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	<title>Diana Manos &#187; ESMA</title>
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		<title>Asados en la ex Esma: carta a HIJOS</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Sep 2013 11:21:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diana Manos</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[ESMA]]></category>
		<category><![CDATA[vuelo a la muerte]]></category>

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		<description><![CDATA[Hijos del dolor…. de una época nefasta, Hijos de esos padres que vimos desaparecer… de nuestros compañeros, Hijos que buscamos, junto a sus familias, Hijos recuperados… hijos por recuperar, Hijos que tuvieron la suerte de no vivir esa época y que se interesan por los otros, Jóvenes en general y… no tan jóvenes. &#160; En... <a href="http://opinion.infobae.com/diana-manos/2013/09/05/asados-en-la-ex-esma-carta-a-hijos/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Hijos del dolor…. de una época nefasta,</p>
<p>Hijos de esos padres que vimos desaparecer… de nuestros compañeros,</p>
<p>Hijos que buscamos, junto a sus familias,</p>
<p>Hijos recuperados… hijos por recuperar,</p>
<p>Hijos que tuvieron la suerte de no vivir esa época y que se interesan por los otros,</p>
<p>Jóvenes en general y… no tan jóvenes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En 1977, un 14 de agosto, secuestraron a mi marido, Alejandro R. Odell. Yo estaba embarazada de 7 meses.</p>
<p>Mucho nos costó reconstruir los hechos. Previo pasaje por un maléfico y casi desconocido “Casino de oficiales” en Ing. Maschwitz, unos días después lo llevaron a la <strong>ESMA</strong>, de donde salió en noviembre de ese año… para un vuelo… un <strong>vuelo a la muerte</strong>. ¿Saben lo que eran? Subían engañados arriba de un avión, con un dosis de calmantes y los tiraban al mar… Y ya se terminaba la historia para ellos.</p>
<p>Hace más o menos 3 años junté coraje, a la familia que pudo ir, y logré entrar a ese lugar. Ya en la recepción nos preguntaron el por qué de nuestra visita. Ahí empecé a llorar, y no pude parar hasta la salida.</p>
<p>El guía fue muy cálido y estaba muy preparado, dispuesto a contestar cualquier pregunta. Al principio nadie preguntaba. Había una atmósfera muy extraña, yo sentía las palabras pero no podía reaccionar, eso era sólo el principio.</p>
<p>Cuando empezamos a hacer “el camino” que hacían los secuestrados en los camiones, autos o camionetas que los llevaron, fue muy impactante. Llegamos a las cadenas, gruesas, esas que se bajaban para dejar pasar esos vehículos, y “sentimos” o imaginamos el ruido de los coches al pasar, y que describieron luego los sobrevivientes.</p>
<p>Finalmente el estacionamiento, y de ahí a la primera sala de tortura.</p>
<p>Justo cuando estábamos en ese lugar me llamó mi hija. ¡Corazón mío!, fue ahí mismo que nos unimos todos, los que estaban y la que no pudo estar: me sentí plenamente acompañada, no estaba sola, tenía a mi lado a lo más hermoso de mi familia. <strong>Recordé mi vida, nuestra corta vida juntos… el adiós que nunca nos dimos y que está flotando, atrapado por siempre en este lugar.</strong></p>
<p>Hablábamos bajito, como uno hace en los museos, o en los cementerios o iglesias. No sé por qué en estos lugares la gente habla bajito. En la ESMA se siente tanta energía… tanto dolor en sus paredes, en sus pisos, en su ambiente… Parece que vas a molestar a alguien si hablás fuerte, a alguna presencia.</p>
<p>Después al Casino de Oficiales, ahí donde hacían fiestas, grandes fiestas, mucha música, mucho ruido. ¡Con comidas y asados de los mejores! Mientras los compañeros subían y bajaban por las mismas escaleras, yendo y viniendo, eran “invisibles” para los que “festejaban”.</p>
<p>Y después a “Capucha”, el lugar en donde dormían, o al menos lo intentaban, entre sesiones y sesiones de tortura o a la espera del parto. Estaba todo tan mezclado, la vida y la muerte…</p>
<p>Había unas marcas en una pared. ¡Por favor, una marca de vida!</p>
<p>Ahí le pregunté al guía si los sobrevivientes habían identificado el lugar en donde habían estado. Me dijo que sí. No me animé a preguntarle por la compañera sobreviviente que estuvo al lado de Alejandro y que dio detalles de su “estadía” en ese “albergue de la muerte”. Después me arrepentí, pero en ese momento no pude.</p>
<p>Y al final Capuchita. Arriba. Era verano y había un viento bárbaro, igual sentí frío. No podía siquiera imaginar que seres humanos debían permanecer ahí.</p>
<p>Saliendo, vimos una muestra fotográfica y nos fuimos todos con un dolor en el corazón pero (y hablo en nombre de los 30 y pico que estábamos) con el orgullo de habernos animado a entrar y recorrer ese espacio.</p>
<p>El silencio y el olor de este lugar te queda impregnado en el cuerpo, en el alma, no te abandona.</p>
<p><strong>La ESMA es un cementerio, un cementerio sin tumbas, las tumbas están ahí cerquita… en el Río de la Plata.</strong> No es un lugar para festejar, no es un lugar para las murgas, no es un lugar para clases de cocina… <strong>Es un lugar de recogimiento</strong>. Para la cultura, sí, para exposiciones de fotos, cuadros, poesía, testimonios, <strong>no para asados y fiestas. </strong></p>
<p>No puedo expresar de otra manera mi dolor al ver lo que están haciendo, esta apropiación de un ámbito de todos los argentinos. Y siento mi dolor como el dolor de todos los seres queridos al llegar y ver ese espacio convertido en un circo ajeno, no nuestro.</p>
<p style="text-align: right;"><strong>Diana Manos</strong></p>
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