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	<title>Eduardo Curia &#187; retraso cambiario</title>
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		<title>Realismo cambiario y exportaciones</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Oct 2015 10:35:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Curia</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cepo cambiario]]></category>
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		<category><![CDATA[Sobrevaluación cambiaria]]></category>

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		<description><![CDATA[El pobre resultado comercial externo de agosto pasado integra un espectro mayor de antecedentes y causalidades. Dados una dura restricción de divisas y un parco lote de reservas, aquel atiza la percepción del gran retraso cambiario en curso. Aun así, no faltan las posturas de sesgo miope. Dicen: “No vale pretender corregir seriamente la tasa... <a href="http://opinion.infobae.com/eduardo-curia/2015/10/03/realismo-cambiario-y-exportaciones/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El pobre resultado comercial externo de agosto pasado integra un espectro mayor de antecedentes y causalidades. Dados una dura restricción de divisas y un parco lote de reservas, aquel atiza la percepción del gran retraso cambiario en curso.</p>
<p>Aun así, no faltan las posturas de sesgo miope. Dicen: “No vale pretender corregir seriamente la tasa de cambio, porque no habría de inmediato mayores ganancias de exportaciones-mercados, computando la problemática mundial”. Es una pose del tipo: “La historia arranca cuando uno llega”.</p>
<p>Acéptese que la dinámica de la economía y la demanda mundiales se muestra floja en 2015. Un caso es el de América Central y del Sur: Se alude a una baja de exportaciones del 10 % (obvio, también hay bemoles con las importaciones). Ejemplos en otras latitudes es el serio declive de las ventas coreanas. Pero, también asúmase que las exportaciones, en general, algo suben. Y que hay países de Centroamérica, Asia, Norteamérica y de África que aumentan sus exportaciones. Pero, igual, el panorama es severo.</p>
<p>Nosotros, ¿cómo llegamos a esta instancia? Pues, en lo endógeno, decididamente mal. Más al aplicar una visual temporal: En la década larga venimos involucionando claramente.<span id="more-99"></span></p>
<p><b>En el lapso 2003-2007, con la matriz macro del dólar alto, con una gran suba sostenida del PIB, las exportaciones avanzaron fuerte</b>: casi el 90 %, más en cantidades que en precios (y cuando las ventas de combustibles empezaban a mermar). Prevaleció el ritmo de las manufacturas de origen industrial (MOI) y con un balance industrial de divisas bastante aceptable. Se insinuó una diversificación de contenido-destinos y muchas pymes entraron el negocio. Súmese los altos superávit comercial-corrientes y el gran acopio de reservas.</p>
<p><b>Tamaño desempeño, valioso como un punto de partida, fue minimizado por ciertos círculos heterodoxos, que fueron primando</b>. Invocaron la limitación del cambio real elevado por ser un resorte “muy horizontal”, un dislate solemne. Sin captar que un factor, aunque no suficiente, puede pesar como condición necesaria. El remate fue el giro macroeconómico de 2010, con una matriz —en esencia opuesta a la anterior— pro sobrevaluación cambiaria real.</p>
<p>Las implicancias negativas no tardaron. Afincó la restricción externa (cepo incluido). Por un lado, con episodios de salida de capitales por motivos endógenos. Por el otro, arraigó una nítida tendencia declinante de las exportaciones desde fines de 2011 (una caída cercana al 20 %). Las exportaciones industriales se debilitaron (en especial las MOI, con las automotrices a la cabeza, pero no exclusivamente). A la par, el superávit comercial amenaza con esfumarse; según algunas estadísticas, esto ya ocurrió. Se cita aquí el peso del rubro combustibles, pero, a la vez, compútese que es esta segunda fase —no la anterior— la que gozó en general con el megaprecio de los commodities.</p>
<p>Claro, hoy calzan las distorsiones endógenas con el trauma exógeno adicional, al que llegamos internamente expuestos. Luego, en el mundo perdemos <i>market share.</i></p>
<p>En rigor, el negocio exportador y el acceso a los mercados no son un chicle, entrando-saliendo de modo instantáneo (quizás, la cosa sea más fácil para los commodities). La perspectiva y la continuidad son vitales, resortes que perdimos. Ir hacia un realismo cambiario apunta a recuperarlos, para que terminen dando frutos. Ese realismo también puede aportar a la entrada de capitales.</p>
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		<title>Desafíos en torno al gasto público y el retraso cambiario</title>
		<link>http://opinion.infobae.com/eduardo-curia/2015/07/06/desafios-en-torno-al-gasto-publico-y-el-retraso-cambiario/</link>
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		<pubDate>Mon, 06 Jul 2015 22:50:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Curia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[alza de costos]]></category>
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		<description><![CDATA[Las pymes se ven especialmente expuestas a la ardua situación económica que arrastra el país. Una de las instituciones que las representa, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), ha alertado sobre diversos aspectos: bemoles de rentabilidad, alza de costos, limitaciones para obtener insumos, retraso cambiario (pide alguna compensación al respecto). También se cita... <a href="http://opinion.infobae.com/eduardo-curia/2015/07/06/desafios-en-torno-al-gasto-publico-y-el-retraso-cambiario/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Las pymes se ven especialmente expuestas a la ardua situación económica que arrastra el país. Una de las instituciones que las representa, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), ha alertado sobre diversos aspectos: bemoles de rentabilidad, alza de costos, limitaciones para obtener insumos, retraso cambiario (pide alguna compensación al respecto). También se cita la presión impositiva, a la que su titular calificó de “insoportable”.</p>
<p>Vale entonces una referencia, advirtiendo sobre los duros compromisos que esperan al próximo gobierno. Alguno se liga con la presión recién aludida, pero según una óptica más amplia que la habitualmente considerada.<span id="more-77"></span></p>
<p>En rigor, enclavada en una restricción externa de fondo (administrada a nivel de este año con una financiación externa <i>ad hoc</i>) dotada de una disfuncionalidad radical, con la aguda sobrevaluación cambiaria real como instigadora clave de aquella, <b>la economía argentina padece una serie de variables “desalineadas” (por lo altas) en dólares</b><i>. </i>Son, pues, excesivos en valor dólar: los precios domésticos (incluido el peso de la dicotomía transable-no transable), el costo laboral, las tasas de interés y la propia gravitación del sector público (tanto el gasto público como la consecuente presión fiscal). Es un juego de espejos: estos excesos en dólares “reflejan” el retraso cambiario real.</p>
<p>Por lo pronto, el gasto público es analizable como tal componiendo la demanda, ponderando tanto cuál es su fuerza activante como en qué dosis puede despertar un influjo inflacionario. Prevaleció una sobreestimación de lo primero y una subestimación de lo segundo. La otra mirada atañe al rol del sector público en el plano de la asignación dinámica de los recursos productivos. El ensanche comparativo de dicho sector en estos años ha sido enorme. Es asumible que, con la marcha de la economía, el sector público registre cierto avance; pero, para el grado de desarrollo de la Argentina, el avance ha sido muy exagerado. Y, <b>en dólares, el avance resultó exultante</b>. El gasto público medido en dólares es rutilante y por ende también lo es la presión fiscal (formal e informal). Es, pues, el maridaje: alto gasto-retraso cambiario.</p>
<p>No extraña entonces la corriente mezcla: gran suba del gasto público con reflejo en su calce monetario (dominancia fiscal), niveles de tasas de interés muy altas en dólares y respetables frente a una inflación aun elevada (aunque se moderó algo) y uso militante del cambio nominal como ancla de la inflación, facilitando así una mayor apreciación real.</p>
<p>Sin duda, uno de los retos más grandes y delicados es, dentro de una visión integral, encarar esta faceta del severo retraso cambiario real: el vasto gasto público (presión fiscal) medido en dólares. Tanto más viendo la composición del gasto y lo harto sensible de más de uno de sus rubros. Pero, como decía Perón: “La verdad es la única realidad”. Y el próximo gobierno no podrá zafar de lidiar con el compromiso entre el nivel del gasto público, con sus aplicaciones (unas más loables que otras), y el cambio real, factor este que, a la postre, hace a la sustentabilidad de las demás variables. Salvo la apuesta a gambetear el compromiso, confiando en un ilimitado sobregiro financiero en dólares, capaz de cubrir <i>in eternum </i>cualquier desequilibrio (sic).</p>
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		<title>Restricción externa y oferta reprimida más que falta de demanda</title>
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		<pubDate>Fri, 17 Apr 2015 09:25:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Curia</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En virtud de la errada matriz macroeconómica aplicada a partir de 2010 –contrastante con la de 2003(02)/07-, y dado el agudo retraso cambiario real que fomentó (más otros factores conexos), se reinstaló en el país la mórbida restricción externa o escasez de dólares, llevando al daño colateral del racionamiento interno de dólares, o “cepo cambiario”.... <a href="http://opinion.infobae.com/eduardo-curia/2015/04/17/restriccion-externa-y-oferta-reprimida-mas-que-falta-de-demanda/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En virtud de la errada matriz macroeconómica aplicada a partir de 2010 –contrastante con la de 2003(02)/07-, y dado el agudo retraso cambiario real que fomentó (más otros factores conexos), se reinstaló en el país la mórbida restricción externa o escasez de dólares, llevando al daño colateral del racionamiento interno de dólares, o “cepo cambiario”. En sustancia, <strong>el cepo, por su dinámica de gestión, alienta duras inhibiciones de oferta productiva</strong>, lo que, por lógica, ciñe la expansión de aquélla. La resultante de todo esto, es un estancamiento de base que se enraíza, con un mercado laboral expuesto, en el cual, prácticamente, <strong>sólo el Estado viene creando empleo</strong>;<strong> pero, claro, tendiendo a debilitar la productividad promedio. <span id="more-58"></span></strong></p>
<p>Por ende, <strong>hoy la economía no padece restricción de demanda interna (y en especial, de consumo), sino de dólares y de oferta productiva</strong>; incluso, dados los resortes represivos –en particular, el hecho de “pisar” relativamente el cambio nominal, con el perjuicio real que causa el dato- que instigan a esas restricciones, <strong>se perfila una inflación reprimida</strong> (sumable a la actual efectiva, ya alta). Naturalmente, <strong>en un marco macroeconómico con tamañas distorsiones, la propia demanda interna se hace ahora difícil de empujar.</strong> Y, sobre todo, en lo atinente a su componente más asociado a crear oferta: <strong>la inversión.</strong></p>
<p>Al aplicarse el esquema macro arriba citado, la demanda interna –cuya importancia es innegable-, se fue desconectando de un encuadre global adecuado, el que, a la postre, es clave para su propio desempeño. En esencia, se quebró su conjunción con un <i>set </i>de precios relativos correctos, como primaba durante el exitoso modelo de dólar alto de 2003(02)-07. Asimismo, buscando sobreestimular la demanda,<strong> se enfervorizó sistemáticamente la expansión del gasto público</strong>, más allá de las condiciones del ciclo en cada fase; la paradoja de esto, es que ese abundamiento del gasto, con el tiempo, redunda en una desmejora de su rinde activista adicional; a la vez que, como deriva del asunto, se contribuye a la inflación elevada en general, y se genera una excesiva presión fiscal formal-informal, que también aporta a las molestias productivas.</p>
<p>Para intentar salir del “punto ciego” en el que se halla la economía, arrancar con un buen diagnóstico es crucial, debiendo seguir, como es obvio, las políticas correctoras indispensables. En este plano, corresponde entender finalmente que <strong>la economía argentina sufre, no por una falta de demanda interna a modo de imagen de “keynesianismo escolar”</strong> (por más que, claro, ahora se hace arduo continuar animándola de modo sostenido), <strong>sino por un estadio de restricción externa instalada </strong>(en la que gravita el atraso cambiario, el que a la vez raciona a los terceros mercados en lo que atañe a nuestros productos: las exportaciones, que caen fuerte) y de oferta productiva frenada, con riesgos de inflación reprimida.</p>
<p>En este contexto de señales negativas en términos de rentabilidad y de precios relativos, sumado el fastidio ligado al cepo cambiario, luce inviable escapar del estancamiento como dato de base. Retomar seriamente  la inversión, con expectativas aptas al respecto, y el crecimiento, reclama remover con decisión esas señales, lo que implica un desafío enorme por el rigor del trabajo exigido.</p>
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		<title>Transición económica: ¿afable o adusta?</title>
		<link>http://opinion.infobae.com/eduardo-curia/2015/02/05/transicion-economica-afable-o-adusta/</link>
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		<pubDate>Thu, 05 Feb 2015 23:46:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Curia</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Plan Verano]]></category>
		<category><![CDATA[retraso cambiario]]></category>
		<category><![CDATA[transición económica]]></category>

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		<description><![CDATA[Naturalmente, una cuestión que, suponemos, ganará espacio con el tiempo, es la relativa a la manera de abordar la transición económica 2015/16. Hoy por hoy, aquélla se plantea light, por varios motivos: a) porque, a esta altura –arrancando 2015-, puede lucir prematuro intentar avanzar más, faltando referencias; b) porque la lucha electoral, aun a tiempo... <a href="http://opinion.infobae.com/eduardo-curia/2015/02/05/transicion-economica-afable-o-adusta/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Naturalmente, una cuestión que, suponemos, ganará espacio con el tiempo, es la relativa a la manera de abordar la transición económica 2015/16.</p>
<p>Hoy por hoy, aquélla se plantea <i>light</i>, por varios motivos: a) porque, a esta altura –arrancando 2015-, puede lucir prematuro intentar avanzar más, faltando referencias; b) porque la lucha electoral, aun a tiempo vista, exige un sensible cuidado –distinguir entre lo exotérico y lo esotérico- sobre lo que se puede decir, y cómo; c) porque <strong>prima un “lugar común” o imaginario –de una transición afable-, con anclaje interno y externo, que se asocia a la convicción de que el simple recambio de autoridades posibilitará automáticamente, por propio peso, encauzar de modo rápido, fácil y hasta indoloro, el severo plexo de desequilibrios que afronta la economía.</strong> Imaginario o convicción que se proyecta sobre los principales referentes, incluido el más conspicuo, actualmente, del sector oficialista.<span id="more-46"></span></p>
<p>Sin embargo, si se prescinde por un momento de todas estas semblanzas y restricciones, la percepción del desafío que, probablemente, implique la transición, debe tomarse con particular seriedad y profundidad. Justamente, si hay una nota que reafirma en especial esta condición, es el perfil que trasunta el fenómeno de sobrevaluación cambiaria real en curso. Lamentablemente, el parcial ensayo devaluatorio de hace un año, desprovisto de un encuadre orgánico, se frustró, deparando más molestias que beneficios.</p>
<p>Pero la contracara de ello es que el retraso cambiario real -a un nivel agudo- tiende a consolidarse, y hasta puede acentuarse. Es sabido que <strong>hablar aisladamente del tipo de cambio, es una soberana necedad,</strong> y, que, en definitiva, tallan marcos macroeconómicos. Precisamente, se encuentra en marcha un esquema de política económica –que tratamos bastante, bautizándolo como “Plan Verano”-, que, en principio, tiene chances en los meses venideros de presentar, aun sin exagerar, una fachada más atractiva que la floja imagen que mostró el 2014.</p>
<p>El <i>quid </i>es que ese mayor retraso cambiario –sobre un nivel de por sí delicado-, tendería a operar como un exigido colateral de aquel esquema (tanto menos se lo respetara, tanto más peligraría la matriz de dicho esquema). Pero, entonces, cabría hablar de un desalineamiento cambiario, con un panorama que se extendería asimismo a los (desalineamientos) de orden fiscal y monetario. Pudiéndose avanzar desde este <i>núcleo duro </i>hacia otros diversos vectores con bemoles (vgr., expectativas de inflación, costo laboral en dólares, tarifas).</p>
<p>El hecho es que no es descartable a priori cierto éxito del Plan Verano en los próximos meses, con una marcha comparativamente favorable frente al 2014. Pero, a la par, el otro hecho es que el tal fenómeno no implicaría encauzar los referidos desalineamientos. A no dudar, la confluencia de estos dos hechos, se las trae. Quizás, avanzando el año, esa confluencia pueda alentar tensiones. <strong>Llegado el caso, la perspectiva de la transición, por ende, podría ir instigando una faz más adusta, y colocando más a prueba aquel imaginario tan confiado</strong> que se citó arriba. Incluyendo a tantos que habrían hallado la panacea, enarbolando la apelación al neoendeudamiento externo  y a “un toquecito aquí y allá”.</p>
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