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	<title>Eduardo Curia &#187; Banco Central</title>
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		<title>La política monetaria dura: parcos frutos y serios bemoles</title>
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		<pubDate>Wed, 11 May 2016 03:00:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Curia</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Banco Central]]></category>
		<category><![CDATA[Inflación]]></category>
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		<category><![CDATA[Política monetaria]]></category>

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		<description><![CDATA[El titular del Banco Central (BCRA) funge de banquero central conservador, a lo Kenneth Rogoff, al frenar presiones expansivas frente a una política monetaria dura. Que parten desde fuera y dentro del oficialismo (del que proviene). Hace poco redujo casi nada la tasa de interés de las letras del Banco Central (lebac) cortas. Aún más:... <a href="http://opinion.infobae.com/eduardo-curia/2016/05/11/la-politica-monetaria-dura-parcos-frutos-y-serios-bemoles/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El titular del Banco Central (BCRA) funge de banquero central conservador, a lo Kenneth Rogoff, al frenar presiones expansivas frente a una política monetaria dura. Que parten desde fuera y dentro del oficialismo (del que proviene).</p>
<p>Hace poco redujo casi nada la tasa de interés de las letras del Banco Central (lebac) cortas. Aún más: para avalarlo, aludió a la reciente suba de combustibles dictada por el ministro de Energía Juan José Aranguren.</p>
<p>Federico Sturzenegger antes aclaró que cabía un descenso de tasa ante una esperable caída a futuro del ritmo de inflación, pero sin precipitarse. Así, se diría que la moderación que se percibió en la inflación núcleo no bastaba para apurar el corte de tasas. Pueden surgir impactos, como aquella suba (hasta puede tallar algún aspecto de origen climático), que hagan más viscosa la atenuación de la inflación general. La que, desde ya, incluye inercialidad.</p>
<p>Se confirma que, por sí misma, la política monetaria, en lo inmediato, fue incapaz de frenar la alcista dinámica general de precios. Por bemoles de diseño, tiempos de operación, etcétera. Pero, al final, <b>el BCRA debe seguir su conservadurismo e insistir con un nivel de tasas que perturba la actividad </b>(transmitiéndose por la vía crediticia y por la de las decisiones y las perspectivas de consumo, inversión y portafolio).<span id="more-156"></span></p>
<p>Y es obvio que los fuertes ajustes, digamos, de tenor más administrativo: por ejemplo, tipo de cambio (al levarse el cepo), tarifas, pegan, de facto, directa e indirectamente, en el curso inflacionario global. Incluso con una actividad retraída (habrá que ver, por ejemplo, qué pasa ahora con los salarios repuestos y el consumo).</p>
<p>Siguiendo el juego: ¿acaso el nivel de tasa es aún insuficiente? Igual, la alusión frontal de Sturzenegger a la decisión de un ministro permite profundizar. En verdad, se patentiza el error más abarcativo que marcó la flojedad en términos de política de ingresos: primero, al abordar los efectos de la depreciación; después, al encarar un estilo muy elongado y secuenciado para ajustar tarifas; y, luego, como natural deriva, en el plano salarial. Resultado: el desahucio de las metas de inflación anunciadas para el año.</p>
<p>Con aquella flojedad, se licuó la opción de una mayor coordinación en los ajustes. Pueden haber pesado aspectos de dogma, inoportunos en fases muy crudas. A las resultas, se ratifica el rol conservador del BCRA, con sus secuelas.</p>
<p>En rigor, la lógica del régimen de metas de inflación (RMI) no exige una coordinación deliberada entre los decisores de la política económica. Dadas ciertas premisas básicas, el BCRA se ciñe a observar los shocks plasmados en la economía y actúa en consecuencia con sus instrumentos —en especial, la tasa de corto— apuntando a su objetivo de inflación (con mayor o menor atención a la brecha de producto). No obstante, en momentos cruciales, como los corrientes, con un RMI en pañales, aquella nula exigencia aplica poco.<b> A la postre, privó la sensación de una molesta descoordinación entre los focos decisores de la política económica.</b></p>
<p>Encima, por las mismas tasas, el cambio nominal se detiene en una franja que traduce una seria mordida en el sobrio repunte de paridad real habido, asomando de hecho un cuasiseguro de cambio ligado con una jugosa bicicleta financiera, la que, además del vicio asignativo que insinúa, induce el ingreso de capitales golondrina, como lo trasluce el curso del contado con liquidación.</p>
<p>O sea, al BCRA conservador, aun persistiendo, a hoy le cuestan los logros en materia de menor inflación y alienta bemoles: sigue molestando al nivel de actividad y da pie a una bicicleta financiera asociada a una fastidiosa reapreciación cambiaria real. Hay quienes creen en un veloz efecto estilo paridad de poder adquisitivo, por el cual el tipo de cambio se aparea automáticamente al ritmo de inflación. Pero, más bien, las reglas del RMI pueden forzar un nítido fenómeno de apreciación real.</p>
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		<title>¿Un régimen de metas de inflación sin metas de inflación?</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Apr 2016 03:00:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Curia</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Banco Central]]></category>
		<category><![CDATA[Cepo cambiario]]></category>
		<category><![CDATA[devaluación]]></category>
		<category><![CDATA[Federico Sturzenegger]]></category>
		<category><![CDATA[Inflación]]></category>

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		<description><![CDATA[Transitamos un régimen de metas de inflación (RMI) en gestación en el que se licuan las metas para el año (20%-25%) anunciadas tiempo atrás por Economía. Su desborde revolotea, y hasta las propias autoridades ya trasuntan su pronta revisión (aunque se blande el escape de la inflación federal). No es un tema menor. Aunque no... <a href="http://opinion.infobae.com/eduardo-curia/2016/04/14/un-regimen-de-metas-de-inflacion-sin-metas-de-inflacion/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Transitamos un régimen de metas de inflación (RMI) en gestación en el que se licuan las metas para el año (20%-25%) anunciadas tiempo atrás por Economía. Su desborde revolotea, y hasta las propias autoridades ya trasuntan su pronta revisión (aunque se blande el escape de la inflación federal).</p>
<p>No es un tema menor. Aunque no sorprenda: los pronósticos y las sospechas generales aludían a cifras mayores. Además, el desquicio macroeconómico colosal legado disparó una pesada carga de duros <i>trade off</i> o compromisos en materia de las fuertes correcciones exigidas por aquel.</p>
<p>Pero asúmase que al citar al RMI, más allá de la opinión que merezca en sí, posiciona un encuadre de base de lo macroeconómico, que busca priorizar reglas sobre intervenciones <i>ad hoc </i>(aun sin obviarlas), al revés de lo que pasaba previamente. El que una pieza importante del armado germinal ya quede en el camino no es trivial. Y alza el recaudo de seriedad a futuro.</p>
<p>Es probable que se paguen determinados furcios iniciales, coetáneos con el exitoso levantamiento del cepo cambiario. Incluido <b>el serio error genérico de entrada de no presentar a la sociedad un cuadro descarnado del bodrio macroeconómico imperante y de los duros desafíos que derivaban de él</b>. Luego, el desgaste de imagen que se quería evitar entonces quizás atisbe ahora.<span id="more-151"></span></p>
<p>Por supuesto, pesan aspectos específicos. La propia tesis de la devaluación indolora, que gozó de su rato de fama, que apuntaba a discriminar el grado de absorción de la depreciación entre transables y no transables, tuvo una instrumentación floja, marginal. Presumiblemente por imposición de dogma —imposición no válida en instancias excepcionales—, la política de precios activa al respecto se mostró débil. Asimismo, es factible que se haya sobrevaluado el potencial de la política monetaria en términos de control inmediato de la inflación, cuando operan sacudidas decisionales (ajustes de variables) fuertes. Una política monetaria, por lo demás, muy sobrecargada (incluido un sector público inhibido de apoyar a su maniobrar).</p>
<p><strong>Así cobró cuerpo una inflación núcleo más alta de lo oportuno (aun dada cierta ulterior desaceleración, ofertas, etcétera) que se aparea con los severos ajustes de tarifas, muy secuenciados en el tiempo, que dejarán algo de inercia.</strong></p>
<p>Pega también que, en materia de política salarial, prime en principio algo así como un todo vale, con una serie de variantes poco acordes con las metas de inflación enunciadas. Ello patentiza el realismo de los sindicalistas, pero, a la vez, la módica densidad que signaron las metas señaladas.</p>
<p>Parecería ahora que el Banco Central copó la parada en lo que sería la siguiente ronda de metas de inflación. Con las altas tasas de interés flameando (asociadas en su caso con intervenciones cambiarias), y buscando aprovechar el supuesto efecto diferido de la política monetaria sobre la inflación núcleo, cuando haya cesado la fase de los ajustes rudos.</p>
<p>En su itinerario,<b> la política monetaria, de la mano de las tasas, encarará no pocos y severos desafíos, empezando por su propia conformación</b>. Asimismo, deberá regular la tensión entre eventuales atisbos reanimantes (por ejemplo, por los dólares de la cosecha y algo más de consumo por los salarios repuestos) y una inflación que, aunque pueda tender a bajar, aún muestra inercia. Y dada la avidez por el arribo de capitales externos (con un propósito multiuso, incluida la cobertura del déficit), en caso de concretarse, se pondrán a prueba dos promesas de Federico Sturzenegger: a) que se estará a salvo en la instancia de un curso de apreciación cambiaria, b) que no se apelará al retraso cambiario para contener la inflación. Fuertes retos, en medio de la exigencia de que, si se apuesta a un RMI, el ensayo debe asumirse con seriedad.</p>
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