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	<title>Eduardo Bastitta</title>
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		<title>Empresarios argentinos: victimarios e inocentes</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Feb 2016 03:00:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Bastitta</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Competencia]]></category>
		<category><![CDATA[Empresarios argentinos]]></category>
		<category><![CDATA[Monopolios]]></category>
		<category><![CDATA[Sistema económico]]></category>

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		<description><![CDATA[Seguramente la vida nos haya puesto muchas veces en situaciones donde, aun con buenas intenciones, llevamos a cabo acciones o actividades que indirectamente provocan un daño involuntario a terceros. Esta realidad se encuentra presente en el núcleo de la actividad empresarial de Argentina, donde sabemos que existe una cantidad importante de empresarios que actúan por... <a href="http://opinion.infobae.com/eduardo-bastitta/2016/02/22/empresarios-argentinos-victimarios-e-inocentes/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Seguramente la vida nos haya puesto muchas veces en situaciones donde, aun con buenas intenciones, llevamos a cabo acciones o actividades que indirectamente provocan un daño involuntario a terceros. Esta realidad se encuentra presente en el núcleo de la actividad empresarial de Argentina, donde sabemos que existe una cantidad importante de empresarios que actúan por fuera de la ética y de la ley, pero donde la gran mayoría se empeña en hacer las cosas dentro del amparo legal y de las buenas costumbres.</p>
<p>A pesar de ello, muchos de estos empresarios bienintencionados participan de un sistema económico que los beneficia injustamente y que los lleva a causar daño a la sociedad. Es una encrucijada en la que se encuentran que no parece tener salida a través de la buena voluntad ni la filantropía como medio compensatorio. La realidad económica de nuestro país les concedió posiciones dominantes que derivan en una terrible desigualdad social. Las altas participaciones en los mercados, los acuerdos entre ellos, escritos o tácitos, el control sobre la red de distribución y el sometimiento de proveedores y trabajadores son algunas de las injusticias que sus empresas han construido a lo largo del tiempo.<span id="more-40"></span></p>
<p>Mientras no haya habido mala fe y se respetara la ley, no se puede responsabilizar a los empresarios, porque no es adjudicable a ellos que no haya florecido la competencia en el país. Es decir, por más que ellos sean injustamente favorecidos por esta situación, no se les puede atribuir la no aparición de otras empresas que les compitieran. Más bien fueron responsables todas aquellas condiciones que han imposibilitado la creación y la prosperidad de mercados con pymes en competencia: la inestabilidad económica, la inflación, la ausencia de moneda, la falta de crédito de largo plazo, la inacción de la Justicia, la inseguridad jurídica y física, y la ausencia de infraestructura y de educación. <b>Son también responsables aquellos que en nombre de la redistribución atacaron a los empresarios mediante una altísima presión fiscal y regulatoria, porque en su ignorancia han retroalimentado su posición; provocaron justamente lo contrario: darles mayor dominancia</b>. Los monopolios se favorecen de los escenarios adversos, porque su posición dominante se potencia.</p>
<p>En estos contextos no triunfa el mérito, sino el más grande, que tiene la capacidad de controlar, pactar y trasladar al precio de sus productos, los sobrecostos que generan las distorsiones y los altos impuestos. Con buenas o malas intenciones, el Estado fomentó las posiciones dominantes, eliminó la posibilidad de que aparezcan nuevas empresas a competir. El sistema económico concentrado es un nudo gordiano que parece fortalecerse frente a cada intento de desatarlo.</p>
<p>No hay nada más desafiante para un empresario ni mejor para una economía equitativa que la verdadera competencia. Frente a todo lo demás, el empresario cuenta con un abanico de soluciones alternativas que no revisten de mayores esfuerzos ni méritos. En cambio, la competencia planta al empresario cara a cara consigo mismo, sin posibilidad de pactar, sin atajos ni excusas. Debe superarse para ganar al consumidor y al trabajador. Es la mayor fuente de transferencia de poder del empresariado al ciudadano. <b>Es la verdadera democratización de nuestros mercados</b>.</p>
<p>Sin duda las posiciones dominantes de los empresarios son fuente de desigualdad social, eso los torna victimarios y la sociedad suele criticarlos por ello, ¿pero no son la mayoría de ellos también inocentes? Ojalá podamos aprender a verlos así, de manera de lograr una unión que permita enfrentar el verdadero enemigo, que es nuestro sistema económico.</p>
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		<title>La pregunta que nadie se hizo: ¿Quién va a industrializar el país?</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Dec 2015 09:57:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Bastitta</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Agroindustria]]></category>
		<category><![CDATA[Industria nacional]]></category>
		<category><![CDATA[Productor agropecuario]]></category>

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		<description><![CDATA[Muchos dirigentes insisten en la importancia que tiene la industria nacional para el desarrollo económico de Argentina. Lo curioso es que la mayoría de ellos aún no ha podido definir con exactitud qué es y qué no es industria. Opinan también que el futuro de la industria está en el agregado de valor a las... <a href="http://opinion.infobae.com/eduardo-bastitta/2015/12/04/la-pregunta-que-nadie-se-hizo-quien-va-a-industrializar-el-pais/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Muchos dirigentes insisten en la importancia que tiene la industria nacional para el desarrollo económico de Argentina. Lo curioso es que la mayoría de ellos aún no ha podido definir con exactitud qué es y qué no es industria. Opinan también que el futuro de la industria está en el agregado de valor a las materias primas provenientes del agro, en la llamada agroindustria. Que el granero del mundo se convierta en la cocina del mundo.</p>
<p>Seguramente esto sea cierto, dado que la Argentina, especialmente en las regiones del interior, tiene ventajas competitivas para industrializar las mercaderías en el origen y reducir así el impacto del flete, entre otras ventajas. Adicionalmente, el país cuenta con un importante poder de negociación internacional en la puja por la localización de la industria, gracias a que dispone de los recursos más escasos de todos: los insumos para la producción. Es fácil concluir, por tanto, que en Argentina debería prosperar la industrialización de los alimentos provenientes del agro para lograr un proceso de crecimiento fuerte de la producción que redunde en la creación de fuentes de trabajo.<span id="more-31"></span></p>
<p>Pero entonces, ¿por qué hasta el momento la industrialización ha sido tan pobre? Si analizamos los esfuerzos y las políticas que se han hecho en el pasado con este objetivo, encontraremos muchas iniciativas destinadas a impulsar a los empresarios industriales para que inviertan en el sector. Sin ir más lejos, las fuertes retenciones al agro y la intervención de los mercados de comercialización de granos tienen el objetivo declarado de abaratar los insumos de la agroindustria, ya que disminuyen los precios locales a valores que son los más bajos del mundo. ¿Cómo es posible que semejante impulso a la agroindustria no haya mostrado resultados en tantos años? Los industriales hubieran podido producir, comprando granos a precio de quebranto, en un negocio muy rentable. Pero nada de ello ocurrió. ¿Por qué?</p>
<p>Quizás la clave esté en que nadie se hizo la primera pregunta y más relevante: ¿Quién es ese industrial? ¿Quién va a industrializar el agro? La respuesta sorprende por lo novedosa y por lo obvia a la vez: <b>quien está en condiciones óptimas para industrializar el agro es el actual productor agropecuario. El desconocimiento de esta realidad es el origen de todos los errores de política industrial.</b> El productor agropecuario argentino es aquel que demostró ser el más creativo y eficiente del mundo en su sector. El mismo que evolucionó compitiendo con el mundo sin ayuda de ningún subsidio, como sí los hubo en los países desarrollados. Es quien llevó adelante su actividad al margen del Gobierno central. Lejos de las prebendas y los negociados del capitalismo de amigos, se desarrolló en franca y sana competencia. Quizás muchos dirigentes no sepan que el productor agropecuario sueña con agregar valor a su producción. Que le encantaría afrontar ese desafío y sin dudas lo haría muy bien, pero no puede hacerlo, porque le han quitado todos los recursos. Y la primera condición necesaria para montar una industria es, justamente, contar con los recursos para hacerlo. Si no, no hay ni con qué empezar.<b> Resulta una paradoja que, con la idea de fomentar la industria, se generara el efecto contrario: aniquilar a quien tenía la verdadera posibilidad, la ilusión y el sueño de industrializar el país.</b></p>
<p>Tenemos en Argentina una fuente de talento inconmensurable en un sector sano, de trabajo, dinámico e innovador. Sin ninguna duda serán ellos los que industrialicen el país, quienes nos lleven a ser la cocina del mundo, los que desarrollen el interior y el arraigo en la tierra que aman profundamente. El Gobierno entrante debe comprender que<b> para industrializar a la Argentina hay que primero levantar al sector agropecuario, porque ahí están los futuros industriales</b>. Hay que ponerlos de pie para que prendan los motores de la industrialización del país.<b></b></p>
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		<title>Violencia de género y demanda laboral</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Jun 2015 20:03:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Bastitta</dc:creator>
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		<category><![CDATA[condiciones laborales]]></category>
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		<description><![CDATA[Muchas veces las raíces de los problemas se encuentran en lugares intuitivamente lejanos. Esto hace que cueste más encontrar las soluciones e incluso que muchas veces se adopten medidas equivocadas que agravan la situación. Intentaré demostrar cómo ocurre esto con la relación entre la falta de demanda laboral y la problemática de la violencia de... <a href="http://opinion.infobae.com/eduardo-bastitta/2015/06/25/la-violencia-de-genero-y-la-demanda-laboral/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Muchas veces las raíces de los problemas se encuentran en lugares intuitivamente lejanos. Esto hace que cueste más encontrar las soluciones e incluso que muchas veces se adopten medidas equivocadas que agravan la situación. Intentaré demostrar cómo ocurre esto con la relación entre la falta de demanda laboral y la problemática de la violencia de género.</p>
<p>Es necesario comprender, antes que nada, la raíz de esta violencia. Los estudios internacionales sobre la cuestión atribuyen una de las principales causas a la desvalorización de la mujer, cuyo rol queda desdibujado en el seno familiar. Es que la mujer, tradicionalmente, ha sido vinculada a una atención más constante de los hijos, lo que genera que muchas veces dependa económicamente del marido. Estos mismos estudios demuestran que <strong>cuando la mujer tiene una función extrafamiliar, como por ejemplo un trabajo, lo que le permite tener sustento económico propio, aumenta su autoestima y su valoración. Gracias a ello, disminuye enormemente la posibilidad de que exista violencia de género</strong>.<span id="more-23"></span></p>
<p>Las mujeres, y en especial las jóvenes, son las que más sufren el desempleo y la precarización laboral. ¿Cuáles son los factores concretos que hacen que no se pueda facilitar mayor cantidad de trabajo para las mujeres? En el sector donde trabajo, la logística, el 90 % de los empleados son varones, este dato surge de una encuesta realizada por la Asociación Argentina de Logística Empresaria (ARLOG) entre varias empresas del sector. La encuesta no incluye el rubro del transporte, donde la situación es aún más extrema. Hoy en día no existen razones objetivas para que exista esta diferencia. Es que la logística ya no es lo que era: ya casi ninguna tarea requiere esfuerzo físico, pero culturalmente el sector no está abierto a las mujeres. Cuando uno pregunta a los gerentes y los directores de las compañías por qué hay tan pocas mujeres en las operaciones logísticas, no tienen casi respuestas concretas y a veces reconocen que ni se lo han cuestionado. En muchas operaciones no hay ni una sola mujer, entonces lo que se genera es una traba estructural: no se justifica modificar las instalaciones para recibir a la primera. Como no se justifica la inversión por una sola, entonces en cada búsqueda laboral se excluye a las mujeres, lo que alimenta un círculo vicioso cada vez más estructural.</p>
<p><b>En Argentina la mayoría de los ambientes laborales no están preparados para las mujeres</b>, no hay baños ni vestuarios independientes y no hay guarderías infantiles que permitirían a las mujeres trabajar en contacto con sus hijos. Las pocas y precarias guarderías están en los barrios, pero no en los espacios de trabajo, donde deberían estar. <b>Es necesario trabajar en la concientización, en romper las barreras culturales y de infraestructura que atentan contra la inclusión de la mujer.</b></p>
<p>Hoy en día, existen muchas iniciativas a nivel mundial que buscan concientizar acerca de esta problemática. Esto ayuda a mejorar la situación, pero no es suficiente. Lo más importante para no depender de la buena predisposición de los empleadores es que exista una verdadera vocación de contratar más empleados, es decir, que haya una demanda laboral enérgica. Y lo cierto es que el mercado laboral en Argentina está prácticamente paralizado. No porque no haya trabajo, sino porque no hay un impulso auténtico por parte de la demanda. El trabajo se sostiene gracias a la presión sindical. La demanda laboral se despierta mejorando la productividad y la integración regional, disminuyendo la presión fiscal, ampliando los mercados externos y, sobre todo, fomentando el desarrollo de las PYME y de los mercados en competencia.</p>
<p><strong>Hoy en día hay millones de mujeres que no trabajan, pero no figuran en el índice de desempleo, porque no están activamente en la búsqueda. Esto es así en buena medida porque nadie busca lo que no existe.</strong> El resorte del sindicalismo no le llega a la desempleada. Ella depende de una solución de fondo que no aparece: depende de una demanda laboral fuerte, que la valore como factor clave del éxito empresario. Es necesario dinamizar la demanda laboral para que las empresas se interesen en ampliar la base de empleo. Que se movilicen para <b>atraer a las mujeres con salarios y condiciones dignas, con infraestructura adecuada y capacitando a los trabajadores actuales para que aprendan a recibirlas y a tratarlas con respeto</b>. Es así que se va a lograr insertar a más mujeres en el mundo del trabajo, sin forzarlas a que abandonen su maternidad y mejorando su calidad de vida. Esta es, a mi criterio, la mejor forma de combatir la violencia de género: generando oportunidades de empleo aptas para las mujeres, mediante un impulso de la demanda laboral.</p>
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		<title>El disfraz moderno de la esclavitud</title>
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		<pubDate>Mon, 05 May 2014 10:22:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Bastitta</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Alta presión fiscal]]></category>
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		<description><![CDATA[El trabajo es, sin dudas, uno de los principales factores que promueven el desarrollo social. Un ámbito en el cual las personas interactuamos, en la dinámica del dar y recibir, con los otros actores de la sociedad. El empleo nos permite lograr los recursos económicos necesarios para la sustentación de nuestras familias, pero fundamentalmente representa... <a href="http://opinion.infobae.com/eduardo-bastitta/2014/05/05/el-disfraz-moderno-de-la-esclavitud/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El trabajo es, sin dudas, uno de los principales factores que promueven el desarrollo social. Un ámbito en el cual las personas interactuamos, en la dinámica del dar y recibir, con los otros actores de la sociedad. El empleo nos permite lograr los recursos económicos necesarios para la sustentación de nuestras familias, pero fundamentalmente representa un espacio en el que cimentamos nuestra dignidad como seres humanos.<strong> Su ausencia, en contrapartida, es la raíz del desmoronamiento de la persona, de la desarticulación social, la exclusión y la inseguridad. De todo ello se desprende su enorme importancia.</strong></p>
<p>Las empresas, como actores principales de la generación de empleo, juegan un rol decisivo para el desarrollo social.</p>
<p>Cuando intentamos medir la situación laboral en Argentina, solemos darle una importancia exagerada a los índices de ocupación. Pero lo cierto es que a un determinado nivel de condiciones salariales, se puede lograr el pleno empleo. Esto no es ninguna ciencia. Sin embargo, olvidamos ahondar en el factor más importante: la calidad de ese trabajo.</p>
<p><strong>El verdadero desafío consiste en alcanzar el pleno empleo con niveles de salario y formalidad dignos.</strong> Esto significa que los trabajadores puedan lograr, por sus propios medios, condiciones que permitan sustentar un buen nivel de vida para sí mismos y para sus familias. No debe mirarse el nivel de ocupación en una economía sin prestar atención a las condiciones en las que se desarrolla el trabajo. Hay que revindicar el aspecto cualitativo para lograr una mirada integral.</p>
<p>En Argentina tenemos un problema muy grave de precarización laboral. Según un informe de la OIT de 2013, <strong>la informalidad laboral afecta a 4 de cada 10 trabajadores</strong>, siendo a esta altura un fenómeno estructural, ya que se visualizan incrementos tanto en épocas de expansión como en periodos recesivos. Al nivel de sueldos y precariedad actual, en nuestro país debería haber no menos de tres empleos disponibles por cada trabajador, como seguramente habría en España o cualquier país desarrollado si se pagaran los magros sueldos de acá. El nivel de conformismo frente a la situación actual es alarmante. El empleo precario es la forma moderna de la esclavitud y para combatirlo tenemos que comprender acabadamente sus razones.</p>
<p><strong>La única solución real al problema de precarización laboral se logra el impulso de la demanda laboral, a fin de generar las condiciones para que exista una puja a favor del trabajador</strong>. Sólo así será valorado y potenciado. Se debe lograr que sea el empleado quien elija la empresa y no a la inversa. Para que esta situación sea posible es necesario fomentar la competencia empresarial, en la cual un empleado capacitado y conforme sea la clave del éxito.</p>
<p><strong>Existen dos factores fundamentales para impulsar la demanda laboral: la existencia de mercados en competencia y la productividad del trabajo.</strong> El primer factor está determinado por la existencia de PYMES que tengan posibilidad de penetrar mercados y subsistir y crecer en función de su mérito. El segundo factor se determina esencialmente por el nivel de capacitación, los costos asociados al empleo y la tecnología. La competencia entre empresas logra impulsar la inversión en tecnología y la formación del trabajador, mejorando así la productividad laboral. Sin embargo, existen costos asociados al empleo, principalmente impuestos y cargas, que amenazan fuertemente la productividad y requieren de una decisión del estado.</p>
<p>En resumen, puede concluirse que vivimos una situación de precariedad laboral debido a una combinación de una carga fiscal inadmisible sobre el trabajo, sumada al sometimiento de los trabajadores frente a los monopolios. A partir de esta situación, se torna urgente promover una explosión de la demanda laboral, poniendo el foco en las dos principales causas de su letargo.</p>
<p><strong>No hay transacción en el país más gravada que la contratación de un trabajador. Entre cargas sociales e impuestos a las ganancias, una porción desmesurada del monto que paga la empresa se lo lleva el Estado en impuestos</strong>. Esta situación es incluso más grave cuando un trabajador aspira a un aumento salarial. En este caso se dan situaciones insólitas, en las que los impuestos y cargas se llevan la mayoría o hasta la totalidad del aumento.</p>
<p>La decisión empresaria de emplear a una persona debe ser la menos gravosa, pero ocurre exactamente a la inversa. Es inadmisible que semejante peso fiscal recaiga sobre la decisión de emplear y de darle un aumento al trabajador en función de su mérito.</p>
<p>Para que el trabajador no esté sometido a las grandes compañías, con posiciones dominantes en los mercados, hace falta que muchas más empresas estén pugnando por él. La sana competencia, bien entendida, implica que los mercados estén repartidos entre varios, principalmente PYMES, compitiendo en un marco de legalidad y equidad. <strong>Actualmente es muy difícil para las PYMES lograr subsistir y desarrollarse en Argentina debido a la combinación de una alta presión fiscal y regulatoria, de una competencia desleal por parte de mercados informales y de las posiciones dominantes de las grandes empresas.</strong> Estos tres factores, combinados, limitan la propagación de nuevos emprendimientos, dejando a los mercados, y en consecuencia a los trabajadores, a merced de los monopolios. Es necesario comprender la importancia que tiene la defensa de la competencia en la lucha por la soberanía del trabajador. La sana competencia implica la democratización de los mercados, en cuanto empodera al ciudadano como consumidor y como trabajador.</p>
<p>A través del trabajo podemos lograr una mejora sustancial en la situación social. Para ello es necesario que comprendamos la importancia de las pequeñas y medianas empresas como verdaderas impulsoras del empleo de calidad. Visto el vaso medio lleno, tenemos un enorme potencial a ser desarrollado mediante el impulso de la demanda laboral, desde las PYME y en un marco de sana competencia.</p>
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		<title>El eje de la competitividad</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Mar 2014 15:23:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Bastitta</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[ARLOG]]></category>
		<category><![CDATA[capacitación laboral]]></category>
		<category><![CDATA[empresas]]></category>
		<category><![CDATA[Operario Calificado Arlog]]></category>

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		<description><![CDATA[Las empresas, como núcleo de la actividad económica, comprenden muchas veces la importancia de la formación de sus colaboradores (empleados, directivos y hasta proveedores). Esto lo perciben, fundamentalmente, como una inversión que tiene su repago económico, más allá de su impacto social positivo. Así, muchas organizaciones suelen embarcarse en el esfuerzo de llevar adelante la... <a href="http://opinion.infobae.com/eduardo-bastitta/2014/03/19/el-eje-de-la-competitividad/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Las empresas, como núcleo de la actividad económica, comprenden muchas veces la importancia de la formación de sus colaboradores (empleados, directivos y hasta proveedores). Esto lo perciben, fundamentalmente, como una inversión que tiene su repago económico, más allá de su impacto social positivo. Así, <strong>muchas organizaciones suelen embarcarse en el esfuerzo de llevar adelante la capacitación de sus empleados.</strong> Para ello es necesario invertir tanto en el dictado de los cursos como en el tiempo destinado por las personas para recibirlos. Esta decisión pone a la empresa frente a la oferta educativa existente, que tiene algunos limitantes estructurales. Por un lado, difícilmente responda a requerimientos específicos de los puestos a formar y, por otro, los programas de capacitación preexistentes no suelen tener vínculo con la actividad real de la empresa.</p>
<p><strong>Es fundamental que haya una conexión directa entre la formación y la actividad real de las empresas, especialmente para rangos bajos y medios.</strong> Sin ella es difícil que el operario comprenda en forma acabada su función y se sienta capaz de realizarla. La dificultad radica en que son sólo algunas pocas compañías las que, por su tamaño, tienen la escala que les permite generar programas de formación que articulen el dictado de clases teóricas con la experiencia práctica en el puesto. La gran mayoría de las empresas quedan fuera de esta posibilidad y deben conformarse con el “enlatado” que representa la oferta educativa preexistente.</p>
<p><span id="more-14"></span>Existe una forma de superar esta dificultad y es mediante el esfuerzo combinado de todo un ramo de producción. Éstos están típicamente organizados mediante sindicatos, asociaciones y cámaras empresarias. Lamentablemente estas asociaciones no suelen estar enfocadas en la educación y los contados esfuerzos no han logrado la sinergia que debiera existir entre la actividad empresarial y la formación. Es necesario cambiar una idea básica: la educación de las personas no debe considerarse un activo particular de una empresa, porque de hecho no lo es mientras el empleado pueda elegir rotar a otra<strong>.</strong> Por el contrario, <strong>la formación debe ser considerada un valor del ramo de la producción en su conjunto y una necesidad de supervivencia del sector, ya que constituye el eje de la competitividad.</strong></p>
<p>Afortunadamente la capacitación es una inversión rentable <em>per se.</em> Lo ha demostrado ser siempre en la historia, por lo que no es necesario forzarla, sino solamente eliminar los factores que limitan su propagación. En este sentido, falta una articulación dentro de cada sector de la economía que logre favorecer la inversión conjunta en educación. En muchos países del mundo, incluida la Argentina, existen ejemplos notables sobre los logros que han existido en este campo. <strong>En el sector de la logística, por ejemplo, la Asociación Argentina de Logística Empresaria (ARLOG) ha lanzado el programa del “Operario Calificado Arlog” para el cual han convocado a todo el sector a ser parte mediante la inversión en capacitación de sus empleados actuales y potenciales.</strong> Es importante la existencia de una iniciativa de este tipo, que seguramente logrará lo que ninguna empresa del sector podría haber logrado en forma individual.</p>
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		<title>Inversión multigeneracional, una receta posible</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Sep 2013 10:26:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Bastitta</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Banco Interamericano de Desarrollo]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Hace cinco años comenzábamos la aventura de salir a <strong>convocar inversores extranjeros para apostar en la Argentina</strong>. En aquel entonces, presentábamos al país como víctima de una eterna paradoja, <strong>“The Argentine Paradox”</strong>: nuestra tierra es, por sus características estructurales, uno de los mejores lugares del mundo para invertir pero, por distintos motivos, se convierte en <strong>uno de los peores destinos de inversión.</strong></p>
<p>Mostrábamos estadísticas de población, educación, diversificación de la matriz productiva, recursos naturales, existencia de mercados sofisticados, tecnología, innovación y muchas otras características distintivas de Argentina. Sin embargo, reconocíamos la cantidad de veces en las que los inversores habían sido defraudados.</p>
<p><span id="more-7"></span>Nuestra tesis consistía en que si uno consideraba únicamente aquellos empresarios que habían apostado a la Argentina con un horizonte de <strong>“larguísimo plazo”</strong> (porque ni largo plazo sería suficiente), <strong>encontraba muchas inversiones exitosas</strong>: empresas en posiciones firmes en sus mercados y rentabilidades sustentables, aun en tiempos difíciles. En cambio,<strong> la mayoría de aquellos que habían invertido en el país por el corto, mediano o incluso lo que solemos llamar largo plazo</strong> (siete a diez años), <strong>habían sucumbido en nuestras crisis recurrentes </strong>o, en el mejor de los casos, habían obtenido alguna ganancia efímera, fruto del azar.</p>
<p>La inversión <strong>“multigeneracional</strong>” es la clave para sortear los avatares que la economía argentina suele traer. Argentina es un país para invertir más allá de los ciclos, en una paciente construcción de activos productivos y sustentables. <strong>Nuestro país genera sensaciones encontradas entre los inversores extranjeros</strong>: por un lado, nos conocen y respetan por nuestra historia, por nuestra <strong>ciudad de Buenos Aires</strong>, nuestra cultura y nuestro potencial de desarrollo económico; pero, por otro lado,<strong> sienten bronca ante la evidencia de las oportunidades desperdiciadas</strong>. Diferentes son las sensaciones que tienen respecto de otros países latinoamericanos, como <strong>Perú, Colombia y Uruguay</strong>, que por primera vez se presentan ante el mundo como alternativas de inversión.</p>
<p>En nuestro caso, al principio fue difícil convencer a los inversores, pero de a poco pudimos trasmitir nuestra idea y conseguimos un tímido apoyo de unos primeros valientes. Una vez que se animaron los primeros, se sumaron más y, con el tiempo, logramos concretar una primera operación que fue la compra del <strong>inmueble</strong> que se convertiría en <strong>Plaza Logística Pacheco</strong>, el primero de los tres <strong>parques logísticos</strong> que la empresa tiene en el área metropolitana de Buenos Aires.</p>
<p>Hoy en día los accionistas de la compañía son principalmente familias argentinas y extranjeras que apuestan a un modelo de negocio que garantice la sustentabilidad por varias décadas. Gracias a esta visión y al aporte que sus inversiones hacen al desarrollo de la industria local, la compañía ha logrado obtener créditos de instituciones de fomento y organismos multilaterales como el <strong>Banco Interamericano de Desarrollo</strong> y la <strong>OPIC</strong>. <strong>Plaza Logística es la prueba viviente de que no nos equivocamos cuando pensamos que la Argentina es viable cuando se apuesta a ella con un horizonte multigeneracional.</strong></p>
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