el cambio deseado por las mayorías?</strong> Parece que no. Por eso el pobre discurso de la oposición se centra sobre el cambio.</p>
<p>Porque la idea de “cambio” que plantea el <i>establishment</i> intenta decirlo todo, pero termina diciendo nada. No es explicado, argumentado, cuantificado, ese famoso “cambio”. Puesto que no es explicado.<strong> ¿Qué cambiarían? ¿O no lo dicen porque es piantavotos?</strong> Como carecen de capacidad para el debate político, se limitan al “cambio”. Dicen: la mayoría de los argentinos quiere el cambio. ¿Cuál? ¿Cómo? ¿De qué manera? ¿Con que costo? Silencio duranbarbesco.<b> </b></p>
<p>En provisoria conclusión, podemos decir que en la Argentina existieron algunos cambios: en 1916 hubo cambio cuando asumió Yrigoyen, hubo cambio en 1930 cuando lo derrocaron; hubo cambio en 1946 cuando Perón ganó las elecciones, y hubo cambio en 1955 con el golpe de estado; hubo cambio en 1973 cuando volvió el General, y hubo cambio en 1976, cuando empezó la dictadura más sangrienta. Hubo cambio en 1983, en el 1989, en el 1999… y hay cambio desde el 2003. <strong>¿Qué tipo de cambio prefiere Usted? </strong></p>
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