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	<title>Eduardo Buzzi</title>
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		<title>2013, el sello de una década desperdiciada</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Dec 2013 11:43:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Buzzi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Para los pequeños y medianos productores agropecuarios, el 2013 fue la expresión palpable de lo que denominamos la “década desperdiciada”, en clara contraposición al intento del gobierno nacional de publicitarla como una década “ganada”. Podemos afirmar esto al tomar real magnitud de que el modelo económico impulsado por el kirchnerismo ha dejado consecuencias nefastas para... <a href="http://opinion.infobae.com/eduardo-buzzi/2013/12/31/2013-el-sello-de-una-decada-desperdiciada/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Para los pequeños y medianos productores agropecuarios, el 2013 fue la expresión palpable de lo que denominamos la “década desperdiciada”, en clara contraposición al intento del gobierno nacional de publicitarla como una <strong>década “ganada”</strong>. Podemos afirmar esto al tomar real magnitud de que el modelo económico impulsado por el kirchnerismo ha dejado consecuencias nefastas para nuestro sector, en especial para los que trabajamos en menor escala. <strong>La pérdida de competitividad, el creciente nivel de endeudamiento, la insoportable presión tributaria, la falta de financiamiento y la indiferencia de las autoridades para con nuestros reclamos,</strong> en este año que termina, configuran una realidad que asusta.</p>
<p><b>¿Así defienden la mesa de los argentinos?</b></p>
<p>La última <strong>campaña triguera</strong> fue una de las peores de la historia. La falta de previsibilidad para la comercialización del cereal -debido a las trágicas políticas aplicadas desde la <strong>Secretaría de Comercio</strong>-, el fuerte impacto de la sequía en la mayoría del territorio nacional y los altos costos de producción obligaron a los productores trigueros a reducir drásticamente la superficie sembrada, lo cual redundó en una baja estrepitosa en los volúmenes cosechados. El resultado fue que en 2013 haya faltado trigo en el país que supo ser granero del mundo. Y que el fracaso en la política de “defender la mesa de los argentinos” haya derivado en <strong>altísimos precios del pan y derivados de la harina</strong>.</p>
<p>Los <strong>tamberos</strong> tampoco tuvieron un buen año. A tal punto, que tuvimos que llegar al extremo de ordeñar una vaca en la puerta del <strong>Ministerio de Agricultura</strong> comandado por <strong>Norberto Yauhar,</strong> para denunciar que no se pueden recibir valores fijos por litro de leche cuando sigue sin haber freno a la suba de costos para el productor. En este marco, no sorprenden los datos de que en los diez años de kirchnerismo se hayan mantenido los niveles de producción de leche, pero cada vez con menos tambos, porque los de menor escala debieron abandonar la actividad.</p>
<p>Otro “logro” del gobierno fue <strong>ignorar el reclamo ganadero.</strong> No se tomó ninguna medida que frene la caída del stock vacuno, y como país, pasamos de ser el tercer exportador a no figurar entre los diez primeros a nivel mundial. Continuó la liquidación de vientres, se perdieron miles de puestos de trabajo por el cierre de frigoríficos y cada vez se hace más difícil continuar produciendo.</p>
<p>En definitiva,<strong> en este 2013, el pan, la leche y la carne, los alimentos básicos que conforman “la mesa de los argentinos”, aumentaron un 74 % para los consumidores, mientras que los precios fueron congelados en las chacras</strong>. Queda muy en evidencia quiénes son los verdaderos ganadores de este modelo “nacional y popular”.</p>
<p>En relación a los compañeros de las <strong>economías regionales</strong>, hemos denunciado hasta el cansancio la situación de quebranto en la que se encuentran. Urge la implementación de políticas diferenciadas que se ocupen de las problemáticas específicas de este segmento productivo, porque la consecuencia directa de la caída de estos productores que son el sostén del tejido social en las provincias será catastrófica para el país.</p>
<p>Desde el plano de la actividad gremial, en 2013 hicimos un gran esfuerzo por modificar esta difícil realidad para nuestra gente. Arrancamos el año siendo protagonistas de asambleas organizadas desde la <strong>Mesa de Enlace,</strong> que se realizaron en los diversos rincones del país. En las provincias de <strong>Buenos Aires, Córdoba, Río Negro, Chaco, Tucumán, Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe y Mendoza,</strong> escuchamos, en nuestro carácter de dirigentes representativos del sector, los reclamos de cada región, y diagramamos en conjunto un plan de acción para visualizar los problemas que tenemos. Así fue como, el 28 de mayo, realizamos en el Obelisco una histórica Jornada de Concientización, en la que referentes de todas las economías regionales, llegaron con sus productos para montar una “gran feria” que sirvió para mostrarle a la sociedad la diferencia de precios que hay entre la chacra y la góndola.</p>
<p>Fueron horas muy intensas para nuestra entidad. Al día siguiente, el 29 de mayo, en un nuevo aniversario del <strong>Cordobazo,</strong> éramos parte de una movilización multisectorial que marchaba por las calles de Buenos Aires y finalizaba con un acto en Plaza de Mayo, en el que fui designado como uno de los oradores. <i>“Hay que seguir resistiendo. Hay que seguir en la calle. Hay que seguir construyendo una nueva identidad nacional y tener la voluntad para construir contra el camino del ajuste”</i>, dije ese día, ante columnas de obreros, estudiantes y chacareros.</p>
<p><b>Resistiendo los embates oficiales</b><b> </b></p>
<p>En este balance, no podemos obviar un dato con el que arrancamos el año. Es que el 28 de diciembre de 2012, el gobierno nacional gestaba un duro ataque contra la <strong>Federación Agraria Argentina,</strong> al decretar la <strong>eliminación del servicio de emisión de formularios y cartas de porte.</strong> Aquella medida, discrecional y arbitraria, tenía un claro <strong>sesgo revanchista</strong> contra nuestro gremio. Era un nuevo “castigo” por no habernos doblegado durante el conflicto que había desatado la Resolución 125, y por el hecho de que siguiéramos denunciando las principales contradicciones del modelo económico aplicado durante la década de gobiernos kirchneristas.</p>
<p>Comenzábamos 2013, entonces, con la obligación de readecuar nuestra estructura de trabajo. La decisión del gobierno nacional dejaba en la calle a pibes del interior, que costeaban sus estudios universitarios con el trabajo que les daba la Federación Agraria con la emisión de formularios. No obstante, nuestro Consejo Directivo Central decidió por unanimidad que no debíamos bajar los brazos ni rendirnos ante las agresiones.</p>
<p>Mantuvimos nuestra línea de acción gremial en defensa de los productores, pese a los embates. Y en lo institucional, mostramos nuestra solidez cuando en ese marco de dificultades económicas, logramos celebrar un nuevo aniversario del “Grito” con que nació la FAA inaugurando nuestra nueva sede central en Rosario, en San Lorenzo 1121. Aquella noche, con la presencia de importantes dirigentes sociales y políticos, mostrábamos que la vitalidad de la FAA estaba intacta, y rendíamos a los pioneros de Alcorta un merecido homenaje. A 101 años de la histórica huelga de arrendatarios que conmovía al país, la organización que nació con aquella rebelión, volvía a tener una casa propia en el corazón de la Pampa Gringa. La respuesta a los ataques recibidos, era más institucionalidad y compromiso con nuestros asociados.</p>
<p><b>El mapa político, marcado por la derrota del oficialmismo en las elecciones</b></p>
<p>Mientras esto sucedía desde el punto de vista institucional y sectorial en 2013, la realidad económica iba dejando al desnudo cada vez con más claridad que no estábamos equivocados los federados cuando denunciábamos al actual modelo. El malestar de inmensos sectores de la población determinó en agosto una derrota del oficialismo en las PASO, en los distritos electorales más importantes. Y luego, en los comicios de octubre, ese resultado se consolidaría, transformando el escenario de cara al futuro inmediato.</p>
<p>Esta voluntad de cambio de millones de argentinos, mostraba que el “relato K” no alcanza para convencer a la población de que este rumbo es el correcto. Porque más allá de un discurso oficial y de las dibujadas estadísticas del INDEC, hay un país que viene padeciendo la inflación, que advierte una creciente desigualdad social, que sufre alarmantes niveles de inseguridad. Y que al mismo tiempo, nota que en la “Argentina para todos y todas” sigue habiendo fuerte concentración, que los grandes grupos exportadores siguen acumulando ganancias, que algunos funcionarios de primera línea y gente de su entorno, lavaron dinero en el exterior o son dueños de hoteles lujosos, cuando millones de argentinos apenas llegan a fin de mes.</p>
<p>Estas son las complicaciones cotidianas para la mayor parte de la población. <strong>En las grandes ciudades, finaliza el año 2013 con cortes de energía que muestran la falta de inversiones en materia energética y agravan la sofocante la ola de calor, con más de 30 grados en todo el país.</strong> Para los productores, estas altas temperaturas y la falta de lluvia en las últimas semanas de diciembre, significa que debemos estar alertas, porque si no repunta la situación climática, no habrá rinde para los cultivos de la gruesa. Y así, con cuatro de cada diez chacareros endeudados, no habrá cómo levantar cabeza.</p>
<p>La mayor dificultad para el gobierno es que ya no puede adjudicar todos estos problemas, como solía hacerlo en tiempos anteriores, al “neoliberalismo de los años ’90”. Porque <strong>no se puede esconder que la crisis que vivimos hoy los argentinos es consecuencia directa de las políticas aplicadas en los últimos diez años.</strong></p>
<p>En este contexto, al finalizar el año, se decidieron desde la Casa Rosada algunos <strong>cambios en el gabinete</strong>. Se fue Norberto Yauhar, ostentando el logro de haber sido la peor gestión al frente del Ministerio de Agricultura de la que se tenga memoria. Y también se promovió la renuncia de <strong>Guillermo Moreno,</strong> un “fracasado serial” que desde la Secretaría de Comercio Interior actuó como superministro con injerencia en todas las áreas. Para los pequeños y medianos productores, sus medidas habían significado problemas para sembrar, para cosechar y para comercializar. Fue la cara visible de políticas que establecieron un cepo a la producción. Con Yauhar y Moreno habían subido los costos y nos habían pisado los precios, no se había atendido ninguna de las emergencias, ni se había puesto equilibrio en un sector agropecuario dominado por un puñado de enormes corporaciones. Por eso <strong>celebramos la salida de ambos. Sin embargo, sabemos que aquí no hay un problema de nombres, sino de políticas aplicadas.</strong></p>
<p>Con la vocación institucional que nos ha caracterizado desde siempre, en más de cien años de vida, volveremos en el próximo año a apostar por el diálogo y la recuperación de la calidad institucional. Hemos pedido audiencia a los ministros <strong>Carlos Casamiquela</strong> y <strong>Jorge Capitanich</strong>, para plantear nuestras demandas y propuestas. No obstante, nos mantendremos en estado de alerta y volveremos a movilizarnos si hiciera falta. Porque, tal como lo expresó nuestra última reunión de 2013 del Consejo Directivo Central, los pequeños y medianos productores no tenemos más tiempo para seguir esperando.</p>
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		<title>Perdimos oportunidades, calidad institucional, república y productores</title>
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		<pubDate>Thu, 23 May 2013 04:21:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Buzzi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p>Este 25 de mayo se cumplirán 10 años desde el inicio del kirchnerismo en nuestro país y,<strong> como a muchos, nos sorprende escuchar que hablen de una década ganada</strong>. En aquél momento, cuando <strong>Néstor</strong> <strong>Kirchner</strong> llegó al poder, muchos pensamos que podrían venir bien los llamados “aires frescos del sur”, porque nos permitían pensar -en virtud del discurso progresista con el que llegó al gobierno- que podríamos comenzar a ver medidas de gobierno que favorecieran a los más vulnerables, y a todos aquellos que siempre habían estado postergados.</p>
<p>En lo estrictamente sectorial, la impronta del entonces nuevo presidente nos hacía suponer que redefiniría el sujeto agrario y lo establecería, finalmente, en los pequeños y medianos productores. Aparecía la posibilidad de que puedan hacerse realidad nuestras banderas de cambios estructurales: una agricultura con agricultores, una nueva ley de arrendamiento, el freno a la extranjerización de la tierra, una reforma tributaria progresiva, una ley que creara un instituto de colonización, una ganadería con ganaderos, una lechería con tamberos… y tantas cosas más. <strong>Iniciábamos una fuerte ofensiva para que sean éstos los principios que rigieran el gobierno de un dirigente que se presentaba como progresista, y cuyo discurso iba en ese sentido.</strong></p>
<p><span id="more-6"></span>Sin embargo, y si bien mantuvo al llegar al poder al equipo económico encabezado por <strong>Roberto</strong> <strong>Lavagna</strong>, que fuera quien nos permitió salir del abismo después de la crisis del 2001, <strong>con el tiempo comenzaron las decepciones.</strong></p>
<p><strong>Paulatinamente vimos cómo el discurso se iba alejando de la realidad</strong>, lo que se evidenciaba en que, por un lado, no se impulsaran ningunas de las medidas que necesitábamos los pequeños y medianos productores y, por otro, no se estableciera ningún tipo de freno para detener el avance y crecimiento de los sectores más concentrados de la economía. Por el contrario<strong>, se impulsaba cada vez más el modelo Benetton, </strong>es decir que hubiera<strong> cada vez menos actores más poderosos manejando y controlando cada una de las producciones</strong>.</p>
<p>En este sentido, muchos de los chacareros que habíamos logrado (con un enorme esfuerzo) sobrevivir a la nefasta década neoliberal (menemista) de los ’90<strong> perdíamos las esperanzas </strong>y constatábamos cómo progresivamente se avanzaba en el mismo camino: el de la desaparición de productores tradicionales, el de la migración de los jóvenes de los pueblos, con su consiguiente envejecimiento y la irracionalidad de que haya tantos millones de argentinos viviendo a pocos kilómetros del obelisco llenando villas y asentamientos precarios por no tener posibilidades en el interior profundo.</p>
<p>La llegada, luego, de <strong>Cristina</strong> <strong>Fernández no hizo más que profundizar y agudizar este proceso</strong>. Basta con recordar que a poco de asumir anunció la<strong> resolución 125</strong>, que sólo puede entenderse como un<strong> intento de enriquecer las arcas del Tesoro nacional</strong>. Una medida tomada sin ningún tipo de segmentación o diferenciación entre los distintos actores del sector agropecuario. Eso generó la reacción del campo pero también de la clase media urbana, que nos acompañó en un reclamo que dejó de ser sectorial para transformarse en una respuesta a un modo de hacer política autoritario y antifederal.</p>
<p>Luego de los casi 130 días de lucha, durante el 2008, y gracias a 36 senadores y al voto no positivo del entonces vicepresidente <strong>Julio Cobos</strong>, comenzó una etapa en la que, a nuestro entender, el gobierno nacional intentó tomarse “revancha” contra quienes nos paramos y les dijimos no. En nuestro caso, <strong>avanzaron con el intento de asfixiarnos económicamente</strong>, al quitarnos el manejo de las cartas de porte y los formularios 1116. Pero también arremetieron contra el <strong>Renatre</strong>, la <strong>SRA</strong> y ahora contra <strong>Coninagro</strong>.</p>
<p><strong>Este gobierno se ha transformado en el mayor concentrador de la historia.</strong> Por eso seguimos reclamando. Pedimos por una agricultura con rostro humano, por los principios que nos legaron aquellos pioneros de Alcorta y que nosotros seguimos llevando en alto, más de 100 años después. También por los productores tamberos, los agricultores, los ganaderos, los de las economías regionales y por todos aquellos que, en pequeña o mediana escala, producen haciéndole frente a todas las adversidades: las climáticas, y las que provienen directamente del Estado, ya sea a través de políticas públicas (no diferenciadas) o al permitir el avance de pooles y actores concentrados que no nos permiten trabajar, al fijar precios que nosotros (por diferencia de tamaño y escala) no podemos afrontar.</p>
<p>Enfrentamos tiempos donde<strong> las variables económicas están desequilibradas, se pierde competitividad, hay claras distorsiones provocadas por la Secretaria de Comercio que favorecen a unos pocas corporaciones, perjudicando productores y consumidores</strong>, otra de las claras contradicciones de quienes dicen gobernar defendiendo “la mesa de los argentinos”.</p>
<p>En estos años, además (y para perjuicio nuestro y de nuestros hijos) perdimos calidad institucional -pese a que éste había sido uno de los ejes durante la campaña de Cristina Fernández- y <strong>vemos cómo el Ejecutivo intenta avanzar contra la Justicia, los medios, el Congreso y contra todo aquello que implique una posición crítica </strong>a esta gestión. A esto se le suma, de modo preocupante, una catarata de denuncias y <strong>sospechas</strong> de <strong>corrupción</strong> que ensombrecen a esta gestión y que no son desmentidas por sus implicados.</p>
<p>Así llegamos, entonces, a este 2013 en que se cumplen diez años de kirchnerismo.<strong> A nosotros nos cuesta verla como la década ganada (que pretende imponer el relato oficial), sino por el contrario, parece un tiempo en el que perdimos: derechos, oportunidades, calidad institucional, república y productores.</strong></p>
<p>Este gobierno aún puede dar un giro razonable a su gestión y tomar la decisión de avanzar en el sentido en el que va su relato. Todos quisiéramos ver hecha realidad una Argentina progresista, con oportunidades para todos, en la que los 40 millones de compatriotas podamos vivir con felicidad en un país con inclusión y oportunidades para todos.</p>
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