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	<title>Christian Joanidis &#187; xenofobia</title>
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		<title>La xenofobia como &#8220;solución&#8221; al problema del delito</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Aug 2014 10:35:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Joanidis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[delito]]></category>
		<category><![CDATA[Ministerio de Seguridad]]></category>
		<category><![CDATA[Sergio Berni]]></category>
		<category><![CDATA[xenofobia]]></category>

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		<description><![CDATA[Recientemente Sergio Berni hizo referencia a la necesidad de herramientas para poder expulsar a los extranjeros que delinquen. La Ministra de Seguridad no sólo hizo un pedido en la misma línea, sino que además presentó estadísticas en las que muestra que hubo un crecimiento en la participación de extranjeros en hechos delictivos. Es llamativo que... <a href="http://opinion.infobae.com/christian-joanidis/2014/08/26/la-xenofobia-como-solucion-al-problema-del-delito/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Recientemente <strong>Sergio Berni hizo referencia a la necesidad de herramientas para poder expulsar a los extranjeros que delinquen</strong>. La Ministra de Seguridad no sólo hizo un pedido en la misma línea, sino que además <strong>presentó estadísticas</strong> en las que muestra que hubo un crecimiento en la participación de extranjeros en hechos delictivos.</p>
<p><strong>Es llamativo que después de tanto tiempo de ausencia de estadísticas sobre delito en la Argentina, la primera conclusión que se obtiene de estos novedosos índices es que los extranjeros son una pieza fundamental de las redes del delito en la Argentina</strong>. Es también llamativo que gente vinculada a la seguridad y que se supone son profesionales de la seguridad, hagan hincapié en estas herramientas para expulsar extranjeros cuando hay tantas otras cosas, más urgentes y necesarias, que resolver.</p>
<p>Si fuéramos un país lo suficientemente avanzado en materia de combate al delito, me parece que el pedido de la cartera de seguridad es algo plausible. Porque no se puede permitir que los delincuentes vengan de todas partes del mundo para cometer ilícitos en nuestro país. Sin embargo, dada la situación de emergencia en la que se encuentra la Argentina, estas herramientas que reclaman con tanta vehemencia se tornan absurdas.</p>
<p><span id="more-144"></span></p>
<p>Lamentablemente no me queda más que pensar que quienes ocupan puestos relevantes en el Ministerio de Seguridad, <strong>ante su propia ineptitud, prefieren elegir un chivo expiatorio</strong> y es por eso que deciden al unísono reclamar por estas medidas. A nadie que entienda las raíces del delito y que conozca la forma en que deben combatirse sus síntomas, se le ocurriría sugerir que el problema de la delincuencia se combate deportando a los extranjeros que delinquen.</p>
<p>Incluso si hablamos de combatir los síntomas del delito, <strong>vienen a mi mente varias docenas de medidas que serían, no sólo más efectivas, sino además de más fácil aplicación</strong>, que estas normas de deportación. En este sentido, asegurarse que los sistemas preventivos funcionen adecuadamente es la principal prioridad. Para eso hay que asignar los recursos que corresponden a las fuerzas de seguridad: recursos humanos y económicos. En segundo lugar hay que hacer que el sistema punitivo funcione apropiadamente: una vez que las fuerzas de seguridad actúan, tanto fiscales como jueces deben velar por que se cumpla la ley. En tercer lugar hay que asegurar el efectivo encarcelamiento de aquellas personas que han demostrado ser un peligro para la sociedad. <strong>Y todas estas medidas que enuncié aquí no tienen nada que ver con la nacionalidad del delincuente.</strong></p>
<p>Ahora bien, todas estas acciones sólo sirven en el muy corto plazo. Hacer foco en ellas durante un lapso de tiempo que supere los dos o tres años tiene consecuencias muy graves para la sociedad: aumenta la marginalidad, el resentimiento y se termina constituyendo un sistema de opresión más que de justicia, por el cual se busca siempre castigar y nunca promover oportunidades. Por eso es que <strong>junto con un plan de corto plazo para controlar los síntomas, es necesario desarrollar un plan de largo plazo para que todos los que vivimos en la Argentina sepamos convivir en paz. </strong></p>
<p>En este plan de largo plazo debe asegurarse que todos los argentinos tengan trabajo, para así dignificar su vida y alejarlos del camino del delito. Además se debe fomentar la inclusión y la educación. La primera para que todos seamos parte de esta sociedad y la segunda, para que todos aprendamos desde la escuela las normas básicas de convivencia. Y aquí tampoco hice mención a ninguna diferencia entre extranjeros y no extranjeros.</p>
<p>Lo digo de nuevo: combatir el delito no pasa por estigmatizar a los extranjeros. <strong>Este brote de xenofobia que se promueve desde el propio gobierno me resulta sumamente llamativo en un país que nace de la inmigración</strong>. También me sorprende que este reclamo venga justamente de quienes se llaman “progresistas”.</p>
<p>La delincuencia no es una cuestión del lugar en que alguien nace, sino de un sinfín de factores, entre ellos, las posibilidades que brinda un país, sus leyes y la forma en que funciona su justicia. Y en esto nada tienen que ver los extranjeros, sino nosotros, que no hemos sabido construir las instituciones que puedan garantizar los derechos de todos. Es más,<strong> somos los nacidos aquí, los que vivimos aquí, los que hemos sido incapaces de mantener unida a esta sociedad</strong> y ahora está divida en dos: los que tienen y los que no. Y esa división, a mi parecer, es la primera causa de la delincuencia.</p>
<p>Hablar hoy de expulsar extranjeros es una barbaridad, <strong>sobre todo sabiendo que esta sugerencia viene de los que se supone que son expertos en seguridad.</strong> Hay no sólo algo de innoble en esta xenofobia, sino también <strong>cierta cobardía en querer ocultar el fracaso de su gestión</strong> en estos pedidos que estigmatizan a todos aquellos que han nacido en otro lado y que hoy viven en nuestro país, contribuyendo con su trabajo y su vida a engrandecerlo.</p>
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		<title>La aporofobia en la Ciudad de Buenos Aires</title>
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		<pubDate>Sat, 09 Nov 2013 11:13:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Joanidis</dc:creator>
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		<category><![CDATA[aporofobia]]></category>
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		<description><![CDATA[La modernidad trae nuevas problemáticas y con ellas viene también la expansión del lenguaje. Hoy el mundo, que ha reaccionado oportunamente contra las atrocidades de los estados-nación en el siglo pasado, ha combatido el racismo y en menor medida la xenofobia. Pero los temores del hombre hoy se dirigen hacia otros sujetos y es así... <a href="http://opinion.infobae.com/christian-joanidis/2013/11/09/la-aporofobia-en-la-ciudad-de-buenos-aires/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La <strong>modernidad</strong> trae nuevas problemáticas y con ellas viene también la expansión del lenguaje. Hoy el mundo, que ha reaccionado oportunamente contra las atrocidades de los <strong>estados-nación</strong> en el siglo pasado, ha combatido el <strong>racismo</strong> y en menor medida la <strong>xenofobia</strong>. Pero los temores del hombre hoy se dirigen hacia otros sujetos y es así como nace el término “<strong>aporofobia</strong>”, que no es otra cosa que<strong> el miedo a los pobres</strong>. Un neologismo que todavía no ha encontrado su lugar en el Diccionario de la<strong> Real Academia</strong>, pero que le pone nombre a un naciente problema de nuestro tiempo y en particular de nuestra<strong> Ciudad de Buenos Aires</strong>.</p>
<p>En un país como <strong>Argentina</strong> hablar de xenofobia o racismo puede resultar absurdo. En primer lugar porque somos un pueblo que se construyó desde la <strong>inmigración</strong>, a tal punto que es imposible hacer referencia a la idea de “nación argentina” sin hablar de los barcos que han traído a los inmigrantes, aquellos que después de la guerra poblaron este suelo con sus sueños y esperanzas. En segundo lugar en nuestro país no existen guetos que se hayan sostenido en el tiempo, más allá de la necesaria aglomeración de los recién llegados, como por ejemplo la de los griegos en el barrio de <strong>Pompeya</strong>.</p>
<p><span id="more-27"></span>Esto último se debe a que la Argentina es un país que tiene una gran capacidad de integración para con los inmigrantes y los <em>argentiniza</em>, haciendo que sientan que éste es su hogar, no tratándolos como ciudadanos de segunda, sino como iguales. <strong>Los argentinos podemos enorgullecernos de ser una nación abierta a la inmigración,</strong> aunque persistan algunas aisladas expresiones de xenofobia.</p>
<p>A pesar de lo dicho, es válido preguntarse si no existe en Argentina una gran resistencia a la inmigración de los países vecinos. ¿Acaso no hay una serie de términos peyorativos que han nacido desde la animadversión hacia quienes vienen de las tierras vecinas, sobre todo del norte, por poner un ejemplo? Sí, es verdad. Pero un análisis más profundo nos permite ver que<strong> en realidad el problema no es el racismo o la xenofobia, sino más bien el temor por aquellos que son más pobres.</strong></p>
<p>Se suele apelar a frases como <strong>“vienen a sacarle el trabajo a los argentinos”</strong> o bien “viene acá a robar y vender droga”. Frases que demuestran a las claras que el problema no es con la inmigración, sino con un determinado tipo de inmigración: con la de los que menos tienen. El pobre no tiene lo que yo tengo y es esa diferencia la que lo convierte en una amenaza para mí, porque se subestiman sus capacidades para conseguir lo mismo que yo y por lo tanto se concluye, falsamente, que entonces buscará obtenerlo a la fuerza: sacándome el trabajo o a través de actividades ilícitas.</p>
<p>Y a este temor se le suman naturalmente toda una serie de razones que lo justifican y convierten en una cuestión “de piel”, porque en la Argentina y en particular en la <strong>Ciudad de Buenos Aires</strong>, pareciera que los pobres no nos gustan. No nos gusta su estilo de vida, que seguramente no tiene mucho que ver con el de quienes no lo somos, no entendemos sus valores y ellos tampoco entienden los nuestros: nos cuesta comprender por qué hacen lo que hacen. Pero esta falta de mutua comprensión, esta distancia que podemos decir que nace del hecho de la diferencia, no sería un problema si no fuera porque <strong>somos un país que se entiende desde los antagonismos.</strong></p>
<p>Nuestra historia, y sobre todo estos últimos años, han profundizado el paradigma de los antagonismos y en esta concepción la distancia no es algo que hay que acortar, sino algo que hay que acrecentar. Porque los unos no sólo se sienten distintos de los otros, sino que además refuerzan esa idea de distinción. Pareciera que esto está en la naturaleza de nuestras sociedades modernas, que según estudios de la economía,<strong> las personas están dispuestas a pagar para segregarse, para estar con aquellos que son similares</strong>. Sin embargo, en la Argentina, esta idea ha llevado a la <strong>división</strong> y se termina aplicando a todos los aspectos de nuestra vida social.</p>
<p>Y así es como nace esta <strong>aporofobia</strong>, <strong>donde los unos no sólo nos comprendemos distintos a los otros, sino que nos vemos como enemigos irreconciliables</strong> condenados a una suerte de paradigma militar, en donde se busca la destrucción total de este enemigo: porque no se ve otro camino, <strong>“es ellos o nosotros”.</strong> Esta destrucción, claro está, no se da en el terreno de los hechos, pero sí en el de las ideas y las concepciones, que son en definitiva las que terminan influyendo en nuestro actuar. Y esta distancia, cuando se amplía demasiado, crea marginalidad. Y la <strong>marginalidad</strong> crea <strong>resentimiento</strong> y se dice que justamente es este resentimiento el que engendra la violencia que vemos a menudo en los hechos de inseguridad.</p>
<p>Las fobias no son procesos consientes e intencionales, sino que surgen desde lo irracional: el temor no siempre tiene un fundamento, aunque luego se lo justifique. Y si existe todavía alguna duda sobre la existencia de la aporofobia en la Ciudad de Buenos Aires, basta con empezar a escucharnos hablar, con empezar a ver la ciudad: porque cuando las cosas tienen nombre, entonces empiezan a existir para nosotros. Y es posible que quienes lean estas líneas ahora vean con otros ojos la realidad y entonces detecten más ejemplos de aporofobia de los que yo he mencionado en este artículo.</p>
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