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	<title>Christian Joanidis &#187; República</title>
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		<title>Sergio Massa: sólo palabras fuertes</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Oct 2015 09:04:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Joanidis</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Fue fortuito, alguien me recordó a Hamlet el otro día. Una conversación casual, una rememoración de aquella obra que leí hace ya muchos años y que hasta vi en el cine cuando se estrenó la adaptación de Kenneth Branagh. Ese personaje de Shakespeare siempre me resultó fascinante por la fuerza que tiene, por sus discursos... <a href="http://opinion.infobae.com/christian-joanidis/2015/10/21/sergio-massa-solo-palabras-fuertes/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Fue fortuito, alguien me recordó a Hamlet el otro día. Una conversación casual, una rememoración de aquella obra que leí hace ya muchos años y que hasta vi en el cine cuando se estrenó la adaptación de Kenneth Branagh. Ese personaje de Shakespeare siempre me resultó fascinante por la fuerza que tiene, por sus discursos maravillosos, intensos, llenos de palabras fuertes: Hamlet habla como un héroe. Pero en los hechos no hace nada. Toda la obra transcurre con sus maquinaciones y su combate retórico contra el asesino de su padre. Su misión es vengar a su progenitor asesinado, lo dice, pero demora la acción. Y cuando finalmente lo logra, cuando la venganza se concreta, termina, en su afán por lograr su objetivo, no sólo muerto, sino que entrega el reino que debía proteger al enemigo, lo deja indefenso y sin líder. Ha muerto el rey (el asesino de su padre), ha muerto incluso él mismo, triunfa el enemigo invasor.</p>
<p><b>En estas elecciones presidenciales estamos eligiendo entre dos proyectos de país completamente distintos: por un lado, tenemos al populismo y, por el otro, a la república</b>. El primero no es más que una expresión moderada de autoritarismo y tiene muchos puntos de contacto con el concepto clásico de tiranía: la concentración de todas las facultades en una sola voluntad política y la representación de esa voluntad política que se plasma en el líder o tirano. La república, por el contrario, es la forma más avanzada de gobierno hasta el momento, en donde la división de poderes y la pluralidad de voces ejercen un control natural del sistema político, lo que reduce al mínimo las arbitrariedades y garantiza los derechos de los ciudadanos.<span id="more-291"></span></p>
<p>Daniel Scioli, no es necesario aclararlo, es el continuador de un populismo que ya lleva doce años atacando las bases de la República Argentina y de muchos de los valores por los que tantas personas han luchado en el pasado. Todos los demás candidatos, sin entrar en detalles, representan a la república y el fin del populismo: gane quien gane en este caso comienza un nuevo ciclo político para la Argentina.</p>
<p>Se ha discutido mucho durante este último tiempo sobre el voto útil. El concepto es sencillo: <b>si queremos que gane la república, entonces tenemos que votar por el opositor que más chances tenga de ganar.</b> Es un voto racional que deja de lado toda entraña para poner el sufragio en aquel que al menos pueda abrir un poco el horizonte político. No esperamos que este sea el mejor candidato, ni siquiera que sea un buen candidato, sólo necesitamos que trabaje por la república.</p>
<p>Quien quiere tener un gesto de independencia y vota por un candidato que no tiene chances de ganar sólo está poniendo el Gobierno en manos del continuador del kirchnerismo. Toda decisión difícil y sensata se basa en sacrificar mucho de lo que sentimos y pensamos en pos de un beneficio que no nos termina de satisfacer, pero que es, mirándolo de forma realista, el mayor beneficio al que podemos acceder. Y hoy este beneficio es que la Argentina tenga un cambio orientado a la reconstrucción de la república.</p>
<p>Las encuestas son tendenciosas, se construyen sobre aspectos técnicos que muchas veces no son del todo precisos. Cuando estamos hablando de un tema de tanto interés como las elecciones nacionales, hasta es posible que los aspectos técnicos sean superados por la necesidad de inclinar la balanza hacia el mecenas detrás del sondeo. El único dato real que tenemos es el de las últimas elecciones y son las que colocan a Mauricio Macri en el segundo lugar, convirtiéndolo en la opción realista frente a la continuación del kirchnerismo. Esto no significa que sea el presidente que todos anhelamos, ni siquiera que va a ser un buen presidente. Su función será la de dejar atrás esta oscura “década ganada” para comenzar a trazar el camino de la reconstrucción de la república.</p>
<p>Sergio Massa, al igual que Hamlet, es un personaje de discursos contundentes, de palabras fuertes. Y así como nos pasa con Hamlet, también nos gusta lo que dice Sergio Massa: es muy difícil resistirse a la seducción de discursos impetuosos y enérgicos. Nos pasa como espectadores en Hamlet, nos pasa como votantes al escuchar a Sergio Massa decir que va a “meter a todos presos”. Nos hierve la sangre, nos sentimos movidos. Incluso me atrevo a decir que nos sentimos atrapados por el encanto del antihéroe, que es el héroe que en realidad no es tal. En cierta medida nos fascina que a pesar de que Massa vaya a perder, de que no tiene ninguna expectativa de salir segundo, siga hablando como habla, siga empujando como empuja. En esto también se parece mucho a Hamlet. Pero los dos sólo se quedan en las palabras, porque no tienen la posibilidad de ir más allá. Los dos se enfrascan en una batalla retórica que, contrario a su voluntad, termina drenando la fuerza de muchos de los que están a su alrededor. Los dos erosionan su entorno, desgastan a oponentes y aliados. Pero al igual que sucede en la ficción, es fácil darse cuenta de que ni Massa ni Hamlet van a pasar de la épica retórica, porque los hechos los superan enormemente. <b>Votar a Massa es condenar a la Argentina al mismo destino al que condenó Hamlet a su reino. Massa no ganará, Macri no ganará y sólo habrá un vencedor. El kirchnerismo tendrá otro período más en el Gobierno.</b> Hamlet, en su esfuerzo estéril por llevar las palabras a la realidad, condenó a su reino a caer en manos del enemigo. Massa está haciendo lo mismo.</p>
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		<title>Hundidos en el presente</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Sep 2015 03:00:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Joanidis</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El problema que tenemos los argentinos es que estamos hundidos en el presente o en el corto plazo, que no es más que un presente extendido.</p>
<p>Los debates que se dan hoy en nuestra sociedad pasan por cuestiones económicas de corto plazo como el cepo al dólar y la devaluación. Incluso discutimos sobre cuestiones institucionales básicas, como la transparencia de los comicios. Llevamos más de treinta años de democracia, hemos celebrado nuestro bicentenario y nuestros debates continúan en la senda de lo embrionario, de aquello que los países más avanzados han definido y resuelto hace ya varios años.</p>
<p>Que estemos discutiendo sobre cómo hacer que las elecciones sean transparentes es un debate que nos regresa al momento en que se promulga la ley Sáenz Peña, más de cien años atrás. No digo que el debate no sea necesario, lo es, porque lo que pasó en Tucumán revela con contundencia que nuestro país es un gran reino lleno de feudos y eso se tiene que terminar. La Argentina, cien años después de que se declarara el voto secreto y obligatorio para romper con el régimen de fraude sistemático al que estaba sometida, se encuentra hoy nuevamente con barones del conurbano y gobernadores eternos.<span id="more-271"></span></p>
<p><b>Volver a un debate que tuvimos hace cien años nos demuestra que todavía no estamos preparados para mirar más allá</b>. Recuerdo una frase que dice: “Todos vivimos en el fango, pero algunos miran a las estrellas”. Nosotros no logramos levantar la cabeza para mirar las estrellas. Son debates necesarios, porque discutir nuestro sistema electoral y ponerle un fin al fraude que se viene perpetrando en los feudos de la Argentina es una necesidad para la democracia, para la república y para las instituciones. Pero son debates que tendrían que estar superados para posibilitar una discusión sobre los mecanismos necesarios para que nuestra república funcione mejor: nuevas vías de institucionalización para garantizar los derechos de las personas.</p>
<p>Nuestro sistema electoral es obsoleto, injusto y antirrepublicano. Porque si los partidos políticos y las personas de bien que quieren a la república tenemos que estar buscando la trampa cada vez que hay elecciones, entonces este no es el juego de las instituciones, sino el juego del más “vivo”, un juego que lleva tanto tiempo en la Argentina que ya parece que lo tenemos en los genes. Y es justamente esta malformación genética de nuestro pueblo la que a veces nos hace tolerar estas cosas y echarle la culpa al que sufre el fraude, porque no tuvo la astucia de cuidarse. <b>No se trata de ser astuto, sino de que las instituciones funcionen. Si hay fraude, falla la base de la república.</b></p>
<p>El cepo al dólar es una medida transitoria, aberrante desde el punto de vista económico, pero transitoria. Hoy el debate económico está basado en este único escollo. Absurdamente, el Gobierno nacional sigue marcando la agenda de la oposición, como lo hizo durante estos últimos doce años. Así como el cepo, hay innumerables problemas en esta área, la mayoría de ellos coyunturales.</p>
<p>El debate sobre esos problemas es fundamental: discutir sobre la inflación o los subsidios es algo que hoy necesitamos. Pero es increíble lo corto que es nuestro horizonte, porque estamos pensando solo en cómo salir de este laberinto económico en el que nos encontramos y no estamos pudiendo ni siquiera comenzar a analizar qué tipo de economía necesitamos. <b>Tenemos un Gobierno que habla de industrializar, cuando la industria en la Argentina es más un mito que una realidad</b>, porque por cuestiones geográficas, culturales y de disponibilidad de capital no tenemos hoy ninguna ventaja para convertirnos en un país industrial. Mucho menos si tenemos en cuenta que Brasil está tan cerca y tiene muchas más capacidades que nosotros.</p>
<p>Durante una década el Gobierno se prendió a las ubres del campo para sostener su estructura y su propaganda. Hoy se habla del campo, es un tema de debate, pero necesitamos ir más allá. No basta con un modelo agroexportador, que era casualmente lo que teníamos hace cien años. Otra vez, el debate vuelve al pasado, nos lleva varios escalones para atrás y hoy estamos discutiendo que la Argentina tiene que volver a apoyar al campo.</p>
<p>Catorce años después del 2001 estamos otra vez en una situación en la que sentimos que tenemos que volver a empezar. Es cierto, esto no es el 2001. Entre aquel año trágico y hoy la única diferencia es que hay cierto bienestar en la población: después de catorce años solo eso tenemos, un poco más de bienestar.</p>
<p>Hoy estamos hundidos en el presente, porque todo lo que estamos pensando, todo lo que estamos discutiendo, no es más que el principio de lo mucho que queda por hacer. Todo se refiere al día de hoy o a lo sumo al día de mañana. Tales son nuestros problemas, tan fundamentales, que no nos queda tiempo para levantar la mirada y pensar en lo que tiene que venir un poco más adelante. <b>Los candidatos presidenciales se encuentran enfocados en todos los problemas de corto plazo que nos va a dejar la administración actual</b> y es muy probable que durante los próximos cuatro años lo único que pueda hacer el nuevo Gobierno sea poner un poco de orden al caos que dejó esta “década ganada”.</p>
<p>El kirchnerismo ha destruido todo lo que ha tocado y por si eso fuera poco, ahora deja todo un país hundido en el presente, imposibilitado de mirar al futuro.</p>
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		<title>Ni derecha, ni izquierda: república</title>
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		<pubDate>Thu, 06 Aug 2015 10:17:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Joanidis</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La polarización de las cuestiones es algo natural. Comienzan a surgir en la sociedad las ideas y van decantando, lo que da como resultado que solo algunas de ellas se nos presenten como alternativas reales. Esto suele suceder prácticamente ante cualquier toma de decisión: se presenta un  problema, van sugiriendo soluciones y de todas estas... <a href="http://opinion.infobae.com/christian-joanidis/2015/08/06/ni-derecha-ni-izquierda-republica/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La polarización de las cuestiones es algo natural. Comienzan a surgir en la sociedad las ideas y van decantando, lo que da como resultado que solo algunas de ellas se nos presenten como alternativas reales. Esto suele suceder prácticamente ante cualquier toma de decisión: se presenta un  problema, van sugiriendo soluciones y de todas estas sugerencias se selecciona una cantidad limitada de alternativas, que son las que en definitiva se van a analizar y entre las que se va a decidir. Es una cuestión de limitación humana: me cuesta imaginar a un grupo de gente eligiendo entre más de tres o cuatro alternativas reales.</p>
<p>Este mismo proceso se da a nivel nacional e incluso mundial. Después de la Primera Guerra Mundial todo el mundo se había polarizado en torno a dos opciones: capitalismo o comunismo. La derecha y la izquierda. Eran extremos nítidos: con solo escuchar hablar a alguien era muy fácil saber de qué lado estaba. Como siempre, había un enorme colorido entre una opción y otra, pero era innegable que esas dos eran las madres de todas las alternativas.</p>
<p>A veces nos cuesta dimensionar cuánto nos marcan, a todos, los hechos de la historia mundial. <b>Los conceptos de izquierda y derecha han calado tan hondo que hoy, casi treinta años después de la caída del muro y el desguace del comunismo, esta polarización sigue vigente en los discursos</b>. Muchos votantes rechazan a Mauricio Macri porque es de derecha y tienen afinidad con el Gobierno porque lo consideran de izquierda. Ambas afirmaciones no son más que la mezcla de nombres actuales con conceptos perimidos.<span id="more-256"></span></p>
<p>La polarización entre izquierda y derecha tenía sentido cuando el mundo estaba dividido y no se sabía todavía cuál era la solución al problema de la administración de la riqueza. Era el fruto de una discusión que estaba vigente y que fue el eje de esos casi setenta años que transcurrieron entre el fin de la Primera Guerra Mundial y la caída del muro. Hubo tinta, sangre y se dilapidaron millones en la carrera armamentista, pero el problema se resolvió y hoy vivimos en un mundo capitalista. <b>Izquierda y derecha son ya dos categorías obsoletas que corresponden a otro tiempo de la humanidad, cuando el problema a dirimir era otro</b>.</p>
<p>Hoy vivimos en un mundo capitalista. Así dicho suena algo tremendo, porque llamarse a uno mismo “capitalista” es una afirmación algo contundente, pero lo cierto es que eso somos si nos referimos en los términos del conflicto de la Guerra Fría. Pero es una terminología arcaica la de “capitalismo” y “comunismo”, aunque absurdamente sigue subsistiendo la de izquierda y derecha: La inercia lleva casi treinta años.</p>
<p>Hoy ya no tenemos un problema político global, como lo hubo durante esos 70 años: Los problemas se han regionalizado. Europa debate si es necesaria más o menos integración. <b>En Latinoamérica estamos debatiendo si queremos república o populismo</b>. Ya hemos pasado la etapa en la que discutíamos si queríamos ser países democráticos. Hoy en América Latina, y en particular en Argentina, tenemos muy claro que queremos vivir en democracia.</p>
<p>Actualmente los problemas de la Argentina son otros. Un debate entre izquierda y derecha es negar lo que nos pasa, es mirarnos en el espejo y vernos con quince años menos. La Argentina no está eligiendo entre izquierda y derecha, la elección está hecha. Hoy somos una democracia capitalista. Pero no es la única decisión que se ha tomado en la Argentina. Ningún candidato podrá desmantelar los beneficios sociales que se han venido otorgando en estos doce años y tampoco nadie quiere hacerlo. No hay candidatos de lo público y de lo privado: Ni siquiera en la época de las privatizaciones se avanzó sobre lo público más allá de algunas empresas. Estas decisiones ya están tomadas, el resultado de las urnas no las van a cambiar. Lo que sí estamos decidiendo en estas elecciones es si queremos o no una verdadera república.</p>
<p>La Argentina tiene hoy una democracia que poco tiene de republicana: Gobernadores que funcionan como señores feudales, intendentes vitalicios, diputados eternos y mayorías automáticas son solo algunos de los síntomas. El próximo presidente no podrá hacer grandes cambios, pero podrá hacer su contribución, marcar el rumbo que otros seguirán trazando en el camino de la historia hasta que la Argentina sea una verdadera república.</p>
<p>Cometemos el error de darle a nuestros derechos políticos un papel secundario, creyendo que la democracia todo lo soluciona. Pero en democracia también es posible cometer atropellos, si no hay una república. Me atrevería a decir que está casi demostrado que en las sociedades más republicanas hay menos delito y un desarrollo económico a largo plazo que beneficia a toda la población. No es casualidad, es que la república es un sistema que obliga a los distintos poderes a hacer su trabajo, por su propia naturaleza, combate la corrupción endémica y proporciona un ambiente político más estable.</p>
<p>La república es el único entorno que permite garantizar los derechos de las personas, sobre todo de los más débiles. El ataque a la prensa es uno de los tantos atropellos que hoy comete el Gobierno. Pero no es el único, es el primero, porque si callan a los que hablan, entonces quedarán los que en silencio tolerarán la prepotencia. ¿Acaso no tenemos un fiscal cuya muerte no se puede aclarar? El error es creer que esas cosas no nos afectan a todos. Lo hacen: Cuando se vulneran los derechos de uno, luego se vulneran los de todos. Tenemos que tenerlo claro, todos estamos en la fila.</p>
<p>Estos últimos doce años han traído el feudo a la urbe y hoy tenemos un país feudal<b>. El kirchnerismo se ha encargado de minar las instituciones, de derribarlas para que no puedan hacer su trabajo, para dejar impune los crímenes cometidos.</b> Hoy la república está agonizando y es precisamente en estas elecciones donde vamos a decidir si le damos una nueva vida o le damos el golpe de gracia. Daniel Scioli, lo ha dejado claro en este último tiempo, es la continuidad del populismo y la muerte de la república. Del otro lado, sea el que sea, es una esperanza para una república que se apaga.</p>
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		<title>Un legado preocupante</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Mar 2015 10:30:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Joanidis</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El tiempo pasa y con él se van enfriando hasta las emociones más fuertes. ¿Cómo veremos dentro de diez años esta etapa del kirchnerismo que ya está llegando a su fin? ¿Qué diremos de nosotros mismos cuando contemplemos esta época desde otra perspectiva? En un par de años solamente, el fanatismo de quienes han sabido... <a href="http://opinion.infobae.com/christian-joanidis/2015/03/30/un-legado-preocupante/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p dir="ltr">El tiempo pasa y con él se van enfriando hasta las emociones más fuertes. ¿Cómo veremos dentro de diez años esta etapa del kirchnerismo que ya está llegando a su fin? ¿Qué diremos de nosotros mismos cuando contemplemos esta época desde otra perspectiva?</p>
<p dir="ltr">En un par de años solamente, el fanatismo de quienes han sabido lucrar con la “epopeya” kirchnerista desaparecerá y no habrá seguramente demasiado que confiesen haber sido adeptos de este gobierno. Las remeras del Nestornauta serán una suerte de reliquia y la pregunta de “¿vos no eras de La Campora?”, la negaran tres veces y cantará el gallo. No sería extraño que con el mismo fervor con el que vitorearon a Cristina, termine siendo denostada en un futuro no muy lejano.</p>
<p dir="ltr">Ni hablar de quienes han estado dirigiendo esta relato, al igual que hicieron otros en el pasado, darán la espalda a su anterior benefactor al grito de “muerto el rey, viva el rey”. Ni las fotos con los jerarcas del viejo régimen los harán confesar su pecado de antaño. <strong>¿O acaso queda algún menemista? Tampoco quedarán kirchneristas.</strong></p>
<p dir="ltr">¿Y qué diremos los demás? Los que nos mantuvimos al margen de la locura, pero vimos con nuestros propios ojos como se desperdiciaba una oportunidad única de ser un gran país. Seguiremos hablando de aquel “Argentina potencia”, rememorando los tiempos en los que éramos el mejor alumno de América Latina&#8230; ¿seremos junto con Venezuela el peor en diez años? Nuestros ojos mirarán a nuestros hermanos latinoamericanos, que alguna vez supieron vernos como un ejemplo y envidiarán su pasado y su porvenir.</p>
<p dir="ltr">La mayoría veremos con horror la locura en la que estuvimos envueltos. No podremos creer que durante doce años nos gobernaron un grupo de prepotentes que socavaron hasta los cimientos de la república. Y diremos con consternación: “Pero la gente los votó”. <strong>Esta etapa será la prueba más contundente de que una democracia sin república es como manejar por la cornisa: un descuido y nos fuimos para abajo.</strong></p>
<p dir="ltr">Pero yo creo que sobre todo nos lamentaremos por el cambio cultural que este Gobierno ha impreso en la Argentina. Nos hemos convertido en un país donde el trabajo no es un valor, donde la gente se ha acostumbrado, todavía más que antes, a esperar del Estado lo que tiene que venir de su propio esfuerzo. Pero también fue la década de los derechos, de aquellos que reclamaban para sí, sin darse cuenta que lo que unos reciben alguien lo tiene que dar. Con el latiguillo de que se le sacaba a los grupos concentrados para darle a la gente, todo era válido. Se fomentó más que nunca la falsa idea de que los recursos públicos son infinitos. Todo es para todos. Todo fue para todos. Pero al final no fue para nadie, porque no había recursos ni para empezar a distribuir.</p>
<p dir="ltr">También se ha generado una división en nuestro país. Se ha empujado todas las situaciones a resolverse con un conflicto: patria o buitres, Clarín o Cristina&#8230; son innumerables las contraposiciones que nos han acostumbrado a los argentinos a pensar que en todo hay una batalla: uno gana y otro pierde. La realidad no es un juego de suma cero, no se trata de que uno gane y otro pierda, sino de pensar cómo hacemos para ganar todos. <strong>Se habló mucho de redistribución, pero poco de generación.</strong> Porque si no se piensa cómo hacer para generar la riqueza, lo que se redistribuye es la pobreza, práctica que han llevado adelante tanto Venezuela como Cuba. El foco siempre estuvo en sacarle a otros en lugar de buscar la forma de que haya más para todos.</p>
<p>A fuerza de mentiras, el kirchnerismo logró convencer a muchos de cosas que son absurdas fantasías. La inflación no viene de la excesiva emisión, sino de malvados grupos concentrados que quieren ver sufrir a la gente. Y tal vez, muchas de estas mentiras perduren varias décadas en el imaginario popular. <strong>Es que es más fácil pensar que los problemas los produce una entidad maligna, a esforzarse por entender las verdaderas causas.</strong></p>
<p dir="ltr">En diez años, mientras esté tomando un café con un amigo, evocaré con asombro esta “década ganada”. Recordaré lo cerca que estuvimos de perder nuestra república. Y espero también, que dentro de diez años también pueda decir con alivio “por suerte, los que vinieron después se encargaron de que la república siga existiendo”. Pero no tengo la misma esperanza con el cambio cultural que sufrió nuestro país. Tal vez dentro de diez años, ese mismo café de por medio, me esté quejando de que nuestros valores han cambiado y que todavía, a pesar de los esfuerzos hechos, no los hemos recuperado.</p>
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