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	<title>Claudio Chaves &#187; Europa</title>
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		<title>Revisionismo y peronismo</title>
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		<pubDate>Sun, 19 Jan 2014 09:51:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Claudio Chaves</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La primera guerra mundial, la revolución bolchevique y la crisis del 30 trastornaron al mundo de tal forma que nada de lo que quedó en pie podía recordarnos ya al siglo XIX. De esta manera, violenta y abrupta se inició <strong>uno de los peores siglos de la historia de la humanidad: el siglo XX.</strong> Un tiempo de lucha salvaje e inhumana en el cual los hombres se destruyeron sin piedad por razones ideológicas, cuasi religiosas. El <strong>liberalismo</strong>, herencia de la <strong>revolución francesa y norteamericana</strong>, se retiró de la escena mundial abatido por la irrupción de dos grandes sistemas, que al parecer sustituían la sed de absoluto del hombre moderno, carente ya de referencia sobrehumana. De este modo el <strong>marxismo</strong> y el <strong>nacionalismo</strong> venían a llenar un vacío que la metafísica estudiaba desde los tiempos de <strong>Aristóteles</strong>.</p>
<p>Tanto uno como otro de estos cuerpos doctrinarios desvalorizaron las instituciones hijas del demo-liberalismo. <strong>La división de poderes, la república, la democracia y la participación popular institucionalizada fueron barridos de la vida política</strong>. A derecha e izquierda no se creía más en estos valores. Un célebre escritor francés de inclinación progresista, <strong>Anatole France</strong>, afirmaba: “los pueblos gobernados por sus hombres de acción y sus jefes militares derrotan a los pueblos gobernados por sus abogados y profesores. La democracia es el mal, la democracia es la muerte. Hay un solo modo de mejorar la democracia, destruirla”.</p>
<p><strong><span id="more-160"></span>Mientras tanto en la Argentina</strong></p>
<p><strong> Marxismo y nacionalismo hicieron su irrupción en la Argentina</strong>, como correspondía a un país vinculado culturalmente a <strong>Europa</strong>. Dejo, por esta vez, al marxismo de lado, y abordaré el caso del nacionalismo<strong>,</strong> que fue la vertiente cultural que dio origen al <strong>revisionismo</strong>. Como los europeos, no creían en la democracia. Aspiraban a regímenes de fuerza o a caudillos que por fuera de las instituciones condujeran a las masas hacia el poder.<strong> Carlos Ibarguren</strong> hablaba de dictaduras trascendentales y <strong>Uriburu</strong> al echar abajo al gobierno de <strong>Yrigoyen</strong>, procuró realizarla. Otro hombre del nacionalismo, en este caso católico, expresaba de manera luminosa el clima de época: “El voto secreto es el voto cantado a <em>bocca Chiesa.</em> Pero la contención tiene un límite, tras el cual estalla el griterío de las revoluciones. Porque el pueblo no quiere que se lo encierre en el meadero del cuarto oscuro; quiere cantar su voto por las calles y los caminos. Quiere gritar ¡Viva! y ¡Muera! Porque eso es tener conciencia de Patria, inexplicada conciencia de Patria, que es lo que en definitiva vale” <strong>(Ignacio Anzoátegui</strong>).</p>
<p>Estos hombres y muchos otros dieron origen a la corriente histórico-política del revisionismo en una época en que la fuerza y los líderes mesiánicos se imponían como un valor. Conocedores que su cuerpo doctrinario era extranjero, nacido en Europa, procuraron <em>argentinizarse</em> buceando en la historia nacional en busca de personajes que le dieran encarnadura con la Patria. Y así aparecieron <strong>Rosas</strong> y algunos caudillos. Pero fundamentalmente Rosas, que con su<strong> prédica anticonstitucional</strong> y estética de dictador plebeyo encajaba en los duros dogmas del nacionalismo importado. <strong>Ahora bien, ¿qué tuvo que ver Perón con estos disparates? Nada&#8230; al menos hasta su caída en 1955.</strong></p>
<p><strong>La aparición de Perón</strong></p>
<p>Perón irrumpe en la vida pública en la revolución del 30, en el sector liberal del Ejército, conducido por el <strong>general Justo</strong>. Creció profesional y políticamente a la sombra de esta corriente, incluso vinculándose a hombres célebres del liberalismo argentino como <strong>Ricardo Levene, José M. Sarobe y Ramón Cárcano</strong>, entre otros. Marchó a Europa por sus vínculos con el liberalismo militar y sólo ingresó al <strong>GOU</strong>, que por otro lado no tenía ninguna orientación ideológica precisa, en febrero del 43, un mes después de la muerte de Justo, su referente dentro de las <strong>Fuerzas Armadas</strong>. En el golpe de ese mismo año ingresa de lleno al gobierno militar para incluir la cuestión social en el modelo económico iniciado por los liberales en el 30. ¿Es que acaso la cuestión social no entra en el imaginario liberal?</p>
<p>Durante sus dos presidencias jamás reveló simpatías por el nacionalismo-revisionista, a los que descalificaba por pianta votos de <strong>Felipe II.</strong> Nacionalizó los trenes y le dio nombres de emblemáticos jefes políticos liberales. Su confidente y primer historiador, <strong>Pavón Pereyra</strong>, afirmaba que le cautivaba la idea de ser el <strong>Mitre</strong> del presente siglo. <strong>Eva Perón</strong> se negó a plantear el tema de Rosas en el peronismo pues ese tema dividiría al partido. Todo dicho. De modo que <strong>el revisionismo fue una visión histórica extraña al pensamiento de Perón.</strong> Si bien se mira, en septiembre del 45 una imponente movilización sacó a Perón del poder. El 17 de octubre que podía haberlo restituido hizo que el coronel buscara la institucionalidad republicana y democrática para alcanzar la presidencia. Ganó las elecciones el 24 de febrero. Asumió el 4 de junio del 46. Tres fechas en las cuales el peronismo se movió en confusa ambigüedad. El golpe, la movilización y las elecciones.</p>
<p><strong>El revisionismo hoy</strong></p>
<p>Ya nada puede dar, fue hijo de su época. Se apoderó culturalmente del peronismo cuando los “liberales” lo echaron en el 55 dándole sonidos y colores antidemocráticos. ¿Podía ser de otra manera? Aquel ciclo se ha cerrado. <strong>Impera hoy la necesidad de una nueva visión que debe ser integradora, acorde a los tiempos que vivimos.</strong></p>
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		<title>El revisionismo histórico se saca chispas</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Nov 2013 11:23:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Claudio Chaves</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Que los cenáculos culturales afines al kirchnerismo son una secta es tan sólo una verdad de Perogrullo. <strong>Galasso</strong> le dice no al <strong>Instituto Dorrego</strong>, porque ve en alguno de sus componentes cierta inclinación nacionalista, rosista-uriburista, y <strong>O’Donell</strong>, despechado, <strong>descalifica luego a Galasso por tener un esquema de análisis marxista</strong>. Estos desencuentros entre kirchneristas son raros, máxime cuando vemos que en la inauguración de<strong>l Congreso del Instituto Dorrego, </strong>tres de los que estaban sentados a la mesa son marxistas. Y no lo digo con <strong>espíritu macarthista</strong>, sino sencillamente porque no se entienden estas descalificaciones mutuas entre bueyes sin cornamentas. Si así son entre ellos, ¡cómo serán con los de afuera!  Extremadamente ásperos y descalificatorios<strong>. De cada idea hacen un asunto de vida o muerte. Patriota o cipayo. Bueno o malo. Negro o blanco.</strong></p>
<p><strong>El origen de las discordias</strong></p>
<p>Con la irrupción, al finalizar la primera guerra mundial, de la <strong>revolución soviética</strong> y de los distintos nacionalismos en boga en <strong>Europa</strong>, se extendió la creencia, pronto asumida masivamente, de que las instituciones liberales ya nada tenían para ofrecer. A derecha e izquierda creció la idea de revolución como única posibilidad de cambio. La llegada a nuestras playas de la nueva atmósfera mundial ganó adeptos y <strong>la crisis del 30</strong> cerró un ciclo. Sin embargo la idea de <strong>dependencia o imperialismo,</strong> que hoy reactualiza el kirchnerismo cultural a través del Instituto Dorrego, no fue originaria de nuestro país. Habían contribuido a su desarrollo, por un lado el pensamiento de <strong>Lenin,</strong> quien en su líbelo <strong>“El imperialismo, etapa superior del capitalismo”</strong> actualizó el marxismo de cara al siglo XX. Y por el otro, el auge de los nacionalismos alemán, italiano y japonés que profesaban el mismo discurso contra <strong>Gran Bretaña</strong> y los <strong>EEUU</strong>, en su condición de naciones liberales. <strong>Samir Amin, Franz Fanon, Edward Said, Noam Chomsky</strong> y <strong>Paulo Freire</strong>, entre otros, abrazaron la doctrina del imperialismo y la dependencia cultural. En nuestro país, <strong>Raúl Scalabrini Ortiz</strong> en el prólogo a su libro <strong><em>Historia de los ferrocarriles argentinos</em></strong>, copió textualmente y sin citar párrafos del libro de Lenin.</p>
<p><span id="more-125"></span>En definitiva, una síntesis de nacionalismo y marxismo hizo furor en el mundo y particularmente en <strong>Iberoamérica</strong>, mientras el internacionalismo de fines del siglo XIX se hundía profundamente desacreditado. A partir del 30 emergió, entonces, un mundo compartimentado, hermético, con naciones que se tabicaron bajo un fuerte proteccionismo económico y un relato ideológico que cerraba por “arriba” la realidad subyacente. El nacionalismo y el socialismo en un sólo país fueron el cuerpo doctrinario de aquella realidad. En paralelo el liberalismo sucumbía de la mano de <strong>Keynes</strong> en <strong>Inglaterra</strong> y de <strong>Prebisch</strong> y <strong>Pinedo</strong> en la <strong>Argentina</strong>.</p>
<p><strong>El revisionismo histórico y el peronismo</strong></p>
<p>La visión histórico-política de los nacionalistas se agrupó en torno al <strong>Instituto Juan Manuel de Rosas</strong>. Con el afán de desandar la historiografía liberal, a la que denominaron &#8220;<strong>Historia Oficial</strong>&#8220;, buscaron en el pasado sus raíces para no aparecer como una doctrina importada. ¡Como efectivamente lo era! <strong> Y de tanto revisar la historia construyeron un linaje, un tanto caprichoso.</strong> Pero como sea, lo realizaron. Pasado y presente fueron enlazados en una hermenéutica armónica, con un subido sesgo mecánico. <strong>Lo cierto fue que el peronismo mientras gobernó fue refractario al revisionismo</strong>. Perón se hallaba más cerca del liberalismo que de cualquier otro sistema de ideas. Fue su caída, por la irracionalidad de la revolución del &#8217;55, lo que llevó al peronismo, en la clandestinidad, a encontrar en el revisionismo sus colores y sonidos. Y una nueva camada de intelectuales se sumó a la anterior para direccionar a un peronismo inerte.<strong> Jauretche, Murray, José María Rosa, Abelardo Ramos, Hernández Arregui,</strong> fueron algunos de los intelectuales que contribuyeron a esa mutación. La rebelde clase media en su sector juvenil universitario y no universitario devoró, insaciable, a dichos pensadores.</p>
<p>El eje fundamental de aquellos escritos se afirmaba en la necesidad de construir una identidad cultural argentina, que el liberalismo decimonónico había destruido. ¿El objetivo? Ser un país autónomo e independiente. Afirmándose en su mercado interno y en “vivir con lo nuestro”, según lo indicaba la dirección de la política mundial. <strong> Finalmente, el pensamiento “nacional”, como se autotituló, ganó la batalla cultural contra el liberalismo “extranjerizante”</strong>. Al menos así lo creo, cuando observo que la élite política argentina, en su totalidad, aceptó, sin chistar, todas y cada una de las nacionalizaciones y estatizaciones celebradas por el actual gobierno. El <strong>Instituto</strong> <strong>Dorrego</strong> más que bochinchear contra la &#8220;Historia Oficial&#8221;, de sesgo liberal, debiera sacarse la careta y asumir que la historia oficial son ellos, pues es la vertiente que ha triunfado, luego de ochenta años de prédica. Sin embargo dejo una pregunta: si la lucha contra el imperialismo guardaba relación con la atmósfera cultural de aquellos años, ¿qué tiene que ver este pensamiento con la actualidad? Cuando <strong>China, India, Vietnam y Brasil,</strong> entre otros, se abren al mundo, ¿se integran sin complejos de aculturación o pérdida de la identidad? <strong>Nuevos vientos soplan en el mundo y el kirchnerismo se refugia en el pasado.</strong></p>
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