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	<title>Eduardo Curia &#187; Dólar</title>
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		<title>Las propias culpas en la distorsión cambiaria y en el declinar exportador</title>
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		<pubDate>Sat, 05 Sep 2015 10:39:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Curia</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Se suele creer que la historia reinicia todos los días, desde cero. Lo que aplica al ascendente debate sobre el tema devaluación. Aclaremos equívocos previos. Es torpe enfocar la variable cambiaria de modo aislado. Sí, el cambio nominal es una variable, pero el real -clave y que incluye al anterior- lo calza con las demás... <a href="http://opinion.infobae.com/eduardo-curia/2015/09/05/las-propias-culpas-en-la-distorsion-cambiaria-y-en-el-declinar-exportador/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Se suele creer que la historia reinicia todos los días, desde cero. Lo que aplica al ascendente debate sobre el tema devaluación.</p>
<p>Aclaremos equívocos previos. Es torpe enfocar la variable cambiaria de modo aislado. Sí, el cambio nominal es una variable, pero el real -clave y que incluye al anterior- lo calza con las demás variables de la macroeconomía; hay una matriz. A la par, hace tiempo que el Gobierno devalúa (en lo nominal) continuamente, a diversos ritmos. Claro, en el contexto, ello deriva en una dura sobrevaluación real.</p>
<p>En lo de la historia, se olvida -incluso, en medios de la industria, sector harto favorecido en su época- que venimos de un esquema afín a una matriz macro de dólar alto -con los demás complementos-, que marcó uno de los lustros más notables de nuestra historia económica. Más allá de un mero efecto rebote y del apego al llamado “viento de cola”, con un crecimiento sostenido cercano al 9 % anual, aun mayor para la industria (y sin un gran déficit de divisas sectorial), una suba masiva del empleo (en especial privado), el repunte de la inversión, y la solidez externa (superávits y gran acopio de reservas).<span id="more-91"></span></p>
<p><b>Ese modelo exigía ya en 2007 un <i>service</i>, como lo dijimos temprano. En cambio, se giró en 2010 hacia una matriz ligada al dólar (real) barato, acorde con el rediseño de otras variables, alentando más inflación</b> y cayendo -aun con una actividad resentida- en la restricción externa, con su disfuncional colateral del cepo cambiario (que ayuda a reciclarla). Se instaló un sistemático declive exportador, con muchas pymes que se iniciaron en el negocio y luego dejaron, y con una escasez de divisas nunca zanjada (por más que se amparó a ciertos rubros del retraso cambiario, vía medidas que ven amenazada su continuidad). En el tiempo, hubo dos ocasiones de hacer correcciones, tal como lo recomendamos: fines de 2011, aprovechando el gran triunfo comicial de Cristina Kirchner, y fines de 2013, cuando atisbaba un esfuerzo de mejora. Cuadraba una adecuación cambiaria de cierta entidad, dentro de una propuesta integral, derivando luego en un curso de inflación descendente.</p>
<p><b>Ahora encaramos una instancia muy apremiante, porque más allá de la fachada transitoria que atañe al Plan Verano, los desvíos macroeconómicos endógenos, agudizados al perderse esas ocasiones, se cruzan con un ciclo mundial denso en claroscuros</b>. Justamente, en este marco, junto con otros factores, el tipo de cambio real multilateral, al que si bien nunca le otorgamos una prioridad absoluta en el análisis, sí ofrecía cierta distensión ante el bilateral con el dólar, ahora también nos contraría.</p>
<p>El tipo de heterodoxia dominante consolida el retraso cambiario (devalúa en lo nominal, pero, por negligencia, con efectos reales negativos) y lo legitima aduciendo que, cambiando, poco se ganaría en exportaciones dado el contexto mundial. Otra vez saltea la historia: su propia culpa en nuestra flojedad exportadora. Además, aun con ese contexto, nos exponemos a ceder crecientemente el <i>market share </i>en los mercados. Sin olvidar las pérdidas productivas y de dólares.</p>
<p>Urge un serio sinceramiento de la distorsión de los precios relativos macro. Aun aspirando al aflujo de capitales. Desde ya, la óptica en boga opina distinto: postula ese aflujo casado con el dólar barato. He aquí el meollo del debate entre las opciones: continuismo-gradualismo-<i>shock</i>.</p>
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		<title>Terapia de shock e hipocresía</title>
		<link>http://opinion.infobae.com/eduardo-curia/2015/08/08/terapia-de-shock-e-hipocresia/</link>
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		<pubDate>Sat, 08 Aug 2015 09:54:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Curia</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El próximo Gobierno enfrentará tres grandes opciones económicas: continuismo, gradualismo, shock. En términos de comodidad, las opciones se alinean en ese orden. En cuanto a la probidad estrictamente económica, el orden tiende a ser el inverso. Claro, el enfoque de shock, por su firmeza, prima facie es descartado políticamente. No obstante, él sigue un principio de racionalidad.... <a href="http://opinion.infobae.com/eduardo-curia/2015/08/08/terapia-de-shock-e-hipocresia/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El próximo Gobierno enfrentará tres grandes opciones económicas: continuismo, gradualismo, shock. En términos de comodidad, las opciones se alinean en ese orden. En cuanto a la probidad estrictamente económica, el orden tiende a ser el inverso. Claro, el enfoque de shock, por su firmeza, <i>prima facie </i>es descartado políticamente.</p>
<p>No obstante, él sigue un principio de racionalidad. Si los desequilibrios macroeconómicos son en general radicales -precios relativos macro (y algunos meso), de tenor fiscal y monetario, con una inflación que se modera algo vía el peligroso método del ancla cambiaria de inflación, el cepo cambiario, <i>and so on…</i>-, las correcciones deben ser entitativas y de alcance global. Hay que cruzar un umbral.</p>
<p>Por supuesto, <b>distíngase la terapia de shock como opción de política -orientada- de la que, en su caso, podría forzar el mercado</b>. Algunos gradualistas del club de los homeópatas dicen que los actuales controles de cambio neutralizan una eventual corrección -por sí- del mercado. Grave error. Como hipótesis, podría darse mediante una apremiante extensión de la brecha cambiaria que obligara al final a liberar variables, y, lo peor, sin plan. Y hasta como fruto de las yerros de los planteos continuista-gradualista.</p>
<p>La opción política, con su convicción, busca orientar el proceso. La corrección de precios relativos macro (y también meso) plantea un realineamiento en la materia, reponiendo velozmente una competitividad cambiaria de tenor palpable y, en rigor, con respecto a aquel, hay sectores adelantados-retrasados en materia de valor dólar. Ajustar este espectro es el reto.<span id="more-84"></span></p>
<p>Que la primera fase del esquema enfrenta rigores y costos, es verdad. Más <b>que priorizar un crecimiento ya, sin bases sólidas, se valora el sentar esas bases para una ulterior senda de crecimiento, más robusto e intenso</b>. Claro, para que el serio cambio de precios relativos se avenga a un marco de control, debe tallar un plexo harto riguroso de políticas de orden fiscal, monetario y de ingresos que proyecte en perspectiva el ancla nominal de la economía. Los costos inmediatos de diversa índole operantes, sin olvidar los tratamientos de contención y de selectividad aplicables, son ventajosamente promediables en el seno de aquella senda.</p>
<p>Levar con celeridad el cepo es visto como una herejía. Pero, por de pronto, el cepo es el epítome de todo un contexto macro -aplicado a partir de 2010- que deterioró mucho a la economía, volcándola a la letal restricción externa (que aquel refleja). El cepo mezcla el racionamiento de la demanda de divisas con la represión del precio-generación de las divisas. Estos dos aspectos deben abordarse al unísono para ir hacia valores cambiarios realistas y a un operar menos trabado de los agentes económicos. Por cierto, el excedente de liquidez en pesos relativo al stock formal de dólares (reservas) es tan enorme que no son descartables medidas tendientes a “chupar” una parte no trivial de esa liquidez.</p>
<p>Asúmase la aridez inicial afín a la terapia (opción política) de shock, pero es hipócrita obviar su estricta lógica y su visión sobre el desemboque ulterior. Y, a la vez, los continuistas-gradualistas, que se regodean entre el inmovilismo y el minimalismo, ahorrándose supuestamente costos iniciales, deberían sopesar mejor el horizonte de sustentabilidad que perfilan. No sea que el shock se les aparezca <i>ex post </i>cual el plan b, como respuesta a sus severas inconsistencias.</p>
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		<title>Desafíos en torno al gasto público y el retraso cambiario</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Jul 2015 22:50:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Curia</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las pymes se ven especialmente expuestas a la ardua situación económica que arrastra el país. Una de las instituciones que las representa, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), ha alertado sobre diversos aspectos: bemoles de rentabilidad, alza de costos, limitaciones para obtener insumos, retraso cambiario (pide alguna compensación al respecto). También se cita... <a href="http://opinion.infobae.com/eduardo-curia/2015/07/06/desafios-en-torno-al-gasto-publico-y-el-retraso-cambiario/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Las pymes se ven especialmente expuestas a la ardua situación económica que arrastra el país. Una de las instituciones que las representa, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), ha alertado sobre diversos aspectos: bemoles de rentabilidad, alza de costos, limitaciones para obtener insumos, retraso cambiario (pide alguna compensación al respecto). También se cita la presión impositiva, a la que su titular calificó de “insoportable”.</p>
<p>Vale entonces una referencia, advirtiendo sobre los duros compromisos que esperan al próximo gobierno. Alguno se liga con la presión recién aludida, pero según una óptica más amplia que la habitualmente considerada.<span id="more-77"></span></p>
<p>En rigor, enclavada en una restricción externa de fondo (administrada a nivel de este año con una financiación externa <i>ad hoc</i>) dotada de una disfuncionalidad radical, con la aguda sobrevaluación cambiaria real como instigadora clave de aquella, <b>la economía argentina padece una serie de variables “desalineadas” (por lo altas) en dólares</b><i>. </i>Son, pues, excesivos en valor dólar: los precios domésticos (incluido el peso de la dicotomía transable-no transable), el costo laboral, las tasas de interés y la propia gravitación del sector público (tanto el gasto público como la consecuente presión fiscal). Es un juego de espejos: estos excesos en dólares “reflejan” el retraso cambiario real.</p>
<p>Por lo pronto, el gasto público es analizable como tal componiendo la demanda, ponderando tanto cuál es su fuerza activante como en qué dosis puede despertar un influjo inflacionario. Prevaleció una sobreestimación de lo primero y una subestimación de lo segundo. La otra mirada atañe al rol del sector público en el plano de la asignación dinámica de los recursos productivos. El ensanche comparativo de dicho sector en estos años ha sido enorme. Es asumible que, con la marcha de la economía, el sector público registre cierto avance; pero, para el grado de desarrollo de la Argentina, el avance ha sido muy exagerado. Y, <b>en dólares, el avance resultó exultante</b>. El gasto público medido en dólares es rutilante y por ende también lo es la presión fiscal (formal e informal). Es, pues, el maridaje: alto gasto-retraso cambiario.</p>
<p>No extraña entonces la corriente mezcla: gran suba del gasto público con reflejo en su calce monetario (dominancia fiscal), niveles de tasas de interés muy altas en dólares y respetables frente a una inflación aun elevada (aunque se moderó algo) y uso militante del cambio nominal como ancla de la inflación, facilitando así una mayor apreciación real.</p>
<p>Sin duda, uno de los retos más grandes y delicados es, dentro de una visión integral, encarar esta faceta del severo retraso cambiario real: el vasto gasto público (presión fiscal) medido en dólares. Tanto más viendo la composición del gasto y lo harto sensible de más de uno de sus rubros. Pero, como decía Perón: “La verdad es la única realidad”. Y el próximo gobierno no podrá zafar de lidiar con el compromiso entre el nivel del gasto público, con sus aplicaciones (unas más loables que otras), y el cambio real, factor este que, a la postre, hace a la sustentabilidad de las demás variables. Salvo la apuesta a gambetear el compromiso, confiando en un ilimitado sobregiro financiero en dólares, capaz de cubrir <i>in eternum </i>cualquier desequilibrio (sic).</p>
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		<title>¿Se consolida una alternativa market-friendly?</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Apr 2015 14:11:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Curia</dc:creator>
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		<category><![CDATA[PRO]]></category>

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		<description><![CDATA[El contundente triunfo del PRO en CABA, además de su incidencia local, fortalece la candidatura presidencial de Mauricio Macri. ¿Qué influencia general, en lo económico, puede desprenderse de esto? Pues, prima facie, la consolidación de un planteo económico que busca ser decididamente alternativo a la gestión en curso. Desde ya, siguiendo la vieja terminología genérica,... <a href="http://opinion.infobae.com/eduardo-curia/2015/04/27/se-consolida-una-alternativa-market-friendly/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El contundente triunfo del PRO en CABA, además de su incidencia local, fortalece la candidatura presidencial de Mauricio Macri. ¿Qué influencia general, en lo económico, puede desprenderse de esto? Pues, <em>prima facie</em>, la consolidación de un planteo económico que busca ser decididamente alternativo a la gestión en curso. Desde ya, siguiendo la vieja terminología genérica, se perfilaría una opción de cuño liberal, aunque Macri se ha preocupado de “reconocer” banderas peronistas y de mostrar una vocación más centrista.</p>
<p>Carlos Melconián, Federico Sturzenegger y Rogelio Frigerio son los colegas más visualizados en su entorno. Naturalmente, se formulan críticas sobre la política oficial corriente en el plano de la inflación, en cuanto a las acciones en materia monetaria y fiscal, al exceso de intervencionismo, entre otros tantos puntos<strong>. Pero, a la postre, nadie puede sustraerse al tema “estrella” que concentra gran parte de la atención: el cepo cambiario. Que roza varias otras cosas claves, empezando por el tipo de cambio.</strong></p>
<p>Siguiendo algunas declaraciones sobre el particular, la noción general de la propuesta, en interpretación propia como es obvio, trataría de vender la impronta central (más allá de otras medidas ad hoc, como bajar retenciones) de la “confianza market friendly”. O sea: una postura de, en la jerga, reconciliación con los mercados, dispuesta a “hacer los deberes” de ordenamiento, y que, por lo tanto, suscitará un fuerte efecto confianza que tenderá a movilizar en un santiamén una avalancha de capitales externos. La que, en teoría, resolvería la escasez de dólares, permitiría hacer un ajuste “dulce”, energizaría a la economía enseguida, y posibilitaría levantar el cepo rápido. De allí el estereotipo de “levantarlo en 24 horas”.</p>
<p>No haremos aquí el análisis de un tal perfil de propuesta, que, en hipótesis, encajaría mucho arribo de capitales del exterior con un tipo de cambio real deprimido. Lo que sería interesante, para concluir esta nota, es intentar imaginarse cuál será la tónica definitiva de lo que constituiría la contracara en términos del espacio oficialista.<strong> En este orden, véase que hasta hace poco, el gobernador Scioli, en su rol de candidato o precandidato, se presentaba flanqueado por Bein y Blejer. Cabría preguntarse, en cuanto a posicionamientos básicos, qué diferencias existen entre estos colegas y los arriba mencionados</strong>. La otra pregunta, advirtiendo algunos gestos recientes, es si dicho flanqueo, hoy, sigue siendo plenamente válido y vigente.</p>
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		<title>Apuntes sobre la transición económica</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Mar 2015 10:06:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Curia</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Una cuestión que sin dudas ganará espacio con el tiempo es la manera de abordar la transición económica 2015-16. Hoy por hoy, este escenario se plantea light por varios motivos: a) porque a esta altura –arrancando 2015- puede lucir prematuro intentar avanzar más, faltando referencias; b) porque la lucha electoral, aun a tiempo vista, exige... <a href="http://opinion.infobae.com/eduardo-curia/2015/03/18/apuntes-sobre-la-transicion-economica/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Una cuestión que sin dudas ganará espacio con el tiempo es la manera de abordar la transición económica 2015-16.</p>
<p>Hoy por hoy, este escenario se plantea <em>light</em> por varios motivos: a) porque a esta altura –arrancando 2015- puede lucir prematuro intentar avanzar más, faltando referencias; b) porque la lucha electoral, aun a tiempo vista, exige un sensible cuidado –distinguir entre lo exotérico y lo esotérico- sobre lo que se puede decir, y cómo; c) porque prima un “lugar común” o imaginario –de una transición afable-, con anclaje interno y externo, que se asocia a la convicción de que el simple recambio de autoridades posibilitará automáticamente, por propio peso, encauzar de modo rápido, fácil y hasta indoloro, el severo plexo de desequilibrios que afronta la economía. Imaginario o convicción que se proyecta sobre los principales referentes, incluido el más conspicuo, actualmente, del sector oficialista.</p>
<p>Sin embargo, si se prescinde por un momento de todas estas semblanzas y restricciones, la percepción del desafío que, probablemente, implique la transición, debe tomarse con particular seriedad y profundidad. Justamente, si hay una nota que reafirma en especial esta condición, es el perfil que trasunta el fenómeno de sobrevaluación cambiaria real en curso. <strong>Lamentablemente, el parcial ensayo devaluatorio de hace un año, desprovisto de un encuadre orgánico, se frustró, deparando más molestias que beneficios.</strong></p>
<p>Pero la contracara de ello es que el retraso cambiario real -a un nivel agudo- tiende a consolidarse, y hasta puede acentuarse. Es sabido que hablar aisladamente del tipo de cambio es una soberana necedad y que, en definitiva, tallan marcos macroeconómicos. Precisamente, se encuentra en marcha un esquema de política económica –que tratamos bastante, bautizándolo como “Plan Verano”-, que, en principio, tiene chances en los meses venideros de presentar, aun sin exagerar, una fachada más atractiva que la floja imagen que mostró el 2014.</p>
<p>El quid es que ese mayor retraso cambiario –sobre un nivel de por sí delicado-, tendería a operar como un exigido colateral de aquel esquema (tanto menos se lo respetara, tanto más peligraría la matriz de dicho esquema). Pero, entonces, c<strong>abría hablar de un desalineamiento cambiario, con un panorama que se extendería asimismo a los (desalineamientos) de orden fiscal y monetario.</strong> Pudiéndose avanzar desde este núcleo duro hacia otros diversos vectores con bemoles (vgr., expectativas de inflación, costo laboral en dólares, tarifas).</p>
<p>El hecho es que no es descartable a priori cierto éxito del Plan Verano en los próximos meses, con una marcha comparativamente favorable frente al 2014. Pero, a la par, el otro hecho es que el tal fenómeno no implicaría encauzar los referidos desalineamientos. A no dudar, la confluencia de estos dos hechos se las trae. Quizás, avanzando el año, esa confluencia pueda alentar tensiones. Llegado el caso, la perspectiva de la transición, por ende, podría ir instigando una faz más adusta, y colocando más a prueba aquel imaginario tan confiado que se citó arriba. Incluyendo a tantos que habrían hallado la panacea, enarbolando la apelación al neoendeudamiento externo y a “un toquecito aquí y allá”.</p>
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