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	<title>Claudio Chaves &#187; Carlos María de Alvear</title>
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		<title>San Martín y el camino a la independencia</title>
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		<pubDate>Mon, 17 Aug 2015 03:43:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Claudio Chaves</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El nueve de marzo de 1812 desembarcaba en Buenos Aires el Teniente Coronel don José de San Martín. Lo acompañaban jefes militares que habían combatido en España a las fuerzas de ocupación francesas y que luego de cuatro años veían agotadas sus esperanzas. No quedaba espacio en la península para los ideales del Siglo de las Luces. <b>España se sumergía en el caos de una guerra popular dirigida por bandoleros que, como Espoz y Mina o el Empecinado, sembraban la muerte por gusto,</b> por inclinación: <i>“Queremos matar a alguien, (decían) ellos (por los franceses) nos han matado a los nuestros y nosotros no queremos quedar atrás”</i></p>
<p>En ese teatro de venganzas, robos y crímenes, estos jóvenes oficiales americanos, educados en la férrea disciplina militar, partieron rumbo a Inglaterra. Daban por perdida a España. Planificaron, entonces, desde Londres la creación de <b>una nueva patria en América bajo los principios de libertad, orden y Constitución.<span id="more-364"></span></b></p>
<p>Ya en Buenos Aires se le reconoció a San Marrín su jerarquía militar. Nominado para crear una milicia, fundó el cuerpo de Granaderos a Caballo. Activo militante de la Logia Lautaro, organización secreta constituida en Londres, se propuso luchar por la Independencia y la Constitución; en ese sentido participó con Carlos María de Alvear en los sucesos del 8 de octubre de 1812 <b>cuando desalojaron del poder al Primer Triunvirato y con él a Rivadavia. ¿Las razones? Se sospechaba que esos funcionarios maquinaban arreglos con España</b> en vez de lanzarse abiertamente a la independencia. Esta ambigüedad preocupó a la Logia.</p>
<p><b>Molestó, también, la censura a Manuel Belgrano, cuando en las costas del Paraná alzó la Bandera Nacional, y lo obligaron a bajarla</b>. Meses después, Rivadavia insistió en su impostura y ordenó al mismo General, al frente del Ejército del Norte, retroceder hasta Córdoba. ¡Gracias a Dios, el creador de la Bandera desobedeció, venciendo a los españoles en la batalla de Tucumán! Estos tejemanejes hicieron que la Logia desalojara del poder al Primer Triunvirato. Bernardo de Monteagudo, asociado a los logistas y a los hechos, escribió respecto de Pueyrredón y Rivadavia, dos de los triunviros despachados: “Hubo que derribar de un solo golpe a esos dos monstruos políticos que han nacido en medio de nosotros y cuyo veneno se ha derramado en el corazón del pueblo”.</p>
<p>Vino luego el combate de San Lorenzo, donde San Martín logró un importante triunfo que alzó su prestigio en la ciudad de Buenos Aires. Ciudad donde <b>comenzaba a reunirse la Asamblea del Año XIII. La Logia procuraba que dicha reunión declarara la Independencia </b>y sancionara una Constitución. No pudo ser. Los intereses porteños representados por Alvear hicieron que estas ideas fueran postergadas. La relación de San Martín y Alvear se rompió para siempre.</p>
<p>El Libertador comprendió, entonces, que en Buenos Aires estaba de más, y logró su nombramiento al frente del Ejército del Norte. Substituyó allí a Belgrano que había sufrido la doble derrota de Vilcapugio y Ayohuma. Sabía que en el norte y al frente de ese Ejército nada podía hacerse pero el objetivo de alejarse de Buenos Aires estaba logrado. El segundo paso fue alcanzar la jefatura de la provincia de Cuyo. ¡Ese era el plan! Desde allí implementaría su proyecto largamente meditado: un pequeño Ejército bien disciplinado y en condiciones de atravesar los Andes; y una vez en Chile acabar con los godos de ese país. Finalmente por mar atacar al último bastión español, la ciudad de Lima, capital del Virreinato del Perú. ¡Brillante idea! Que logró realizar…</p>
<p>Mientras organizaba su plan impulsó el Congreso de Tucumán.</p>
<p><b>El Congreso de Tucumán</b></p>
<p>San Martín desesperaba por la declaración de la independencia. Entonces en una carta a Godoy Cruz, diputado por Cuyo al Congreso, le explicó que reasumir la soberanía de la Patria era impostergable pues colocaba al Rey de España en el lugar de usurpador, de manera que: <b>“¿Cuándo se juntan y dan principio a sus sesiones? ¿Hasta cuándo esperamos para declarar nuestra independencia?”</b> La audacia de San Martín y Belgrano, junto a los diputados del interior, hizo la proeza del 9 de julio de 1816.</p>
<p>Además de la Independencia, llegó a discutirse la forma de gobierno que debíamos darnos. Con ese objetivo los diputados citaron al general Belgrano para que manifestara su visión sobre el clima contrarrevolucionario que se vivía en Europa a la caída de Napoleón. Belgrano explicó que solo se podía contar con nuestras propias fuerzas. Que las ideas republicanas puestas en valor por la Revolución Francesa habían perdido espacio y eran perseguidas, razón por la que se inclinaba por una Monarquía Inca con capital en Cuzco. <b>Esta idea de Belgrano asumida por San Martín y Güemes fue rechazada de plano por Buenos Aires y tomada para la chacota por Dorrego</b>, un porteño recalcitrante, que afirmaba “Este es un Rey de patas sucias”.</p>
<p>San Martín opinaba de modo distinto. Apoyaba esa monarquía pues no creía factible una República como la norteamericana que es “un país ilustrado, poblado, artista, agricultor y comerciante” que sin embargo tuvo serias dificultades para alcanzar la federación. “¿Qué será de nosotros que carecemos de aquellas ventajas? Si con todas las provincias y sus recursos somos débiles, ¿qué sucederá aislada cada una de ellas?”</p>
<p><b>Monarquía o República nos envolvió en acalorados debates. San Martín lo sabía muy bien</b>. En un intercambio de opiniones con Rivadavia en 1812 el porteño le lanzó una botella a la cara al Libertador porque el General defendía la Monarquía.</p>
<p><b>Hipocresías de don Bernardino ya que dos años después mendigaba un príncipe europeo. ¡Al menos San Martín pugnaba por un Inca!</b></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Acerca de la independencia</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Jul 2015 03:00:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Claudio Chaves</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Decía Juan Bautista Alberdi: “La Revolución de Mayo fue la sustitución de la autoridad metropolitana de España por la de Buenos Aires sobre las provincias argentinas: el coloniaje porteño sustituyendo al coloniaje español”. Y esta verdad de a puño encierra el drama de la historia nacional del siglo XIX. ¿Qué tiene que ver esta tajante... <a href="http://opinion.infobae.com/claudio-chaves/2015/07/13/acerca-de-la-independencia/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Decía Juan Bautista Alberdi: “La Revolución de Mayo fue la sustitución de la autoridad metropolitana de España por la de Buenos Aires sobre las provincias argentinas: el coloniaje porteño sustituyendo al coloniaje español”.</p>
<p>Y esta verdad de a puño encierra el drama de la historia nacional del siglo XIX. ¿Qué tiene que ver esta tajante definición del ilustre tucumano con los debates que se han dado estos últimos días? Como el decreto presidencial conmemorando el bicentenario del Congreso de los Pueblos Libres celebrado a fines de 1815 en Concepción del Uruguay bajo el auspicio del general Artigas, susurrado al oído de la Presidente por Pacho O’Donnell, que es una luz para emprender campañas marketineras que logran instalar en librerías sus trabajos de difusión ligera acerca de nuestro pasado.</p>
<p>Dos son los aspectos a los cuales voy referirme. Primero, el sentido político del congreso convocado por Artigas y segundo, el valor del Congreso de Tucumán y el supuesto miedo de sus congresales. Y todo esto a la luz del pensamiento de Alberdi.<span id="more-345"></span></p>
<p>No hay duda de que la resistencia de Artigas a Buenos Aires debe ser comprendida bajo los argumentos de Alberdi, pero no menos cierto es que debe ser asimilada al rol que el litoral jugó en la organización nacional. Veamos. Caído Carlos María de Alvear por presión de Artigas, llegó al poder nacional (por esos años todavía existía una autoridad general: el director supremo) Ignacio Álvarez Thomas. De inmediato se puso de acuerdo con  las provincias mediterráneas y del Alto Perú y se convocó a un congreso a realizarse en Tucumán. Esto es, lejos de Buenos Aires y también del litoral. Más cerca del escenario de la guerra que se llevaba adelante en el norte de nuestro país. Enterado de esto y con complicidad del porteño Manuel Dorrego, Artigas convoca a su “congresito” que hoy festejan Pacho O’Donnell y el Gobierno nacional. El sentido: madrugar al interior y aislarlo del litoral, dejando en estas manos la eventual organización y declaración de la independencia. Similar a la maniobra que Juan Manuel de Rosas emprendió dieciséis años después, cuando el general Paz desde Córdoba organizó la Liga del Interior con el objeto de organizar constitucionalmente al país y el dictador porteño lo aisló al firmar con el litoral el Pacto Federal, que jamás cumplió, con el que dejó al interior alejado de los ríos y de la aduana. Exactamente lo que no hizo Justo José de Urquiza, luego de Caseros, que al triunfar sobre Buenos Aires decidió con el interior organizar el país mediante el Acuerdo de San Nicolás.</p>
<p>Una vez reunido el congreso, lo primero que se discutió fue quién sería el nuevo director supremo. Los hombres del interior pugnaron por Moldes, diputado por Salta al cual se opuso rabiosamente Buenos Aires, pues “no iba a obedecer a semejante enemigo”. Se acordó, entonces, con Juan Martín de Pueyrredón. Finalmente se analizó el tema de la independencia. En sesión secreta, los diputados citaron al general Manuel Belgrano para que manifestara su visión sobre el clima contrarrevolucionario que se vivía en Europa a la caída de Napoleón y el restablecimiento de Fernando VII en España. Allí, Belgrano explicó que solo se podía contar con nuestras propias fuerzas. Que las ideas republicanas puestas en valor por la Revolución francesa ahora eran perseguidas. Que el Congreso de Viena garantizaría la integridad de las monarquías y la estabilidad de los tronos. Que España estaba mal, lo que haría casi imposible que recuperara sus colonias, aunque de todos modos debíamos reforzar nuestras milicias y acabar con la anarquía y el desorden. No hubo miedo, sí interrogantes que disipó Belgrano.</p>
<p>Para lograr el cometido, proponía una monarquía inca con asiento en Cuzco. Las formas republicanas no tenían ya cabida en el mundo. Esta idea de Belgrano asumida por San Martín y Güemes fue rechazada de plano por Buenos Aires y tomada para la chacota por Dorrego, un porteño recalcitrante, que afirmaba: “Este es un rey de patas sucias”. El Instituto Dorrego debería repensar su nombre.</p>
<p><strong>No pudimos constituirnos con monarquía y tampoco con república. Buenos Aires salía al cruce si la organización venía del interior.</strong></p>
<p>Simón Bolívar afirmaba que la lucha contra España ocasionaría la desunión: “Al desprenderse la América de la monarquía española se ha encontrado semejante al Imperio Romano, cuando aquella enorme masa cayó dispersa en medio del antiguo mundo”. Liberarnos de España significaba acabar con el poder unificante de la metrópoli.</p>
<p>¿Cómo hacer para sobreponernos? Descreía de las repúblicas como de la monarquía, pensaba en gobiernos paternales que curaran las llagas y las heridas. <b>Le preocupaba la unidad, pero esa unidad debía estar organizada por una metrópoli</b>: “La metrópoli sería México, que es la única que puede serlo, por su poder intrínseco, sin el cual no hay metrópoli”. Sin embargo, no lo creía factible. Pensó, entonces, en el istmo de Panamá y la reunión de un congreso. Tampoco. Bolívar no encontraba un centro. Un punto centrípeto.</p>
<p>Belgrano, San Martín y Güemes lo procuraron en el Cuzco y con la raza “color de chocolate”, como despreciativamente afirmaban los porteños. No pudo ser.</p>
<p>¿El congresito de Artigas o el Congreso de Tucumán? Una república para pocos o un imperio sudamericano. He ahí la cuestión.</p>
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