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	<title>Diego Kravetz &#187; Buenos Aires</title>
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		<title>La &#8220;avaricia&#8221; de nuestros abuelos</title>
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		<pubDate>Fri, 07 Feb 2014 09:12:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diego Kravetz</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Hablemos del<strong> ahorro</strong>, que es el tema de la semana. Hace unos días, cuando escuché las <strong>desafortunadas palabras de Jorge Capitanich</strong> me puse a pensar mucho en mi abuelo. Él nació en Rusia a principios del siglo XX (se imaginarán lo que era Rusia en ese entonces). La suya era una familia numerosa, de muchos hermanos. Cuando llegó la <strong>Primera Guerra Mundial</strong> decidieron <strong>migrar a Norteamérica</strong>, pero resultó que a mi abuelo lo tuvieron que bajar del barco porque tenía una infección en el ojo. Era un pibe y lo desembarcaron, mientras su familia se iba. Eran otros tiempos.</p>
<p>Sí logró, más tarde, subirse a un barco que iba rumbo a <strong>Sudamérica</strong> pensando que eso lo dejaría cerca de su destino original. Descartó subirse en otra nave con rumbo a Canadá, también disponible, por ignorancia o vaya a saber qué. La cuestión es que <strong>ese “error” lo trajo a Buenos Aires</strong>. Y lo trajo, desde ya, sin un peso.</p>
<p>Trabajó de lo que pudo, ahorró, se casó, ahorró más. Con el tiempo compró una casa en la Paternal, a dos cuadras de la cancha de Argentinos y enfrente del edificio donde <strong>Maradona</strong> tendría, unos cuantos años más tarde, su primer departamento.</p>
<p>Mi abuelo tuvo cuatro hijos, tres de los cuales fueron universitarios. Siguió ahorrando durante toda su vida. Así juntó el dinero necesario para viajar y <strong>reencontrarse con sus hermanos</strong> de quienes se vio forzado a separarse cuando niño. Nunca tuvo mucho, siempre contó con lo justo y un poquito más. Ese poquito lo usaba para ahorrar, y <strong>ahorrando construyó de todo: una familia, una casa, prosperidad para sus hijos, un futuro</strong>.</p>
<p>Probablemente esta historia que les acabo de contar les suene muy familiar. Prueben reescribir en ella las diferencias con la de sus propios abuelos. Cambien Rusia por España o Italia, quizás, o incluso el interior del país; Primera Guerra por Segunda, u otro momento trágico de la historia; Paternal por la Boca o Boedo. La única cosa que muy probablemente no reescriban es esta palabrita que detonó, en la última semana, semejante cantidad de barbaridades: <strong>ahorro.</strong></p>
<p><strong>Tenemos un Jefe de Gabinete que dijo que el ahorro es avaricia</strong>. Después medio que intentó retractarse diciendo que no se trataba de cualquier ahorro. Claro, el suyo propio sí es bueno para el país.</p>
<p>Tenemos un Gobierno que anuncia que ahora sí se pueden comprar dólares, que quienes quieran hacerlo deben percibir un salario que duplique al mínimo. Ni hablemos de que duplicar al salario mínimo hoy no es ninguna señal de opulencia. Ahora resulta también que, en palabras de la Presidenta, quienes estén en condiciones de comprar dólares también están en condiciones de no recibir subsidios a los servicios básicos.</p>
<p>Capitanich y Cristina hablan de “ahorro” e “inversión” como si fuesen dos conceptos que le pesan igual a todos los argentinos. Invocan ambas ideas con la más manipuladora de las ambigüedades y nos dan una instrucción sencilla: invertir en el país. Señora, no se guarde la plata, invierta en el país. Señor, no compre dólares, invierta en el país. <strong>Si usted compra dólares, tan mal no le va</strong>, no necesita que le subvencionemos los servicios.</p>
<p>Tratar a todos como iguales es solo en abstracto una consigna noble. Hay que preguntarse: ¿iguales  a quién? El Gobierno le habla a los ciudadanos como si fuesen todos semejantes a esos temibles y grandes empresarios rurales y mediáticos de sus fabulaciones conspirativas. ¿En qué momento desaparecieron los laburantes, los padres que quieren un futuro para sus hijos, las pequeñas y medianas empresas que buscan abrirse un lugar en esta economía de la escasez? “¡En el momento en que dejan de invertir en su país!” respondería el mejor monologuista de <strong>La Cámpora</strong>, que al mismo tiempo canta alabanzas a los subsidios que este Gobierno insiste en darle a los que no trabajan ni van a trabajar de acá a unos años (hablo, por supuesto, del Plan Progresar, al cual nos referimos hace un par de semanas).</p>
<p>La ambigüedad de las declaraciones oficiales buscan vaciar a la Argentina, no de dinero, sino de realidad. Sin dinero aún podemos hacer grandes cosas por nuestro futuro, como hicieron nuestros abuelos. Sin realidad estamos absolutamente perdidos. El ahorro ha sido a lo largo de varias generaciones la forma privilegiada de poner la realidad de nuestro lado. El Gobierno insiste en pelearse con ella todos los días y<strong> quiere arrastrarnos a todos en esa pelea</strong>, que no puede ganar.</p>
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		<title>Villas y especulación inmobiliara (parte VII)</title>
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		<pubDate>Sat, 11 Jan 2014 11:50:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diego Kravetz</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[ABL]]></category>
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		<category><![CDATA[villas 31 y 31 bis]]></category>
		<category><![CDATA[villas miseria]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace rato que en la Ciudad de Buenos Aires la pobreza viene siendo un gran negocio. Ironías que abundan en las villas miseria y hacen que el problema sea cada vez más complejo y difícil de resolver. Sabemos que en la 31 y la 31bis, , que conforman el complejo habitacional precario con la mayor tasa... <a href="http://opinion.infobae.com/diego-kravetz/2014/01/11/villas-y-especulacion-inmobiliara/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Hace rato que en la Ciudad de Buenos Aires la pobreza viene siendo un gran negocio.</strong> Ironías que abundan en las <strong>villas miseria</strong> y hacen que el problema sea cada vez más complejo y difícil de resolver.</p>
<p>Sabemos que en <strong>la 31 y la 31bis</strong>, , que conforman el complejo habitacional precario con la mayor tasa de crecimiento en los últimos años, las edificaciones no paran. Cuando no quedan territorios hacia los cuales expandirse el límite es el cielo: las edificaciones crecen hacia arriba con 5, 6 o hasta 7 pisos, en condiciones que ponen en riesgo la vida de los propios inquilinos.</p>
<p>La proliferación de viviendas en la Ciudad de Buenos Aires se dio en los últimos años de manera vertical, es decir, a través de la construcción de edificios. Esto produce lo que se conoce como “<strong>densificación</strong>”, un aumento de la densidad poblacional, de la cantidad de habitantes por hectáreas. La misma tendencia se ha registrado en las villas y asentamientos precarios. En 2009 la prensa hablaba de construcciones de hasta 5 pisos en las villas 31 y 31 bis. Esa densificación, en las villas, trajo consigo una mayor oferta de unidades para alquiler, lo que consolidó el mercado informal inmobiliario.</p>
<p><span id="more-111"></span>Desde luego, <strong>el crecimiento de estas estructuras es absolutamente improvisado,</strong> carece de cualquier evaluación previa sobre el terreno y la infraestructura. Pero tienen sus dueños y también sus inquilinos. <strong>¿Cuánto cuesta el alquiler de esas piezas? Entre 1000 y 1500 pesos por mes.</strong> Una diferencia no tan grande con los costos de alquiler de un monoambiente en zonas del sur de la capital, que promedian los 2000 pesos. <strong>El espacio promedio de estas piecitas es de 20 m2</strong>, la mitad del tamaño de un departamento que cualquier hijo de vecino consideraría pequeño en el mejor de los casos. Los pisos son mayormente de cemento aislado, casi no tienen revoques en la paredes. Muchas tienen techos de losa y otras directamente de chapa. Algunos investigadores distinguen entre <strong>dos tipos de alquiler</strong>: el que hacen algunos vecinos de sus viviendas como forma de obtener un ingreso y el de los <strong>inquilinatos</strong>, que son edificaciones con entre 20 y 30 cuartos, con un propietario que cobra altas tarifas.</p>
<p>Las condiciones de vida son precarísimas. Aun así el Estado subvenciona el pago de los alquileres, cada vez más costosos, a los dueños ilegítimos de estas edificaciones ilegales. Permite también las conexiones clandestinas de electricidad y agua, por las cuales ni dueños ni inquilinos pagan un peso.</p>
<p>Un centenar de familias, imposibilitadas para afrontar los aumentos de los costos de alquile,r comenzó a asentarse durante el año pasado en el borde de la <strong>autopista Illia</strong>. Esto no hace otra cosa que sumar más riesgos. Mientras las viviendas ilegales crecen en las villas, las piezas se venden a montos que llegan hasta los 200.000 pesos y <strong>aumenta la desigualdad en Buenos Aires</strong>. Desigualdad que afecta tanto a los residentes de las villas que viven en condiciones infrahumanas como para los ciudadanos que viven en zonas lindantes donde crece la inseguridad y la frustración: ellos sí tienen que pagar<strong> luz, agua y ABL</strong>, servicios ciertamente cada vez más costosos y, como muestran los hechos recientes, más defectuosos.</p>
<p><strong>Los gobiernos implementan una política de dejar hacer</strong> o directamente se hacen presente de los modos más fáciles, a través de subvenciones que mantienen el estado de situación y dejando que el problema se agrave y que los costos los paguen otros: los ciudadanos de hoy y los gobiernos de mañana. Es vital para la coexistencia pacífica y la dignidad de toda la ciudadanía que se tomen cartas en el asunto inmediatamente, con políticas serias y a largo plazo que den un marco de formalidad y pacifiquen la vida de todos los que habitamos la Ciudad de Buenos Aires.</p>
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