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	<title>Christian Joanidis &#187; narcotráfico</title>
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		<title>La lucha es siempre por la dignidad</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Jan 2016 03:00:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Joanidis</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Con el cambio de Gobierno hemos dado un paso importante, hemos vuelto a la senda de la república. Muchos hemos escrito contra los doce años de ataque a las instituciones y la libertad, en definitiva, contra doce años de ataque a la sensatez. No se trata de ser oficialista u opositor, se trata de construir,... <a href="http://opinion.infobae.com/christian-joanidis/2016/01/28/la-lucha-es-siempre-por-la-dignidad/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Con el cambio de Gobierno hemos dado un paso importante, hemos vuelto a la senda de la república. Muchos hemos escrito contra los doce años de ataque a las instituciones y la libertad, en definitiva, contra doce años de ataque a la sensatez. No se trata de ser oficialista u opositor, se trata de construir, de buscar siempre un país mejor. Pensar distinto no es oponerse, es contribuir.</p>
<p>Los maniqueísmos obtusos han interpretado todo llamado a la cordura como el grito del neoliberalismo salvaje, sin entender que la lucha no es por un sistema, por un partido, ni por un Gobierno: es por la dignidad. Es un concepto que fue manoseado y tergiversado, pero no pierde su vigencia, porque ninguna conquista es completa. La búsqueda de la dignidad de las personas nunca se termina.</p>
<p>El Gobierno anterior atropelló el derecho a pensar diferente y sobre todo el derecho a tener un trabajo y contribuir a la sociedad. Eso fue querer arrancarnos dignidad, socavar la república para que nadie pueda oponerse. Ya se fueron y no merecen más palabras, son parte del pasado, de un pasado que ciertamente recordaremos con tristeza. Hemos interrumpido el ciclo y hemos aprendido: una vez caída la teoría del relato, surge un nuevo paradigma. Prueba de ellos es que los mismos intendentes del Conurbano que antes se cubrieron con el manto oficialista de la agresividad y la soberbia hoy dan muestras de querer dialogar, de buscar cómo construir. Contra los sectarios y los nostálgicos del absurdo han trabajado para acordar un presupuesto y hoy trabajan para implementar medidas contra el narcotráfico y la agresión contra el medioambiente con el pacto de Padua. No es que han tenido una epifanía y han virado el rumbo porque su conciencia vio la luz, sólo se han adaptado a lo que los votantes elegimos. Han perdido porque su estilo fue rechazado, porque hemos elegido la república y el camino de las propuestas, del hacer. Ahora están en esa senda, es lógico, a nadie le gusta perder. Es así el juego de la democracia y la república, nuestro voto vale.<span id="more-345"></span></p>
<p>Pero esta eterna lucha por la dignidad no cesa. Por eso es que tenemos que presionar constantemente a los Gobiernos para que hagan lo que necesitamos. Hemos presionado por la república y ahora seguiremos presionando por muchas cosas más. Los Gobiernos totalitarios interpretan esa presión como un ataque, los Gobiernos democráticos, como un reclamo justo y hasta necesario para que todos vivamos mejor. Lo demostraron los últimos movimientos políticos: nuestros reclamos fuerzan un cambio de estilo, fuerzan acciones y así llegan las mejoras. Se puede sentir tensión, puede haber palabras fuertes, pero al final se comprende que todo se trata de buscar la forma de que todos estemos mejor.</p>
<p>El Gobierno actual hasta ahora ha hecho sólo lo evidente, lo que cualquiera hubiera hecho. Esto no le quita mérito, sólo digo que no hay mucho para criticar ni para halagar. Los fanáticos se empecinan en encontrar una catástrofe donde sólo se está poniendo un poco de sentido común. Si la controversia es porque en lugar de próceres habrá animales en los billetes, vamos bien: todos coincidieron en que hacían falta papeles de mayor denominación.</p>
<p><b>Muchos temen que se esté poniendo demasiado foco en la economía. Fue el campo más arrasado de todos y el que primero hay que limpiar para que todo lo demás funcione</b>. Existe el riesgo de que la obsesión por las finanzas del país les haga olvidar a quienes elegimos para que nos gobiernen que la economía no es un fin en sí mismo, sino sólo un medio para construir dignidad. Si la economía va bien, según los cánones de los técnicos, pero las personas sufren y no logran armar su vida y contribuir a la sociedad, entonces las cosas van mal. La economía sin política está vacía, pero la política sin economía es también una fábula. Pero no es eso lo que sucede todavía. <b>Es evidente que los años que vendrán no serán fáciles, pero la culpa no la tienen las medidas que se toman hoy, sino el desastre que dejaron los inexpertos que jugaron a ser economistas y gobernantes durante los últimos años. </b>Fue la era de los amateurs.</p>
<p>Está por verse cómo se resolverá la situación. Por lo pronto, los pasos son adecuados y van en el sentido que necesitamos: construir desde el diálogo y las propuestas. Ahora tenemos sobre qué discutir, sobre qué trabajar. Hay un espacio para el disenso y para las ideas. Es el comienzo, pero no el final. Quienes hemos levantado la voz contra los atropellos del anterior Gobierno seguiremos levantándola contra los atropellos que pueda cometer el Gobierno actual: eso se llama república. La diferencia es que el nuevo equipo es mucho más sensible al diálogo que el anterior. Parecería que se terminó la sordera y el púlpito.</p>
<p>Nos han querido inculcar que se es oficialista u opositor, como si no existiera nada más en el medio. <b>Mientras antes se quería gobernar a pesar de la pluralidad, hoy se trabaja en un esquema en que se gobierna gracias a ella, como debe ser. </b>Algunas veces hablaremos en contra y otras a favor, porque tenemos ideas, porque queremos un país mejor para todos. Nadie está en contra de nadie, todos estamos a favor de la dignidad. Cuando eso no suceda, entonces lo diremos, porque la lucha es siempre por la dignidad.</p>
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		<title>La lucha contra la inseguridad requiere de técnicos</title>
		<link>http://opinion.infobae.com/christian-joanidis/2015/12/27/es-la-seguridad-una-prioridad/</link>
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		<pubDate>Sun, 27 Dec 2015 03:00:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Joanidis</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La pregunta es válida. ¿Quienes nos gobiernan creen que la seguridad es realmente una prioridad? ¿Quienes están en los altos mandos de las fuerzas de seguridad están convencidos de que su campo de acción debe ser una prioridad en la Argentina de hoy? Sin señalar a nadie en particular, a todos nos resulta evidente que... <a href="http://opinion.infobae.com/christian-joanidis/2015/12/27/es-la-seguridad-una-prioridad/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La pregunta es válida. ¿Quienes nos gobiernan creen que la seguridad es realmente una prioridad? ¿Quienes están en los altos mandos de las fuerzas de seguridad están convencidos de que su campo de acción debe ser una prioridad en la Argentina de hoy? Sin señalar a nadie en particular, a todos nos resulta evidente que los responsables de solucionar el delito en la Argentina no están obteniendo demasiados resultados. Da la impresión, aunque resulte duro asumirlo, que no existe la voluntad política de resolverlos. Sea por desidia, por negligencia o por connivencia, el resultado es el mismo: todos los argentinos seguimos sufriendo las consecuencias del delito.</p>
<p>¿Qué tan dura es la lucha que se está librando contra el narcotráfico? No es cierto que es invencible: el crimen organizado no puede superar nunca con sus fuerzas al Estado. Tal vez la delincuencia sea más ágil, a lo que se le agrega la ventaja operativa de no tener límites morales, pero definitivamente nunca podrá ser más fuerte que el Estado. Ninguna persona que pertenezca a una fuerza de seguridad y esté en su sano juicio dirá jamás que el narcotráfico es invencible.<span id="more-320"></span></p>
<p>Pero volvamos a la pregunta anterior. ¿Se está librando una verdadera lucha contra el narcotráfico? <b>El Gobierno anterior desplegó varios operativos con nombres rimbombantes, pero los resultados tal vez no difieran de lo que se venía haciendo hasta ahora. Parecería que se trató más de una acción de marketing orientada a llevar tranquilidad a la población antes que de un despliegue genuino. </b>Seguramente, y estoy haciendo una hipótesis, se les asignó a las operaciones en curso un nuevo nombre y se lo comunicaron a la sociedad bajo la apariencia de un redoblado esfuerzo por combatir al crimen organizado. ¿Los resultados? La calle nos dice que la droga sigue entrando al país.</p>
<p>El problema del ingreso de drogas a la Argentina no es un problema técnico. Todos conocemos cómo lo hacen y las fuerzas de seguridad ciertamente cuentan hasta con detalles de esta operatoria. Incluso se sabe perfectamente cuál es la solución. Hace ya un tiempo Jorge Lanata, en una entrega de <i>Periodismo para Todos</i>, habló de la falta de radares en la frontera. El crimen organizado prefiere utilizar el método de entrega aéreo, porque los cielos argentinos son más vulnerables que los pasos terrestres. La droga entra por el aire. <b>Todos sabemos que la radarización de la frontera es parte de la solución</b>. Luego tenemos que asegurarnos de que las fuerzas de seguridad cuenten con los procesos y los elementos para alcanzar estas naves áreas e interceptar las cargas entregadas. Pero si se conoce la solución, ¿por qué no se implementa?</p>
<p>A esta altura no creo que nadie se atreva a hablar de falta de fondos. Todos sabemos que el dinero existe. La cuestión es que se está gastando en otras cuestiones. Tal vez se le compra a las fuerzas equipamiento de otra índole, tal vez se termina gastando en puestos administrativos, en remodelación de oficinas, en estudios y operaciones que tienen poco impacto o incluso en cuestiones que benefician a un reducido grupo de personas, en detrimento de la fuerza en su conjunto. Todas estas son posibilidades y con la falta de datos duros que caracteriza a nuestra Argentina de hoy es imposible saber qué está sucediendo realmente. La única certeza es que los radares no aparecen y los que están desplegados no queda claro si funcionan como deberían, si son realmente útiles o si en definitiva son piezas de utilería.</p>
<p>Si el problema no es el dinero, si no es una cuestión técnica, entonces sólo queda pensar que se trata de falta de voluntad política. Como en tantos otros temas, muchos son los que hablan de seguridad: son los mismos que no trabajan ni mueven a la gestión para concretar soluciones sustentables. Sólo palabras. Cuando vamos a la realidad, la seguridad no es una prioridad.</p>
<p>Personalmente, no creo que sea connivencia, creo que es desidia, falta de ganas de solucionar las cosas y sobre todo, de un foco puesto en cuestiones menores, en rencillas internas, en privilegios adquiridos que no se quieren perder. En mis muchas charlas con uniformados nunca tuve la percepción de que fueran ellos a los que les faltan ganas de trabajar; de hecho, veo gran vocación en todas nuestras fuerzas. ¿Estará el problema en los altos mandos? ¿Estará el problema en los funcionarios? Tal vez todos ellos no están haciendo su trabajo. Tal vez mientras se dedican a buscar un lugar donde el sol sea más cálido se terminan olvidando de todo un país que queda a merced del crimen organizado.</p>
<p><b>Como sociedad tenemos que saber reclamar soluciones duraderas y no conformarnos con operativos fugaces que no tienen otra intención más que serenar los ánimos</b>. Los responsables de la seguridad suelen apostar a nuestro olvido, sabiendo que nuestro reclamo se apagará con el tiempo. Solucionar los problemas de seguridad de la Argentina no requiere ni grandes soluciones técnicas ni grandes inversiones, sólo dedicación. Pero mientras los responsables de implementar las soluciones sean personas con escasos conocimientos u oportunistas devenidos en especialistas, seguiremos sufriendo las consecuencias.</p>
<p>Pienso que la seguridad no es un área para que haya puestos políticos, es un área técnica en la que tienen que involucrarse especialistas en seguridad y gestión en todos los niveles de responsabilidad, desde los ministros hasta los efectivos. De otra forma, la desidia y la falta de conocimiento seguirán siendo los verdugos de una sociedad que pide a gritos que se detenga al narcotráfico.</p>
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		<title>La seguridad no es vocación, es gestión</title>
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		<pubDate>Sat, 05 Dec 2015 09:10:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Joanidis</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Corrupción de las fuerzas]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Prácticamente no existen problemas técnicos en lo que se refiere a las principales cuestiones de seguridad que hoy desvelan a los argentinos. Actualmente y en este contexto, combatir la delincuencia no es cuestión de desentrañar nuevas y sofisticadas formas de delinquir. Nos encontramos frente a los delitos de siempre, que no presentan en general grandes innovaciones. Por tomar sólo un ejemplo, no se trata de entender cómo se comercializa la droga en el país, todo eso lo saben las fuerzas de seguridad, lo saben los funcionarios y lo sabemos todos.</p>
<p>Para ponerlo un poco en perspectiva, las soluciones técnicas requieren a especialistas técnicos que puedan aportar su conocimiento e ideas; son cuestiones más bien específicas dentro de un área. Los médicos son profesionales eminentemente técnicos, porque tienen un gran conocimiento sobre su especialidad y ellos pueden recetar un remedio para una determinada enfermedad.</p>
<p>Volviendo al tema de la seguridad, si no supiéramos cómo hacen los narcotraficantes para entrar la droga a nuestro país, los técnicos deberían investigar la situación y proponer soluciones. En general, para este tipo de problemas ya se han descubierto las soluciones en otras partes del mundo o incluso mismo en nuestro país: quienes se dedican a enfrentar el delito disponen de muchísimas herramientas técnicas. Una vez que se encuentra la solución, se terminó el problema técnico y llegó el momento de aplicarla. Comienza el problema de gestión.<span id="more-314"></span></p>
<p><b>Las fuerzas de seguridad, los funcionarios y por transitividad la clase dirigente siguen convencidos de que los problemas de seguridad son eminentemente técnicos. Al tomar ese enfoque se confunde el origen de los problemas y se pone a los técnicos a hacer el trabajo de los especialistas en gestión. El resultado salta a la vista.</b></p>
<p>Diseñar soluciones es el trabajo de los técnicos, aplicarlas es el campo de acción de los especialistas en gestión y administración. La primera pregunta que surge a la luz de esto es qué tan preparadas están las distintas fuerzas de seguridad en cuestiones vinculadas con la gestión. Si bien su formación contempla en general algunos escasos aspectos de esta disciplina, todo indica que no se trata de una de las áreas de conocimiento más valoradas en el ambiente.</p>
<p>El problema no sería tan grave si sólo fuera cuestión de encontrar a las personas adecuadas o de capacitar a las que están hoy dentro de las fuerzas de seguridad en esta área en particular. Lo más difícil es generar el cambio cultural dentro de las organizaciones y transformar la concepción que tienen del delito los políticos y la opinión pública en general: mientras todos sigan entendiendo la seguridad como un problema eminentemente técnico, entonces se ignorarán los graves problemas de gestión, que son justamente los que no les permiten a las fuerzas actuar con eficacia.</p>
<p>Este cambio cultural es un gran desafío, sobre todo porque si quienes comandan las fuerzas de seguridad no pueden comprenderlo, al hablar con quienes toman las decisiones a nivel político les siguen recomendando la aplicación de soluciones obsoletas que consumen recursos y no dan resultados. Y los políticos, para quienes el delito es más un mal eterno e incomprensible, prefieren hacer algo para contentar a los votantes y no proponerse buscar soluciones en serio.</p>
<p>Hoy las fuerzas de seguridad combaten el delito con garra. Se habla de la corrupción de las fuerzas, es cierto, no son impolutas, es otro delito que hay que combatir. Pero es innegable que reina la vocación entre los uniformados y que los logros obtenidos son fruto más de la garra que de las buenas decisiones. Pero ciertamente es absurdo pensar que con motivación y vocación todo se soluciona.</p>
<p>Me imagino a un jinete sobre un caballo flaco dispuesto a correr a un automóvil. Me imagino al jinete convencido, sudando, azotando al animal para que vaya más rápido. Lo veo motivándolo al grito de “¡Vamos que se puede, vamos!”. ¿Quién se atreve a pensar que es posible que el caballo alcance al automóvil? Hoy las fuerzas de seguridad están en esa situación. No se trata de garra, <b>se trata de empezar a buscar las herramientas de gestión que ayuden a implementar las soluciones técnicas de manera eficaz</b>. Quien no tiene herramientas sólo puede tener esperanza y convicción, pero no es suficiente.</p>
<p>Como ciudadanos no podemos reclamarles a los uniformados más convicción, más ganas. Lo que tenemos que pedirles es más gestión para que empiecen a aparecer los resultados. Se dice: “La Policía no hace nada”, es mentira, pero sí es cierto que no logra demasiado. Cuando hablamos de que no se obtienen resultados, estamos poniendo el foco en la cuestión central: ya no se trata de la vocación de las fuerzas de seguridad, sino de que hoy no utilizan las mejores herramientas para enfrentar el delito de manera eficaz.</p>
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		<title>Cuatro años de desafíos</title>
		<link>http://opinion.infobae.com/christian-joanidis/2015/11/27/cuatro-anos-de-desafios/</link>
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		<pubDate>Fri, 27 Nov 2015 08:03:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Joanidis</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Este domingo triunfó la República, porque el PRO en estos momentos representa eso: un espacio que no sólo profesa los valores republicanos, sino que además los ha puesto en práctica. Tendrá aciertos y desaciertos, uno puede o no estar de acuerdo con cómo han hecho las cosas en la ciudad de Buenos Aires, pero nadie... <a href="http://opinion.infobae.com/christian-joanidis/2015/11/27/cuatro-anos-de-desafios/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Este domingo triunfó la República, porque el PRO en estos momentos representa eso: un espacio que no sólo profesa los valores republicanos, sino que además los ha puesto en práctica. Tendrá aciertos y desaciertos, uno puede o no estar de acuerdo con cómo han hecho las cosas en la ciudad de Buenos Aires, pero nadie puede negar el carácter republicano que tiene el partido de Mauricio Macri cuando se lo compara con el kirchnerismo.</p>
<p>Los argentinos ahora podemos mirar hacia adelante con otra perspectiva, con otras expectativas, intentando olvidarnos de estos doce años de oscuridad para nuestra república. Y es en este plan que decidí escribir esta columna: dejando de lado el recuerdo del pasado, tomando las lecciones aprendidas y poniendo la mirada en el futuro. ¿Cuáles son hoy los desafíos más relevantes que tiene que enfrentar Mauricio Macri como presidente?</p>
<p>Es cierto que el kirchnerismo ha destruido todo y, por lo tanto, todo tiene que ser reconstruido. Sin embargo, existen algunas cuestiones clave que hay que atacar no sólo de inmediato, sino con una eficacia fuera de serie. Postergar estas cuestiones es llamarse al fracaso, es ignorar la realidad.<span id="more-307"></span></p>
<p><b>El primer punto es el sinceramiento de la economía</b>. Todos sabemos esto, todos lo tenemos claro: esta situación contraintuitiva donde la economía está regida por artificiales e insostenibles medidas tiene que llegar a su fin. Habrá un período de reacomodamiento, pero se encauzará. El nuevo Gobierno cuenta con la voluntad de hacerlo y con el talento necesario para diseñar la economía que vendrá.<!--more--></p>
<p><b>El segundo punto, en orden de importancia, es la seguridad</b>. Es una cuestión delicada y de la que seguramente hablaremos mucho los argentinos en los próximos tiempos. Enfrentar el delito y en particular el narcotráfico es una cuestión que requiere un cambio cultural en la Argentina. Muchas veces se dice que la legislación no acompaña, pero lo cierto es que esperar un cambio de leyes es a esta altura una utopía: las fuerzas de seguridad tienen que hacer lo mejor que puedan dentro del marco regulatorio actual. En primera instancia es necesario poner gente idónea al frente de esta tarea, se trata de una cuestión técnica y no política. Se necesitan expertos en seguridad y expertos en gestión. Ambas disciplinas combinadas pueden obtener resultados maravillosos. Pero sobre todo se necesita que la sociedad comprenda que exigir más policías en la calle no sirve, que lo importante es pedir que se hagan las cosas con inteligencia y que se obtengan resultados.</p>
<p><b>El tercer punto es la lucha contra la corrupción</b>. Si bien esto no mejora directamente la vida de los argentinos, fortalece enormemente las instituciones republicanas y nos ayuda en el cambio cultural que tenemos que hacer para crecer como país: no da todo lo mismo, robar no es lo mismo que ser honesto. Esta lucha implica irremediablemente poner los ojos en estos últimos doce años de gestión kirchnerista y comenzar las investigaciones para descubrir a aquellos que han usado su lugar en el Estado para enriquecerse. No se trata de revancha, se trata de actuar sobre el pasado para que el futuro sea distinto.</p>
<p>Se ha hablado de la famosa brecha que nos deja el kirchnerismo como uno de los mayores problemas de la Argentina. Creo, personalmente, que la brecha es algo artificial que mantuvo el oficialismo durante este tiempo como una estrategia. Cuando los militantes rentados se pongan al servicio de algún otro empleador y cuando los distintos grupos negocien con el nuevo Gobierno su lugar en el escenario, la brecha se diluirá: sólo quedarán aquellos pocos kirchneristas que creen con la mayor convicción, aquellos feligreses de fe ciega que recordarán a Néstor y a Cristina con beatitud. Estos últimos serán sólo una escasa minoría. El resto se reconvertirá, como se reconvirtieron los menemistas.</p>
<p>Los planes sociales son otra obsesión de la clase media, que ve en ellos un agravio a su esfuerzo cotidiano por merecer lo que posee. De esa indignación nace la ilusión de que los planes y los subsidios son un gran problema para nuestro país, cuando en realidad no se trata más que de una cuestión marginal, porque hasta tienen un peso insignificante en el presupuesto. El verdadero problema es la destrucción de la cultura del trabajo. Porque el kirchnerismo tiene tan poco peronismo en su seno que hasta eso se ha ocupado en denigrar en nuestro país: el trabajo. Eso tal vez sea un problema y es de los más graves, pero se necesita mucho tiempo para revertirlo. Quizás hagan falta varios Gobiernos más para que los argentinos volvamos a entender que el fundamento de todo crecimiento y de toda mejora en las condiciones de vida sólo viene del trabajo.</p>
<p>Priorizar no es desmerecer todos los demás temas, porque todos son importantes. Pero en gestión, para alcanzar el éxito lo importante es entender qué cosas tenemos que hacer primero para poder seguir en carrera. <b>Atacar la situación económica, el delito y la corrupción es la forma que tendrá el nuevo Gobierno de sostenerse para seguir adelante.</b> De los demás temas deberá ocuparse al andar, sin descuidarlos, pero sin poner tampoco toda su atención y sus recursos en ellos.</p>
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		<title>La violencia está ganando</title>
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		<pubDate>Sat, 29 Aug 2015 10:06:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Joanidis</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hace unos días mataron a un chico en la parada del colectivo. Salió en algunos medios, se hablaba de Barracas, es cierto, pero fue en las inmediaciones de la villa. Pero para entender un poco más las cosas es necesario saber dónde fue el asesinato y en qué circunstancias. Eran las siete de la tarde,... <a href="http://opinion.infobae.com/christian-joanidis/2015/08/29/la-violencia-esta-ganando/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Hace unos días mataron a un chico en la parada del colectivo. Salió en algunos medios, se hablaba de Barracas, es cierto, pero fue en las inmediaciones de la villa. Pero para entender un poco más las cosas es necesario saber dónde fue el asesinato y en qué circunstancias.</p>
<p>Eran las siete de la tarde, según me contaron. Era una parada de colectivos. En el barrio las paradas de colectivo están atestadas de gente, sobre todo a esa hora. Los negocios estaban abiertos, había movimiento. La parada está en una calle importante, esto quiere decir que hay iluminación y que todos caminamos tranquilos por allí, nos sentimos seguros. No quiero faltar a la precisión, pero hay un puesto de gendarmería a unos cien o doscientos metros de allí. Todo habla de una zona segura.</p>
<p>Contrario a lo que los mitos populares indican, caminar por las villas no es peligroso. Cualquiera puede recorrer las calles principales y nada va a pasarle. Quienes conocemos algo más podemos internarnos en algún pasillo ancho. Los pasillos más angostos ya son más dudosos: el poco tránsito de gente y el hecho de que solo los frecuenta un número reducido de personas permite que quede en evidencia el extranjero. Queda claro que a altas horas de la noche lo que acabo de decir no cuenta.<span id="more-266"></span></p>
<p>Así es que en una calle transitada, iluminada, con fuerzas de seguridad a unos metros, un chico está esperando en la parada del colectivo. Se acercan dos personas para robarle y ante la resistencia lo matan. Por un momento intento pensar con frialdad. Me pongo en el lugar de los delincuentes. Pienso que tengo que robarle a alguien. Llego a donde está este chico. Lo miro y pienso muchas cosas. Que hay un puesto de gendarmería cerca, que hay mucha gente que puede verme o incluso intervenir. Incluso pienso en que un golpe tan evidente va a redundar directamente en mi captura. Estoy sopesando los riesgos, mis probabilidades de éxito. Es lo que hacemos todos, porque ante cualquier acción nuestro instinto opera en ese sentido. ¿Acaso los delincuentes no pensaron lo mismo?</p>
<p>Sopesar riesgos, analizar probabilidades de éxito, es algo que estamos acostumbrados a hacer. El primer paso para hacerlo correctamente es comprender la relación entre causas y consecuencias. Eso nos permite proyectar en nuestra mente lo que sucederá si hacemos determinada cosa. Pero <b>hoy está pasando algo extraño y es que el consumo de drogas hace que lo que todos hacemos con naturalidad se convierta en una tarea casi imposible para un creciente número de personas</b>. Consumir drogas altera las funciones cognitivas e incluso afecta al sistema nervioso: basta con mirar a nuestro alrededor, no hace falta ser un experto en la materia para llegar a esta conclusión. Eso hace que estas personas no midan riesgos ni logren comprender del todo determinadas situaciones, mucho menos la relación causa-consecuencia.</p>
<p>Hoy, <b>el narcotráfico nos está dejando delincuentes que son cada vez más temerarios</b>. Pero esa temeridad no viene de una convicción o un acto de arrojo, viene de su incapacidad para entender el medio. <b>Esta vez esto pasó en la villa, pero los delincuentes no reconocen límites geográficos y tal vez en algún momento algo así pueda pasar en medio de la 9 de julio o en alguna esquina de Palermo</b>. Es posible que los capturen luego de delinquir, pero nadie puede devolver la vida que se llevaron. La cómoda y difundida convicción de que estas cosas pueden pasar solo en la villa es la causa de nuestra apatía y lo que nos va llevando lentamente a una situación de inseguridad cada vez peor.</p>
<p>En la Argentina, la policía difícilmente investigará el caso. No es una cuestión de desidia: lo harán, pero la pujante demanda por seguridad reactiva y presencia policial en las calles hace que los investigadores sean cada vez menos y que los que están en esa función sean cada vez más exigidos. Evidentemente la calidad del trabajo del investigador policial se degrada cada vez más. Situación que favorece a los delincuentes, quienes perciben esto de alguna forma y por eso sienten todavía más impunidad.</p>
<p>Contra toda creencia, la gente que vive en las villas es la que primero sufre las consecuencias de la inseguridad. La mayoría de sus habitantes son personas de bien, trabajadoras, mientras que unos pocos se aprovechan de la escandalosa ausencia del Estado para montar allí sus negocios ilegales. Hoy las villas son grandes depósitos y cocinas de droga y los clientes no están precisamente en su seno, sino en el exterior: viven generalmente en edificios importantes y creen que consumir drogas es algo recreativo. Una recreación que le cuesta demasiado caro a muchas personas. <b>Hoy, la opresión de los débiles es el narcotráfico, que se nutre de los ingresos de las clases pudientes y usa la sangre de los pobres</b>.</p>
<p>Aquellos que se vuelven parte de este ejército de delincuentes desesperados y temerarios son los efectos colaterales del narcotráfico, no el narcotráfico en sí. Ellos consumen lo que queda, lo que no se puede vender. Además funcionan como soldados en algunos casos. Son meros engranajes, incluso fusibles que pronto se quemarán. Pero hay muchos más de donde ellos vienen. Y esta es la gran injusticia del narcotráfico, que sirve a clases altas y medias que consumen sus productos, pero emplea en esta actividad ilegal a los pobres. El negocio del narcotráfico tiene su desarrollo comercial en las clases acomodadas, pero en su operación están los marginales y los que sufren los efectos colaterales son, como siempre, los pobres.</p>
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		<title>Sobre los preconceptos del delito</title>
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		<pubDate>Fri, 24 Jul 2015 03:00:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Joanidis</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>A todos nos preocupa el delito, al punto que se ha convertido en un reclamo del electorado en general para estas presidenciales: bien supieron leer esto los candidatos que están centrando sus campañas en los temas vinculados a la seguridad. Y entre tanto ir y venir me crucé en estos días con un artículo en otro medio que hablaba sobre la inseguridad. No era de ningún personaje político, sino más bien de un experto en el tema y por eso me llamó la atención que trabajara precisamente sobre la base de algunos preconceptos equivocados. Lo más llamativo es, sin embargo, que estos mismos errores los veo reflejados en la opinión generalizada de políticos, periodistas y público en general, lo que me motivó a escribir esta columna.</p>
<p><b>El primer gran error es el de desvincular la delincuencia de la pobreza.</b> Lo quiero dejar claro desde un principio, en la Argentina son dos realidades íntimamente relacionadas. El argumento principal es que mientras en otros países del mundo existe tanta pobreza como acá, la delincuencia no tiene los mismos niveles. Incluso se suele hablar del fenómeno de Estados Unidos, en donde en los momentos en que atravesaba su pico de delincuencia no era precisamente el de una crisis económica.</p>
<p>Paralelos de este tipo dejan de ser válidos desde el momento en que los fenómenos sociales complejos están inevitablemente enmarcados en una cultura y en un momento histórico. Así como sería absurdo analizar el comportamiento delictivo en la Edad Media y a partir de ello querer extrapolar soluciones para la Buenos Aires de hoy, también es absurdo analizar el delito en otros países y querer extrapolar soluciones para la Argentina: son paisajes sociales completamente distintos.<span id="more-249"></span></p>
<p>La definición de pobreza, ya sea implícita o explícita, varía entre países. En naciones como Alemania, la gente puede considerarte pobre si no podés comer embutidos todos los días. De hecho, hubo en su momento en una ciudad de Alemania una campaña para que todos los chicos al mediodía puedan tener su sándwich no vegetariano. A nosotros nos parece absurdo, pero en una sociedad donde existe un alto nivel de bienestar, los pobres son aquellos que no disfrutan de todos los beneficios del sistema. Porque <b>la definición de pobreza implícita, aquella que está en la mente de las personas, es una definición relativa y por lo tanto toma como parámetro aquello que vemos a nuestro alrededor</b>. Hace unos días una adolescente de la villa 21-24 fue a misionar al interior y al volver le dijo a su madre: “Ahora entendí lo que es la pobreza”. Ella se encontró en esa misión con personas que vivían peor que ella y entonces los consideró pobres. Esta definición implícita de pobreza que nos formamos está entonces vinculada a nuestras propias posibilidades económicas. La definición explícita suele estar fuertemente relacionada con la implícita, siendo justamente una objetivación de aquello que pasa por nuestras mentes. Por eso es que a quien se considera pobre en Alemania aquí sería una persona con un pasar bastante digno.</p>
<p>Teniendo en cuenta lo anterior, <b>en países más desarrollados, pobreza y delincuencia no tienen ningún tipo de relación, porque aquellos que menos tienen todavía algo tienen y llevan una vida digna. Pero en América Latina de la pobreza surge la marginalidad</b>, que es algo mucho más lacerante que la pobreza: se trata de personas que no están dentro de la sociedad, que no pueden insertarse en ella, no pueden contribuir y por eso no se sienten parte. De la marginalidad nace una brecha entre los que sí y los que no, y de esa brecha surgen dos sociedades. Siempre es fácil justificar la agresión contra el que no se concibe como un semejante, la agresión contra el que está en mi contra: los que viven en la marginalidad saben que los otros los quieren presos, los quieren ver desaparecer. Y los que no están en la marginalidad saben que los otros les quieren quitar lo que tienen. El sufrimiento del contrario no nos conmueve, es una regla de la humanidad.</p>
<p>Y de la marginalidad surge la delincuencia. De esa brecha casi insalvable entre las dos sociedades surge el delito, que se vive como el ataque de una facción contra la otra. ¿No es el narcotráfico la causa del delito? No, simplemente aprovecha ese sustrato delictivo para nutrirse y crecer: en las villas está la mano de obra, pero los compradores viven fuera. Es obvio, los pobres nunca son buenos clientes, ni siquiera para el narcotráfico.</p>
<p>Existe el pensamiento, trivial por cierto, de que aumentando las penas se termina con el delito. Encarcelar al delincuente no tiene otro fin más que sacar de la sociedad a aquel que la agrede. El problema en la Argentina es que hay tantas personas en situación de marginalidad que, cuando un delincuente es abatido o encarcelado, hay muchos más esperando para tomar su lugar. <b>Endurecer las penas es una medida que asume que el potencial delincuente entiende las consecuencias de sus actos</b>: no es cierto, los jóvenes que salen a delinquir tienen la idea de que ellos son brillantes, mejores que los demás y por ello nunca los van a atrapar. No importa cuántas veces la realidad les demuestra lo contrario, esa idea perdura, lo he visto con mis propios ojos.</p>
<p>No creo que el garantismo sea una doctrina judicial válida, todo lo contrario, las penas deben aplicarse y con la intensidad que corresponde: quien delinque debe ir a la cárcel. Pero resulta ciertamente injusto que solo terminen en la cárcel aquellos que no tuvieron los medios para poder escapar del brazo de la ley.</p>
<p>En la Argentina, cualquier programa contra el delito que no ponga el foco en la inclusión y la prevención es un programa condenado al fracaso. La urgencia de la situación a veces nos obliga a buscar soluciones de corto plazo, pero lo cierto es que no existen estas soluciones. Endurecer las penas, poner el foco en el aparato policial y judicial no es más que combatir el síntoma. Y lo peor del caso es que el síntoma es tan intenso que tanto el Poder Judicial como las fuerzas de seguridad se enfrentan a un reto más grande que su propia capacidad. Nuestro país se encuentra en una situación complicada y necesitamos de toda nuestra creatividad para poder revertir esta situación donde parece que el delito está llevando las de ganar.</p>
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		<title>El éxito de la Metropolitana y el fracaso en seguridad de Scioli</title>
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		<pubDate>Fri, 10 Jul 2015 03:00:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Joanidis</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Uno de los principales desafíos que enfrentará el próximo presidente de la Argentina es el de la delincuencia y en particular el del narcotráfico. Los argentinos somos cada vez más conscientes de la gravedad de la situación y a este respecto los candidatos deberían tener realmente mucho para decir. Hace unos días Daniel Scioli, con... <a href="http://opinion.infobae.com/christian-joanidis/2015/07/10/el-exito-de-la-metropolitana-y-el-fracaso-en-seguridad-de-scioli/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Uno de los principales desafíos que enfrentará el próximo presidente de la Argentina es el de la delincuencia y en particular el del narcotráfico. Los argentinos somos cada vez más conscientes de la gravedad de la situación y a este respecto los candidatos deberían tener realmente mucho para decir.</p>
<p>Hace unos días Daniel Scioli, con esa retórica que asombra por su osadía, volvió a hablar de seguridad, deshaciéndose en halagos para con las policías locales. Lo he dicho varias veces:<b> las policías locales no son una mejora, son un retroceso</b>. En primer lugar, porque se suman a una fuerza ya muy cuestionada como es la bonaerense: para ponerlo en concreto, es más de lo mismo. El hecho de que sean locales, a diferencia de lo que sostiene el actual gobernador de la provincia de Buenos Aires, no trae ningún beneficio. Suele decir que la policía local conoce el lugar, pero conocer el lugar no le da al policía que está en la calle ningún tipo de ventaja. De hecho, este tipo de conocimiento puede servir para diseñar acciones preventivas, incluso para realizar algún tipo de operativo especial: a nada de esto se dedicarán, sin embargo, las policías locales.<span id="more-241"></span></p>
<p><strong>Es simplemente una cuestión de estrategia electoral.</strong> Ante la imposibilidad de solucionar el problema real, se utilizan estas técnicas un tanto arteras para impactar positivamente sobre la opinión pública: detrás de esto está la esperanza de que los ciudadanos podamos confundir esta improvisación con una solución verdadera y duradera. No es el único que recurre a estos métodos, pero adicionalmente Daniel Scioli demuestra que la seguridad no es precisamente el tema que mejor maneja.</p>
<p><strong>Por el contrario, en la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, el candidato con el que Scioli polariza, ha sabido asesorase en cuestiones de seguridad y ha tomado medidas únicas en la Argentina, como lo es la creación de la Policía Metropolitana.</strong> Se trata de una fuerza nueva, con un concepto innovador: el de policía de proximidad. Es cierto que hubo algunas intervenciones que han dejado mucho que desear, pero fueron casos aislados, errores de juicio de unos pocos más que de la fuerza como tal.</p>
<p>La Policía Metropolitana nace como una fuerza diseñada especialmente para actuar en la ciudad y sobre todo es una fuerza que tiene al vecino como eje. Las demás fuerzas de seguridad de la Argentina tienen su foco puesto en otras cuestiones. La Gendarmería se dedica al cuidado de las fronteras, la Prefectura al cuidado de las aguas y la Policía Federal es una fuerza concebida para atacar delitos federales. No hace falta decirlo, <b>ninguna de esas tres fuerzas está realmente preparada para actuar en un contexto urbano</b>. Sin embargo, hoy las tres fuerzas mencionadas, por decisión del Ejecutivo nacional, operan en la ciudad de Buenos Aires: una prueba más de lo poco que entiende de seguridad el Gobierno nacional. No es casualidad que el narcotráfico haya avanzado tanto en esta década, es que del otro lado los delincuentes se han encontrado con un grupo de aficionados que creyeron que sabían de seguridad. Y es precisamente en esta misma senda que se ha puesto a caminar Scioli.</p>
<p>Desde su ignorancia, los políticos creen que el problema del delito se soluciona con más policías en la calle. Es por eso que arrojan efectivos ante los reclamos de la gente: es que nos tranquiliza ver a los uniformados en la esquina de nuestras casas. Pero lo que pocas veces se entiende es que el efecto de los uniformados en el delito es tan efímero como su presencia. La historia es real: en una zona caliente de la ciudad alguien se dirige a la parada del colectivo. Esta persona va tranquila, porque siempre hay efectivos de Prefectura en el lugar. Sin embargo, ese día los efectivos no están y al llegar a la parada sufre un asalto. Es lineal: el delito ocupa cualquier lugar que se le deja y no es posible que haya un uniformado en cada esquina.</p>
<p>De los dos candidatos con más chances en estas elecciones, <b>Mauricio Macri fue el único que entendió que la seguridad no pasa por que haya más efectivos, sino por implementar una forma distinta de policía: una diseñada especialmente para cubrir los requerimientos de la ciudad.</b> Esto no implica solo un entrenamiento distinto, sino también un enfoque especial al momento de actuar. Se trata de entender que en una ciudad hay vecinos y que los vecinos son el centro de la acción, no los delincuentes. Porque la Policía Metropolitana es una policía de proximidad que actúa desde un marco preventivo, haciendo todo un trabajo en la comuna que va más allá de poner un efectivo en una esquina.</p>
<p>No se trata de halagar a una persona porque sí, se trata de reconocer el mérito del que ha hecho, ejercicio que como electorado nos ayuda a tener cada vez mejores gobernantes. Por eso es que es justo admitir que mientras en la ciudad de Buenos Aires se ha encarado un trabajo serio y profesional con la Policía Metropolitana, del otro lado de la General Paz se pone el foco en las policías locales, que no solo son más de lo mismo, sino que además se basan en un concepto de marketing más que de seguridad. Y la seguridad de los ciudadanos no puede pasar nunca por una técnica de comunicación, porque el delito nos golpea en el rostro.</p>
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		<title>¿Existen los valores villeros?</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Jun 2014 09:46:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Joanidis</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Recientemente legisladores de La Cámpora impulsaron instalar el “día de los valores villeros” e la fecha en que nació Carlos Mugica. Personalmente creo que la fecha es importante, porque el padre Mugica es un símbolo para tantos otros que todos los días se comprometen con las más diversas causas sociales. Por otro lado, no tengo ninguna duda de la buena intención de los legisladores que están impulsando esta medida. Sin embargo, <strong>hay algo en eso de “los valores villeros” que no me termina de gustar</strong>.</p>
<p><strong>La villa, contrario a lo que la mayoría piensa, es parte de la ciudad y por lo tanto está inmersa en la cultura urbana.</strong> Hay algunas cuestiones que la distinguen del resto de la fisonomía urbana: se trata de una topografía bastante particular con una alta concentración de marginalidad. En la villa se oculta el narcotráfico, la violencia es una cuestión cotidiana y ni hablar de las carencias que se ven por todos lados, principalmente las vinculadas a la educación y el trabajo.</p>
<p><span id="more-127"></span></p>
<p>Pero este panorama hostil encierra también grandes aspectos positivos, que son los que hay que explotar para transformar la realidad de las villas. Durante todo este tiempo yo he visto que <strong>las personas de la villa se involucran en las actividades de su barrio, a diferencia de la apatía generalizada que hay en el resto de la ciudad</strong>. Siempre he visto voluntad de trabajo aunque no haya nada a cambio. Hace unos años se cumplían los quince de la llegada de la Virgen de Caacupé a la villa 21-24 de Barracas. Para ello la Iglesia había organizado una caravana para recorrer el barrio. La idea era salir de la parroquia y recorrer la villa para terminar en la cancha de fútbol que está detrás de la misma. Yo iba caminando en medio de la caravana y en un momento, al mirar hacia atrás, gracias a los desniveles del suelo, pude ver varias cuadras de gente y autos que iban siguiendo la caravana. Autos que estaban adornados para la ocasión con un trabajo increíble. Uno puede hablar de una peregrinación religiosa, pero era mucho más que eso, era el movimiento del barrio. Porque <strong>en la villa yo he visto a la gente moverse por lo que cree, trabajar por lo que realmente le interesa y la motiva.</strong></p>
<p>Yo me he sentado a la mesa de varias familias, he compartido almuerzos y siempre fui bienvenido. Porque también he visto que en la villa se da con generosidad a pesar de la escasez. Es paradójico, pero las puertas de las casas se abren más fácilmente que en el resto de la ciudad y la gente comparte lo que tiene con más apertura.</p>
<p>También he visto la solidaridad en acción, porque ante la necesidad todo el barrio se moviliza. <strong>Hay que aceptar que en muchas ocasiones liderado por la Iglesia, pero se moviliza</strong>. <strong>De nada valdría un gran liderazgo sin las personas que lo sigan. De hecho estoy tentado a decir que la fuerza que tiene el trabajo de los curas villeros radica en gran parte en la voluntad de ayudar que tiene la gente del barrio.</strong> Porque en un lugar signado por la violencia también hay una cultura muy fuerte de la solidaridad.</p>
<p>Pero si bien soy el primero en hablar de los aspectos positivos de la cultura de las villas, no creo que haya “valores villeros”. En primer lugar porque creo que <strong>hablar de valores villeros implica, sin quererlo seguramente, que hay una brecha natural entre la villa y la ciudad</strong>. Peor aún, esa brecha está dada en la raíz misma, porque nace de los valores. Un pensamiento peligroso que lleva a profundizar la marginalidad y las diferencias, ahondando en el paradigma de “ellos o nosotros”. La villa es parte de la ciudad, la villa es un barrio. Tiene sus características particulares, pero eso no la hace algo en sí mismo particular: así como un barrio se distingue del otro, pero sigue siendo un barrio de la ciudad. Nadie hablaría de los valores de San Telmo, ni de los Valores de Caballito. Porque las distinciones son superficiales.</p>
<p>Por otro lado, no creo que los valores, si bien pueden ser más fuertes en una región que en otra, sean específicos de un área geográfica o de una cultura. <strong>Los valores son cuestiones que hacen a toda la humanidad</strong>. Es por eso que me gusta hablar de “valores” a secas, porque todos deberíamos compartirlos. No son un patrimonio exclusivo de una zona geográfica, sino de todos.</p>
<p>Me parece importante querer resaltar en la labor del padre Mugica la labor de todos aquellos que se ocupan de los más débiles. Pero tal vez no sea éste el mejor homenaje. Yo personalmente <strong>prefería que en lugar de que sea el día de los “valores villeros”, sea el día “de la lucha contra la marginalidad y la pobreza”</strong> o el día del “compromiso con los más débiles” o el “compromiso con los más pobres”. Denominaciones más afortunadas que la que con buena intención han sugerido los legisladores.</p>
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		<title>Las villas no son un &#8220;problema&#8221;</title>
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		<pubDate>Sat, 15 Mar 2014 08:26:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Joanidis</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Es curioso, por emplear un término neutral, que se hable tanto del “problema de las villas”. La forma en que nombramos a las cosas suele implicar muchos otros conceptos que no estamos enunciando explícitamente. Resumir toda una realidad llamándola “el problema de las villas”, habla de una perspectiva inapropiada y por lo tanto la “solución”... <a href="http://opinion.infobae.com/christian-joanidis/2014/03/15/las-villas-no-son-un-problema/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Es curioso, por emplear un término neutral, que se hable tanto del “problema de las villas”. La forma en que nombramos a las cosas suele implicar muchos otros conceptos que no estamos enunciando explícitamente. <strong>Resumir toda una realidad llamándola “el problema de las villas”, habla de una perspectiva inapropiada y por lo tanto la “solución” que se sugiera, desde su concepción, va a estar lejos de tener algún sentido o aplicación práctica</strong>. Porque la perspectiva, aunque a veces no lo parezca, determina la metodología y los pasos a seguir; por eso tratar a las villas como un problema nunca va a resolver ninguna de las problemáticas de estos asentamientos.</p>
<p dir="ltr">La enfermedad, el hambre, la contaminación. Todos estos son problemas. Porque necesitan una solución, porque no son parte de nuestro mundo ideal, sino que queremos que dejen de existir. <strong>Las villas no son un problema, son una realidad</strong>. Como toda realidad tiene sus problemáticas, sus desafíos y sus dificultades. No es sólo una cuestión meramente verbal, sino que calificarlas de “problema” pone de manifiesto un reduccionismo que olvida que, quienes habitan estas áreas de la ciudad, tienen también el derecho a participar de la solución y ser meros espectadores de intentos “civilizadores”.</p>
<p dir="ltr"><strong><span id="more-91"></span>Estos asentamientos precarios tienen una gran carencia, que es la ausencia del Estado</strong>. Ausencia que van ocupando otras organizaciones, como el <strong>narcotráfico</strong> en el peor de los casos. Es justamente esta ausencia la que las hace un lugar vulnerable y un ecosistema en donde <strong>la inseguridad es un victimario de sus habitantes</strong> y no su construcción, como muchos creen. Esta ausencia del Estado también se refleja en la precariedad de otros tantos aspectos de las villas, como el acceso a la vivienda, al agua, al sistema de cloacas, a los servicios básicos, etcétera.</p>
<p dir="ltr">Las villas se perciben como algo que exige una urgente solución cuando se las mira desde la perspectiva de quien no puede tolerar lo distinto: entonces <strong>se convierten en un problema, porque es una realidad que no podemos tolerar</strong>. Tal vez fue esta última década, que educó a los argentinos en esta intolerancia sistemática, en la que el otro, desde el momento en que es distinto, pasa a ser un problema y no una parte de la realidad que tenemos que integrar a nuestros paradigmas. Es un ideario que se ha difundido y que nos ha afectado a todos por igual, porque no importa de qué lado estemos, nos hemos acostumbrado tanto a no soportar lo que no es igual a nosotros, que no sabemos apreciar que es justamente la gran diversidad la que formó el país que hoy tenemos, cuando las masas de inmigrantes coparon la Argentina durante todo el siglo pasado.</p>
<p dir="ltr">Es innegable, las villas son algo distinto, porque lamentablemente han crecido al margen de la ciudad, se han desarrollado a pesar de la ausencia del Estado y se han erigido con todo su contraste en medio del tejido urbano. Sin embargo, la ciudad no supo integrarlas y por eso siguen distinguiéndose claramente en el paisaje ciudadano. Es a raíz de esta clara distinción, de este “desentonar” con el resto de la ciudad, que terminan percibiéndose como un inconveniente. Son lo distinto, son lo que hay que “urbanizar”, para pasarle por encima y armonizarla con el resto de la ciudad, para que de una vez por todas desaparezca lo que no se nos parece. Desde esta perspectiva, las villas son definitivamente un problema.</p>
<p dir="ltr">Los que suelen tratar estos temas, los que analizan este “problema de las villas”, no se detienen a entender las miles de historias que hay en esos lugares, que viven y sobreviven, muchas veces en medio de la hostilidad. <strong>En las villas habitan los que no tienen voz, por eso pocas veces escuchamos a quienes defiendan su existencia,</strong> a quienes propugnen un debate desde adentro de la villa y no desde la abstracta intelectualidad o los despachos gubernamentales. Las villas son una realidad concreta y no un problema. No hay nada que solucionar, sólo hay que trabajar en la integración y en garantizarles a todos los argentinos sus derechos. Pero por sobre todas las cosas hay que esforzarse para que el Estado llegue a todos por igual y sin distinción.</p>
<p>Querer transformar la vida de aquellos que no tienen voz no es una tarea para sordos. Porque si no tienen voz, es porque nadie se ha ocupado en dárselas. Todos quieren resolver el “problema de las villas”, pero nadie quiere darles la voz a quienes viven allí para que puedan autodeterminar cuáles son las soluciones a sus dificultades. Porque como toda intolerancia, no se basa en escuchar al otro, sino en avasallarlo y excluirlo del debate. “El problema de las villas” se solucionará cuando los sin voz puedan expresarse y, finalmente, se comience a percibir que las villas no son un problema, sino parte de nuestra propia realidad.</p>
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