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	<title>Christian Joanidis &#187; transporte público</title>
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		<title>Una ciudad con transporte inclusivo</title>
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		<pubDate>Sat, 16 May 2015 05:24:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Joanidis</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>En este último tiempo de elecciones en la Ciudad de Buenos Aires las distintas fuerzas políticas, en un esfuerzo por llamar la atención de los votantes, se han volcado a hablar en muchos casos sobre <strong>el estado del transporte público en la ciudad</strong>. Me pareció una buena oportunidad para repasar cómo ha cambiado el transporte en estos últimos años y sobre todo, para entender qué es lo que queda por hacer, que es mucho.</p>
<p><strong>El Gobierno de la Ciudad ha puesto como prioridad del sistema de transporte al peatón,</strong> es decir a aquel que no tiene auto. Esta es una política, un lineamiento general, que ha resultado ser <strong>prácticamente revolucionario en estas latitudes</strong>. Cuando todos creían, apegados a un concepto setentista, que la solución a todo eran más autopistas y más autos, nació <strong>una política a tono con el resto del mundo y con las últimas tendencias en urbanismo. Finalmente se reconoció lo obvio y se dio prioridad al transporte público y colectivo</strong> más allá del discurso.<span id="more-222"></span></p>
<p>En este sentido se han creado el metrobus y las bicisendas, ambos logros hoy reconocidos, con cierta desilusión, por todos aquellos que han sabido denostarlos en los primeros tiempos. Pero la realidad se impone y todos hemos visto los grandes beneficios de esas obras.</p>
<p><strong>El imaginario colectivo suele poner en el subte todas sus esperanzas y cree que cada vez que se abre una nueva estación de subte hemos alcanzado un nuevo nivel de desarrollo en el transporte público.</strong> Lo cierto es que si bien el subte es una solución ideal, está lejos de ser la mejor solución. El crecimiento de la red de subtes es, en primer lugar, extremadamente costoso. Esto significa que crece, pero muy lentamente. No es una cuestión de voluntad, sino de “billetera”: ni la ciudad de Buenos Aires, ni ninguna otra en el mundo tienen el presupuesto para realizar un crecimiento explosivo de este medio de transporte, lo cual se traduce en la necesidad de alternativas más económicas y versátiles para resolver la cuestión del transporte público.</p>
<p>Por eso, cuando los opositores al gobierno actual hablan de “más subte”, no puedo evitar sentir cierto malestar, porque <strong>sé que su promesa es una mentira desde su propia concepción, huele a engaño,</strong> a palabra fácil para endulzar al imaginario popular: no nos olvidemos que las propuestas de los candidatos surgen de las encuestas que realizan y no de la sensatez de sus ideas. Incluso es posible que la mayor expansión del subte no sea viable, porque las nuevas lineas tendrían tan poco uso que serían eternamente deficitarias. Y todos sabemos que para sostener algo que da déficit, es necesario que todos paguemos más impuestos.</p>
<p>Asumiendo que el subte ha alcanzado ya su máxima expansión sólo quedar comenzar a diseñar soluciones intermedias, más económicas y que tengan una eficacia similar a la del subte. El caso del metrobus es paradigmático en este sentido. No le demos al gobierno de la ciudad más mérito del que corresponde: <strong>el metrobus es una solución ampliamente conocida que carece de originalidad, pero  ha sido el PRO el único que tuvo el coraje de correr a los autos para darle prioridad a los colectivos. </strong></p>
<p>Fueron ocho años en los que por primera vez se adoptaron medidas inclusivas, de esas que hacen que la ciudad la disfrute la mayoría, porque aunque sea obvio, es necesario recalcarlo: la mayoría nos movemos en transporte público y no en auto. En el pasado, los gobiernos que se pregonaban “de izquierda” o “progresistas” no se habían ocupado siquiera del transporte público.<strong> Tuvo que venir un gobierno “de derecha” para poner en práctica lo que los otros sólo dejaban en palabras:</strong> es que seguramente le tenían miedo al votante, que enojado votaría al otro partido porque no puede circular con el auto a sus anchas. Pero “la derecha” hizo lo que debía hacer “la izquierda”, demostrando una vez más que la realidad no tiene ideología y que la política se construye desde el hacer.</p>
<p>Sin embargo, así como admito el cambio, <strong>también tengo que ser honesto y declarar todo lo que falta por hacer.</strong> Los automóviles que circulan en la ciudad utilizan hoy una infraestructura que pagamos todos los porteños, cuando la lógica indica que es el automovilista el que debería pagalos. El estacionamiento en la calle es una de las muestras más evidente de cómo todos sacrificamos nuestra calidad de vida para que los automovilistas puedan dejar sus autos en la calle. Si todos esos metros cuadrados de espacio público dedicados a estacionar los utilizáramos para generar espacios verdes, la ciudad sería muy distinta.</p>
<p>Otra cuestión relevante es la completa peatonalización del casco histórico. Si bien se ha avanzado en este sentido, las calles “peatonales” son ocupadas por autos y no por peatones. En esto le ha faltado coraje al gobierno de la ciudad. Incluso podrían cerrarse todos los estacionamientos dentro del casco histórico, lo cual no sería tan oneroso como se cree, porque no es necesario siquiera expropiar ningún terreno.</p>
<p>Las restricciones a los autos liberarían espacio para el transporte público y los peatones, transformando la ciudad en una de las más verdes del mundo. A esto se debería sumar el metrobus sobre todas las avenidas de la ciudad y la construcción de “bicicalles” por donde sólo puedan circular bicicletas. Todo esto no sólo mejoraría el transporte público, sino también la calidad de vida de todos.</p>
<p>Entiendo que todas <strong>estas ideas pueden resultar absurdas para quien piensa desde una perspectiva tradicional, pero son el camino que hoy siguen cada vez más ciudades</strong>. Pero no pretendo ni de este gobierno ni del próximo cambios tan radicales, sólo aspiro a que se siga manteniendo esta política actual que se ha convertido ya en un camino claro y llano que recorre nuestra ciudad: en algún momento llegaremos a tener una Buenos Aires diseñada para el transporte público.</p>
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		<title>El transporte público como vía de integración</title>
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		<pubDate>Tue, 25 Feb 2014 18:06:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Joanidis</dc:creator>
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		<category><![CDATA[auto]]></category>
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		<description><![CDATA[En el último tiempo, por cuestiones eminentemente ideológicas, todo aquello que se califica como “público” suele preferirse a lo que sea “privado”. Y justamente esta ideologización de las cosas termina convirtiendo en irracionales las decisiones que deben fundamentarse sobre la conveniencia de los distintos agentes involucrados. Al momento de elegir entre el transporte público y el... <a href="http://opinion.infobae.com/christian-joanidis/2014/02/25/el-transporte-publico-como-via-de-integracion/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En el último tiempo, por cuestiones eminentemente ideológicas, todo aquello que se califica como “público” suele preferirse a lo que sea “privado”.<strong> Y justamente esta ideologización de las cosas termina convirtiendo en irracionales las decisiones que deben fundamentarse sobre la conveniencia de los distintos agentes involucrados.</strong> Al momento de elegir entre el transporte público y el privado, corresponde hacer un análisis sobre la conveniencia de uno y de otro para el conjunto de la sociedad y de los individuos, dejando de lado las cuestiones ideológicas. Como todo análisis de cuestiones prácticas, este también debe estar circunscrito a una situación particular y acotada, en este caso lo veré desde la perspectiva de la Ciudad de Buenos Aires.</p>
<p>La situación ya es conocida por todos: hoy tenemos una ciudad atestada de autos, muchos de ellos provenientes de la Provincia. Cada vez se patentan más autos y hemos llegado al punto en el que se hace cada vez más complicado transitar. De hecho, <strong>el nivel de congestión ha llegado a tal punto, que las mediciones más recientes indican que</strong> <strong>se tarda más circulando por la ciudad en auto que en transporte público.</strong> El hecho objetivo es entonces que el uso del auto en la ciudad ya no significa una ventaja desde el punto de vista del ahorro de tiempo.</p>
<p><span id="more-80"></span>Para los vecinos en su conjunto, el auto resulta más una carga que una ayuda. Por un lado contamina nuestro aire y recientes estudios han demostrado finalmente que al aire polucionado impacta sobre nuestra esperanza de vida. El auto además genera ruido y accidentes, todo lo cual atenta contra nuestra calidad de vida. Por otro lado una pregunta genial que ya se hacen algunos movimientos a nivel global termina por darle un nuevo significado al espacio de nuestras ciudades: ¿qué pasaría si tomamos todo el espacio que dedicamos a los autos y lo convertimos en parques? En resumen, <strong>el uso del auto sólo contribuye a desmejorar la calidad de vida de los porteños en su conjunto.</strong></p>
<p>¿Pero por qué cada vez más gente se aferra al uso del auto? Mucho suelen alegar que en el transporte público se viaja mal y que sin embargo en el auto se viaja cómodo. Para ser honesto, me cuesta creer que alguien prefiera estar sobre su auto una hora y media en lugar de estar media hora apretujado en el subte. O tal vez será que yo valoro demasiado mi tiempo: prefiero una hora con las personas que más quiero a una hora de solitaria comodidad. Y aquí me voy a arriesgar a decir, sin tener más pruebas para esto que una fuerte percepción,<strong> que el uso del auto en la ciudad de Buenos Aires está vinculado a una cuestión de <em>status</em>.</strong></p>
<p>Las personas se desviven por comprar un auto, invirtiendo en él todos sus ahorros. Alegan motivos económico-financiero, como cubrirse de la inflación, pero la verdad es que el auto siempre es un gasto y nunca una inversión: bastan un par de cuentas objetivas para demostrarlo. Los jóvenes se desviven por tener una moto. Incluso en los barrios más pobres de la ciudad y en las villas, aquellos que tienen una moto o un auto pareciera que se posicionan de otra forma.</p>
<p>Las personas queremos distinguirnos de los demás, sentirnos mejores que los demás. Esto pareciera ser algo natural y la naturaleza solo se puede asumir. Este posicionamiento por encima de los otros se puede lograr de muchas formas: con una posición social, con un logro deportivo, con un título universitario&#8230; o, para quienes no tienen otra herramienta, con el auto. El auto, a diferencia de otras formas, inevitablemente se ostenta ante toda la sociedad. Pero no es solo la ostentación de un objeto, sino la de una brecha – y por cierto una brecha significativa. Los ricos logran distinguirse a las claras de los pobres en todo instante por la importancia de sus autos.<strong> De esta forma,</strong> <strong>el transporte privado se convierte en un elemento que atenta contra la integración.</strong></p>
<p>El transporte público, por el contrario, además de los cuantiosos beneficios que ofrece para la ciudad de Buenos Aires, logra además integrar a la ciudad. Por un lado, todos nos integramos en el transporte público, porque sin importar nuestra condición social o económica estamos en el mismo vehículo. Los trabajadores, los universitarios, los comerciantes,<strong> toda la sociedad confluye en el sistema de transporte público</strong>, haciéndonos los unos permeables a las problemáticas de los otros. Porque ya no estamos encapsulados en nuestro pequeño mundo rodante, sino que estamos en contacto directamente con la sociedad en que vivimos. Por el otro, cuando el transporte público llega a un lugar, entonces este lugar se integra con el resto de la ciudad. Si a las villas no llegara el transporte público, como hoy de hecho llega a la mayoría de ellas, entonces la marginalidad en que vivirían sus habitantes sería aún mayor.</p>
<p>En una sociedad democrática se debe evitar, dentro de lo posible, todo tipo de prohibición. Y esto aplica también para el transporte privado. Prohibirlo sería una locura. Pero sí se podría hacerlo lo suficientemente costoso para que compense a los habitantes de la ciudad todos los perjuicios que les causa: contaminación, accidentes, enfermedades y exclusión social. Porque cuando su costo aumente, entonces habrá menos autos y si hay menos autos, habrá que destinar menos recursos para sostener este pantagruélico sistema de tránsito privado. Recursos que, por ejemplo, faltan para crear e implementar políticas sociales sustentables en nuestra ciudad. <strong>En el ínterin, lograremos mayor integración en la Ciudad de Buenos Aires:</strong> <strong>un paso más para convertirnos en una ciudad más igualitaria en donde se privilegie el bien de la mayoría y no el anhelo de unos pocos.</strong></p>
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