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	<title>Eduardo Amadeo &#187; México</title>
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		<title>Otro fracaso</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Dec 2013 19:23:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Amadeo</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Es francamente muy notable que en un <strong>Gobierno</strong> que hace de diversos <strong>enunciados progresistas</strong> su razón de ser (y que por lo mismo anatematiza sistemáticamente al “<strong>neoliberalismo</strong>”), la importancia y <strong>calidad de los bienes públicos haya caído</strong> a los niveles más bajos de nuestra historia. Los <strong>bienes públicos,</strong> o sea aquellos cuyo uso está disponible para todos, son primordialmente una responsabilidad del Estado, y son una herramienta esencial en la lucha por la equidad y aun por la competitividad. Son bienes públicos tradicionales: la <strong>infraestructura</strong>, la <strong>defensa</strong>, pero también la <strong>educación</strong> y la <strong>salud</strong>. Si miramos el desempeño de estos bienes públicos en estos 10 años, el resultado no puede ser más desolador (e injusto): <strong>la infraestructura económica destruida </strong>(energía, rutas, trenes), <strong>la defensa inexistente y la educación con los resultados que hemos visto en la última medición de PISA.</strong></p>
<p><strong>Los resultados de PISA merecen varias lecturas</strong>. Era obvio que luego de la crisis, <strong>la pobreza se metió en la escuela</strong>; y sus efectos fueron desbordando la capacidad del sistema para lograr más inclusión y capacidades en los alumnos. Pero 10 años después (y un enorme aumento de recursos que hoy llegan al 6% del <strong>PBI</strong>), una tras otra las evaluaciones muestran el fracaso y su impacto sobre la vida de los alumnos. Durante un tiempo el Gobierno siguió el peor de los caminos: negar el valor de las evaluaciones y no pensar en términos de cambios profundos en el paradigma y modos de funcionamiento del sistema. No avanzó sobre nuevos instrumentos legislativos, no pensó en escuchar voces diferentes, no rompió moldes en modos de encarar la pobreza y su impacto perverso.</p>
<p><span id="more-84"></span>Basta ver lo que sucedió en la<strong> Comisión de Educación de la Cámara de Diputados</strong>, donde no se pudo avanzar en un solo proyecto mayor de los muchos que esperaban espacio para transformar el sistema. La sola posibilidad de hablar de evaluaciones, pruebas finales<strong>, nuevos criterios de capacitación</strong> y promoción de los docentes <strong>despertaba anticuerpos K contra lo que se consideraba el avance neoliberal en la escuela</strong>. Mientras <strong>Ecuador </strong>-desde la izquierda- y <strong>México</strong> -desde la derecha- encaraban verdaderas<strong> revoluciones educativas</strong>, Argentina sólo se defendía del avance conceptual de la derecha; nada nuevo, <strong>sólo defensa ideológica.</strong></p>
<p>Las variables más evidentes anticipaban estos resultados: <strong>el ausentismo docente, la repitencia y abandono son la antesala del fracaso en los conocimientos</strong>. Para muchos pibes, ya es tarde. Lo que han perdido no lo han de recuperar. Ahora sólo queda poner toda la energía posible en<strong> refundar definitivamente la educación argentina</strong>, como parte de un gran acuerdo político en el que calidad y equidad sean los centros innegociables de una nueva dimensión del uso de los bienes públicos para la equidad y el crecimiento.</p>
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