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	<title>Damián Fernández Pedemonte</title>
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		<title>Una campaña que insiste con lo que el voto ya rechazó</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Nov 2015 09:15:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Damián Fernández Pedemonte</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Ballotage]]></category>
		<category><![CDATA[Cambiemos]]></category>
		<category><![CDATA[Campaña sucia]]></category>
		<category><![CDATA[Daniel Scioli]]></category>
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		<category><![CDATA[Mauricio Macri]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p>Si nos atenemos a los datos más notables de las elecciones del 25 de octubre: el triunfo de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires, incluyendo el corte de boleta para evitar a Aníbal Fernández y los puntos perdidos por Daniel Scioli respecto de las PASO, una manera de interpretar el resultado es el voto castigo. Es decir, no querer votar más al kirchnerismo. Según esa interpretación, la necesidad de contar con la bendición de la Presidente, sus intervenciones en la campaña y la imposición de la desprestigiada figura de Fernández arrastraron a Daniel Scioli hacia el precipicio.</p>
<p><b>Lento de reacciones, el candidato oficial tardó una semana en sacar la cabeza del agua arremolinada de las internas y los pases de factura del peronismo</b>. La Presidente indicó la interpretación que dará de los resultados si pierde Scioli, a quien se vio obligada a aferrarse al final por ser el único que marcaba en las encuestas. En su primer discurso después del fracaso electoral, Cristina Kirchner se preguntó dónde fueron a parar sus votos del 54% de 2011. A buen entendedor pocas palabras: si gana Mauricio Macri, la derrota tiene una única cara, la hierática de Scioli. Desde el sciolismo, en cambio, coinciden en parte con el diagnóstico de Cambiemos, las elecciones denotaron hartazgo de kirchnerismo.<span id="more-11"></span></p>
<p>El que emparda gana, se dice en el truco. Macri ganó la largada hacia el ballotage; basta comparar los discursos de uno y otro candidato la noche del 25 de octubre y apreciar los discursos de los otros candidatos, Sergio Massa y Margarita Stolbizer, y las impecables intervenciones mediáticas de Vidal. La sorpresa jugó en favor de Macri. “Se acabó el mito del kirchnerismo imbatible”, “La mayoría se manifestó en favor de un cambio” fueron las explicaciones que empezaron a circular en el espacio público.</p>
<p>En un segundo momento, en vez de orientar la compaña hacia una aparición del Scioli real, que seguramente a esta altura ni él mismo sabe quién es, se optó por la campaña sucia, dirigida a producir miedo sobre las consecuencias de elegir a Macri. La campaña negativa en etapa de ballotage es sugerida en los manuales. El electorado al que hay que convencer, que no votó ni por uno ni por otro en primera vuelta, es probable que decida su voto por el mal menor: evitar que llegue al poder el que más rechazo le provoca. En este sentido, los mensajes pronunciados por dirigentes y organismos públicos, distribuidos por los espacios mediáticos oficiales y las redes sociales junto con advertencias imprudentes o infantiles, vehiculizaron temores que pueden calar en la población por sus ecos históricos: cambio abrupto de modelo económico hacia uno de corte liberal, crisis de gobernabilidad.</p>
<p>Sin embargo, <b>para muchos de los que expresaron con el voto su rechazo a las prepotentes reglas del juego de la política kirchnerista, la campaña sucia es una postrera confirmación del recurso artero de un modelo al que nunca le gustó la competencia o la crítica</b>. La campaña negativa, entonces, puede resultar más útil a Macri que a Scioli. La pacífica respuesta de los candidatos de Cambiemos así lo sugiere. Y las irónicas contestaciones en las redes sociales también se ponen del lado de la víctima. Macri parece haber conquistado la paz del que ganó la guerra: la campaña se la están haciendo los kirchneristas y la gente en internet.</p>
<p>No debería quedarse tranquilo, sin embargo. Como lo azuzan los kirchneristas, la gobernabilidad puede complicarse si Macri no llega al poder con una amplia coalición como soporte. Los votos que pueda agregar el 22 de noviembre no son propios, son votos prestados. La nueva tanda de <i>spots</i> apunta a convocar a todos, como ya lo había punteado en el aplomado discurso de la noche del 25.</p>
<p>El debate le dará a cada candidato la oportunidad de mostrar por qué el otro es peor. Macri suma varias ventajas también allí. El de más chances suele ausentarse de los debates, porque es más lo que tiene para perder que para ganar. Al pedir un nuevo debate, Scioli estaba admitiendo que ahora era él quien estaba en desventaja. Si avienta fantasmas contra Macri, este siempre tiene la chance de recordar los déficits de las gestiones de la provincia de Buenos Aires y de la nación, mucho más cercanas que el menemismo. Siempre puede apuntar a cambiar las reglas del juego que instauró el kirchnerismo, que con su campaña Scioli parece apañar y que, en cambio, la mayoría rechazó con su voto en la primera vuelta.</p>
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		<title>El kirchnerismo como evento discursivo</title>
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		<pubDate>Mon, 27 May 2013 11:21:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Damián Fernández Pedemonte</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[La década es un lapso de extensión suficiente como para verificar si en el discurso público circulan nuevas representaciones sociales. Ideas que antes no estaban en la conversación pública y ahora, en cambio, comparecen sistemáticamente. Desde este punto de vista se puede aseverar que el kirchnerismo es un evento discursivo, un régimen de prioridades, énfasis,... <a href="http://opinion.infobae.com/damian-fernandez-pedemonte/2013/05/27/el-kirchnerismo-como-evento-discursivo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La década es un lapso de extensión suficiente como para verificar si en el discurso público circulan nuevas representaciones sociales. Ideas que antes no estaban en la conversación pública y ahora, en cambio, comparecen sistemáticamente. Desde este punto de vista se puede aseverar que <strong>el kirchnerismo es un evento discursivo, un régimen de prioridades, énfasis, relaciones con los actores políticos y sociales realmente distinto al de las dos décadas democráticas anteriores</strong>.</p>
<p>Todo nuevo presidente de la República tiene la oportunidad de fundar su régimen discursivo con las primeras intervenciones públicas. <strong>Néstor Kirchner</strong> hizo uso de las prerrogativas que el poder otorga sobre el discurso público. Instaló una nueva agenda, la de la <strong>intervención del Estado para procurar la distribución de los recursos y la de los derechos humanos</strong>, concretada en el impulso a los juicios. <strong>Construyó sus enemigos: los noventa, la Corte Suprema menemista, las corporaciones</strong>. Encuadró un debate en el que quedaban marginados los republicanos y recuperaban capital simbólico los militantes de los setenta y la intelectualidad peronista de izquierda. En lo esencial, <strong>Cristina Kirchner</strong> prosiguió a partir de esta matriz discursiva, con una diferencia fundamental, creo yo, respecto de la<strong> estrategia de enunciación</strong>.</p>
<p><span id="more-5"></span>El kirchnerismo no sólo renovó la agenda y al enemigo, si no que <strong>disputó con los medios de comunicación la gestión de las representaciones sociales</strong>. Néstor Kirchner se dirigió a los periodistas y a los directivos de medios con la confrontación directa, pero fue en 2008 al resultar políticamente derrotado en el conflicto con las entidades del campo que el gobierno concentró sus energías en reducir el poder de enunciar de los grandes medios. Además de la cancelación de los canales institucionalizados de comunicación con los periodistas, y de la intervención en el mercado de las opiniones, el gobierno de Cristina Kirchner promulgó la <strong>ley de medios</strong> y acentuó una política de comunicación muy activa y coherente desde el Estado que incluye <strong>estrategias profesionales de diseño del discurso y de construcción de marcas como SUBE, Nuevo DNI, Tecnópolis</strong>.</p>
<p>Toda una teoría de los medios y del poder del relato sustenta estas decisiones. Algo diferencia, sin embargo, la etapa de Néstor con la de Cristina. Algo importante: <strong>Néstor complementaba su discurso áspero con una red de alianzas, no siempre coherente</strong>. Estaba obsesivamente encima de los indicadores de la economía real y le tenía enorme respeto al humor social. <strong>Cristina, en cambio, confía demasiado en el discurso del modelo</strong>, aunque a veces contradiga la evidencia de las estadísticas sociales. Dicho más claro, en esta etapa el kirchnerismo es más discurso que gestión, más comunicación que política que en la etapa anterior, con el agravante de que ese discurso se distancia del reclamo social.</p>
<p>En la teoría del discurso político del kirchnerismo no hay lugar cómodo para el público autónomo, independiente, crítico. La figura más próxima que recupera la épica del poder es la del militante. ¿Qué hacer, entonces, con los que se movilizan para protestar por la tragedia de Once, por el acuerdo con Irán, por algunos casos de inseguridad, por las inundaciones? ¿Qué hacer con los cacerolazos? Estos destinatarios, así como los indicadores sociales, están afuera del relato, constituyen su límite fáctico.</p>
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