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	<title>Daniel Muchnik &#187; Parlamento</title>
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		<title>Un Parlamento que no se respeta</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Mar 2016 09:20:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daniel Muchnik</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Si uno cree en la división de poderes, en la necesidad de un país racional, en la búsqueda de institucionalizar  y dar todo el empuje para alcanzar la vida republicana, el 1º de marzo no fue un buen día. En las horas del mediodía, <strong>cuando el Presidente de la nación hizo un balance contundente de lo que dejó la anterior gestión y comentó lo que se propone hacer, se evidenció una imagen trágica de la denigración social en la Argentina.</strong></p>
<p>El griterío de los cristinistas, sus abucheos, sus insistentes silbidos, los carteles que exhibían, las interrupciones al discurso de apertura de sesiones del Congreso, inyectan una buena dosis de escepticismo para alcanzar los objetivos de un país como el que se merece la sociedad después de doce años de populismo. Y un desborde, con la total falta de respeto a la institución. Todo considerado por el ex ministro de Economía, Alex Kicillof, que sonreía mientras repercutían los gritos.</p>
<p>A esa incómoda protesta le siguió la respuesta de la barra oficialista, que, parada, vivó al “Sí, se puede”. Ni siquiera bastó que el presidente Mauricio Macri les dijera a los ex aplaudidores de Cristina Fernández: “Hay que respetar los resultados de las elecciones democráticas”, para que se callasen.<span id="more-327"></span></p>
<p><b>Todo configura una muestra que la grieta persiste. La violenta separación entre una Argentina y la otra</b>. Habrá que esperar mucho tiempo para que se cierre, porque no soportan a los recientes responsables del poder. A los nuevos los llaman “nenes bien”, “oligarcas apartados del pueblo”, “casados con el neoliberalismo”, “agentes del capitalismo”, “gente que no respeta las necesidades populares”. Hablan desde un mediocre e impiadoso neoprogresismo que alabó a intendentes eternos, a sindicalistas enriquecidos, a militares con un pasado dudoso y peligroso, a ministros corruptos y a una conducción venal.</p>
<p>Militó con ellos un neoprogresismo que en su momento fue la izquierda, con un discurso digno de los años sesenta y setenta. Tejieron una cobertura que fue un envoltorio de consignas para justificar a los que hacían política con el firme interés de hacerse millonarios. Fueron los que aceptaron cualquier cosa con tal de no irritar a los piqueteros que cerraban las calles, las rutas y las avenidas cuando se les antojaba y a las organizaciones mafiosas. A los que tapaban la realidad e inventaban estadísticas a su favor. A los que no quisieron actuar porque concluyeron como cómplices de las fuerzas policiales con el narcotráfico.</p>
<p><b>Los populismos en América Latina y en Europa (los del movimiento Podemos en España, por ejemplo) están perdiendo terreno rápidamente.</b> En Bolivia se pincha, con votos democráticos, la pretensión de Evo Morales, que quiere casarse para siempre con el sillón presidencial. Una revelación periodística lo acorraló, por lo que se lo acusa de ocultamiento con mentiras de un hijo del cual no se sabe si está vivo o muerto, más los negocios millonarios que conducía una ex pareja.</p>
<p>En Venezuela, al chavismo inepto se le enfrenta una oposición fragmentada, pero decidida a que todas las duras privaciones (la comida, la vida democrática) terminen de una vez por todas. En Brasil, el Partido de los Trabajadores, una izquierda populista y transformadora, derivó, con los años, en un muestrario de corrupción, estafas y robos al erario público. Incluyendo a figuras que en su tiempo fueron inmaculadas y ahora pasan sus días en la cárcel sospechadas de varios delitos. Dilma Roussef, la presidente, camina en la cornisa, sin sostén de la sociedad.</p>
<p>El Parlamento argentino no siempre estuvo libre de acusaciones desde la organización nacional a partir de la redacción de los códigos y la gestación de un Estado dispuesto a ser una nación envidiable. Hubo un Parlamento donde, en la década del treinta (la “infame”), un ciudadano vinculado a la Policía, pero dependiente de algunos ministros maltratados con las acusaciones de Lisandro de la Torre por el negocio de las carnes de los frigoríficos ingleses, intentó matar, en el recinto, al líder de la democracia progresista. Terminaron asesinando a su mano derecha, un legislador santafesino que se interpuso en el ataque y llevaron a Lisandro de la Torre a la desesperación, a la culpa y al suicidio.</p>
<p>Hubo un Parlamento durante el primer peronismo donde se lucieron los oradores de distintos partidos y se discutió todo con pasión, aunque algunos líderes políticos de la oposición terminaron presos y enviados a la cárcel.</p>
<p>Hubo una falta de Parlamento, aunque dirigido ficcionalmente por militares, durante la dictadura de 1976-1983. Hubo un Parlamento con la vuelta a la democracia, donde la vida política repercutió en las polémicas mantenidas por senadores y diputados desde 1983 en adelante. Hubo un Parlamento que justificó el desmantelamiento del Estado a lo largo de la década del noventa y otro Parlamento ejecutivo que mantuvo las manos en el timón a lo largo de la larga crisis del 2001-2002.</p>
<p>Finalmente, llegó un Parlamento con el kirchnerismo y el cristinismo que actuó como escribanía de las decisiones emanadas en la Casa Rosada. Y que aprobó la estatización de todo lo que había privatizado el anterior peronismo menemista. Con una parafernalia de papel picado y globos de colores y gritos partidarios del oficialismo desde los palcos cada vez que visitaba el lugar la Presidente de la nación.</p>
<p><b>Un show estridente, colorido y gritón que ahora quiso volver a ofrecer el cristinismo el 1º de marzo</b>. Vieja y triste historia de desprecio al Parlamento.</p>
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		<title>Un Parlamento en el que se ve hasta lo imposible</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Aug 2015 09:49:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daniel Muchnik</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El Parlamento Nacional no es ningún ejemplo de cordura, de sentido común ni de amplitud de criterio. La violencia de afuera, la del abismo o la grieta de la sociedad, como se quiera llamar, ingresó por las puertas grandes del recinto y trajo enfrentamientos de intenso ardor polémico. Algunos más intensos que otros, más recordables, que quedarán para la historia, si es que alguien está llevando la crónica del pasado de la incontención verbal en ese ámbito en los últimos años. Que pone en peligro la dignidad de ese centro, tan importante como cualquier otro en la histórica división de poderes.</p>
<p>Ese Parlamento ha presenciado de todo. Incuso aquello que parecía imposible. Como aprobar en pocas horas una montaña de proyectos de ley, sabiendo que ningún legislador pudo haber estudiado seriamente los textos como lo exige la seriedad institucional. O respaldar proyectos que pedía sin tapujos el Poder Ejecutivo, cumpliendo con el principio tan mayoritario en el peronismo, que se hace sin chistar con lo que quiere el Jefe o la Jefa, habitantes de la Casa Rosada. No hablemos de diálogos civilizados entre adversarios políticos. No hablemos de actitudes que no son más que hipócritas. No hablemos de las bandas de aplaudidores, extraños al ámbito, invitados por el oficialismo a los pisos altos que insultan a gusto y placer a los opositores, sin que intervengan las autoridades.<span id="more-254"></span></p>
<p>La historia del Parlamento, desde que se creó institucionalmente la patria, con sus Códigos, con la participación de grandes figuras, después de 1860, plantea la excelencia de los oradores, el tono con el que se polemizaba en temas económicos decisivos o políticos de alto vuelo. Y por sobre todo en momentos críticos como el <i>crash</i> y el siguiente <i>default </i>de 1890, el arreglo financiero con el exterior, la cobertura de las deudas del país que se arrastraron 15 años, las diferencias acerca del proteccionismo o el libre cambio, los criterios sobre la calidad y la cantidad de inmigrantes que ingresaban al territorio nacional, el clima de los años treinta, cuando Lisandro de la Torre puso en evidencia los negociados y las transgresiones de los frigoríficos ingleses con la complicidad del gran parte del funcionariado, el debate acerca de la libertad contra el autoritarismo en los tiempos de los dos primeros peronismos. Los famosos alegatos y las réplicas, tan respetados unos y otras.</p>
<p><b>Con las décadas, igual que con el resto de la vida en la república, el Parlamento fue dinamitado en su cometido y en su jerarquía</b>. Se denigró. Perdió el respeto de la sociedad.</p>
<p>Los legisladores lo saben (salvo aquellos que niegan la realidad), pero tampoco hacen mucho para revertirlo.</p>
<p><b>Un caso patético y reciente lo protagonizó Beatriz Rojkés, esposa del tres veces gobernador de Tucumán José Alperovich</b>, una mujer que agrada y es amiga de la Presidente y que ocupó cargos expectantes de alto vuelo en el Parlamento Nacional. Dueña de una violencia incontenible, a pocos días de las acusaciones de fraude y del atropello policial tras las elecciones del último domingo, se enfrentó con su contrincante comprovinciana, radical, Silvia Elías.</p>
<p>Como se sabe, el matrimonio Rojkés-Alperovich gusta de viajar por el mundo y mostrar sin tapujos fotografías de los sitios que visitan y ha quedado como leyenda el caso de las inundaciones arrasadoras. Un hombre reclamó más ayuda, más intervención estatal. La señora Rojkés se sintió aludida, insultó al hombre que intervino y le señaló que ella vive en mansiones. Un diálogo registrado por las cámaras. Un papelón para el oficialismo, que debía conseguir votos.</p>
<p>Ante los cuestionamientos de Elías por todos los sucesos de días antes y de las repercusiones, la señora Rojkés utilizó el Parlamento para denostar a Elías. Pero no lo hizo con argumentos bien fundamentados y de calidad política. No. Se valió de un lenguaje de conventillo de comienzos del siglo XX, con connotaciones arrabaleras. Y lo hizo comportándose como una dueña del lugar y faltándoles el respeto a los que no son oficialistas.</p>
<p>Al comienzo de su turno como oradora, la señora Rojkés señaló que los perdedores no tienen “la grandeza de reconocer que han perdido”. Agregó: “No son gente de bien”. De allí en más, Rojkés subió el tono con gran nerviosismo y dirigiéndose a la radical Elías le espetó: “Esta mujer que se tira de virgen y se disfraza por ahí. También voy a hablar de violencia contra la mujer, de la cual ella es víctima. A pesar de todo el maltrato que usted ha sufrido y que le encanta, porque la violencia se da de a dos y que usted la practica, como en un matrimonio de violentos y golpeados”.</p>
<p>Por suerte, <b>el jefe de la bancada cristinista, Miguel Pichetto, clausuró definitivamente algo que nunca fue un debate ni un esclarecimiento y envió a comisión el texto que había redactado la oposición.</b></p>
<p>De política no se habló. Vergonzosamente se chismorrearon sorprendentes intimidades. Eso no justifica el sueldo de legislador, de ninguna manera. El de Rojkés fue un discurso de una mujer alterada, que no sabe ni nunca aprendió a intercambiar opiniones con alguien que piensa distinto o tiene distintos ideales. Sin duda, la señora Rojkés no pude ocultar una formación política autoritaria. Una participación que supo desfilar por distintos partidos hasta recalar en el peronismo feudal, donde nadie puede discutirle. Y que ahora sirve como botón de muestra de un Parlamento que está aceptando su propia caída en la consideración pública.</p>
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