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	<title>Claudio Chaves &#187; Instituto Dorrego</title>
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		<title>Final del Instituto Dorrego</title>
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		<pubDate>Sat, 02 Jan 2016 10:29:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Claudio Chaves</dc:creator>
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		<description><![CDATA[¡Y no podía ser de otra manera! En una feliz decisión, el ministro de Cultura de la Nación, Pablo Avelluto, decidió cerrar ese engendro ideológico denominado Instituto Dorrego con el contundente argumento de que no corresponde al Estado tomar partido por una corriente historiográfica. ¡Felicitaciones! ¡Bien hecho! Creado en noviembre de 2011 por un grupo... <a href="http://opinion.infobae.com/claudio-chaves/2016/01/02/final-del-instituto-dorrego/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>¡Y no podía ser de otra manera! En una feliz decisión, el ministro de Cultura de la Nación, Pablo Avelluto, decidió cerrar ese engendro ideológico denominado Instituto Dorrego <strong>con el contundente argumento de que no corresponde al Estado tomar partido por una corriente historiográfica</strong>. ¡Felicitaciones! ¡Bien hecho!</p>
<p>Creado en noviembre de 2011 por un grupo de hombres interesados por el pasado, que procuró extender en el tiempo una visión historiográfica anacrónica nacida en nuestro país al calor de la expansión nacionalista en el mundo.</p>
<p>En los años ’30 del siglo pasado, el nacionalismo autoritario causaba furor en Europa. Su atractivo ideológico, más el valor atribuido a la fuerza y la voluntad, sedujo a jóvenes inquietos que responsabilizaban al liberalismo del siglo XIX de todos los males sociales y de la feroz matanza de la Primera Guerra Mundial. <strong>Un sector de la juventud argentina, fundamentalmente de clase media y alta, cayó bajo ese embrujo europeísta, rindiéndose al nacionalismo autoritario que hizo su ingreso triunfal en la política argentina con Uriburu en el golpe militar de 1930.<span id="more-426"></span></strong></p>
<p>Valores como el intervencionismo de Estado, el industrialismo forzoso, la planificación económica, la sustitución de importaciones, la discriminación étnica, la xenofobia, la lucha contra el imperialismo y el rechazo al capitalismo de libre mercado se impusieron como verdades incontrastables. Mercados herméticos y protegidos fueron los colores y sonidos de aquellos años. El correlato ideológico de esa realidad material fue el nacionalismo. El novedoso relato tuvo una extensa vigencia a lo largo el siglo XX.</p>
<p>En nuestro país el Revisionismo Histórico fue la creación historiográfica del nacionalismo. Se propusieron releer la historia argentina a la luz de los valores de moda en el mundo: <strong>la fuerza, la voluntad y el accionar de caudillos infalibles que por encima de las instituciones conducían a sus pueblos al ejercicio de democracias de masas o autoritarismos plebeyos</strong>.</p>
<p>Defensores de las novedosas formas políticas buscaron enraizarse en nuestra cultura y demostrar que el nacionalismo más que un cuerpo doctrinario del siglo XX y europeo era un valor eterno de nuestro acervo cultural. Bucearon en el pasado para hallar vasos comunicantes y un hilo conductor que los emparentara con los ancestros. Como fórmula alcanzó ciertos logros aunque como todo cuerpo dogmático tuvo rigideces que desmerecieron la obra.</p>
<p>De aquellos años hasta ahora el mundo ha dado un giro copernicano. El proceso de globalización y mundialización de la economía ha hecho estallar por los aires los cuerpos de doctrina que marchan a contrapelo de las necesidades materiales actuales como es la liberalización de los mercados, la libre circulación y la industria globalizada. No veo cómo el nacionalismo ideológico pueda tener hoy respuestas para el pasado, el presente o el futuro. Sin embargo, los fundadores del Instituto Dorrego no se han dado por enterados. <strong>Repiten lo aprendido una vez y lo aplican hasta el fin de los tiempos. El nacionalismo fue la ideología de un mundo compartimentado y en guerra constante.</strong> La voluntad, la fuerza y la idea de revolución su leitmotiv. El Revisionismo apoyado en esos valores distorsionó el pasado para justificar su presente. Lo que podía ser entendible para aquellos años fundacionales es hoy un disparate anacrónico colosal. El Dorrego fue la farsa de un pasado con cierta gloria.</p>
<p>Por otro lado al bautizar como Dorrego a esa institución lo hicieron adrede para cavar más profundas las trincheras que en el presente el kirchnerismo realizaba. <strong>Fundando en la historia y hallando en ella la justificación de la grieta</strong>. Jamás comprendieron que la política es la herramienta para solucionar los conflictos que se suscitan en toda sociedad y no la continuidad de la guerra por otros caminos.</p>
<p>Finalmente, con el triunfo de la economía de mercado tras la caída de Unión Soviética y el Muro de Berlín, las democracias ganan espacio y con ella la valoración del republicanismo, las instituciones, la libertad, la justicia y los derechos humanos; en ese sentido el saber histórico demanda una nueva epistemología.</p>
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		<title>La falacia del pensamiento kirchnerista</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Jan 2015 10:29:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Claudio Chaves</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Raul Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, José M. Rosa, Juan J. Hernández Arregui, Rodolfo Puigros, Jorge Abelardo Ramos y John W. Cook han sido los pensadores al que este Gobierno más atención a prestado a la hora de interpretar la historia de nuestro país. Todos ellos han formado parte de la generación intelectual que se educó... <a href="http://opinion.infobae.com/claudio-chaves/2015/01/05/la-falacia-del-pensamiento-kirchnerista/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Raul Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, José M. Rosa, Juan J. Hernández Arregui, Rodolfo Puigros, Jorge Abelardo Ramos y John W. Cook han sido los pensadores al que este Gobierno más atención a prestado a la hora de interpretar la historia de nuestro país. Todos ellos han formado parte de la generación intelectual que se educó en el marco de un mundo quebrado por dos guerras y sumergido en la profunda crisis del 30. Bajo la influencia de las ideologías nacientes del siglo XX, el nacionalismo y el marxismo, abordaron desde esa cosmovisión su presente y el pasado.Como correspondía a su tiempo fueron feroces críticos del liberalismo a quien responsabilizaron de ser un cuerpo doctrinario al servicio de la anti-patria.</p>
<p>Para todos ellos la Argentina del siglo XIX, a excepción del período que gobernó Rosas, se había transformado, liberalismo mediante, en un país dependiente del capitalismo británico, por lo tanto una especie de semi-colonia con veleidades europeístas de gran nación de la cual debíamos avergonzarnos. Seguían las ideas de Lenin, que en su libro “El Imperialismo, fase superior del capitalismo” afirmaba que esa dependencia era la razón de la pobreza de unos y la riqueza de otros. En consecuencia, la lucha frontal contra el imperialismo auguraba un futuro de grandeza y desarrollo industrial autónomo como también, para los de inspiración marxista, el advenimiento del socialismo, pues al reintroducir la crisis en los países centrales, al verse privados de sus regiones de influencia, verían disminuidas sus enormes ganancias viéndose obligados a ajustar el cinturón de su clase obrera. De ahí al conflicto de clase y al socialismo un solo paso. <strong>Esta cosmovisión afincada en el peronismo tradicional y la izquierda pro-peronista es la que ha profesado el kirchnerismo, al menos hasta estos días.</strong></p>
<p>El 2010 fue el punto más alto y agudo del ideologismo historiográfico kirchnerista, expresado en esta instancia por divulgadores que nada nuevo aportaron a la ciencia histórica, como Pacho O’Donnel, Felipe Pigna o Hugo Chumbita, por citar algunos, que replicaban una visión historiográfica gastada y perimida. La creación del Instituto Dorrego fue un claro ejemplo de lo enunciado. Más de lo mismo. En ese año, el Gobierno, desde la Presidente hacia abajo, repitió el viejo esquema de &#8220;liberación o dependencia&#8221;, claro que con otras palabras. Al discutir con el pasado, costumbre habitual del kirchnerismo, la argentina del Centenario se les antojaba injusta, extranjerizante y pro europea. Carta Abierta decía en esa oportunidad: “Un modelo de país agroexportador incapaz de proyectarse con autonomía del Imperio Británico”. Recorrer los discursos y declaraciones de los cuadros políticos e intelectuales del kirchnerismo es hallar ideas similares.</p>
<p><strong><em>Ahora China</em></strong><br />
La Argentina de 1862 a 1930 creció exponencialmente vinculando su economía al mercado mundial algo que al revisionismo kirchnerista le parece deplorable. La crisis del 30 rompió el hechizo y debimos encerrarnos en nuestro mercado interno, sustituyendo importaciones, alejándonos lentamente del mercado mundial dejando de ser el mundo el engranaje central de nuestra economía. A esta realidad no buscada había que encontrarle un relato, esto es, un cuerpo de doctrina que diera sentido a la novedad y esta arquitectura cultural fue el nacionalismo con colores y sonidos marxitoides. En ese tiempo de desconexión los pensadores citados construyeron la idea que la autarquía era el camino a la grandeza. Algo salió mal. La industria no trepó a los niveles competitivos internacionales y la “oligarquía ganadera” continuó siendo el sector competitivo por excelencia. Lo cierto que el ciclo sustitutivo ha culminado como lo pone en evidencia nuestra industria automotriz, la de Tierra del Fuego y cientos de pymes que dependen de insumos de un mundo interconectado.</p>
<p>De pronto aparece China y se dispone a ocupar el rol que ciento cincuenta años antes cumplió Inglaterra y ¿qué hace el kirchnerismo? ¡Lo que hay que hacer! Acuerdos con ellos. Pero claro, ¿cómo los realiza? De manera vergonzante, ocultando, escondiendo, con tapujos. ¡Rehacer un discurso aprendido de memoria no se hace de un día para el otro!  <strong>Resultado: para la mediocridad intelectual del kirchnerismo el imperialismo solo es norteamericano, los chinos son humanistas, solidarios, portadores de una cultura amigable con los valores humanos. En fin… comunistas.</strong></p>
<p>Scalabrini Ortiz, ídolo del kirchnerismo, denunciaba la entrega de tierras al capitalismo británico para la construcción del ferrocarril Rosario- Córdoba, tanto como la importación de insumos con preferencia aduanera y otras preciosuras. Esta mirada contribuyó en la política a aquella famosa consigna&#8221;Patria sí, Colonia no&#8221;, que la Cámpora enarbola con un vigor rayano en el paroxismo. ¿Luego de los acuerdos con China, que ni la maldita oligarquía se animó con Gran Bretaña, seguirán los sones patrióticos. No hay nada más peligroso que los conversos puestos a gobernar.</p>
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		<title>El revisionismo histórico se saca chispas</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Nov 2013 11:23:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Claudio Chaves</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Que los cenáculos culturales afines al kirchnerismo son una secta es tan sólo una verdad de Perogrullo. <strong>Galasso</strong> le dice no al <strong>Instituto Dorrego</strong>, porque ve en alguno de sus componentes cierta inclinación nacionalista, rosista-uriburista, y <strong>O’Donell</strong>, despechado, <strong>descalifica luego a Galasso por tener un esquema de análisis marxista</strong>. Estos desencuentros entre kirchneristas son raros, máxime cuando vemos que en la inauguración de<strong>l Congreso del Instituto Dorrego, </strong>tres de los que estaban sentados a la mesa son marxistas. Y no lo digo con <strong>espíritu macarthista</strong>, sino sencillamente porque no se entienden estas descalificaciones mutuas entre bueyes sin cornamentas. Si así son entre ellos, ¡cómo serán con los de afuera!  Extremadamente ásperos y descalificatorios<strong>. De cada idea hacen un asunto de vida o muerte. Patriota o cipayo. Bueno o malo. Negro o blanco.</strong></p>
<p><strong>El origen de las discordias</strong></p>
<p>Con la irrupción, al finalizar la primera guerra mundial, de la <strong>revolución soviética</strong> y de los distintos nacionalismos en boga en <strong>Europa</strong>, se extendió la creencia, pronto asumida masivamente, de que las instituciones liberales ya nada tenían para ofrecer. A derecha e izquierda creció la idea de revolución como única posibilidad de cambio. La llegada a nuestras playas de la nueva atmósfera mundial ganó adeptos y <strong>la crisis del 30</strong> cerró un ciclo. Sin embargo la idea de <strong>dependencia o imperialismo,</strong> que hoy reactualiza el kirchnerismo cultural a través del Instituto Dorrego, no fue originaria de nuestro país. Habían contribuido a su desarrollo, por un lado el pensamiento de <strong>Lenin,</strong> quien en su líbelo <strong>“El imperialismo, etapa superior del capitalismo”</strong> actualizó el marxismo de cara al siglo XX. Y por el otro, el auge de los nacionalismos alemán, italiano y japonés que profesaban el mismo discurso contra <strong>Gran Bretaña</strong> y los <strong>EEUU</strong>, en su condición de naciones liberales. <strong>Samir Amin, Franz Fanon, Edward Said, Noam Chomsky</strong> y <strong>Paulo Freire</strong>, entre otros, abrazaron la doctrina del imperialismo y la dependencia cultural. En nuestro país, <strong>Raúl Scalabrini Ortiz</strong> en el prólogo a su libro <strong><em>Historia de los ferrocarriles argentinos</em></strong>, copió textualmente y sin citar párrafos del libro de Lenin.</p>
<p><span id="more-125"></span>En definitiva, una síntesis de nacionalismo y marxismo hizo furor en el mundo y particularmente en <strong>Iberoamérica</strong>, mientras el internacionalismo de fines del siglo XIX se hundía profundamente desacreditado. A partir del 30 emergió, entonces, un mundo compartimentado, hermético, con naciones que se tabicaron bajo un fuerte proteccionismo económico y un relato ideológico que cerraba por “arriba” la realidad subyacente. El nacionalismo y el socialismo en un sólo país fueron el cuerpo doctrinario de aquella realidad. En paralelo el liberalismo sucumbía de la mano de <strong>Keynes</strong> en <strong>Inglaterra</strong> y de <strong>Prebisch</strong> y <strong>Pinedo</strong> en la <strong>Argentina</strong>.</p>
<p><strong>El revisionismo histórico y el peronismo</strong></p>
<p>La visión histórico-política de los nacionalistas se agrupó en torno al <strong>Instituto Juan Manuel de Rosas</strong>. Con el afán de desandar la historiografía liberal, a la que denominaron &#8220;<strong>Historia Oficial</strong>&#8220;, buscaron en el pasado sus raíces para no aparecer como una doctrina importada. ¡Como efectivamente lo era! <strong> Y de tanto revisar la historia construyeron un linaje, un tanto caprichoso.</strong> Pero como sea, lo realizaron. Pasado y presente fueron enlazados en una hermenéutica armónica, con un subido sesgo mecánico. <strong>Lo cierto fue que el peronismo mientras gobernó fue refractario al revisionismo</strong>. Perón se hallaba más cerca del liberalismo que de cualquier otro sistema de ideas. Fue su caída, por la irracionalidad de la revolución del &#8217;55, lo que llevó al peronismo, en la clandestinidad, a encontrar en el revisionismo sus colores y sonidos. Y una nueva camada de intelectuales se sumó a la anterior para direccionar a un peronismo inerte.<strong> Jauretche, Murray, José María Rosa, Abelardo Ramos, Hernández Arregui,</strong> fueron algunos de los intelectuales que contribuyeron a esa mutación. La rebelde clase media en su sector juvenil universitario y no universitario devoró, insaciable, a dichos pensadores.</p>
<p>El eje fundamental de aquellos escritos se afirmaba en la necesidad de construir una identidad cultural argentina, que el liberalismo decimonónico había destruido. ¿El objetivo? Ser un país autónomo e independiente. Afirmándose en su mercado interno y en “vivir con lo nuestro”, según lo indicaba la dirección de la política mundial. <strong> Finalmente, el pensamiento “nacional”, como se autotituló, ganó la batalla cultural contra el liberalismo “extranjerizante”</strong>. Al menos así lo creo, cuando observo que la élite política argentina, en su totalidad, aceptó, sin chistar, todas y cada una de las nacionalizaciones y estatizaciones celebradas por el actual gobierno. El <strong>Instituto</strong> <strong>Dorrego</strong> más que bochinchear contra la &#8220;Historia Oficial&#8221;, de sesgo liberal, debiera sacarse la careta y asumir que la historia oficial son ellos, pues es la vertiente que ha triunfado, luego de ochenta años de prédica. Sin embargo dejo una pregunta: si la lucha contra el imperialismo guardaba relación con la atmósfera cultural de aquellos años, ¿qué tiene que ver este pensamiento con la actualidad? Cuando <strong>China, India, Vietnam y Brasil,</strong> entre otros, se abren al mundo, ¿se integran sin complejos de aculturación o pérdida de la identidad? <strong>Nuevos vientos soplan en el mundo y el kirchnerismo se refugia en el pasado.</strong></p>
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