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	<title>Christian Joanidis &#187; delincuencia</title>
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		<title>Modernizar la seguridad</title>
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		<pubDate>Thu, 07 Jan 2016 09:22:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Joanidis</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy vemos como una situación absurda el hecho de que la caballería polaca, considerada la mejor del mundo en aquel entonces, saliera a enfrentar la invasión de Adolf Hitler con la convicción de que iba a repeler el ataque de tanques y aviones. Un ejemplo más de un paradigma obsoleto que, ciego de confianza en sí mismo, se precipitó al suicidio. La caballería no tenía ni la más mínima oportunidad contra la Blitzkrieg.</p>
<p><b>Mientras la delincuencia ha evolucionado en todas sus formas, incluso desde el punto de vista de la gestión, las fuerzas de seguridad siguen inmersas en paradigmas que muchas veces nos remiten a 1930</b>. Este brutal atraso no se da tanto a nivel técnico como a nivel organizacional y de gestión. La disciplina del management ha evolucionado y desarrollado nuevos conceptos, métodos, formas e incluso ideas. Todas ellas ignoradas dentro de las fuerzas de seguridad.</p>
<p>Desde el punto de vista organizacional, me atrevo a decir que hoy las fuerzas se gestionan al igual que allá por los años 1930. Se considera a las personas como parte de una maquinaria destinada a la producción y son piezas que se mueven e intercambian. Los sistemas de incentivos, los esquemas de motivación, el diseño de la estructura organizacional moderna son todos conceptos no aplicados hoy en la mayoría de las fuerzas de seguridad. La construcción se hace ignorando por completo el factor humano, al igual que se hacía en las fábricas del año 1920.<span id="more-327"></span></p>
<p>Las nuevas tendencias en management entienden a las personas no como un engranaje, sino como una parte fundamental sobre la cual se construye y se desarrolla la organización. Sin el talento de las personas, la organización prácticamente desaparece. Por eso el foco está en la captación y la retención de este talento, para lo cual es fundamental crear equidad en todos los aspectos de la relación entre las personas y la organización. Esto significa, por ejemplo, salarios equitativos, premios y castigos justos, un buen trato y sobre todo la valoración de las personas, de lo que ellas hacen y aportan a la organización. ¿Existen mecanismos formales en las fuerzas que apunten a estas cuestiones?</p>
<p>Sin ser un experto en organización, cualquier persona entiende las malas condiciones en las que trabajan las fuerzas: comisarías en muy mal estado, sueldos bajos, gendarmes que van de un lado a otro en condiciones poco confortables y existen muchos ejemplos más. Como si soportar el destrato fuera parte de la tarea de los efectivos. Están preparados para trabajar en condiciones corrosivas, porque su profesión lo requiere, lo que no significa que deban estar constantemente sometidos a situaciones de estrés operativo: un boxeador está preparado para recibir golpes, lo que no significa que pueda pasar toda su vida recibiéndolos.</p>
<p>Las fuerzas de seguridad se siguen moviendo dentro de una burocracia pastosa, ignorando por completo los principios modernos para organizar el trabajo: los controles, por ejemplo, se ejercen por excepción y no por regla. En las organizaciones modernas se han reestructurado estos controles para que sean automáticos, para que no se requiera un recorrido de meses para poder concretar una acción. En las fuerzas de seguridad tampoco existen procedimientos claros ni desarrollados por expertos en gestión, sino que toda la mecánica de la organización se creó sobre la base de la buena voluntad, lo que evidentemente no es suficiente.</p>
<p><b>A todo esto se suma que hay efectivos entrenados para el terreno, preparados para operar en cuestiones específicas de seguridad y, sin embargo, se encuentran haciendo trabajo administrativo o de gestión que debería ser delegado en otras personas</b>. Poner a un uniformado a mover papeles es desperdiciar su talento y colocarlo en una situación para la cual no sólo no está preparado, sino que no es lo que eligió ni lo que lo gratifica. Mientras el management ha descubierto que no todos somos buenos para hacer todo, en las fuerzas se ignora este principio por completo, porque si las personas son piezas intercambiables, entonces pueden ir a cualquier lado a hacer cualquier cosa.</p>
<p>La prevención y la investigación de la corrupción es otra de las cuestiones en las que las fuerzas de seguridad operan de manera arcaica. No he visto todavía en ninguna fuerza controles internos positivos que ayuden a prevenirla, no existen líneas anónimas para denunciar hechos de corrupción, ni incentivos positivos orientados a su erradicación. Todas estas cuestiones ya hace muchas décadas que se han puesto en marcha en empresas multinacionales: se trata de mecanismos y técnicas probadas. Pero en las fuerzas se sigue trabajando sobre la cuestión reactiva, yendo detrás del que cometió el delito.</p>
<p>Así como era evidente que la caballería polaca nunca podría derrotar al moderno ejército alemán, hoy se me hace evidente que fuerzas de seguridad que funcionan con principios organizacionales obsoletos tampoco podrán combatir el crimen organizado. Mientras que la delincuencia ha evolucionado incluso a nivel organizacional, las fuerzas de seguridad siguen operando como hace cien años. Es como si ante un ataque del ejército alemán los generales polacos hubiesen concluido que, para vencer en la próxima batalla, era necesario tener mejores generales y hombres mejor entrenados. No importa qué tan buenos sean los que dirigen a las fuerzas, no importa qué tanto entrenemos a nuestros hombres y les enseñemos lo último sobre seguridad. Si siguen trabajando con un paradigma organizacional que lleva cien años sin evolucionar, entonces su destino será el mismo que el de la caballería polaca.</p>
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		<title>Sobre los preconceptos del delito</title>
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		<pubDate>Fri, 24 Jul 2015 03:00:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Joanidis</dc:creator>
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		<description><![CDATA[A todos nos preocupa el delito, al punto que se ha convertido en un reclamo del electorado en general para estas presidenciales: bien supieron leer esto los candidatos que están centrando sus campañas en los temas vinculados a la seguridad. Y entre tanto ir y venir me crucé en estos días con un artículo en... <a href="http://opinion.infobae.com/christian-joanidis/2015/07/24/sobre-los-preconceptos-del-delito/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>A todos nos preocupa el delito, al punto que se ha convertido en un reclamo del electorado en general para estas presidenciales: bien supieron leer esto los candidatos que están centrando sus campañas en los temas vinculados a la seguridad. Y entre tanto ir y venir me crucé en estos días con un artículo en otro medio que hablaba sobre la inseguridad. No era de ningún personaje político, sino más bien de un experto en el tema y por eso me llamó la atención que trabajara precisamente sobre la base de algunos preconceptos equivocados. Lo más llamativo es, sin embargo, que estos mismos errores los veo reflejados en la opinión generalizada de políticos, periodistas y público en general, lo que me motivó a escribir esta columna.</p>
<p><b>El primer gran error es el de desvincular la delincuencia de la pobreza.</b> Lo quiero dejar claro desde un principio, en la Argentina son dos realidades íntimamente relacionadas. El argumento principal es que mientras en otros países del mundo existe tanta pobreza como acá, la delincuencia no tiene los mismos niveles. Incluso se suele hablar del fenómeno de Estados Unidos, en donde en los momentos en que atravesaba su pico de delincuencia no era precisamente el de una crisis económica.</p>
<p>Paralelos de este tipo dejan de ser válidos desde el momento en que los fenómenos sociales complejos están inevitablemente enmarcados en una cultura y en un momento histórico. Así como sería absurdo analizar el comportamiento delictivo en la Edad Media y a partir de ello querer extrapolar soluciones para la Buenos Aires de hoy, también es absurdo analizar el delito en otros países y querer extrapolar soluciones para la Argentina: son paisajes sociales completamente distintos.<span id="more-249"></span></p>
<p>La definición de pobreza, ya sea implícita o explícita, varía entre países. En naciones como Alemania, la gente puede considerarte pobre si no podés comer embutidos todos los días. De hecho, hubo en su momento en una ciudad de Alemania una campaña para que todos los chicos al mediodía puedan tener su sándwich no vegetariano. A nosotros nos parece absurdo, pero en una sociedad donde existe un alto nivel de bienestar, los pobres son aquellos que no disfrutan de todos los beneficios del sistema. Porque <b>la definición de pobreza implícita, aquella que está en la mente de las personas, es una definición relativa y por lo tanto toma como parámetro aquello que vemos a nuestro alrededor</b>. Hace unos días una adolescente de la villa 21-24 fue a misionar al interior y al volver le dijo a su madre: “Ahora entendí lo que es la pobreza”. Ella se encontró en esa misión con personas que vivían peor que ella y entonces los consideró pobres. Esta definición implícita de pobreza que nos formamos está entonces vinculada a nuestras propias posibilidades económicas. La definición explícita suele estar fuertemente relacionada con la implícita, siendo justamente una objetivación de aquello que pasa por nuestras mentes. Por eso es que a quien se considera pobre en Alemania aquí sería una persona con un pasar bastante digno.</p>
<p>Teniendo en cuenta lo anterior, <b>en países más desarrollados, pobreza y delincuencia no tienen ningún tipo de relación, porque aquellos que menos tienen todavía algo tienen y llevan una vida digna. Pero en América Latina de la pobreza surge la marginalidad</b>, que es algo mucho más lacerante que la pobreza: se trata de personas que no están dentro de la sociedad, que no pueden insertarse en ella, no pueden contribuir y por eso no se sienten parte. De la marginalidad nace una brecha entre los que sí y los que no, y de esa brecha surgen dos sociedades. Siempre es fácil justificar la agresión contra el que no se concibe como un semejante, la agresión contra el que está en mi contra: los que viven en la marginalidad saben que los otros los quieren presos, los quieren ver desaparecer. Y los que no están en la marginalidad saben que los otros les quieren quitar lo que tienen. El sufrimiento del contrario no nos conmueve, es una regla de la humanidad.</p>
<p>Y de la marginalidad surge la delincuencia. De esa brecha casi insalvable entre las dos sociedades surge el delito, que se vive como el ataque de una facción contra la otra. ¿No es el narcotráfico la causa del delito? No, simplemente aprovecha ese sustrato delictivo para nutrirse y crecer: en las villas está la mano de obra, pero los compradores viven fuera. Es obvio, los pobres nunca son buenos clientes, ni siquiera para el narcotráfico.</p>
<p>Existe el pensamiento, trivial por cierto, de que aumentando las penas se termina con el delito. Encarcelar al delincuente no tiene otro fin más que sacar de la sociedad a aquel que la agrede. El problema en la Argentina es que hay tantas personas en situación de marginalidad que, cuando un delincuente es abatido o encarcelado, hay muchos más esperando para tomar su lugar. <b>Endurecer las penas es una medida que asume que el potencial delincuente entiende las consecuencias de sus actos</b>: no es cierto, los jóvenes que salen a delinquir tienen la idea de que ellos son brillantes, mejores que los demás y por ello nunca los van a atrapar. No importa cuántas veces la realidad les demuestra lo contrario, esa idea perdura, lo he visto con mis propios ojos.</p>
<p>No creo que el garantismo sea una doctrina judicial válida, todo lo contrario, las penas deben aplicarse y con la intensidad que corresponde: quien delinque debe ir a la cárcel. Pero resulta ciertamente injusto que solo terminen en la cárcel aquellos que no tuvieron los medios para poder escapar del brazo de la ley.</p>
<p>En la Argentina, cualquier programa contra el delito que no ponga el foco en la inclusión y la prevención es un programa condenado al fracaso. La urgencia de la situación a veces nos obliga a buscar soluciones de corto plazo, pero lo cierto es que no existen estas soluciones. Endurecer las penas, poner el foco en el aparato policial y judicial no es más que combatir el síntoma. Y lo peor del caso es que el síntoma es tan intenso que tanto el Poder Judicial como las fuerzas de seguridad se enfrentan a un reto más grande que su propia capacidad. Nuestro país se encuentra en una situación complicada y necesitamos de toda nuestra creatividad para poder revertir esta situación donde parece que el delito está llevando las de ganar.</p>
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		<title>El éxito de la Metropolitana y el fracaso en seguridad de Scioli</title>
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		<pubDate>Fri, 10 Jul 2015 03:00:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Joanidis</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Uno de los principales desafíos que enfrentará el próximo presidente de la Argentina es el de la delincuencia y en particular el del narcotráfico. Los argentinos somos cada vez más conscientes de la gravedad de la situación y a este respecto los candidatos deberían tener realmente mucho para decir. Hace unos días Daniel Scioli, con... <a href="http://opinion.infobae.com/christian-joanidis/2015/07/10/el-exito-de-la-metropolitana-y-el-fracaso-en-seguridad-de-scioli/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Uno de los principales desafíos que enfrentará el próximo presidente de la Argentina es el de la delincuencia y en particular el del narcotráfico. Los argentinos somos cada vez más conscientes de la gravedad de la situación y a este respecto los candidatos deberían tener realmente mucho para decir.</p>
<p>Hace unos días Daniel Scioli, con esa retórica que asombra por su osadía, volvió a hablar de seguridad, deshaciéndose en halagos para con las policías locales. Lo he dicho varias veces:<b> las policías locales no son una mejora, son un retroceso</b>. En primer lugar, porque se suman a una fuerza ya muy cuestionada como es la bonaerense: para ponerlo en concreto, es más de lo mismo. El hecho de que sean locales, a diferencia de lo que sostiene el actual gobernador de la provincia de Buenos Aires, no trae ningún beneficio. Suele decir que la policía local conoce el lugar, pero conocer el lugar no le da al policía que está en la calle ningún tipo de ventaja. De hecho, este tipo de conocimiento puede servir para diseñar acciones preventivas, incluso para realizar algún tipo de operativo especial: a nada de esto se dedicarán, sin embargo, las policías locales.<span id="more-241"></span></p>
<p><strong>Es simplemente una cuestión de estrategia electoral.</strong> Ante la imposibilidad de solucionar el problema real, se utilizan estas técnicas un tanto arteras para impactar positivamente sobre la opinión pública: detrás de esto está la esperanza de que los ciudadanos podamos confundir esta improvisación con una solución verdadera y duradera. No es el único que recurre a estos métodos, pero adicionalmente Daniel Scioli demuestra que la seguridad no es precisamente el tema que mejor maneja.</p>
<p><strong>Por el contrario, en la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, el candidato con el que Scioli polariza, ha sabido asesorase en cuestiones de seguridad y ha tomado medidas únicas en la Argentina, como lo es la creación de la Policía Metropolitana.</strong> Se trata de una fuerza nueva, con un concepto innovador: el de policía de proximidad. Es cierto que hubo algunas intervenciones que han dejado mucho que desear, pero fueron casos aislados, errores de juicio de unos pocos más que de la fuerza como tal.</p>
<p>La Policía Metropolitana nace como una fuerza diseñada especialmente para actuar en la ciudad y sobre todo es una fuerza que tiene al vecino como eje. Las demás fuerzas de seguridad de la Argentina tienen su foco puesto en otras cuestiones. La Gendarmería se dedica al cuidado de las fronteras, la Prefectura al cuidado de las aguas y la Policía Federal es una fuerza concebida para atacar delitos federales. No hace falta decirlo, <b>ninguna de esas tres fuerzas está realmente preparada para actuar en un contexto urbano</b>. Sin embargo, hoy las tres fuerzas mencionadas, por decisión del Ejecutivo nacional, operan en la ciudad de Buenos Aires: una prueba más de lo poco que entiende de seguridad el Gobierno nacional. No es casualidad que el narcotráfico haya avanzado tanto en esta década, es que del otro lado los delincuentes se han encontrado con un grupo de aficionados que creyeron que sabían de seguridad. Y es precisamente en esta misma senda que se ha puesto a caminar Scioli.</p>
<p>Desde su ignorancia, los políticos creen que el problema del delito se soluciona con más policías en la calle. Es por eso que arrojan efectivos ante los reclamos de la gente: es que nos tranquiliza ver a los uniformados en la esquina de nuestras casas. Pero lo que pocas veces se entiende es que el efecto de los uniformados en el delito es tan efímero como su presencia. La historia es real: en una zona caliente de la ciudad alguien se dirige a la parada del colectivo. Esta persona va tranquila, porque siempre hay efectivos de Prefectura en el lugar. Sin embargo, ese día los efectivos no están y al llegar a la parada sufre un asalto. Es lineal: el delito ocupa cualquier lugar que se le deja y no es posible que haya un uniformado en cada esquina.</p>
<p>De los dos candidatos con más chances en estas elecciones, <b>Mauricio Macri fue el único que entendió que la seguridad no pasa por que haya más efectivos, sino por implementar una forma distinta de policía: una diseñada especialmente para cubrir los requerimientos de la ciudad.</b> Esto no implica solo un entrenamiento distinto, sino también un enfoque especial al momento de actuar. Se trata de entender que en una ciudad hay vecinos y que los vecinos son el centro de la acción, no los delincuentes. Porque la Policía Metropolitana es una policía de proximidad que actúa desde un marco preventivo, haciendo todo un trabajo en la comuna que va más allá de poner un efectivo en una esquina.</p>
<p>No se trata de halagar a una persona porque sí, se trata de reconocer el mérito del que ha hecho, ejercicio que como electorado nos ayuda a tener cada vez mejores gobernantes. Por eso es que es justo admitir que mientras en la ciudad de Buenos Aires se ha encarado un trabajo serio y profesional con la Policía Metropolitana, del otro lado de la General Paz se pone el foco en las policías locales, que no solo son más de lo mismo, sino que además se basan en un concepto de marketing más que de seguridad. Y la seguridad de los ciudadanos no puede pasar nunca por una técnica de comunicación, porque el delito nos golpea en el rostro.</p>
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		<title>El punto de no retorno de la delincuencia</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Nov 2014 10:10:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Christian Joanidis</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Parece algo absurdo pensarlo de esta manera, pero el delito es un oficio. Es algo que reprobamos, incluso algo que condenan las leyes, pero eso no implica que no sea un oficio. De hecho es también el medio de vida de muchas personas. Nada de esto implica que no debamos perseguirlo y castigarlo, pero analizarlo... <a href="http://opinion.infobae.com/christian-joanidis/2014/11/10/el-punto-de-no-retorno-de-la-delincuencia/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Parece algo absurdo pensarlo de esta manera, pero el delito es un oficio. Es algo que reprobamos, incluso algo que condenan las leyes, pero eso no implica que no sea un oficio. De hecho es también el medio de vida de muchas personas. Nada de esto implica que no debamos perseguirlo y castigarlo, pero analizarlo desde esta perspectiva puede ayudarnos a comprender esta realidad tan compleja y que tanto nos preocupa hoy a todos los argentinos.</p>
<p>Con el tiempo las personas tomamos un oficio y lo vamos desarrollando. Después de varios años de dedicarnos a lo mismo nos convertimos en expertos, lo cual tiene puntos a favor y puntos en contra. El punto a favor es que sabemos hacer tan bien eso que hacemos, que generalmente nos pagan más. El punto en contra es que si queremos cambiar de trabajo, si buscamos algo nuevo en que aplicarnos, entonces tenemos que aprender todo otra vez. Lo peor es que al empezar de nuevo perdemos ese valor agregado que tenía nuestra experiencia y entonces ganamos menos: lo que no le gusta a nadie.</p>
<p><strong>Por otro lado es también cierto que por la propia naturaleza del ser humano uno tiende a quedarse donde está, a menos que haya una fuerte razón para cambiar. Por lo que todos hacemos aquel trabajo que sabemos hacer, porque es lo que nos sale bien y con lo que nos sentimos cómodos.</strong></p>
<p>La otra cuestión es un poco más compleja. Cada persona en su vida va desarrollando habilidades. Por ejemplo, el vendedor tiene la habilidad de vender. Puede vender autos o electrodomésticos, pero será muy difícil que aprenda a llevar adelante la administración de un consultorio médico. Puede aprender, pero queda claro que sus habilidades hoy son otras y que si tiene que buscar un trabajo buscará algo que tenga que ver con sus habilidades.</p>
<p>Hasta aquí es todo bastante intuitivo y lo podemos ver fácilmente en nuestra vida diaria. ¿Qué pasa cuando traspasamos estos conceptos al oficio de delinquir?</p>
<p>El primer punto es que quien está habituado a delinquir se ha convertido en un experto. <strong>Lo ha adoptado como modo de vida y le va seguramente bastante bien. Dedicarse a otra cosa le resultará desde ya menos rentable, lo que termina siendo una gran motivación para que persevere en su oficio.</strong></p>
<p>Además, el delincuente ya está habituado a lo que hace y por lo tanto, a menos que haya una gran motivación para el cambio, seguirá haciendo aquello que tan bien le sale y con lo que se siente cómodo: delinquir.</p>
<p>En tercer lugar, el delincuente ha desarrollado una serie de habilidades que son específicas de su profesión. Habilidades que difícilmente le pueden ayudar a insertarse en otro ámbito que no sea el del hampa, por lo que si no le va bien robando autos, verá de encontrar alguna otra tarea dentro del mismo ambiente. Este es otro de los motivos por los que más policía nunca solucionará el problema del delito, porque quien sólo sabe ganarse la vida de forma ilícita, no suele ver que pueda aplicar las habilidades que ya tiene en otra cosa: y el hecho de que haya más policías en la calle no cambia esa situación.</p>
<p>De todo esto se concluye, con cierto pesimismo, que no es tan fácil rehabilitar a quien vive de la delincuencia. No quiero decir que es imposible, porque tal vez el delincuente tenga experiencias que lo motiven a cambiar. Sin embargo, queda claro que en general es difícil que abandonen ese camino que hace tiempo recorren.</p>
<p><strong>Entonces, si entendemos que sacar a la gente de la delincuencia es muy complicado, lo que tenemos que evitar, si realmente queremos solucionar el tema del delito, es que la gente no entre en ese círculo, porque una vez que están allí, pareciera que se trata de un punto sin retorno.</strong> Incluso si somos completamente pesimistas con respecto a quienes ya se dedican a la delincuencia, si logramos que no haya nuevas personas aprendiendo las habilidades de la delincuencia, el nivel de delito irá disminuyendo con el tiempo.</p>
<p>Este es el principal motivo por el cual el foco no debe estar en la parte represiva del delito, que obviamente es necesaria. Pero el foco debe estar en asegurarse que las nuevas generaciones crezcan sanas y alejadas de situaciones que las fuercen a tomar el camino de la delincuencia. <strong>Más policía, penas más duras, deportaciones, etc. no trabajan sobre la creación de delincuentes, que es en definitiva el verdadero problema, sino que sólo se ocupan de reprimir a los delincuentes que ya existen.</strong> Esto es como querer solucionar el problema de una pérdida de agua sacándola a baldazos: el esfuerzo es grande pero infructuoso, a menos que se cierre la llave de paso el agua seguirá saliendo. Lo mismo sucede con el delito: reprimir a los delincuentes sólo mejora las cosas circunstancialmente, lo importante es asegurarse que tengamos una sociedad justa y equitativa donde los jóvenes puedan adquirir habilidades que les permitan vivir en sociedad y no habilidades que los lleven a delinquir.</p>
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