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	<title>Claudio Chaves &#187; Revolución Soviética</title>
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		<title>La crisis de los partidos políticos</title>
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		<pubDate>Sun, 12 Jan 2014 11:47:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Claudio Chaves</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Últimamente se lee o escucha que el <strong>peronismo</strong> sirve tanto para un barrido como para un fregado. Esto es, que como el camaleón “cambia de colores según la ocasión”. Se afirma que, en su afán de perpetuarse en el control de los cargos, sigue a pie juntillas las directivas de quien manda, que siempre es, al menos en los últimos tiempos, el que detenta el poder central. Esta “obsecuencia” lleva a pensar que se trata de <strong>un partido de Estado que responde ciegamente a las autoridades constituidas legalmente.</strong></p>
<p>Se citan infinidad de ejemplos: es el partido que levantó la mano para privatizar y algunos años después las levantó para estatizar. ¡Como si fuera lo mismo! Es el partido que sostuvo la integración al mundo, el ingreso al <strong>Grupo de los 20</strong>, el paraguas con <strong>Inglaterra</strong> por el asunto de <strong>Malvinas</strong> y años después despotricó contra las potencias hegemónicas, las relaciones carnales y estableció una alianza estratégica con <strong>Venezuela</strong> y <strong>Cuba</strong> en contra de los <strong>EEUU</strong> como se vio en <strong>Mar del Plata</strong> en el 2005. ¡Cómo si todo fuera lo mismo! Es el partido que apoyó la desregulación de la economía y años después regula a tambor batiente. ¡Cómo si fuera lo mismo!</p>
<p>Es el partido de apertura al mundo que fomenta la participación de los sectores económicos, dinámicos y competitivos, en el mercado mundial y años después se cierra a “vivir con lo nuestro” al grito de “<strong>Patria sí, colonia no”.</strong> Cualquier individuo bien pensante, rápidamente, comprende que se trata de valores muy diferentes. Diría, opuestos. Imposible que estén al mismo tiempo en la misma cabeza y para abordar los mismos problemas. Esta ambigüedad, cierta intelectualidad más sofisticada, la comprende bajo el criterio de que la realidad mundial que le tocó al peronismo, a la caída del<strong> Muro de Berlín</strong>, no es la misma que la que tuvo que administrar a partir del 2001. Por lo tanto en un tiempo se privatiza y en el otro se estatiza. En uno se desregula y en otro se regula.<strong> En uno se está con el mundo capitalista desarrollado y en otro con el “socialismo del siglo XXI.</strong> ¡Así de sencillo! Veamos este último asunto.</p>
<p><strong> <span id="more-155"></span>La caída del muro de Berlín</strong></p>
<p>La caída del Muro y la <strong>Revolución Soviética</strong> <strong>del 17</strong> fueron los acontecimientos más relevantes del siglo XX. Marcaron época, construyeron escenarios y crearon una atmósfera imposible de ignorar a la hora de pensar y actuar en política. Dejo para otra oportunidad las consecuencias mundiales de la<strong> Revolución Bolchevique</strong> y sólo digo que la desaparición del Muro fue el fin de la Unión Soviética, el <strong>fracaso del comunismo como alternativa al capitalismo</strong>, que triunfó en toda la línea y la consecuente valoración y extensión global de la <strong>democracia liberal,</strong> tanto, como la <strong>popularización del mercado como articulador de la vida en sociedad</strong>. También el final de la <strong>Guerra Fría,</strong> y adicionando a este ocaso, el hundimiento ciertos valores que el capitalismo había tomado prestado del marxismo como el intervencionismo de Estado, la regulación y la planificación económica. Cambios gigantescos para procesar mentalmente en tan corto tiempo. Las verdades aprendidas durante años se desvanecieron de un día para el otro. <strong>El peronismo de aquel tiempo realizó la proeza de aprender de nuevo.</strong> Sin embargo, al interior de este partido como por fuera de él hubo quienes siguieron pensando en antiguo.</p>
<p><strong> Explicaciones insubstanciales</strong></p>
<p>Ahora, con honestidad y rigor intelectual, para aquellos que explican lo inexplicable, en el 2000 ningún acontecimiento mundial ocurrió capaz de modificar el rumbo iniciado en el 89. De modo que es absurdo justificar el peronismo del 2000 por un nuevo clima mundial. A lo sumo podría decirse que frente a la crisis del 2008 el capitalismo triunfante del 89 apeló al intervencionismo para recrearse y no para destruirse, como aspira la progresía mundial. De todos modos <strong>el peronismo kirchnerista en el poder ya profesaba su ideología intervencionista y estatista,</strong> previa a los acontecimientos del 2008. Lo cual habla del valor de la ideología para este grupúsculo encaramado en el gobierno nacional.</p>
<p><strong>La crisis de los partidos políticos</strong></p>
<p><strong> Sociólogos, politólogos, periodistas y <em>tutti cuanti</em> señalan al 2001 como la fecha de crisis de los partidos en la Argentina</strong> y su virtual desaparición. Por mi parte me niego a aceptar esta idea. A mi entender <strong>hay que remontarla diez años antes de estos hechos</strong>. Los partidos son organizaciones sociales donde sus miembros se agrupan sobre la base de principios consensuados y de tradiciones histórico-culturales que los sobrepasan. Estas ideas y estos principios fueron construidos, aprendidos e internalizados en el escenario mundial generado por la <strong>Unión Soviética</strong>, <strong>la crisis del 30’ y la Guerra Fría</strong> y para actuar en ese tiempo. Recorra el lector el ideario de aquel peronismo, de aquel radicalismo, del desarrollismo, del comunismo y aún del liberalismo y podrá observar que estaban adecuados a su época. <strong>La crisis del 89 hizo estallar al interior de estas formaciones la unidad de pensamiento.</strong> Desaparecida esta unidad se frenan las fuerzas centrífugas y comienzan a actuar las centrípetas. Del mismo modo que la crisis mundial del 30 generó una profunda crisis en la vida partidaria argentina, la del 89 actuó más severamente. Algunos se adecuan a las nuevas realidades y otros se quedan pensando en antiguo. Las unidades políticas de este modo se quebraron. En el espacio no peronista se vive algo similar, hay sectores progresistas apegados a viejas ideas y otros más modernos, aggiornados a las nuevas realidades. Veremos con el tiempo cómo discurren las futuras formaciones políticas.</p>
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		<title>El revisionismo histórico se saca chispas</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Nov 2013 11:23:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Claudio Chaves</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Que los cenáculos culturales afines al kirchnerismo son una secta es tan sólo una verdad de Perogrullo. <strong>Galasso</strong> le dice no al <strong>Instituto Dorrego</strong>, porque ve en alguno de sus componentes cierta inclinación nacionalista, rosista-uriburista, y <strong>O’Donell</strong>, despechado, <strong>descalifica luego a Galasso por tener un esquema de análisis marxista</strong>. Estos desencuentros entre kirchneristas son raros, máxime cuando vemos que en la inauguración de<strong>l Congreso del Instituto Dorrego, </strong>tres de los que estaban sentados a la mesa son marxistas. Y no lo digo con <strong>espíritu macarthista</strong>, sino sencillamente porque no se entienden estas descalificaciones mutuas entre bueyes sin cornamentas. Si así son entre ellos, ¡cómo serán con los de afuera!  Extremadamente ásperos y descalificatorios<strong>. De cada idea hacen un asunto de vida o muerte. Patriota o cipayo. Bueno o malo. Negro o blanco.</strong></p>
<p><strong>El origen de las discordias</strong></p>
<p>Con la irrupción, al finalizar la primera guerra mundial, de la <strong>revolución soviética</strong> y de los distintos nacionalismos en boga en <strong>Europa</strong>, se extendió la creencia, pronto asumida masivamente, de que las instituciones liberales ya nada tenían para ofrecer. A derecha e izquierda creció la idea de revolución como única posibilidad de cambio. La llegada a nuestras playas de la nueva atmósfera mundial ganó adeptos y <strong>la crisis del 30</strong> cerró un ciclo. Sin embargo la idea de <strong>dependencia o imperialismo,</strong> que hoy reactualiza el kirchnerismo cultural a través del Instituto Dorrego, no fue originaria de nuestro país. Habían contribuido a su desarrollo, por un lado el pensamiento de <strong>Lenin,</strong> quien en su líbelo <strong>“El imperialismo, etapa superior del capitalismo”</strong> actualizó el marxismo de cara al siglo XX. Y por el otro, el auge de los nacionalismos alemán, italiano y japonés que profesaban el mismo discurso contra <strong>Gran Bretaña</strong> y los <strong>EEUU</strong>, en su condición de naciones liberales. <strong>Samir Amin, Franz Fanon, Edward Said, Noam Chomsky</strong> y <strong>Paulo Freire</strong>, entre otros, abrazaron la doctrina del imperialismo y la dependencia cultural. En nuestro país, <strong>Raúl Scalabrini Ortiz</strong> en el prólogo a su libro <strong><em>Historia de los ferrocarriles argentinos</em></strong>, copió textualmente y sin citar párrafos del libro de Lenin.</p>
<p><span id="more-125"></span>En definitiva, una síntesis de nacionalismo y marxismo hizo furor en el mundo y particularmente en <strong>Iberoamérica</strong>, mientras el internacionalismo de fines del siglo XIX se hundía profundamente desacreditado. A partir del 30 emergió, entonces, un mundo compartimentado, hermético, con naciones que se tabicaron bajo un fuerte proteccionismo económico y un relato ideológico que cerraba por “arriba” la realidad subyacente. El nacionalismo y el socialismo en un sólo país fueron el cuerpo doctrinario de aquella realidad. En paralelo el liberalismo sucumbía de la mano de <strong>Keynes</strong> en <strong>Inglaterra</strong> y de <strong>Prebisch</strong> y <strong>Pinedo</strong> en la <strong>Argentina</strong>.</p>
<p><strong>El revisionismo histórico y el peronismo</strong></p>
<p>La visión histórico-política de los nacionalistas se agrupó en torno al <strong>Instituto Juan Manuel de Rosas</strong>. Con el afán de desandar la historiografía liberal, a la que denominaron &#8220;<strong>Historia Oficial</strong>&#8220;, buscaron en el pasado sus raíces para no aparecer como una doctrina importada. ¡Como efectivamente lo era! <strong> Y de tanto revisar la historia construyeron un linaje, un tanto caprichoso.</strong> Pero como sea, lo realizaron. Pasado y presente fueron enlazados en una hermenéutica armónica, con un subido sesgo mecánico. <strong>Lo cierto fue que el peronismo mientras gobernó fue refractario al revisionismo</strong>. Perón se hallaba más cerca del liberalismo que de cualquier otro sistema de ideas. Fue su caída, por la irracionalidad de la revolución del &#8217;55, lo que llevó al peronismo, en la clandestinidad, a encontrar en el revisionismo sus colores y sonidos. Y una nueva camada de intelectuales se sumó a la anterior para direccionar a un peronismo inerte.<strong> Jauretche, Murray, José María Rosa, Abelardo Ramos, Hernández Arregui,</strong> fueron algunos de los intelectuales que contribuyeron a esa mutación. La rebelde clase media en su sector juvenil universitario y no universitario devoró, insaciable, a dichos pensadores.</p>
<p>El eje fundamental de aquellos escritos se afirmaba en la necesidad de construir una identidad cultural argentina, que el liberalismo decimonónico había destruido. ¿El objetivo? Ser un país autónomo e independiente. Afirmándose en su mercado interno y en “vivir con lo nuestro”, según lo indicaba la dirección de la política mundial. <strong> Finalmente, el pensamiento “nacional”, como se autotituló, ganó la batalla cultural contra el liberalismo “extranjerizante”</strong>. Al menos así lo creo, cuando observo que la élite política argentina, en su totalidad, aceptó, sin chistar, todas y cada una de las nacionalizaciones y estatizaciones celebradas por el actual gobierno. El <strong>Instituto</strong> <strong>Dorrego</strong> más que bochinchear contra la &#8220;Historia Oficial&#8221;, de sesgo liberal, debiera sacarse la careta y asumir que la historia oficial son ellos, pues es la vertiente que ha triunfado, luego de ochenta años de prédica. Sin embargo dejo una pregunta: si la lucha contra el imperialismo guardaba relación con la atmósfera cultural de aquellos años, ¿qué tiene que ver este pensamiento con la actualidad? Cuando <strong>China, India, Vietnam y Brasil,</strong> entre otros, se abren al mundo, ¿se integran sin complejos de aculturación o pérdida de la identidad? <strong>Nuevos vientos soplan en el mundo y el kirchnerismo se refugia en el pasado.</strong></p>
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		<title>El muro de Berlín</title>
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		<pubDate>Sat, 09 Nov 2013 10:35:51 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El 9 de noviembre se conmemoran veinticuatro años de <strong>la caída del Muro de Berlín</strong>, acaecida en 1989. La fecha reviste una importancia fundamental pues ha sido, junto a la <strong>Revolución Soviética</strong> de 1917 el acontecimiento más importante del siglo XX.</p>
<p>Casualmente la caída del muro cierra el período abierto por el triunfo del <strong>comunismo</strong> y clausura, al decir de <strong>Hobsbawm</strong>, el célebre historiador marxista británico, el siglo XX, que el autor de marras denomina el siglo corto.</p>
<p>Con el posterior desmembramiento de la <strong>URSS</strong>, el comunismo se hundió, al parecer, definitivamente y con él todo su sistema de valores, tanto como su horizonte cultural y las concesiones que el capitalismo había ofrendado en aras de no caer a manos del <strong>totalitarismo marxista</strong>: el intervencionismo de Estado y la planificación central de la economía, entre otros arrebatos.</p>
<p><span id="more-120"></span>Si bien algunos países continúan, al menos en su discurso, aferrándose a las palabras, que como <strong>China, Vietnam</strong> o <strong>Cuba</strong>, siguen utilizando la verbigracia comunista, lo cierto es que no han podido mantenerse independientes ni neutrales frente a la imponente revolución capitalista de fines del siglo XX. Aceptando, especialmente las dos primeras, cuantiosas<strong> inversiones extranjeras</strong>, recreando al interior de sus mercados el modelo capitalista en el marco de autoridades que se declaran comunistas.</p>
<p>Mientras el comunismo se hundía, y con él la brutal ideología que le dio sentido, quedaron flotando en el océano tempestuoso de la catástrofe<strong> una multitud de náufragos</strong>, contumaces, dispuestos a negar su condición de Crusoes. <strong>Como pudieron se acercaron a las orillas de los triunfadores para clavar sus picas y reiniciar la marcha bajo el novedoso nombre de progresistas.</strong></p>
<p><strong>El progresismo</strong></p>
<p>El concepto de <strong>progresista</strong> estuvo asociado, en sus orígenes, a la <strong>Revolución Francesa</strong>. Esto es, a los principios y valores que abatieron al <strong>absolutismo</strong> y abrieron el camino al capitalismo. El progresista del siglo XIX era portador de futuro y de formas organizacionales más cercanas a la democracia y al bienestar general.</p>
<p>Luego en siglo XX el concepto de progreso y de futuro cayó de las manos del <strong>liberalismo</strong>, hundido en el marasmo de las guerras y fue expropiado por el comunismo que se arrogó la dirección de la historia y ser guías de la senda que conducía al paraíso en la tierra: el <strong>socialismo</strong>. No pudo ser. Mientras el comunismo fue una posibilidad, la palabra progresismo fue evitada por los marxistas pues sonaba <em>ligth</em> o ligera. En la ortodoxia ideológica no cabían los eufemismos. Aunque, repito, el futuro eran ellos. Al menos así lo creían.</p>
<p>Hundido el comunismo se acabó el futuro, al menos para este sector ideológico. El concepto debía mudar de bando. Más cercano al territorio de los vencedores. Para que esto no fuera así los náufragos se apoderaron rápidamente de la palabra. Pues lo que importa ya no son los hechos o la realidad sino el significado de los vocablos, como primer paso para la reversión. Mojados y entumecidos, desde la playa alzaron el estandarte del progresismo. Este progresismo emerge como un fenómeno raro, pues <strong>es evidente que para estos progres el futuro se halla atrás, en el pasado, en los años dorados de su esplendor. El progresismo es retro.</strong></p>
<p><strong>Mientras tanto en Iberoamérica</strong></p>
<p><strong>Para los náufragos del subcontinente americano “aquí no ha pasado nada”. La caída del Muro de Berlín no ha tenido ningún significado digno de ser considerado.</strong> Inmediatamente de ocurrido se organizó el <strong>Foro de San Pablo</strong> para volver a la carga. Pero ya nada era igual. El capitalismo triunfante, la revolución tecnológica, el retroceso del sujeto histórico del socialismo, esto es la clase obrera, los dejaba con la brocha y faltos de escalera. Su máxima producción política e intelectual ha sido el <strong>populismo</strong> y el socialismo del siglo XXI, una paparruchada que comienza a hundirse haciendo agua por el lugar que se lo mire. Esperanzados en la crisis del 2008, como glorioso preámbulo de la caída final del capitalismo, hoy desesperan. Una vez más algo falló. De a poco y en silencio volverán a los barcos y a los maderos que aún flotan en las procelosas aguas de la mar…</p>
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