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	<title>Christian Joanidis &#187; violencia</title>
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		<title>La violencia está ganando</title>
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		<pubDate>Sat, 29 Aug 2015 10:06:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Joanidis</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hace unos días mataron a un chico en la parada del colectivo. Salió en algunos medios, se hablaba de Barracas, es cierto, pero fue en las inmediaciones de la villa. Pero para entender un poco más las cosas es necesario saber dónde fue el asesinato y en qué circunstancias. Eran las siete de la tarde,... <a href="http://opinion.infobae.com/christian-joanidis/2015/08/29/la-violencia-esta-ganando/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Hace unos días mataron a un chico en la parada del colectivo. Salió en algunos medios, se hablaba de Barracas, es cierto, pero fue en las inmediaciones de la villa. Pero para entender un poco más las cosas es necesario saber dónde fue el asesinato y en qué circunstancias.</p>
<p>Eran las siete de la tarde, según me contaron. Era una parada de colectivos. En el barrio las paradas de colectivo están atestadas de gente, sobre todo a esa hora. Los negocios estaban abiertos, había movimiento. La parada está en una calle importante, esto quiere decir que hay iluminación y que todos caminamos tranquilos por allí, nos sentimos seguros. No quiero faltar a la precisión, pero hay un puesto de gendarmería a unos cien o doscientos metros de allí. Todo habla de una zona segura.</p>
<p>Contrario a lo que los mitos populares indican, caminar por las villas no es peligroso. Cualquiera puede recorrer las calles principales y nada va a pasarle. Quienes conocemos algo más podemos internarnos en algún pasillo ancho. Los pasillos más angostos ya son más dudosos: el poco tránsito de gente y el hecho de que solo los frecuenta un número reducido de personas permite que quede en evidencia el extranjero. Queda claro que a altas horas de la noche lo que acabo de decir no cuenta.<span id="more-266"></span></p>
<p>Así es que en una calle transitada, iluminada, con fuerzas de seguridad a unos metros, un chico está esperando en la parada del colectivo. Se acercan dos personas para robarle y ante la resistencia lo matan. Por un momento intento pensar con frialdad. Me pongo en el lugar de los delincuentes. Pienso que tengo que robarle a alguien. Llego a donde está este chico. Lo miro y pienso muchas cosas. Que hay un puesto de gendarmería cerca, que hay mucha gente que puede verme o incluso intervenir. Incluso pienso en que un golpe tan evidente va a redundar directamente en mi captura. Estoy sopesando los riesgos, mis probabilidades de éxito. Es lo que hacemos todos, porque ante cualquier acción nuestro instinto opera en ese sentido. ¿Acaso los delincuentes no pensaron lo mismo?</p>
<p>Sopesar riesgos, analizar probabilidades de éxito, es algo que estamos acostumbrados a hacer. El primer paso para hacerlo correctamente es comprender la relación entre causas y consecuencias. Eso nos permite proyectar en nuestra mente lo que sucederá si hacemos determinada cosa. Pero <b>hoy está pasando algo extraño y es que el consumo de drogas hace que lo que todos hacemos con naturalidad se convierta en una tarea casi imposible para un creciente número de personas</b>. Consumir drogas altera las funciones cognitivas e incluso afecta al sistema nervioso: basta con mirar a nuestro alrededor, no hace falta ser un experto en la materia para llegar a esta conclusión. Eso hace que estas personas no midan riesgos ni logren comprender del todo determinadas situaciones, mucho menos la relación causa-consecuencia.</p>
<p>Hoy, <b>el narcotráfico nos está dejando delincuentes que son cada vez más temerarios</b>. Pero esa temeridad no viene de una convicción o un acto de arrojo, viene de su incapacidad para entender el medio. <b>Esta vez esto pasó en la villa, pero los delincuentes no reconocen límites geográficos y tal vez en algún momento algo así pueda pasar en medio de la 9 de julio o en alguna esquina de Palermo</b>. Es posible que los capturen luego de delinquir, pero nadie puede devolver la vida que se llevaron. La cómoda y difundida convicción de que estas cosas pueden pasar solo en la villa es la causa de nuestra apatía y lo que nos va llevando lentamente a una situación de inseguridad cada vez peor.</p>
<p>En la Argentina, la policía difícilmente investigará el caso. No es una cuestión de desidia: lo harán, pero la pujante demanda por seguridad reactiva y presencia policial en las calles hace que los investigadores sean cada vez menos y que los que están en esa función sean cada vez más exigidos. Evidentemente la calidad del trabajo del investigador policial se degrada cada vez más. Situación que favorece a los delincuentes, quienes perciben esto de alguna forma y por eso sienten todavía más impunidad.</p>
<p>Contra toda creencia, la gente que vive en las villas es la que primero sufre las consecuencias de la inseguridad. La mayoría de sus habitantes son personas de bien, trabajadoras, mientras que unos pocos se aprovechan de la escandalosa ausencia del Estado para montar allí sus negocios ilegales. Hoy las villas son grandes depósitos y cocinas de droga y los clientes no están precisamente en su seno, sino en el exterior: viven generalmente en edificios importantes y creen que consumir drogas es algo recreativo. Una recreación que le cuesta demasiado caro a muchas personas. <b>Hoy, la opresión de los débiles es el narcotráfico, que se nutre de los ingresos de las clases pudientes y usa la sangre de los pobres</b>.</p>
<p>Aquellos que se vuelven parte de este ejército de delincuentes desesperados y temerarios son los efectos colaterales del narcotráfico, no el narcotráfico en sí. Ellos consumen lo que queda, lo que no se puede vender. Además funcionan como soldados en algunos casos. Son meros engranajes, incluso fusibles que pronto se quemarán. Pero hay muchos más de donde ellos vienen. Y esta es la gran injusticia del narcotráfico, que sirve a clases altas y medias que consumen sus productos, pero emplea en esta actividad ilegal a los pobres. El negocio del narcotráfico tiene su desarrollo comercial en las clases acomodadas, pero en su operación están los marginales y los que sufren los efectos colaterales son, como siempre, los pobres.</p>
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		<title>¿Existen los valores villeros?</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Jun 2014 09:46:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Joanidis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Mugica]]></category>
		<category><![CDATA[curas villeros]]></category>
		<category><![CDATA[Iglesia]]></category>
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		<category><![CDATA[villa 21-24 de Barracas]]></category>
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		<category><![CDATA[violencia]]></category>
		<category><![CDATA[Virgen de Caacupé]]></category>

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		<description><![CDATA[Recientemente legisladores de La Cámpora impulsaron instalar el “día de los valores villeros” e la fecha en que nació Carlos Mugica. Personalmente creo que la fecha es importante, porque el padre Mugica es un símbolo para tantos otros que todos los días se comprometen con las más diversas causas sociales. Por otro lado, no tengo... <a href="http://opinion.infobae.com/christian-joanidis/2014/06/28/existen-los-valores-villeros/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Recientemente legisladores de La Cámpora impulsaron instalar el “día de los valores villeros” e la fecha en que nació Carlos Mugica. Personalmente creo que la fecha es importante, porque el padre Mugica es un símbolo para tantos otros que todos los días se comprometen con las más diversas causas sociales. Por otro lado, no tengo ninguna duda de la buena intención de los legisladores que están impulsando esta medida. Sin embargo, <strong>hay algo en eso de “los valores villeros” que no me termina de gustar</strong>.</p>
<p><strong>La villa, contrario a lo que la mayoría piensa, es parte de la ciudad y por lo tanto está inmersa en la cultura urbana.</strong> Hay algunas cuestiones que la distinguen del resto de la fisonomía urbana: se trata de una topografía bastante particular con una alta concentración de marginalidad. En la villa se oculta el narcotráfico, la violencia es una cuestión cotidiana y ni hablar de las carencias que se ven por todos lados, principalmente las vinculadas a la educación y el trabajo.</p>
<p><span id="more-127"></span></p>
<p>Pero este panorama hostil encierra también grandes aspectos positivos, que son los que hay que explotar para transformar la realidad de las villas. Durante todo este tiempo yo he visto que <strong>las personas de la villa se involucran en las actividades de su barrio, a diferencia de la apatía generalizada que hay en el resto de la ciudad</strong>. Siempre he visto voluntad de trabajo aunque no haya nada a cambio. Hace unos años se cumplían los quince de la llegada de la Virgen de Caacupé a la villa 21-24 de Barracas. Para ello la Iglesia había organizado una caravana para recorrer el barrio. La idea era salir de la parroquia y recorrer la villa para terminar en la cancha de fútbol que está detrás de la misma. Yo iba caminando en medio de la caravana y en un momento, al mirar hacia atrás, gracias a los desniveles del suelo, pude ver varias cuadras de gente y autos que iban siguiendo la caravana. Autos que estaban adornados para la ocasión con un trabajo increíble. Uno puede hablar de una peregrinación religiosa, pero era mucho más que eso, era el movimiento del barrio. Porque <strong>en la villa yo he visto a la gente moverse por lo que cree, trabajar por lo que realmente le interesa y la motiva.</strong></p>
<p>Yo me he sentado a la mesa de varias familias, he compartido almuerzos y siempre fui bienvenido. Porque también he visto que en la villa se da con generosidad a pesar de la escasez. Es paradójico, pero las puertas de las casas se abren más fácilmente que en el resto de la ciudad y la gente comparte lo que tiene con más apertura.</p>
<p>También he visto la solidaridad en acción, porque ante la necesidad todo el barrio se moviliza. <strong>Hay que aceptar que en muchas ocasiones liderado por la Iglesia, pero se moviliza</strong>. <strong>De nada valdría un gran liderazgo sin las personas que lo sigan. De hecho estoy tentado a decir que la fuerza que tiene el trabajo de los curas villeros radica en gran parte en la voluntad de ayudar que tiene la gente del barrio.</strong> Porque en un lugar signado por la violencia también hay una cultura muy fuerte de la solidaridad.</p>
<p>Pero si bien soy el primero en hablar de los aspectos positivos de la cultura de las villas, no creo que haya “valores villeros”. En primer lugar porque creo que <strong>hablar de valores villeros implica, sin quererlo seguramente, que hay una brecha natural entre la villa y la ciudad</strong>. Peor aún, esa brecha está dada en la raíz misma, porque nace de los valores. Un pensamiento peligroso que lleva a profundizar la marginalidad y las diferencias, ahondando en el paradigma de “ellos o nosotros”. La villa es parte de la ciudad, la villa es un barrio. Tiene sus características particulares, pero eso no la hace algo en sí mismo particular: así como un barrio se distingue del otro, pero sigue siendo un barrio de la ciudad. Nadie hablaría de los valores de San Telmo, ni de los Valores de Caballito. Porque las distinciones son superficiales.</p>
<p>Por otro lado, no creo que los valores, si bien pueden ser más fuertes en una región que en otra, sean específicos de un área geográfica o de una cultura. <strong>Los valores son cuestiones que hacen a toda la humanidad</strong>. Es por eso que me gusta hablar de “valores” a secas, porque todos deberíamos compartirlos. No son un patrimonio exclusivo de una zona geográfica, sino de todos.</p>
<p>Me parece importante querer resaltar en la labor del padre Mugica la labor de todos aquellos que se ocupan de los más débiles. Pero tal vez no sea éste el mejor homenaje. Yo personalmente <strong>prefería que en lugar de que sea el día de los “valores villeros”, sea el día “de la lucha contra la marginalidad y la pobreza”</strong> o el día del “compromiso con los más débiles” o el “compromiso con los más pobres”. Denominaciones más afortunadas que la que con buena intención han sugerido los legisladores.</p>
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